REDACCIÓN
Comité cientíco Argentina: Lila Almirón (Universidad Nacional de Corrientes); Marce-
lo Cetkovich Bakmas (Universidad Favaloro); Jorge Nazar (Universidad
Nacional de Cuyo); Jorge Pellegrini (Universidad de La Punta); Lía Ricón
(Universidad de Buenos Aires); Sergio Rojtenberg (Instituto Universita-
rio de Salud Mental); Analía Ravenna (Universidad Nacional de Rosario);
Eduardo Rodríguez Echandía (Universidad Nacional de Cuyo); Alberto
Sassatelli (Universidad Nacional de Córdoba); Carlos Solomonoff (Con-
sultor independiente); Manuel Suárez Richards (Universidad Nacional de
La Plata); Miguel Ángel Vera (Universidad Nacional del Comahue); Hugo
Vezzetti (Universidad de Buenos Aires).Bélgica: Julien Mendlewicz
(Universidad Libre de Bruselas). Brasil: Joao Mari (Consultor indepen-
diente); Colombia: Rodrigo Noel Córdoba (Universidad del Rosario).
Chile: Andrés Heerlein (Universidad del Desarrollo); Fernando Lolas
Stepke (Universidad de Chile). España: Rafael Huertas (Consejo Supe-
rior de Investigaciones Cientícas); Valentín Baremblit (Centre d’aten-
ció, docència i investigació en Salut Mental). Francia: Thierry Tremine
(Consultor independiente); Bernard Odier (Fédération Francaise de
Psychiatrie). Italia: Franco Rotelli (Centro de Estudios e Investigación
sobre Salud Mental). México: Sergio Villaseñor Bayardo (Universidad
de Guadalajara). Perú: Renato Alarcón (Universidad Cayetano Heredia).
Reino Unido: Germán Berrios (Universidad de Cambridge). Suecia:
Lenal Jacobsson (Umeå University). Suiza: Nelson Feldman (Hospital
Juan Carlos Stagnaro (Universidad de Buenos Aires).
Martín Nemirovsky (Proyecto Suma).
Martín Agrest (Proyecto Suma).
América Latina: Manuel Vilapriño Duprat (Universidad Nacional de
Cuyo).
Europa: Dominique Wintrebert (Asociación Mundial de Psicoanálisis,
Francia), Martín Reca (Association Psychanalitique de France, Francia),
Eduardo Mahieu (Cercle d’etudes psychiatriques Henri Ey, Francia),
Federico Ossola (Hôpital Psychiatrique Paul Guiraud, Francia).
EE. UU. y Canadá: Daniel Vigo. (University of British Columbia, Canadá).
Directores asociados
Director
Sub-directores
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Vertex Revista Argentina de Psiquiatría. (2026). 37(173): 7-159. Vertex Revista Argentina de Psiquiatría, es una publicación de Polemos SA. Los artículos
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REDACCIÓN
Martín Agrest (Proyecto Suma), Norberto Aldo Conti (Hospital “José
T. Borda”), Juan Costa (Hospital de Niños "R. Gutiérrez"), Gabriela S.
Jufe (Consultor independiente), Eduardo Leiderman (Universidad de
Palermo), Alexis Mussa (Consultor independiente), Esteban Toro
Martínez (Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación), Fabián Triskier (PAMI e INECO), Ernesto Walhberg
(Consultor independiente), Silvia Wikinski (CONICET, Universidad de
Buenos Aires).
Consejo de redacción
Comité de redacción Secretario: Martín Nemirovsky (Proyecto Suma, Buenos Aires, Argentina).
Daniel Abadi (Proyecto Suma, Buenos Aires, Argentina); Adriana Bula-
cia (Universidad de Buenos Aires, Argentina); Julián Bustin (Universidad
Favaloro, Argentina); José Capece (Consultor independiente, Argentina);
Pablo Coronel (Cuerpo Médico Forense, Argentina); Sebastián Cukier
(Consultor independiente, Argentina); Irene Elenitza (Consultora in-
dependiente, Argentina); Laura Fainstein (Hospital “C. G. Durand”, Ar-
gentina); Aníbal Goldchluk (Consultor independiente, Argentina); Ser-
gio Halsband (Asociación de Psiquiatras Argentinos, Argentina); Luis
Herbst (Consultor independiente, Argentina); Edith Labos (Universidad
de Buenos Aires, Argentina); Elena Levy Yeyati (Asociación Mundial de
Psicoanálisis, Francia); Silvina Mazaira (Hospital “T. de Alvear, Argentina);
Mariana Moreno (Consultor independiente, Argentina); Mariano Motuca
(Universidad Nacional de Cuyo, Argentina); Nicolás Oliva (Cuerpo Mé-
dico Forense, Argentina); Federico Pavlovsky (Dispositivo Pavlovsky, Ar-
gentina); Ramiro Pérez Martín (Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil,
Argentina); Demián Rodante (Hosp. Neuropsiquiátrico "B. A. Moyano");
Diana Zalzman (Universidad de Buenos Aires, Argentina); Judith Szulik
(Universidad de Tres de Febrero, Argentina); Juan Tenconi (Universidad
de Buenos Aires, Argentina).
México: María Dolores Ruelas Rangel (Grupo Latinoamericano de
Estudios Transculturales). Colombia: Jairo González (School of Medicine
and Health Sciences, Universidad del Rosario). Venezuela: Miguel Ángel
De Lima Salas (Universidad Central de Venezuela). Francia: Eduardo
Mahieu (Cercle Henri Ey). Reino Unido: Catalina Bronstein (British
Psychoanalytic Association).
Corresponsales
Universitario de Ginebra). Uruguay: Humberto Casarotti (Universidad
Católica); Álvaro Lista (MacGill University). Venezuela: Carlos Rojas
Malpica (Universidad de Carabobo).
Comité cientíco
EDITORIAL
Una vez más abordamos en un editorial de Vertex el acuciante tema de
la tasa de suicidios en nuestro país, porque el mismo es uno de los pro-
blemas de salud pública más complejos y una conducta que, cuando se
expande, debe hacer reexionar sobre el estado general de la sociedad.
En Argentina, desde abril de 2023, los intentos de suicidio son regis-
trados obligatoriamente en el Sistema Nacional de Vigilancia Sanitaria
(SNVS). Según los criterios que este ja, se dene como suicidio todo
comportamiento para el que existe evidencia, implícita o explícita, de
intencionalidad de provocarse la muerte, alcance esa conducta un resul-
tado mortal o no.
Entre abril de 2023 y nes de abril de 2025 se noticaron 15.807 casos
de suicidio en todo el país, un promedio de 22 episodios por día. Esas
cifras han tenido un aumento dramático, ya que, según el último Boletín
Epidemiológico Nacional (BEN) del Ministerio de Salud de la Nación, el
crecimiento de noticaciones del fenómeno es sostenido: los casos de
suicidio y de intentos de suicidio en Argentina aumentaron un 60 % en
2026.
De acuerdo con el informe, los intentos de suicidio sin resultado mortal
alcanzan los 2.501 casos acumulados en 2026, por encima de la media-
na histórica del período 2022-2025 (1.550). Por su lado, los suicidios
consumados suman 113 casos, casi el doble de la mediana previa (59).
En ambos indicadores, el evento se ubica “por encima de lo esperado”
tanto en el acumulado anual como en las últimas semanas.
El impacto es particularmente grave entre adolescentes y jóvenes adultos,
más del 30 % de los casos se concentra en jóvenes de 15 a 29 años, con ta-
sas de letalidad más alta entre varones, mientras que las mujeres protago-
nizan mayor cantidad de intentos que no culminaron en la muerte efectiva.
En ese último BEN, siguiendo criterios de la Organización Mundial de
la Salud (OMS), se señala que “la conducta suicida constituye una pro-
blemática multicausal que involucra aspectos biológicos, psicológicos,
sociales y culturales” y que su abordaje requiere acciones sostenidas,
planicación y una estrategia de prevención.
Más allá de la evidencia de este enfoque antropológico, más comprensivo
que la perspectiva clásica de Émile Durkheim –quien explicó el suicidio
como un hecho social que se incrementa cuando la ausencia o el debi-
litamiento de normas, reglas y límites morales en una sociedad dejan a
los individuos en un estado de falta de rumbo o anomia, y no como un
problema puramente individual, psicológico o biológico–, cabe pregun-
tarse si cuando se vive en un estado de anomia, como él la denía, no
se potencian, justamente, los demás componentes de esa ecuación mul-
ticausal, particularmente en aquellos más frágiles y/o más predispuestos
y vulnerables. Se acepta que el 90 % de las personas que mueren por
suicidio presentan una enfermedad o trastorno mental, en especial, es-
quizofrenia, trastorno bipolar, depresión mayor o abuso de sustancias.
En efecto, la presencia de una condición psiquiátrica multiplica de forma
severa el riesgo de conducta autodestructiva, pero la pregunta aquí es
¿cuáles son las condiciones sociales contextuales que pueden precipitar-
la? Si las cifras epidemiológicas muestran una cierta estabilidad de estos
trastornos, el incremento de suicidios ¿no está facilitado por aquellas? Y,
además, ¿no se vincula también ese aumento con las causas surgidas de
un entorno social adverso que, como demuestran los estudios, son las
correspondientes al 10 % restante de los casos de suicidio?
Robert Merton, revisando el concepto de anomia de Durkheim, argu-
mentó que la estructura social de un país opera con dos elementos
fundamentales: las metas culturales, o sea, los objetivos que la sociedad
enseña que todos deben desear –en nuestra época, de capitalismo des-
humanizante, el éxito económico, la riqueza y el estatus– y los caminos
institucionales legítimos, legales y aceptados por la sociedad para alcan-
zar esas metas, es decir, la educación, el esfuerzo, el ahorro y el trabajo
duro. Para este autor la anomia ocurre cuando existe una disociación
o ruptura entre estas dos variables. La sociedad bombardea a todos
los ciudadanos con la obligación de ser ricos (meta), pero la estructura
socioeconómica bloquea y limita el acceso a las escuelas de calidad o
empleos bien pagados (medios), particularmente para las clases bajas y
las minorías. En otras palabras, mientras que Durkheim veía el suicidio
anómico como el resultado de una falta general de límites morales, bajo
el lente de Merton, el suicidio ocurre cuando la tensión provocada por la
ruptura entre las metas culturales de éxito y los medios legítimos (opor-
tunidades) se vuelve psicológicamente insoportable para el individuo.
Por su lado, en los años 90, Robert Agnew, estudiando los fenómenos
de la delincuencia y el suicidio los denió, en el fondo, como intentos
de adaptarse o resolver un problema cuando no se tienen herramientas
adecuadas. Su Teoría General de la Tensión explica el suicidio juvenil no
como un acto impulsivo o puramente biológico, sino como la última y
más drástica estrategia de escape frente a una acumulación insoportable
de tensiones y emociones negativas. El suicidio juvenil se explica, así,
como un mecanismo de afrontamiento conductual de escape o evitación
extrema. Al carecer de la madurez emocional para procesar el dolor, y
al no contar con una red de apoyo que valide sus sentimientos, el ado-
EDITORIAL
EDITORIAL
Juan Carlos Stagnaro
lescente percibe que su realidad es un callejón sin salida. Quitarse la
vida se convierte, en su mente, en la única forma disponible para apagar
de golpe el sufrimiento, la ansiedad crónica y la tristeza profunda que la
estructura de su entorno le ha provocado.
Estas breves referencias permiten reexionar sobre las posibles causas
sociales involucradas en esta escandalosa pérdida de vidas jóvenes en
nuestro país.
En un contexto pospandemia cuyos efectos sobre los adolescentes fue-
ron traumáticos, en un periodo en el que desde las altas esferas del
poder político se derraman discursos de odio; donde las condiciones
de entrada en el mercado laboral están precarizadas al máximo, si no
imposibilitadas, para muchos jóvenes; en el que se descuida y ataca la
formación universitaria y el desarrollo cientíco; donde escándalos de
corrupción estallan en ámbitos que deberían dar el ejemplo de mesura y
honestidad; con gente en situación de calle y aumento de las conductas
de consumo; en el que la pobreza aige a amplias capas de la clase media
y de los hogares más desfavorecidos; en el que el pleno acceso a la salud
es imposible para gran parte de la población; donde se abandona cruel-
mente a los viejos y se descuida la educación y la alimentación de los
niños…, y podría seguirse enumerando calamidades sociales que pesan
sobre la existencia cotidiana de los argentinos, ¿cabe preguntarse si la
caída en una anomia de masas no está jugando un papel mayúsculo en el
aumento de comportamientos autolesivos?
Si la respuesta es armativa, entonces la solución del problema va mu-
cho más allá del ámbito sanitario, es política, y su remedio debe pasar,
ineludiblemente, por una resuelta decisión de la sociedad y de sus diri-
gencias en orientar todos los esfuerzos en medidas políticas y econó-
micas que reviertan las causas de fondo de este desolador malestar en
nuestra cultura.
ÍNDICE
8
20
Editorial
Artículos
Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión
Médica (Argentina, Uruguay, Paraguay, España). Ignacio Eli, Andrés Guillermo Bolzán,
Carla Eugenia Herrera, María Florencia Innamoratto
Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en un hospital psiquiátrico:
tres décadas de transición hacia un modelo comunitario. Pedro Damián Gargolo, Iván
Omar Moreno Frade, Pedro Rafael Gargolo, Juana Sofía Valva
Clozapina y esquizofrenia resistente: patrones de prescripción en un hospital neurop-
siquiátrico de la Ciudad de Buenos Aires. Julieta Ramírez, María Delna Tavella, Adrián
Cabrera, Germán Weisbrot, Guillermo J. Hönig, Daniel Martínez, Nora S. Crespi, Ricardo
Corral
Síndrome de burnout en los trabajadores de la salud mental pertenecientes a la Red
Provincial Pública en la ciudad de Córdoba, Argentina. Sofía Chiri
Los emergentes de la pandemia de COVID-19 en la Red de Salud Mental de la zona sur
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ana Alli, Mauro L. Iuvaro, Malena Kiss Rouan
Décit en funciones ejecutivas en padres y madres de niños/as con trastorno del es-
pectro autista. Bárbara Alecsiuk, María Fernanda Ríos Pistoia, Esteban Vaucheret Paz
Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica, diagnóstico y tratamiento.
Micaela Dines, Paloma Bamondez, Delna Ailán, Silvina Domínguez, Marcelo Cetko-
vich-Bakmas
Conectoma y depresión: hacia una psiquiatría de precisión basada en redes cerebrales.
María Victoria Majul Conte Grand, Micaela Dines, Adriana V. Bulacia
Trastorno de excoriación: una revisión integral. Alejo Agranatti, Sergio Ricciardelli,
María Lucía Marchese, Martina Victoria Rojas, Daniel Fadel, Melany Oppel
El rescate y la memoria
Ciencia y política en 1956: Primer Congreso Argentino de Psiquiatría. Juan Carlos Stagnaro
Entrevista
Entrevista al Doctor Juan David Nasio. Martín Reca
30
38
48
59
67
78
3
88
99
105
ÍNDICE
Carta de Lectores
A propósito del Primer Consenso Argentino sobre el Manejo de la Esquizofrenia: consi-
derando los disensos en relación al tratamiento farmacológico de mantenimiento. Javier
Fabrissin, Nicolás Oliva
Respuesta a la carta al Director: “A propósito del Primer Consenso Argentino
sobre el Manejo de la Esquizofrenia: considerando los disensos en relación al tratamiento
farmacológico de mantenimiento”. Alejo Corrales, Eduardo Leiderman, Tomas Maresca
Internaciones involuntarias: es hora de construir el consenso. Ezequiel Mercurio
Lecturas
Internaciones por Salud Mental en hospitales generales: Experiencias en Argentina a 35
años de la Declaración de Caracas. Sara Ardila-Gómez y Melina Rosales, compiladoras
113
115
120
122
Investigación original
8
Resumen
Introducción: si bien la violencia laboral afecta prácticamente a todos los sectores y categorías de trabajadores,
las personas que trabajan en organizaciones de salud y de asistencia social son las más afectadas en todo el
mundo. El objetivo del presente estudio fue identicar la incidencia de violencia en el ejercicio de la medicina
durante el año 2024 en cuatro países participantes (España, Argentina, Uruguay y Paraguay), así como iden-
ticar los posibles condicionantes. Método: muestra no probabilística, mediante encuesta autoadministrada y
anónima. Resultados: participaron 1.920 médicos. El 53 % experimentó violencia durante el último año. Hubo
casi un 10 % más de mujeres jóvenes con episodios de violencia. La violencia verbal ocupó el 68 % de los casos
y la física el 7 %. Se identicaron algunas asociaciones estadísticamente signicativas entre la percepción del
médico sobre aspectos generales de la profesión y la incidencia de hechos de violencia. Solo el 7 % de ellos
inició acciones legales luego del episodio. El 37 % modicó su forma habitual en la relación con los pacientes,
reduciendo el contacto. Discusión: el estudio aportó conocimiento actualizado sobre esta problemática en
cuatro países de habla hispana mostrando concordancias y diferencias. La violencia y acoso ejercido sobre el
médico en el lugar de trabajo no solo afecta a las víctimas sino a la propia organización.
Palabras clave: violencia laboral, ejercicio de la medicina, organizaciones de salud
Abstract
Introduction: Although workplace violence affects virtually all sectors and categories of workers, those working in heal-
thcare and social care organizations are the most affected worldwide. The objective of this study was to identify the in-
cidence of violence in the practice of medicine in four participating countries (Spain, Argentina, Uruguay, and Paraguay)
during the year 2024, as well as to identify possible contributing factors. Methods: The sample was non-probabilistic,
using a self-administered and anonymous survey. Results: A total of 1,920 physicians participated, and 53% experien-
ced violence during the past year. There were almost 10% more young women with episodes of violence. Verbal violence
accounted for 68% of cases and physical violence totaled 7%. Some statistically signicant associations were identied
Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el
Ejercicio de la Profesión Médica (Argentina, Uruguay, Paraguay,
España)
First Ibero-American survey on violence during the practice of the medical profession
(Argentina, Uruguay, Paraguay, Spain)
Ignacio Eliff1, Andrés Guillermo Bolzán2, Carla Eugenia Herrera3, María Florencia
Innamoratto4
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 8-19. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1060
RECIBIDO 16/7/2025 - ACEPTADO 15/9/2025
1. Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires; Secretaría de Acción Social y Derechos Humanos; Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0009-0008-1683-2609
2. Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires; Programa de Violencia Sanitaria; Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0001-7562-7658
3. Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires; Programa de Violencia Sanitaria; Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0008-5066-4098
4. Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires; Programa de Violencia Sanitaria; Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0003-5783-1454
Autor correspondiente:
Andrés G. Bolzán
andresguillermobolzan@gmail.com
Institución en la que se realizó la investigación: Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires (FEMEBA).
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1060
9
Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión Médica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 8-19.
Introducción
Si bien la violencia laboral afecta prácticamente a to-
dos los sectores y categorías de trabajadores, los mé-
dicos y las personas que trabajan en organizaciones
de salud y de asistencia social son las más afectadas
en todo el mundo (Occupational Safety and Health
Administration, 2004). Es importante señalar que la
violencia y acoso en el lugar de trabajo no solo afecta
emocionalmente a las víctimas sino a la propia orga-
nización, ya que puede traer aparejado el aumento del
ausentismo laboral, una mayor rotación del personal,
costos de contratación, incorporación y formación,
así como la desmotivación y la disminución de la pro-
ductividad. El Instituto Nacional de Salud y Seguridad
Ocupacional de los Estados Unidos, por su parte, de-
ne a la violencia en el trabajo como “actos violentos
(incluyendo agresiones físicas y amenazas de agre-
siones) dirigidas contra las personas en el trabajo o
cuando están cumpliendo con sus obligaciones” (Oc-
cupational Safety and Health Administration, 2015).
La inclusión en la denición de las amenazas verbales
o conductas amenazantes intenta promover una de-
nuncia más frecuente de este tipo de hechos.
En España el Observatorio Nacional de agresiones
de la Organización Médica Colegial (OMC) registró
en el año 2024 un total de 847 agresiones comunica-
das a los colegios de médicos, el dato más alto desde
2010 (Organización Médica Colegial, 2024). En Uru-
guay, el Colegio de Médicos (Colegio Médico de Uru-
guay, 2025) destaca en su portal los hechos recientes
de violencia en varias localidades, contando con ante-
cedentes publicados más de una década atrás (Stolo-
vas et al., 2011). En Paraguay los médicos residentes
atribuyen en más del 90 % la experiencia de violencia
durante su atención, no sólo por parte de los pacien-
tes sino también de formadores o jefes de residencias
(Real Delor & Saucedo, 2023). En Argentina, la misma
Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires
ha llevado a cabo varios relevamientos a lo largo de la
última década, con incidencias que se acercan al 50 %
(FEMEBA, 2025).
El sector de la salud registra una cuarta parte del
total de la violencia que tiene lugar en el ámbito la-
boral en todo el mundo (OIT, 2021) y afecta a casi la
mitad de los trabajadores del ámbito de la salud (Di
Martino, 2002). La Organización Mundial de Trabajo
(OIT) dene a la violencia en el trabajo como “Toda
acción, incidente o comportamiento que se aparta de
lo razonable mediante el cual una persona es agredi-
da, amenazada, humillada o lesionada por otra en el
ejercicio de su actividad profesional o como conse-
cuencia directa de la misma. La Federación Médica
en la Provincia de Buenos Aires (Argentina) tiene un
observatorio donde se brinda asistencia al médico que
ha experimentado un hecho de violencia y asimismo
realiza relevamientos bianuales. La primera edición de
la encuesta se realizó en el año 2016 con el objetivo de
establecer la prevalencia de vida, esto es, si alguna vez
el médico había experimentado uno o más episodios
de violencia. Esta medición arrojó el 57,8 %. En tan-
to, las ediciones posteriores evaluaron incidencia de
episodios de violencia durante el último año de ejerci-
cio de la profesión. La segunda edición de 2018 midió
una incidencia del 35,9 %, la Edición del año 2020 en
pandemia reejó una reducción al 27,5 % y la del año
2022, post pandemia volvió a mostrar con 35,1 % la
misma medición pre pandemia. La quinta edición que
presentamos aquí se llevó a cabo en el año 2024 parti-
cipando además el Círculo Paraguayo de Médicos, el
Sindicato Médico de Uruguay, la Asociación de Médi-
cos Titulados de Madrid, conformando así la primera
encuesta iberoamericana sobre violencia durante el
ejercicio de la medicina para el ámbito de Argentina.
El objetivo del presente estudio fue identicar la inci-
dencia de violencia en el ejercicio de la medicina en
los cuatro países participantes durante el año 2024, así
como identicar los posibles condicionantes.
Materiales y métodos
Se utilizó una muestra no probabilística por conve-
niencia de médicos, convocados a partir de los padro-
nes profesionales de los respectivos Círculos Médicos
between physicians' perceptions of general aspects of the profession and the incidence of acts of violence. Only 7% of
them initiated legal action after the episode. Importantly, 37% modied their usual way of relating to patients (such as
reducing contact). Discussion: The study provided updated information on this issue in four spanish-speaking countries,
revealing similarities and differences. Violence and harassment against physicians in the workplace not only affects the
victims but also the organization itself.
Keywords: workplace violence, medical practice, healthcare organizations
10
Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión Médica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 8-19.
de cada país. Cada entidad habilitó el formulario de la
encuesta durante un período inicial de 15 días, segui-
do de otros 15 días de monitoreo del proceso. La meta
inicial fue que al menos el 10 % del padrón de médicos
respondiera el formulario en una ventana temporal de
15 días con monitoreo posterior y recordatorio. Asi-
mismo, que el perl de la muestra no estuviera sesga-
do respecto de la edad y sexo del padrón de forma de
asegurar que las respuestas no estuvieran condiciona-
das por género ni experiencia de vida. La encuesta fue
anónima, voluntaria y sin identicación alguna por
parte del médico con ingreso a través de portal web.
Las variables analizadas incluyeron las siguientes di-
mensiones: 1. Datos sociodemográcos básicos; 2. Ex-
periencia en el ejercicio de la medicina; 3. Percepción
de satisfacción con la profesión; 4. Caracterización del
lugar de trabajo; 5. Percepción sobre la relación médi-
co-paciente; 6. Experiencia con situaciones de violen-
cia en el último año; 7. Secuelas de la experiencia; 8.
Opinión sobre las medidas de prevención. Asimismo,
se procedió a calcular el riesgo relativo simple me-
diante la estimación del RR y su intervalo de conanza
del 95 % para el evento haber sufrido violencia (sí/no)
y las percepciones del médico.
Resultados
Perl de los médicos participantes
Se incluyeron 1.920 médicos de los cuatro países, de
los cuales el 61 % eran mujeres (ver Tabla 1). Según su
provenencia, 1.105 fueron de Argentina (57,6 %), 476
de España (24,8 %) 144 de Paraguay (7,5 %) y 195 de
Uruguay (10,2 %). Siendo en esta edición FEMEBA de
Argentina antriona del sitio de la encuesta, tuvo una
participación mayoritaria, ya que fue también su quinta
edición consecutiva. La muestra representó el 10,2 % del
padrón de médicos; el 61 % de los participantes fue-
ron mujeres y el grupo etario predominante fue el de
45 a 64 años (57 %). La distribución de la muestra por
edad y sexo fue similar a la observada en el padrón,
con una diferencia de hasta el 4 % en la distribución por
Tabla 1. Población de médicos participantes de la encuesta Iberoamericana. Características generales por país (N=
1.920)
PAÍS DE RESIDENCIA
ARGENTINA ESPAÑA PARAGUAY URUGUAY
Sexo Sexo Sexo Sexo
Sin
dato M F Sin
dato M F Sin
dato M F Sin
dato M F
Edad
Sin dato 2 18 10 00702301 1
<35 0922 0 9370080 4 28
35 a 44 1 69 139 025 79 025 40 0 846
45 a 64 4287 308 3 66 239 1 27 28 1 20 80
65 y más 2162 72 05615401 5
Años de
profesión
Sin dato 553112210002
Menos de
10 años 017 36012 41 0 3 13 0 6 41
Entre 10 y
15 años 163 104 014 51 0 20 27 0534
Entre 16 y
20 años 039 80 013 44013 18 0 6 26
Entre 21 y
30 años 0155 171 2 34 147 013 14 010 34
Más de 30
años 3 266 157 031 83 09111 723
Realiza
guardias
No 5 295 276 050 256 1 30 28 0944
Si 4 248 273 355 111 1 29 55 1 25 116
Total 9 545 551 3105 368 259 83 1 34 160
Total por país 1.105 476 144 195
11
Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión Médica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 8-19.
edad. Hubo diferencias entre los países en este sentido.
En Uruguay y España se observó una mayor propor-
ción de mujeres, mientras que en Argentina y Paraguay
la distribución por sexo fue similar. Paraguay presen
la muestra más joven, con un 53 % de participantes me-
nores de 45 años, seguido por Uruguay (45 %), España
(32 %) y Argentina (22 %).
Experiencia en el ejercicio de la medicina
Globalmente, el 61 % de los participantes tenía más
de 20 años de ejercicio profesional proporción que
fue del 69 % en Argentina, 63 % en España, 39 % en
Uruguay y 33 % en Paraguay. El 48 % de los médicos
realizaba guardias, aunque esta proporción mostró
diferencias importantes entre los países: fue mayor
Tabla 2. Percepciones emocionales de los médicos. Distribución por países. Encuesta Iberoamericana sobre violencia
externa
ARGENTINA ESPAÑA PARAGUAY URUGUAY TOTAL
N%N%N%N%N
Se considera estresado
Sin dato 4 0 4
Nunca 31 2,8 % 40,8 % 32,1 % 1 0,5 % 39
Rara vez 134 12,1 % 33 6,9 % 15 10,4 % 9 4,6 % 191
Algunas veces 679 61,4 % 286 60,1 % 84 58,3 % 132 67,7 % 1.181
Siempre 257 23,3 % 153 32,1 % 42 29,2 % 53 27,2 % 505
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
Se siente presionado por los pacientes
Sin dato 0 1007
Nunca 112 10,1 % 2 0,4 % 11 7,6 % 42,1 % 129
Rara vez 314 28,4 % 68 14,3 % 25 17,4 % 39 20,0 % 446
Algunas veces 574 51,9 % 350 73,5 % 74 51,4 % 126 64,6 % 1.124
Siempre 99 9,0 % 55 11,6 % 34 23,6 % 26 13,3 % 214
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
Se siente emocionalmente agotado
Sin dato 2 1003
Nunca 81 7,3 % 2 0,4 % 96,3 % 6 3,1 % 98
Rara vez 210 19,0 % 57 12,0 % 19 13,2 % 31 15,9 % 317
Algunas veces 669 60,5 % 314 66,0 % 86 59,7 % 119 61,0 % 1.188
Siempre 143 12,9 % 102 21,4 % 30 20,8 % 39 20,0 % 314
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 19.20
Cree que ha perdido el entusiasmo por la profesión
Sin dato 3 0 0 14
Nunca 213 19,3 % 11 2,3 % 22 15,3 % 28 14,4 % 274
Rara vez 199 18,0 % 66 13,9 % 25 17,4 % 38 19,5 % 328
Algunas veces 581 52,6 % 269 56,5 % 86 59,7 % 107 54,9 % 1.043
Siempre 109 9,9 % 130 27,3 % 11 7,6 % 21 10,8 % 271
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
Considera que estar expuesto a violencia es normal
Sin dato 0 0,0 % 3 0,6 % 0 0,0 % 1 0,5 % 11
No 656 59,4 % 253 53,2 % 85 59,0 % 83 43,2 % 1.077
442 40,0 % 220 46,2 % 59 41,0 % 111 57,8 % 832
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 192 100,0 % 1.920
12
Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión Médica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 8-19.
en Uruguay (73 %) y menor en España (36 %). Entre
quienes realizaban guardias, el 57 % hacía guardias ac-
tivas, el 23 % pasivas y el 20 % combinaba ambas mo-
dalidades. La mayor proporción de guardias activas se
observó en España (76,3 %) y Uruguay (74,6 %), mien-
tras que las guardias pasivas fueron más frecuentes en
Argentina (32 %).
Percepción de satisfacción con la profesión
El 32 % de los médicos participantes armaron que en
la profesión no estaban satisfechos y de ellos el 10 %
decididamente se ubicó en el extremo de insatisfacción
(ver Tabla 2). Aproximadamente, el 70 % restante se
reconoció como satisfecho con su profesión. No hubo
mayores diferencias entre los países en el porcentaje de
médicos que manifestaron estar satisfechos, alrededor
del 50 %. En tanto, aquellos que reportaron estar muy
satisfechos con el ejercicio de la medicina representa-
ron una mayor proporción en Paraguay (20 %) y Ar-
gentina (19 %), seguidos por Uruguay (15 %) y España
(5 %). En el otro extremo, los mayores porcentajes de
médicos que se percibieron muy insatisfechos se ob-
servaron en España (7 %), Argentina (4 %) y Uruguay
y Paraguay (3 %). Cuando se interrogó acerca del am-
biente laboral, el 66 % se ubicó en el sector positivo,
entre satisfecho (53 %) y muy satisfecho (13 %). Sin
embargo, el 33 % manifestó poca o ninguna satisfac-
ción con el ambiente de trabajo, es decir, un tercio de
los médicos. En cuanto a los honorarios percibidos,
predominó claramente el sector de poca o ninguna sa-
tisfacción, que alcanzó el 77 %.
Caracterización del lugar de trabajo
En la tabla 3 se muestra la distribución acerca del es-
pacio para la atención, la restricción de la circulación
entre el público y el personal, la existencia de sistemas
de seguridad y, nalmente, la perspectiva y el trata-
miento del establecimiento sobre la problemática de la
violencia contra los médicos. La variación entre países
fue importante: el rango de inadecuación del espacio
varió entre el 24 % y el 45 %, con un porcentaje global
del 31,2 %. Los accesos limitados al público estuvieron
presentes en el 40,5 %, en tanto que, según los países,
entre el 48 % y el 66 % indicaron la ausencia de circu-
lación diferencial entre pacientes y médicos. El 47,7 %
de los profesionales rerió que no hay sistema de vigi-
lancia en los lugares de trabajo. El 60,8 % armó que
los lugares de trabajo no cuentan con seguridad, pero al
observar por países la variación es del 100 %. En cuan-
to al adiestramiento, el 59,6 % de los profesionales ma-
nifestó que no tuvo ninguna preparación sobre cómo
comunicar a los pacientes una noticia o resultado no
esperado y el 69,5 % tampoco sobre el manejo de si-
tuaciones conictivas. Cuando se preguntó acerca del
estilo de la Dirección Médica, resultó que el 58,1 % la
distribuyó entre desorganizada y autoritaria. En tanto,
al analizar por países, la variación resulta importante.
Percepción sobre la relación médico-paciente
En este apartado se interrogó a los profesionales acer-
ca de su percepción sobre el ejercicio de la profesión
en términos amplios, incluyendo el estrés, la presión
asociada a la atención de pacientes y el agotamiento
emocional. El 26,4 % de los médicos manifestó sen-
tirse “siempre” estresado y, si se suman quienes re-
rieron estar “eventualmente” estresados, el porcentaje
alcanza aproximadamente al 88 %. Aunque la percep-
ción de estrés constante no fue la más habitual, entre
el 23 % y el 32 % de los médicos de los distintos paí-
ses manifestaron encontrarse siempre en esa situación.
El 11 % rerió sentirse siempre presionado durante la
atención de los pacientes. Por otra parte, el 16 % de los
profesionales manifestó sentirse emocionalmente ago-
tado, con importantes variaciones entre países. Cuando
se les preguntó si consideraban normal estar expuestos
a situaciones de violencia, el 40,3 % respondió armati-
vamente (ver Tabla 3).
Experiencia con situaciones de violencia du-
rante el último año
En total 1.005 médicos sufrieron violencia durante
el último año, esto es el 53 % de la muestra. La ma-
yor incidencia se observó en Uruguay y la más baja
en Argentina. Entre el 66 % y el 78 %, además, tuvie-
ron que pasar por más de un episodio de violencia. El
lugar donde mayormente se vericaron los episodios
de violencia fue en los hospitales públicos. Cuando se
analizó la percepción de la relación médico-paciente
y la experiencia de haber sido violentado, se obser
una relación estadística entre ese factor de exposición
(el estrés, la presión y la pérdida de entusiasmo) y la in-
cidencia de violencia en el ejercicio profesional. Hubo
una clara preponderancia de hechos de violencia con-
tra las mujeres (7 de cada 10 casos). En ambos sexos, el
grupo de 45 a 64 años de edad fue donde se observó la
mayor frecuencia de violencia: 59 % en los varones y
55 % en las mujeres. Se destaca que el segmento entre
35-44 años de edad registró el 23 % en varones y el 31 %
en mujeres. Es decir, hubo casi un 10 % más de mujeres
jóvenes que sufrieron episodios de violencia.
La violencia verbal representó el 68 % de los casos
y la física el 7 %, con variaciones entre países del 64 %
13
Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión Médica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 8-19.
Tabla 3. Caracterización del lugar de trabajo de los médicos acerca del entorno de ejercicio de la profesión por país
y total. Encuesta Iberoamericana sobre violencia externa
En su lugar de trabajo: ARGENTINA ESPAÑA PARAGUAY URUGUAY TOTAL
N%N%N%N%N
Hay espacio para la atención sanitaria
Sin dato 5 0.5 % 2 0,4 % 0 0,0 % 0 0,0 % 7
No 261 23,6 % 182 38,2 % 65 45,1 % 88 45,1 % 596
839 75,9 % 292 61,3 % 79 54,9 % 107 54,9 % 1.317
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
Accesos limitados entre personal y publico
Sin dato 11 1,0 % 1 0,2 % 1 0,7 % 1 0,5 % 14
No 718 65,0 % 240 50,4 % 68 47,2 % 109 55,9 % 1.135
376 34,0 % 235 49,4 % 75 52,1 % 85 43,6 % 771
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
Sistemas de vigilancia
Sin dato 13 1,2 % 5 1,1 % 1 0,7 % 0 0,0 % 19
No 436 39,5 % 344 72,3 % 58 40,3 % 69 35,4 % 907
656 59,4 % 127 26,7 % 85 59,0 % 126 64,6 % 994
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
Personal de seguridad
Sin dato 8 0,7 % 40,8 % 0 0,0 % 0 0,0 % 12
No 707 64,0 % 289 60,7 % 97 67,4 % 67 34,4 % 1.160
390 35,3 % 183 38,4 % 47 32,6 % 128 65,6 % 748
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
Forma de comunicar a los pacientes
Sin dato 5 0,5 % 40,8 % 1 0,7 % 0 0,0 % 10
No 694 62,8 % 276 58,0 % 96 66,7 % 73 37,4 % 1.139
Si 406 36,7 % 196 41,2 % 47 32,6 % 122 62,6 % 771
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
Abordaje de situaciones conictivas
Sin dato 8 0,7 % 1 0,2 % 0 0,0 % 1 0,5 % 10
No 774 70,0 % 317 66,6 % 104 72,2 % 133 68,2 % 1.328
323 29,2 % 158 33,2 % 40 27,8 % 61 31,3 % 582
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
El estilo de la Dirección Médica es
Sin dato 78 7,1 % 37 7,8 % 8 5,6 % 21 10,8 % 144
Autoritario 116 10,5 % 141 29,6 % 31 21,5 % 67 34,4 % 355
Desorganizado 396 35,8 % 158 33,2 % 55 38,2 % 67 34,4 % 676
Participativo 515 46,6 % 140 29,4 % 50 34,7 % 40 20,5 % 745
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
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Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión Médica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 8-19.
Tabla 3. Caracterización del lugar de trabajo de los médicos acerca del entorno de ejercicio de la profesión por país
y total. Encuesta Iberoamericana sobre violencia externa
Se habló de violencia en las reuniones con jefes
Sin dato 25 2,3 % 3 0,6 % 1 0,7 % 31,5 % 32
Alguna vez 448 40,5 % 168 35,3 % 45 31,3 % 75 38,5 % 736
No lo sé 150 13,6 % 65 13,7 % 19 13,2 % 23 11,8 % 257
No, nunca 352 31,9 % 231 48,5 % 67 46,5 % 83 42,6 % 733
Sí, frecuentemente 130 11,8 % 9 1,9 % 12 8,3 % 11 5,6 % 162
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.920
al 72 % para la primera y del 6,1 % al 8,1 % para la se-
gunda. El uso de redes sociales contra el accionar mé-
dico llegó al 12 %, con mayor frecuencia en Argentina
y menor en España. La violencia no fue ejercida exclu-
sivamente por un paciente o familiar: en el 26 % de los
casos se registró la participación de un grupo de per-
sonas en la agresión contra el médico. Este porcentaje
varió entre el 15 % y el 32 %.
Los horarios de ocurrencia se relacionaron con aque-
llos de mayor actividad con pacientes; más del 80 % de
los episodios se produjeron durante la mañana o la tar-
de. Los consultorios y, luego, las salas de espera y de
internación fueron los sitios donde se produjeron con
mayor frecuencia los hechos de violencia. Las salas de
urgencia, en cambio, presentaron una frecuencia muy
baja como lugar de ocurrencia de hechos violentos.
Cabe recordar que los pasillos son ubicaciones donde
no hay asistencia a pacientes, pero sí encuentros entre
pacientes, familiares y médicos. Sin embargo, realizar
guardias activas se asoció con un riesgo 45 % mayor
de experimentar un hecho de violencia respecto de no
realizarlas (RR: 1,45; IC 95 %: 1,3–1,6).
Luego de producido el hecho de violencia, se in-
terrogó sobre el accionar del médico, la presencia de
secuelas tanto físicas como emocionales y si se había
modicado el contacto con el paciente involucrado o,
incluso, con cualquier paciente. En un 34 % de los ca-
sos, el paciente era conocido por el médico, es decir,
existía una relación previa. En Paraguay y Uruguay, casi
el 80 % de los agresores eran nuevos para el médico, es
decir, no se trataba de pacientes conocidos. Argentina y
España, en tanto, mostraron una mayor proporción de
pacientes ya conocidos, entre el 37 % y el 38 %.
De estos 339 pacientes que ya eran conocidos, el
18 % requería atención de urgencia y, en el 75 % de estos
casos, esta fue brindada. Con porcentajes similares en
todos los países, el 80 % de los agresores no requería
atención de urgencia. Entre el 16 % y el 33 % de estos
pacientes agresivos no fueron atendidos nalmente,
mientras que entre el 67 % y el 84 % sí lo fueron. Es
importante destacar que en el 20 % de los hechos de
violencia otros colegas estuvieron involucrados. Solo el
20 % de los médicos pudo, luego del hecho, establecer
un acercamiento con el paciente o sus familiares.
Salvo en España, donde el 58,5 % de los médicos
conocía las vías judiciales luego de una agresión, en
el resto de los países participantes esta proporción se
ubicó entre el 32,4 % y el 43,9 %. Cerca del 60 % de
los médicos agredidos retomó su tarea y su lugar de
trabajo con normalidad; el resto se distribuyó entre
quienes se sintieron “inseguros” (8 %) y “algo insegu-
ros” (34 %). Los porcentajes fueron similares entre los
países participantes (ver Tabla 4).
Los posibles desencadenantes del hecho de violen-
cia se muestran en la tabla 5, con porcentajes calcula-
dos sobre los 1.005 médicos que sufrieron violencia.
Si consideramos el total de opiniones (2.111) de los
1.920 participantes, la demora en la atención ocupó
el primer lugar, seguida de la mala comunicación con
el paciente, mientras que el resto de las causas quedó
en un segundo plano, entre ellas aspectos del propio
paciente y de los recursos disponibles. Se observaron
variaciones entre los médicos de los diferentes paí-
ses. La demora en la atención explicó entre el 29 %
y el 40 % de los problemas. La mala comunicación,
en cambio, presentó valores muy similares, cercanos
al 20 % en los cuatro países. El estado emocional del
paciente rondó el 15 % a nivel global. La noticación
de una defunción fue el condicionante menos reco-
nocido, con un 6 % global para los cuatro países, pero
fue escasamente valorada por los médicos de España y
alcanzó un máximo del 8 % en Paraguay y Argentina.
La ansiedad del paciente o de sus familiares alcanzó
un 13 % como posible desencadenante de violencia
(ver Tabla 5).
(continuación página 12)
15
Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión Médica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 8-19.
Tabla 4. Experiencia de violencia en el último año. Prevalencia por país
PAÍS DE RESIDENCIA
ARGENTINA ESPAÑA PARAGUAY URUGUAY TOTAL
N%N%N%N%N
Ha experimentado violencia el último año
Sin dato 5 0,5 % 5 1,1 % 0 0,0 % 0 0,0 % 10
484 43,8 % 303 63,7 % 69 47,9 % 149 76,4 % 1.005
No 616 55,7 % 168 35,3 % 75 52,1 % 46 23,6 % 905
Total 1.105 100,0 % 476 100,0 % 144 100,0 % 195 100,0 % 1.910
Sufrió más de un episodio
349 72,1 % 200 66,0 % 49 71,0 % 116 77,9 % 714
No 135 27,9 % 103 34,0 % 20 29,0 % 33 22,1 % 291
Total 484 100,0 % 303 100,0 % 69 100,0 % 149 100,0 % 1.005
¿En qué ámbito laboral?
Ambos 106 21,9 % 7 2,3 % 11 15,9 % 36 24,2 % 160
Privado 85 17,6 % 31,0 % 7 10,1 % 60 40,3 % 155
Público 293 60,5 % 287 94,7 % 50 72,5 % 53 35,6 % 683
Total 484 100,0 % 297 98,0 % 68 98,6 % 149 100,0 % 998
Ha experimentado violencia el último año
Sin dato 3 0,6 % 10,3 % 1 1,4 % 0 0,0 % 5
Varones 203 41,9 % 52 17,2 % 27 39,1 % 24 16,1 % 306
Mujeres 278 57,4 % 250 82,7 % 41 59,4 % 125 83,9 % 694
Total 484 100,0 % 303 100,0 % 69 100,0 % 149 100,0 % 1.005
Tipo de violencia experimentado*
1263 54,3 % 242 79,9 % 45 65,2 % 101 67,8 % 651
2358 74,0 % 186 61,4 % 55 79,7 % 112 75,2 % 711
3 34 7,0 % 6 2,0 % 4 5,8 % 6 4,0 % 50
435 7,2 % 31 10,2 % 68,7 % 18 12,1 % 90
540 8,3 % 31 10,2 % 12 17,4 % 19 12,8 % 102
687 18,0 % 11 3,6 % 12 17,4 % 12 8,1 % 122
Conocía al agresor
Sin dato 21 4,3 % 2 0,7 % 1 1,4 % 21,3 % 21
No 296 61,2 % 183 60,4 % 53 76,8 % 113 75,8 % 645
172 35,5 % 118 38,9 % 15 21,7 % 34 22,8 % 339
Total 484 100,0 % 303 100,0 % 69 100,0 % 149 100,0 % 1.005
Requería atención de urgencia
Sin dato 59 12,2 % 20 6,6 % 4 5,8 % 23 15,4 % 106
No 362 74,8 % 224 73,9 % 52 75,4 % 102 68,5 % 740
63 13,0 % 59 19,5 % 13 18,8 % 24 16,1 % 159
Total 484 100,0 % 303 100,0 % 69 100,0 % 149 100,0 % 1.005
Tabla 4. Experiencia de violencia en el último año. Prevalencia por país
PAÍS DE RESIDENCIA
ARGENTINA
N % ESPAÑA
N % PARAGUAY
N % URUGUAY
N % TOTAL
N
Le fue brindada la atención
sin dato 21 4,3 % 6 2,0 % 2 2,9 % 9 6,0 % 38
No 105 21,7 % 98 32,3 % 16 23,2 % 22 14,8 % 241
358 74,0 % 199 65,7 % 51 73,9 % 118 79,2 % 726
Total 484 100,0 % 303 100,0 % 69 100,0 % 149 100,0 % 1.005
1-Verbal por parte del paciente 2- Verbal por parte de familiares del paciente 3- Física por parte de familiares
del paciente
4- Física por parte del paciente 5- Acto de discriminación 6- Vía Red Social por parte de familiares del
paciente
* 1-Verbal por parte del paciente. 2- Verbal por parte de familiares del paciente. 3- Física por parte de familiares del paciente. 4- Física por parte del
paciente. 5- Acto de discriminación 6- Vía red social por parte de familiares del paciente.
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Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión Médica...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 8-19.
Secuelas de la experiencia de violencia
Más de la mitad de los médicos que sufrieron vio-
lencia no conocen las vías judiciales ni tampoco repor-
taron el evento. Es de destacar que en el 80 % de los ca-
sos tampoco se tomaron acciones relativas a los hechos
de violencia y solo el 7 % de ellos inició acciones legales.
En cuanto a las consecuencias para desempeñar la pro-
fesión, el 10 % debió suspender su tarea habitual en el
lugar de trabajo. El 37 % asimismo modicó su forma
habitual en la relación con los pacientes, reduciendo el
contacto. Todas estas cuestiones varían de acuerdo al
país participante, mostrando diferencias.
Discusión
La presente edición es la primera de la Encuesta Ibe-
roamericana sobre violencia en el ejercicio de la pro-
fesión. Para Argentina, a través de FEMEBA, cons-
tituye la quinta edición, siendo la primera del año
2016. A lo largo de estos nueve años la problemática
de la violencia no solo no se ha reducido, sino que,
al comparar con relevamientos previos en Argentina,
ha permanecido constante (FEMEBA, 2025). Si bien
la violencia laboral afecta prácticamente a todos los
sectores y categorías de trabajadores, las personas que
trabajan en organizaciones de salud y de asistencia so-
Tabla 4. Experiencia de violencia en el último año. Prevalencia por país
Le fue brindada la atención
Sin dato 21 4,3 % 6 2,0 % 2 2,9 % 9 6,0 % 38
No 105 21,7 % 98 32,3 % 16 23,2 % 22 14,8 % 241
358 74,0 % 199 65,7 % 51 73,9 % 118 79,2 % 726
Total 484 100,0 % 303 100,0 % 69 100,0 % 149 100,0 % 1.005
(continuación página 14)
Tabla 5. Distribución de las posibles causas que originaron los actos de violencia según los médicos
PAÍS DE RESIDENCIA
ARGENTINA ESPAÑA PARAGUAY URUGUAY TOTAL
Causas del hecho N%N%N%N%N%
Demora o tiempo de espera
en la atención al paciente o
familiares
324 66,9 % 78 58,7 % 59 85,5 % 78 52,3 % 639 63,6 %
Mala comunicación o mal
entendimiento de la informa-
ción brindada al paciente y/o
familiares
217 44,8 % 90 29,7 % 33 47,8 % 42 28,2 % 382 38,0 %
Ocasión de noticar un
fallecimiento 97 20,0 % 4 1,3 % 12 17,4 % 11 7,4 % 124 12,3 %
Estado mental del agresor
(alcoholizado, drogado,
patología mental -bipolaridad/
esquizofrenia/psicosis/otras-)
171 35,3 % 95 31,4 % 17 24,6 % 39 26,2 % 322 32,0 %
Carencia de recursos
materiales para resolver un
problema
130 26,9 % 34 11,2 % 24 34,8 % 24 16,1 % 212 21,1 %
Ansiedad o miedo del
paciente o familiar 148 30,6 % 65 21,5 % 27 39,1 % 40 26,8 % 280 27,9 %
Despersonalización de la
atención que ocurre en los
lugares de atención
83 7,1 % 38 12,5 % 11 15,9 % 20 13,4 % 152 15,1 %
Total que experimentaron
violencia 484 100,0 % 303 100,0 % 69 100,0 % 149 100,0 % 1.005 100,0 %
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cial son las más afectadas en todo el mundo (Vítolo,
2022). Al comparar con otros estudios, por ejemplo,
la iniciativa de la OIT Spotlight (OIT, 2021), muy po-
cos profesionales denunciaron el hecho (22 % vs. 7 % en
nuestro estudio) y que las trabajadores mujeres (80 %)
sufren más acoso verbal que los trabajadores hom-
bres (77 %). La evidencia que, por caso, ha mostrado
recientemente el reporte de la OIT es que mientras
que el 83 % de quienes sufrieron alguna situación de
violencia reeren haberla comentado con alguien en
el trabajo, resultan las mujeres más que los hombres
quienes comentan este tipo de violencias: 84,5 % en el
caso de ellas y 76,8 % en el caso de ellos. Esto podría
estar reejando la mayor naturalización de este tipo
de situaciones por parte de los hombres y la dicultad
en buscar ayuda, tal vez debido a la reproducción de
valores típicamente masculinos como la hombría. Sin
embargo, a la hora de realizar denuncias, la cuestión
cae abruptamente. Solo una de cada cinco personas
realiza una denuncia formal al respecto. Esto trae apa-
rejado el silencio, la invisibilización y la reproducción
de una cultura laboral que no solo admite la violencia
y el acoso, sino que la oculta. Asimismo, los ámbitos
de atención donde se produjeron los hechos práctica-
mente no han variado, salvo por un aumento en el sec-
tor privado de atención de la salud en detrimento del
sector público, pero esto resta de ser un dato relevante
para el enfoque del problema.
Resulta esclarecedor que hay una asociación entre
cómo se percibe el médico a sí mismo y en su relación
con la profesión, sobre todo con el paciente, y el hecho
de haber experimentado uno o más episodios de vio-
lencia durante el trato con pacientes y familiares. El
trabajo nunca es neutral para la salud (Dejours,1998).
Si es un factor de riesgo o un factor protector depen-
derá de las condiciones bajo las cuales se desarrolle.
En este sentido, los factores psicosociales pueden ser
favorables o desfavorables para el desarrollo de la ac-
tividad laboral y para la calidad de vida laboral del su-
jeto. Por ello se indagó acerca de la perspectiva luego
del hecho (o, de los hechos) de violencia.
Está claro que la encuesta presenta una visión
simplicada y basada en lo estadístico y que no pue-
de nunca dirigir las políticas sobre el ejercicio de la
medicina y la prevención de violencia. Sin embargo,
aporta en tanto y en cuanto ofrece una oportunidad
de expresión por parte del médico sobre la percepción
acerca de las condiciones de trabajo y las perspecti-
vas sobre del ejercicio de la práctica médica y cómo
éstas inuencian de alguna manera lo que luego su-
cede en la relación médico paciente, incluyendo a los
familiares. Asimismo, según la perspectiva del pro-
pio médico, cuando reconoce que verdaderamente
la violencia conforma ya un escenario habitual, los
médicos tienen una prevalencia que duplica las chan-
ces de sufrir un episodio. Si bien la encuesta recoge
datos retrospectivos, por lo cual los resultados deben
ser tomados como tales, y no como pronósticos, esta
arroja luz sobre cómo se siente el profesional. Compa-
rando los grupos que experimentaron y los que no he-
chos de violencia, se observan diferencias en algunas
características. Es importante señalar, a su vez, que
la violencia y el acoso en el lugar de trabajo no solo
afectan a las víctimas sino a la propia organización, ya
que puede traer aparejado un aumento del ausentis-
mo laboral, una mayor rotación del personal, costos
de contratación, incorporación y formación, así como
la desmotivación y la disminución de la productividad
(Vítolo, 2022).
La perspectiva de género reejó que las mujeres
médicas sufrieron más episodios de violencia que los
varones. Este resultado también es coincidente con que
la misma carrera médica se encuentra en los últimos
años en franca feminización (OIT, 2021). En términos
coloquiales, no sólo la perspectiva del médico se aso-
cia a la probabilidad de sufrir episodios de violencia,
sino que la cuestión de género incrementa la misma. La
perspectiva de géneros para analizar la violencia pone
de relieve algunas relaciones de poder, probablemente
relacionadas con la asignación de roles y comporta-
mientos socio culturales que denen inequidades entre
hombres y mujeres e impactan de manera diferencial
sobre la vida y la salud de las personas.
Como señalaron Palma et al. (2018) en su estudio
sobre violencia laboral en Chile, el riesgo de exposi-
ción a la violencia es particularmente alto en ocupa-
ciones que implican la prestación de servicios a per-
sonas. Así, el sector salud se destaca por la naturaleza
del trabajo como un facilitador importante para el
surgimiento de violencia laboral. La encuesta reejó,
por una parte, que el problema de la violencia contra
los médicos no ha sido reducido en los últimos años.
Por otra parte, que las cuestiones relacionadas con la
percepción de las condiciones de trabajo, de género,
así como de horas de exposición a las consultas y de
relación médico paciente, contribuyen a incrementar
las probabilidades de riesgo. Esto estaría mostrando
que, de proponer actividades que benecien al médi-
co, el manejo de los conictos, conocer las vías judi-
ciales, contar con mesa de ayuda para vehiculizarlas
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Primera Encuesta Iberoamericana sobre Violencia durante el Ejercicio de la Profesión Médica...
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y saber de antemano que ciertas características en el
ejercicio profesional ya conforman grupos de mayor
riesgo, diseñaría un cuadro basado en el relevamiento,
la medición de los resultados y la evidencia.
Tanto los profesionales que sufrieron episodios de
violencia durante el último año como aquellos que no
los experimentaron seleccionaron, de un listado aco-
tado elaborado a partir de investigaciones previas, las
causas que consideraban posibles desencadenantes de
la violencia contra los médicos. Prácticamente todas
las causas fueron seleccionadas con mayor frecuencia
por los médicos que habían sufrido violencia que por
aquellos que no habían tenido esa experiencia. Si bien
resulta simplicador y reduccionista comparar la selec-
ción o no selección de una causa probable, los resul-
tados muestran que el reconocimiento de estas causas
fue más frecuente entre los médicos que habían expe-
rimentado hechos de violencia. Algunas evidencias su-
gieren la existencia de un círculo entre los riesgos psi-
cosociales que conducen a la violencia y la generación,
a su vez, de nuevos riesgos psicosociales (Vítolo, 2022).
La mayor exposición se observó entre los médicos
que realizan guardias activas y, si bien es un hallazgo
esperable, permite cuanticar cuánto mayor es el ries-
go en comparación con quienes no realizan guardias.
Son particularmente estos grupos los que tienen un
contacto más asiduo y cotidiano con los pacientes y,
también, los grupos ocupacionales más feminizados.
Este riesgo 45 % mayor entre los médicos que realizan
guardias activas puede ser útil para identicar pobla-
ciones más expuestas y focalizar en ellas el entrena-
miento para el manejo de situaciones conictivas.
La Federación Médica de la Provincia de Buenos
Aires cuenta con un programa destinado a proporcio-
nar al médico las herramientas que le permitan mane-
jar estas situaciones de forma más orgánica, sistemáti-
ca y que, sobre todo, conozca que no se encuentra solo
sino respaldado por la institución. Hemos visto que
muy pocos médicos, en relación al total que estuvo
expuesto a la violencia, realizaron acciones concretas,
tomaron contacto con la dirección del establecimiento
e iniciaron acciones legales. Más aún, no reestablecie-
ron la relación con el paciente. Estos puntos, entonces,
reejan debilidad en el sistema de salud en cuanto a
la contención al profesional y representan, asimismo,
una oportunidad de mejora.
El problema de abordar el hecho de violencia no
termina en su reconstrucción ni en el análisis de sus
posibles causas. Dentro de las consecuencias a nivel
personal se han observado, y ampliamente documen-
tado, algunas relevantes para la salud mental, tales
como: trastorno de estrés postraumático, uso de an-
tidepresivos y ansiolíticos (Baby et al., 2014, Giorgi et
al., 2013; Magnavita, 2014; De Puy et al., 2015). Asi-
mismo, en España, el monitoreo que realiza el Con-
sejo General de Colegios Ociales de Médicos (Orga-
nización Médica Colegial de España, 2024) ha puesto
de maniesto que menos de la mitad de las agresiones
comunicadas a los colegios de médicos son denun-
ciadas. Por ello, se enfatiza la necesidad de realizar
la denuncia para lograr más condenas y frenar a los
agresores reincidentes.
Las discrepancias con la atención médica consti-
tuyen la principal causa de las agresiones asistenciales
en España y están presentes en 8 de cada 10 agresio-
nes. Por su parte, el estudio de Climent-Rodríguez y
colaboradores en España señala que existe una rela-
ción entre haber sufrido agresiones y el grado de com-
promiso laboral de los profesionales de enfermería, de
ahí la necesidad de establecer políticas preventivas y
de intervención ecaces para fomentar un adecuado
clima laboral y abordar los episodios de violencia en
sus etapas iniciales (Climent-Rodríguez et al., 2023).
A la luz de los resultados, se pueden establecer
algunas recomendaciones. En primer lugar, las cues-
tiones relacionadas con la percepción de las condi-
ciones de trabajo, el género, las horas de exposición
a las consultas y la relación médico-paciente contri-
buyen a incrementar el riesgo. Promover actividades
de capacitación en el manejo de conictos, conocer
las vías judiciales, contar con una mesa de ayuda para
vehiculizarlas y reconocer que ciertas características
del ejercicio profesional conforman grupos de mayor
riesgo contribuirían a establecer un marco de mayor
seguridad laboral. Estos puntos reejan debilidades
del sistema de salud en cuanto a la contención de los
profesionales y, al mismo tiempo, representan opor-
tunidades de mejora. Si en un futuro cercano las ci-
fras que aquí se muestran mejoran y evidencian una
reducción de la violencia, podremos considerar que
se avanza en un camino adecuado, basado en la evi-
dencia disponible.
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Investigación original
20
Resumen
Introducción: La atención en salud mental ha experimentado una transición desde el modelo asilar hacia mode-
los de atención comunitaria, acompañada por una reducción progresiva de las internaciones prolongadas. El
objetivo de este trabajo fue analizar la evolución de las internaciones de larga estancia en el Hospital Dr. Ale-
jandro Korn de la ciudad de La Plata, Argentina, entre 1995 y 2023. Métodos: estudio observacional, descriptivo
y comparativo, basado en una serie de cuatro cortes transversales correspondientes a censos realizados en
salas de larga estancia en 1995, 2009, 2021 y 2023. Resultados: el número de pacientes internados descendió de
1048 a 86 y las salas de larga estancia de 23 a 5. La edad promedio aumentó de 52,9 a 61,3 años y el porcen-
taje de varones de 44,2 % a 72,1 %. La esquizofrenia se mantuvo como el diagnóstico predominante (44–53
%), mientras que la discapacidad intelectual aumentó del 28 % al 44 %. En 2023, el 67,4 % de los pacientes
acumulaba más de 20 años de internación y el 38,4 % permanecía hospitalizado desde 1995. Discusión: a pesar
de la marcada reducción de la población institucionalizada, persistió un núcleo de personas con internaciones
extremadamente prolongadas. El estudio no permitió evaluar las trayectorias de los egresos entre los distin-
tos censos, incluyendo externaciones, fallecimientos y derivaciones hacia otras instituciones, ni las caracterís-
ticas de los dispositivos de destino. Esta limitación impide determinar en qué medida la reducción observada
correspondió a procesos de desinstitucionalización o, en algunos casos, pudo involucrar trayectorias de tran-
sinstitucionalización. Por lo tanto, la reducción del número de personas internadas constituye una dimensión
relevante de la reforma, pero no puede considerarse, por sí sola, equivalente a desinstitucionalización.
Palabras clave: hospitales psiquiátricos, tiempo de internación, esquizofrenia, servicios de salud mental comunitaria
Abstract
Introduction: The transition from the asylum-based model to community-based mental health care has led to a
sustained reduction in long-stay psychiatric hospitalizations, although important questions remain regarding the cha-
racteristics of the population that continues to be institutionalized. The aim of this study was to analyze the evolution
Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en
un hospital psiquiátrico: tres décadas de transición hacia un
modelo comunitario
Long-Stay Inpatient Care in a Psychiatric Hospital: Three Decades of Transition Toward
Community-Based Mental Health Care
Pedro Damián Gargoloff1, Iván Omar Moreno Frade2, Pedro Rafael Gargoloff3, Juana
Sofía Valva4
RECIBIDO 13/5/2026 - ACEPTADO 5/8/2026
1.Médico Psiquiatra. Hospital Dr. Alejandro Korn, La Plata, Argentina. Capítulo de Psicofarmacología, Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).
https://orcid.org/0009-0006-6477-9959
2.Médico Psiquiatra. Hospital Dr. Alejandro Korn, La Plata, Argentina. Capítulo de Psicofarmacología, Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).
https://orcid.org/0009-0002-9404-4938
3.Médico Psiquiatra. Asociación de Ayuda de Familiares de personas con Esquizofrenia (AAFE). Universidad Nacional de La Plata (UNLP). https://orcid.
org/0000-0002-4558-6047
4.Lic. en Trabajo Social. Hospital Dr. Alejandro Korn, La Plata, Argentina. https://orcid.org/0009-0004-5188-1503
Autor correspondiente:
Pedro Damián Gargoloff
pdgargoloff@yahoo.com.ar
Institución en la que se realizó la investigación: Hospital Interzonal Especializado en Agudos y Crónicos Dr. Alejandro Korn,
La Plata, Argentina.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 20-29. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1061
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1061
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Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en un hospital psiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 20-29.
Introducción
Desde mediados del siglo XX la atención de la salud
mental atravesó una profunda transformación glo-
bal, orientada a superar el modelo asilar. Este cambio
estuvo impulsado por dos procesos que se dieron de
manera simultánea. Por un lado, el desarrollo de la
psicofarmacología introdujo nuevas herramientas te-
rapéuticas que permitieron reemplazar la internación
prolongada como principal estrategia de cuidado. Con
la introducción de la clorpromazina en 1952, del ha-
loperidol en 1957 y su progresiva incorporación a los
sistemas de salud pública a partir de la década de 1960,
se producen los avances más importantes y decisivos
en la historia de la psiquiatría moderna (López-Muñoz
et al., 2005). Estos logros no sólo ofrecieron un abordaje
terapéutico más selectivo y efectivo para el tratamiento
de la esquizofrenia, sino que también ampliaron el ho-
rizonte de conocimientos sobre los procesos biológicos
subyacentes a las enfermedades mentales. Dicho esce-
nario fortaleció hipótesis etiopatogénicas con respaldo
empírico y, por lo mismo, promovió investigaciones so-
bre mecanismos biológicos, modicando la nosología y
mejorando las predicciones sobre el curso evolutivo de
los procesos mórbidos (McCutcheon et al., 2020). La
psicofarmacología es, en la actualidad, un área de estu-
dio indisociable del campo psiquiátrico, y constituye la
piedra angular para el tratamiento de la esquizofrenia
(McCutcheon et al., 2020; Keepers et al, 2020; Wang
et al., 2024; McCutcheon et al., 2025), la enfermedad
más prevalente en salas de internación de salud mental
(ornicro & Tansella, 2004).
Por otro lado, y a raíz de estos avances, la sanción
de leyes, las declaraciones y la formulación de polí-
ticas públicas orientadas a la desinstitucionalización
impulsaron la sustitución progresiva del modelo asilar
por uno comunitario, adecuándose a las innovacio-
nes en los cuidados de salud mental y al cambio de
paradigma desde uno asistencial-institucional a uno
epidemiológico-comunitario (ornicro & Tanse-
lla, 2013). Este desplazamiento implicó pasar de una
atención centrada en el hospital a una enfocada en la
comunidad; de intervenciones meramente asistencia-
les a estrategias que abarcan la prevención, la rehabili-
tación y la inclusión social; de respuestas reactivas a la
demanda a la provisión de cuidados según las necesi-
dades de la población; y de una comunidad concebida
como pasiva a una activa y participativa que integra
a la sociedad, las organizaciones civiles, las personas
usuarias y sus referentes vinculares y de apoyo (Gar-
golo, 1999; World Health Organization, 2001a). En
este marco, el sujeto de intervención dejó de ser exclu-
sivamente la persona con padecimiento mental, para
ampliarse a la comunidad en su conjunto, con especial
énfasis en las poblaciones más vulnerables.
En 1963, la Community Mental Health Act en EE.
UU. impulsó el desarrollo de centros comunitarios en
reemplazo de hospitales psiquiátricos especializados
(Erickson, 2021). El punto de inexión más inuyente
fue en Italia en el año 1978, con la Ley 180, que es-
tableció el cierre progresivo de los grandes hospitales
psiquiátricos y promovió la creación de dispositivos
alternativos en la comunidad (Repubblica Italiana,
1978). La Declaración de Caracas en 1990, consolidó
of long-stay psychiatric hospitalizations at Dr. Alejandro Korn Hospital, La Plata, Argentina, between 1995 and 2023.
Methods: An observational, descriptive, comparative, repeated cross-sectional series study was conducted based on
four censuses performed in long-stay wards in 1995, 2009, 2021, and 2023. Results: The number of hospitalized
patients declined from 1,048 to 86, while long-stay wards decreased from 23 to 5. The mean age increased from 52.9
to 61.3 years, and the proportion of men rose from 44.2% to 72.1%. Schizophrenia remained the predominant diag-
nosis (44–53%), whereas the proportion of patients with intellectual disability increased from 28% to 44%. In 2023,
67.4% of patients had been hospitalized for more than 20 years, and 38.4% had remained continuously hospitalized
since 1995. Discussion: Despite the marked reduction in the institutionalized population, a core group of patients with
extremely prolonged hospitalizations remained. The study did not assess the trajectories of those who left the hospital
between censuses, including community discharges, deaths, and transfers to other institutions, nor the characteristics of
the receiving facilities. This limitation precludes determining to what extent the observed reduction reected processes
of deinstitutionalization or, in some cases, may have involved trajectories of transinstitutionalization. Therefore, the re-
duction in the number of hospitalized individuals represents a relevant dimension of mental health reform but cannot,
by itself, be considered equivalent to deinstitutionalization.
Keywords: psychiatric hospitals, length of stay, schizophrenia, community mental health services
22
Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en un hospital psiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 20-29.
estas ideas a nivel regional, proponiendo un modelo
de atención en salud mental basado en la comunidad
y en la atención primaria de la salud (Organización
Panamericana de la Salud, 1990). Posteriormente, la
Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año
1991, enfatizó que “el hospital psiquiátrico tradicional
ya no puede considerarse el pilar central de la aten-
ción en salud mental” (World Health Organization,
2001b). A su vez, en su Informe Mundial sobre Salud
Mental del año 2001 indicó que “los servicios comuni-
tarios deben reemplazar gradualmente a los hospitales
psiquiátricos, que deberían reducirse sustancialmente
o cerrarse” (WHO, 2001).
En el marco de las tendencias internacionales de
desinstitucionalización y del cambio de paradigma
en los cuidados de la salud mental, Argentina experi-
mentó un proceso de reducción de personas interna-
das en hospitales psiquiátricos, que se consolidó desde
la década de 1980. Este proceso se vio reforzado por
experiencias tempranas como la impulsada por el Dr.
Mauricio Goldemberg en el Hospital Evita de Lanús
hacia 1956 (Morasso, 2013), que propiciaba el desarro-
llo de comunidades terapéuticas. Por su parte, la Ley
Nacional de Salud Mental N° 26.657, promulgada en
el año 2010, proporcionó un marco legal para avanzar
con la transformación de los servicios de salud men-
tal, continuando con la reducción de personas inter-
nadas en hospitales monovalentes, fenómeno que ya
venía ocurriendo (Boletín Ocial de la República Ar-
gentina, 2010). Expresado en números, en la provincia
de Buenos Aires, se observó un descenso progresivo
de la cantidad de camas de los hospitales psiquiátricos
del sector público desde 10.220 en 1962, a 8.608 en
1997 y 4.000 en 2010 (Melia et al., 1999; Di Nella et
al., 2011). Para el 2021, a más de 10 años de la sanción
de la Ley N° 26.657, el total de personas internadas
en los mismos hospitales había descendido a 1263
(Barcala & Faraone, 2023). Si bien ambos indicadores
reejan dimensiones relacionadas de los procesos de
transformación institucional, deben interpretarse por
separado, ya que el número de camas disponibles y el
número de personas efectivamente internadas no son
necesariamente equivalentes.
Entre 1995 y 2023 se realizaron cuatro censos en
el sector de larga estancia del Hospital Dr. Alejandro
Korn a n de evaluar los patrones de prescripción psi-
cofarmacológica (Cermignani et al., 1998; Gargolo et
al., 2022; Gargolo et al., 2023; Gargolo et al., 2025).
A partir del estudio, se observó una notable reduc-
ción en el número total de personas internadas en es-
tos dispositivos. Dichos datos, merecen ser analizados
a la luz del cambio de paradigma señalado.
En este sentido, el presente trabajo tiene como
objetivo analizar la evolución de las internaciones de
larga estancia del Hospital Dr. Alejandro Korn desde
1995 a 2023, describiendo los cambios demográcos
y clínicos observados, con la nalidad de aportar ele-
mentos a la discusión sobre los procesos de reforma
de la atención en salud mental en Argentina.
Métodos
Se llevó a cabo un estudio observacional, descriptivo,
de corte transversal y comparativo, basado en cuatro
censos realizados en el Hospital Interzonal de Agudos
y Crónicos Dr. Alejandro Korn, de La Plata, Argen-
tina. Los relevamientos se efectuaron los días 15 de
junio de 1995, 14 de diciembre de 2009, 24 de febre-
ro de 2021 y 3 de mayo de 2023. En todos los casos,
se incluyó a los pacientes internados en el servicio de
larga estancia, correspondiente a personas con inter-
naciones neuropsiquiátricas prolongadas, sin aplicar
criterios de exclusión.
La información fue recolectada en todos los censos
a partir de las historias clínicas, chas de medicación
y registros de enfermería disponibles al momento del
relevamiento. Se extrajo la información de los datos ya
publicados de los censos de 1995, 2009 y 2021 (Cer-
mignani et al., 1998; Gargolo et al., 2022; Gargolo et
al., 2023). Para el caso del censo de 2023, que abarcó el
universo de pacientes internados tanto en corta, me-
dia y larga estancia como también aquellos en segui-
miento ambulatorio, se utilizó en esta comparación,
exclusivamente la subpoblación internada en larga es-
tancia (Gargolo et al., 2025). Se contó con las bases
de datos individuales para los censos de 2009, 2021 y
2023, pero solamente con los datos publicados para el
de 1995, motivo por el cual algunos análisis se restrin-
gen a los últimos tres censos.
Los diagnósticos psiquiátricos se obtuvieron a par-
tir de las historias clínicas. Para el censo de 1995 se
codicaron según el DSM-III-R, mientras que en los
censos posteriores se utilizó la Clasicación Interna-
cional de Enfermedades 10ª edición de la OMS. En las
tablas se utiliza la nomenclatura CIE-10.
Los datos fueron procesados con los programas
Stata 14.0, SPSS v26.0 y Microso Excel, y se descri-
bieron mediante proporciones, medias, medianas y
rangos según el tipo de variable. La tendencia en el
tiempo de las proporciones de las variables dicotómi-
cas se analizaron con la prueba de Chi cuadrada para
la tendencia (procedimiento ptrend, en Stata 14.0).
23
Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en un hospital psiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 20-29.
El estudio fue aprobado por el Comité de Ética en
Investigación del Hospital San Roque de Gonnet de
La Plata, con dictamen del 29 de abril de 2026. De
acuerdo al nivel de riesgo del estudio y al diseño, se
eximió la toma de consentimiento informado, con el
compromiso de mantener la condencialidad de los
datos obtenidos.
Resultados
A lo largo de los 28 años transcurridos entre los cua-
tro cortes transversales realizados (1995, 2009, 2021 y
2023), se observó un descenso sostenido del número
de pacientes internados en las salas de larga estancia,
que pasó de 1048 en 1995 a 86 en 2023, un descenso
de 91,8 %. En paralelo, la cantidad de salas destinadas
a la internación de larga estancia se redujo 78 %, de 23
en 1995 a 5 en 2023 (ver Figura 1). Simultáneamente
con la reducción del número de personas internadas y
de salas de larga estancia, disminuyó la cantidad pro-
medio de pacientes por sala. Esta relación pasó de 45,6
pacientes por sala en 1995 (1048 pacientes/23 salas) a
17,2 en 2023 (86 pacientes/5 salas), lo que representa
una reducción del 62,3 % en la concentración prome-
dio de personas internadas por sala.
El porcentaje de varones mostró una tenden-
cia creciente a lo largo de los años, con un rango de
44,2 % en 1995 a 72,1 % en 2023 (p para la tendencia
<0,0001). La edad promedio de la población internada
aumentó desde 52,9 años en 1995 a 61,3 años en 2023
(ver Tabla 1).
El diagnóstico más frecuente en todos los censos
fue esquizofrenia, con alrededor de la mitad de los
casos. En contraste, el retraso mental mostró una ten-
dencia sostenida al incremento proporcional: pasó de
representar el 28 % de los pacientes en 1995 al 44 % en
2023 (ver Tabla 1).
El tiempo de internación se incrementó progresi-
vamente a lo largo del período, con un aumento del
porcentaje de pacientes con más de 20 años de inter-
nación, que pasó de ser aproximadamente una tercera
parte en 1995 a más de dos terceras partes en el rele-
vamiento de 2023 (ver Figura 2).
En este último censo, el 38,4 % (33/86) de los pa-
cientes internados ya se encontraban hospitalizados al
momento del primer censo en 1995. Los intervalos de
duración de la internación utilizados corresponden a
las categorías disponibles en la publicación original
del censo de 1995. Dado que no se dispone de la base
de datos individual de dicho relevamiento, no fue po-
sible recategorizar la duración de las internaciones
utilizando intervalos menores y comparables con los
propuestos posteriormente por el Atlas de Salud Men-
tal de la Organización Mundial de la Salud (World
Health Organization, 2021).
Figura 1. Número de pacientes internados y salas de
larga estancia. Hospital Dr. Alejandro Korn, 1995 - 2009 -
2021 y 2023
Fuente: elaboración propia.
Tabla 1. Características demográcas y clínicas de los pacientes internados en salas de larga estancia del Hospital A.
Korn, 1995 - 2009 - 2021 y 2023
1995 2009 2021 2023
Pacientes hospitalizados (n) 1048 698 233 86
Sexo masculino % (n) 44.2 (463) 57.2 (399) 50.2 (117) 72.1 (62)
Edad en años promedio (rango) 52.9 (21-95) 58 (23-90) 63,8 (34-88) 61.3 (39-88)
Diagnóstico % (n)a
Esquizofrenia (F20) 45 (474) 44 (310) 53 (124) 52 (45)
Retraso mental (F70-F79) 28 (290) 34 (236) 39 (90) 44 (38)
Trastorno mental orgánico (F00-F09) 12 (128) 6 (43) 4 (9) 7 (6)
Otros diagnósticos 13 (140) 25 (177) 9 (22) 16 (14)
Fuente: elaboración propia. a La suma de los porcentajes es menor a 100 % en 1995 ya que había 16 pacientes sin datos de diagnóstico, mientras que,
en 2009, 2021 y 2023 los porcentajes superan el 100 %, dado que había pacientes con más de un diagnóstico.
24
Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en un hospital psiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 20-29.
La velocidad del descenso también mostró una
aceleración progresiva a lo largo del período analiza-
do. Entre 1995 y 2009, la tasa anual de reducción fue
del 2,74 % por año. Este ritmo se incrementó signi-
cativamente en el período siguiente, alcanzando una
disminución del 8,52 % anual entre 2009 y 2021. Fi-
nalmente, entre 2021 y 2023 se observó el descenso
más abrupto, con una reducción anual del 39,3 %, lo
que indica una merma excepcionalmente rápida de la
población internada en ese intervalo.
Discusión
Desinstitucionalización y reconguración del
hospital monovalente
La marcada reducción de personas internadas obser-
vada en el Hospital Dr. Alejandro Korn en el servicio
de larga estadía entre los años 1995 y 2023, que impli-
có el pasaje de 1048 a 86 pacientes (una disminución
superior al 90 %), junto con la reducción del número
de salas de internación de 23 a 5 en el mismo perio-
do, se inscribe en una transformación estructural del
sistema de salud mental en Argentina y en un cambio
paradigmático global asociado al abandono progresi-
vo del modelo asilar en favor de dispositivos comuni-
tarios promovido desde mediados del siglo XX (or-
nicro & Tansella, 2004).
En el plano normativo, las políticas públicas na-
cionales, en consonancia con las recomendaciones
internacionales de la Organización Mundial de la Sa-
lud (OMS, 2001) y la Declaración de Caracas (OPS,
1990), han orientado progresivamente la organización
de la atención en salud mental hacia redes territoria-
les, priorizando el fortalecimiento del primer nivel
de atención y el desarrollo de dispositivos en institu-
ciones no especializadas. En este sentido, la Ley Na-
cional N° 26.657 sancionada en Argentina en el año
2010 (Boletín Ocial de la República Argentina, 2010),
institucionalizó un proceso previo que ya venía desa-
rrollándose al establecer la sustitución progresiva de
los hospitales monovalentes por servicios interdisci-
plinarios de salud mental en hospitales generales. En el
marco de estas transformaciones, y a partir de la imple-
mentación del Programa “Buenos Aires Libre de Ma-
nicomios, el gobierno de la provincia de Buenos Aires
impulsó la elaboración de planes de adecuación para
los cuatro hospitales monovalentes del sistema públi-
co provincial (Ministerio de Salud de la Provincia de
Buenos Aires, 2020c). Estos planes constituyen instru-
mentos de política pública orientados a operacionalizar
a nivel institucional, los lineamientos establecidos por
la Ley N° 26657, deniendo estrategias de reconversión
del dispositivo hospitalario, reducción de las camas y
personas internadas en salas de larga estadía y desa-
rrollo de alternativas de cuidado por fuera del hospital
psiquiátrico.
Figura 2. Tiempo de hospitalización de los pacientes internados en salas de larga estancia del Hospital Dr. Alejandro
Korn, 1995 - 2009 - 2021 y 2023.
Tiempo de la hospitalización % (n) 1995 2009 2021 2023
Menor o igual a 10 años 34.5 (362) 34.2 (239) 6.4 (15) 5.8 (5)
Mayor de 10 y hasta 20 años 36 (377) 25 (174) 28 (66) 26.7 (23)
Mayor de 20 años 29.5 (309) 40.8 (285) 65 (152) 67.4 (58)
Fuente: elaboración propia
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Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en un hospital psiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 20-29.
Para interpretar el descenso en el número de per-
sonas internadas en los cuatro censos realizados en el
hospital Dr. Alejandro Korn, es importante recordar
que representan un balance entre ingresos y egresos.
Los ingresos a salas de internación psiquiátrica de larga
estancia, desde las de corta y media estancia, se prohi-
bieron desde diciembre de 2020 (Ministerio de Salud
de la Provincia de Buenos Aires, 2022), pero ya venían
descendiendo desde al menos la década previa, como
lo muestra el hecho de que, en 2020, el 91 % de las per-
sonas en internación de larga estancia tuvieran ya 10 o
más años desde su admisión (Ministerio de Salud de la
Provincia de Buenos Aires, 2020b). En consecuencia, el
análisis de la acentuada reducción de la población hos-
pitalaria debe centrarse principalmente en los egresos.
Como información complementaria, el Plan de
Adecuación institucional del Hospital Dr. Alejandro
Korn informó que entre 2010 y 2020 la población hos-
pitalaria disminuyó en 503 personas: el 68 % corres-
pondió a fallecimientos durante la internación, el 19 %
a externaciones y el 13 % a derivaciones hacia otras ins-
tituciones (Ministerio de Salud de la Provincia de Bue-
nos Aires, 2020b). Estos antecedentes aportan contexto
para interpretar la reducción de la población hospita-
laria, aunque no forman parte de los resultados de los
censos analizados en este estudio.
La existencia de derivaciones hacia otras institu-
ciones introduce un elemento que complejiza la inter-
pretación de la reducción de la población hospitalaria
como expresión directa de un proceso de desinstitu-
cionalización. En este sentido, las derivaciones pue-
den haber constituido tanto alternativas adecuadas
para personas que requieren apoyos residenciales es-
pecícos como formas de continuidad de trayectorias
institucionales, dependiendo de las características de
los dispositivos y las condiciones concretas de aten-
ción. Sin embargo, los datos disponibles en este estu-
dio no permiten establecer las características de los
dispositivos receptores ni de las condiciones de vida
y cuidados ofrecidos en ellos, por lo que no resulta
posible determinar el signicado de estas derivaciones
en términos de desinstitucionalización.
Desde una perspectiva analítica, el dato resulta
clave para problematizar la asociación lineal entre
reducción de pacientes internados y desinstitucio-
nalización. Al menos durante el período 2010-2020,
una proporción mayoritaria de la disminución de la
población hospitalaria correspondió a fallecimientos
durante la internación, mientras que las externaciones
representaron menos de una quinta parte y una pro-
porción adicional correspondió a derivaciones hacia
otras instituciones. Por lo tanto, la reducción cuantita-
tiva de la población internada no puede considerarse,
por sí sola, un indicador de inclusión comunitaria.
A su vez, en el relevamiento correspondiente a
2023, el 67,4 % de las personas internadas acumula-
ba más de 20 años de permanencia institucional y el
38,4 % se encontraba internada desde 1995, alcanzan-
do al menos 28 años de internación continua (Gar-
golo et al., 2025). Estos datos permiten plantear la
existencia de una población que permanece vinculada
a trayectorias institucionales extremadamente prolon-
gadas, aun en un contexto de marcada reducción de
la población hospitalaria. Este hallazgo advierte que
la transformación del modelo de atención implicó
una redistribución selectiva de las trayectorias insti-
tucionales, con una permanencia prolongada de una
parte de la población internada, que podría ser com-
patible con mayores necesidades de apoyo o mayores
dicultades para sostener procesos de vida por fuera
de la institución. Sin embargo, los datos disponibles
no permiten determinar si estas características fueron
efectivamente las que condicionaron sus posibilidades
de externación.
Otro aspecto relevante es la notable disminución
de la concentración de personas internadas por sala.
Este cambio constituye un cambio relevante en la or-
ganización de la internación, al implicar una menor
cantidad promedio de personas por sala. Este indica-
dor plantea interrogantes acerca de las condiciones de
alojamiento y de la relación entre la población inter-
nada y los recursos disponibles para su atención. Sin
embargo, el estudio no reveló de manera sistemática las
condiciones físicas de las salas, los niveles de privacidad
ni la dotación de personal en relación con la cantidad
de personas internadas, por lo que no es posible deter-
minar si la disminución de pacientes por sala se tradujo
efectivamente en mejores condiciones de alojamiento,
mayor privacidad o una mayor disponibilidad relativa
de personal asistencial (psiquiatras, trabajadores socia-
les, psicólogos, enfermeros, entre otros).
El aumento sostenido de la edad promedio reeja
un proceso de envejecimiento de la población inter-
nada que puede analizarse en relación con la prolonga-
ción de las trayectorias institucionales. La permanencia
prolongada en instituciones de larga estancia impacta
negativamente en la autonomía funcional y profundi-
za los niveles de dependencia, congurando perles de
cuidado que requieren apoyos intensivos y sostenidos
para la vida cotidiana, difíciles de absorber en contex-
26
Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en un hospital psiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 20-29.
tos territoriales con limitada disponibilidad de recursos
(ornicro & Tansella, 2013; Morasso, 2013).
En esta misma línea, el análisis del perl diag-
nóstico permite profundizar la caracterización de la
población que permanece internada a medida que
avanza el proceso de reducción de las internaciones
de larga estancia. Si bien la esquizofrenia continúa
siendo el diagnóstico predominante en todos los cen-
sos realizados, en el relevamiento de 2023 se obser
una convergencia con la discapacidad intelectual, que
representaron el 52 % y el 44 % de los diagnósticos,
respectivamente. Este cambio debe interpretarse con
cautela, dado que el diseño del estudio no permite
determinar los mecanismos que explican la modica-
ción del perl diagnóstico. No obstante, este hallazgo
puede ser interpretado en diálogo con estudios rea-
lizados en otros procesos de desinstitucionalización,
que han identicado, en las etapas avanzadas de cierre
de hospitales psiquiátricos, la permanencia de grupos
de personas con necesidades de apoyo más intensas y
mayores dicultades para su traslado a los dispositivos
comunitarios disponibles (Dayson et al., 1992; Trie-
man & Le, 1996). En el proyecto TAPS, por ejemplo,
algunos pacientes permanecieron en el hospital hasta
las etapas nales de su cierre y requirieron posterior-
mente dispositivos alternativos con mayores niveles
de apoyo (Trieman & Le, 1996). Al mismo tiempo,
la literatura sobre desinstitucionalización de pacientes
de larga estancia muestra que la mayoría de quienes
pueden ser trasladados a dispositivos comunitarios
presenta resultados favorables o al menos no eviden-
cia un deterioro signicativo en funcionamiento so-
cial, sintomatología y calidad de vida (Kunitoh, 2013).
En América Latina, estudios realizados en Brasil sobre
personas con internaciones psiquiátricas prolongadas
también han identicado importantes dicultades en
el funcionamiento social y la autonomía, destacando
la necesidad de considerar estas dimensiones en la
planicación de procesos de desinstitucionalización
e inclusión social (Fleck et al., 2007; Wagner et al.,
2006). En este contexto, el incremento proporcional
de la discapacidad intelectual observado en nuestro
estudio podría ser compatible con una concentración
progresiva, entre quienes permanecen internados, de
personas con necesidades de apoyo más complejas.
Sin embargo, nuestros datos no permiten establecer
que este haya sido el mecanismo responsable del cam-
bio observado en el perl diagnóstico, ni determinar
si las personas con discapacidad intelectual tuvieron
efectivamente menores probabilidades de externación
que aquellas con otros diagnósticos.
Este posible proceso de concentración de personas
con mayores necesidades de apoyo también requie-
re evitar una equivalencia automática entre desins-
titucionalización y externación de la totalidad de la
población residente hacia dispositivos comunitarios
convencionales o de baja intensidad de apoyo. La ex-
periencia de cierre de grandes hospitales psiquiátri-
cos muestra que una proporción de pacientes de larga
estancia puede requerir niveles elevados y sostenidos
de supervisión y cuidado, y que, en algunos casos, los
dispositivos comunitarios habituales pueden resultar
insucientes para responder a estas necesidades (Day-
son et al., 1992; Trieman & Le, 1996). En consecuen-
cia, el presente análisis no parte del supuesto de que
todas las personas internadas puedan ser externadas
hacia una misma modalidad de atención comunitaria.
Por el contrario, los dispositivos de destino deberían
adecuarse a las necesidades clínicas, funcionales y so-
ciales de cada persona y garantizar condiciones apro-
piadas de cuidado, autonomía y calidad de vida.
Es en este punto donde resulta necesario introdu-
cir la noción de transinstitucionalización, entendida
como una categoría que permite analizar aquellas tra-
yectorias en las que el traslado puede mantener con-
diciones de segregación, dependencia institucional y
escasa integración comunitaria. Su consideración re-
quiere, por lo tanto, atender a las características con-
cretas de los dispositivos receptores y a las condicio-
nes de vida y cuidado que ofrecen.
Otro hallazgo relevante es la tendencia global cre-
ciente de la proporción de varones en las salas de larga
estadía. Los datos disponibles no permiten establecer
las causas de este cambio en la composición por sexo
en las trayectorias de egreso y permanencia institu-
cional, incluyendo externaciones, fallecimientos, de-
rivaciones hacia otras instituciones u otros tipos de
egresos. También es posible que hayan intervenido
diferencias en la disponibilidad de redes de apoyo y
en las condiciones para el sostenimiento de la vida en
comunidad. Algunos estudios han señalado que las
mujeres pueden contar con redes vinculares y de apo-
yo más fortalecidas, que podrían favorecer su soste-
nimiento en la comunidad (Ministerio de Salud de la
Provincia de Buenos Aires, 2020c; Otten et al., 2021).
Sin embargo, esta hipótesis no puede ser comprobada
con los datos del presente estudio, ya que no se dispo-
ne de información longitudinal desagregada por sexo
sobre las trayectorias de las personas internadas. Por
lo tanto, el aumento relativo de la proporción de varo-
nes puede interpretarse como un hallazgo descriptivo
27
Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en un hospital psiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 20-29.
que plantea hipótesis acerca de procesos diferenciales
de permanencia y egreso, más que como evidencia de
una mayor externación de mujeres.
Territorio, dispositivos alternativos y tensiones
ético-políticas
La lectura de estos resultados adquiere particular re-
levancia al situarlos en el marco de las políticas pro-
vinciales de adecuación institucional y del modelo de
atención territorial que dichas políticas promueven
(Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Ai-
res, 2020b, 2020c, 2022). Estos instrumentos fueron
destinados a operacionalizar el pasaje del hospital
monovalente hacia un entramado de dispositivos co-
munitarios capaces de sostener la vida por fuera de
la institución psiquiátrica. En el caso del Hospital Dr.
Alejandro Korn, el plan de adecuación registra la exis-
tencia de distintos dispositivos habitacionales (vivien-
das supervisadas, semiasistidas, asistidas y residencias
para personas mayores) concebidos como alternativas
para el alojamiento de la población externada. Sin em-
bargo, los hallazgos de este estudio permiten identicar
una tensión entre los objetivos normativos de desinsti-
tucionalización y las condiciones materiales necesarias
para su implementación efectiva. En este sentido, la
persistencia de personas con internaciones que superan
los veinte años y la concentración de perles caracte-
rizados por elevados niveles de dependencia funcional
permiten inferir que una parte importante de la pobla-
ción internada en las salas de larga estancia continúa
careciendo de redes extrahospitalarias que les permitan
sostener procesos de vida autónoma.
Esta situación, dialoga con los planteos de Bachrach
& Lamb. (1989), quienes advierten que los procesos
de desinstitucionalización no pueden ser evaluados
meramente a partir de la reducción de camas y per-
sonas internadas o del cierre de instituciones, sino en
función de la capacidad efectiva del sistema de salud
para construir redes comunitarias de apoyo, inclusión
y cuidado. Desde esta perspectiva, si bien la disminu-
ción del número de personas internadas constituye
una condición necesaria para la transformación del
sistema asilar, no es evidencia suciente para referir-
nos a un proceso de desinstitucionalización.
Asimismo, los resultados obtenidos permiten re-
cuperar la noción de territorio de Sili (2018), para
quien este debe ser entendido, más allá de su dimen-
sión geográca, como una arena sociopolítica en la
que actores institucionales, comunitarios y familiares
articulan proyectos, disputan sentidos y gestionan re-
cursos, y cuya conguración depende de la capacidad
de acción colectiva para construir horizontes de vida y
proyectos de futuro. Esta noción resulta relevante para
el presente análisis, ya que permite comprender que
las posibilidades de externación no dependen exclu-
sivamente de las características clínicas de las perso-
nas internadas, sino también de la capacidad de los
territorios para generar condiciones de cuidado, in-
tegración social y sostenimiento de la vida cotidiana.
En este sentido, cuando el entramado territorial no
logra consolidarse, la reducción del alojamiento hos-
pitalario puede no ser acompañada por una capacidad
equivalente del territorio para asumir las necesidades
de cuidado. En estas circunstancias, pueden generarse
circuitos de derivación hacia otros dispositivos ins-
titucionales que, dependiendo de sus características,
no necesariamente garantizan una mayor integración
comunitaria. Algunos de estos dispositivos podrían
mantener rasgos propios de la matriz institucional
previa, como la dependencia institucional y la esca-
sa integración con la comunidad. Es en este tipo de
situaciones donde la noción de transinstitucionaliza-
ción adquiere relevancia analítica, en tanto permite
problematizar la continuidad de determinadas lógicas
institucionales bajo modalidades de atención diferen-
tes. Por lo tanto, no toda derivación hacia otra institu-
ción puede considerarse transinstitucionalización; su
identicación requiere analizar las características del
dispositivo de destino y las condiciones concretas de
vida y cuidado que allí se desarrollan.
Los hallazgos presentados ponen de relieve im-
portantes tensiones éticas y políticas en el proceso
de desinstitucionalización, dado que la adecuación
institucional se lleva adelante en un contexto de in-
fraestructura envejecida, reconversión parcial de salas
y una disponibilidad limitada de dispositivos extra-
hospitalarios con apoyos intensivos. En este escenario,
la reducción de personas internadas se inscribe en el
cumplimiento de un mandato legal que busca garanti-
zar los derechos humanos de las personas con un pa-
decimiento mental al evitar internaciones prolonga-
das innecesarias; sin embargo, la forma en que dicho
proceso se implementa plantea interrogantes respecto
a las condiciones materiales y asistenciales necesarias
para garantizar efectivamente tales derechos.
Estos datos permiten problematizar la asociación
lineal entre la reducción del número de personas in-
ternadas y la desinstitucionalización, ya que dicha
reducción no puede interpretarse de manera directa
como equivalente a la inclusión de las personas en
dispositivos comunitarios. Esta lectura resulta consis-
28
Internaciones de larga estancia por motivos de salud mental en un hospital psiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 20-29.
tente con los planteos de Amarante y Nunes (2018),
quienes conciben la reforma psiquiátrica como un
proceso social complejo que involucra dimensiones
simultáneas de transformación institucional, política,
cultural y asistencial. Desde esta perspectiva, la reduc-
ción del número de personas internadas constituye
una dimensión relevante en el proceso de reforma,
pero no es un indicador suciente para valorar los al-
cances en términos de ciudadanía, inclusión social y
ejercicio efectivo de derechos.
Comentarios nales
Desde una perspectiva ética, el presente estudio ad-
quiere relevancia en tanto permite desnaturalizar la
equivalencia entre reducción del número de personas
internadas y desinstitucionalización, al demostrar que
si estos procesos de reforma ocurren sin la contem-
plación de una malla de políticas públicas que apli-
quen programas de externación y sostenimiento en la
comunidad basados en la disponibilidad de recursos
físicos y humanos adecuados, se cae en el riesgo de
que se convierta en una mera estrategia administra-
tiva de gestión institucional, cuyo escenario deriva en
mecanismos de desplazamiento del problema, que no
modican sustancialmente las trayectorias de cronici-
dad de las personas.
Entre las principales fortalezas del estudio se en-
cuentra la reconstrucción longitudinal de casi tres dé-
cadas de información censal, lo que posibilita analizar
condiciones estructurales de la institución monova-
lente, y no meramente procesos coyunturales. A su vez,
la articulación entre la evidencia empírica obtenida, el
marco normativo y el debate conceptual aporta una
lectura compleja del proceso de reforma, permitiendo
visibilizar, simultáneamente, las dinámicas de concen-
tración de la cronicidad y los límites del entramado te-
rritorial. En este sentido, contribuye al debate contem-
poráneo respecto a la atención en salud mental.
No obstante, el estudio presenta una serie de li-
mitaciones. Primeramente, al centrarse en un único
hospital, los hallazgos obtenidos no pueden ser gene-
ralizados al conjunto del sistema de salud. En relación
con esto, la ausencia de un abordaje comparativo con
otras instituciones limita la posibilidad de contrastar
modelos de implementación de las reformas. Por otra
parte, la descripción se limita a quienes permanecie-
ron internados en los dispositivos de larga estancia,
sin complementarse con un análisis longitudinal de
las trayectorias de las personas externadas, derivadas o
fallecidas, ni de la distribución de estos eventos según
género, lo que limita la interpretación de los cambios
observados en la composición de la población hospi-
talaria. Debe considerarse también que los indicado-
res disponibles para contextualizar históricamente el
proceso provincial no son homogéneos a lo largo del
tiempo, ya que algunas fuentes informan el número de
camas y otras el número de personas internadas; por
este motivo, dichos datos deben interpretarse como
indicadores complementarios de transformación ins-
titucional y no como una serie temporal estrictamente
comparable. Asimismo, la ausencia de la base de datos
individual correspondiente al censo de 1995 impidió
recategorizar algunas variables, como la duración de
la internación, de acuerdo con los intervalos utilizados
actualmente por el Atlas de Salud Mental de la OMS,
lo que limita la comparación directa con indicadores
internacionales. Tampoco se dispuso de indicadores
históricos sistemáticos sobre las condiciones físicas de
alojamiento ni sobre la dotación de personal por sala,
lo que impide determinar en qué medida la reducción
del número de pacientes por sala se tradujo en me-
joras objetivas de las condiciones de cuidado. Final-
mente, el estudio se apoya en fuentes institucionales
secundarias, sin incorporar la dimensión subjetiva de
las personas internadas.
En su conjunto, este estudio no solo describe un
proceso histórico, sino que interpela las condiciones
éticas y materiales para que la desinstitucionalización
se constituya en una verdadera ampliación de dere-
chos y no en una redistribución de la cronicidad bajo
nuevas formas institucionales.
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th Organization.
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Investigación original
30
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 30-37. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1062
RECIBIDO 16/8/2025 - ACEPTADO 2/10/2025
1.Médica especialista en Psiquiatría; Jefa de Sección de Consultorios Externos, Hospital José T. Borda; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0000-0002-0535-628X
2.Médica; Residente de Psiquiatría, Hospital José T. Borda; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0004-1629-6894
3.Médico especialista en Psiquiatría; Jefe de sección de Consultorios Externos, Hospital José T. Borda; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0009-0003-7748-7072
4.Médico especialista en Psiquiatría; Médico de planta de Consultorios Externos, Hospital José T. Borda; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0009-0002-2611-7648
5.Médico especialista en Psiquiatría; Jefe de Servicio 25B, Hospital José T. Borda; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0009-0007-7613-846X
6.Médico especialista en Psiquiatría; Jefe de Servicio 31B, Hospital José T. Borda; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0000-0001-5840-5623
7.Médica especialista en Psiquiatría; Jefa de Servicio de Consultorios Externos, Hospital José T. Borda; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0009-0009-8606-397X
8.Médico especialista en Psiquiatría; Jefe de departamento de Docencia e Investigación, Hospital José T. Borda; Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0000-0003-1388-2009
Autora correspondiente:
Julieta Ramírez
dra.ramirezj@gmail.com
Institución donde se llevó a cabo el trabajo: Hospital José T. Borda, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Argentina.
Resumen
Objetivo: a pesar de ser un fármaco altamente ecaz para el tratamiento de la esquizofrenia resistente al trata-
miento (ERT), la clozapina continúa siendo subutilizada. Este estudio tiene como objetivo evaluar los patrones
de prescripción de clozapina en pacientes ambulatorios de un hospital especializado en psiquiatría de Argen-
tina. Métodos: este estudio observacional descriptivo retrospectivo de corte transversal incluyó pacientes
adultos con diagnóstico de esquizofrenia que realizan tratamiento ambulatorio en nuestra institución. Los da-
tos fueron recolectados mediante la revisión de historias clínicas en el período noviembre 2024-enero 2025.
Los análisis estadísticos incluyeron estadísticas descriptivas, pruebas t pareadas, correlaciones de Pearson y
regresión múltiple. Resultados: la muestra incluyó 199 pacientes y tuvo una edad media de 36 años (DE: 6,6).
El 75,4 % recibía medicación concomitante; el uso previo de antipsicóticos inyectables de acción prolongada
(IAP) fue bajo (8 %), mientras que la polifarmacia antipsicótica fue frecuente (30,6 %). El tiempo medio entre
el diagnóstico de esquizofrenia y el inicio del tratamiento con clozapina fue superior a cinco años (266,47
semanas, DE: 270,4), con un promedio de 3,17 ensayos previos adecuados con antipsicóticos (DE: 1,53). Las
hospitalizaciones disminuyeron signicativamente después del inicio del tratamiento con clozapina (cambio
medio: 1,74, DE: 1,14; tamaño del efecto grande, d = 1,09). Conclusiones: los hallazgos obtenidos indican que la
clozapina continúa siendo subutilizada en nuestro medio y resaltan la importancia de iniciarla de manera más
temprana para reducir las tasas de hospitalización y mejorar los resultados clínicos.
Palabras clave: esquizofrenia, esquizofrenia resistente al tratamiento, clozapina, retraso en la prescripción,
polifarmacia
Clozapina y esquizofrenia resistente: patrones de prescripción
en un hospital neuropsiquiátrico de la Ciudad de Buenos Aires
Clozapine and Treatment-Resistant Schizophrenia: Prescribing Patterns at a Neuropsychiatric
Hospital in the City of Buenos Aires
Julieta Ramírez1, María Delna Tavella2, Adrián Cabrera3, Germán Weisbrot4, Guillermo
J. Hönig5, Daniel Martínez6, Nora S. Crespi7, Ricardo Corral8
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1062
31
Clozapina y esquizofrenia resistente: patrones de prescripción en un hospital neuropsiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 30-37.
Introducción
Aproximadamente el 30 % de los pacientes con esqui-
zofrenia presentan síntomas positivos persistentes a
pesar del tratamiento.
La esquizofrenia resistente al tratamiento (ERT)
representa un importante desafío clínico, pudiendo
manifestarse desde etapas tempranas del tratamiento
o desarrollarse posteriormente en pacientes que, ini-
cialmente, respondieron a la terapia antipsicótica (Co-
rrell et al., 2019a; Lally et al., 2016).
La ERT se dene como la ausencia de una respues-
ta clínica signicativa, luego de dos ensayos farmaco-
lógicos adecuados en cuanto a duración y dosis. Se
considera adecuada una duración de seis semanas y
una dosis equivalente a seiscientos miligramos diarios
de clorpromazina. Además, debe conrmarse adhe-
rencia adecuada al fármaco y la sintomatología debe
tener impacto funcional (Howes et al., 2017).
La clozapina es considerada el tratamiento más e-
caz para los síntomas positivos y se reconoce como el
tratamiento gold standard para la ERT (Leucht et al.,
2013; Wagner et al., 2021). Meta-análisis de estudios
de cohorte han demostrado que la clozapina produce
una mayor mejoría sintomática en comparación con
otros antipsicóticos de segunda generación, además
de asociarse con menores tasas de abandono del trata-
miento y un menor riesgo de hospitalización (Masuda
et al., 2019).
En comparación con otros antipsicóticos, la cloza-
pina ha demostrado ser ecaz en la reducción de con-
ductas agresivas y violentas, así como en la disminu-
ción del riesgo de recaídas en pacientes con trastornos
por consumo de sustancias (Lähteenvuo et al., 2022).
Asimismo, estudios epidemiológicos han mostra-
do que la clozapina reduce el riesgo de suicidio (Tai-
pale et al., 2021). Además, una revisión sistemática y
metaanálisis de estudios a largo plazo encontró que la
clozapina se asocia con una reducción signicativa de
la mortalidad por cualquier causa, posiblemente debi-
do a su efecto en la disminución de la suicidabilidad
(Meltzer et al., 2003).
Alrededor del 40 % de los pacientes con ERT res-
ponden a la clozapina (Seppälä et al., 2021), pero las
tasas de respuesta pueden alcanzar hasta el 80 % si se
inicia dentro de los primeros 2 a 3 años luego de esta-
blecerse la resistencia (Yoshimura et al., 2017).
Sin embargo, la clozapina continúa siendo subutili-
zada en muchos países de altos ingresos, incluidos Es-
tados Unidos, Canadá y el Reino Unido (Yoshimura et
al., 2017; Whiskey et al., 2021; Bachmann et al., 2017).
En contraste, las tasas de utilización son relativamente
más altas en ciertos países europeos (por ejemplo, Fin-
landia y los Países Bajos) y en algunas regiones de Asia,
lo que reeja una marcada variabilidad en las prácticas
de prescripción según la región (Yoshimura et al., 2017;
Whiskey et al., 2021; Bachmann et al., 2017).
La mayoría de los estudios identican un retraso
signicativo entre el diagnóstico de ERT y la prescrip-
ción de clozapina. Trece estudios encontraron que este
retraso fue, en promedio, de 5 años, con una media de
5,7 ensayos previos antes de la introducción de cloza-
pina (Latimer et al., 2013).
Además, muchos pacientes inician tratamiento
con clozapina solo después de haber recibido trata-
mientos con polifarmacia antipsicótica (PPA) (Correll
Abstract
Objective: Despite being a highly effective drug for treatment-resistant schizophrenia (TRS), clozapine remains unde-
rutilized. This study aims to evaluate clozapine prescribing patterns in outpatients from a specialized psychiatric hospi-
tal in Argentina. Methods: This retrospective, observational, cross-sectional study included adult patients with a diagno-
sis of schizophrenia receiving outpatient treatment at our institution. Data were collected by reviewing medical records
from November 2024 to January 2025. Statistical analyses included descriptive statistics, paired t-tests, Pearson's
correlations, and multiple regression. Results: The sample included 199 patients with a mean age of 36 years (SD:
6.6). A total of 75.4% were receiving concomitant medication; prior use of long-acting injectable antipsychotics (LAIs)
was low (8%), while antipsychotic polypharmacy was frequent (30.6%). The mean time from schizophrenia diagnosis
to clozapine initiation was greater than ve years (266.47 weeks, SD: 270.4), with a mean of 3.17 adequate prior an-
tipsychotic trials (SD: 1.53). Hospitalizations signicantly decreased after clozapine initiation (mean change: 1.74, SD:
1.14; large effect size, d = 1.09). Conclusions: Our ndings indicate that clozapine continues to be underutilized in our
setting and highlight the importance of earlier initiation to reduce hospitalization rates and improve clinical outcomes.
Keywords: schizophrenia, treatment-resistant schizophrenia, clozapine, prescribing delay, polypharmacy
32
Clozapina y esquizofrenia resistente: patrones de prescripción en un hospital neuropsiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 30-37.
et al., 2019b). A pesar de que las guías de práctica clí-
nica favorecen la monoterapia, la tasa de PPA puede
alcanzar hasta el 40 % (Cotes et al., 2018).
Cabe destacar que la falta de adherencia y los ni-
veles subterapéuticos de medicación representan una
de las principales causas de casos “pseudo-resistentes.
Dada la posibilidad de no adherencia encubierta, se
recomienda la medición de niveles plasmáticos de
antipsicóticos en todos los pacientes en tratamiento
oral que sean diagnosticados como resistentes al tra-
tamiento (Hiemke et al., 2018).
Como esta evaluación no siempre es posible, se
sugiere que al menos uno de los tratamientos fallidos
haya involucrado el uso de antipsicóticos inyectables
de acción prolongada (IAP) (Hiemke et al., 2018). No
obstante, las tasas de prescripción de IAP también son
bajas en la mayoría de los países.
Hasta donde sabemos, no existen estudios en Ar-
gentina que evalúen estas variables en muestras de
pacientes.
Este es un estudio observacional descriptivo reali-
zado en pacientes ambulatorios de un Hospital Neu-
ropsiquiátrico de la Ciudad de Buenos Aires que se
encuentran actualmente en tratamiento con clozapina.
El objetivo del estudio es determinar si existen demoras
en la prescripción de clozapina, evaluando la cantidad
de ensayos adecuados previos a su indicación y el tiem-
po transcurrido entre el diagnóstico de esquizofrenia y
el inicio del tratamiento con clozapina.
Objetivos primarios:
■ Determinar el número de ensayos adecuados con
antipsicóticos previos a la indicación de clozapina.
■ Determinar el tiempo transcurrido entre el diag-
nóstico de esquizofrenia y el inicio del tratamiento
con clozapina.
Objetivos secundarios:
■ Calcular la dosis media de clozapina.
■ Evaluar la medicación concomitante en pacientes
tratados con clozapina.
■ Evaluar el uso previo de antipsicóticos inyectables
de acción prolongada (IAP) antes de la indicación
de clozapina.
■ Evaluar el uso de polifarmacia antipsicótica (PPA)
antes de la indicación de clozapina.
■ Determinar el número de hospitalizaciones antes y
después del tratamiento con clozapina.
Métodos
1. Diseño
Este estudio observacional retrospectivo y transversal
se llevó a cabo en un Hospital Neuropsiquiátrico de la
Ciudad de Buenos Aires. El estudio fue revisado por el
Comité de Ética de esta institución, el cual otorgó una
exención. No se requirió consentimiento informado
debido al carácter retrospectivo y anonimizado de los
datos. Todos los datos de los pacientes fueron com-
pletamente desidenticados antes del análisis. Los pa-
cientes fueron incluidos de manera consecutiva a par-
tir del registro ambulatorio. Los datos se recolectaron
entre noviembre de 2024 y enero de 2025.
La presentación de este estudio cumple con las di-
rectrices STROBE (Von Elm et al., 2008).
El estudio se realizó de acuerdo con la Declaración
de Helsinki de 1975.
2. Participantes
Criterios de inclusión:
■ Pacientes ambulatorios adultos (≥ 18 años) con
diagnóstico de esquizofrenia o trastorno esquizo-
freniforme (según el DSM-5), documentado en la
historia clínica.
■ Pacientes en tratamiento con clozapina.
■ Pacientes clínicamente estables según criterio del
médico tratante.
Criterios de exclusión:
■ Presencia de cualquier otro diagnóstico del Eje I
(según el DSM-5).
3. Variables
A partir de las historias clínicas se recopilaron los si-
guientes datos: a) edad, sexo; b) fecha del diagnósti-
co; c) fecha de inicio del tratamiento con clozapina;
d) dosis actual de clozapina; e) medicación concomi-
tante (distinguiendo entre polifarmacia antipsicótica
y otros psicofármacos); f) uso previo de antipsicóticos
inyectables de acción prolongada (IAP) o polifarma-
cia antipsicótica (PPA); g) número de hospitalizacio-
nes antes y después del inicio de clozapina.
Se denió un ensayo adecuado como aquel reali-
zado con cualquiera de los antipsicóticos aprobados
para el tratamiento de la esquizofrenia, a una dosis te-
rapéutica (al menos 600 mg de clorpromazina o dosis
equivalente) durante un mínimo de 6 semanas en un
paciente adherente.
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Clozapina y esquizofrenia resistente: patrones de prescripción en un hospital neuropsiquiátrico...
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4. Análisis estadístico
a. Análisis descriptivo
La edad se presenta como media ± desviación están-
dar (DE), y el sexo como porcentaje y frecuencia. La
dosis promedio de clozapina y el número de medica-
mentos concomitantes se expresan como media ± DE.
Para los tipos de medicación concomitante se utili-
zaron frecuencias absolutas y porcentajes. El tiempo
transcurrido entre el diagnóstico de esquizofrenia y la
indicación de clozapina se presenta como media ± DE.
El número de ensayos adecuados con antipsicóticos se
expresa como media ± DE. El uso de antipsicóticos
inyectables de acción prolongada (IAP) y de polifar-
macia antipsicótica (PPA) previos a la indicación de
clozapina se presenta como frecuencia y porcentaje.
Se comparó el número de hospitalizaciones antes y
después del inicio de clozapina mediante una prueba
t para muestras pareadas. Se utilizó la fórmula de Co-
hens d para estimar el tamaño del efecto.
b. Análisis de correlación
Estos análisis de correlación fueron de carácter ex-
ploratorio, con el objetivo de identicar posibles pa-
trones para la generación de hipótesis.
Se exploró la relación entre la dosis de clozapi-
na y el número de medicamentos concomitantes, así
como el tiempo transcurrido entre el diagnóstico de
esquizofrenia y la indicación de clozapina, median-
te la correlación de Pearson. Para evaluar la posible
multicolinealidad entre las variables independientes
del modelo de regresión, se calcularon los valores del
Factor de Inación de la Varianza (VIF, por sus siglas
en inglés). Todas las variables presentaron valores de
VIF < 2, lo que indica baja multicolinealidad.
También se analizó la correlación entre el número
de hospitalizaciones previas a la indicación de clozapi-
na con las dosis actuales de clozapina y la medicación
concomitante, utilizando la correlación de Pearson.
Finalmente, se realizó un análisis de regresión múl-
tiple para evaluar los predictores de la reducción de
hospitalizaciones. Las variables independientes selec-
cionadas (dosis de clozapina, medicación concomi-
tante, uso previo de IAP) se eligieron en función de su
relevancia clínica, según lo reportado en la literatura
sobre predictores de hospitalización y resultados tera-
péuticos en pacientes tratados con clozapina.
Variable dependiente: cambio en el número de
hospitalizaciones.
5. Consideraciones éticas
El estudio fue aprobado por el comité de ética del hos-
pital, se llevó a cabo conforme a los principios de la
Declaración de Helsinki y no requirió consentimiento
informado debido al carácter retrospectivo y anoni-
mizado de los datos utilizados.
Resultados
a. Datos demográcos
Se incluyeron 199 pacientes en el estudio; la edad me-
dia fue de 36 años (DE: 6,6). El 97,5 % (n=194) eran
hombres y el 2,5 % (n = 5) mujeres. Las características
demográcas y clínicas de la muestra se resumen en
la Tabla 1.
b. Tratamiento con clozapina
La dosis media de clozapina fue de 400 mg (DE: 168;
mínimo: 100 mg – máximo: 900 mg).
c. Medicación concomitante
El 75,4 % (n = 144) de los pacientes recibía medica-
ción concomitante, mientras que el 27,6 % (n = 55)
estaba en monoterapia con clozapina. El número me-
dio de fármacos concomitantes fue de 1,26 (DE: 0,95;
mínimo: 0 – máximo: 3). Especícamente, el 11 %
presentaba polifarmacia antipsicótica, el 50,2 % reci-
bía estabilizadores del ánimo, el 48,7 % benzodiace-
pinas, el 11 % antidepresivos y el 1 % biperideno. El
esquema farmacológico más frecuente fue clozapina
más la asociación de un estabilizador del ánimo y una
benzodiacepina (31,9 %), seguido del uso de benzo-
diacepina sola (18 %) o estabilizador del ánimo solo
(17,3 %).
d. Tratamientos previos
Solo el 8 % (n = 16) de los pacientes había recibido
antipsicóticos inyectables de acción prolongada (IAP)
antes de la indicación de clozapina, mientras que el
30,6 % (n = 61) había recibido polifarmacia antipsicó-
tica (PPA) antes del inicio de la clozapina.
El tiempo transcurrido entre el primer diagnóstico
de esquizofrenia y el inicio de la clozapina solo estuvo
disponible para el 31,6 % (n = 63) de la muestra. La
media fue de 266,47 semanas (DE: 270,4; mínimo: 18
– máximo: 1223) (ver Figura 1). El número medio de
ensayos adecuados con antipsicóticos antes de la clo-
zapina fue de 3,17 (DE: 1,53; mínimo: 1 – máximo: 7).
La Figura 1 presenta un diagrama de caja que muestra
la distribución del tiempo (en semanas) transcurrido
entre el diagnóstico de esquizofrenia y el inicio del
tratamiento con clozapina (media de 266,47 semanas,
34
Clozapina y esquizofrenia resistente: patrones de prescripción en un hospital neuropsiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 30-37.
desviación estándar de 270,4 semanas, mínimo de 18
semanas y máximo de 1223 semanas), destacando la
amplia variabilidad en el período hasta el inicio del
tratamiento con clozapina entre los pacientes.
e. Hospitalizaciones
En cuanto al número de hospitalizaciones previas al
tratamiento con clozapina, estos datos no estuvieron
disponibles para el 46,2 % (n = 92) de los pacientes.
En el resto (53,7 %; n = 107), el número medio de hos-
pitalizaciones psiquiátricas fue de 2,94 (DE: 1,91; mí-
nimo: 1 – máximo: 6). Los datos de hospitalizaciones
posteriores al inicio de la clozapina estuvieron dispo-
nibles para el 63,3 % de los pacientes (n = 126) (no
disponibles para el 36,6 %; n = 73).
El número medio de hospitalizaciones fue de 0,31
(DE: 0,69; mínimo: 0 – máximo: 3).
El número de hospitalizaciones previo al uso de
clozapina fue mayor (media = 2,94) que el posterior
(media = 0,31). Se realizó una prueba t para muestras
pareadas, la cual mostró que la diferencia fue estadís-
ticamente signicativa, t(98) = 10,82, p < 0,001, inter-
valo de conanza del 95 % [1,16 – 1,69]. El tamaño del
efecto fue d = 1,09 (efecto grande).
La media de la reducción en el número de hospi-
talizaciones fue de 1,74 (DE: 1,14). La Figura 2 mues-
tra el número promedio de hospitalizaciones antes y
después del inicio de la clozapina. La barra de color
azul representa el número promedio de hospitaliza-
ciones previas al uso de clozapina (2,94), mientras que
la barra de color violeta indica el número promedio
de hospitalizaciones luego del inicio de la clozapina
(0,31), evidenciando la reducción signicativa en las
admisiones hospitalarias luego de iniciado el trata-
miento.
Tabla 1. Características de la muestra
Variable Valor
Tamaño de muestra 199
Edad media (años) 36 (DE 6,6)
Sexo (masculino) 97,5 % (n=194)
Sexo (femenino) 2,5 % (n=5)
Dosis media de clozapina (mg/día) 400 (DE 168; rango 100–900)
Pacientes con medicación concomitante 75,4 % (n=144)
Pacientes en monoterapia 27,6 % (n=55)
Polifarmacia antipsicótica 11 % (n=22)
Uso de estabilizador del ánimo 50,2 % (n=100)
Uso de benzodiazepinas 48,7 % (n=97)
Uso de antidepresivo 11 % (n=22)
Uso de biperideno 1 % (n=2)
Uso de IAP previo al inicio de clozapina 8 % (n=16)
Uso de PPA previo al inicio de clozapina 30,6 % (n=61)
Promedio de ensayos adecuados con antipsicóticos antes del inicio de clozapina 3,17 (DE 1,53; rango 1–7)
Tiempo medio desde el diagnóstico de esquizofrenia hasta el inicio de clozapina (semanas) 266,47 (DE 270,4; rango 18–1223)
Promedio de hospitalizaciones previo al inicio de clozapina 2,94 (DE 1,91; rango 1–6)
Promedio de hospitalizaciones luego del inicio de clozapina 0,31 (DE 0,69; rango 0–3)
La Tabla 1 detalla las ccaracterísticas de la muestra de 199 pacientes que actualmente reciben clozapina, incluyendo datos demográcos, detalles del
tratamiento, exposición previa a antipsicóticos e historial de hospitalizaciones.
Figura 1. Distribución del tiempo entre el diagnóstico de
esquizofrenia y el uso de clozapina
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Clozapina y esquizofrenia resistente: patrones de prescripción en un hospital neuropsiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 30-37.
f. Análisis de correlación y regresión
El análisis de correlación de Pearson mostró una co-
rrelación positiva, pero insignicante, entre una mayor
dosis de clozapina y el intervalo entre el diagnóstico de
esquizofrenia y la indicación de clozapina, r(77) = 0,02,
p = 0,86. También se observó una correlación positiva
baja entre la dosis de clozapina y el número de medica-
mentos concomitantes, aunque no fue estadísticamente
signicativa, r(77) = 0,15, p = 0,19. No se encontró co-
rrelación entre el número de hospitalizaciones previas
al uso de clozapina y la dosis de clozapina, y se obser
una correlación positiva baja entre el número de hospi-
talizaciones previas y el número de fármacos concomi-
tantes; sin embargo, esta tampoco fue estadísticamente
signicativa, r(64) = 0,13, p = 0,289. Tampoco se halló
una correlación estadísticamente signicativa entre la
dosis de clozapina y el cambio medio en hospitalizacio-
nes, r(71) = -0,08, p = 0,484.
En general, el alisis de correlación mostró aso-
ciaciones insignicantes y no signicativas. Los va-
lores de Factor de Inación de la Varianza (VIF) os-
cilaron entre 1,02 y 1,47, lo que conrma una baja
multicolinealidad.
Se realizó un análisis de regresión múltiple para
evaluar predictores de la reducción en hospitaliza-
ciones (variables independientes: dosis de clozapina,
número de medicamentos concomitantes, uso previo
de IAP; variable dependiente: cambio en el número de
hospitalizaciones).
Según este modelo, la dosis de clozapina (p = 0,825)
y el uso previo de IAP (p = 0,761) no tuvieron un efecto
signicativo sobre el cambio en las hospitalizaciones.
El número de medicamentos concomitantes surgió
como un predictor signicativo del cambio en hospi-
talizaciones tras el inicio de la clozapina (p = 0,016).
Discusión
La dosis media de clozapina en este estudio (400 mg)
se encuentra dentro del rango terapéutico establecido
para este fármaco. Se observó una alta prevalencia de
uso de medicación concomitante (75,4 %) en estos pa-
cientes. Las combinaciones más frecuentes fueron con
estabilizadores del ánimo (50,2 %) y benzodiacepinas
(48,7 %). Esta práctica es común en nuestro contexto y
podría reejar la complejidad clínica de estos pacientes.
Llama la atención la baja tasa de prescripción de
litio en nuestra muestra, en contraste con datos inter-
nacionales que informan un uso más elevado de este
fármaco en poblaciones similares (Ochi et al., 2022).
Esta discrepancia puede deberse a preferencias locales
de prescripción en Argentina, donde los clínicos suelen
optar por otros estabilizadores del ánimo o antipsicó-
ticos atípicos, debido a factores como las dicultades
para el monitoreo, la preocupación por el perl de efec-
tos adversos del litio y la carga logística asociada al con-
trol hematológico obligatorio. Además, las variaciones
en las guías nacionales, la familiaridad del profesional
con el medicamento y los hábitos históricos de pres-
cripción podrían contribuir a esta subutilización. Reco-
nocer estas diferencias es fundamental para interpretar
nuestros hallazgos dentro de un contexto internacional
más amplio e identicar áreas que podrían beneciarse
de intervenciones educativas o sistémicas especícas.
El uso de antipsicóticos inyectables de acción pro-
longada (IAP) previo al inicio de clozapina fue nota-
blemente bajo en nuestra muestra (8 %), a pesar de la
evidencia sólida que respalda su ecacia para prevenir
recaídas y descartar pseudo-resistencia. Esto es cohe-
rente con la subutilización de estas formulaciones en
nuestro país. En cambio, la polifarmacia antipsicótica
fue una estrategia común antes del inicio de clozapina
(30,6 %), a pesar de que la evidencia que respalda su
ecacia es menos concluyente. Esto pone de manies-
to la brecha existente entre la práctica clínica habitual
y las recomendaciones basadas en la evidencia.
El tiempo medio entre el inicio de la enfermedad y
el uso de clozapina fue superior a cinco años (266,47
semanas). Esta demora podría explicarse, en parte,
por los requisitos regulatorios locales. En Argentina,
la prescripción de clozapina está regulada por la Ad-
ministración Nacional de Medicamentos, Alimentos y
Tecnología Médica (ANMAT) (Corrales et al, 2021).
Los prescriptores deben registrar a los pacientes en
un sistema nacional de monitoreo, realizar controles
hematológicos periódicos y dispensar la medicación a
través de farmacias centralizadas, lo cual supone una
carga logística signicativa.
Figura 2. Número medio de hospitalizaciones antes y
después del inicio de clozapina
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Clozapina y esquizofrenia resistente: patrones de prescripción en un hospital neuropsiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 30-37.
Estudios realizados en otros países dan cuenta de
demoras similares o superiores en el inicio de cloza-
pina en poblaciones análogas (John et al., 2018). Los
médicos pueden anticipar que los pacientes tendrán
dicultades para adherirse al riguroso esquema de
controles sanguíneos. Además, la preocupación por
los efectos adversos graves puede desincentivar a los
psiquiatras a utilizar clozapina de forma temprana,
incluso cuando las guías clínicas así lo recomiendan
(Corrales et al., 2021).
Otro factor que podría contribuir a esta demora es
la subdetección del trastorno resistente al tratamiento
(TRT), dado que los criterios estandarizados no siem-
pre se aplican de forma sistemática, y esto puede verse
agravado por la documentación clínica incompleta o
el acceso limitado a atención especializada. Teniendo
en cuenta que la resistencia al tratamiento suele mani-
festarse en etapas tempranas de la enfermedad y que
una menor duración de la psicosis se asocia con mejor
respuesta a la clozapina, esta situación plantea preocu-
paciones importantes sobre oportunidades perdidas
para lograr resultados clínicos óptimos.
El promedio de 3,17 ensayos previos con antipsi-
cóticos antes del inicio de la clozapina supera los dos
intentos recomendados por las guías clínicas. Una vez
más, esto reeja la subutilización y el inicio tardío de
la clozapina en nuestro entorno, donde la preocupa-
ción por los efectos adversos y la falta de experiencia
parecen ser los principales factores que determinan
dicha demora.
Se observó un efecto grande en la reducción de
hospitalizaciones (media: 1,74; DE: 1,14; p < 0,001; IC
95 % [1,16 – 1,69]; d = 1,09). Este hallazgo es consis-
tente con la evidencia existente que respalda la ecacia
de la clozapina para reducir hospitalizaciones.
En el análisis de regresión múltiple para evaluar
predictores de reducción en hospitalizaciones, la do-
sis de clozapina y el uso previo de IAP no emergieron
como predictores signicativos. Sin embargo, el nú-
mero de fármacos concomitantes sí se identicó como
un predictor signicativo del cambio en hospitaliza-
ciones después del inicio de clozapina (p = 0,016).
Esto podría deberse a que la medicación concomitan-
te permite abordar síntomas comórbidos que la cloza-
pina por sí sola no controla adecuadamente.
No obstante, este análisis de regresión debe inter-
pretarse con cautela, ya que fue de carácter explora-
torio y se basó en variables seleccionadas por su rele-
vancia clínica. El modelo fue relativamente débil y no
identicó predictores robustos más allá del número de
medicamentos concomitantes.
Limitaciones
Este estudio se realizó en un único hospital, lo cual
puede limitar la generalización de nuestros hallazgos a
poblaciones más amplias en Argentina. La alta predo-
minancia de pacientes masculinos (97,5 %) probable-
mente reeja la estructura demográca del programa
ambulatorio del hospital y no representa la distribución
por sexo de la población general con esquizofrenia. Por
lo tanto, se debe tener precaución al extrapolar estos
resultados a otros entornos clínicos. Esta limitación
subraya la necesidad de investigaciones futuras en con-
textos clínicos más diversos.
Además, se observó una proporción signicativa
de datos faltantes para algunas variables, particular-
mente en lo referente al historial de hospitalizaciones.
Esto probablemente se deba al carácter retrospectivo
de la recolección de datos y a la documentación in-
completa en las historias clínicas. Esta limitación pue-
de reducir la potencia estadística e introducir sesgos.
Se recomienda la realización de estudios prospectivos
futuros con recolección de datos estandarizada.
Debido al diseño retrospectivo del estudio y al ta-
maño limitado de la muestra, no fue posible realizar
análisis de sensibilidad formales; sin embargo, estu-
dios prospectivos futuros deberían abordar este as-
pecto para fortalecer la validez de los resultados.
Al tratarse de un estudio transversal, no es posible
establecer relaciones causales entre las variables ana-
lizadas. Asimismo, factores como las intervenciones
psicosociales, la adherencia al tratamiento o la grave-
dad de la resistencia al tratamiento no fueron evalua-
dos, y podrían actuar como variables de confusión.
Conclusiones
La clozapina continúa siendo una opción terapéutica
altamente ecaz para la esquizofrenia resistente al trata-
miento, aunque en nuestro medio se observa un inicio
tardío y una clara subutilización. De manera alentado-
ra, el inicio de clozapina se asoció con una reducción
signicativa y clínicamente relevante en el número de
hospitalizaciones. Estas demoras reejan una brecha
entre la práctica clínica y las recomendaciones basa-
das en la evidencia, con consecuencias potencialmente
negativas sobre la evolución de la enfermedad. Nues-
tros hallazgos subrayan la necesidad de promover un
reconocimiento más temprano de la resistencia al tra-
tamiento, optimizar la formación de los profesionales,
simplicar los protocolos de monitoreo y abordar las
barreras regulatorias y logísticas en Argentina
37
Clozapina y esquizofrenia resistente: patrones de prescripción en un hospital neuropsiquiátrico...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 30-37.
Agradecimientos: agradecemos al equipo por su cola-
boración y reconocemos que se utilizaron herramientas
de inteligencia articial (ChatGPT) exclusivamente
para la edición lingüística y el formato del manuscrito.
Conicto de intereses: los autores declaran no pre-
sentar conictos de interés. No se recibió nanciamiento
especíco para este estudio.
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Investigación original
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RECIBIDO 16/6/2025 - ACEPTADO 27/9/2025
1.Sub-investigadora en CEN (Centro especializado en Neurociencias Leal-Ruggeri).
Psiquiatra en TRAMAS, Dirección de salud mental, Municipalidad de Córdoba, Córdoba, Argentina. https://orcid.org/0009-0006-9099-9461
Correspondencia:
chirisoa2@gmail.com
Instituciones donde se realizó la investigación: Hospital europsiquiátrico, Hospital Misericordia, Hospital de Niños y
EAC Santa Isabel Segunda.
Síndrome de burnout en los trabajadores de la salud mental
pertenecientes a la Red Provincial Pública en la ciudad de
Córdoba, Argentina
Burnout syndrome in mental health workers belonging to the Public Provincial Network in
the city of Córdoba, Argentine
Sofía Chiri1
Resumen
El síndrome de burnout (SBO) se entiende como una respuesta a los estresores crónicos del ámbito laboral,
su dimensión clave es el agotamiento emocional y tiene gran porcentaje de aparición en profesionales de la
salud. Este trabajo tiene como nalidad ampliar el estado de conocimiento del tema y el objetivo de explorar
y comparar la presencia de SBO en los profesionales de la salud mental de la red provincial de la ciudad de
Córdoba, mediante un estudio cuantitativo, prospectivo, exploratorio y correlacional. Para recabar los datos
se administró una encuesta para variables sociodemográcas y escala EBLA a los profesionales de la salud
mental (n=127). Los datos se analizaron utilizando estadística descriptiva (media y desviación estándar) para
variables numéricas, análisis de frecuencia para variables cualitativas y test de chi-cuadrado, para ellos se uti-
lizó Infostat. Los resultados conrman la alta presencia del SBO (63.8 %) en los profesionales encuestados,
con una mayor afectación entre los residentes en formación (86.36 %) y las mujeres (71,26 %). Además, la
presencia es más frecuente en los profesionales que son convivientes o separados, trabajan más de 36 horas
semanales, pertenecen a la franja etaria de 20 a 30 años, tienen más de 20 años de antigüedad o menos de 5, y
se desempeñan en un contexto hospitalario de tercer nivel. Estos hallazgos no solo resaltan la vulnerabilidad
de ciertos grupos, sino también la necesidad de reexionar sobre las dinámicas laborales y el signicativo nivel
de agotamiento emocional de los profesionales que perpetúan este síndrome.
Palabras claves: síndrome de burnout, trabajadores de la salud mental, residentes
Abstract
Burnout Syndrome (BOS) is understood as a response to chronic work-related stressors, with emotional exhaustion
as its core dimension. It has a high prevalence among healthcare professionals. This study aims to expand the current
knowledge on the topic and to explore and compare the presence of BOS among mental health professionals within
the provincial mental health network in the city of Córdoba. It is a quantitative, prospective, exploratory, and correlatio-
nal study. Data were collected through a survey including sociodemographic variables and the EBLA scale, administered
to mental health professionals (n=127). Data were analyzed using descriptive statistics (mean and standard deviation)
for numerical variables, frequency analysis for qualitative variables, and chi-square tests, using the Infostat software. The
results conrm a high prevalence of BOS (63.8%) among the respondents, with a higher impact observed in residents
in training (86.36%) and women (71.26%). Moreover, burnout was more frequent among professionals who are coha-
biting or separated, work more than 36 hours per week, are between 20 and 30 years old, have more than 20 or less
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1063
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Introducción
El síndrome de burnout (SBO) se dene como una res-
puesta prolongada a estresores crónicos en el ámbito
laboral, cuyas dimensiones principales incluyen el ago-
tamiento emocional, sentimientos de indiferencia hacia
el trabajo y una sensación de inecacia y falta de rea-
lización personal (López Carballeira, 2017). La detec-
ción tardía o el abordaje inadecuado de este síndrome
puede generar consecuencias siológicas, psicológicas,
socioeconómicas y laborales, con impacto directo en la
salud pública (Berrio Cuartas et al., 2017).
Para comprender en profundidad esta problemáti-
ca, resulta necesario contextualizar el concepto de es-
trés, ya que constituye el eje sobre el cual se construye
la sintomatología del burnout. Hans Selye (1907–1982),
médico y siólogo húngaro, introdujo este término en
el ámbito médico al denirlo como parte del “síndrome
general de adaptación” (SGA): una reacción orgánica
y siológica que busca proteger al organismo frente a
agresiones externas. Posteriormente, autores como Mc-
Vicar (2015) conceptualizaron al estrés como un conti-
nuum que va del eustrés al distrés, es decir, desde una
vivencia estimulante hasta un padecimiento.
Selye distinguió dos tipos de respuesta al estrés:
el eustrés, entendido como una reacción adaptativa
dentro de los parámetros siológicos y psicológicos
normales; y el distrés, caracterizado por una respuesta
desproporcionada, sostenida y perjudicial frente a los
estresores, que sobrepasa la capacidad adaptativa del
individuo y genera un exceso de energía no consumi-
da (Gallego Zuluaga et al., 2018). Esta última forma
parece describir adecuadamente la realidad de mu-
chos profesionales de la salud mental, quienes enfren-
tan múltiples factores de riesgo: sobrecarga laboral,
escasez de recursos, remuneración insuciente y una
constante tensión entre las exigencias y las posibilida-
des de su rol profesional (Wolberg, 2003).
El término burnout comenzó a utilizarse formal-
mente en 1974, a partir del trabajo pionero del psi-
quiatra Herbert Freudenberger. Desde entonces, se
han desarrollado dos grandes perspectivas teóricas: la
clínica, basada en el enfoque de Selye, que concibe al
SBO como un estado resultante del estrés laboral; y la
psicosocial, representada por Maslach, que lo consi-
dera un proceso dinámico derivado de la interacción
entre las características personales y las condiciones
del entorno laboral (Claro, 2020). La diferencia entre
ambos enfoques es clara: mientras el primero analiza
el fenómeno en términos de una condición estática, el
segundo lo concibe como una construcción dinámica.
Diversos autores, como Doolittle y Windish (2015),
han documentado que el SBO afecta particularmente
a aquellas profesiones que implican una interacción
interpersonal intensa y sostenida, y que se sustentan
en una profunda vocación humanística, como es el
caso de los profesionales de la salud mental, quienes
desempeñan un rol central en el cuidado y acompaña-
miento de personas en situaciones de vulnerabilidad.
Paradójicamente, esta tarea puede derivar en sufri-
miento emocional, desgaste y desmotivación, lo que
subraya la urgencia de atender el bienestar de quienes
cuidan. En este sentido, el trabajo, más allá de ser una
fuente de realización y sentido vital, también puede
transformarse en un agente generador de malestar.
Organismos internacionales como la Organización In-
ternacional del Trabajo (OIT) y la Organización Mun-
dial de la Salud (OMS) reconocen al entorno y la orga-
nización del trabajo como factores de riesgo psicosocial
que, si no son adecuadamente gestionados, pueden
ocasionar consecuencias perjudiciales para la salud de
los trabajadores, entre ellas el desarrollo del SBO.
En contextos institucionales -frecuentemente mar-
cados por la desidia estructural- esta situación se ve
agravada. Gambina (2022) plantea: “Años de trabajo
dentro de instituciones, por lo general de carácter pú-
blicas y estatales, me han llevado a hacerme algunas
preguntas, entre ellas, por qué sigo permaneciendo
allí, donde abundan los padeceres, el malestar, el su-
frimiento, el desamparo, la soledad, el cansancio, el
desgaste, la desidia. Donde los recursos, materiales y
humanos, cada vez escasean más y pareciera no im-
portarle a nadie, a pesar de que los slogans políticos
muchas veces digan lo contrario.
Este deterioro institucional, particularmente en el
sistema público de salud, se caracteriza por recortes
presupuestarios, infraestructura insuciente, escasez
than 5 years of experience, and work in tertiary-level hospital settings. These ndings not only highlight the vulnerability
of certain groups but also underscore the need to reect on workplace dynamics and the signicant level of emotional
exhaustion experienced by professionals, which contributes to the persistence of this syndrome.
Keywords: burnout syndrome, mental health workers, residents
40
Síndrome de burnout en los trabajadores de la salud mental...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 38-47.
de insumos, de personal y aumento en la demanda de
atención, especialmente por parte de personas exclui-
das de otros sistemas. Todo ello genera condiciones
de vulnerabilidad que incrementan el riesgo de SBO
(Atance Martínez, 1997).
Además del impacto psicológico y social, se destaca
el correlato neurobiológico del SBO. El estrés crónico
puede alterar el funcionamiento del córtex prefrontal,
región cerebral clave en funciones cognitivas como la
toma de decisiones, la memoria de trabajo, la intros-
pección y la empatía. Su deterioro compromete seria-
mente la calidad del desempeño profesional (Amstem y
Shanafelt, 2021). En consecuencia, el SBO en profesio-
nales de la salud mental afecta directamente la calidad
del tratamiento brindado, disminuyendo su capacidad
para ejercer empatía, mantener un juicio clínico ade-
cuado y conectarse emocionalmente con sus pacientes.
Aunque el SBO no está clasicado como un tras-
torno mental formal en el DSM-5, presenta una su-
perposición signicativa de síntomas con el trastorno
depresivo mayor y los trastornos de ansiedad, lo cual
lo convierte en una condición límite relevante para la
práctica psiquiátrica. Esta ambigüedad diagnóstica
supone un desafío clínico, dado que el SBO no sólo
puede coexistir con dichas patologías, sino también
actuar como desencadenante o estar asociado al con-
sumo problemático de sustancias, complejizando el
abordaje integral.
Frente a este panorama, se vuelve indispensable
explorar en profundidad las condiciones psicológicas,
laborales y ambientales que atraviesan los profesio-
nales de la salud mental en sus contextos de trabajo.
Este estudio pretende aportar conocimiento sobre una
problemática creciente, con implicancias tanto indivi-
duales como institucionales, e invitar a una reexión
crítica sobre el cuidado de quienes cuidan.
Planteo de hipótesis
Existe una alta presencia del SBO, con diferencias en-
tre los distintos niveles de atención y disciplinas. Ade-
más, existen variables sociodemográcas y laborales
con altos niveles de correlación con el síndrome.
Objetivo general
Explorar y comparar la presencia de SBO en los profesio-
nales de la salud mental que forman parte de la red pro-
vincial del SM de la ciudad de Córdoba en el año 2024.
Objetivos especícos
■ OE1: Caracterizar socio demográcamente y labo-
ralmente a los profesionales de los servicios salud
mental.
■ OE2: Determinar la presencia de SBO en los profe-
sionales de salud mental en los distintos niveles de
atención.
■ OE3: Relacionar la presencia de SBO con las ca-
racterísticas sociodemográcas, laborales y los di-
ferentes niveles de atención.
Metodología
Se llevó a cabo un estudio prospectivo, exploratorio
y correlacional de tipo cuantitativo, en el cual se re-
colectaron los datos en centros pertenecientes a di-
ferentes niveles de atención y complejidad de la red
provincial de Salud Mental del Ministerio de Salud de
la Provincia de Córdoba, en la capital. El período de
estudio comprendió de febrero hasta julio de 2024.
Contexto del estudio: la red de atención de la salud
mental en la ciudad de Córdoba está conformada por
dos grandes sectores:
1. Sistema privado.
2. Sistema público, donde se implementa el Plan Pro-
vincial de Salud Mental actualmente en ejecución.
Este plan busca un modelo de atención descentra-
lizado, basado en principios de equidad y accesibili-
dad, garantizando la prestación de servicios sin discri-
minación socioeconómica, sociocultural y geográca
(Secretaría de Salud Mental, 2021).
Dentro del sistema público, la atención de la salud
mental se organiza en tres niveles de atención, con-
formados por instituciones que trabajan interdiscipli-
nariamente con equipos compuestos por: médicas/os,
psicólogas/os, trabajadoras sociales, enfermeras/os y
residentes de las disciplinas mencionadas.
El estudio abarcó profesionales pertenecientes a
instituciones de cada nivel de atención, esta metodo-
logía permite abordar la problemática del SBO desde
una perspectiva integral, considerando las diferencias
en complejidad y funciones entre los distintos niveles
del sistema público de salud mental.
Descripción de los niveles de atención y ám-
bitos de muestreo
Primer nivel de atención: equipos de atención
comunitaria (EAC)
Los equipos de atención comunitaria son dispositivos
territoriales interdisciplinarios que operan, en su ma-
yoría, en centros de salud situados en áreas periféricas
de la ciudad de Córdoba. Estos equipos se encargan de:
■ Atender la demanda espontánea y/o derivada de
instituciones.
■ Realizar el seguimiento directo de pacientes dados
41
Síndrome de burnout en los trabajadores de la salud mental...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 38-47.
de alta de instituciones monovalentes o de los ser-
vicios de salud mental de hospitales generales, así
como de sus familias.
En el presente estudio, la muestra del primer nivel
de atención se tomó especícamente del “EAC Santa
Isabel”, Segunda Sección.
Segundo nivel de atención: hospitales generales
Los hospitales generales brindan atención integral en
salud mental, que incluye internaciones producto de
derivaciones intra e interinstitucionales y consultorios
externos. Además, intentan articular la atención con
el primer nivel en el momento de la externación, a n
de asegurar la contención del paciente en su entorno
habitual.
Para este trabajo, se consideraron profesionales de
los siguientes hospitales generales:
1. Hospital Misericordia.
2. Hospital de Niños de la Santísima Trinidad (Servi-
cio de Salud Mental).
Tercer nivel de atención: hospitales especiali-
zados
El tercer nivel de atención está destinado a la asisten-
cia de pacientes con patologías severas que no pueden
ser contenidas en hospitales generales y requieren pe-
ríodos prolongados de internación.
Se incluirán profesionales de los siguientes hospi-
tales especializados:
1. Hospital Neuropsiquiátrico Provincial.
2. Hospital de Niños de la Santísima Trinidad (área
SIP 700).
Esta estructura de muestreo intenta representar
adecuadamente a profesionales de la salud mental de
los tres niveles de atención, incluyendo dispositivos
comunitarios, hospitales generales y centros especiali-
zados, lo que contribuye a un análisis integral.
Población
El estudio se centró en profesionales de la salud men-
tal que conforman equipos interdisciplinarios perte-
necientes a instituciones de la red provincial de salud
mental de la ciudad de Córdoba, las cuales reciben a
residentes del programa RISaM. La población incluyó
trabajadores sociales, psicólogos, enfermeros, médi-
cos y residentes de estas disciplinas que se desempe-
ñaron en dichas instituciones durante el periodo de
febrero a julio de 2024.
Distribución de la población de profesionales:
■ Hospital Neuropsiquiátrico: 96
■ Hospital Misericordia: 33
■ Hospital de Niños: 26
■ EAC Santa Isabel Segunda Sección: 3
■ Residentes (de todas las instituciones): 25
■ Total: 183
Muestra
Se tomó una muestra representativa de 127 profesiona-
les que participaron de manera voluntaria, cumpliendo
con los criterios de inclusión previamente establecidos.
La muestra incluyó profesionales de planta permanen-
te, contratados, monotributistas y residentes de cada
institución mencionada. Los detalles especícos sobre
la representatividad y las características de la muestra
se desarrollarán en la sección de resultados.
La recolección de la muestra se llevó a cabo entre
febrero y julio de 2024. Tras este periodo, se procedió
al análisis e interpretación de los datos obtenidos para
su evaluación y discusión en el marco del estudio.
Técnica e Instrumento
■ Relevamiento de variables sociodemográcas: Se
utilizó una cha confeccionada especícamente
para este estudio.
■ Evaluación del SBO: Se empleó la Escala de Bur-
nout Laboral de Atienza (2010), una herramienta
validada internacionalmente. Esta escala está dise-
ñada a partir de signos y síntomas especícos del
burnout, estructurada en un formato de tipo Li-
kert, con un rango de grados del 0 al V, en donde el
Grado 0 indica ausencia del síntoma y el Grado V
intensidad máxima del síntoma.
Los signos y síntomas incluidos en la escala han sido
seleccionados con base en la bibliografía especializada
sobre el tema y validados por profesionales de la salud
(psiquiatras y médicos clínicos). Las áreas evaluadas
incluyen: falta de realización personal, despersonali-
zación, agotamiento emocional y culpa. Con un Alfa
de Cronbach superior a 0.800 y validada en poblacio-
nes de Córdoba, esta herramienta se considera ade-
cuada, conable e idónea para los objetivos del pre-
sente estudio (Atienza, 2010).
La presencia del SBO se evaluó utilizando la esca-
la EBLA, aplicando puntos de corte especícos para
cada dimensión. Según los criterios empleados, se
consideró que un encuestado presentaba SBO si cum-
plía con al menos uno de los siguientes requisitos: un
nivel signicativo de agotamiento emocional, combi-
nado con falta de realización personal y/o desperso-
nalización. Este enfoque permite captar la compleji-
dad del síndrome, reconociendo que no siempre todas
las dimensiones están igualmente afectadas, pero su
interacción resulta clave para diagnosticarlo.
42
Síndrome de burnout en los trabajadores de la salud mental...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 38-47.
Ambos instrumentos fueron integrados en un
cuestionario digital, elaborado en formato de for-
mulario de Google (disponible en el siguiente enla-
ce: https://forms.gle/eW1Bj7MyzpwnSn3b6). Solo se
admitió una respuesta por participante, asegurando la
unicidad de los datos recolectados.
Bloques para el burnout
(Se especican ítems textuales contemplados en escala
EBLA que conforman cada uno de los bloques) (ver
Tabla 2).
El análisis de los datos se llevó a cabo mediante el
uso de estadística descriptiva, calculando medias y
desviaciones estándar para las variables numéricas, y
realizando un alisis de frecuencias para las varia-
bles cualitativas. Para evaluar las asociaciones entre
variables, se aplicó el test de Chi cuadrado, conside-
rando como estadísticamente signicativo un valor
de p<0,05. El procesamiento y análisis de los datos se
realizó utilizando el soware Infostat.
Consideraciones éticas
El protocolo de investigación fue evaluado y aprobado
el 6 de mayo de 2024 por la Comisión de Investigación
de la Secretaría de Salud Mental, y por el CIEIS (Co-
mité Institucional de Ética en Investigación en Salud).
El estudio se realizó en estricto cumplimiento con los
lineamientos internacionales y nacionales vigentes para
investigaciones que involucren seres humanos, asegu-
rando altos estándares éticos y cientícos. Se conside-
raron las disposiciones de la Declaración de Helsinki,
las Guías de Buenas Prácticas Clínicas (OMS, 2016),
las Guías para Investigación en Seres Humanos (AN-
MAT-Res. 1480/11), la Ley Provincial 9.694/09 y la Ley
25.326 de Protección de los Datos Personales. La parti-
cipación de los sujetos fue totalmente libre y voluntaria,
garantizándose mediante la rma de un Consentimien-
to Informado, previamente explicado de forma verbal
y documentado por escrito, en concordancia con los
principios de respeto a la autonomía y protección de los
derechos de los participantes.
Resultados
La muestra del estudio incluyó a 127 profesionales
de distintos niveles de atención, con una tasa de res-
puesta del 69,39 %. De ellos, 35 eran enfermeros, 41
médicos, 32 psicólogos y 18 trabajadores sociales. La
distribución por institución se detalla en la Tabla 3.
La caracterización sociodemográca reveló un
predominio femenino del 68,5 %. La mayoría de los
participantes se encontraba en el rango de 41 a 50
años fueron 34,6 % (n= 44). En cuanto al estado civil,
el 38.6 % (n=49) eran solteros, seguidos por casados
(26.8 %) y convivientes (23.6 %), siendo el grupo de
separados/viudos/divorciados el menos representado
(ver Tabla 4). Además, el 60,6 % de los participantes
tenía hijos.
Tabla 1. Puntos de cortes especícos para cada dimensión del síndrome
Agotamiento emocional Despersonalización Falta realización personal Culpa
Ausente (A) 0-14 0-2 0-4 0-3
Leve (L) 15-22 3-5 5-9 4-6
Moderado (M) 23-30 6-8 10-14 7-10
Grave (G) >31 >9 >15 >11
Gráco 1. Distribución de población estudiada según
grupo etario
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Tabla 2.
Bloque Denición Ítems que lo miden
Agotamiento
emocional
“Hace referencia a la situación en
que la fuerza o el capital emocional
se van consumiendo y el profesional
siente cómo se vacía su capacidad de
entrega a los demás, tanto desde un
nivel personal como psicológico”
(Sánchez et al., 2009)
Miedos, temores excesivos
Ansiedad, angustia
Inseguridad
Cansancio, fatiga
Problemas sexuales
Insomnio
"Me irrito con facilidad"
Falta de concentración
Pérdida de memoria
Cefaleas, mareos
Deciencia inmunitaria, resfrios
Problemas cardiacos
Dolores inexplicables
Dolores lumbares y cervicales
Úlceras o gastritis, acidez, náuseas
Otros trastornos digestivos, diarrea
Aparición o aumento de actitudes viciosas, cigarrillo o alcohol
Problemas en la alimentación, aumento o pérdida de peso
Cambios en el ritmo del sueño
Despersonalización
“Hace referencia a la aparición de
sentimientos y actitudes negativas
y cínicas hacia las personas
destinatarias del trabajo”
(Sánchez et al.,2009)
Problemas sociales, tengo dicultad para tratar con las personas
"Me siento irónico con las personas que trato"
Aumento de conductas violentas
Discusión, poca paciencia e intolerancia
"Me dicen que trato mal a los demás"
Cambios de carácter
Dicultad para relacionarse con los demás
Aumento de interacciones hostiles con quienes trato
Baja realización
personal en el trabajo
“Se dene como la tendencia a eva-
luarse negativamente, de modo que
esa evaluación afecta su habilidad en
la realización del trabajo y el tipo
de relación que establecen con las
personas a las que dan servicio. Esta
circunstancia provoca que los pro-
fesionales se sientan descontentos
consigo mismos e insatisfechos con
sus resultados laborales”
(Sanchez et al., 2009)
Insatisfacción
Problemas laborales
"Me siento frustrado"
Pérdida de autoestima
Pérdida de entusiasmo
"Me siento preocupado"
"Quiero cambiar de trabajo"
"Me decepciona mi trabajo"
Culpa
Hace referencia al sentimiento
de culpa remanente, posterior al
cinismo en las relaciones
interpersonales
“Me culpan los demás por diversas situaciones”
“He tenido remordimiento”
“Me arrepiento cuando trato mal a las personas”
“Siento que no he cumplido con objetivos personales”
“Tengo sentimientos de culpa”
“Me siento mal por cosas que digo en el trabajo”
“Dicultad para tomar decisiones”
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La caracterización laboral de los participantes
mostró que la gran mayoría, un 85,83 % (n=109),
duerme entre 5 y 8 horas por noche, mientras que un
14,17 % (n=18) descansa menos de 5 horas. En cuanto
al empleo, se observa que el 64,6 % de los participan-
tes trabaja más de 40 horas semanales, lo que reeja
una alta carga laboral.
Respecto al nivel de atención en el que trabajan,
el 64,5 % (n=82) de los profesionales trabajan en el
tercer nivel de atención, un 24,4 % (n=31) en el segun-
do nivel, y el 11 % (n=14) restante en el primer nivel.
Esto indica que la mayoría de los participantes está
involucrada en niveles de atención más complejos. La
antigüedad laboral de los participantes también varía.
El 26,8 % tiene más de 20 años de experiencia, seguido
por un 25,2 % de los trabajadores que cuenta entre 0
a 5 años de antigüedad. Además, el 74,8 % de los par-
ticipantes realiza alguna actividad no laboral, ya sea
recreativa, de ocio o deportiva.
Según los resultados, el 63,8 % de los encuestados
presentó SBO. Entre aquellos que sí presentan el sín-
drome, el 43,21 % (n=35) lo experimenta con un gra-
do de severidad grave, el 25,9 % (n=21) moderado, y
el 30,86 % (n=25) leve.
Relación entre presencia de SBO y
variables
Respecto a la relación de SBO y género los resultados
indican que el 71,26 % (n=62) p<0,0001 de las muje-
res y el 50 % de los hombres reportaron tener SBO. Se
observaron diferencias signicativas de género en la
aparición del síndrome en el grupo femenino.
Si se considera el análisis entre la relación de SBO y
horas de descanso los resultados sugieren que una ma-
yor proporción de personas que descansan entre 5 y 8
horas parecen experimentar SBO en comparación con
aquellos que descansan menos de 5 horas por noche.
No hay una relación estadísticamente signicativa entre
las horas de descanso nocturno y la aparición de SBO.
En cuanto a la relación de SBO y estado civil se
evidencia en Tabla 4 que el grupo de convivientes
muestra una proporción signicativamente mayor de
personas con burnout (87,10 %) p<0,005 y el análisis
estadístico revela una relación signicativa entre el
estado civil y la presencia de burnout, con un mayor
porcentaje de casos en personas convivientes.
Por otra parte, los resultados sugieren que el lugar
de trabajo según nivel de atención tiene una relación
con la aparición del SBO. Los trabajadores del tercer
nivel parecen tener una mayor frecuencia de presenta-
ción de SBO 66,06 % (n=72), seguido por los del pri-
mer nivel 60 % y el segundo nivel con una incidencia
más equilibrada entre quienes presentan y no lo pre-
sentan B. Sin embargo, no se encontró una relación
signicativa con la aparición de SBO.
Según el análisis de relación de SBO con condición
laboral, los datos reejan que los residentes presentan
Tabla 3. Distribución de población estudiada según
institución
Institución Disciplina
Cantidad
total
(población)
Cantidad que
respondieron
(muestra)
HN
Enfermería 6 6
Psiquiatría 6 5
Psicología 12 7
Trabajo social 2 2
HM
Enfermería 13 6
Psiquiatría 10 7
Psicología 8 7
Trabajo social 2 1
HNP
Enfermería 53 23
Psiquiatría 24 22
Psicología 10 9
Trabajo social 96
EAC
Enfermería 0 0
Psiquiatría 1 1
Psicología 2 1
Trabajo social 0 0
RESIDENTES
Enfermería 10
Psiquiatría 6 6
Psicología 9 9
Trabajo social 9 9
TOTAL 183 127*
Tabla 4. Distribución de casos por presencia de SBO y
estado civil en % y FA (frecuencias absolutas)
Estado civil Burnout
No Total
Casado/a 44,12 (n=15) 55,88 (n=19) 100 (n=34)
Conviviente 12,90 (n=4) 87,10 (n=27)* 100(n=31)
Separado/a 21,43(n=3) 78,57 (n=11)* 100 (n=14)
Soltero/a 47,92 (n=23) 52,08(n=25) 100 (n=48)
Total 35, 43 (n=45) 64,57 (n=82) 100 (n=127)
*p<0,005
* Respondió un 69.39 %.
45
Síndrome de burnout en los trabajadores de la salud mental...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 38-47.
la mayor tasa, con un 86,36 % (p< 0,05), mientras que
los empleados en condición de planta o contrato y
monotributistas tienen porcentajes más bajos, 60,61 %.
Los resultados del análisis muestran que hay una aso-
ciación entre la condición laboral y la presencia del sín-
drome, siendo esta diferencia signicativa en el grupo
cuya condición laboral es ser residente.
También se encontró que el SBO afecta más a los
participantes de 20 a 30 años con un 80,94 % (n=17)
y a quienes trabajan más de 36 horas. Respecto a la an-
tigüedad los profesionales con más de 20 años presen-
taron un 73,52 % y los profesionales con 0 a 5 años un
74,1 %. Si bien estas cifras de frecuencias, son altas no se
encontraron diferencias signicativas ni tampoco al re-
lacionar SBO con variables hijos y actividad no laboral.
Discusión
En respuesta al objetivo general que consistía en explo-
rar y comparar la presencia de SBO en los profesionales
de la salud mental que forman parte de la red provin-
cial del SM se observa que la mayoría de la población
estudiada mostró la presencia del mismo en una alta
proporción (63,8 %). En cuanto al grado de severidad,
la mayoría de los participantes registraron puntajes gra-
ves, lo cual se correlaciona con estudios previos, como
el de Busis et al. (2017), quienes reportaron que la pre-
valencia mundial del SBO oscila entre 25 % y 60 %, con
un incremento signicativo en médicos del 45,5 % al
54,4 % entre 2011 y 2014. Los valores del presente tra-
bajo resultan aún más alarmantes, conrmando la ten-
dencia al aumento en la prevalencia del SBO.
En relación con la hipótesis planteada -que antici-
paba una alta prevalencia del síndrome -con diferen-
cias según el nivel de atención y la disciplina profe-
sional- los resultados la conrman de manera parcial.
Si bien existe una alta prevalencia del SBO, no se
identicaron diferencias signicativas entre los distin-
tos niveles de atención y disciplinas. Este hallazgo abre
un nuevo interrogante: ¿la falta de diferencias respon-
Tabla 5. Distribución de casos por presencia de SBO y
condición laboral en % y FA (frecuencias absolutas)
Condición
laboral
Burnout
No Total
CP 39,39 (n=39) 60,61 (n=60) 100 (n=99)
M50,00 (n=3) 50,00 (n=3) 100(n=6)
R13,64(n=3) 86,36(n=19)* 100 (n=22)
Total 35, 43 (n=45) 64,57 (n=82) 100 (n=127)
*p< 0,05
de a la desproporción en la distribución de recursos
humanos, derivada del hospitalocentrismo actual?
En cuanto a la correlación con variables sociode-
mográcas y laborales, los resultados muestran que las
mujeres presentan mayores niveles de SBO, así como
también aquellas personas convivientes y que se en-
cuentran en periodo de formación. Estos datos coinci-
den con Naisberg y Fenning (1997), quienes sostienen
que las mujeres constituyen un grupo especialmente
vulnerable y que las personas solteras presentan ma-
yor cansancio emocional, menor realización personal
y mayor despersonalización. Según estos autores, los
primeros años de ejercicio profesional constituyen un
período de especial vulnerabilidad al SBO, ya que se
corresponden con la transición de expectativas idea-
listas a la práctica cotidiana, en donde las recompen-
sas personales, profesionales y económicas no alcan-
zan las expectativas iniciales.
Tal como se mencionó previamente, uno de los
hallazgos más relevantes de este estudio es la alta pre-
valencia del SBO entre los profesionales en forma-
ción, particularmente los residentes. Este resultado
coincide con lo reportado por Berrio Cuartas et al.
(2017), quienes también identicaron niveles eleva-
dos en este grupo. El análisis según profesión en este
trabajo revela diferencias signicativas: los residentes
en psicología y en psiquiatría presentan las mayores
proporciones de casos, seguidos por los residentes en
trabajo social. Estos datos refuerzan la idea de que los
profesionales en etapa de formación experimentan
mayores niveles de agotamiento en comparación con
sus colegas con más trayectoria. El estudio de Berrio
Cuartas et al. exploró la realidad de los residentes en
psiquiatría en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
(CABA), quienes no solo evidenciaron signos com-
patibles con SBO, sino que también reportaron un
deterioro del estado de ánimo y de la salud general
asociado, en parte, a la falta de descanso nocturno. No
obstante, en el presente trabajo no se halló una asocia-
ción estadísticamente signicativa entre las horas de
sueño y la presencia del SBO.
Finalmente, nuestros resultados guardan similitu-
des signicativas con los hallazgos de Polacov et al.
(2021) en su estudio sobre riesgo de SBO en profesio-
nales médicos de Córdoba. Este estudio asoció varia-
bles como ser soltero, trabajar más de 60 horas sema-
nales, dormir menos de 42 horas por semana, tener
entre 20 y 29 años, menos de cinco años de antigüedad
profesional y tener hijos con un mayor riesgo de SBO.
En línea con estos resultados, en el presente trabajo se
observa que los jóvenes, residentes, con menor anti-
46
Síndrome de burnout en los trabajadores de la salud mental...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 38-47.
güedad, y mayor carga horaria laboral, constituyen un
grupo particularmente vulnerable al síndrome.
A futuro, se abre la posibilidad de explorar y valorar
el impacto de variables que, en este trabajo, no han sido
consideradas o no mostraron una correlación signi-
cativa con el SBO, pero que podrían constituir factores
protectores. Entre estas variables se encuentran, la par-
ticipación en actividades recreativas, el hecho de tener
hijos, duración de guardias y red de contención. Poder
profundizar en el conocimiento de factores protectores,
posibilitaría la elaboración de estrategias de prevención
y promoción del bienestar. Este enfoque no solo con-
tribuiría a mitigar el impacto del SBO, sino también a
construir entornos más saludables que respeten la salud
de los profesionales, promoviendo un equilibrio soste-
nible entre la vida personal y laboral.
Conclusiones
Los resultados obtenidos rearman la alta prevalencia
del SBO en la mayoría de los profesionales encuestados.
Con una mayor afectación en profesionales en forma-
ción y mujeres, así como en quienes presentan condi-
ciones como ser convivientes o separados, trabajar más
de 36 horas semanales, pertenecer a la franja etaria de
20 a 30 años de edad, presentar más de 20 años de an-
tigüedad o menos de 5 y desempeñarse en un contexto
hospitalario de tercer nivel. Esto sugiere que el SBO se
asocia con factores personales y laborales especícos,
destacando la inuencia de la etapa de la carrera profe-
sional, las condiciones laborales y el género.
Estos hallazgos no solo resaltan la vulnerabilidad
de ciertos grupos, sino también la necesidad de re-
exionar sobre las dinámicas laborales, de formación
y el signicativo nivel de agotamiento emocional de
los profesionales, todos ellos factores que perpetúan
el síndrome.
Es fundamental no solo generar conciencia sobre
la presencia de SBO sino también de la importan-
cia del cuidado de quienes cuidan. Entender que un
entorno laboral idóneo no es únicamente aquel en
donde hay ausencia de circunstancias perjudiciales,
sino abundancia de factores que promueven la salud.
A raíz de ello se vuelve necesario diseñar soluciones
concretas y aplicables a la realidad de las situaciones
laborales actuales. Esto requiere un abordaje integral
que contemple la implementación de políticas públi-
cas orientadas a la salud mental, con el n de construir
entornos más saludables, accesibles y sostenibles para
todos los actores involucrados en la salud mental.
Conictos de intereses: la autora declara no tener
conictos de intereses.
Agradecimientos: A la Dra. Mónica Bella, directora
de este trabajo y guía metodológica, por su acompaña-
miento constante y generosidad intelectual. Especial-
mente al Dr. Oscar Atienza, quien amablemente cedió
el uso de la Escala EBLA, desarrollada en el marco de
su tesis doctoral. A todas las personas que participaron
con su tiempo y sus respuestas, y a quienes hacen posible
día a día el trabajo en salud mental.
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Artículo de revisión
48
Resumen
Introducción: en el presente estudio nos proponemos caracterizar las actividades comunitarias y asistenciales
en la Red de Salud Mental de la zona sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) en el período 2020-
2022. Metodología: diseño de tipo descriptivo, cualitativo y transversal. Se utilizó el concepto “nodo”, como un
servicio de salud o unidad de funcionamiento constituido por elementos individuales que pueden representar
dispositivos y/o instituciones y que, colectivamente, según sus relaciones, constituyen una red. Para recabar la
información entrevistamos a referentes de nodos de 3 hospitales neuropsiquiátricos, 2 hospitales generales y
sus áreas programáticas, y programas centralizados de salud mental de la Ciudad de Buenos Aires. Resultados:
se observaron multiplicidad de modicaciones en lo que concierne a los procesos de trabajo desplegados, en
la modalidad y los tipos de abordaje en salud mental. Por un lado, se relevaron: cese de actividades, cambios
de roles, reasignación de funciones, cierre de programas y la creación de nuevas salas de internación, que
devinieron en ambientes con un mayor grado de institucionalización. Por otro lado, relevamos la modalidad
de la red a partir del tipo de vínculo y niveles de articulación de los nodos bajo estudio a partir de la teoría
de Mario Rovere. Conclusiones: la pandemia ha generado un fenómeno generalizado de retorno hacia prácticas
sustentadas por el modelo hospitalocentrista, y resaltamos cómo las prácticas comunitarias fueron un carril
que pudo vehiculizar la emergencia sanitaria en forma más satisfactoria.
Palabras clave: personal de salud, salud pública, salud mental, redes comunitarias de salud, COVID-19
Abstract
Introduction: In this study we aim to characterize community and care activities in the mental health network in the
southern area of the Autonomous City of Buenos Aires (CABA) in the period 2020-2022. Methodology: This research
employs a descriptive, qualitative, and cross-sectional design. The concept of ‘node’ was used, as a health service or
unit of operation made up of individual elements that may represent devices and/or institutions and that, collectively,
according to their relationships, constitute a network. To collect the information, we interviewed representatives of
nodes from 3 neuropsychiatric hospitals, 2 general hospitals and their programmatic areas, and centralized mental
health programs in the CABA. Results: A multiplicity of modications were observed with regard to the policies and
Los emergentes de la pandemia de COVID-19 en la Red de Salud
Mental de la zona sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
The effects of the COVID-19 pandemic on the Mental Health Network in the Southern
Area of Buenos Aires City
Ana Alli1, Mauro L. Iuvaro2, Malena Kiss Rouan3
RECIBIDO 14/6/2025 - ACEPTADO 23/09/2025
1.Diplomada en Políticas, Planicación, Gestión y Administración de Instituciones y Servicios de Salud Mental; Lic. en Psicología; Coordinadora del
Área de Investigación del Hospital Nacional en Red Laura Bonaparte; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0002-
7832-1694
2.Lic. en Sociología; Profesional Adjunto en el Área de Investigación del Hospital Nacional en Red Laura Bonaparte. https://orcid.org/0009-0004-9641-
1871
3.Mg. en Estudios de Género; Diplomada en Políticas, Planicación, Gestión y Administración de Instituciones y Servicios de Salud Mental; Lic. en
Psicología; Profesional Adjunto en el Área de Investigación del Hospital Nacional en Red Laura Bonaparte. https://orcid.org/0000-0001-6045-4520
Autora correspondiente:
Ana Alli
licanaalli@gmail.com
Institución en la que se realizó la investigación: Hospital Nacional en Red Lic. Laura Bonaparte, especializado en salud mental
y consumos problemáticos.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 48-58. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1064
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1064
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Los emergentes de la pandemia de COVID-19 en la Red de Salud Mental de la zona sur...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 48-58.
Introducción
En la República Argentina, previo a la pandemia de
COVID-19 los servicios de salud mental atravesaban
un proceso de transformación en base a la Ley Nacional
de Salud Mental (LNSM) sancionada en el año 2010. En
acuerdo con los tratados internacionales a los que nues-
tro país adhiere, para el año 2020 se esperaba cumplir
con la meta de sustitución denitiva de hospitales neu-
ropsiquiátricos por una red de servicios comunitarios.
Sin embargo, para cuando llegó la pandemia de
COVID-19, no se había logrado dicha transformación
de manera sólida. Para introducirnos brevemente en
esta doble problemática, consideramos necesario rea-
lizar un breve resumen tanto de los servicios de salud
mental como de las medidas sanitarias tomadas a raíz
de la pandemia; para luego cerrar con algunos con-
ceptos claves utilizados en esta investigación.
A nivel internacional, el informe sobre salud men-
tal de la OMS del año 2022 señala que los sistemas de
salud presentan importantes deciencias y desequili-
brios en los servicios de salud mental, esto se explica-
ría en la prioridad asignada a otras problemáticas en
salud y la insuciencia sistemática de fondos para la
atención de salud mental en la comunidad: “En pro-
medio, los países dedican menos del 2 % de sus presu-
puestos de atención de salud a la salud mental. En los
países de ingresos medianos, más del 70 % del gasto en
salud mental sigue destinándose a los hospitales psi-
quiátricos (OMS, 2022).
A nivel local, en 2020 se realizó una encuesta cuyos
resultados advierten que todos los servicios de salud
mental han sido afectados, aunque no de la misma
manera si consideramos las instituciones públicas y
privadas. El 90 % de profesionales que trabajaban en
servicio ambulatorio intensivo creían que las necesi-
dades de atención habían aumentado. Un porcentaje
similar de personas señalaron que “las altas y los ingre-
sos en las internaciones habían sufrido cambios asocia-
dos a la limitación de alternativas para la atención en la
comunidad (por ejemplo, la posibilidad del trabajo en
grupos se había visto fuertemente afectada)”. También
se observaron cambios en las formas de internación,
entrevistas más breves, menos personal para atender
y suspensión de abordajes grupales, visitas y salidas,
por su parte, los dispositivos territoriales y comunita-
rios tuvieron cambios referidos a la forma de atención
(Proyecto SUMA, 2020).
En otro trabajo, realizado por Faraone e Iriart
(2020), se evidencian los cambios ocurridos en los
distintos dispositivos de atención según el contexto
pandémico, y se focalizó en la gestión que el Gobierno
de CABA tuvo sobre los Servicios de Salud Mental.
En ese trabajo se destacó que, en los hospitales neu-
ropsiquiátricos especializados, se vericó un recru-
decimiento de la concepción biomédica y tutelar, un
aumento de control sobre las personas usuarias de
salud mental, el incremento del aislamiento a partir
de la eliminación de la circulación intra y extra hospi-
talaria, dicultades en los procesos de externación, así
como también diversos impedimentos en lo que con-
cierne al acceso al cobro de pensiones. En los hospitales
generales, la pandemia provocó una profunda transfor-
mación en los procesos de trabajo en las áreas vincula-
das a la salud mental, se señala: la falta de circulación,
la dicultad en las altas hospitalarias por falta de dispo-
sitivos intermedios, la interrupción en los tratamientos,
a la vez que una modicación en los lugares utilizados
para la atención de personas con sufrimiento psíquico
tras haber sido reasignados para aumentar las salas des-
tinadas a las personas con COVID-19.
Por último, en lo que respecta al primer nivel de
atención, muchos de estos dispositivos fueron recon-
gurados por las autoridades sanitarias para la de-
tección y seguimiento de casos sospechosos de CO-
VID-19, hecho que impactó no sólo en los procesos
extramuros que se venían desarrollando sino también
en la continuidad de los tratamientos. Faraone e Iriart
(2020), también señalan que los centros de salud y sus
work processes deployed in the modality and types of mental health approach. The following were noted: cessation of
activities, changes in roles, reassignment of functions, closure of programs and the creation of new inpatient wards,
which resulted in environments with a higher degree of institutionalisation. On the other hand, we surveyed the modality
of the network based on the type of link and levels of articulation of the nodes under study based on Mario Rovere's
theory. Conclusions: The pandemic has generated a widespread phenomenon of returning to practices supported by
the hospital-centric model, and we highlight how community practices were a channel that could channel the health
emergency in a more satisfactory way.
Keywords: health staff, public health, mental health, community health networks, COVID-19
50
Los emergentes de la pandemia de COVID-19 en la Red de Salud Mental de la zona sur...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 48-58.
trabajadores, quedaron como el único lazo presencial
de las instituciones estatales en el territorio y las or-
ganizaciones barriales se consolidaron como actores
centrales en ese ámbito.
Es importante mencionar los diferentes momen-
tos de la emergencia sanitaria en la Ciudad de Buenos
Aires. La primera medida tomada fue el Aislamiento
Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) vigente des-
de el 20 de marzo del 2020 hasta el 31 de enero de
2021, en todo el territorio nacional (aunque hubo mo-
mentos de exibilización de la disposición debido a la
baja cantidad de casos). Luego del comienzo del pro-
ceso de vacunación, en diciembre del 2020, se decretó
el Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio
(DISPO) en los aglomerados urbanos y en los partidos
y departamentos de las provincias argentinas.
En cuanto al entramado teórico utilizado, traba-
jamos desde las ideas del sanitarista Mario Rovere
(1999), quien realizó una sistematización del concep-
to de Redes en Salud, recuperando la potencia de esta
lógica, posibilitando mayor fortaleza a la hora de re-
solver conictos de la población. El autor determina
niveles de articulación entre nodos de la red: en el pri-
mer nivel aparece el reconocer al otro en su existencia;
en el segundo nivel aparece el conocer lo que el otro es
o hace; en el tercer nivel menciona el colaborar, que
tiene como acciones el prestar ayuda esporádica; en el
cuarto nivel menciona el cooperar, que conlleva com-
partir actividades y/o recursos teniendo a la solidari-
dad como un valor y en el quinto nivel encontramos el
asociarse, que instala el compartir objetivos y proyec-
tos teniendo como valor la conanza.
En cuanto a la tipología de los vínculos de las redes,
nombra tres posibles: intrainstitucionales, interinstitu-
cionales e intersectoriales. Las redes intrainstitucionales
son vínculos que se desarrollan en el nodo de forma
intrínseca, es decir, no en el afuera de la institución.
Las redes interinstitucionales conectan nodos por fuera
de la institución que los aloja, pudiéndose generar un
vínculo entre servicios de diferentes efectores de salud.
Las redes intersectoriales conectan nodos del Sistema de
Salud con otros de diferentes ámbitos: puede ser del sis-
tema jurídico, la comunidad, educativos, etc.
En el presente estudio nos proponemos caracteri-
zar las actividades comunitarias y asistenciales en la
Red de Salud Mental (RSM) de la zona sur de la Ciu-
dad Autónoma de Buenos Aires (CABA) en el período
2020-2022. Motivó esta investigación el pertenecer al
Hospital Laura Bonaparte (HLB), emplazado en el sur
de la CABA, quien mantiene vínculos con las institu-
ciones del área y una vocación de trabajo en red.
Metodología
En la investigación partimos desde un diseño descrip-
tivo, de tipo cualitativo y de corte transversal. Se uti-
lizó el concepto “nodo” como un servicio de salud o
unidad de funcionamiento constituido por elementos
individuales que pueden representar dispositivos y/o
instituciones que forman una red con distintos nive-
les de articulación y tipos de vínculos. Se tomaron en
cuenta para el análisis tres tipos de nodos: aquellos
pertenecientes al sistema de salud, los dispositivos in-
termedios, constituidos con el objetivo de reemplazar
la atención hospitalaria por otra de base comunitaria y
las organizaciones propias de la comunidad.
En este escrito nos centraremos en los emergentes
que se detectaron en relación a los cambios introduci-
dos por la pandemia en los diferentes nodos estudia-
dos, detectando las recurrencias que estos comparten.
Se realiza una breve descripción de los nodos para in-
troducir al lector en la temática y por último se utili-
zan las variables niveles de articulación y tipología de
los vínculos para complementar el alisis de la Red
de Salud Mental (RSM).
La población bajo estudio, la componen aquellos
nodos que forman parte de la RSM de la zona sur de
CABA. La construcción de la red y de la zona bajo
análisis fue delimitada de acuerdo a los nodos elegi-
dos para estudiar, localizados en los barrios de la Co-
muna 4 y aquellos al sur de la Comuna 1, 3, 5 y 8 en la
CABA (ver Figura 1).
La muestra de tipo no probabilística está compues-
ta por 20 nodos (Tabla 1), se realizaron 23 entrevistas a
profesionales de diferentes nodos, todos pertenecien-
tes al sistema de salud durante el año 2022. El criterio
de inclusión de los nodos, fue que cuenten con activi-
dades y/o proyectos por fuera de los muros del predio
hospitalario o efector sanitario, para asegurarnos una
heterogeneidad en la tipología de sus articulaciones.
Los profesionales fueron elegidos por ser tomadores
de decisiones dentro de sus espacios de trabajo. La
entrevista realizada fue semi-estructurada, contó con
tres grandes bloques de preguntas: el primero en rela-
ción a la trayectoria profesional, el segundo vinculado
al funcionamiento del nodo y el tercero ligado a los
cambios introducidos por la pandemia.
El trabajo fue aprobado por el Comité de Ética de
nuestra institución en el año 2021. No existen com-
promisos por parte de alguna de las personas invo-
lucradas en la investigación con las fuentes de nan-
ciamiento o cualquier tipo de vínculo o rivalidad que
pueda ser entendido como un conicto de intereses.
Este trabajo es parte de un proyecto más amplio a par-
tir de una Beca Salud Investiga.
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Figura 1. Zona bajo análisis con los nodos geolocalizados
Fuente de datos: elaboración propia.
Tabla 1. Nodos analizados de la Red de Salud Mental de la zona sur de CABA
1 Hospital Moyano
Radio Desate
Taller de arte Viva Estampa
Hospital de día
2 Hospital Borda
Servicios sociales
Programa Pre-alta
Programa Residencial
3 Hospital Bonaparte Abordaje territorial Centro de Red Salud Comunitario Zavaleta
4 Dirección General de Salud
Mental (CABA)
Talleres de Rehabilitación en Salud Mental
Programa Salud Mental Responde
ASIC (Programa de Abordaje a Personas
con Trastorno Mental Severo en Situación
de Calle)
5 Hospital Penna
Servicio social
Área programática
Cesac 10
Cesac 16
Cesac 30
Cesac 32
Cesac 35
Centro Biedack
6 Hospital Ramos Mejía Servicio de Salud Mental
Área programática
Fuente de datos: elaboración propia.
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Resultados
Descripción de la población investigada
El primer grupo de nodos lo constituyen aquellos
pertenecientes a un hospital neuropsiquiátrico de
asistencia a mujeres con padecimiento mental que se
encuentra emplazado en el barrio de Barracas. Los
nodos donde trabajan los profesionales entrevista-
dos son: una radio, un taller de arte y un hospital de
día. La Radio y el Taller de arte forman parte del área
programática del hospital y del Servicio de Rehabili-
tación, teniendo una doble pertenencia institucional
que facilita su trabajo en la comunidad. Las personas
que armaron ambos dispositivos son profesionales
de la salud, pertenecientes a la institución desde hace
más de 10 años, y podríamos denominarlos dispositi-
vos intermedios por encontrarse en el intersticio entre
un efector de salud y la comunidad. La Radio surge
en el 2008, fue creada gracias a un convenio entre el
Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER)
y el Hospital, siendo este lazo constitutivo del nodo y
promovido por el equipo que lo lleva adelante desde
su fundación. El nodo Taller de arte surge como pro-
grama cultural de inclusión comunitaria y se establece
a través de un convenio con el Museo de Artes Plásti-
cas en el año 2007. Está conformado por mujeres, sean
o no usuarias del sistema de salud mental. El Hospital
de Día (HdD) realiza actividades principalmente con
mujeres, aunque en el último tiempo han incorporado
varones y disidencias sexuales.
El segundo grupo de nodos se vincula con un hos-
pital neuropsiquiátrico ubicado también en el barrio
de Barracas para varones con padecimiento mental.
Allí se sitúan tres nodos: un servicio social, un progra-
ma de externación asistida y un programa residencial.
El nodo del servicio social nuclea a catorce trabajado-
ras sociales que, en simultáneo, se encuentran integra-
das a equipos interdisciplinarios en los diferentes ser-
vicios del hospital. Una de ellas es parte del equipo de
Admisión, conformado por distintas profesiones del
ámbito de la salud, como medicina, psiquiatría, psi-
cología y trabajo social, quienes reciben a las personas
usuarias que necesitan ser internadas; otra pertenece
al equipo de psicólogas y trabajadoras sociales que lle-
va adelante el programa residencial, constituido por
un hospital de noche y una casa de medio camino que
se proponen funcionar como dispositivos interme-
dios. El programa de externación asistida se propone
como objetivo el acompañamiento de los proyectos de
vida y el fortalecimiento de los soportes para la ex-
ternación, desde los apoyos que requieran en la vida
cotidiana, conforma un taller de producción y comer-
cialización de bolsas de polietileno, una biblioteca y
un comedor terapéutico.
El tercer grupo de nodos lo constituye el HLB.
Es una institución nacional que se encuentra desde
el 2013 en proceso de reforma para su adecuación a
la ley nacional de salud mental, anteriormente era el
CENARESO, Centro Nacional de Reeducación Social.
Brinda tratamiento tanto ambulatorio como interna-
ción; y si bien atiende todo tipo de padecimientos de
salud mental, se encuentra fuertemente identicado
por su abordaje a los consumos problemáticos. Tra-
bajamos con el dispositivo de Abordaje Territorial,
puntualmente el equipo del barrio de Zavaleta, orien-
tado hacia el primer nivel de atención. Sus tareas están
enfocadas en realizar recorridas en las “ranchadas
cercanas (grupo de personas reunidas en situación de
calle), realizando actividades de reducción de riesgo y
daños con las personas usuarias de pasta base de co-
caína, como actividad principal.
El cuarto grupo de nodos lo nuclea un hospital ge-
neral emplazado en el barrio de Parque Patricios, entre-
vistamos al servicio social, y a seis nodos que forman
parte del Área Programática; cinco CeSAC (Centros de
Salud y Acción Comunitaria) y un Centro de Adiccio-
nes. La realidad de los centros de salud es diversa según
su locación; algunos tienen un fuerte arraigo territorial
en cuanto a lugar de referencia por la comunidad, em-
plazados en lugares nodales del barrio, y reciben una
alta demanda de la población, tanto adulta como infan-
to-juvenil; existen múltiples equipos de trabajo que se
abocan a problemáticas de salud integral.
El quinto grupo de nodos se nuclea en un hospi-
tal general emplazado en el barrio de Balvanera con
un área programática que abarca una zona céntrica
de la Ciudad de Buenos Aires y, en tanto tal, densa-
mente poblada. De esta área programática dependen
dos CeSAC que incluyen entre sus ofertas asistenciales
un Centro Adicciones. Asimismo, el hospital dispone
del Centro de Salud Central, autodenominado como
área programática” y ubicado al interior del edicio
hospitalario. El hospital cuenta con un servicio de
salud mental, que ofrece atención ambulatoria, inter-
consulta e internación.
El último grupo de nodos lo constituyen los servi-
cios centralizados de salud mental de CABA. Se traba-
jaron con los nodos: talleres de rehabilitación; un 0800
de salud mental y un programa de Abordaje a Perso-
nas en situación de calle. El nodo talleres de rehabili-
tación cuenta con varias sedes en la CABA, asiste po-
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blación con padecimiento mental crónico, algunas de
estas personas residen en casas asistidas. Las personas
entrevistadas desarrollan sus actividades en la sede
que se encuentra cercana a los hospitales neuropsi-
quiátricos de Barracas, señalan que es un “dispositivo
particular”, porque depende de dos ministerios: Salud
y Hacienda y Finanzas. El nodo 0800 es un dispositi-
vo de atención telefónica gratuita que brinda orienta-
ción, información y acompañamiento en salud mental
a quienes así lo soliciten durante las 24 horas del día,
los 365 días del año. Su objetivo es realizar un triage
para poder hacer un primer contacto con las personas
usuarias. Esta es una instancia de contención, según el
nivel de complejidad de la situación, junta a la orienta-
ción de la persona a una guardia de salud mental, a un
efector del primer nivel o a un servicio de salud men-
tal de un hospital general. El programa de Abordaje a
Personas en situación de calle surge en 2018, a partir
del trabajo de un equipo del Programa Buenos Aires
Presente (BAP) en el abordaje de las problemáticas de
salud mental y adicciones en personas en situación de
calle. La actividad principal es acercar a las personas a
un efector público de salud.
Emergentes del COVID-19 en las estrategias
de atención
Nos proponemos realizar un análisis de los principales
emergentes de la RSM de la zona sur de CABA duran-
te la pandemia COVID-19, en relación a las siguientes
variables: cambios en la modalidad de trabajo, cierre y
apertura de dispositivos, modicación en los equipos
de salud, resignicación de los objetivos de trabajo y
efectos subjetivos en las personas usuarias y profesio-
nales de la salud.
Cambios en la modalidad de trabajo
En casi la totalidad de los nodos se destacan fuertes
modicaciones en lo que concierne a la modalidad y
los procesos de trabajo durante la pandemia. Se re-
gistran dos grandes transformaciones: un pasaje de lo
grupal a lo individual, y de la atención presencial a la
remota, mediada por la virtualidad. Estas modica-
ciones tuvieron un fuerte impacto en la conformación
de los equipos: frente a la imposibilidad de reunirse
presencialmente, en la mayoría de los nodos emergió
una nueva forma de vinculación entre el equipo y las
personas usuarias a través de los dispositivos electró-
nicos y la apertura de nuevos canales y nuevas herra-
mientas de comunicación. Apareció la atención telefó-
nica a quienes ya sostenían un tratamiento y a quienes
requirieron un acompañamiento por el sufrimiento
psíquico que trajo aparejado la pandemia.
Uno de los impactos más relevantes que destacan
las personas entrevistadas es que los tratamientos ten-
dieron a individualizarse mucho más, sin embargo,
se destaca como una herramienta ecaz para realizar
reuniones multifamiliares a través de videollamadas,
acciones que beneciaron el funcionamiento de los
diversos dispositivos y mejoraron el vínculo entre fa-
miliares, referentes y personas usuarias.
Cierres y aperturas de dispositivos
Muchos de los nodos debieron suspender su funcio-
namiento como es el caso del taller de arte, ya que sus
profesionales fueron reubicados en otros servicios.
Una de las profesionales explica: El programa se cerró
de golpe de pandemia. Yo volví al M. y mis compañeras
fueron a las guardias de hoteles (Registro de entrevis-
ta, 2022). Estas profesionales, en sus nuevos puestos,
crearon un programa de inclusión sociocultural para
las personas usuarias de dispositivos asistenciales de
CABA que funcionó durante la pandemia.
En relación a las transformaciones de las internacio-
nes el contexto de la pandemia en el nodo del hospital
general del barrio de Balvanera, las personas entrevista-
das relatan que, durante dicho período, se produjo una
situación extraordinaria en la medida en que se creó
una sala con seis camas para personas usuarias de salud
mental, empero una vez nalizada la fase más aguda de
la pandemia, la sala terminó por desarmarse.
En el hospital neuropsiquiátrico de varones se dio
la creación de un servicio con personas usuarias “deri-
vadas” de hospitales generales (a n de “liberar” camas
en los mismos) por sus características de padecimiento
mental, vulnerabilidad social y complejidades clínicas;
este fenómeno es, tal vez, la situación más paradigmá-
tica de lo que describimos. Así lo relata una de las en-
trevistadas:
“Pandemia mediante también hay un servicio de
crónicos: son como todas las personas que estaban in-
ternadas en hospitales generales que estaban por cues-
tiones sociales, que no debería haber. Cuando se nece-
sitaron esas camas por el tema de la pandemia a todos
los mandaron al B. [hospital neuropsiquiátrico], pero
como no son pacientes originalmente del B. no guran
en ningún lado. Igual funciona bien, ahí hay clínicos.
[...] …son pacientes sociales con padecimiento mental,
por ahí se convirtió en un problema social para el hospi-
tal general y aprovecharon la situación y los mandaron
allí, digamos que desalojaron servicios de internación
que había ahí para ubicar a estos pacientes, me ha pa-
sado con pacientes de servicios más tradicionales del B.
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que para que pudieran estar mejor atendidos se le dio
el alta de los servicios de crónicos.(Registro de entre-
vista, 2022).
El programa residencial anuló todas las activida-
des quedando el nodo casi sin personas usuarias, y se
decidió que los dos usuarios que quedaron allí fueran
movilizados” al hospital nuevamente.
Modicación en los equipos de salud: renun-
cia y reubicación de profesionales, creación
de nuevas tareas y nuevas contrataciones
Hubo ocasiones en las que la renuncia de profesio-
nales durante la pandemia signicó una sobrecarga
de actividades para los equipos de trabajo, como en
el caso del taller de arte. Otro grupo de nodos donde
hubo renuncias fue en uno de los hospitales generales
y en varios CeSAC, algunos con una larga trayectoria.
En paralelo a la baja de personal se produjo una reu-
bicación de profesionales en otros dispositivos para evi-
tar situaciones de contagio. Una de las particularidades
del área programática de unos de los hospitales gene-
rales es que antes de la pandemia, casi todos los pro-
fesionales tenían divididas sus horas entre dos centros
de salud. Esta situación fue revertida como forma de
disminuir la expansión del contagio del virus concen-
trándose todas las horas en un sólo centro de salud, si-
tuación que continuó una vez terminado el aislamiento.
En el nodo del programa de abordaje a personas
en situación de calle reeren que la pandemia produjo
una re funcionalización de las tareas. Esta situación
no se revirtió con el n de la emergencia sanitaria, lo
que ocasionó un debilitamiento del nodo, sumado al
desmembramiento de su personal: Nos mandaron a
todos los profesionales del equipo a los hoteles y para-
dores, y a los operadores los redistribuyeron en distin-
tas tareas abocadas a la asistencia. Muchos operadores
fueron enviados a hogares y a casas de medio camino.
Varios de ellos tenían enfermedades como asma y de-
más, entonces, como eran de riesgo, se quedaron en sus
casa. Como se quedaban sin operadores para asistir a la
gente que estaba allí los sacaron del programa y nunca
más volvieron.(Registro de entrevista, 2022).
En el caso de los grupos de nodos de uno de los
hospitales generales apareció también un trabajo asis-
tencial de comunicación de resultados de test CO-
VID-19 y de evolución de personas usuarias inter-
nadas, que pivoteó entre un espacio propio de salud
mental y una tarea más administrativa de informe de
diagnósticos y acompañamiento.
En el Servicio de Salud Mental de otro hospital ge-
neral los profesionales de la salud reeren un cambio
abrupto respecto a su manera de organizarse para dar
respuesta a la demanda interna, vinculada al disposi-
tivo de interconsulta. Antes, el equipo sólo aceptaba
demandas de otros servicios, con el advenimiento de
la pandemia realizó un cambio actitudinal respecto
de las demandas: … la pandemia hizo que con Clínica
Médica y con Terapia Intensiva tomáramos una actitud
más activa y fuésemos nosotros a los pases de turnos de
Clínica Médica y a los pases de Terapia; entonces ahí
se invirtió la lógica de trabajo (Registro de entrevista,
2022).
En el nodo del área programática de este hospital
general un entrevistado señala que la distancia impues-
ta con nes preventivos terminó por corroer los lazos
en el equipo de salud mental: “Para el equipo de psicolo-
gía del área progratica central que venía muy endeble,
lo terminó de destruir [...] ya teníamos problemas para
trabajar internamente y la pandemia terminó por desar-
ticularnos (Registro de entrevista, 2022).
En el nodo de 0800 de salud mental se designó un
nuevo equipo coordinador de profesionales jóvenes
con varias sedes de trabajo. La mayoría de quienes
integraron el equipo profesional fueron psicólogas,
si bien integran también el nodo algunos psiquia-
tras y una trabajadora social y también participaron
residentes y concurrentes de salud mental. Progresi-
vamente, el nodo fue ampliando su campo de acción
para abocarse a la contención de personas usuarias
con padecimientos fruto de la pandemia y las medidas
de distanciamiento social.
Replanteo de los objetivos de trabajo
Se observó una polarización en la orientación del tra-
bajo, con dicultad para establecer vínculo entre am-
bas modalidades de intervención, con algunos equi-
pos volcándose hacia el trabajo comunitario y otros
únicamente hacia la asistencia individual y a distan-
cia. Esta división generó distintos enfoques y estrate-
gias dentro de los servicios de salud mental, con re-
percusiones en la manera en que se llevaba a cabo la
atención y el apoyo a los pacientes.
En algunos nodos se registró una ampliación en
el empleo de prácticas comunitarias en diversos dis-
positivos. Estas prácticas fueron fundamentales para
mantener y fortalecer los lazos sociales, así como para
brindar apoyo y atención a la población en momen-
tos de crisis. Se implementaron acciones comunitarias
orientadas a la prevención y protección contra el CO-
VID-19, transformando espacios de trabajo en centros
de detección y aumentando la presencia del equipo de
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salud en el territorio. Esta respuesta implicó un acerca-
miento más directo a la comunidad y una mayor parti-
cipación en la contención de la crisis sanitaria.
Otro aspecto valioso fue la colaboración entre
efectores de salud y nodos comunitarios para desa-
rrollar estrategias de afrontamiento en conjunto. Esta
cooperación permitió ampliar el alcance de la aten-
ción y brindar apoyo a aquellos que enfrentaban di-
cultades para acceder a servicios de salud. Una de
las entrevistadas lo relata del siguiente modo: ... con
salud comunitaria se amplió mucho más este trabajo de
articulación con las organizaciones sociales, y nos ar-
mamos como equipo ampliado. También fue una estra-
tegia para que el resto de la gente [del efector de salud]
identicará a los promotores sociales como trabajado-
res.(Registro de entrevista, 2022).
Los nodos que adoptaron ese enfoque demostra-
ron la importancia de una mirada integral y centrada
en la comunidad para hacer frente a la pandemia y su
impacto en la subjetividad de profesionales y usuarios.
En el otro polo, de asistencia individual y a distan-
cia, se observó una expansión gradual de las funciones
de los profesionales para incluir la atención de perso-
nas usuarias afectadas directa o indirectamente por la
pandemia y las medidas de distanciamiento social: “A
nosotros nos hicieron trabajar en los seguimientos de los
enfermos, teníamos que empezar a llamar para dar el
diagnóstico, el resultado y para asesoramiento y acom-
pañamiento, y era tremendo (Registro de entrevista,
2022).
Una de las estrategias más frecuentes ha sido la
utilización de dispositivos electrónicos, como teléfo-
nos móviles y redes sociales, para mantener el contac-
to y la comunicación entre profesionales de la salud
y personas usuarias. Esta adaptación tecnológica ha
permitido mantener la continuidad de la atención y
promover el apoyo mutuo, incluso en situaciones de
distanciamiento físico. En varios contextos, la cance-
lación de actividades presenciales llevó a la adopción
de enfoques virtuales en la atención, con consultas
y terapias realizadas exclusivamente a través de pla-
taformas en línea. Esta transición, aunque necesaria
para mantener la continuidad del tratamiento, agudi-
zó la individualización de la atención y la pérdida de
contacto humano directo.
Además, se observó una restricción de la autono-
mía de las personas usuarias, especialmente aquellas
internadas en hospitales neuropsiquiátricos, debido a
medidas de aislamiento y restricciones de movimiento.
El mencionado hospitalo-centrismo se ha visto exacer-
bado por la creación de servicios especícos para per-
sonas derivadas de hospitales generales, lo que contri-
buyó aún más a la institucionalización de la atención.
Aquellos dispositivos que se caracterizaban por su
exibilidad en el encuadre terapéutico con el n de
facilitar la accesibilidad y permanencia en algunos
servicios, fueron remplazados por políticas más rígi-
das y restrictivas, lo que complicó la experiencia de
las personas usuarias y contribuyó a un ambiente más
institucionalizado. Además, se observó una tendencia
a ponderar la intervención médica en la toma de deci-
siones, en detrimento de enfoques más colaborativos
e interdisciplinarios.
Efectos subjetivos de la pandemia en personas
usuarias y profesionales
El impacto signicativo de la pandemia en la salud
mental tanto de las personas usuarias como de los pro-
fesionales de los servicios de salud abarcó una amplia
gama de experiencias, reejando desafíos en términos
de autonomía, calidad de vida y bienestar emocional.
En muchos casos, entre las personas usuarias, la im-
plementación de medidas de aislamiento social y res-
tricciones de circulación, tuvo como correlato una pér-
dida de lugares de autonomía generando sentimientos
de encierro y falta de libertad. Las limitaciones en las sa-
lidas y actividades recreativas exacerbaron el aislamien-
to social y afectaron negativamente la calidad de vida.
La reorganización mencionada de los servicios de
salud mental durante la pandemia planteó un desafío
en lo que relativo a la atención de personas derivadas
de otros efectores. Como ejemplo paradigmático, la
creación ad hoc de un nuevo servicio de internación
-antes mencionado- para personas usuarias con pade-
cimientos mentales y orgánicos, una de las personas
entrevistadas señala lo que sigue: “[El nuevo servicio]
tiene recursos, porque justo se armó como un equipo
piola y humano y que labura un montón, pero no sé si
la unidad de letrados va a verlos, ¿me explico? queda-
ron por fuera de la ley (Registro de entrevista, 2022).
En una línea semejante, otra persona reexionó en
torno a las complejas condiciones para la externación
de personas usuarias en contexto de pandemia: ... no
están los soportes y las condiciones para sostenerse, pero
también la calidad de vida y cómo la pasa esa persona
una vez que está externada si no tiene una referencia.
Ni hablar de la pandemia, no hace falta ahondar en de-
talles, pero bueno, muchas personas están encerradas y
tal vez salen una vez por mes a control de medicación
o al tratamiento, los que tienen psicóloga (Registro de
entrevista, 2022).
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Por otro lado, los profesionales de la salud mental
también han experimentado efectos subjetivos nega-
tivos en el ejercicio mismo de su labor. La sobrecarga
de trabajo, la adaptación a nuevas formas de atención
y la falta de contacto físico con personas usuarias y
compañeros de trabajo han generado estrés, ansiedad
y agotamiento emocional entre los profesionales que
perdieron redes de apoyo y contención.
Modalidad de la Red de Salud Mental
Para describir la red bajo análisis estudiamos la forma
de articulación entre los nodos. Para ello analizamos
los tipos de vínculos, el nivel de articulación, las ac-
tividades que les competen y la heterogeneidad del
entramado, recortando la muestra sobre aquellos no-
dos que cuentan con actividades y/o recordando que
fueron elegidos nodos que ya tenían actividades y/o
proyectos por fuera de los muros del predio hospitala-
rio o efector sanitario
De los nodos relevados (Figura 2) observamos que
la mayoría de los vínculos fueron de tipo intersecto-
riales con organizaciones de base comunitaria, cultu-
rales, políticas, religiosas y otras. Ello sugiere que se
asumió una tipología más bien intersectorial que in-
terinstitucional. Aquellos vínculos que se destacaron
por ser interinstitucionales se dieron entre dispositi-
vos intermedios, efectores y servicios de salud. Y, en
menor medida, los intrainstitucionales, fueron víncu-
los entre servicios de salud.
Al indagar sobre los tipos de vínculos intersecto-
riales discernimos que casi la mitad alcanzaron niveles
asociativos y cooperativos entre los nodos, logrando
una red consolidada. Las actividades que caracteri-
zaron los niveles de asociación y cooperación fueron
planicadas y sostenidas en el tiempo; por ejemplo:
promoción de la salud, participación en mesas ba-
rriales, actividades de prevención inespecíca, entre
otras. En esta línea trabajaron los equipos territoriales
de los CeSACs, el Servicio de Abordaje Territorial, el
Taller de Arte y el Hospital de Día de los hospitales
neuropsiquiátricos.
Cuando se alcanzaron niveles colaborativos las
actividades fueron más circunstanciales, donde se
involucró a cualquier organización que se acercara a
golpear la puerta de un efector de salud. Una de los
entrevistadas comentó que si no existía una estructu-
ra que alojara al vínculo, éste terminaba muriendo”. Se
mencionó como obstáculo el horario de los CeSAC, ya
que la población se encuentra con mayor presencia en
el barrio por la tarde-noche.
Al observar los tipos de vínculo interinstituciona-
les, comprobamos que alcanzaron, exclusivamente,
niveles colaborativos, con primacía de actividades de
referencia y contrarreferencia no institucionalizadas.
Del área programática de uno de los hospitales ge-
nerales relataron que este formato de articulación no
estaba en el marco de ningún convenio, dependiendo
exclusivamente de la persona que hubiera construido
ese vínculo. En otro nodo relataron que si pasa algo
con algún usuario todo depende del contacto personal.
(Registro de entrevista, 2022).
En cuanto a los vínculos intrainstitucionales tam-
bién fueron mayormente colaborativos con activida-
des de referencia y contrarreferencia. De uno de los
servicios de los hospitales monovalentes dijeron que
“van a buscar pacientes, tejiendo redes de forma inter-
personal, porque no hay derivación ocial entre servi-
cios”. En el Servicio de Salud Mental de un hospital
general, relataron que las actividades colaborativas
también implicaron la gestión conjunta de los trata-
mientos con otros servicios de medicina general.
Durante la pandemia las actividades de la red se
vieron tensionadas entre la paralización y la dinami-
zación en los diferentes tipos de vínculos.
En el caso de los vínculos intersectoriales, algunos
se interrumpieron, como el taller de arte, que fun-
cionaba en un museo y otros se vieron dinamizados,
principalmente los equipos del primer nivel de aten-
ción que tenían trabajo preexistente junto a comedo-
res y organizaciones comunitarias.
En el caso de los vínculos intrainstitucionales, en
algunos se restringieron las actividades y en otro se
generaron nuevas. En los hospitales neuropsiquiátri-
cos se restringieron actividades de movilidad entre
profesionales y personas usuarias. En contrapartida,
en el servicio de salud mental de un hospital general
Figura 2. Tipo y cantidad de articulaciones según los
nodos estudiados
Fuente de datos: elaboración propia.
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relataron que pasaron a formar parte de dinámicas de
trabajo junto a áreas del hospital, adoptando una acti-
tud más activa.
Un aspecto hallado fue la forma de la red. Con esto
nos referimos a que el tipo de vínculo entre nodos creó
dos entramados de redes con características similares,
pero con algunas diferencias; si bien un entramado
conectaba exclusivamente nodos del sector salud, el
otro conectaba nodos de salud con organizaciones de
base comunitaria. Esta red, con dos entramados, es-
tuvo alojada territorialmente en el barrio de Barracas.
Un entramado, de tipo interinstitucional, se desa-
rrolló desde el centro hasta el norte del barrio, con los
Talleres de Rehabilitación en Salud Mental, los hos-
pitales neuropsiquiátricos, el Centro de adicciones, el
HLB, el CeSAC 10 y otros. El otro entramado, de tipo
intersectorial, estuvo delimitado en el barrio 21-24 y
Zavaleta; compuesto mayormente por vínculos de no-
dos de salud con organizaciones barriales, comedores,
hogares y paradores.
En relación a esto y lo descrito arriba, aquellos vín-
culos entre nodos del sistema de salud fueron mayor-
mente de tipo colaborativo, a diferencia de aquellos
intersectoriales que tenían un nivel más asociativo y
cooperativo. Estos dos entramados dieron cuenta de
una red con vínculos cercanos espacialmente, es decir,
en el mismo barrio. Sin embargo, al comparar el primer
mapa con el segundo (Figura 3), resaltamos cómo se
amplió espacialmente la RSM a partir de las articulacio-
nes generadas entre los nodos entrevistados, es decir,
que su capacidad de trabajo sobrepasa a la cercanía es-
pacial barrial, llegando hacia barrios más alejados.
Conclusiones
En la presente investigación nos propusimos ca-
racterizar las actividades comunitarias y asistenciales
en la RSM de la zona sur de la CABA en el período
2020-2022. Observamos que cada uno de los nodos
entrevistados, constituyentes de la red bajo análisis, se
vio obligado a modicar su forma de trabajo ya sea
con nuevos objetivos, cambios en los equipos, diná-
micas de trabajo y apertura o clausura de dispositivos.
Durante la pandemia de COVID-19, el mayor
uso de dispositivos electrónicos facilitó el encuen-
tro, el sostén de los tratamientos y logró amortiguar
la suspensión presencial. Entre las causas que llevó a
la suspensión de las actividades encontramos la reu-
bicación de profesionales en otros servicios de salud
mayormente no comunitarios y el cese de actividades
en programas residenciales. Esto llevó a que la asisten-
cia de salud se concentrara espacialmente en efectores
y/o centros de salud, situación que continuó una vez
terminado el aislamiento. Durante la investigación vi-
mos que, como parte de esto, se crearon salas de in-
ternación por motivos de salud mental en un hospital
general, mientras que en un neuropsiquiátrico se creó
una sala para personas usuarias derivadas de hospita-
les generales. A estos últimos hospitales se sumó una
restricción de la autonomía de las personas usuarias,
especialmente aquellas debido a medidas de aisla-
miento y restricciones de movimiento.
Hubo ocasiones en que la renuncia de profesiona-
les durante la pandemia signicó una sobrecarga de
actividades para los profesionales de la salud. También
la pandemia produjo una refuncionalización de las ta-
reas, sea en el trabajo asistencial de comunicación de
resultados de test COVID-19 o evolución de personas
usuarias internadas que pivoteaba entre un espacio
propio de salud mental y otro de tipo administrativo
sobre informes de diagnóstico y acompañamiento.
También observamos que hubo una polarización
en la orientación del trabajo, con algunos equipos
volcándose hacia el trabajo comunitario y otros úni-
camente hacia la asistencia individual y a distancia.
En el primer caso se transformaron espacios de traba-
jo en centros de detección y aumento de la presencia
del equipo de salud en el territorio. En el otro polo se
observó una expansión gradual de las funciones de los
Figura 3. Zona bajo análisis con articulaciones generadas
de los nodos entrevistados
Fuente de datos: elaboración propia.
58
Los emergentes de la pandemia de COVID-19 en la Red de Salud Mental de la zona sur...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 48-58.
profesionales de la salud para incluir la atención de per-
sonas usuarias afectadas directa o indirectamente por
la pandemia y las medidas de distanciamiento social.
Una parte de los hallazgos de este trabajo dialoga
con las reexiones de Faraone e Iriart (2020) en cuan-
to a la modicación de las formas de trabajo tanto en
hospitales generales como neuropsiquiátricos exacer-
bando el hospitalocentrismo, institucionalizando más
la atención, y recrudeciendo la concepción biomédica
y tutelar.
La refuncionalización, reubicación de profesionales
o la polarización en la orientación del trabajo, tuvo su
incidencia también en la forma de la red bajo análisis.
Por un lado, se debilitaron aquellas articulaciones de
tipo intersectoriales que mantenían los nodos. Sin em-
bargo, la existencia previa de vínculos intersectoriales
posibilitó la reorientación de los objetivos de trabajo
hacia actividades asistenciales propias de la pandemia.
Mantener estos vínculos asociativos cooperativos posi-
bilitó una atención alternativa a la tendencia hospita-
locéntrica. Por otro lado, registramos que los cambios
arriba mencionados afectaron los vínculos intrainsitu-
cionales, ya que se restringieron actividades de movili-
dad entre profesionales y personas usuarias.
En este estudio observamos que la pandemia ge-
neró un retorno hacia prácticas sustentadas por el
modelo hospitalocéntrico a través de una serie de
transformaciones en las prácticas terapéuticas, que re-
ejaron una centralización de la atención hacia entor-
nos hospitalarios cerrados, a expensas de enfoques in-
tegrales y comunitarios. A su vez, intentamos resaltar
cómo las prácticas comunitarias constituidas previas a
la pandemia fueron un carril que logró vehiculizar la
emergencia sanitaria, además de los tratamientos clí-
nicos en salud mental que se vienen promocionando
hace años. Creemos que estas cuestiones contribuye-
ron a la actual situación de sobrecarga del sistema de
salud en cuanto a la demanda de salud mental, ya que
se agudizó la problemática de la población y se simpli-
caron las respuestas sanitarias, casi exclusivamente al
otorgamiento de turnos y tratamientos individuales,
ocurriendo solo en ocasiones extraordinarias el traba-
jo comunitario como respuesta articulada.
Nos resulta fundamental explicitar nuestro lugar
como investigadores pertenecientes a la RSM, siendo
trabajadores del HLB, para que quede aclarada nues-
tra perspectiva en el análisis y los posibles sesgos que
esto pudiera ocasionar. En relación con el contexto de
realización de la investigación resulta muy singular, la
salida de la pandemia marca la temporalidad del tra-
bajo de campo, en donde los servicios de salud se es-
taban reorganizando, siendo los resultados obtenidos
dependientes de dicho momento.
En cuanto a la replicabilidad de este estudio, con-
sideramos que cada equipo de investigación debe
adaptarlo a su contexto, pero las variables utilizadas
pretenden congurar un esquema de análisis traslada-
ble a otras latitudes. Respecto a la muestra, si bien fue
realizada de manera no probabilística, es pequeña en
relación con todos los nodos que componen la RSM.
La mayor limitación de este trabajo radica en que los
nodos seleccionados, para esta primera etapa, son ex-
clusivos del sistema de salud, dejando por fuera dispo-
sitivos intermedios y/o comunitarios que también for-
man parte de la RSM. Al entrevistar solo a profesionales
de los efectores de salud recogemos una única voz, de
las muchas que componen la RSM. En la misma línea,
creemos fundamental, incluir en futuros proyectos de
investigación la voz de las personas usuarias.
Conictos de interés: los autores declaran no poseer
conictos de interés. Este trabajo es parte de un proyecto
más amplio a partir de una Beca Salud Investiga.
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Investigación original
59
Décit en funciones ejecutivas en padres y madres de niños/as
con trastorno del espectro autista
Executive Function Decits in Parents of Children with Autism Spectrum Disorder
Bárbara Alecsiuk1, María Fernanda Ríos Pistoia2, Esteban Vaucheret Paz3
RECIBIDO 7/1/2025 - ACEPTADO 20/5/2025
1.Servicio de Neurología Infantil, Hospital Italiano de Buenos Aires; Buenos Aires, Argentina
2.Servicio de Neurología Infantil, Hospital Italiano de Buenos Aires; Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0002-5711-336X
3.Servicio de Neurología Infantil, Hospital Italiano de Buenos Aires; Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0002-6294-5654
Autor correspondiente:
Esteban Vaucheret Paz
esteban.vaucheret@hospitalitaliano.org.ar
Institución en la que se realizó la investigación: Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 59-66. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1066
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1066
Resumen
Introducción: múltiples estudios describen que familiares directos de personas con trastorno del espectro
autista (TEA) muestran, en forma sutil, características similares al TEA. Por otro lado, los individuos con TEA
suelen presentar décit en funciones ejecutivas, que estarían asociadas a sus dicultades sociales. El estudio se
propuso evaluar las funciones ejecutivas de padres/madres con hijos/as con TEA y su correlación con los índi-
ces de empatía y sistematización. Métodos: incluimos 60 individuos divididos en dos grupos: grupo experimen-
tal de padres/madres de hijos con TEA (n=30) y grupo control de padres/madres con hijos/as sin TEA (n=30).
Los participantes fueron estudiados mediante test neuropsicológicos (claves, dígitos, búsqueda de símbolos,
Stroop, Wisconsin, test de atención, TMT) y completaron la escala de empatía-sistematización. Resultados: el
grupo experimental presentó menor rendimiento en funciones ejecutivas, en memoria de trabajo: índice de
memoria de trabajo (p=0,02), claves (p=0,03) y dígitos (p=0,02); y en velocidad de procesamiento y atención:
búsqueda de símbolos (p=0,003) e índice de concentración (D2) (p=0,005). No se observaron diferencias
signicativas entre los grupos en los cocientes de empatía y sistematización. En el análisis correlacional se
identicaron escasas asociaciones signicativas, de magnitud débil, entre estos cocientes y determinadas me-
didas neuropsicológicas. Conclusión: los padres/madres de hijos con TEA presentaron un mayor compromiso
en funciones ejecutivas, sin diferencias correspondientes en los índices de empatía y sistematización. Estos
hallazgos deberían tenerse presentes al elaborar procesos de orientación a padres/madres a n de lograr
mejores resultados terapéuticos.
Palabras clave: autismo, fenotipo ampliado, funciones ejecutivas
Abstract
Introduction: Multiple studies have described subtle characteristics similar to those of Autism Spectrum Disorder
(ASD) in rst-degree relatives of people with ASD. Individuals with ASD also commonly present decits in executive
functions, which may be associated with their social difculties. We aimed to evaluate executive functions in parents of
children with ASD and their correlation with empathy and systematization indices. Methods: We included 60 indivi-
duals divided into two groups: an Experimental Group of parents of children with ASD (n=30) and a Control Group of
parents of children without ASD (n=30). Participants were assessed using neuropsychological tests (Coding, Digit Span,
Symbol Search, Stroop, Wisconsin, attention test, Trail Making Test) and completed the empathy-systematization scale.
Results: The Experimental Group showed lower performance in executive functions, including working memory (wor-
king memory index, p=0.02; Coding, p=0.03; Digit Span, p=0.02) and processing speed and attention (Symbol Search,
60
Décit en funciones ejecutivas en padres y madres de niños/as con trastorno del espectro autista
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 59-66.
Introducción
El trastorno del espectro autista (TEA) se caracteriza
por una alteración en el neurodesarrollo de las fun-
ciones cerebrales, que afecta de manera directa las
funciones cognitivas, sensorio-motoras, el lenguaje
y las habilidades sociales (Tuchman, 2019; Arberas
& Ruggieri, 2019; American Psychiatric Association,
2014). Las características principales son: un deterio-
ro en la comunicación e interacción social y un pa-
trón de conductas estereotipadas e intereses restringi-
dos (Arberas & Ruggieri, 2019; American Psychiatric
Association, 2014). Además, es frecuente encontrar
disfunciones sensoriales, es decir, hipo o hipersensi-
bilidad a estímulos táctiles, auditivos, gustativos o vi-
suales, trastornos del sueño, como sueño fragmenta-
do o latencia prolongada, dicultades motrices como
coordinación de movimientos y trastornos en cuanto
a la alimentación, como selectividad frente a determi-
nados alimentos o patrón restringido (Arberas & Ru-
ggieri, 2019; Berenguer Forner et al., 2016).
Estas características se presentan desde los prime-
ros años de vida y afectan el funcionamiento cotidiano.
Por otro lado, la forma de presentación del trastorno
es variable y se deben tener en cuenta el nivel de de-
sarrollo, la edad cronológica y el nivel de gravedad en
cada una de las áreas afectadas; es por eso que se utiliza
el término “espectro” (American Psychiatric Associa-
tion, 2014). El Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales (DSM-5) (American Psychiatric
Association, 2014) clasica el trastorno del espectro
del autismo en tres niveles de gravedad según el apoyo
requerido: nivel 1, “necesita ayuda”; nivel 2, “necesita
ayuda notable”; y nivel 3, “necesita ayuda muy notable.
Con respecto a la prevalencia del trastorno del es-
pectro autista a nivel mundial, se estima que es de 1 de
cada 160 niños y, según diversos estudios epidemio-
lógicos de los últimos 50 años, esta proporción va en
aumento (OMS, 2017). Esto último puede deberse a di-
versos factores como la ampliación de los criterios diag-
nósticos, una mayor concientización y la utilización de
herramientas diagnósticas más ecaces (OMS, 2017).
En cuanto a la etiología del trastorno, diversas inves-
tigaciones señalan la participación de distintos factores
en la génesis del TEA, entre ellos, factores genéticos,
epigenéticos, ambientales e infecciosos (OMS, 2017;
Arberas & Ruggieri, 2019). Acerca de los factores gené-
ticos las estimaciones de heredabilidad se encuentran
entre el 37 % y, en ocasiones, más del 90 % (American
Psychiatric Association, 2014) y, al ser un trastorno tan
heterogéneo en cuanto a su manifestación, se convierte
en uno de los trastornos del neurodesarrollo heredita-
rios más complejos (Uljarević et al., 2016).
Se han observado en familiares directos de perso-
nas con autismo (padres y hermanos), dicultades del
desarrollo o determinadas características que se mani-
estan de manera sutil, no logrando reunir los criterios
clínicos necesarios para llegar al diagnóstico (Caero
et al., 2019). Esta expresión de rasgos en los familiares
que se presentan en menor gravedad es lo que se co-
noce como fenotipo ampliado (Uljarević et al., 2016).
Estudios realizados a padres de personas con autismo,
con técnicas de neuroimagen, mostraron diferencias
a nivel funcional y estructural, en comparación con el
grupo control, a pesar de no manifestar problemas de
comportamiento. Es decir, en ocasiones pueden llegar
a mostrar características neuroanatómicas y funciona-
les que se observan en individuos con TEA, pero en su
forma más leve. Por otro lado, se observaron especí-
camente anormalidades en cuanto al procesamiento
del lenguaje auditivo, empatía y procesamiento facial
(Billeci et al., 2016). En una revisión de estudios en
familiares directos de personas con TEA, se destacan
características similares al trastorno como: inexibili-
dad conductual, intereses restringidos, perfeccionismo,
altos niveles de ansiedad y dicultad para adaptarse a
los cambios del ambiente (Caero et al., 2019).
Uno de los modelos cognitivos propuestos y que
lograrían dar una explicación, tanto para las dicul-
tades sociales como para las no sociales del autismo,
se fundamenta en la presencia del décit en funciones
ejecutivas (Martos-Pérez & Paula-Pérez, 2011; Tale-
ro-Gutiérrez et al., 2015).
p=0.003; D2 concentration index, p=0.005). No signicant differences were observed between the groups in empathy
and systemizing quotients. Correlational analyses identied only a few signicant associations, of weak magnitude,
between these quotients and specic neuropsychological measures. Conclusion: Parents of children with ASD showed
poorer executive functioning, without corresponding differences in empathizing and systemizing. These ndings may be
relevant when developing guidance and support interventions for parents of children with ASD.
Keywords: autism, broad autism phenotype, executive functions
61
Décit en funciones ejecutivas en padres y madres de niños/as con trastorno del espectro autista
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 59-66.
Ozono y Rusell fueron uno de los primeros en
estudiar el décit en funciones ejecutivas en TEA y,
a partir de allí, se comenzaron a realizar investigacio-
nes para comprender el origen de estas alteraciones
y elaborar estrategias de intervención terapéuticas
(Martos-Pérez & Paula-Pérez, 2011; Talero-Gutiérrez
et al., 2015). Asimismo, existe evidencia actual que
demuestra que una gran proporción de personas con
autismo tienen dicultades asociadas a un décit en
funciones ejecutivas (Grañana, 2014). Estos estudios
en personas con TEA han encontrado una tendencia
a la perseveración, dicultades en la planicación, or-
ganización de la conducta y control inhibitorio, ine-
xibilidad cognitiva, conductas estereotipadas y décit
en la memoria de trabajo, aspectos que pueden afectar
la capacidad para llevar a cabo actividades cotidianas
de manera autónoma (Berenguer Forner et al., 2016;
Talero-Gutiérrez et al., 2015).
Entendiendo la función que cumplen los genes,
en cuanto a la regulación del desarrollo neurológico
y la actividad neuronal (Iakoucheva et al., 2019), el
alto grado de heredabilidad de este trastorno (Tick et
al., 2016) y la expresión clínica leve en familiares de
personas con autismo (fenotipo ampliado), es que el
objetivo de este estudio es analizar las características
de las funciones ejecutivas, en padres y madres de ni-
ños y niñas con autismo. Este conocimiento permiti-
ría elaborar lineamientos y estrategias en los proce-
sos de orientación a padres y madres, ajustándose de
esta manera a las características y necesidades de sus
cuidadores, con una mayor participación en el trata-
miento de sus hijos/as.
Materiales y métodos
Diseño
Se trata de un estudio prospectivo, analítico, de corte
transversal de casos y controles, y análisis cuantitativo.
Población
Se incluyeron 60 personas con hijos mayores de tres
(3) años, residentes de la provincia de Misiones, Ar-
gentina, con una edad promedio de 33,67 años (SD
6,26) (ver Tabla 1), que asistían a diferentes centros de
rehabilitación. Los participantes fueron distribuidos
en dos grupos:
■ Grupo 1 o experimental, compuesto de 30 partici-
pantes con hijos/as con diagnóstico de TEA, cuya
validación del diagnóstico de los hijos/as, previa
a la inclusión en el estudio, fue realizada por un
neurólogo infantil o psiquiatra mediante entrevista
semiestructurada y presencia de criterios diagnós-
ticos de acuerdo al DSM-V y evaluación de Autism
Diagnostic Observation Schedule, Second Version
(ADOS-2) y Autism Diagnostic Interview Revised
(ADI-R) positivo.
■ Grupo 2 o control, compuesto por 30 participan-
tes con hijos/as sin diagnóstico de TEA.
Criterios de exclusión
Grupo experimental: padres y madres biológicos/as
menores de 18 años, con hijos/as que aún se encuentra-
ran en proceso de evaluación y no tuvieran denido el
diagnóstico de TEA. Asimismo, padres y madres con al-
gún diagnóstico psiquiátrico o discapacidad intelectual.
Tabla 1. Descripción de la población
División Grupo experimental % (n) Grupo control % (n)
Sexo Femenino 76,7 % (23 70 % (21)
Masculino 23,3 % (7) 30 % (9
Escolaridad (n)
Primario 3,3 % (1) -
Secundario 50 % (15) 30 % (9)
Universitario 43,3 % (13) 63 % (19)
Postgrado 3,3 % (1) 6,7 % (2)
Antecedente familiar de trastorno del
neurodesarrollo (n)
20 % (6) -
No 80 % (24) 100 % (30)
Antecedente familiar con TEA (n) 10 % (3) 3,3 % (1)
No 90 % (27) 96,7 % (29)
TEA: Trastorno del espectro autista.
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Décit en funciones ejecutivas en padres y madres de niños/as con trastorno del espectro autista
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 59-66.
Grupo control: padres y madres biológicos/as que
presentaran algún diagnóstico psiquiátrico o disca-
pacidad intelectual. Para la confección de este grupo
se realizaron preguntas tales como: si alguna vez ha-
bían tenido consulta con neurología, psiquiatría o si
los padres y/o madres rerieron desarrollo normal, y
si se había llegado a algún diagnóstico de trastornos
del neurodesarrollo o décit en el desarrollo neuro-
madurativo. En el caso que esto fuera positivo, se los
excluyó del estudio.
En ambos grupos se excluyeron, también, a aque-
llos participantes que no realizaron la evaluación neu-
ropsicológica propuesta en forma completa.
Herramientas
Para evaluar empatía y sistematización se utilizaron
los siguientes cuestionarios de autoinforme: (1) Co-
ciente de Empatía (Empathy Quotient [EQ]) (Ba-
ron-Cohen & Wheelwright, 2004), en su versión en
español de Pezzuto y Fuentes; y (2) Cociente de Siste-
matización Revisado (Systemizing Quotient-Revised
[SQ-R]) (Wheelwright et al., 2006), en su versión en
español traducida por Rattazzi.
Para evaluar las funciones ejecutivas se adminis-
traron los siguientes instrumentos: (1) tests de memo-
ria de trabajo: retención de dígitos; (2) tests de exibi-
lidad cognitiva: Trail Making Test (parte B: números
y letras) y WCST Test de Clasicación de Tarjetas de
Wisconsin (Heaton et al., 1997); (3) tests de inhibi-
ción: Stroop palabra-color (Golden, 1999) y D2 Test
de Atención (Brickenkamp, 2009); (4) Escala de Inte-
ligencia de Wechsler: Búsqueda de símbolos y Claves
(velocidad de procesamiento), retención de dígitos
en orden directo, inverso y con secuenciación, y sub-
prueba Aritmética (Wechsler, 2012).
Análisis
Las respuestas aportadas por los sujetos evaluados
fueron procesadas con el programa estadístico SPSS.
Las variables continuas fueron expresadas como
media y desvío estándar si la distribución era normal, o
como mediana y rango intercuartílico si era asimétrica.
Las variables categóricas se expresaron como porcenta-
jes o proporciones. Se evaluó la normalidad de las va-
riables continuas mediante la prueba de Shapiro-Wilk
y, en forma gráca, mediante histogramas. La homo-
cedasticidad se evaluó mediante la prueba de Levene.
Para describir las variables sociodemográcas se
analizaron las distribuciones de frecuencias y se cal-
cularon medidas de tendencia central y dispersión.
Para comparar las puntuaciones obtenidas en las
pruebas neuropsicológicas entre los grupos control y
experimental y evaluar si existían diferencias signi-
cativas, se empleó la prueba t para dos muestras inde-
pendientes.
A n de evaluar la correlación entre las variables
continuas, se utilizó la prueba de correlación de Spe-
arman.
La signicancia estadística se estableció en p< 0,05.
Por otro lado, el tamaño del efecto fue evaluado me-
diante la d de Cohen o la V de Cramer, según el caso.
Los datos recogidos fueron cargados en una base,
asignando a cada participante un número aleatorio, de
forma que fueran anónimos al momento de realizar el
análisis por el coordinador del estudio.
El estudio cumplió con las normas éticas propues-
tas en la Declaración de Helsinki de 1975, enmenda-
da en 2013. El estudio fue aprobado por el comité de
ética. Los participantes rmaron un consentimiento
informado.
Resultados
Se realizó un estudio prospectivo analítico, de corte
transversal, donde se incluyeron 60 personas, dis-
tribuidas en dos grupos: grupo 1 (experimental), 30
padres con hijos con diagnóstico de TEA, y grupo 2
(control), 30 padres con hijos sin diagnóstico de TEA.
El grupo experimental estuvo conformado por un
76,7 % de personas de sexo femenino y el grupo con-
trol, por un 70 %. En cuanto al nivel de escolarización
alcanzado, en el grupo experimental se observó un ma-
yor porcentaje de personas con secundario completo
(50 %), mientras que en el grupo control un 63 % pre-
sentó estudios universitarios nalizados. Finalmente,
en el grupo experimental, un 20 % (n=6) tenía herma-
nos con diagnóstico de TEA. En cuanto a los hijos, el
nivel de TEA más frecuente fue el nivel 3, con un 53,3 %
(n=16) (ver Tabla 2).
En cuanto al grado de empatía y sistematización,
un 20 % (n=6) de los padres de hijos con diagnóstico
de TEA mostró un menor nivel de empatía, frente a
un 10 % (n=3) en el grupo control. Esta diferencia no
fue estadísticamente signicativa (χ²=1,17; p=0,27).
Tabla 2. Descripción del grupo experimental
División Resultado % (n)
Hermanos con TEA (n) 20 % (6)
No 80 % (24)
Nivel de TEA (n)
Nivel 1 6,7 % (2)
Nivel 2 40 % (12)
Nivel 3 53,3 % (16)
TEA: Trastorno del espectro autista.
63
Décit en funciones ejecutivas en padres y madres de niños/as con trastorno del espectro autista
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 59-66.
En cuanto al análisis de las funciones ejecutivas
entre ambos grupos de padres, se observó mediante
la prueba t que el grupo experimental presentó un
menor rendimiento en funciones ejecutivas, especial-
mente en memoria de trabajo (índice de memoria de
trabajo, claves y dígitos) y en velocidad de procesa-
miento y atención (búsqueda de símbolos, claves e ín-
dice de concentración del D2) (ver Tabla 3).
A excepción de claves y el índice de memoria de
trabajo, que presentaron una baja correlación con el
cociente de empatía, y del índice de concentración,
que correlacionó levemente con el cociente de sistema-
tización, no se encontraron correlaciones estadística-
mente signicativas entre las variables que evaluaron
funciones ejecutivas y los cocientes de sistematización
y empatía en su conjunto (ver Tabla 4).
Discusión
El objetivo de nuestro trabajo fue evaluar las funcio-
nes ejecutivas en padres y madres biológicos/as, con
hijos/as con diagnóstico de trastorno del espectro au-
tista (TEA), con el propósito de analizar característi-
cas y comportamientos que pueden compartir con sus
hijos en este aspecto, a n de elaborar lineamientos y
estrategias que mejoren los procesos de orientación a
la familia, ajustándose a las características de sus cui-
dadores, para una mejor y más eciente participación
en el tratamiento de sus hijos/as.
Como resultado en nuestro estudio pudimos ob-
servar que, en concordancia con la bibliografía pu-
blicada previamente (Caero et al., 2019), los padres
de hijos/as con diagnóstico de TEA, presentaron un
Tabla 3. Resultados del análisis de las variables por grupo
Pruebas
neuropsicológicas
Grupo de padres con
hijos/as con autismo
n=30
Grupo de padres con
hijos/as sin autismo
n=30
Prueba t de
igualdad de
las medias
(,)
Media Desvío Media Desvío pTamaño del
efecto
Aritmética *** 6,63 2,61 8,27 2,34 -2,54 (58) 0,01 0,65
Búsqueda de símbolos*** 7,20 2,26 9,23 2,71 -3,15 (58) <0,01 0,81
Dígitos*** 7,37 2,60 8,87 2,46 -2,29 (58) 0,02 0,60
Claves*** 7,67 2,24 9,00 2,51 -2,16 (58) 0,03 0,55
Memoria de trabajo
(valores compuestos:
aritmética y dígitos)*****
84,13 13,96 92,50 13,28 -2,37 (58) 0,02 0,61
Velocidad de procesamiento (valores
compuestos: búsqueda de símbolos
y claves)*****
87,60 10,57 96,87 12,76 -3,06 (58) <0,01 0,80
Puntuación Palabra-Color inhibición
(Stroop)* 44,07 8,47 50,53 5,72 -3,46 (58) <0,01 0,98
Puntuación interferencia (Stroop)** 51,87 8,75 54,73 6,77 -1,41 (58) 0,16 -
Comisiones (D2)* 35,97 23,29 40,47 26,09 0,48 -
Efectividad en la prueba
(TOT) (D2)****** 30,27 21,19 44,40 26,69 -2,27 (58) 0,02 0,58
Índice de Concentración (CON)
(D2)****** 27,13 19,62 44,33 25,68 -2.91 (58) <0,01 0,75
TMT (Trail Making Test)
parte B **** 4,28 3,01 3,54 2,18 1,09 (58) 0,27 -
Cantidad de respuestas
perseverativas (Test Wisconsin)* 17,73 9,85 17,67 11,74 0,024 (58) 0,98 -
Número de categorías
completas (Test Wisconsin)* 5 1,41 5,17 1,46 0,11 (58) 0,65 -
Fallos en mantenimiento del Set
(Test Wisconsin)* 0,80 1,06 0,77 1,22 -0,448 (56) 0,91 -
Abreviaciones: EQ: coeciente de empatía; SQ-R: cociente de sistematización; TMT: trail making test; *p: puntaje bruto; ** puntaje T; *** puntaje esca-
lar; **** puntaje Z; ***** puntaje estándar; ****** puntaje Pc.
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Décit en funciones ejecutivas en padres y madres de niños/as con trastorno del espectro autista
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 59-66.
mayor compromiso en funciones ejecutivas. Si bien
la función ejecutiva global no presentó dicultades,
se observó una afectación de algunos subsistemas
especícos. A diferencia de nuestro trabajo, algunos
autores informaron un compromiso en planicación,
inhibición y exibilidad (Hughes et al., 1997), mien-
tras que otros, en forma similar a nuestros resultados,
constataron un menor rendimiento en velocidad de
procesamiento, atención y memoria de trabajo (Wong
et al., 2006). Diversos trabajos han analizado la dis-
crepancia en el perl de funciones ejecutivas afectadas
en familiares de personas con TEA, observando que
las dicultades en exibilidad cognitiva y teoría de la
mente de los padres de niños con TEA se relaciona-
ron mayormente con los rasgos autistas, a diferencia
de otras funciones ejecutivas que no mostraron di-
cha asociación (Jones et al., 2018; Cheng et al., 2021).
Esta situación podría explicar la falta de correlación
encontrada en nuestro estudio entre las distintas fun-
ciones ejecutivas y los cocientes de empatía y sistema-
tización, dado que en nuestra población de estudio no
hubo diferencias en estos cocientes entre los padres de
niños/as con TEA y aquellos con niños neurotípicos.
El menor rendimiento en pruebas que evalúan
teoría de la mente (ToM) sugiere la existencia de una
menor capacidad de atribuir a otras personas esta-
dos mentales y emocionales en individuos con TEA
(Grañana, 2014; Martos Pérez & Paula-Pérez, 2011).
Aunque esta teoría puede explicar muchas de las con-
ductas que caracterizan el autismo, especialmente las
dicultades en las habilidades sociocomunicativas, no
logra dar una explicación para otras características no
sociales de la condición. Cuando mencionamos a las
características no sociales, nos referimos a la presen-
cia de conductas repetitivas y restrictivas, intereses
restringidos, rigidez y perseveración, dicultades para
la planicación y un patrón irregular en cuanto al uso
de la inteligencia (Martos-Pérez & Paula-Pérez, 2011).
Uno de los modelos cognitivos propuestos para
explicar tanto las dicultades sociales como las no
sociales del autismo es la teoría del décit en funcio-
nes ejecutivas (Martos-Pérez & Paula-Pérez, 2011;
Talero-Gutiérrez et al., 2015). En nuestro estudio, si
bien la población de padres con hijos/as con TEA no
se diferenció de los padres con hijos/as neurotípicos
en la presencia de rasgos autistas medidos mediante
los cocientes de empatía y sistematización, se obser
un mayor compromiso de funciones ejecutivas espe-
cícas, especialmente de la memoria de trabajo y la
velocidad de procesamiento. Estas funciones no mos-
traron correlación con los rasgos autistas evaluados.
Estos resultados podrían estar evidenciando la
existencia de un estilo diferente en los mecanismos
vinculados a los procesos de empatía-sistematización
en los sujetos con TEA. Las particularidades obser-
vadas en el grupo de padres y madres con hijos con
autismo podrían explicarse bajo el concepto de feno-
tipo ampliado, según el cual los padres biológicos de
niños/as con autismo presentan un perl de funcio-
namiento autista, aun sin cumplir con todos los cri-
Tabla 4. Correlación entre el cociente de empatía y sistematización y las pruebas de funciones ejecutivas
Cociente de empatía Cociente de sistematización
rsp p rsp p
Aritmética 0,24 0,06 0,12 0,33
Búsqueda de símbolos -0,003 0,98 -0,08 0,54
Dígitos 0,18 0,15 0,11 0,37
Claves 0,25 0,04* 0,15 0,25
Índice de velocidad de procesamiento 0,17 0,18 0,045 0,73
Índice de memoria de trabajo 0,28 0,03* 0,08 0,52
Trail Making Test B 0,009 0,94 -0,14 0,27
TEST WISCONSIN Cantidad de respuestas perseverativas -0,2 0,11 0,08 0,55
TEST WISCONSIN Fallos del mantenimiento del set 0,18 0,17 0,04 0,74
STROOP Palabra-color 0,18 0,15 0,03 0,81
STROOP Interferencia -0,05 0,70 0,13 0,92
D2 Índice de concentración 0,13 0,28 0,29 0,02*
D2 Variabilidad 0,03 0,77 0,01 0,93
rs: coeciente de correlación de Spearman; p: signicancia estadística; p< 0,05.
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Décit en funciones ejecutivas en padres y madres de niños/as con trastorno del espectro autista
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 59-66.
terios diagnósticos (Sasson et al., 2013; Dawson et al.,
2005). La prevalencia del fenotipo ampliado en autis-
mo muestra que entre el 20 y el 50 % de las personas
que tienen un familiar con esta condición presentan al
menos una característica relacionada con aquellas que
componen el perl de una persona con autismo. Estas
características pueden ser cognitivas, comunicacio-
nales o conductuales, y su expresión es de intensidad
leve, pudiendo tener un menor impacto en el funcio-
namiento de la persona (Wallace et al., 2016).
En nuestro estudio no analizamos el perl cogni-
tivo de los hijos/as lo que no nos permitió establecer
una correlación entre esta información y el compro-
miso en funciones ejecutivas de sus padres. Otra li-
mitación de nuestro trabajo fue que no analizamos la
presencia de un trastorno por décit de atención aso-
ciado. No obstante, creemos que nuestros hallazgos,
en concordancia con la bibliografía, suman informa-
ción pertinente sobre este aspecto del perl cognitivo
de los padres con hijos/as con TEA.
En conclusión, nuestros resultados sugieren que
existe un compromiso en funciones ejecutivas en pa-
dres de niños/as con TEA. Se observaron asociaciones
positivas de magnitud débil entre empatía y memoria
de trabajo y Claves, y entre sistematización y los índices
de efectividad y concentración del D2. No se observa-
ron asociaciones signicativas con las restantes medi-
das neuropsicológicas evaluadas. Los hallazgos descrip-
tos deberían tenerse presentes al momento de elaborar
estrategias terapéuticas que involucren a los padres, de
forma de lograr una mayor adherencia y participación
de ellos en los tratamientos de sus hijos, lo cual llevará a
alcanzar mejores y más ecientes resultados.
Financiamiento: los autores no contaron con ayuda o
nanciamiento económica para la realización del pre-
senta manuscrito.
Conicto de intereses: los autores del presente manus-
crito no presentan conictos de interés.
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66
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Artículo de revisión
67
Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica,
diagnóstico y tratamiento
Psychotic depression: a systematic review of its clinical aspects, diagnosis and treatment
Micaela Dines1, Paloma Bamondez2, Delna Ailán3, Silvina Domínguez4,
Marcelo Cetkovich-Bakmas5
RECIBIDO 16/5/2025 - ACEPTADO 20/7/2025
1.Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández; Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (Consejo Nacional de Investigaciones Cientí-
cas y Técnicas - Fundación INECO - Universidad Favaloro); Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0004-0155-327X
2.Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández; Instituto de Neurología Cognitiva INECO; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0009-0007-1174-774X
3.Instituto de Neurología Cognitiva INECO; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0003-3819-8844
4.Instituto de Neurología Cognitiva INECO; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0009-0986-1943
5.Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y Técnicas - Fundación INECO - Universidad
Favaloro); Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0001-6822-1406
Autora correspondiente:
Micaela Dines
micaeladines.hfer@gmail.com
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 67-77. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1065
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1065
Resumen
La depresión psicótica (DP) es una manifestación grave de la depresión mayor que se caracteriza por la
presencia de síntomas psicóticos, como alucinaciones y delirios, junto con los signos y síntomas típicos de
la depresión. Este trastorno presenta desafíos signicativos tanto en el diagnóstico como en el tratamiento
debido a la complejidad de sus manifestaciones clínicas. Se llevó a cabo una revisión sistemática del tema con
el objetivo de delimitar los aspectos fundamentales de la DP, incluyendo su denición, características clínicas,
diagnóstico diferencial, y estrategias terapéuticas con el n de proporcionar una visión integral y actualizada
para los profesionales de salud sobre la DP, contribuyendo a una mejor comprensión y manejo clínico de este
trastorno psiquiátrico grave.
Palabras clave: depresión, psicosis, síntomas psicóticos, delirios-melancolía
Abstract
Psychotic depression (PD) is a severe manifestation of major depressive disorder characterized by the presence of
psychotic symptoms, such as hallucinations and delusions, alongside the typical signs and symptoms of depression. This
condition poses signicant challenges in both diagnosis and treatment due to the complexity of its clinical presentation.
A systematic review was conducted with the aim of outlining the fundamental aspects of PD, including its denition,
clinical features, differential diagnosis, and therapeutic strategies. The goal is to provide healthcare professionals with a
comprehensive and up-to-date overview of PD, contributing to a better understanding and clinical management of this
serious psychiatric disorder.
Keywords: depression, psychosis, psychotic symptoms, delusions, melancholia
68
Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica, diagnóstico y tratamiento
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 67-77.
Métodos
Estrategia de búsqueda
Esta revisión sistemática siguió las pautas PRISMA
(Page et al., 2021). Se realizó una búsqueda sistemática
en cinco bases de datos electrónicas, desde su creación
hasta febrero de 2025, incluyendo MEDLINE, Pub-
Med, Embase y Google Scholar (La Tabla 1 resume
la estrategia de búsqueda). Los términos de búsqueda
incluyeron: “epidemiology and psychotic depression,
genetic and psychotic depression, “psychotic depres-
sion, “psychotic depression and dierential diagno-
sis, “major depressive disorder and psychosis”, “me-
lancholia. También realizamos una búsqueda manual
de las referencias en los informes identicados. Tres
autores (MD, PB y DA) revisaron independientemen-
te los títulos, resúmenes y textos completos de los in-
formes identicados, y cualquier discrepancia se resol-
vió por consenso. Los estudios incluidos podían ser: [a]
adultos ambulatorios o hospitalizados (edad ≥18 años)
de cualquier sexo y en cualquier entorno, diagnostica-
dos con DP según los criterios diagnósticos internacio-
nales estándar (DSM o ICD) que aborden temas tales
como la clínica, diagnóstico diferencial, epidemiologia,
neuroimágenes, genética y cognición. Se excluyeron los
informes que no eran en los idiomas establecidos (in-
glés o español) o que incluyeron menos de 20 sujetos
por grupo, así como revisiones, editoriales y resúmenes
de conferencias.
Introducción y evolución del concepto
La DP es un cuadro grave en el cual, junto a los sínto-
mas de depresión se desarrollan manifestaciones de la
vertiente psicótica, ya sea en la forma de alucinacio-
nes o delirios; con frecuencia, pero no siempre, estos
pueden tener rasgos fenomenológicos coherentes con
los síntomas depresivos, como es el caso de las ideas
de ruina y culpa delirantes. Rothschild ha estudiado la
depresión psicótica y plantea que, además de haber sido
reconocida a lo largo de la historia, es más frecuente de
lo que solemos aceptar, ya que una exploración inade-
cuada de los síntomas psicóticos evita su reconocimien-
to (Rothschild., 2008). Por otro lado, el debate acerca
de su identidad permanece abierto; mientras algunos
la piensan como un síndrome diferente dentro de los
trastornos afectivos, otros plantean que la aparición de
los síntomas psicóticos va de la mano de la gravedad del
cuadro (Schatzberg y Rothschild, 1992).
Pese a su elevada frecuencia e impacto negativo en
el pronóstico, las manifestaciones psicóticas durante la
depresión son un fenómeno subestimado y mal explo-
rado (Dubovsky y col, 2021; Rothschild, 2008). Es obje-
to de un debate persistente su identidad como categoría
o extremo del espectro de los trastornos afectivos.
El estudio de la arquitectura clínica de los trastor-
nos afectivos encuentra el escollo de la confusión de
los planos epistémicos, donde confunde fenomenolo-
gía con consideraciones etiopatogénicas; para ilustrar,
basta repasar la azarosa trayectoria de los términos
psicosis, neurosis, endógeno y reactivo.
En 1784 Cullen denomina neurosis a las condicio-
nes producidas por afecciones del sistema nervioso, lo
que hoy denominaríamos orgánico. Feuchterleben en
1854 introduce el término Psicosis o Psicopatías para
designar los trastornos de la personalidad, incluyendo
a la manía, la melancolía, la demencia y la idiocia (Beer,
1996). En 1875 Möbius designa como psicosis endó-
genas la histeria, la melancolía, la manía y la paranoia.
Más tarde las diferenciaría de las psicosis exógenas,
idea recogida por Jaspers y Kraepelin, que madura en
los tipos de reacciones exógenas de Bonhoeer.
El término endógeno es oscuro y Berrios lo consi-
dera un contrabando semántico, cuyo origen radica en
la botánica. Morel lo incorpora en 1857 en su teoría de
la degeneración, que postulaba la transmisión de gra-
dos progresivos de severidad de los trastornos mentales
de generación en generación (Berrios, 1988). Anlage,
el primer término que utilizó Mendel para designar a
los genes (Kendler, 2005), adquiere posteriormente un
signicado confuso que articula lo innato, abarcando lo
genético y lo psicogénico (Berrios, 1988).
Tabla 1. Diagrama de ujo PRISMA
Identicación de estudios en bases de datos electrónicas
Identicación 48 estudios identicados
Estudios removidos antes del screening:
2 duplicados
13 removidos por: datos insucientes, <18 años, <20 pacientes
Screening 35 trabajos revisados 5 trabajos fueron removidos por no cumplir con los criterios de inclusión
Incluidos 30 trabajos fueron incluidos
para su revisión
69
Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica, diagnóstico y tratamiento
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 67-77.
En la psiquiatría europea, los síntomas psicóticos
en la depresión no tienen una connotación especial,
pero sí se asocian claramente con la melancoa. Se-
gún Bürgy (2008), Jaspers y Schneider establecieron
una nosología basada en la distinción entre condicio-
nes psicóticas (endógenas) y neuróticas (reactivas),
desarrollando un sistema diádico. Las psicosis, vistas
como enfermedades somáticas con manifestación
mental, requerían tratamiento biológico, mientras que
las neurosis, derivadas de experiencias vitales, eran
abordadas con psicoterapia. Esta clasicación se apli-
có a las depresiones: las formas endógena, ciclotímica,
melancólica y vital se agruparon como psicosis, dife-
renciándose de las depresiones reactivas, neuróticas
y vinculadas a la personalidad. Este proceso reeja la
calibración progresiva de los términos psicopatológi-
cos descrita por Berrios (1984).
Para Leonhard, los síntomas psicóticos pueden
presentarse tanto en la psicosis maníaco-depresi-
va como en la maa y melancoa puras (Leonhard,
1999). Kraepelin también los describe como frecuen-
tes en la enfermedad maníaco-depresiva, especial-
mente en formas graves de depresión como la me-
lancolía grave, paranoide y fantástica, siempre dentro
de una concepción unitaria del trastorno (Kraepelin,
1899). En la tradición fenomenológica, la depresión
psicótica (DP) se entiende como una forma grave de
depresión, no como una entidad distinta. Tellenbach
(2013) identica al Typus Melancholicus como la per-
sonalidad vulnerable a la DP, caracterizada por hiper-
nomia, rigidez, orden y vínculos simbióticos, lo que,
ante rupturas vitales, puede dar lugar a síntomas de-
lirantes centrados en culpa o ruina, incluso al delirio
nihilista de Cotard (Fuchs, 2019; Dörr-Zegers, 2019).
Bürgy (2018), coincidiendo con Rothschild y Parker,
propone que la DP pudiera constituir una entidad
separada, con la inhibición como núcleo, siendo la
melancoa una precondición. Aunque se asocian sín-
tomas melancólicos con la DP, no hay consenso. Par-
ker et al. (1997) y Martino et al. (2019) propusieron
criterios diagnósticos para la melancolía basados en
datos, pero excluyeron los síntomas psicóticos por fal-
ta de acuerdo. Pese a que muchos expertos consideran
que la melancolía es un subtipo de depresión (Parker et
al., 2010), el DSM-5 considera los síntomas psicóticos
como un especicador independiente de los rasgos me-
lancólicos (APA, 2014), lo que representa una solución
transitoria aceptada.
Donald Klein (1974) destacaba la complejidad del
debate sobre la estructura nosográca de los trastornos
afectivos, especialmente en relación con la posición de
la DP. Señalaba la oposición entre modelos unitarios y
binarios, y entre enfoques tipológicos y dimensiona-
les. El término “endógeno, descrito por Berrios como
contrabando semántico” (Berrios, 1988), combinaba
aspectos clínicos y etiológicos, en contraste con el con-
cepto de “neurótico, asociado a trastornos emocionales
crónicos con rasgos como baja autoestima, dependen-
cia e irritabilidad. Klein diferenciaba la DP por síntomas
como pérdida de interés, anorexia, ideación suicida,
perplejidad temerosa e inhibición o agitación, y pro-
ponía abandonar las dicotomías “reactivo-endógeno” y
neurótico-psicótico” como categorías, usándolas solo
como calicativos. Sugería una clasicación basada en
el complejo sintomático (retardado, agitado, disfórico),
permitiendo diagnósticos como “depresión agitada en-
dogenomórca, reactiva, leve, con valor descriptivo y
terapéutico. Aunque el término “endogenomórco
no prosperó, anticipaba un modelo dimensional inte-
grador de factores biológicos y psicogénicos, similar al
modelo diátesis-estrés de Beck (2008). Akiskal y Mc-
Kinney (1973), tras revisar modelos etiopatogénicos
desde el psicoanálisis hasta las monoaminas, propusie-
ron un núcleo sindrómico común —retardo psicomo-
tor o agitación, abatimiento, desesperanza, insomnio,
pérdida de apetito y libido— como vía nal común de
mecanismos psicobiológicos.
EL DSM-II mantenía la distinción entre depre-
sión endógena y neurótica. En ese contexto, previo a
la edición siguiente del manual, un grupo de investi-
gadores desarrollan el primer intento de operaciona-
lización diagnóstica basada en un consenso extenso,
los Criterios Diagnósticos de investigación (RDC)
(Spitzer y Endicott, 1978). Allí, el TDM incluye sub-
tipos, entre los que se encuentran las categorías Psi-
cótica y Endógena; la primera implicaba la existencia
de alucinaciones delirio o estupor. La segunda incluía
la constelación de síntomas neurovegetativos en for-
ma independiente de la existencia o no de factores
precipitantes. Por su parte, el deterioro severo en el
funcionamiento denía otra categoría que era el Tras-
torno Depresivo Mayor Incapacitante. El RDC marca
el movimiento hacia una conceptualización agnóstica
en lo etiológico del DSM-III, donde la DP se convierte
en un subtipo, con síntomas psicóticos (alucinacio-
nes, delirios) o melancólicos, sin consideración sobre
lo incapacitante. En el DSM-IV la DP es un subtipo
grave, caracterizado por la presencia de delirios y alu-
cinaciones. En el DSM-5 la severidad y la presencia
de síntomas psicóticos son especicadores diferentes,
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Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica, diagnóstico y tratamiento
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 67-77.
por lo que la depresión no necesita ser grave para te-
ner síntomas psicóticos (Dubovsky, 2021). Por otro
lado, el especicador de curso con síntomas psicóti-
cos puede estar presente tanto en la depresión bipolar
como en la depresión mayor (APA, 2013).
Epidemiologia y genética
La comprensión de la epidemiología de la DP es fun-
damental para el desarrollo de estrategias preventivas
y terapéuticas ecaces.
Prevalencia y factores de riesgo
La prevalencia de síntomas psicóticos en trastornos del
ánimo, particularmente en el trastorno bipolar tipo I
(TBI), es signicativa. Estudios recientes han estimado
una prevalencia a lo largo de la vida del 63 % en TBI y
del 22 % en trastorno bipolar tipo II (TBII) (Amino
et al., 2020). En episodios agudos de depresión mayor
psicótica, la prevalencia puntual de síntomas psicóticos
alcanza el 54 % en TBI, con una distribución del 57 %
en episodios maníacos y del 13 % en episodios depresi-
vos (Amino et al., 2020).
Diversos factores de riesgo ambientales han sido
implicados en el desarrollo de DP (ver Tabla 2). La
edad paterna avanzada (>40 años), complicaciones
obstétricas (edad gestacional temprana o tardía), ad-
versidad infantil y abuso de sustancias se han asociado
signicativamente con un mayor riesgo (Rodriguez et
al., 2021). Además, la minoría étnica y la migración
representan factores de vulnerabilidad adicionales
(Rodriguez et al., 2021). Estos hallazgos respaldan la
hipótesis del neurodesarrollo, que postula que la inte-
racción entre factores genéticos y ambientales tempra-
nos inuye en la trayectoria de la psicosis.
Depresión psicótica y suicidio
La presencia de síntomas psicóticos en la DP se aso-
cia con un riesgo signicativamente mayor de suicidio
consumado. Un metaanálisis publicado por Gourne-
llis et al. (2018), que incluyó nueve estudios y 33 873
pacientes (828 suicidios), encontró un OR jo de 1.21
(IC 95 %: 1.04–1.40) para suicidio consumado entre
pacientes con DP frente a depresión sin psicosis. En
un subanálisis, el OR aumentó a 1.69 (IC 95 %: 1.16–
2.45) en casos de depresión grave. Otro metaanálisis
previo de 2017, enfocado en intentos de suicidio, reve-
ló un aumento del riesgo de 2.11 veces durante la vida
y 1.93 veces durante la fase aguda del episodio depre-
sivo. Durante estos episodios agudos, la DP también
se ha asociado con tasas más altas de ideación e inten-
tos de suicidio, con frecuencia mediante métodos más
violentos (Kruizinga et al., 2021).
Un estudio de seguimiento de 18 años en Finlan-
dia encontró que la DP aumenta signicativamente el
riesgo de mortalidad en comparación con la depre-
sión no psicótica severa. Los pacientes con DP tienen
un riesgo mayor de suicidio (HR ajustado = 2.36) y ac-
cidentes fatales (HR ajustado = 1.63) en los primeros
cinco años después del diagnóstico. La mortalidad es
más alta en el primer año y se mantiene elevada a largo
plazo. La intervención temprana y el monitoreo inten-
sivo son cruciales para reducir estos riesgos (Päljärvi
et al., 2023) El estudio de cohortes de cinco años del
mismo grupo, encontró que la DP duplica el riesgo de
suicidio en comparación con la depresión no psicótica
severa. Los pacientes con DP tienen un riesgo signi-
cativamente mayor de suicidios violentos, como saltar
desde lugares altos o accidentes de tráco (HR ajustado
= 3.03). La mayoría de los suicidios ocurren en los pri-
meros dos años después del diagnóstico. La interven-
ción temprana y el monitoreo intensivo son cruciales
para reducir estos riesgos (Päljärvi et al., 2023).
A pesar de la alta prevalencia y el riesgo asociado
de suicidio, la evidencia sobre la ecacia de interven-
ciones preventivas universales para la DP es limitada;
se tomaron en cuenta tratamiento psicologico grupal
(presencial y virtual), tratamiento psicológico (pre-
sencial y virtual), deporte, variables económicas, far-
macológicas y psicoeducación. El metaanálisis citado
en la bibliografía (Brodeur, S. et al., 2024) de ensayos
controlados aleatorizados no encontró estudios so-
Tabla 2. Factores de riesgo ambientales implicados en
el desarrollo de la depresión psicótica.
Prenatales Edad paterna avanzada (mayor de 40
años)
Perinatales
Complicaciones obstétricas:
bajo peso al nacer (2500 a 2700 gr)
alto peso al nacer (mayor a 4500 gr)
edad gestacional temprana (menor a 37
semanas)
edad gestacional tardía (mayor a 42
semanas)
pequeño para la edad gestacional
Primera infancia Trauma infantil
Urbanidad al nacer
Factores etarios
posteriores
Abuso de sustancias
Minorías etnicas y/o migración
(Rodríguez et al., 2021)
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Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica, diagnóstico y tratamiento
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 67-77.
bre la prevención universal del trastorno bipolar o los
trastornos psicóticos, y mostró pruebas limitadas de
la ecacia de intervenciones universales para la depre-
sión. Se necesitan estudios futuros con diseños más
rigurosos y muestras más grandes para evaluar la e-
cacia de estrategias preventivas.
Clínica de la depresión psicótica
La DP se caracteriza por la presencia concomitante de
síntomas afectivos y psicóticos, típicamente delirios
y/o alucinaciones. Los contenidos de los delirios sue-
len ser congruentes con el estado de ánimo depresivo
e incluyen temáticas de culpa, ruina, enfermedad o
inutilidad, lo que indica una alteración profunda del
juicio y de la percepción de la realidad por parte del
paciente (Østergaard et al., 2014).
Uno de los aspectos clínicos más debatidos es la
distinción entre síntomas psicóticos congruentes o in-
congruentes con el estado de ánimo. Tradicionalmente
se ha considerado que la presencia de síntomas incon-
gruentes (por ejemplo, delirios paranoides sin conte-
nido depresivo) podría corresponder a una forma más
grave de DP y estar asociada a peor pronóstico (Dubo-
vsky et al., 2021). Sin embargo, la evidencia actual es
contradictoria. Si bien algunos estudios no encuentran
diferencias signicativas en cuanto a evolución clínica
o respuesta terapéutica, la distinción sigue siendo útil
en el diagnóstico diferencial, especialmente frente al
trastorno bipolar (TBP), donde los síntomas psicóticos
incongruentes son más frecuentes durante episodios
mixtos o maníacos (Dubovsky et al., 2021).
Pese a la gravedad de este cuadro clínico, actual-
mente no existe una escala validada especíca para
evaluar la severidad de la DP (Østergaard et al., 2014).
Esto representa una dicultad diagnóstica adicional,
sobre todo considerando que muchos pacientes no
reportan espontáneamente los síntomas psicóticos,
ya sea por falta de conciencia de síntoma o enferme-
dad, por sentimientos de vergüenza o por temor a la
estigmatización. Por ello, es esencial que la entrevista
clínica incluya preguntas dirigidas que exploren no
solo los síntomas depresivos, sino también creencias
irracionales persistentes, experiencias sensopercepti-
vas (especialmente visuales), pensamientos de culpa
excesiva o ideas de desesperanza extrema, que pueden
funcionar como indicadores indirectos de síntomas
psicóticos encubiertos.
En general, los pacientes con DP presentan un
cuadro clínico más grave que aquellos con depresión
no psicótica. Se observa con frecuencia una mayor
intensidad de los síntomas depresivos, incluyen-
do insomnio severo, agitación psicomotora o, por el
contrario, inhibición motriz, pérdida signicativa de
peso, ideación suicida activa y sentimientos de des-
esperanza profunda (Rothschild, 2009). A su vez, el
estudio STOP-PD encontró que el retardo psicomotor
se asocia a un peor pronóstico funcional a largo plazo
(Flint et al., 2021), lo que refuerza la necesidad de una
evaluación minuciosa de estos signos clínicos.
En este punto, se abre un debate de interés clínico
y teórico: ¿cuál es la relación entre la DP y la melan-
colía? Tradicionalmente, la melancolía se ha denido
por una marcada inhibición psicomotriz, anhedonia,
pérdida de reactividad emocional y desesperanza,
siendo considerada una forma particularmente gra-
ve de depresión. Alteraciones psicomotoras y neuro-
lógicas so como la inhibición psicomotriz ha sido
catalogada como un rasgo cardinal de la melancolía
(Martino et al., 2019; Valerio et al., 2023). No obs-
tante, los síntomas psicóticos también son frecuentes
en este subtipo, lo que complejiza aún más la distin-
ción entre DP y melancolía (Valerio et al., 2023). Este
solapamiento clínico ha llevado a diversos autores a
proponer modelos explicativos que intentan integrar
ambas entidades.
Se sugieren tres modelos posibles para explicar la
relación entre depresión no psicótica, DP y melanco-
lía (Parker, 2000):
1. Modelo de severidad lineal: propone una conti-
nuidad dimensional, donde la depresión no psicó-
tica evoluciona hacia la DP y nalmente hacia la
melancoa, en un eje de creciente gravedad clínica.
2. Modelo de vía nal común: plantea que distintos
factores etiopatogénicos —ambientales, neuroquí-
micos y psicológicos— conuyen en una misma
vía neurobiológica nal que da lugar a un cuadro
clínico compartido, aunque con expresiones sinto-
máticas variables.
3. Modelo dimensional y diferencial: considera que
la depresión, la DP y la melancolía no representan
grados de severidad de un mismo trastorno, sino
entidades diferenciadas que comparten algunos
síntomas, pero que están determinadas por meca-
nismos genéticos y moleculares parcialmente dis-
tintos. Desde esta perspectiva, los síntomas psicó-
ticos y melancólicos pueden co-ocurrir sin que ello
implique una relación lineal entre ellos.
Este último modelo ha ganado fuerza en años recien-
tes a partir de hallazgos en genética y biología mole-
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Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica, diagnóstico y tratamiento
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 67-77.
cular. En particular, Kendler (2021) señala que la ex-
presión clínica de los trastornos del estado de ánimo
podría explicarse por interacciones complejas entre
múltiples genes de pequeño efecto, junto con factores
ambientales. Si bien los datos aún son incipientes, al-
gunos estudios sugieren que ciertos perles genéticos
podrían predisponer diferencialmente a la aparición de
síntomas psicóticos o melancólicos, lo cual respaldaría
la idea de mecanismos etiológicos parcialmente inde-
pendientes, como plantea el tercer modelo de Parker.
En resumen, la clínica de la DP requiere una eva-
luación cuidadosa y sistemática que contemple tanto
la gravedad del episodio depresivo como la detección
activa de síntomas psicóticos, incluso cuando estos no
son claramente reportados. Las zonas grises entre DP,
melancoa y TBP, así como la falta de instrumentos
diagnósticos especícos, representan desafíos clínicos
considerables.
Cognición y neuroimágenes
Recientemente, el estudio de la DP ha comenzado a
integrar enfoques neurocognitivos y neurobiológicos
para entender más profundamente sus mecanismos
subyacentes. La DP ha sido tradicionalmente aborda-
da desde una perspectiva clínica y fenomenológica, y
demostró estar asociada a alteraciones especícas tan-
to a nivel cognitivo como estructural y funcional. La
inclusión de métodos objetivos, tales como las pruebas
neuropsicológicas y las técnicas de neuroimagen, per-
mitió identicar patrones de disfunción que podrían
diferenciar a la DP de otras formas de depresión ma-
yor. En esta sección se revisan los principales hallaz-
gos en estas áreas, y se destacan las diferencias cogni-
tivas y los marcadores neuroanatómicos que podrían
contribuir a una mejor caracterización diagnóstica.
Neuroimágenes
Un estudio evaluó la conectividad cerebral en estado
de reposo en pacientes con DP diagnosticada de forma
tardía (Oudega et al., 2019). Se los comparó con pacien-
tes deprimidos sin síntomas psicóticos. Los resultados
sugieren que la DP podría asociarse a una conectividad
funcional disminuida en la red frontoparietal, implica-
da en procesos de control cognitivo como la atención y
la regulación emocional. Sin embargo, estos hallazgos
no se replicaron en todas las muestras estudiadas, lo
que indica la necesidad de más investigaciones.
Otro estudio analizó la atroa del hipocampo y la
corteza cingulada anterior subcallosa izquierda en pa-
cientes con depresión psicótica, utilizando resonancia
magnética (Bijanki et al., 2014). Los hallazgos mostra-
ron que los pacientes con DP tenían volúmenes más
pequeños en estas regiones.
Un estudio randomizado sobre 88 pacientes, en-
contró que el tratamiento con antipsicóticos podría
mejorar la conectividad cerebral y reducir la atroa en
áreas como el córtex prefrontal y el hipocampo (Voi-
neskos et al., 2020). Sin embargo, la magnitud de estos
efectos varía en función de la medicación y la respues-
ta individual.
Una revisión sistemática analizó las diferencias en
las imágenes de resonancia magnética estructural y
funcional entre pacientes con DP y pacientes con de-
presión no psicótica (Müller et al., 2017). Si bien in-
cluye pocos estudios, los resultados muestran que las
alteraciones en el volumen de la corteza frontal y la
corteza insular podrían diferenciar mejor la depresión
psicótica de la no psicótica que las áreas relacionadas
con el procesamiento emocional, tales como el hipo-
campo y la amígdala.
Otra revisión encontró que los pacientes con
muestran alteraciones signicativas en áreas como el
córtex prefrontal, el hipocampo y la corteza cingulada
(OConnor et al., 2017). También se observan diferen-
cias en la actividad cerebral, en particular en la amíg-
dala y el córtex orbitofrontal.
Cognición
Un metaanálisis comparó el desempeño cognitivo
entre pacientes con TDM unipolar y pacientes con
TDM con características psicóticas (Zaninotto et al.,
2015). Los resultados mostraron que los pacientes con
DP presentaron un rendimiento cognitivo general
inferior, en especial en tareas de aprendizaje verbal,
aprendizaje visual y velocidad de procesamiento.
Diagnóstico diferencial
La dicultad que presenta este cuadro en ser diagnos-
ticado y distinguido de otras entidades dentro de los
diagnósticos en salud mental supone un desafío clínico.
Dentro de los cuadros donde podemos encontrar
sintomatología psicótica y afectiva (síntomas carac-
terísticos de la depresión psicótica), se encuentran la
esquizofrenia, el trastorno esquizoafectivo, el trastor-
no bipolar, la depresión mayor, y otras condiciones
cómo el trastorno de estrés postraumático y algunos
trastornos de personalidad cómo el trastorno límite.
Lo cual puede llevar a un desafío clínico al momen-
to de diagnosticar la DP como tal. (Duvobsky et. Al
2021). La clave para distinguirlo de estos cuadros re-
caería en la edad de aparición y antecedentes previos
del individuo. La evidencia sugiere que la aparición
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Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica, diagnóstico y tratamiento
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 67-77.
de síntomas psicóticos estaría relacionada con una
historia familiar de antecedentes de psicosis en forma
independiente de los síntomas afectivos, postulando
un fenotipo transdiagnóstico de psicosis (Van Os et
al., 201. A su vez, tal como se mencionó, los pacientes
con depresión psicótica tienden a presentar síntomas
depresivos más severos (como pérdida de peso, in-
somnio, agitación psicomotora e ideación suicida) en
comparación con aquellos con depresión no psicótica.
A su vez se puede observar que los décits cogniti-
vos en la DP son más pronunciados, especialmente en
áreas como la velocidad psicomotora, habilidades mo-
toras, atención y aprendizaje, generando una gran dis-
minución de las actividades del paciente (Zaninotto et
al., 2015). También dentro de las formas más severas
de estados depresivos encontramos la melancolía de la
cual la DP se diferencia por la presencia de síntomas
psicóticos especícos, como delirios y alucinaciones,
y por niveles más altos de perturbación psicomotora.
Aunque ambos comparten características de depre-
sión severa, la DP incluye elementos psicóticos que no
están presentes en la melancoa (Parker., 2000).
El diagnóstico diferencial entre la DP y la esquizo-
frenia puede plantear dicultades, sobre todo en epi-
sodios iniciales. El contexto clínico-evolutivo, así como
la búsqueda del patrón global de síntomas negativos, así
como la evaluación subjetiva de los síntomas depresivos,
que suele ser menos intensa en personas con esquizo-
frenia, serán los elementos a tener en cuenta (Galderisi
et al., 2021) Dentro de los cuadros donde encontramos
más desafío para distinguir la DP encontramos en tras-
torno bipolar con características psicóticas, especial-
mente durante los episodios depresivos. Sin embargo,
la DP tiende a tener una presentación más uniforme de
síntomas depresivos severos y psicóticos, mientras que
el trastorno bipolar puede incluir episodios maníacos o
hipomaníacos o incluso estados mixtos.
Es fundamental conocer en profundidad las ca-
racterísticas clínicas no solo de la DP sino de dichos
cuadros que pueden confundirnos a la hora de dar un
diagnóstico preciso, siendo esto necesario para brin-
dar a aquellos que presentan esta condición un trata-
miento acertado y efectivo.
Tratamiento
La DP resulta un cuadro sumamente poco estudiado,
limitando las conclusiones sobre cuál es el tratamiento
más efectivo, esta incertidumbre rodea a todos aque-
llos que se ven enfrentados a tratar este tipo de cua-
dros. Esta problemática es tal que solo el 5 % de estos
pacientes recibirá un tratamiento adecuado (Dubovs-
ky et al., 2021).
El pensamiento tradicional se inclinaría a que el
tratamiento con antidepresivos sería efectivo sobre los
síntomas depresivos, mientras que el uso de antipsicóti-
cos inuiría en los síntomas psicóticos de los pacientes
afectados con DP, por lo cual la tendencia sería utilizar
un tratamiento combinado (con antidepresivos y antip-
sicóticos) para cubrir ambos targets sintomáticos (Ker-
matian et al., 2023; Gelenberg et al., 2010; Bauer et al.,
2013: Vazquez et al., 2026).
El estudio STOP-PD (Study of the Pharmacothe-
rapy of Psychotic Depression) es una importante in-
vestigación centrada en el tratamiento farmacológico
de la depresión psicótica. Se ha desarrollado en varias
fases, siendo el estudio original (STOP-PD I) y su con-
tinuación (STOP-PD II) los más destacados. El primer
reclutamiento se efectuó entre 2002 y 2007. Entre sus
hallazgos más importantes están la conrmación del
infradiagnóstico de la depresión psicótica, la ecacia
de la combinación de antidepresivos y antipsicóticos,
y la importancia de la continuación del tratamiento
combinado (Meyers et al., 2009; Flint et al., 2019)
El reciente metaanálisis de Oliva y colaboradores
del 2024, el primero que aborda el tema del tratamien-
to de la DP, se destaca: la preeminencia de la utilidad
de la combinación de antidepresivos con antipsicóti-
cos por sobre la monoterapia con cualquiera de ellos,
particularmente ISRS y antipsicóticos de segunda ge-
neración. También destaca la vigencia del uso de los
antidepresivos tricíclicos así como de la combinación
olanzapina-uoxetina.
Sin embargo, muchos consideran la DP cómo una
forma severa de depresión y que los síntomas psicó-
ticos resultan sólo una consecuencia directa de la se-
veridad del cuadro depresivo, por lo cual el target te-
rapéutico principal debería ser con antidepresivos en
monoterapia (Dubovsky et al., 2021).
Por otro lado, existen otros autores que proponen
la monoterapia con antipsicóticos cómo el tratamien-
to exitoso en este tipo de cuadros, aunque actualmente
esto no se encuentra avalado por ninguna guía de tra-
tamiento.
En algunos casos el litio ha sido estudiado cómo
un fármaco a considerarse cómo tratamiento en con-
junto con los antidepresivos presentando cierta utili-
dad para disminuir los síntomas suicidas, aunque se
necesitan más estudios sobre la utilidad de este en el
tratamiento de aquellos con DP.
Las recomendaciones dentro del tratamiento de
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Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica, diagnóstico y tratamiento
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 67-77.
primera línea realizadas por varias instituciones de
referencia (American Psychiatric Association (APA),
Canadian Psychiatric Association, South African
Psychiatric Association, Australia/New Zealand and
international guidelines, and the Texas Medication
Algorithm Project (TMAP)) avalan la combinación
terapéutica de antidepresivos + antipsicóticos, seña-
lando que la terapia que presenta una ecacia y tolera-
bilidad superiores frente a la monoterapia, es la com-
binada, mostrando tasas más altas de respuesta clínica
y remisión de síntomas tanto depresivos como psicóti-
cos, con menor tasa de abandono por efectos adversos
en comparación con la monoterapia antidepresiva o
antipsicótica (Kruizinga et al., 2021). Aunque ningún
fármaco en particular puede ser mencionado, ya que
no existe suciente evidencia sobre cuál sería la com-
binación adecuada.
Entre los tratamientos no farmacológicos más e-
caces se encuentra la terapia electroconvulsiva (TEC)
(Corrales et al., 2021). La misma presenta una alta e-
cacia y rápida respuesta, y su indicación debe darse
en situaciones en las que existe riesgo de vida y en la
aquéllas en las que hay un historial previo de buena
respuesta al tratamiento. Sin embargo, la poca dispo-
nibilidad y practicidad y los costos serían los factores
que intereren, así como los prejuicios que rondan
a esta terapéutica. Esta indicación es sostenida en la
gran mayoría de las guías internacionales de consenso
de tratamiento de los trastornos afectivos (Kermatian
et al., 2023; Gelenberg et al., 2010; Bauer et al., 2013;
Corrales et al., 2020), siendo referida cómo primera
línea de tratamiento por la APA, Canadian, TMAP,
Denmark, and International Guidelines y también
cómo primera línea de tratamiento en aquellos con
riesgo de suicidio asociado por las guías UK, Austra-
lia/New Zealand.
Ahora bien, una vez superada la fase aguda de la
DP y remitidos los síntomas psicóticos asociados al
cuadro, la duda recae sobre por cuánto tiempo de-
berían continuar los antipsicóticos durante la fase de
mantenimiento, ya que este tipo de fármacos puede
presentar varios efectos adversos asociados (ej. sín-
drome metabólico, síntomas extrapiramidales y an-
ticolinérgicos que pueden ser perjudiciales para los
usuarios. A su vez, el uso de los antipsicóticos en el
tratamiento de mantenimiento no se vio asociado a un
menor riesgo de readmisión hospitalaria en pacientes
con DP (Al-Wandi et al., 2023), por lo que podemos
decir que la evidencia con la que contamos sobre el
uso de los antipsicóticos en esta fase es limitada.
En resumen, podemos decir que, ante una DP, el
tratamiento inicial será combinar antidepresivos (de
preferencia ISRS) + antipsicóticos. En caso de que esto
no sea una opción viable o no haya respuesta el trata-
miento, se inclinará a utilizar medidas no farmacoló-
gicas cómo la TEC o la combinación de la terapéutica
inicial con litio.
Discusión
La presente revisión sistemática proporciona una
síntesis actualizada sobre la DP, un subtipo severo y
clínicamente relevante del TDM caracterizado por la
presencia concomitante de síntomas afectivos y psi-
cóticos.
Uno de los hallazgos más consistentes en la litera-
tura revisada es la dicultad diagnóstica que presenta
este cuadro, especialmente en etapas iniciales o en po-
blaciones con comorbilidades. La diferenciación entre
síntomas psicóticos congruentes e incongruentes con
el estado de ánimo sigue siendo un punto de debate,
así como la distinción entre DP y trastornos esquizo-
afectivos o trastornos del espectro esquizofrénico con
síntomas afectivos (Dubovsky et al., 2021). Por otro
lado, la existencia de un fenotipo transdiagnóstico de
psicosis ha sido planteada, sugiriendo que la aparición
de síntomas psicóticos podría estar más vinculada con
la predisposición genética a cuadros psicóticos que con
la dimensión afectiva propiamente dicha (Van Os et al.,
2016; Reninghaus et al., 2012)
A nivel clínico, la DP se distingue de la depresión
no psicótica por una mayor gravedad de los síntomas
depresivos —incluyendo pérdida de peso, insomnio
severo, agitación psicomotora e ideación suicida—,
así como por la presencia de delirios o alucinaciones
congruentes o no con el estado de ánimo (Gaudiano et
al., 2008; Jääskeläinen et al., 2017; Nelson et al., 2018).
Además, los pacientes con DP suelen presentar dé-
cits neurocognitivos más marcados, especialmente en
áreas como la atención, la velocidad psicomotora, las
habilidades motoras y el aprendizaje, lo que conlle-
va un mayor deterioro funcional en la vida cotidiana
(Güleşen et al., 2021; Martinez-Aran et al., 2019).
El diagnóstico diferencial con el TBP con sínto-
mas psicóticos, particularmente durante episodios
depresivos, es especialmente complejo. En este caso,
la ausencia de historia de episodios maníacos o hipo-
maníacos, así como la consistencia de los síntomas de-
presivos y psicóticos en la DP, puede orientar el diag-
nóstico. Sin embargo, la evolución longitudinal sigue
siendo determinante para una clasicación precisa
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Depresión psicótica: una revisión sistemática de su clínica, diagnóstico y tratamiento
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 67-77.
(Rotschild, 2009).
En conclusión, establecer un diagnóstico certero
de DP exige una evaluación clínica minuciosa, longi-
tudinal y contextualizada. La comprensión detallada
de sus manifestaciones clínicas distintivas, así como de
sus solapamientos con otros trastornos, es fundamental
para implementar intervenciones terapéuticas ecaces
y evitar errores diagnósticos que puedan comprometer
la recuperación del paciente.
En lo que respecta a la cognición, si bien los ha-
llazgos sugieren una asociación entre los síntomas
psicóticos en la depresión y décits cognitivos espe-
cícos. No obstante, existen ciertas limitaciones en la
literatura, tales como la heterogeneidad de la muestra,
el número limitado de estudios, la ausencia de datos
longitudinales, y la falta de información sobre otros
factores clínicos En relación con las neuroimágenes,
aunque existen indicios de que la depresión psicótica
podría asociarse con disfunciones en redes cerebrales
relacionadas con las funciones ejecutivas, se requieren
más estudios para poder comprender esta relación.
Entre las principales limitaciones en relación a
la terapéutica, encontramos la falta de accesibilidad
a tratamientos no farmacológicos de primera línea
como la TEC, opción no disponible en el sector públi-
co a la fecha a pesar de ser indicación de primera línea
en las guías internacionales y locales (Cetkovich-Bak-
mas et al., 2022; Corrales et al., 2020). En cuanto a la
literatura revisada se destaca la escasez de estudios lon-
gitudinales, la variabilidad en los criterios diagnósticos
utilizados, y la exclusión frecuente de pacientes con co-
morbilidades, lo cual afecta la generalizabilidad de los
resultados. Estas debilidades metodológicas reejan la
necesidad urgente de investigaciones con mayor rigor,
que contemplen la diversidad clínica y abordan los me-
canismos etiopatogénicos de forma más integradora.
Conclusión
La DP sigue siendo un trastorno clínico y diagnóstico
complejo, cuya comprensión se ve obstaculizada por
la falta de consenso sobre su clasicación precisa y
sus características neurobiológicas. Las controversias
en torno a la distinción entre la depresión mayor con
características psicóticas y otros trastornos psicóticos
complican su diagnóstico y tratamiento, con implica-
ciones signicativas para la práctica clínica. Asimis-
mo, las alteraciones cognitivas observadas en la de-
presión psicótica requieren una mayor investigación
para determinar su relación con la psicosis misma y
sus implicaciones a largo plazo. En cuanto a la neu-
roimagen, aunque proporciona información valiosa
sobre los mecanismos cerebrales subyacentes, los re-
sultados deben interpretarse con cautela debido a la
falta de consenso sobre patrones consistentes especí-
cos de esta condición. En resumen, se necesitan más
estudios que aborden la heterogeneidad de la depre-
sión psicótica, su diagnóstico diferencial y sus carac-
terísticas neurobiológicas, para lograr avances en su
tratamiento y manejo efectivo.
Conictos de interés: los autores declaran no presen-
tar conictos de interés.
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Artículo de revisión
78
Conectoma y depresión: hacia una psiquiatría de precisión
basada en redes cerebrales
Connectome and Depression: Towards precision psychiatry based on brain networks
María Victoria Majul Conte Grand1, Micaela Dines2, Adriana V. Bulacia3
RECIBIDO 17/6/2025 - ACEPTADO 04/10/2025
1.Sección de Psicopatología y Salud Mental, Departamento de Medicina, Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández, docente adscripta de la
Cátedra de Fisiología y Biofísica, Unidad Académica I, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argenti-
na. https://orcid.org/0009-0001-0180-8541
2.Sección de Psicopatología y Salud Mental, Departamento de Medicina, Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández, INCyT Instituto de Neu-
rociencia Cognitiva y Traslacional (Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y Técnicas - Fundación INECO - Universidad Favaloro).
https://orcid.org/0009-0004-0155-327X
3.Sección de Psicopatología y Salud Mental, Departamento de Medicina, Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández; Departamento de Psi-
quiatría y Salud Mental, Facultad de Ciencias Médicas; Profesora adjunta y Directora Carrera de Médico especialista en Psiquiatría, Universidad de
Buenos Aires; Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0002-0823-1124
Autora correspondiente:
María Victoria Majul Conte Grand
victoriamajul@gmail.com
Institución en la que se realizó el trabajo: Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández. Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, Argentina. Sección de Psicopatología y Salud Mental, Departamento de Medicina.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 78-87. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1067
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1067
Resumen
En las últimas décadas, el estudio del conectoma humano –mapa integral de las conexiones neuronales del
cerebro– ha redenido la comprensión del trastorno depresivo mayor (TDM) como un espectro de alteracio-
nes funcionales y estructurales en redes cerebrales especícas. Esta revisión explora evidencia sobre patrones
de conectividad funcional en el TDM, destacando la implicancia de redes como la red neuronal por defecto
(RND), la red frontoparietal (RFP), la red de saliencia (RS) y los circuitos de recompensa. Se analizan patrones
detectados mediante resonancia magnética funcional (RMf) y su potencial como biomarcadores para predecir
respuesta a las intervenciones que hoy forman parte de las guías clínicas y constituyen el arsenal habitual en la
práctica, como la psicoterapia, los antidepresivos de primera línea (ISRS), la estimulación magnética transcra-
neal (EMT), la terapia electroconvulsiva (TEC) y la ketamina a dosis subanestésicas. Para ello, realizamos una
revisión narrativa integrativa de la literatura cientíca, seleccionando artículos por relevancia clínica y calidad
metodológica (GRADE), incluyendo metaanálisis, revisiones sistemáticas y ensayos clínicos aleatorizados. Es-
tos hallazgos podrían generar un cambio de paradigma hacia una psiquiatría de precisión, cada vez más cen-
trada en la persona. Aunque persisten desafíos metodológicos que limitan su aplicación clínica, comprender
el conectoma y su relación con la patogénesis del TDM es un paso fundamental hacia una verdadera atención
personalizada en salud mental.
Palabras clave: conectoma, depresión, depresión resistente al tratamiento, red neuronal por defecto, reso-
nancia magnética funcional, redes neuronales
Abstract
In recent decades, the study of the human connectome—the comprehensive map of the brain's neural connections—
has redened our understanding of Major Depressive Disorder (MDD) as a spectrum of functional and structural
alterations in specic brain networks. This review explores evidence on functional connectivity patterns in MDD, highli-
ghting the involvement of networks such as the default mode network (DMN), frontoparietal network (FPN), salience
network (SN), and reward circuits. We analyze patterns detected using functional magnetic resonance imaging (fMRI)
79
Conectoma y depresión: hacia una psiquiatría de precisión basada en redes cerebrales...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 78-87.
and their potential as biomarkers to predict treatment response to interventions currently included in clinical guidelines
and widely used in practice, such as psychotherapy, rst-line antidepressants (SSRIs), transcranial magnetic stimulation
(TMS), electroconvulsive therapy (ECT), and sub-anesthetic doses of ketamine. For this purpose, we conducted an in-
tegrative narrative review of the scientic literature, selecting articles based on clinical relevance and methodological
quality (GRADE), including meta-analyses, systematic reviews, and randomized controlled trials. These ndings may con-
tribute to a paradigm shift toward precision psychiatry, increasingly centered on the individual. Although methodological
challenges persist that limit their clinical application, understanding the connectome and its relationship with MDD
pathogenesis is a fundamental step toward truly personalized mental healthcare.
Keywords: connectome, depression, treatment-resistant depression, default mode network, functional magnetic reso-
nance, neural networks
Introducción
Tradicionalmente, el enfoque diagnóstico del Trastor-
no Depresivo Mayor (TDM) se ha basado en modelos
categoriales y observaciones clínicas, lo que ha condu-
cido a una conceptualización sindromática y a estrate-
gias terapéuticas de tipo ensayo-error. Sin embargo, ha
emergido un enfoque basado en neurociencias integra-
das, que considera al TDM como una alteración com-
pleja de redes cerebrales interconectadas, reconociendo
su diversidad y buscando estrategias terapéuticas más
precisas. La neuroimagen funcional (Canario et al.,
2021), la genómica (Sullivan et al., 2018), las técnicas
de imágenes y microscopía avanzadas (Pryazhnikov et
al., 2018), la clinimetría (Fava et al., 2012) y la psicote-
rapia (Yuan et al., 2022) permiten integrar este enfoque
en modelos que articulen subjetividad y biología. Estas
herramientas incluyen desarrollos como la resonancia
multibanda (Smitha et al., 2018), la conectómica por
difusión (Pasternak et al., 2018) y la microscopía de dos
fotones (Pryazhnikov et al., 2018), que abren nuevas
posibilidades / fortalecen el puente para vincular ha-
llazgos experimentales con la clínica.
En este contexto, el concepto de conectoma –en-
tendido como el mapa estructural y funcional de las
conexiones neuronales del cerebro– ha cobrado rele-
vancia como un nuevo marco para comprender los
trastornos psiquiátricos, y en particular los distintos
biotipos de depresión (Bondi et al., 2023). El hallazgo
de patrones de conectividad especícos mediante re-
sonancia magnética funcional (RMf) permite asociar
alteraciones en redes con síntomas como rumiación,
anhedonia e inexibilidad cognitiva (Doucet et al.,
2020; Kaiser et al., 2015).
Este mapeo impulsa una transformación en la
psiquiatría, enriqueciendo la clínica y ampliando las
posibilidades terapéuticas. Lejos de reemplazar el jui-
cio clínico, la evidencia en conectividad cerebral podrá
ofrecer al psiquiatra herramientas que complementen y
anen su trabajo cotidiano. La práctica se vuelve más
precisa y personalizada. En Argentina y en otros países
de la región, esta tecnología comienza a estar disponi-
ble en distintos sectores del sistema de salud público.
Por eso, resulta fundamental contar con informa-
ción actualizada y basada en evidencia que oriente
su implementación racional en la práctica asistencial,
acercando el enfoque de la psiquiatría de precisión a
nuestra realidad clínica. En esta línea, el presente artí-
culo ofrece una base neurobiológica para una clínica
neuropsiquiátrica contemporánea. El objetivo de este
artículo es integrar y sintetizar la evidencia de alta ca-
lidad sobre alteraciones de la conectividad funcional
cerebral en el TDM, su relación con la sintomatología
clínica y su utilidad potencial como biomarcadores
predictivos, mediante una revisión narrativa integra-
tiva que prioriza metaanálisis, revisiones sistemáticas
y ensayos clínicos aleatorizados con evaluación crítica
de calidad (GRADE).
Conceptualización del TDM como un
trastorno de redes neuronales a través
del conectoma
El conectoma representa el conjunto de todas las co-
nexiones sinápticas del cerebro humano. Esta arqui-
tectura interconectada, como un "hardware" neu-
robiológico, sustenta el procesamiento dinámico de
información mental (el "soware"). Su actividad co-
dica el pensamiento, los sentimientos, las percep-
ciones, y se modica según la experiencia (Human
Connectome Project, s. f.). Propuestas como Research
Domain Criteria (RDoC) promueven una visión mul-
tidimensional y transdiagnóstica de la psicopatología,
concibiendo al cerebro como una red compleja de
nodos (regiones) y conexiones (National Institute of
Mental Health, s. f.).
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La identicación de los circuitos neuronales per-
mite inferir las bases funcionales tanto de la actividad
mental “saludable” como de las distintas formas de
psicopatología. En el TDM, múltiples estudios han
identicado patrones consistentes de alteraciones en
la conectividad funcional de redes neuronales asocia-
das con introspección, control cognitivo, respuesta
emocional y motivación (Bondi et al., 2023; Doucet et
al., 2020; Kaiser et al., 2015), y sus respectivas modi-
caciones postratamiento (Qiao et al., 2016; Zhou et al.,
2017). Los estudios preclínicos en modelos animales
ofrecen un puente traslacional valioso, en modelos ex-
perimentales de estrés o depresión, se han observado
hallazgos consistentes con los patrones de desconec-
tividad identicados en neuroimagen funcional en
pacientes con depresión (Dichter et al., 2015). Estas
aproximaciones permiten vincular la plasticidad si-
náptica microscópica con la reorganización de redes
observada en humanos.
Neuroimagen funcional en psiquiatría
La psiquiatría ha buscado entender el cerebro sin
poder observar directamente su funcionamiento. La
clínica psiquiátrica se basó tradicionalmente en la
entrevista, el relato y la observación conductual. En
las últimas décadas, las técnicas de neuroimagen han
transformado la especialidad al permitir visualizar
la actividad cerebral en tiempo real. Han forjado un
puente entre lo subjetivo “mundo interno” y la neuro-
biología. La resonancia magnética funcional (RMf)
permite inferir patrones de activación y conectividad
entre regiones especícas a partir de cambios hemo-
dinámicos relacionados con el metabolismo neuronal.
La técnica de captación de señal más utilizada, BOLD
(Blood Oxygen Level Dependent), mide uctuaciones
en los niveles de oxigenación de la sangre como mar-
cador de la actividad sináptica local. Cuando una re-
gión cerebral se activa, aumenta el ujo, y este cambio
es registrado (Raimondo et al., 2021).
Este estudio que combina alta resolución espacial,
carácter no invasivo y creciente disponibilidad en con-
textos clínicos y de investigación puede utilizarse du-
rante tareas especícas –task-based RMf– (identicar
emociones, memorizar secuencias, responder a estí-
mulos), como en condiciones de reposo –resting-state
RMf– permitiendo observar los patrones formados
ante estímulos cognitivos o emocionales, revelando al-
teraciones clínicas (Piani et al., 2022).
Redes relevantes en la siopatología
del TDM
Antes de abordar en detalle la evidencia empírica que
vincula el TDM a alteraciones especícas, es funda-
mental delinear brevemente cuáles son estas redes
funcionales, las áreas que las conforman y sus funcio-
nes en condiciones “neurotípicas” (Mak et al., 2017).
Comprender las estructuras y el funcionamiento tí-
pico de las redes permitirá establecer biomarcadores
funcionales para identicar poblaciones en riesgo o
para predecir la respuesta a tratamientos.
Las redes neuronales orientadas a tareas (RNOT)
–o task-positive networks– incluyen regiones cerebra-
les que se activan típicamente ante demandas cogniti-
vas especícas, como la resolución de problemas o la
atención focalizada. Se destacan la red frontoparietal
(RFP/FPN) también denominada red ejecutiva central
(REC) o central executive network (CEN), asociada al
comportamiento orientado hacia tareas externas, y
otras redes funcionales como la red visual y la red del
lenguaje. En sujetos neurotípicos, estas redes se acti-
van durante la realización de tareas cognitivas com-
plejas y tienden a desactivarse en reposo, mostrando
una correlación inversa con la red neuronal por defec-
to (RND) (Lee et al., 2013).
Las redes neuronales de reposo son agrupamientos
funcionales que se activan cuando el individuo no está
centrado en estímulos externos. Se vinculan con ac-
tividades introspectivas, como la recuperación de re-
cuerdos autobiográcos, la proyección al futuro y la
construcción de representaciones del yo y sociales.
Entre estas, la más estudiada por su implicancia
clínica es la red neuronal por defecto (Default Mode
Network, DMN), descrita por primera vez en 2001
(Raichle et al., 2001) y considerada uno de los prin-
cipales descubrimientos de la neurociencia cognitiva
de las últimas décadas (Raichle, 2007; Buckner, 2008).
Se activa durante estados de reposo en los que el
sujeto no está comprometido con una tarea externa,
tareas centradas en el interior, incluida la recupera-
ción de la memoria autobiográca, la simulación de
escenarios futuros, formación de creencias y la con-
cepción de las perspectivas de los demás. Se asocia
con el pensamiento autorreferencial, representacio-
nes del “yo, la introspección, el vagabundeo mental
(mind-wandering). Se estima que estamos un 47 % del
tiempo utilizando esta red (Killingsworth & Gilbert,
2010), “en piloto automático.
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La RND involucra:
■ Corteza prefrontal medial (CPFm) dorsal y ven-
tral: esencial para la autorreferencia, toma de de-
cisiones, procesamiento emocional, control de im-
pulsos y regulación conductual.
■ Corteza cingulada posterior (CCP) + precúneo:
actúa como nodo integrador emocional y conector
principal, asociado a la recuperación de memoria
y visualización interna.
■ Lóbulo parietal inferior (LPi): participa en la orien-
tación interna del pensamiento y la autorreexión.
Otras redes de relevancia se detallan en la Tabla 1.
En la Figura 1 se ilustran las tres redes de orden su-
perior más estudiadas en depresión –la red neuronal
por defecto (RND), la red de saliencia (RS) y la red
frontoparietal (RFP)– que constituyen el marco del
denominado triple network.
En el TDM, múltiples estudios han documentado
alteraciones en la conectividad funcional de la RND,
particularmente en forma de hiperconectividad de sus
nodos principales (CPFm). Este patrón parece ser el
sustrato neuronal para la rumiación depresiva (Zhou
et al., 2020), pensamiento autorreferencial, negativo
y repetitivo que perpetúa el estilo desadaptativo. Su
compromiso podría explicar también las dicultades
interpersonales y de regulación emocional.
Diversos metaanálisis y estudios de conectividad
han identicado alteraciones especícas en compara-
ción con sujetos controles sanos (Doucet et al., 2020;
Fu et al., 2024; Human Connectome Project, s. f.;
Tabla I. Redes neuronales identicadas con su respectiva ubicación y función asociada
Red cerebral Regiones / ubicación Función asociada
RED DE SALIENCIA [RS] o
SALIENCE NETWORK
Ínsula anterior, corteza cingulada anterior
(ACC) y estructuras subcorticales (amígdala).
Implicada en la detección de estímulos internos
y externos relevantes y en la regulación del
cambio entre la RND y la RFP.
RED FRONTOPARIETAL [RFP]
o RED EJECUTIVA CENTRAL
[CEN]
Corteza prefrontal dorsolateral (CPFdl) y
regiones parietales laterales (fascículo
longitudinal superior).
Implicada en tareas cognitivas complejas,
control ejecutivo, planicación, toma de
decisiones y exibilidad cognitiva.
CIRCUITOS LÍMBICOS,
RED AFECTIVA VENTRAL,
RED DE RECOMPENSA o
SISTEMA DE REFUERZO /
PLACER o CIRCUITO
MESOLÍMBICO
Amígdala, hipocampo, corteza cingulada
anterior subgenual (ACC), corteza
orbitofrontal, corteza prefrontal ventromedial
(CPFvm), núcleo accumbens, caudado y área
tegmental ventral (ATV).
Implicados en memoria emocional basada en
experiencias, regulación del afecto, motivación,
anhedonia, libido y sueño.
RED SENSORIAL o
VISUOESPACIAL
Conectividad occipito-parietal y áreas
sensoriales periféricas.
Implicada en procesamiento sensorial y
atención espacial.
Fuente: elaboración propia a partir de la revisión de literatura.
Red Neuronal por Defecto [ DMN / RND ] Red de Saliencia [ SN / RS ] Red Fronto Parietal [ FPN / RFP ]
Vista: A - lateral, B - sagital, C - superior - I - izquierda
L
LL
Basada en National Institute of Mental Health (s. f.) y adaptada de Schimmelpfennig et al. (2023), Frontiers in Human Neuroscience, 17, 1133367.
Licencia: CC BY 4.0.
Figura 1. Las tres redes de orden superior (DMN, RS, RFP).
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Zhang et al., 2025; Zhou et al., 2020):
■ Hiperconectividad en redes introspectivas.
■ Hipoconectividad o desintegración funcional en
redes de control ejecutivo.
■ Desequilibrio entre circuito de recompensa, sa-
liencia y de regulación cognitiva.
Se sintetizan estos hallazgos en la Tabla 2.
Los hallazgos también vislumbran que la depresión
resistente al tratamiento (DMRT) comparte el sustra-
to patológico en las mismas redes, pero representa un
endofenotipo especíco más rígido y disfuncional,
asociado a menor respuesta a tratamientos (Runia et
al., 2022). Mayor hiperconectividad de la RND con re-
giones límbicas, mayor reducción de conectividad en
la RFP y el eje dorsolateral-prefrontal-cingulado ante-
rior, y menor exibilidad entre redes, dicultad para
alternar entre introspección y tareas externas.
Un avance relevante en los últimos años fue la
identicación de subtipos (“biotipos”) de depresión,
identicados mediante técnicas de machine-learning
aplicado a conectividad funcional y síntomas (Drys-
dale et al., 2017), con respuestas diferenciales a la esti-
mulación magnética transcraneal dirigida a la CPFdl.
Conectividad y respuesta a tratamientos
Las técnicas de neuroimagen, y en particular los es-
tudios longitudinales de conectividad con RMf, han
abierto la posibilidad de observar la plasticidad in
vivo, permitiendo identicar correlatos neurobiológi-
cos de respuesta a distintos tratamientos (Dichter et
al., 2015; Qiao et al., 2016). La neuroplasticidad (Har-
twigsen & Volz, 2021; De Giglio et al., 2018) puede
pensarse como la propiedad vital que le permite al
cerebro recongurarse frente a estímulos externos o in-
ternos: reorganizar sus circuitos, crear nuevas rutas y
desarmar otras. No se trata de un fenómeno restringido
a la infancia, sino de un principio que acompaña toda la
vida, sosteniendo procesos cotidianos como aprender,
memorizar o adaptarse a cambios inesperados. Desde
lo molecular y sináptico hasta lo macroscópico de las
redes neuronales, la plasticidad es la base de la diná-
mica que hace que el cerebro no sea un órgano rígido,
sino un sistema dinámico en constante ajuste (Hamaide
et al., 2016; Tardif et al., 2016). Esa capacidad de “re-
armarse” puede ser tanto beneciosa como maladap-
tativa, por ejemplo, en la persistencia de la rumiación
depresiva (Alvarez-Salvado et al., 2014).
Entonces, evidenciar la plasticidad inducida –a tra-
vés de las neuroimágenes, los análisis conductuales y
las técnicas neurosiológicas– ofrece potenciales mar-
cadores de respuesta e hipótesis mecanicistas sobre los
efectos terapéuticos (Li et al., 2018), convirtiéndose en
el telón de fondo que explica por qué las terapias pue-
den generar cambios o mejoras, al favorecer que el cere-
bro reorganice de manera favorable (Zhou et al., 2014).
Psicoterapia (Messina et al., 2013; Smitha et
al., 2018; Zheng et al., 2025)
La psicoterapia, en particular la terapia cognitivo-con-
ductual (TCC), induce cambios observables. Por un
lado, estudios con RMf durante tareas muestran una
reducción de la reactividad límbica durante el proce-
samiento de emociones negativas, correlacionada con
la mejoría clínica, la actividad en el hipocampo podría
predecir la respuesta terapéutica. Por otro lado, en es-
Tabla 2. Alteraciones en redes neuronales en la depresión unipolar
Red cerebral Alteración funcional observada Síntomas asociados
RND Hiperconectividad en reposo; menor supresión
durante tareas.
Rumiación, introspección negativa, ideación de-
presiva persistente.
RS Alterada en dicultad para cambiar entre redes;
hipoconectividad entre ínsula anterior y CCA.
Anhedonia, apatía, menor reactividad emocional
ante estímulos positivos.
RFP / CEN
Hipoconectividad y menor integración entre cor-
teza prefrontal dorsolateral y regiones parietales
laterales; reducción en la coordinación con la RS
y la RND.
Dicultades en control cognitivo y regulación
emocional, abulia, indecisión, inexibilidad cogni-
tiva.
AFECTIVO - LÍMBICO
Hipoactividad en la vía dopaminérgica mesolím-
bica. Hiperactividad amigdalina con disbalance
regulatorio.
Anhedonia, pérdida de motivación, sesgo atencio-
nal negativo, ánimo triste persistente, ansiedad,
labilidad o reactividad emocional, disforia.
RED SENSORIAL Hipoconectividad en regiones occipitoparietales.
Desrealización, una disminución del interés por
el entorno, la anhedonia y el retraimiento social.
Menor respuesta a estímulos.
Fuente: elaboración propia a partir de la revisión de literatura.
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tado de reposo, se ha documentado una disminución
en la actividad espontánea de la ínsula izquierda y el
giro frontal inferior, regiones relacionadas con la inte-
gración emocional y el control cognitivo. Además, la
conectividad funcional previa entre áreas de relevan-
cia (ínsula derecha y giro temporal medio, y entre el
surco intraparietal y la corteza orbitofrontal) predicen
la magnitud de la respuesta. A su vez, psicoterapia psi-
codinámica también se asocia con una normalización
de la hiperactividad en la amígdala y los ganglios ba-
sales, en particular cuando se utilizan estímulos emo-
cionalmente signicativos. La evidencia sugiere que la
respuesta se asocia con una reorganización funcional
de redes frontoestriatales y límbicas.
Inhibidores selectivos de la recaptación de se-
rotonina (ISRS) (An et al., 2017; Kraus et al.,
2017; Moncrieff et al., 2023; Tassone et al.,
2024)
La perspectiva conectómica nos permite compren-
der con mayor claridad el rol de la serotonina (5-hi-
droxitriptamina o 5-HT) en la depresión como mo-
dulador interredes, superando la hipótesis tradicional
y reduccionista de “décit de serotonina = depresión
(Tassone et al., 2024). La 5-HT ajusta la sintonía entre
circuitos corticolímbicos que sostienen la rumiación,
el sesgo negativo y el control cognitivo (RND, RFP y
RS), en cómo el cerebro prioriza señales y cambia de
estado entre introspección y control. Con los ISRS,
los estudios muestran patrones convergentes: menor
reactividad amigdalina a estímulos negativos, reorga-
nización de la conectividad de la RND, junto con ma-
yor implicación del DLPFC/RFP. Esto sugiere que su
efecto clínico emerge de la recalibración del diálogo
entre redes, más que de un mero aumento en la dispo-
nibilidad de 5-HT.
Estimulación magnética transcraneal (EMT)
(Avissar et al., 2017; Drysdale et al., 2017;
Guan et al., 2022; Taylor et al., 2023)
La EMT ha mostrado ecacia antidepresiva al apli-
carse sobre la corteza dorsolateral prefrontal izquier-
da (CPFdl) (Drysdale et al., 2017). Este tratamiento
induce cambios en la CPFdl, el precuneus y la CCA,
normalizando patrones de hipoactividad en redes de
control cognitivo y regulación emocional (Taylor et
al., 2023). Algunos estudios también sugieren una re-
ducción de la hiperconectividad anómala entre la RS y
la RND, interpretado como un correlato de mayor e-
xibilidad cognitiva (Guan et al., 2022). Finalmente, la
conectividad funcional pretratamiento entre el CPFdl y
el estriado ventral puede predecir la respuesta clínica a
la EMT (Avissar et al., 2017).
Terapia electroconvulsiva (TEC) (Leaver et
al., 2019; Qian et al., 2025; Wu et al., 2025)
La TEC, utilizada en depresión resistente, induce una
reorganización funcional profunda sobre múltiples
dimensiones de la conectividad funcional, incluyendo
integración, plasticidad y dinámica, con correlación
directa con la respuesta clínica. Se ha reportado un
aumento en la conectividad de las RND y RFP y en-
tre la corteza orbitofrontal e inferior frontal, cambios
que se asocian con remisión clínica (Qian et al., 2025).
También genera una reorganización adaptativa de la
arquitectura cerebral, altera la topología de las redes
funcionales, con incremento en la longitud del cami-
no más corto. Estos efectos presentan una dinámica
temporal: en la fase aguda se observan alteraciones
rápidas en la perfusión y conectividad fronto-límbica
(Leaver et al., 2019); en semanas, una progresiva nor-
malización de la RND y de las redes ejecutivas (Qian
et al., 2025); y en meses, una consolidación de los pa-
trones reorganizados que se relaciona con la persis-
tencia de la mejoría clínica (Wu et al., 2025).
Ketamina endovenosa (Abdallah et al., 2017;
Duman & Aghajanian, 2012; Kim et al., 2023;
Lv, 2023; Wu et al., 2025; Yun et al., 2024; Zava-
liangos-Petropulu et al., 2023)
La ketamina se ha consolidado en las últimas dos
décadas como un tratamiento de acción rápida en la
DMRT, capaz de reducir ideación suicida y síntomas
depresivos en horas (Yun et al., 2024). Su mecanismo
a nivel sináptico es actuar como antagonista no com-
petitivo de receptores NMDA, especialmente en in-
terneuronas GABAérgicas, lo que genera un “estallido
glutamatérgico” en CPFm e hipocampo (Abdallah et
al., 2017). Ese pulso activa receptores y cascadas intra-
celulares que facilitan la sinaptogénesis, potenciación
a largo plazo (LTP) y plasticidad estructural, abriendo
una “ventana de plasticidad” (Abdallah et al., 2017;
Duman & Aghajanian, 2012; Yun et al., 2024).
En paralelo, la ketamina induce cambios rápidos
en la conectividad funcional de las tres redes clave:
reduce la hiperactividad de la RND y el sesgo autorre-
ferencial negativo, normaliza el cambio de la RS ha-
cia circuitos ejecutivos, y aumenta la implicación del
DLPFC/RFP en el control cognitivo y la regulación
emocional (Wu et al., 2025; Lv, 2023; Zavaliangos-Pe-
tropulu et al., 2023). También modula la actividad de
la habénula lateral (nodo antirrecompensa) que se en-
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cuentra hiperactivo en depresión, desinhibiendo las
vías dopaminérgicas de recompensa (Kim et al., 2023;
Ma et al., 2023), lo que podría explicar parte de su
efecto rápido sobre anhedonia e ideación suicida. Estos
cambios se maniestan en cuestión de horas y tienden
a consolidarse con la administración periódica de infu-
siones. Los estudios de RMf pre y postinfusión explo-
ran patrones de conectividad funcional que ayuden a
identicar respondedores, en quienes los efectos pue-
den sostenerse más allá de la vida media del fármaco o
prolongarse con el tratamiento de mantenimiento.
En conjunto, los patrones convergentes respaldan
la heterogeneidad biológica del TDM y son compa-
tibles con la existencia de subtipos conectómicos con
relevancia clínica, al sugerir perles diferenciales de
respuesta.
Discusión
A pesar del entusiasmo que generan los hallazgos en
neuroimagen funcional, la evidencia disponible pre-
senta limitaciones para su pasaje a la clínica sistemá-
tica. Desde una rigurosa perspectiva metodológica, la
mayoría de los estudios individuales presentan niveles
de evidencia moderados, y si bien existen revisiones
sistemáticas y metaanálisis que detectan patrones dis-
funcionales consistentes en redes cerebrales y asocia-
ciones con la respuesta al tratamiento, persisten pro-
blemas de heterogeneidad, tamaño muestral reducido
y escaso control de variables de confusión. La literatura
en neuroimagen acusa sesgo de publicación a favor de
resultados “positivos” y exibilidad analítica (preproce-
samiento/modelado), además de ruido siológico y por
movimiento en estado de reposo. Por eso, los hallazgos
deben leerse con cautela clínica y convalidarse. En su
mayor parte, las asociaciones de conectividad con sín-
tomas o respuesta son correlacionales; no prueban cau-
salidad y requieren validación prospectiva.
Investigaciones recientes subrayan estas limitacio-
nes. Finn & Constable (2016) destacan que, a pesar
de la replicación de ciertos patrones de conectividad
funcional en muestras independientes, su poder pre-
dictivo individual es aún limitado. De manera simi-
lar, Yun et al. (2024) remarcan que los resultados de
la RMf se obtienen de parámetros experimentales no
estandarizados, lo que diculta signicativamente su
comparación y generalización. Dichter et al. (2015),
en su revisión sistemática sobre estudios de RMf en
reposo y respuesta al tratamiento en depresión mayor,
advierte sobre la necesidad de replicabilidad y con-
trol de confusores, señalando que muchos estudios
presentan un escaso poder estadístico y deciencias
metodológicas relevantes. Laird et al. (2015) subrayan
que múltiples factores interindividuales -como el es-
tado emocional, el ciclo circadiano o el movimiento
durante la adquisición- introducen ruido y reducen la
conabilidad externa de los hallazgos. Para ganar va-
lidez externa, necesitamos protocolos estandarizados,
prerregistro, datos abiertos y replicación multicéntri-
ca con tamaños muestrales adecuados. En paralelo,
los modelos preclínicos ofrecen un acercamiento a los
procesos sinápticos y neuroquímicos que no podemos
medir directamente en humanos. La convergencia de
estos hallazgos con los cambios observados en neu-
roimagen refuerza su relevancia, reconociendo las
limitaciones de trasladar lo experimental a la clínica
(Dichter et al., 2015).
Además de las limitaciones metodológicas, el ac-
ceso a neuroimagen funcional en salud mental sigue
siendo limitado en nuestra región, especialmente en
el sector público, aunque su incorporación en diver-
sos subsectores de salud es cada vez más evidente. Este
panorama plantea desafíos éticos y estructurales, pero
también ofrece una oportunidad concreta para avan-
zar hacia una psiquiatría más contextualizada y equi-
tativa. Para ello, resulta clave acompañar su expansión
con formación, investigación aplicada y estrategias de
implementación sustentables.
Estos datos sugieren una lectura crítica de los ha-
llazgos en conectividad funcional y el desarrollo de
líneas de investigación que avancen en la estandari-
zación de protocolos, validación de biomarcadores
en poblaciones reales y mejora de su aplicabilidad.
Aunque exista un potencial de aplicación clínica in-
dividual, su uso actual sigue siendo limitado, aún no
se dispone de herramientas validadas para la prácti-
ca personalizada cotidiana (Messina, 2013; Yun et al.,
2024). En lo práctico, priorizar cohortes locales y va-
lidaciones externas sobre marcadores simples (como
ser DMN–FPN/RS) puede acelerar su utilidad clínica.
Conclusión
La neuroimagen funcional nos acerca a una psiquia-
tría de precisión, ofreciendo una vía concreta hacia
decisiones terapéuticas informadas por redes. El ob-
jetivo no es reemplazar la entrevista y el juicio clínico,
sino ampliar el tablero de decisiones con información
neurobiológica válida. Las implicancias clínicas de este
desarrollo son inmensas, desde la detección precoz y la
predicción del curso de la enfermedad hasta la discrimi-
nación diagnóstica, la biotipicación y la anticipación
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de la respuesta a tratamientos, así como el monitoreo de
sus efectos a lo largo del tiempo. Para su implementa-
ción responsable se requiere estandarizar adquisición
y análisis, validar biomarcadores en cohortes pros-
pectivas y multicéntricas, y demostrar utilidad clínica
y costo-efectividad en entornos reales. Su desarrollo
debe acompañarse de un marco ético sólido que res-
guarde la privacidad de datos, evite interpretaciones
reduccionistas y garantice que los avances no profun-
dicen inequidades (Racine, 2007; Singh, 2009). Integrar
modalidades y garantizar modelos reproducibles es
imprescindible para pasar de la correlación a una es-
traticación clínica útil. Asimismo, deben priorizarse la
equidad y el acceso en sistemas públicos de salud de la
región. Trabajemos en red para que estos hallazgos no
se queden en publicaciones digitales, sino que lleguen,
poco a poco, a cada profesional y a cada paciente.
Conictos de interés: las autoras declaran no presentar
conictos de interés.
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Artículo de revisión
88
Trastorno de excoriación: una revisión integral
Excoriation (Skin-Picking) Disorder: A Comprehensive Review
Alejo Agranatti1, Sergio Ricciardelli2, María Lucía Marchese3, Martina Victoria Rojas4,
Daniel Fadel5, Melany Oppel6
RECIBIDO 27/8/2025 - ACEPTADO 13/3/2026
1.Médico especialista en Psiquiatría; Jefe del Servicio de Salud Mental Instituto de Investigaciones Médicas Dr. Alfredo Lanari, Facultad de Medicina,
Universidad de Buenos Aires (UBA); Servicio de Psiquiatría Centro de Enseñanza Médica e Investigaciones Clínicas Norberto Quirno (CEMIC);
Buenos Aires, Argentina.
2.Psicólogo; Instituto de Investigaciones Médicas Dr. Alfredo Lanari, Facultad de Medicina (UBA); Servicio de Psiquiatría Centro de Enseñanza Médica
e Investigaciones Clínicas Norberto Quirno (CEMIC); Buenos Aires, Argentina.
3.Instituto Universitario CEMIC (IUC); Buenos Aires, Argentina.
4.Instituto Universitario CEMIC (IUC); Buenos Aires, Argentina.
5.Médico especialista en Psiquiatría; Instituto de Investigaciones Médicas “Dr. Alfredo Lanari”, Facultad de Medicina (UBA); Buenos Aires, Argentina.
6.Médica especialista en Psiquiatría; Instituto de Investigaciones Médicas “Dr. Alfredo Lanari”, Facultad de Medicina (UBA); Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0000-0003-4554-8427
Autora correspondiente:
Melany Oppel
melanyoppel@gmail.com
Institución en la que se realizó el trabajo: Instituto de Investigaciones Médicas Dr. Alfredo Lanari, Facultad de Medicina (UBA).
Centro de Enseñanza Médica e Investigaciones Clínicas Norberto Quirno (CEMIC). Buenos Aires, Argentina.
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1068
Resumen
El trastorno de excoriación (TE), recientemente reconocido como entidad diagnóstica en el DSM-5, se ca-
racteriza por conductas recurrentes de rascado compulsivo que generan lesiones cutáneas y un alto impacto
emocional, funcional y social. Esta revisión integral aborda su siopatología, manifestaciones clínicas, comor-
bilidades y tratamiento, enfatizando la importancia de un abordaje multidisciplinario. Se destacan aspectos
relacionados a su neurobiología y farmacoterapia, incluyendo el uso de inhibidores de la recaptación de se-
rotonina (ISRS), N-acetilcisteína (NAC) y naltrexona, así como la efectividad de intervenciones psicoterapéu-
ticas, particularmente la terapia cognitivo-conductual. El TE representa un desafío diagnóstico y terapéutico
relevante en la intersección entre la psiquiatría y la dermatología.
Palabras clave: trastorno de excoriación, conductas repetitivas centradas en el cuerpo, trastorno obsesivo
compulsivo y relacionados, psicodermatología
Abstract
Excoriation disorder (ED), recently recognized as a distinct diagnosis in the DSM-5, is characterized by recurrent com-
pulsive skin picking behaviors that lead to skin lesions and signicant emotional, functional, and social impairment. This
comprehensive review addresses its pathophysiology, clinical assessment, comorbidities, and treatment, highlighting the
importance of a multidisciplinary approach. Advances in neurobiology and pharmacotherapy are discussed, including
the use of Selective Serotonin Reuptake Inhibitors, N-acetylcysteine, and naltrexone, as well as the effectiveness of psy-
chotherapeutic interventions such as cognitive-behavioral therapy. ED presents a relevant diagnostic and therapeutic
challenge at the intersection of psychiatry and dermatology.
Keywords: excoriation (skin-picking) disorder, body focused repetitive behaviors, obsessive-compulsive and related
disorders, psychodermatology
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1068
89
Trastorno de excoriación: una revisión integral
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98
Introducción
Existe una estrecha relación entre el tejido cutáneo, el
sistema nervioso central y el periférico. Durante el de-
sarrollo embrionario, tanto la piel como el sistema ner-
vioso se originan a partir de la misma capa germinal,
el ectodermo. Es a partir de esta interrelación que cier-
tas alteraciones neuropsicológicas pueden expresarse
como epifenómenos cutáneos, siendo una de estas el
trastorno de excoriación (TE) (González et al., 2015).
El TE se dene por episodios recurrentes caracteri-
zados por la necesidad intensa de tocar, rascar, friccio-
nar, apretar, morder o excavar la piel o mucosas, lo que
conlleva secundariamente a lesiones y a dicultades
psicosociales concomitantes (American Psychiatric
Association, 2013; Kwon et al., 2020). En la ejecución
del acto excoriativo a menudo se emplean las propias
manos y uñas, sin embargo, también se ha reportado
el uso de instrumentos como pinzas y agujas, entre
otros (González et al., 2015; Rivera & Arenas, 2016).
Frecuentemente, el rascado es gatillado por pequeñas
imperfecciones o defectos cutáneos preexistentes, o
ante la presencia de áreas con acné, foliculitis o pica-
duras (Rivera & Arenas, 2016). La manipulación de
la piel puede adoptar diversas formas que incluyen el
rascado impulsivo, así como también ciertas conduc-
tas autolesivas. Este patn puede culminar en una
diversidad de lesiones dermatológicas (Bohne et al.,
2002; Kwon et al., 2020).
El TE se ha clasicado en el Manual Diagnóstico
y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ta Edición
(DSM-5), dentro de la sección “Trastorno Obsesi-
vo-Compulsivo y trastornos relacionados. Este gru-
po incluye al trastorno obsesivo-compulsivo (TOC),
el trastorno dismórco corporal, el trastorno de acu-
mulación y la tricotilomanía (American Psychiatric
Association, 2013). La clasicación conjunta de estas
entidades se debe a que estas patologías pueden consi-
derarse dentro de un mismo espectro psicopatológico
por compartir sintomatología, curso evolutivo, facto-
res genéticos y respuesta al tratamiento, entre otros
(Alfahaad et al., 2024). Los criterios diagnósticos del
TE se detallan en la Tabla 1.
Esta condición fue descripta por primera vez por
Erasmus Wilson en el año 1875, quien observó autole-
siones excoriativas en sus pacientes con neurosis y las
describió bajo el término “excoriaciones neuróticas.
Desde ese entonces se han encontrado reportes en la
literatura médica bajo diferentes denominaciones: acné
excoriativo, dermatilomanía, o excoriaciones psicogé-
nicas (González et al., 2015; Rivera & Arenas, 2016).
Metodología
Se realizó una búsqueda bibliográca entre los meses
de marzo y abril de 2025 en los motores de búsqueda
PubMed (Medline) y SciELO, utilizando los términos:
Síndrome de excoriación cutánea, “Skin picking” y
“Dermatilomanía. En PubMed se identicaron 809 ar-
tículos, de los cuales 265 fueron considerados relevantes
para los nes de esta revisión. Del total restante, 13 co-
rrespondían a investigaciones en población pediátrica,
45 a trabajos referidos a pacientes con diagnóstico de
síndrome de Prader-Willi, 2 eran artículos duplicados y
484 no resultaron pertinentes para los objetivos del pre-
sente trabajo. En la biblioteca virtual SciELO se hallaron
3 artículos adicionales que fueron considerados.
Epidemiología y prevalencia
Los datos epidemiológicos sobre el TE son limitados
y provienen exclusivamente de estudios realizados en
otros países. Hasta el momento de esta revisión, no
se encontraron trabajos llevados a cabo en Argentina
sobre dicha temática.
Si bien diversos estudios efectuados en Estados
Unidos señalan la existencia del TE en la población
general, la prevalencia exacta aún no ha sido clara-
mente establecida. En una encuesta realizada a más de
10.000 participantes de entre 18 y 69 años se estimó
una prevalencia a lo largo de la vida del 3,1 %. El es-
tudio también destaca que puede asociarse de manera
comórbida con otros trastornos psiquiátricos (Grant
& Chamberlain, 2020).
Tabla 1. Criterios diagnósticos para el TE según DSM-5
(American Psychiatric Association, 2013)
ADañarse la piel de forma recurrente hasta producirse
lesiones cutáneas.
BIntentos repetidos de disminuir o dejar de rascarse la
piel.
C
Rascarse la piel causa malestar clínicamente signicativo
o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importan-
tes del funcionamiento.
D
El daño de la piel no se puede atribuir a los efectos
siológicos de una sustancia (p. ej., cocaína) u otra
afección médica (p. ej., sarna).
E
El hecho de rascarse la piel no se explica mejor por
los síntomas de otro trastorno mental (p. ej., delirios o
alucinaciones táctiles en un trastorno psicótico, inten-
tos de mejorar un defecto o imperfección percibida en
el aspecto, como en el trastorno dismórco corporal,
estereotipias como en el trastorno de movimientos
estereotipados, o el intento de dañarse uno mismo en
la autolesión no suicida).
90
Trastorno de excoriación: una revisión integral
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98
Este trastorno se presenta con mayor frecuencia en
mujeres con una proporción aproximada de 8 mujeres
por cada 1 hombre. El inicio de los síntomas suele pro-
ducirse en la adolescencia (13-18 años) o al comienzo
de la adultez (30-45 años), etapas caracterizadas por
altos niveles de estrés y cambios hormonales. El pico
de inicio se observa alrededor de los 20 años, lo que
explica que gran parte de las investigaciones se hayan
realizado en estudiantes universitarios (Alfahaad et al.,
2024, Bohne et al., 2002; Martínez-Aguayo et al., 2017).
En algunos casos, los primeros síntomas reportados se
desarrollaron a partir de la aparición de acné durante la
adolescencia, pero la compulsión persistió incluso des-
pués de la resolución del mismo. Otras afecciones cu-
táneas también pueden gatillar la conducta excoriativa
(Bohne et al., 2002; Rivera & Arenas, 2016).
Se han reportado casos de TE en niños menores
de 10 años, especialmente asociados a antecedentes
traumáticos (González et al., 2015; Rivera & Arenas,
2016). Cuando el inicio ocurre en la infancia, el cua-
dro clínico es similar al de aparición en la adultez,
aunque el curso suele ser más prolongado y con me-
nor acceso al tratamiento (Alfahaad et al., 2024).
Presentación clínica
Desde la perspectiva dermatológica, el cuadro típico
del TE se caracteriza por lesiones de aspecto circular,
eritematosas y erosivas. Estas pueden manifestarse
también como discontinuidades cutáneas de morfo-
logía, profundidad y extensión variable, o como ero-
siones lineales con bordes sobreelevados y discrómi-
cos. Además, algunas de estas afecciones pueden estar
acompañadas de costras hemáticas rodeadas de erite-
ma y edema localizado. En lo que respecta a las lesio-
nes crónicas, estas pueden presentarse como nódulos
hipertrócos o cicatrices atrócas (Arnold et al.,1998;
Rivera & Arenas, 2016). Las complicaciones incluyen
ulceración, infección, cicatrización y desguración fí-
sica. En situaciones más severas, estas heridas pueden
llegar a requerir tratamiento antibiótico o quirúrgico
(González et al., 2015; Rivera & Arenas, 2016).
Las conductas de rascado pueden originarse en
piel sana, o bien desencadenarse por la manipulación
de alteraciones preexistentes como picaduras de in-
sectos, comedones, procesos inamatorios o verrugas
(Arnold et al.,1998; Rivera & Arenas, 2016). Las lesio-
nes suelen provocarse en áreas del cuerpo de fácil ac-
ceso con las manos, afectando comúnmente el rostro,
cavidad oral, labios, tercio superior del tronco, brazos,
dedos, muslos, piernas y región perianal (Bohne et al.,
2002; Rivera & Arenas, 2016). Situaciones de estrés
pueden actuar como precipitadores de las conductas
de rascado compulsivo (Alfahaad et al., 2024).
La frecuencia de rascado varía entre individuos. Al-
gunos lo realizan en intervalos cortos repetidas veces al
día (entre 6 y 10 minutos aproximadamente), mientras
que otros pueden dedicarle “sesiones” de varias horas.
Estas conductas pueden manifestarse en situaciones de
la vida cotidiana, como estar mirándose al espejo o ha-
blar por teléfono, y tienden a intensicarse durante la
noche, especialmente entre las 20:00 y las 00:00 horas
(Bohne et al., 2002; Walther et al., 2009).
En cuanto a la presentación clínica, los pacientes
suelen describir un patn característico: la aparición
de una sensación de tensión localizada en la zona afec-
tada que antecede al episodio de rascado, seguida por
un alivio transitorio o una sensación de graticación
tanto durante como después de la conducta excoriati-
va (Rivera & Arenas, 2016). No obstante, la repetitivi-
dad del acto y las lesiones resultantes pueden generar
sentimientos de angustia, vergüenza y culpa, generan-
do un considerable malestar emocional. Las personas
afectadas por TE suelen recurrir a diversas estrate-
gias de ocultamiento —maquillaje o vendajes— con
el propósito de enmascarar las lesiones autoinigidas
y reducir el impacto emocional ante la exposición.
Algunos pacientes pueden presentar deterioro en el
desempeño académico o laboral, así como también en
las relaciones interpersonales, lo que repercute nega-
tivamente en su calidad de vida (Alfahaad et al., 2024;
González et al., 2015; Rivera & Arenas, 2016).
Se han informado casos de TE inducidos por fár-
macos. Un reporte describe la aparición de rascado
compulsivo asociado al uso de clozapina en un pacien-
te adulto, mientras que otro documenta un caso en un
niño de ocho años tras el inicio del uso de atomoxeti-
na. En ambos, se observó una relación temporal entre
el comienzo del tratamiento y la conducta excoriativa,
la cual remitió tras la suspensión del fármaco, sugi-
riendo así una posible asociación causal (Kasar & Yur-
teri, 2020; Reddy et al., 2018).
Fisiopatología
Si bien la patogenia del TE aún no ha sido completa-
mente esclarecida, en los últimos años se han desa-
rrollado investigaciones orientadas a comprender los
aspectos siopatológicos implicados.
Respecto a la genética, estudios realizados en geme-
los han estimado una heredabilidad cercana al 40 %.
Investigaciones sugieren que tanto el TE como la tri-
91
Trastorno de excoriación: una revisión integral
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98
cotilomaa comparten patrones hereditarios similares
a los observados en otros trastornos agrupados en la
misma categoría diagnóstica del DSM-5. Se ha pro-
puesto que los genes de la familia SAPAP (vinculados
a la densidad post-sináptica de neuronas glutamatérgi-
cas), en particular el SAPAP3, podrían desempeñar un
rol en las conductas centradas en el cuerpo y en el TOC
(González et al., 2015; Rivera & Arenas, 2016).
Estudios a partir de neuroimágenes han contribui-
do a la comprensión de la siopatología. La evidencia
actual señala disfunciones en los circuitos neuronales
involucrados en el control inhibitorio, la monitoriza-
ción de la conducta y la formación de hábitos. Investi-
gaciones empleando resonancia magnética funcional
(fMRI) han identicado patrones de activación cere-
bral atípicos en regiones asociadas con estos procesos
(Alfahaad et al., 2024; Grant, Odlaug, Hampshire et
al., 2013; Torales et al., 2014). Complementariamente,
estudios basados en neuroimágenes estructurales re-
velaron un aumento del volumen del estriado ventral
bilateral, junto con alteraciones morfológicas cortica-
les, como adelgazamiento en áreas frontales del he-
misferio derecho y engrosamiento de la cuña bilateral
en el lóbulo occipital (González et al., 2015; Rivera &
Arenas, 2016; Torales et al., 2014). También, se han
identicado alteraciones estructurales en la sustan-
cia blanca que conecta el giro frontal derecho con la
corteza cingulada anterior (Grant, Odlaug, Hampshi-
re et al., 2013). Estos hallazgos refuerzan la hipótesis
de una base neurobiológica del trastorno, vinculada
a dicultades en la regulación emocional y el control
de impulsos. Patrones similares se han observado en
la tricotilomanía, factor que reforzaría la hipótesis de
una posible convergencia neurobiológica entre am-
bos trastornos (Alfahaad et al., 2024; Grant, Odlaug,
Hampshire et al., 2013; Torales et al., 2014).
El circuito de recompensa cerebral también cumple
un rol central en la siopatología del TE, implicado en
la regulación del refuerzo conductual y la graticación
que acompaña a conductas repetitivas como el rascado
compulsivo. El funcionamiento del circuito de recom-
pensa depende de la interacción dinámica entre regio-
nes corticales y subcorticales. Entre ellas se destacan la
corteza prefrontal, encargada de la regulación conduc-
tual, el área tegmental ventral y el núcleo accumbens
(NAc), estructuras clave en la señalización dopaminér-
gica asociada al refuerzo y la graticación (Torales et
al., 2014). La liberación de dopamina en estas regiones
genera sensaciones placenteras y refuerza la conducta,
incluso cuando esta resulta perjudicial. A su vez, el NAc
se conecta con el pálido ventral, el tálamo y nuevamen-
te con la corteza prefrontal, conformando el denomina-
do circuito corticoestriado (Torales et al., 2014). En este
proceso, el glutamato ejerce una función moduladora
al potenciar la activación dopaminérgica. Como con-
secuencia, se produce un refuerzo positivo que favore-
ce la consolidación del rascado compulsivo y debilita
los mecanismos inhibitorios encargados de controlar
dicha conducta (González et al., 2015; Rivera & Are-
nas, 2016). Durante las etapas iniciales, estas conductas
repetitivas suelen asociarse a una experiencia subjeti-
va placentera, lo que contribuye a su mantenimiento y
consolidación a lo largo del tiempo, favoreciendo el es-
tablecimiento de patrones conductuales desadaptativos
(Grant et al., 2013; Torales et al., 2014). La comprensión
de estos mecanismos ha impulsado el desarrollo y la
utilización de diversas estrategias farmacológicas para
el tratamiento del trastorno (González et al., 2015).
Diversas investigaciones han demostrado que el ce-
rebelo no solo interviene en la coordinación motora,
sino que también cumple un rol signicativo en el pro-
cesamiento de funciones cognitivas y afectivas relacio-
nadas con el control conductual (Torales et al., 2014).
En este sentido, estudios adicionales empleando fMRI
evidenciaron una reducción en el volumen de sustan-
cia gris en los lóbulos cerebelosos izquierdos (áreas V y
VI), estructuras vinculadas respectivamente al control
motor y a procesos afectivos y cognitivos (Grant et al.,
2013; Lee & Lipner, 2022; Torales et al., 2014).
Los trastornos del espectro obsesivo-compulsivo,
incluido el TE, se caracterizan por presentar una al-
teración en la actividad del sistema serotoninérgico.
Este hallazgo ha sido corroborado mediante estudios
de tomografía por emisión de positrones (PET), evi-
denciando alteraciones en la actividad metabólica
cerebral asociadas a la neurotransmisión serotoninér-
gica (Alfahaad et al., 2024; Torales et al., 2014). Un
décit en esta vía puede comprometer la capacidad
del individuo para suprimir comportamientos repeti-
tivos, contribuyendo así a la emergencia de conductas
compulsivas como el rascado patológico (Alfahaad et
al., 2024). La disfunción en la transmisión serotoni-
nérgica se caracteriza ya sea por una menor disponibi-
lidad sináptica del neurotransmisor o una regulación
deciente de los receptores 5-HT1A y 5-HT2A. Esta
hipótesis se ve reforzada por la ecacia clínica de los
inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina
(ISRS) en la reducción de los síntomas compulsivos,
lo que sugiere un papel terapéutico clave de la modu-
lación serotoninérgica en estos pacientes (Arnold et
al.,1998; González et al., 2015; Lochner et al., 2017).
92
Trastorno de excoriación: una revisión integral
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98
Evaluación y diagnóstico
Los especialistas en dermatología suelen constituir
el primer contacto con el sistema de salud de los pa-
cientes con TE (Alfahaad et al., 2024; Fernández Ro-
dríguez et al., 2020), motivo por el cual es esencial que
cuenten con conocimientos psicopatológicos sobre
esta condición (Alfahaad et al., 2024; Rivera & Arenas,
2016). Sin embargo, no es infrecuente que la primera
consulta la lleve adelante un especialista en salud men-
tal. Al ser el TE un cuadro neuropsicológico con impac-
to dermatológico, los afectados, se encuentran en una
situación de tensión asistencial —entre lo psicológico
y dermatológico—, fenómeno que se traduce en la cro-
nicación sintomatológica, demora en la terapéutica y
hasta, incluso, recepción de tratamientos inadecuados.
Como consecuencia, tiene lugar un impacto negativo
en la calidad de vida. A partir de esto, se cree que existe
un vacío en las competencias profesionales en lo que
respecta a la asistencia de estos pacientes.
El proceso diagnóstico debe comenzar con una
anamnesis exhaustiva que contemple aspectos médi-
cos, dermatológicos y psiquiátrico-psicológicos. Para
garantizar una exploración apropiada, se recomienda
emplear una entrevista semiestructurada que combine
preguntas abiertas con otras dirigidas, permitiendo así
el abordaje integral de los aspectos del cuadro. Es esen-
cial identicar el grado de deterioro funcional, el ma-
lestar subjetivo asociado y la posible presencia de co-
morbilidades (González et al., 2015; Rivera & Arenas,
2016). Es menester indagar sobre el inicio y evolución
del comportamiento de rascado, frecuencia de los epi-
sodios, los desencadenantes, la consciencia del impul-
so, el tiempo invertido en la conducta y las estrategias
empleadas para intentar detenerla (Kwon et al., 2020;
González et al., 2015; Rivera & Arenas, 2016).
El examen físico debe incluir una evaluación der-
matológica que permita determinar la extensión y se-
veridad de las lesiones, así como identicar posibles
complicaciones (Rivera & Arenas, 2016). Es impor-
tante desestimar la coexistencia de enfermedades der-
matológicas primarias (Grant & Chamberlain, 2020).
Por último, tener en cuenta que las lesiones obser-
vadas pueden compartir características clínicas con
manifestaciones cutáneas secundarias a otras condi-
ciones médicas. Dentro del diagnóstico diferencial
deben considerarse entidades como la uremia, la co-
lestasis, la cirrosis biliar primaria, la policitemia vera,
los linfomas, los tumores sólidos, el hipertiroidismo,
la deciencia de hierro, la infección por el virus de la
inmunodeciencia humana (VIH) y el consumo pro-
blemático de sustancias o alcohol. Del mismo modo,
es esencial diferenciar el TE de otros síndromes psi-
codermatológicos que también cursan con lesiones
autoinigidas, siendo estos la dermatitis artefacta, el
delirio de parasitosis (DP) y el trastorno dismórco
corporal, aunque presentan distinta fenomenología y
curso clínico (González et al., 2015; Pavlovsky et al.,
2008; Rivera & Arenas, 2016).
El DP se caracteriza por la idea delirante, persisten-
te, ja e irrefutable de estar infectado por algún tipo de
parásito, aun cuando el profesional descarta de manera
absoluta una causa orgánica. Esto dene su naturaleza
psicótica y permite diferenciarlo claramente de un cua-
dro no psicótico, como el TE. El DP suele presentarse
en mujeres de mediana edad que consultan reriendo
la presencia de organismos que dicen ver ocasional-
mente pero, sobre todo, sentir bajo o sobre la piel. Estas
sensaciones cutáneas desagradables las llevan a una ob-
servación minuciosa de la piel hasta encontrar detalles
que interpretan como signos de infestación (Pavlovsky
et al., 2008). Este cuadro debe diferenciarse de la aluci-
nación secundaria al consumo de cocaína, en donde los
pacientes suelen presentar alucinaciones táctiles mu-
chas veces representada como parásitos cutáneos que
conducen a una conducta excoriativa. Cabe destacar
que esta sintomatología se presenta en el contexto de
consumo (Brewer et al., 2008).
En relación a las categorías diagnósticas, el DSM-
5 lo incluye dentro del capítulo del TOC y trastor-
nos relacionados, como se detalló previamente, bajo
el código 698.4 (American Psychiatric Association,
2013; Fernández Rodríguez et al., 2020). La Clasica-
ción Internacional de Enfermedades, en su 11ª edición
(CIE-11), incluye el TE dentro del grupo de los TOC
y relacionados, especícamente en la subcategoría de
los trastornos por comportamientos repetitivos cen-
trados en el cuerpo (body-focused repetitive behaviour
disorders), bajo el código 6B25.1 (Fernández Rodrí-
guez et al., 2020; Martínez-Aguayo et al., 2017; World
Health Organization, 2019).
Para evaluar el impacto del trastorno se han desa-
rrollado diversas escalas que permiten medir la seve-
ridad, los antecedentes, las repercusiones emocionales
y psicosociales del cuadro. A continuación, se descri-
ben aquellas de mayor relevancia:
■ Escala de Rascado Compulsivo (Skin Picking Sca-
le, SPS): Autoevaluación que mide la gravedad
según frecuencia e intensidad de las conductas,
tiempo dedicado e impacto en los últimos 7 días
(González et al., 2015).
93
Trastorno de excoriación: una revisión integral
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98
■ Escala de Impacto del Rascado Compulsivo (Skin
Picking Impact Scale, SPIS): Evalúa las repercusio-
nes psicosociales, incluyendo interferencia en re-
laciones, estado de ánimo, malestar y vergüenza.
Existe una versión abreviada (SPIS-Short Version)
(Barrios et al., 2021; González et al., 2015).
■ Escala Yale-Brown Obsesivo-Compulsiva (YBOCS)
adaptada para el TE (NE-YBOCS): Entrevista se-
miestructurada de 10 ítems en dos subescalas (pen-
samientos/impulsos y conductas). Puntúa de 0 a 40,
con valores superiores indicativos de mayor severi-
dad. Es válida para medir severidad y respuesta al
tratamiento (Pirdogan Aydin et al., 2021).
■ Escala de Milwaukee para las Dimensiones del
Rascado Compulsivo en Adultos (Milwaukee In-
ventory for the Dimensions of Adult Skin Picking,
MIDAS): Basada en subtipos (compulsivo, impul-
sivo y mixto). Consta de 12 ítems, 6 compulsivos y
6 impulsivos. No mide severidad, sino el grado en
el que el paciente se ajusta a cada dimensión (Gon-
zález et al., 2015; Walther et al., 2009).
■ Otras: Skin Picking Self-Assessment Scale (SPSAS)
y Massachusetts General Hospital-Skin Picking
Scale (MGH-SPS) (González et al., 2015; Walther
et al., 2009).
Comorbilidades
Se han descripto una serie de cuadros clínicos agrupa-
dos bajo el término de “conductas repetitivas impulsi-
vas orientadas hacia el cuerpo” (CRIOC), o Body-Fo-
cused Repetitive Impulsive Behaviours (BFRIB) en
inglés. El mismo incluye conductas tales como rascarse,
morderse o removerse compulsivamente uñas, pelo o
piel. Para ser consideradas patológicas, estas conductas
deben ser egodistónicas, persistentes y generar un im-
pacto signicativo tanto a nivel emocional como en la
funcionalidad social y/o estética del paciente. El TE se
considera actualmente dentro de este grupo de condi-
ciones clínicas junto con la tricotilomanía y la onicofa-
gia (Martínez-Aguayo et al., 2017).
Un estudio retrospectivo de casos y controles rea-
lizado en el Johns Hopkins Hospital concluyó que, en
comparación con los controles, los pacientes con TE
presentaban una mayor probabilidad de padecer di-
versos trastornos psiquiátricos, como TOC, trastorno
por consumo de sustancias, trastorno por estrés pos-
traumático, trastorno depresivo mayor, trastornos bi-
polares, trastorno por décit de atención e hiperacti-
vidad y trastornos de ansiedad. Además, otras CRIOC
como la tricotilomanía y la onicofagia se encontraron
asociadas. Aunque las tasas de comorbilidad eran
elevadas, sólo el 42 % de los pacientes fue remitido
a consulta psiquiátrica, y de estos, el 64 % no asist.
Asimismo, la efectividad del tratamiento fue baja, ya
que sólo el 21 % mostró una mejoría o resolución de
los síntomas (Kwon et al., 2020).
Existe una clara asociación entre el TE y el consumo
de sustancias (CS). En un estudio canadiense realizado
en 2025, un 16,8 % de pacientes con TE presentaban
trastorno por consumo asociado a diversas sustancias
incluyendo alcohol concomitante. En lo que a la asocia-
ción del consumo respecta, la bibliografía consultada
reeja incertidumbre sobre si el CS es una causa o una
consecuencia del TE (Deschênes & Veillette, 2025).
Otros trastornos psiquiátricos que también han
sido asociados al TE son la cleptomanía, el trastorno
dismórco corporal y la bulimia nerviosa. Estos ha-
llazgos resaltan la importancia de adoptar un enfoque
multidisciplinario en el manejo del TE, que integre
tanto el tratamiento dermatológico como el de salud
mental, articulando el abordaje farmacológico con
el psicológico (Alfahaad et al., 2024; González et al.,
2015; Torales et al., 2014).
El TE puede presentarse también dentro del cuadro
clínico del Síndrome de Prader-Willi, un trastorno del
neurodesarrollo complejo causado por una anomalía
en el brazo largo del cromosoma 15 (q11-q13). El TE
también ha sido descripto en pacientes con síndrome
de Lesch-Nyhan, trastornos del espectro autista (TEA),
discapacidad intelectual, retraso del desarrollo, síndro-
me de Smith-Magenis, síndrome de Tourette y trastor-
nos de tics persistentes (González et al., 2015).
Tratamiento
Los especialistas en dermatología serán los encarga-
dos de tratar las lesiones cutáneas y sus posibles com-
plicaciones. Entre estas, las excoriaciones infectadas y
ulceraciones son especialmente relevantes, pudiendo
requerir tratamiento con antibióticos tópicos o sistémi-
cos, según su extensión y gravedad. Los apósitos semio-
clusivos pueden ser útiles para limitar el daño y favore-
cer la cicatrización. En pacientes que presentan prurito,
se considera el uso de antihistamínicos y corticosteroi-
des tópicos, así como la fototerapia con luz ultravioleta
B de banda estrecha (UVB). Si hay acné asociado, su
abordaje debe ajustarse al tipo de lesiones y a la severi-
dad del cuadro, pudiendo utilizarse retinoides tópicos
o sistémicos. En casos más severos, las lesiones podrían
generar desguraciones importantes que pueden re-
querir intervención quirúrgica. Además, se aconseja el
94
Trastorno de excoriación: una revisión integral
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98
uso de protector solar (Alwattar-Ceballos et al., 2024;
González et al., 2015; Rivera & Arenas, 2016).
En cuanto al abordaje por parte del equipo de sa-
lud mental, se proponen dos estrategias principales de
tratamiento: psicoterapéutica y psicofarmacológica.
En cuanto a las intervenciones psicoterapéuticas, la
terapia cognitivo-conductual (TCC), es considerada
el tratamiento de primera elección para el TE. Esta
corriente integra diversas técnicas terapéuticas, entre
ellas, la reestructuración cognitiva, el entrenamiento
en reversión de hábitos (ERH) y la exposición con
prevención de respuesta (EPR) (Alfahaad et al., 2024;
González et al., 2015; Lochner et al., 2017).
La reestructuración cognitiva tiene como objetivo
identicar y modicar los pensamientos disfuncio-
nales y las distorsiones cognitivas asociadas con la
conducta de rascado. En este proceso, se reconocen
los desencadenantes y los pensamientos negativos
vinculados al comportamiento, fomentando su susti-
tución por valoraciones cognitivas más adaptativas y
equilibradas. Al abordar estos factores subyacentes, se
facilita el desarrollo de nuevas estrategias de afronta-
miento, lo que contribuye a disminuir la frecuencia y
gravedad de los episodios de excoriación, así como a
mejorar la salud emocional del paciente (Alfahaad et
al., 2024; Lochner et al., 2017).
El ERH es otra intervención ecaz que busca au-
mentar la consciencia del paciente respecto de sus
conductas compulsivas, con el n de interrumpir el
ciclo del hábito del rascado (González et al., 2015).
A través de este enfoque, se identican señales tem-
pranas o desencadenantes del comportamiento y se
implementan conductas alternativas, lo que permi-
te modicar progresivamente la respuesta (Rivera &
Arenas, 2016). En un ensayo controlado aleatoriza-
do de cuatro semanas de duración se demostró que
el ERH es ecaz en la reducción de los episodios de
rascado con efectos sostenidos a los dos meses de se-
guimiento (Lochner et al., 2017).
Por su parte, la EPR, ampliamente utilizada en el
tratamiento del TOC y el TE, consiste en exponer gra-
dualmente al paciente a situaciones o estímulos que
provocan los impulsos de rascado, evitando la ejecu-
ción de la conducta compulsiva. Mediante esta técni-
ca, los individuos aprenden a tolerar el malestar y a
resistir la necesidad de rascarse, desarrollando con el
tiempo una mayor tolerancia a los desencadenantes y
una reducción en la intensidad y frecuencia de los epi-
sodios (Alfahaad et al., 2024).
Diversos estudios respaldan la ecacia de la TCC
para reducir la severidad del rascado, mejorar el im-
pacto funcional, y promover un mayor bienestar emo-
cional y de calidad de vida. Estas mejoras se han eva-
luado mediante la utilización de las escalas SPIS y SPS
(Alfahaad et al., 2024; González et al., 2015; Lochner et
al., 2017). Adicionalmente, se han explorado otras inter-
venciones como la terapia de aceptación y compromiso
(ACT), la terapia grupal con componentes de ACT, la
escritura expresiva y los módulos de autoayuda en lí-
nea. Los estudios preliminares sobre programas de au-
toayuda guiados por profesionales a través de platafor-
mas digitales han mostrado resultados prometedores.
También, se han propuesto enfoques complementarios
como la acupuntura, la hipnoterapia, el mindfulness y la
terapia dialéctico-conductual. Sin embargo, la eviden-
cia sobre su ecacia continúa siendo limitada (Alfahaad
et al., 2024; Lochner et al., 2017).
Tratamiento farmacológico
El TE fue reconocido ocialmente como entidad diag-
nóstica e incluido en el DSM-5 en el año 2013. Esta
incorporación ha contribuido a un aumento en su vi-
sibilidad clínica, promoviendo tanto el interés en la in-
vestigación cientíca como el desarrollo de estrategias
terapéuticas especícas. Sin embargo, hasta la fecha, ni
la Administración de Alimentos y Medicamentos de
los Estados Unidos (FDA) ni la Administración Nacio-
nal de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica
(ANMAT) en Argentina, han aprobado tratamientos
farmacológicos especícos para el manejo del TE. En
consecuencia, las intervenciones farmacológicas ac-
tualmente utilizadas se basan en la evidencia clínica
emergente y en el uso o-label de determinados psico-
fármacos (Kwon et al., 2020; Lochner et al., 2017).
Distintas líneas de investigación han explorado
opciones farmacológicas para el tratamiento del TE.
Se han estudiado drogas con distintos perles farmaco-
dinámicos, incluyendo ISRS, estabilizadores del ánimo
como lamotrigina, moduladores glutamatérgicos como
la NAC y antagonistas de receptores opioides como
naltrexona. Además, se han estudiado estrategias de
potenciación, como posibles vías para optimizar la res-
puesta clínica (Alwattar-Ceballos et al., 2024; González
et al., 2015; Lee & Lipner, 2022; Varghese et al., 2024).
Los ISRS actualmente son considerados la primera
opción farmacológica en el abordaje del TE, a pesar de
que su uso en este contexto no está formalmente apro-
bado. La recomendación como tratamiento de primera
95
Trastorno de excoriación: una revisión integral
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98
línea se sustenta en su ecacia en trastornos relaciona-
dos como el TOC, así como en su perl de seguridad
relativamente favorable. Los ISRS más estudiados en
relación al TE son: uoxetina, sertralina, citalopram,
escitalopram y uvoxamina. No existe evidencia sobre
la ecacia de un agente por sobre otro (González et al.,
2015; Kwon et al., 2020; Lochner et al., 2017).
Fluoxetina
Fluoxetina es el ISRS con mayor número de estudios
clínicos en relación al tratamiento del TE. Un ensayo
aleatorizado de 10 semanas de duración mostró una
mejoría signicativa en al menos una de las tres esca-
las de impacto utilizadas, con una dosis promedio de
55 mg/día, con respecto al placebo. Además, más del
50 % de los participantes respondieron inicialmente al
tratamiento. Aquellos que continuaron con uoxetina
mantuvieron la mejoría, mientras que los asignados a
placebo experimentaron recaídas (Grant et al., 2010;
Lochner et al., 2017). Diversos reportes de casos tam-
bién respaldan su utilidad terapéutica. Cabe destacar
que el perl farmacocinético de la uoxetina, caracte-
rizado por su larga vida media y su potente inhibición
de la enzima CYP2D6, puede favorecer la acumula-
ción del fármaco y aumentar el riesgo de interacciones
farmacológicas. Entre los efectos adversos más comu-
nes se encuentran insomnio, náuseas, ansiedad, agita-
ción y disfunción sexual (Fernández Rodríguez et al.,
2020; Lochner et al., 2017).
Escitalopram
Escitalopram ha demostrado ecacia clínica y buena
tolerabilidad en el tratamiento del TE. En un ensayo
abierto de 18 semanas de duración empleando una
dosicación de hasta 30 mg/día, cerca de la mitad de
los participantes alcanzó remisión completa de los
síntomas, mientras que un porcentaje de los partici-
pantes evidenció respuesta parcial (Alwattar-Ceballos
et al., 2024).
El esquema de dosicación a considerar permite
ajustar el tratamiento según la tolerancia individual
y la respuesta clínica. Suele ser habitual iniciar con
una dosis de 10 mg/día y aumentar progresivamente
(Lochner et al., 2017). Su vida media intermedia y su
escaso impacto sobre el sistema enzimático del cito-
cromo P450 reducen el riesgo de interacciones farma-
cológicas, lo cual lo convierte en una opción segura
para pacientes polimedicados o con comorbilidades.
Por estas características, el escitalopram represen-
ta una estrategia terapéutica adecuada dentro de los
ISRS, con un rango de dosicación recomendado en-
tre 10 y 20 mg/día (Alwattar-Ceballos et al., 2024).
Sertralina
Sertralina administrada con un esquema de dosica-
ción exible ha mostrado superioridad frente al place-
bo en la disminución de los síntomas en pacientes con
diagnóstico de TE, lo que respalda la inclusión de este
agente como una opción válida dentro del abordaje far-
macológico (Kalivas et al., 1996; Mayo et al., 2007).
Fluvoxamina
Un estudio examinó la seguridad y ecacia de u-
voxamina en el tratamiento del TE. Catorce sujetos
diagnosticados recibieron uvoxamina en un ensayo
abierto de 12 semanas. Todos los participantes cum-
plieron los criterios del DSM-IV para al menos un
trastorno psiquiátrico comórbido. Los que completa-
ron el estudio (N = 7) tuvieron una mejoría signica-
tiva en la YBOCS modicada así como una reducción
importante en las CRIOC (p. ej., rascarse, pellizcarse,
o apretarse). Los resultados de este ensayo clínico su-
gieren que la uvoxamina podría ser ecaz para redu-
cir las conductas de excoriación (Arnold et al., 1999).
N-Acetilcisteína (NAC)
Otro fármaco que ha ganado atención en los últimos
años por su ecacia en la reducción de conductas com-
pulsivas en el TE es NAC. Este agente ha sido estudiado
en el tratamiento del TOC y otros trastornos relacio-
nados, tanto en monoterapia como en combinación
con ISRS. Los trabajos considerados arrojan resultados
prometedores en la reducción de síntomas compulsivos
tras la inclusión de este agente (Alwattar-Ceballos et al.,
2024; Lee & Lipner, 2022; Lochner et al., 2017).
NAC es un precursor acetilado del aminoácido
L-cisteína que actúa como modulador del sistema
glutamatérgico y agente antioxidante. Es ampliamen-
te reconocida por sus propiedades mucolíticas y por
su ecacia como antídoto en casos de sobredosis por
paracetamol. Como mecanismo de acción, atenúa la
hiperactividad glutamatérgica mediante la liberación
de glutamato en el espacio extracelular, lo que estimula
receptores inhibitorios del glutamato y reduce la neu-
rotransmisión glutamatérgica. Se ha observado que la
liberación excesiva de glutamato está implicada en la -
siopatología de trastornos caracterizados por conductas
repetitivas y compulsivas, como el TOC y el TE (Grant
et al., 2013; Kwon et al., 2020; Torales et al., 2014).
Asimismo, regula indirectamente la liberación de
dopamina a través de la modulación del sistema glu-
tamatérgico, actuando sobre los receptores presináp-
ticos mGlu2/3. Tanto la dopamina como el glutamato
y sus metabolitos oxidados pueden inducir citotoxici-
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Trastorno de excoriación: una revisión integral
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98
dad y contribuir al estrés oxidativo. NAC protege a las
células mediante la restauración de los niveles intra-
celulares de glutatión, al aportar cisteína, su precursor
limitante. Cisteína actúa como eliminador de radica-
les libres, ayudando a reducir procesos inamatorios y
oxidativos. Se plantea que la reducción del estrés oxi-
dativo podría prevenir la reincidencia de conductas
compulsivas (Lee & Lipner, 2022; Lochner et al., 2017;
Torales et al., 2014).
Desde el punto de vista clínico, diversos estudios
han respaldado el uso de NAC en pacientes con TE.
Por ejemplo, un ensayo clínico aleatorizado, doble
ciego y controlado con placebo, realizado durante 12
semanas en donde se administró NAC en un rango
de dosis entre 1200 y 3000 mg diarios. El 47 % de los
pacientes tratados con NAC mostraron mejoría muy
marcada, en comparación con sólo el 19 % del grupo
placebo (Lee & Lipner, 2022).
Otro estudio aleatorizado en donde participaron
66 sujetos adultos, también se halló una mejora signi-
cativa en la severidad del TE en el grupo que recib
NAC, medida con la escala NE-YBOCS, y con la esca-
la de Severidad de Impresión Clínica Global (Clinical
Global Impression - Severity, CGI-S). Los efectos ad-
versos fueron mínimos e incluyeron náuseas, xeros-
tomía, constipación y mareos. Ningún paciente aban-
donó el estudio por estas causas (Lee & Lipner, 2022;
Lochner et al., 2017).
Además de la evidencia derivada de ensayos clí-
nicos, los reportes de casos también aportan datos
clínicamente valiosos. Uno de ellos documentó la
evolución favorable de una paciente de 12 años que,
tras cuatro años de tratamientos fallidos con ERH y
múltiples psicofármacos (uoxetina, sertralina, olan-
zapina, aripiprazol y ácido valproico), logró remisión
completa de la conducta de excoriación realizando
tratamiento con NAC. La dosis empleada fue inicial-
mente de 600 mg/día durante dos semanas, con el re-
porte de una leve mejoría. Al incrementarse la dosis
a 1200 mg/día por cuatro semanas, los impulsos de
rascado disminuyeron aún más, y nalmente, con una
dosis de 1800 mg/día, se observó ausencia total de
lesiones y una puntuación de “muy mejorada” en la
escala CGI-S, indicando remisión completa del tras-
torno (Lee & Lipner, 2022).
NAC ha emergido como una alternativa terapéu-
tica prometedora para el abordaje de las CRIOC, des-
tacándose frente a otros agentes previamente estudia-
dos por su ecacia, bajo perl de efectos adversos y
accesibilidad económica. No obstante, de acuerdo con
la revisión de la literatura actual, la evidencia clínica
disponible es aún escasa. Hasta que se disponga de es-
tudios con un mayor tamaño muestral, seguimiento
prolongado y que incluyan tanto poblaciones adultas
como pediátricas, la evidencia disponible no permite
establecer recomendaciones sólidas respecto al uso de
NAC en el tratamiento del TE (Alwattar-Ceballos et
al., 2024; Martínez-Aguayo et al., 2017).
Lamotrigina
Lamotrigina ha sido propuesta como tratamiento
para el TE debido a su capacidad para modular la neu-
rotransmisión glutamatérgica. Actúa principalmente
bloqueando canales de sodio (Na+) y posiblemente
calcio (Ca2+) sensibles al voltaje, reduciendo así la ex-
citabilidad neuronal anormal y limitando la liberación
excesiva de glutamato. El mecanismo de acción de este
fármaco podría restaurar el equilibrio funcional en re-
giones implicadas en el control del impulso y la con-
ducta compulsiva.
En un ensayo clínico doble ciego aleatorizado y con-
trolado con placebo, se evaluó la ecacia de lamotrigina
en 32 pacientes con TE, utilizando un esquema de dosi-
cación exible (12,5-300 mg/día) durante 12 semanas.
Si bien no se observaron diferencias estadísticamente
signicativas en la variable principal de evaluación
(escala NE-YBOCS), se encontró que el 43,8 % de los
pacientes del grupo lamotrigina fueron respondedores,
comparado con el 31,3 % del grupo placebo (Grant et
al., 2010; Pirdogan Aydin et al., 2021).
Resulta importante señalar que la evidencia dispo-
nible proviene principalmente de reportes de casos,
series de casos y algunos pequeños estudios aleatori-
zados. Un metanálisis que evaluó estudios que emplea-
ban ISRS y lamotrigina para el tratamiento del TE no
logró demostrar una ecacia superior al placebo aun-
que los autores señalaron limitaciones en su análisis.
En conclusión, aunque los datos disponibles aún
son limitados y no permiten establecer recomenda-
ciones rmes, lamotrigina podría representar una al-
ternativa terapéutica prometedora en subgrupos espe-
cícos de pacientes con TE, especialmente en aquellos
con alteraciones cognitivas vinculadas a la función
ejecutiva (Grant et al., 2010; Lochner et al., 2017).
Naltrexona
Naltrexona es un antagonista competitivo de los re-
ceptores opioides, con especial anidad por los re-
ceptores μ, y en menor medida sobre los receptores κ
y δ. Su mecanismo de acción adquiere relevancia en
el TE al considerar las alteraciones previamente des-
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Trastorno de excoriación: una revisión integral
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 88-98
criptas en el sistema de recompensa. En este contex-
to, naltrexona actúa bloqueando el sistema opioide
endógeno, interriendo en la liberación de dopami-
na en estructuras como el NAc. Esta acción reduce la
graticación que el paciente experimenta al realizar
la conducta excoriativa, debilitando así el circuito de
refuerzo que perpetúa el comportamiento compulsivo
(Alfahaad et al., 2024; González et al., 2015; Rivera &
Arenas, 2016; Torales et al., 2014).
Se han reportado casos que apoyan el uso de nal-
trexona en el tratamiento del TE. Uno de ellos des-
cribió el caso de una paciente de 51 años con ante-
cedentes de trastorno depresivo mayor, bromialgia
y TE que experimentó una mejora signicativa en su
sintomatología tras el inicio de tratamiento con nal-
trexona en dosis bajas (4,5 mg/día). A los tres meses,
se observó una reducción en los impulsos de excoria-
ción y una mejoría en las lesiones cutáneas. Durante
una suspensión transitoria del fármaco, los síntomas
recidivaron y al reintroducir la medicación, la pacien-
te reportó nuevamente una evolución favorable. Este
patrón de recaída y recuperación asociado al uso del
fármaco sugiere una relación directa entre el efecto
farmacológico de naltrexona y la reducción del com-
portamiento compulsivo (Varghese et al., 2024).
Si bien los datos disponibles se basan mayormente
en reportes de casos y aún no existen ensayos clínicos
controlados que respalden su uso de manera conclu-
yente, el fundamento neurobiológico que sustenta su
aplicación en el TE, sumado a su buena tolerabilidad y
bajo potencial adictivo, convierten a la naltrexona en
una opción terapéutica a considerar (Lochner et al.,
2017; Varghese et al., 2024).
Antipsicóticos
Existen reportes sobre el uso de antipsicóticos como
olanzapina, risperidona, paliperidona y haloperidol.
Estos fármacos pueden emplearse como tratamiento
complementario o potenciador a los antidepresivos,
sobre todo en casos donde hay síntomas psicóticos
asociados (González et al., 2015; Lochner et al., 2017;
Rivera & Arenas, 2016).
Conclusión
El TE pone de maniesto la estrecha relación entre
los trastornos mentales y sus repercusiones somáticas.
Constituye un desafío clínico debido a la complejidad
de su abordaje, el considerable impacto en la calidad
de vida de quienes lo padecen y la limitada evidencia
disponible para su tratamiento. Precisamente, este úl-
timo aspecto fue el que motivó la realización de la pre-
sente revisión. Llevar adelante una investigación sobre
el TE —diagnóstico que, al igual que otros, ocupa un
lugar relegado en los sistemas de clasicación— im-
plica otorgar entidad académica y clínica a trastornos
que, aunque menos prevalentes, generan un impacto
signicativo en los pacientes y evidencian un vacío de
conocimiento en los profesionales de la salud, de quie-
nes se espera una respuesta.
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99
EL RESCATE Y LA MEMORIA
Juan Carlos Stagnaro
Ciencia y política en 1956: Primer Congreso
Argentino de Psiquiatría
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 99-104. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1069
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i173.1069
Desde el 4 al 6 de julio de 1956, tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Mé-
dicas de Buenos Aires el Primer Congreso Argentino de Psiquiatría1 con-
vocado por su Comité Permanente que integraron Gregorio Bermann,
José María Castro Peña, Teodoro Fracassi, Enrique Pichon-Rivière y Jor-
ge enon.
El evento coronó las tres Jornadas Argentinas de Psiquiatría que ha-
bían tenido lugar en Córdoba (1952), Tucumán (1953) y Rosario (1954),
organizadas por Bermann, que marcaron un hito porque introdujeron
una perspectiva fuertemente alineada con el ideario de la Revista Lati-
noamericana de Psiquiatría, que él había fundado en 1951. Dicha publi-
cación enfatizaba en la inuencia directa de las condiciones socioeco-
nómicas, la explotación laboral y el entorno político en los trastornos
mentales y proponía una reforma de la asistencia psiquiátrica, alejándola
del modelo del viejo asilo psiquiátrico para acercarse a uno más centrado
en la atención comunitaria y de "higiene mental", ésta última antecedente
de la noción de salud mental que comenzaba a difundirse a partir de la
preceptiva emanada de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a
partir de la postguerra.
Las deliberaciones del Primer Congreso fueron organizadas en torno
a cuatros temas centrales. El 1ero.: “Enseñanza de la psiquiatría y forma-
ción del psiquiatra; el 2do.: Algunos aspectos de las psicoterapias de gru-
po”; el 3ro.: “Demografía psiquiátrica e instituciones asistenciales; el 4to.:
Manifestaciones psiquiátricas en los trastornos vasculares del cerebro y el
5to.: “Diagnóstico precoz de las enfermedades mentales, cuyo informe se
reproduce a continuación.
Cada uno de dichos temas fue discutido, sucesivamente, en sendas
sesiones. Para cada uno se designaron dos coordinadores, asistidos por
un secretario y un secretario técnico y varios miembros elegidos por los
organizadores para conformar una mesa redonda. Los asistentes intervi-
nieron con preguntas por escrito.
1. En setiembre de 1985, en el marco del retorno a la democracia después del periodo dicta-
torial 1976-1983, tuvo lugar en Buenos Aires, organizado por la Asociación de Psiquiatras
Argentinos (APSA), una nueva numeración de esos eventos al denominar también a su
primera convocatoria: Primer Congreso Argentino de Psiquiatría.
100
El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 99-104.
Los coordinadores presentaron sus relatos que fueron discutidos por los integrantes de la mesa redonda y,
a continuación, se pasó a una asamblea en la que se presentaron las aportaciones de los asistentes que dieron
lugar a un intercambio general. Luego de un cuarto intermedio para redactar el informe consensuando las opi-
niones vertidas en la mesa redonda, se pasó a una sesión plenaria en la que, luego de un nuevo intercambio con
el público, se sintetizó un informe nal sobre el tema abordado.
Los asistentes representaban dos generaciones de los que serían los referentes de las siguientes camadas de
psiquiatras formadas en los años 60 y 70.2
Como era habitual en la época, la mayoría muy politizados, provenientes (con la excepción de pensadores
independientes y hasta algunos simpatizantes del peronismo), de todos los partidos y corrientes que se habían
reunido diez años antes en la coalición que llevó el nombre de Unión Democrática, derrotada por el peronismo
en las elecciones de 1946.
Volvían a estar juntos miembros del Partido Comunista, del Partido Radical, socialistas y conservadores,
que respondían más que a una corriente de pensamiento psiquiátrico (los había, psicoanalistas, reexólogos,
existencialistas, terapeutas grupales…, muchos enfrentados en la controversia en boga, en el marco de la Gue-
rra Fría, entre psicoanalistas y militantes comunistas que defendían la reexología pavloviana y las tesis de
Lysenko) a una posición virulentamente antiperonista. Cesanteados por el gobierno anterior o renunciantes
por sentirse vulnerados en sus ideas, muchos de ellos recuperaban puestos de gestión en el gobierno o en las
universidades y hospitales.
Simultáneamente, el Congreso se enmarcó en un contexto sanitario, social y político argentino muy revulsi-
vo, marcado por profundas contradicciones que venían provocando hechos de inédita violencia.
En junio del año anterior había tenido lugar el bombardeo de la aviación naval sobre la Plaza de Mayo de
Buenos Aires que dejó un saldo de más de 300 muertos y más de 1200 heridos; en setiembre del mismo año
se produjo el golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. Poco menos de
un mes antes del Congreso, estalló un intento de levantamiento militar que fue sofocado y el gobierno de facto
ordenó el fusilamiento de sus promotores encabezados por el general Juan José Valle; simultáneamente, en otro
hecho represivo, fueron asesinados por fuerzas policiales, en un basural de la localidad de José León Suárez,
varios militantes peronistas.
A ese dramático clima político se superpuso desde el mes de enero de 1956 la epidemia de parálisis infantil
que aterrorizó a la población y desbordó los servicios pediátricos de la capital que registraron 6.500 casos con
una mortalidad del 9 %.
En la quinta sesión del Congreso, “Diagnóstico precoz de las enfermedades mentales, cuyo informe se re-
produce a continuación, se destacan varios conceptos y propuestas sanitarias.
En primer término, el acento puesto en la importancia del diagnóstico precoz de las enfermedades mentales,
que, si bien aconsejaban desde siempre los autores más renombrados en Europa y los Estados Unidos, y era
enfatizado desde la época de la fundación de la especialidad en Argentina por Lucio Meléndez, lo novedoso era
la propuesta de su detección y tratamiento en una red de dispositivos ambulatorios ubicados en dispensarios,
hospitales generales y especializados, escuelas y fábricas. Para ello se recomienda en el informe “…saber a fon-
do la psiquiatría y organizar la asistencia del modo reseñado, aumentando el número de psiquiatras para los
dispensarios de todo el país, multiplicando por diez el número de especialistas en el país.
Al tiempo se propuso una enérgica y bien fundada campaña de información pública sobre los trastornos
mentales que se opusiera a una “propaganda inhábil y nociva, más generadora de confusión y estigma que a
una adecuada contribución a la prevención de los mismos.
2. Entre los numerosos asistentes, autores de ponencias y participantes de las mesa redondas, además de los mencionados en el extracto del
quinto tema (vide supra), cabe mencionar, sin agotar la lista completa, a los argentinos Jorge Mom, José Bleger, Marie Langer, Jorge García
Badaracco, Raúl Usandivaras, Darío Sor, Fernando Ulloa, Emilio Rodrigué, Ezequiel Martínez Estrada, Gino Germani, David Liberman,
León Grinberg, Fernando Taragano, Lía Ricón, Jorge Insúa, Juan José Morgan, Arístides Barrancos, Juan Dalma, Mauricio Costal, Enrique
Kuznir, Marcos Turner, Enrique Berard, Antonio Calabrese, David Sevlever, Teodoro Fracassi, Carlos Brandan Caraa, Moisés Pollak, Alfredo
ompson, Mario Sbarbi, Abraham Mosovich, Vicente Salustio, Luisa G. Álvarez de Toledo, Eduardo Krapf, Osvaldo Loudet, Ramón Melgar,
Enrique Mouchet, Marcos Victoria, José Bugallo, Ana Lerner, Fernanda Monasterio, y a invitados extranjeros, José María Alvarado (Bolivia),
Emilio Mira y López (España), Abel Sánchez Peláez, José Herrera Luque y Jesús Mata de Gregorio (Venezuela), Willy Baranger, Julio C. Estrella,
Bartolomé Fuster, Ramón Arana Iñíguez, Isidro Más de Ayala y Fortunato Ramírez (Uruguay), Eugenio Matte Blanco (Chile).
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El rescate y la memoria
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Relato de los Dres. Carlos R. Pereyra y
Jorge Thenon
Introducción
El problema del diagnóstico precoz es un problema
técnico en cuanto supone la necesidad de multiplicar
el número de especialistas, y es un problema sanitario
en cuanto es preciso organizar la atención pública de
tales especialistas, equipando las instituciones desti-
nadas a ese n.
De los psiquiatras depende el reconocimiento de los
síntomas iniciales, así como el tratamiento, que es tanto
más ecaz cuanto más oportuna es su aplicación. Por lo
tanto, es sobre la organización de la asistencia psiquiá-
trica que es preciso deliberar preferentemente y no solo
sobre ciertos delicados matices iniciales de las psicosis,
que todo psiquiatra práctico es capaz de reconocer.
La III Jornada de Psiquiatría de Rosario puso de
maniesto en numerosas contribuciones cientícas
que el número de psiquiatras y su distribución en el
país dista mucho de satisfacer las necesidades más
apremiantes, tanto en lo que respecta a la asistencia
ambulatoria de los dispensarios como en el orden
asistencial. Este hecho es tan evidente que no necesita
demostración ni cálculo estadístico.
Se dirá que este tema corresponde a las mesas re-
dondas dedicadas a la asistencia y a la formación del
psiquiatra. Pero ¿cómo separar el proceso de forma-
ción del psiquiatra del problema técnico del diagnós-
tico precoz. El diagnóstico precoz, de vital necesidad
para una terapéutica exitosa, solo puede ser formu-
lado por psiquiatras competentes y en tal número que
cubran las necesidades sanitarias del país. Lo cierto es
que, en relación a las necesidades de la República, el nú-
mero de los psiquiatras, apenas superior a los 300, es
insignicante. Un plan sanitario nacional requiere un
número no inferior a los 3.000 especialistas. Examina-
remos por separado los dos aspectos de la práctica.
PRIMER CONGRESO ARGENTINO DE PSIQUIATRÍA
Quinto Tema3: Diagnóstico precoz de las enfermedades mentales
Otorgando a esas indicaciones la categoría de una opinión experta de trascendencia en el diseño de políticas
sanitarias, los participantes declararon que el “Congreso Nacional de Psiquiatría debe reclamar el cumplimien-
to de esta exigencia de la salud pública, dirigiéndose por igual a la conciencia del pueblo de la República y a los
poderes del Estado.
En la última parte del relato de Pereyra y enon, “Aspectos clínicos, se “enumeran los principales tópicos
–en forma de guía sumaria– propuestos a la consideración de la mesa redonda, con respecto al diagnóstico
precoz de las enfermedades mentales”: su importancia; el valor de la anamnesis y la semiología y la necesidad
imperiosa del diagnóstico diferencial, para rematar con una lista de afecciones que hace las veces de un indica-
dor de las categorías nosográcas utilizadas en la época.
Coordinadores: Carlos Pereyra y Jorge Thenon.
Mesa Redonda: Diego Bereilh, Adolfo Borzi, César Augusto Cabral, Gonzalo Bosch, Diego Capurro
Robles, César Coronal, Nicolás Giudice, Mauricio Goldenberg, David Liberman, Enrique Luque Fraga,
Luis Martínez Dalke, Mario R. Machado, Elpidio Olivera, César Ottalagano, Gervasio Paz, Raúl Pérez
Anaya, Rogelio Rivero, Guillermo Vidal (Argentina). y Moisés Feldman (Venezuela).
Secretaría técnica: Sylvia Bermann y Jorge Tenconi.
Aportes al tema: Enrique Pichon- Rivière, Jorge Thenon y César Augusto Cabral.
3. Actas del Primer Congreso Argentino de Psiquiatría, Buenos Aires, 1956. Provistas al autor por gentileza del Dr. Fernando Fabris, provenien-
tes de su archivo personal.
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 99-104.
Asistencia en dispensarios.
Si se crean dispensarios de acuerdo con la densidad
de la población, en los hospitales urbanos o en zonas
rurales, se podrá despistar el cuadro de comienzo de
muchas psicopatías, con las ventajas ya señaladas para
la terapéutica. Dichos dispensarios deben estar equi-
pados con el instrumental moderno indispensable
(radiología, electroencefalografía, laboratorio, etc.),
así como de los dispositivos para la terapia de Cerlet-
ti, Sakel, sueño, etc., especialmente adaptados para la
atención de enfermos agudos. En cuanto a los suba-
gudos o enfermos con procesos de curso lento o cró-
nico, se facultará a los dispensarios para la ubicación
forzosa del paciente en el establecimiento asistencial
público que se considere más apto para el caso.
Se requiere, por lo tanto, un número suciente de
dispensarios y especialistas para cumplir con la impe-
rativa exigencia de la salud pública en esta importante
cuestión, dado que la forma ideal de proceder consiste
en despistar precozmente el proceso mórbido y tra-
tarlo con rapidez. Pero el plan esbozado exige mucho
tiempo y las necesidades del país son apremiantes, por
lo cual consideramos útil y viable el modo de obrar
que expondremos a continuación y que se puede eje-
cutar sin tardanza.
2° Dispensarios de hospital.
En ciertos hospitales funcionan ya algunos servicios
adscriptos a las salas de clínica médica, pero son insu-
cientes por su número, dotación y autonomía.
El dispensario neuropsiquiátrico autónomo, ade-
más de la atención directa al público, debe tomar
contacto estrecho y asiduo con las salas hospitalarias.
Dispondrá, por lo tanto, de un número suciente de
psiquiatras que aleccionarán al clínico y se benecia-
rán a su vez del amplio criterio y conocimiento que
caracterizan al especialista que asiste asiduamente a
los servicios clínicos. ¿Cuántas psicopatías comienzan
con sintomatología de forma clínica y pasan a la cro-
nicidad por incompetencia del clínico, que no atina a
reconocer un síndrome depresivo-melancólico o hi-
pocondríaco en su estado naciente?
Una propaganda adecuada que aleccione al públi-
co llevaría allí a los enfermos en un momento óptimo
para su diagnóstico y terapéutica.
En el caso de las escuelas, el psiquiatra ha destaca-
do por el dispensario aleccionará a los maestros, que
expondrán las diversas situaciones de conducta y ren-
dimiento de los alumnos en los casos concretos.
Muchas veces una recticación psiquiátrica opor-
tuna puede torcer el rumbo de una psicopatía que se
anuncia con disturbios de conducta y bruscos cambios
en el rendimiento escolar. El psiquiatra elegido para el
caso será diestro, naturalmente, en las disciplinas de la
psicopatología de la infancia. La acción médica es de
doble efecto, por cuanto facilita el diagnóstico oportu-
no de las neuropsicopatías de la infancia y fundamen-
ta la prolaxis de las afecciones del adulto.
En cuanto a las fábricas, mediante una vinculación
estrecha con los sindicatos obreros y de empleados
públicos y de empresa, ilustrados por una activa y há-
bil difusión de los conocimientos esenciales, el médi-
co psiquiatra asistirá al hombre en la acción del tra-
bajo y comprenderá sus disturbios emocionales y de
conducta, así los de origen endógeno como exógeno.
La higiene mental de los trabajadores, emanada
de los estudios especiales, proporcionará buenos re-
cursos para la higiene del trabajo y la prevención de
las enfermedades. La extraordinaria frecuencia de los
disturbios y secuelas neuropsiquiátricas de la brucelo-
sis es un ejemplo que aclara el signicado de lo dicho.
La información, que debe evitar los traumas de
una propaganda inhábil y nociva, permitirá descubrir
ciertos procesos en su comienzo.
¡Cuántas veces llegan al consultorio psiquiátrico jó-
venes esquizofrénicos que comenzaron con un rápido
descenso del rendimiento escolar y el cortejo de sínto-
mas tórpidos que a un psiquiatra no le pasarían inad-
vertidos aun en el momento inicial de su incubación!
Es útil insistir sobre estas razones, pues la impor-
tancia nacional y social de un Congreso de este tipo
hace superua una discriminación limitada a los nos
síntomas de la despersonalización, o la vivencia del n
del mundo de la esquizofrénico, o el valor discrimina-
tivo de los tests. La solución del grave problema repo-
sa sobre dos exigencias de la práctica: saber a fondo
la psiquiatría y organizar la asistencia del modo rese-
ñado, aumentando el número de psiquiatras para los
dispensarios de todo el país.
El Congreso Nacional de Psiquiatría debe reclamar
el cumplimiento de esta exigencia de la salud pública,
dirigiéndose por igual a la conciencia del pueblo de la
República y a los poderes del Estado.
Aspectos clínicos
A continuación, se enumeran los principales tópicos –
en forma de guía sumaria– propuestos a la considera-
ción de la Mesa Redonda, con respecto al diagnóstico
precoz de las enfermedades mentales.
Enfoque:
1°. Su importancia;
2°. Valor de la anamnesis;
3°. Valor de la semiología;
4°. necesidad imperiosa del diagnóstico diferencial.
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Los grandes cuadros mentales y su diferenciación in-
cipiente:
1°. Esquizofrenia: a) Síndrome o enfermedad. For-
mas procesales, sintomáticas, reactivas o mixtas. Pro-
cesales. Concepto de unidad en la psicosis juvenil; b)
Valor de los síntomas cardinales: Loquero asociativo;
autismo (pérdida de lo real); ambivalencia; autocon-
ducción; agotamiento instintivo (antinomia juvenil);
amenaza al yo (Mauz); insuciencia de la actividad
psíquica (Birze); perturbación de la ejecución de los
actos (Schneider); alteración cualitativa de la inten-
cionalidad (Kronfeld). ¿Proceso predominante afec-
tivo intelectual o volitivo? Valor de la interceptación
como fenómeno orgánico o siopatológico y psíquico
subjetivo y objetivo. Interpretación de la fenomenolo-
gía psíquica como secundaria a la interceptación. Pre-
valencia de las perturbaciones volitivas. Trastornos de
la autoconducción; extrañeza; sentimientos de ame-
naza al yo; proyección delirante; autorreferencia e in-
uencia; incapacidad de concretar y falta de plenitud;
luego disgregación, autismo y ambivalencia; c) Signos
patoplásticos: “bizarrería, puerilismo, suciencia,
burla insípida, patetismo, impudicia (impregnación
psíquica de la etapa juvenil). Catatonía: negativismo y
obediencia pasiva; inercia y crisis tumultuosas de agi-
tación (respuesta ciega de la persona profunda).
2°. Formas clínicas. Hebefrénica, simple, catatóni-
ca, paranoide; precocísima e injertada. El acento de
cada una y de formas mixtas dentro de lo procesal.
Formas de comienzo agudo y subagudo: I) Excitación,
confusión, estupor, depresión, delirio, etc. Diagnósti-
co diferencial. II) Cambio de carácter, despersonali-
zación, formas psicasteniformes, neurasteniformes,
hipobúlicas, patéticas, etc. Diagnóstico diferencial.
Diferenciación con la parafrenia y distintos cuadros
catatónicos. Diferenciación con “bouée.
3°. Demencias. Diagnóstico de grupo con las fre-
nastenias y cuadros confusionales. Diagnóstico de los
distintos procesos según sus formas clínicas: a) pará-
lisis juvenil, expansiva, simple, depresiva, agitada, de
Lisauer y tabo-parálisis. Necesidad de diferenciación
con las lúes del sistema nervioso: período neuraste-
niforme, catarral, meningítico, vascular y gomoso;
epilepsia silítica, etc. Diferenciación con oligofrenia,
hebefrenia, manía, procesos frontales (tumores, trau-
mas, enfermedad de Pick), melancolía, delirios expan-
sivos, pseudoparálisis, alcoholismo, neurastenia, etc.
4°. Arterioesclerosis. Hipertónia y esclerosis. Tipo
de personalidad: comienzo neurasteniforme, hipo-
condríaco, ansioso, depresivo. Diagnóstico diferencial
con neurastenia, melancolía hipocondríaca, delirio
hipocondríaco, hipocondría de los seniles, dicultad
diagnóstica con las llamadas psicosis de involución.
Diagnóstico diferencial con todas las causas de ictus.
5°. Cuadros preseniles y seniles. Enfermedad de
Pick; enfermedad de Alzheimer; delirio de perjuicio de
los preseniles de Kraepelin; psicosis involutiva (falta de
unidad nosográca). Necesidad de individualización.
Factores constitucionales, psicogenéticos y orgánicos.
Incertidumbre del porvenir. Síntomas hístero-depresi-
vos y paranoides. Diferenciación con los cuadros más
genuinos de la histeria, depresión y delirio.
6°. Senilidad propiamente dicha. El misoneísmo;
los trastornos de la memoria; la prevalencia de lo ins-
tintivo-temperamental. Variedades clínicas: simple,
maníaca, depresiva, delirante y presbiofrénica. Diag-
nóstico diferencial con otras demencias: excitación
maníaca, melancolía endógena y depresiones reacti-
vas; cuadros hipocondríacos; delirio de Cottard; otros
delirios; y síndrome de Korsako.
7°. Personalidad y demencia alcohólicas. Perso-
nalidad y demencia epilépticas. Otras demencias.
8°. La excitación psicomotriz como síndrome.
La manía como patn y lugar de referencia; sus sínto-
mas capitales afectivos, volitivos, intelectuales e instin-
tivos. Variedades clínicas: hipomanía, maa mediana,
agitada, estuporosa. Personalidad hipomaníaca. Diag-
nóstico diferencial con: confusión mental agitada; exci-
tación de la “bouée”; psicosis autóctonas de Kleist; ex-
citación catatónica y hebefrénica; excitación de la P. G.
P.; excitación climatérica; en el alcoholismo; excitación
epiléptica; senil; histérica; parafrenia expansiva, etc.
9°. El síndrome depresivo. Prototipo, depresión en-
dógena. La tristeza, su aspecto motor y la inhibición.
Variedades clínicas: simple, estuporosa, ansiosa, deli-
rante, hipocondríaca. Despersonalización depresiva y
depresivos constitucionales (personalidad psicopáti-
ca). Diagnóstico diferencial obligado con el displacer
de las neurosis; depresiones neurasténicas y postcon-
mocionales; depresiones histéricas; psiquiasténica; en
neurosis actuales; en depresión y despersonalización
esquizofrénica; en despersonalización neurótica; estu-
por catatónico y confusional; depresiones involutivas;
depresiones y estados displacenteros de las demen-
cias; distimias epilépticas; depresiones reactivas; sí-
lis; estados reactivos y neurasteniformes; delirio con
depresión secundaria y parafrenia sensitiva.
10°. Trastornos de conciencia: confusión mental,
onirismo y estados crepusculares. La confusión sim-
ple y sus grados; confusión agitada, delirante y estupo-
rosa. La confusión como toda enfermedad; como epi-
fenómeno o como comienzo que cubre otra afección.
Carácter mixto o de tránsito de los compromisos de
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 99-104.
conciencia. La lucidez en psiquiatría. Las psicosis sinto-
máticas. La “bouée” delirante. Las paranoias abortivas
de Gaupp y las psicosis degenerativas de Kleist (para-
noia cíclica). Episodios psicogenéticos y momentos
productivos de las psicosis crónicas. Epilepsia; histeria;
Ganser, pseudo demencia; personalidad alterna; ecm-
nesia; etc. Mecanismos hipobúlicos hipnoicos en situa-
ciones terrorícas y estados insuperables.
11°. El síndrome delirante: diagnóstico de idea de-
lirante. A) Los delirios crónicos: paranoia, parafrenia.
Psicosis alucinatoria crónica no parafrénica; ¿paranoia
sensitiva?; delirios residuales: alcohólicos, paralíticos
y débiles. B) Episódicos: delirio polimorfo de los débi-
les, de los degenerados o autóctonos (mixtos, cíclicos,
paranoide). ¿Paranoia sensitiva? Delirios reactivos,
inducidos (Laségue, Falret), de auto y heteroangustia
(ambientales), etc. C) Sintomáticos: toxoinfecciosos,
traumáticos, alcohólicos, etc. D) Epifenoménicos: en
la P. G. P., arterioesclerosis, arcos seniles, epilepsia,
melancoa, esquizofrenia, histeria, climaterio, etc.
Carácter fundamental: expansivo, depresivo, defen-
sivo. Valor del contenido ideatorio: de celos, místico,
erótico, de invención, hipocondríaco, pleitista, perse-
cutorio, etc. Diferenciación con procesos semejantes.
Aportes al tema
Diagnóstico precoz, terapéutico y prolácti-
co en psiquiatría
Enrique J. Pichon-Rivière y José Bleger
El diagnóstico precoz de las psicosis en los adultos es
un diagnóstico tardío; el diagnóstico precoz, prolác-
tico, es el de la infancia.
El diagnóstico no es una operación por la que se
trata de ubicar con un nombre un objeto; se trata de
interpretar y ubicar un proceso complejo y dinámico
en varios sistemas de referencias. Debe ser pluridi-
mensional: médico, psiquiátrico y psicológico. Ubica-
do en el tiempo, debe ser: genético-histórico, prospec-
tivo y en el “aquí y ahora. Y en cada uno de estos, debe
ser: clínico, dinámico y de grupo. El todo del proceso
diagnóstico depende de cómo se realiza; el interroga-
torio sistemático es opuesto al emergente espontáneo
(que nunca es totalmente espontáneo). El examen y
el propio esquema dinámico del médico condiciona
cómo se busca y lo que se halla.
Otro sistema de referencia es el de la función espe-
cíca del diagnóstico, el problema del para qué; así, la
terapéutica, la asistencia y otros factores condicionan
los sistemas de referencias con los que se estipula un
diagnóstico.
Dinámicamente, y gracias justamente por, sobre
todo, al estudio de la psicología infantil, sabemos que
la primitiva fórmula de Freud de que las perversio-
nes constituyen el negativo de las neurosis, está en la
actualidad reemplazada por la fórmula de que las an-
siedades psicopáticas son el negativo tanto de las neu-
rosis como de las perversiones.
El estudio de las tempranas ansiedades de la infan-
cia y su manejo es lo que permite el diagnóstico pre-
coz proláctico. Así, como todo diagnóstico debe ser
el diagnóstico de una tensión de grupo, mucho más en
la infancia, en que el diagnóstico asienta ineludible-
mente sobre el estudio del binomio madre-hijo.
(Resumen de los autores)
El diagnóstico precoz de las dolencias menta-
les es hoy un problema asistencial
César Augusto Cabral
El diagnóstico precoz de las enfermedades mentales
es hoy en la Argentina un problema más que clínico,
asistencial. Para despistar los trastornos mínimos ca-
paces de eclosionar más tarde en una psicosis es ne-
cesario: 1°. Un eciente esquema de enseñanza psi-
quiátrica que dé al médico general las nociones que
lo faculten para pesquisar con éxito esos trastornos, y
al especialista la posibilidad de adiestrarse en el cono-
cimiento preciso del período de comienzo y del curso
de las psicosis. 2°. El establecimiento de un examen
psiquiátrico de rutina al terminar el ciclo de ense-
ñanza primaria. 3°. La estructuración de un régimen
asistencial, dirigido por un organismo nacional autó-
nomo que contemple la creación de servicios psiquiá-
tricos en los hospitales generales, y una red de centros
asistenciales en zonas determinadas de las grandes
ciudades y en los medios rurales, la separación de los
enfermos crónicos y agudos, los primeros en colonias
y los segundos en hospitales, y la provisión de todos
los elementos de diagnóstico que hoy escasean. 4°.
Una propaganda adecuada que informe y prevenga a
las grandes masas, evitando sembrar el temor.
(Resumen del autor).
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 105-112
ENTREVISTA
Entrevista al Doctor Juan David Nasio
Esta entrevista tuvo lugar en París, donde el doctor Juan David Nasio, eminente psiquiatra y psicoanalista, vive y
trabaja desde hace más de cincuenta años. Vertex ha querido ofrecer a los lectores de estas páginas con el propó-
sito de acercarlos a la persona y a las ideas originales de este gran autor, con motivo de la publicación de su último
libro Diez historias de vida, sufrimiento y amor (Paidós, 2025), y de su nombramiento como Ocial de la Legión
de Honor por el Presidente de la República Francesa y Miembro de honor de la Asociación Franco-argentina de
Psiquiatría y de Salud Mental (AFAPSAM), a la que el Dr. Nasio contribuyó desde sus albores.
Martín Reca
Psiquiatra y psicoanalista (APF).
Presidente de la sección francesa de la Asociación Franco-argentina de Psiquiatría y Salud Mental.
Presentación
Seguramente los lectores de Vertex ya conocen al doctor Juan David Nasio, ya sea personalmente, a través de
sus intervenciones radiales y televisivas, de sus conferencias difundidas en YouTube o, más probablemente,
mediante la lectura de algunos de sus treinta y siete libros. Escritos con un estilo dialogado, claro y ameno, sus
textos implican siempre al lector, sin perder el rigor conceptual que caracteriza su pensamiento teórico-clínico.
Sus libros han sido traducidos a catorce idiomas, otorgándole a su obra una amplia difusión internacional. Al-
gunos de ellos han alcanzado un público vasto interesado por las historias de sufrimiento, de vida y de amor, así
como por la enfermedad y la salud mentales; otros se han convertido en clásicos de la enseñanza psicoanalítica.
Juan David Nasio realizó sus estudios de Medicina en la Universidad de Buenos Aires y completó su residen-
cia en Psiquiatría bajo la dirección del profesor Mauricio Goldenberg, en el Hospital Evita de Lanús. En 1969
se trasladó a Francia, donde entró en contacto con Jacques Lacan. A pedido de este último, ambos revisaron
juntos la traducción al español de los Escritos. En mayo de 1979, Lacan lo invitó a pronunciar una lección en su
Seminario, gesto excepcional que testimonia la estima intelectual que le profesaba.
La vocación docente del doctor Nasio se manifestó tempranamente, ya en Buenos Aires, en 1965. Instalado
luego en Francia, fue nombrado en 1970 docente de la Facultad de Psicología de la Sorbona, donde enseñó du-
rante más de treinta años. Paralelamente, dictó seminarios en la Escuela Freudiana de París. Tras la disolución
de esta institución, fundó en 1986 los Seminarios Psicoanalíticos de París, uno de los centros más activos de
Francia en la formación de psicoanalistas y profesionales de la salud mental.
Ha recibido numerosas distinciones, entre ellas la de Ocial de la Legión de Honor de Francia en 2025, así
como las de Ocial de las Artes y las Letras y Ocial de la Orden Nacional del Mérito. En la Argentina fue dis-
tinguido como «Ciudadano Ilustre de Rosario» (2001), «Huésped de Honor de Salliqueló» (2016) y «Persona-
lidad Cientíca Destacada de Buenos Aires» (2017). Asimismo, ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por
siete universidades. Más recientemente, su voz ha llegado cada domingo a cientos de miles de oyentes a través
de su programa Historias de pacientes, emitido por France Inter.
Para Nasio, ser psiquiatra y psicoanalista no implica jerarquizar estos títulos; ambos conforman una misma
práctica clínica con niños, adolescentes, adultos, parejas y familias desde hace más de sesenta años. Su último
libro, Diez historias de vida, de sufrimiento y de amor, reeja un enfoque clínico profundamente humanista y
atento al sufrimiento del otro.
Nasio siempre se ha interesado por la transmisión, aquello que las ciencias humanas llaman «liación». A
diferencia de cierta tradición francesa, hace explícita su liación psicoanalítica y menciona públicamente a
106
Entrevista
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 105-112.
quienes fueran sus maestros, entre ellos su analista Emiliano del Campo. Pero más allá de esa declaración, lo
que distingue a Nasio es la manera en que encarna esa transmisión: un proceso que excede el diván y se prolon-
ga en todo acto capaz de producir una recepción fecunda en quien lo recibe.
Nos hablará de su encuentro con Lacan, tan inaugural como decisivo; pero podría relatar, con el mismo
entusiasmo, otros encuentros que marcaron profundamente su recorrido intelectual y humano. Entre ellos,
Françoise Dolto y algunos autores argentinos, como Enrique Pichon-Rivière, José Bleger, Oscar Masotta, León
Grinberg, entre otros, cuyas enseñanzas integró a una práctica propia y singular.
Su obra clínica reeja, en denitiva, aquello que permanece vivo en él de los otros y que se transforma para
dar continuidad a la transmisión de las ideas: recibir, reinterpretar y devenir uno mismo de manera auténtica.
Esa transmisión, hecha experiencia y presencia clínica, es la que Nasio continúa ofreciendo con generosidad.
Martín Reca (MR): Querido Juan David, ya sesenta
años de París… Le parecerá irreal por momentos y, sin
embargo, tantas cosas atestiguan su activa realidad.
Juan David Nasio (JDN): Sesenta años de perseve-
rancia para existir y para tratar de crear. Sesenta años
en los que sigo intentando extraer de mí todo aquello
que recibí: lo que recibí de las personas que amo, de
mis maestros y de mis pacientes.
A mis pacientes los considero mis maestros íntimos.
Porque enseñan dentro de mí; es decir, no se trata de
una enseñanza que viene desde afuera, como la de un
maestro en el sentido de Pichon-Rivière u otros. El pa-
ciente es un «maestro» cuya enseñanza debo elaborar
en mi interior; un «maestro» de una enseñanza que,
ciertamente, tengo que crear, pero que ellos mismos
han inspirado en mí.
Crear, en el sentido de producir algo en el marco del
trabajo con el paciente, claro está, pero también de lle-
var esa elaboración a un estatuto «público» que per-
mita su transmisión.
Cuando llegué, París era un paraíso, una ilusión. Hoy,
París es un jardín: un hermoso y exigente jardín que
todavía necesita que trabaje la tierra, que la cultive, y
que a veces orece con espinas y otras con frutos.
MR: ¿Y antes de París?
JDN: Cuando iba al Hospital de Lanús, desde 1965
hasta 1969, yo era residente en el Servicio del Dr. Mau-
ricio Goldenberg. Éramos doce residentes —como los
doce apóstoles—: todavía nos veo allí, sentaditos en
los sillones. Y, de manera completamente natural, ve-
nían al servicio José Bleger a hablarnos de psicología
de la conducta; David Liberman a enseñarnos la teoría
de la comunicación; Joel Zac a hablarnos de la psico-
patía; Aurora Pérez, que trabajaba allí, a hablarnos de
niños; Fernando Mujan, de adolescentes; Kesselman,
Lía Ricón; Gregorio Barenblitt nos enseñaba clínica.
Venía también Carlos Sluzki —gura destacada de
la Escuela de Palo Alto— con quien aprendíamos el
abordaje de la familia y la pareja ; sin olvidar a Gerar-
do Stein, que nos enseñaba terapia de grupo… En una
palabra, era toda una constelación de grandes maes-
tros que se desplazaban desde el centro de Buenos Ai-
res hasta la ciudad de Lanús.
Por otro lado, yo continuaba mi formación partici-
pando en grupos de estudio: con Antonio Caparrós,
para la psicología concreta; con Gregorio Klimovsky,
para la epistemología; con Sciarreta, para la losofía y
el estudio de Lacan; con Masotta, trabajando los tex-
tos de Freud y de Lacan; y con Armando Bauleo, con
quien leíamos losofía francesa.
MR: ¿Dónde se desarrollaban esos cursos?
JDN: En las casas del que animaba la actividad; allí
nos recibían. Era una época maravillosa y se estudiaba
muchísimo.
Recuerdo también los cursos de lingüística que daba
Indart.
Todo esto lo viví entre los años 1965 y 1969. Con Ma-
sotta fue un poco diferente. Puedo decir que yo lo en-
tusiasmé para adentrarse más en Lacan. Masotta había
estudiado a Lacan en el año 1964 y dio una conferen-
cia que fue publicada en la revista Pasado y Presente,
y luego dejó. Por el año 1967, fui a verlo para pedirle
hacer un grupo de estudio, y fue el inicio de una con-
versión al lacanismo.
En esa época, del 65 al 69, era una «esta de estudio».
Yo tuve también una actividad de enseñanza. Y recuer-
do que eran también años de militancia, que formaba
parte de esta formación. Es por la militancia también
que leíamos críticamente a Melanie Klein.
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Entrevista
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MR: Y en el 69 usted parte hacia París…
JDN: Tuve una beca de la Embajada de Francia.1 En
París supervisé con Lacan de 1973 a 1979, todos los
lunes, a las once y cuarto. En el 79, Lacan ya sufría
un cáncer de colon que no quería operar. Yo llegaba
pocos minutos antes. En la sala de espera —¡que antes
estaba repleta!— no había nadie. Las puertas, casi en-
treabiertas. Golpeaba y entraba sin esperar respuesta.
Lo veo aún allí sentado… ya abatido, enfermo… Son
momentos muy emocionantes en el recuerdo.
No solo supervisé con Lacan; también estudié con
Gilles Deleuze, iba a Vincennes con Serge Leclaire,
estudié topología con el profesor Tingry y lógica con
Pierre Lavalle.
Con Françoise Dolto fui coterapeuta durante dos años
Esta experiencia la cuento en mi libro Diez historias
de vida, de sufrimiento y de amor...
Rápidamente, en 1970, empecé a recibir en mi
domicilio -en mi pequeño departamentito de la rue
Pascal- a colegas de Ville d’Avray que querían estudiar
a Lacan. Eran tres personas. Una de ellas estaba vin-
culada al Dr. René Arlabosse, psiquiatra que tenía a su
cargo cursos en la Sorbona y que me propuso asistirlo.
Así comenzó mi aventura docente, que llevé a cabo de
manera ininterrumpida durante 31 años.
Y así fue que empecé a trabajar como chargé de cours,
título que siempre mantuve. Hubo un momento en
que me propusieron entrar en la carrera universitaria,
pero no me convenció.
Todos los martes a la tarde interrumpía mis consultas,
tomaba un taxi y me iba a la facultad, primero a Cen-
sier, luego a Jussieu.
Pero mi interés estaba sobre todo en el seminario en
la Escuela Freudiana, que era ya muy prestigioso. En
1974 comencé a hacer un seminario en la Escuela, hasta
1979. Se trataba más de conferencias puntuales, aunque
después hubo seminarios semanales. Luego me fui…
MR: …cuando empezó la disolución …
JDN: Efectivamente, empezó el lío, mucho lío; fue te-
rrible y horrible. Las parejas y los amigos se separa-
ban… Todo eso fue terrible: no se construía, solo se
destruía, y durante dos años no se había hecho nada;
nadie hacía nada. Yo preferí seguir con mi seminario,
un lunes cada quince días, y alquilé para ello una sala
en el boulevard Pasteur. Desde 1980 hasta 1985, Lacan
muere en 1981.
En 1985, el seminario andaba tan bien, con tanta con-
currencia y demandas nuevas de participación, que
decidimos organizar una gran jornada de trabajo so-
bre el «Silencio en psicoanálisis». Fue un éxito total. Se
llevó a cabo en el gran Salón Honorat de la Cité Uni-
versitaire, que usted conoce. Quiero nombrar à Liliane
Zolty, discípula y querida amiga, con quien organiza-
mos tantos eventos psicoanalíticos memorables.
De esa jornada inaugural nos vino la convicción de
fundar una asociación, y se crearon así los Semina-
rios Psicoanalíticos de París, en 1986. Allí empezó una
muy linda historia. La asociación no tiene una orga-
nización institucional; no era la idea perder el tiem-
po con cuestiones administrativas o conictos inter-
personales. No queríamos reproducir el traumatismo
vivido con la disolución de la Escuela Freudiana. Lo
único que me interesaba era trabajar, no perder tiem-
po con problemas asociativos.
Fue un trabajo maravilloso. Hemos hecho venir gente
muy prestigiosa, de calidad y de altísimo nivel. Solo
nombro a Françoise Dolto, a Julia Kristeva, a Guy Ro-
solato, al matemático René om, que fuera premiado
con la Medalla Fields…
Para mí, fueron 38 años de trabajo totalmente benévo-
lo. Di mucho tiempo y energía.
MR: También un espacio de libertad creativa para us-
ted, ¿no es cierto?
JDN: Si se quiere. Pero sobre todo un inmenso tra-
bajo enteramente benévolo, en pos de la difusión del
psicoanálisis. Muy intenso. Y para la gente, un lugar
de enseñanza consagrada a los conceptos mayores del
psicoanálisis, reuniendo los aportes de las principales
corrientes, que tanta falta hace en Francia. Porque en
las sociedades psicoanalíticas se forma a los psicoana-
listas, pero no hay una enseñanza así organizada. Exis-
te como demanda verdadera de muchos candidatos.
La idea surgió así, y con ella la necesidad de realizar
un ciclo de conferencias consagradas a dichos concep-
tos fundamentales. De allí emana el libro Enseñanza
de siete conceptos cruciales del psicoanálisis.
MR: Un libro mayor. Una referencia no ortodoxa de
los conceptos de base.
JDN: Y muy ligado a la saga de los Seminarios Psi-
coanalíticos de París. Le pedí a Sylvie le Poulichet que
hiciera la conferencia sobre el narcisismo. Alquilamos
1. N. del E.: Para esa beca, Nasio obtuvo tres cartas de recomendación muy elogiosas que son para él «verdaderos tesoros»: de Mauricio
Goldenberg, de José Bleger y de Enrique Pichon-Rivière. La carta de Pichon Rivière está redactada en francés y dirigida a Jacques Lacan.
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Entrevista
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para esa ocasión una sala del Museo Guimet de París,
de 400 lugares, que se llenó inmediatamente. La gente
hacía cola para entrar y muchos quedaron frustrados
de no poder obtener su lugar.
Correspondía a una verdadera necesidad: espa-
cios de formación abiertos, sin otro objetivo que el
de comprender bien esos fabulosos conceptos que el
psicoanálisis aportó a la psiquiatría, a la psicología y
también a la cultura.
Fue tentador fundar una Escuela. Muchos me lo
pedían. Pero no fue la opción, y no me arrepiento. Los
Seminarios eran la fórmula que mejor nos convenía.
Seminarios y grupos de estudio, por supuesto, que se
gestaban espontáneamente.
MR: Escuchando esa ebre por el saber, ¿qué le diría
a un joven colega que le confía su deseo de venir a
formarse a París hoy, en 2026?
JDN: Que está bien. Pero que tiene que venir ya for-
mado. Y le diría también que busque y encuentre un
maestro.
Y si ese joven colega me preguntara: «¿pero cómo se
busca o se encuentra un maestro?», respondería que un
maestro es un colega de mayor experiencia a quien le
gusta contar cómo hace con su paciente, que no tiene
reservas para dar generosamente lo que sabe.
Y claro, también es importante tener un lugar donde
trabajar. Tener una idea de un lugar donde hacer rea-
lidad la ocasión de compartir la experiencia con dicho
«maestro».
MR: ¿Lo prevendría de eventuales desilusiones?
JDN: No. ¿Por qué? Es cierto que el psicoanálisis está
hoy en día en otra situación que en los años en que vine
yo. Pero otras cosas pueden resultar hoy muy atractivas
en nuestro campo: la sistémica, la neurobiología… El
joven colega se inclinará en dirección hacia donde su
deseo le dicte. Pero yo insistiría, en mi consejo, sobre la
importancia del maestro para emprender tal aventura.
Es realmente necesario tener un maestro.
Y no hay edad para eso. Cuando Lacan y Dolto falle-
cieron, quise supervisar con Serge Lebovici —¡yo ya
estaba entrado en años!—; pero poco tiempo después
falleció él también. Yo lo había conocido en la radio
France Culture, en un ciclo sobre Donald Winnicott
en el cual nos entendimos muy bien.
Sentir la necesidad de una persona superior a uno mis-
mo permite, por supuesto, seguir siempre aprendien-
do, pero también y sobre todo ser uno mismo. Para ser
uno mismo, necesitamos sentir a alguien por encima
de nosotros… estoy hablando de un sentimiento de
humildad que es constitutivo del ser humano. Si acep-
to la existencia de un ser superior a mí, acepto que
soy una persona limitada, un ser limitado, y que debo
aprender para crecer y superarme.
Si me preguntara qué es lo más importante para mí
en lo profesional, diría que es conservar la inocencia,
sentir que quiero aprender y ¡que aprendo! Cuando el
paciente se va del consultorio y nos deja pensando, y
al cabo de un tiempo de elaboración nos da la impre-
sión de haber entendido algo… Ese sentimiento que se
expresa con la frase del «ahora entendí», en la que el
sonido de la última sílaba se alarga y se agudiza. Eso es
maravilloso.
Ser inocente nos vuelve curiosos y nos da la ocasión
de sorprendernos. Dos condiciones para aprender. El
«niño» en nosotros. Soy un niño mientras pueda con-
servar esa capacidad de sorprenderme. Es una actitud
y un estado mental de disponibilidad a la sorpresa y de
búsqueda de satisfacer la curiosidad, despojada de a
priori. Cuando quise contactar a Lebovici, fue con ese
espíritu de «virginidad» en el enjuiciamiento que cul-
tivo en mí para seguir aprendiendo: el «niño». Siendo
que yo ya tenía casi 60 y pico de años. El «niño» es lo
inédito ante la vida, que nutre la larga esperanza de
vida. Da vitalidad. En ese sentido, la energía que se
moviliza es una energía inscrita en el tiempo.
MR: El «niño»… y el amor, ¿no es cierto?
JDN: Muy cierto. Y ahora que usted lo señala, quiero
expresar mi amor por la lengua francesa. París, Fran-
cia, mi «exilio», están también estrechamente ligados
a mi amor por la lengua francesa.
Ya conoce usted mi amor por el psicoanálisis, pero
quiero señalar también mi amor particular por la psi-
quiatría. Soy un psicoanalista que ama la psiquiatría.
¡Adoro referirme, por ejemplo, al delirio sensitivo de
Kretschmer! Adoro la época en la que estudiaba el
Manuel de psychiatrie de Henri Ey: las diferentes for-
mas de la esquizofrenia, etc. Mi apego por la psiquia-
tría es sólido. El otro amor también muy fuerte es por
la lengua francesa.
MR: ¿Qué le gusta de la lengua francesa?
JDN: Me gusta la exactitud, la secreta armonía que se
desprende de una frase bien escrita. El francés exige e
impone ese rigor de la construcción en la frase escrita,
y en la composición global también de la redacción
en francés. Es un ejercicio del espíritu muy particular,
que se condice con la exigencia de rigor en la cons-
trucción y la expresión del pensamiento conceptual.
Pero, en lo que a mí concierne, debo decir que me
propongo siempre escribir el francés con exactitud y
rigor, conservando la «música» argentina.
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Entrevista
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Las frases tienen una «música», y para mí eso es muy
importante: su ritmo de fraseo y la sonoridad que dan
las mismas palabras elegidas para su construcción.
Estoy corrigiendo en este momento la edición espa-
ñola de Clara, el bebé que vuelve a la vida. En él, al
inicio del libro, hablando del rol protector de los hijos
respecto a los padres, evoco la gura de los ángeles y
digo en francés: «lhistoire touchante d’un petit bébé qui
protège ses parents… Et je pense à la gure des anges
gardiens aux visages roses et jouus…». El editor tra-
duce: «la cara sonrosada y las mejillas regordetas de
los ángeles». ¡Regordetas! ¡No es posible! Pensando en
la música del escribir de la que le hablo, le propuse co-
rregir: «con caras y cachetes sonrosados». El objetivo
era evitar «regordetas». Ese halo musical de las frases
es algo propio a las lenguas. Es muy importante. Qui-
zás lo que está más enraizado a la lengua natal.
MR: Qué difícil y apasionante es la traducción…
JDN: En castellano puedo corregirlas; pero qué pasa
en las otras lenguas en las que mis libros son traduci-
dos es un enigma. No poder corregir eso es una pena,
aunque lo conceptual está seguramente salvaguardado.
MR: En la lengua se halla para siempre una liación
irrenunciable. Volvamos, pues, a la liación; le pro-
pongo el juego siguiente, que consiste en poner una
palabra o una corta frase delante de cada uno de sus
maestros.
JDN: Retomemos la lista que me presentó: De Freud:
«el maestro de todos nosotros». De Ángel Garma: «lo
psicosomático». Mi padre, médico, lo conocía perso-
nalmente por sus trabajos sobre la úlcera del estóma-
go. Era la época en la que los médicos clínicos leían a
los psicoanalistas. De Pichon-Rivière: Ay, ¡qué difícil!
«Avenida Santa Fe a las 12 de la noche». De José Ble-
ger: «Rosario; comunismo»… También se conocían
con mi padre, que era militante comunista. Cuando,
estando yo ya en Buenos Aires, fui a verlo -segura-
mente por sus trabajos sobre la conducta-, el mismo
Bleger me contó haberlo conocido en Rosario. De
Emiliano del Campo: «Mi analista». De 1965 a 1969.
Le regalé una pipa cuando terminé mi análisis, porque
me venía para París. De Jacques Lacan: su frase inol-
vidable: «Usted hace mi seminario». ¡Qué locura eso!
MR: «Padre» es la palabra que vuelve con recurrencia.
No en vano, ¿no es cierto? Son «caras» del padre en las
que inscribimos probablemente nuestra liación.
JDN: Probablemente.
MR: En referencia al título tan entusiasta de uno de
su libros ¡Sí, el psicoanálisis cura!, editado por Paidós
en 2017; ¿es cierto entonces que el psicoanálisis cura?
JDN: ¿Cómo justicar semejante armación? Me he
dado cuenta de que mi experiencia clínica y mi re-
exión teórica se han enriquecido con el paso de los
años, y de que los pacientes que manifestaban su gra-
titud luego de concluido su tratamiento eran cada vez
más numerosos.
Hoy me digo que puedo y debo conar plenamente en
la ecacia de mi larga y apasionante práctica psicoana-
lítica, que no dejo de conceptualizar, de enseñar y de
compartir con otros clínicos. Es esta conanza la que
me incita a decir sin vacilar: «¡Sí, el psicoanálisis cura!».
Por supuesto, ningún paciente se cura completamen-
te, y el psicoanálisis, como todo remedio, no cura a
todos los pacientes ni cura de manera denitiva. Así lo
armo en las primeras páginas de dicho libro.
MR: Como modelo de curación, he retenido -como
una gran enseñanza suya- una expresión particular-
mente signicativa: la de «desvitalización del fantasma
y del sueño», en un sentido conductual del término,
que acompaña al fantasma hasta el punto de integrarlo
como una identidad alienada.
Se desprende claramente de la lectura de su libro que
no se trata de erradicar el elemento constitutivo, ya sea
traumático o fantasmático, ni el deseo. Pero sí de que,
de algún modo, se desvitalice su presencia, de mane-
ra que ya no exija su dramatización permanente ni su
repetición.
Tal operación engendra una «inteligencia» frente al
fantasma que constituye a la persona, así como una
forma de «empatía» hacia uno mismo, que permite
aprender a amar y a querer aquello que nos constituye.
Munido de esa «inteligencia», aportada por una críti-
ca transformada en curiosidad investigadora, a dife-
rencia de la crítica enjuiciadora del superyó, el sujeto
puede situarse de otro modo frente a su experiencia.
JDN: ¡Sí! Así es. Es exacto. Nos introduce en el tema
del fantasma sobre el cual usted quería también inte-
rrogarme. Efectivamente. Eso resulta un poquito más
técnico y quizás más teórico.
MR: El fantasma, sobre todo articulado con el trau-
matismo. Usted cuenta en sus casos clínicos la impor-
tancia que le conere al traumatismo, e insiste en ello.
Se trataría de traumatismos que no son forzosamente
los que se recuerdan, sino de un traumatismo de la
memoria inconsciente…
JDN: …reconstruido efectivamente por el análisis del
síntoma y de la repetición transferencial.
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Entrevista
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MR: Me he preguntado, leyendo sus casos: ¿qué lugar
darle entonces a lo pulsional?, y me parece que lo pul-
sional -del fantasma- aparece cuando usted se reere
a una articulación muy na y muy curiosa entre trau-
matismo y fantasma… al punto que, por momentos,
entendemos por «traumatismo» lo «traumático» de lo
inaugural de un sufrimiento, como si se tratara de lo
traumático… del fantasma mismo.
JDN: Lo que articula todo lo que usted dice, correcta-
mente, es que se trata en todos los casos de un evento
vivido, de cuerpo y alma, con emociones y con huellas
sensoriales. Ya sea que se trate de eventos imaginarios
o reales.
Pero precisaría que el fantasma es un derivado del
trauma en tanto que acontecimiento. El fantasma es
una secuela imaginaria del traumatismo. El sello psí-
quico del traumatismo.
MR: André Green armaba que la primera vez era un
«trauma» y que las siguientes, y si repite, ya es fantasma.
JDN: Está bien. Adhiero a esa proposición.
MR: Pero ¿usted arma entonces que «al inicio, es el
trauma»?
JDN: . Hay dos tipos de trauma (reales o supuestos):
el trauma violento, que provoca cambios profundos
en el ser, y el trauma que yo llamo «de crecimiento».
Los traumas profundos más frecuentes son de tres tipos.
Primeramente, el trauma por abandono, ya sea porque
la madre ha dejado al niño en un orfelinato, lo cual
constituye un trauma de abandono real, o porque un
niño de cuatro años se ve enfrentado a la desaparición
de su madre durante tres meses debido a un accidente
automovilístico, sin que el padre ni nadie le explique lo
ocurrido. Cuando esta situación se prolonga y el niño
no sabe que su madre sufrió un accidente y que se en-
cuentra hospitalizada lejos, por ejemplo en Italia, puede
vivir ese alejamiento como un abandono. Así, tenemos
tanto los traumas reales como los traumas vividos.
En segundo lugar, el trauma provocado por los mal-
tratos, ya sean físicos o morales. Y fíjese que el grito
aquí es fundamental. Con frecuencia es más traumáti-
co que el maltrato físico…
MR: ¿Por qué?
JDN: Porque produce en el niño una sorpresa de es-
calofrío y de espanto. Del mismo modo que es trau-
mático lo visual; es decir, ser testigo de maltrato sin
ser uno mismo la víctima directa: ver, por ejemplo, al
papá pegarle a la mamá. Y en tercer lugar, el trauma
por abuso sexual.
MR: ¿Alguno de estos tres tipos de traumatismo pro-
fundo sería más desorganizador que otro?
JDN: No. Se trata de los tres traumas violentos más
frecuentes. Existen otros, por supuesto, pero estos son
los más habituales en la clínica. El trauma de aban-
dono da lugar, con frecuencia, a la fobia; el trauma
de maltrato suele conducir a la neurosis obsesiva; y el
trauma de abuso sexual da lugar frecuentemente a la
histeria. No puede decirse que uno sea más desorga-
nizador que otro.
Ahora bien, considero que hay otros traumas que no
son violentos y que generan crecimiento. Los llamo
«traumas de crecimiento».
Son traumas porque provocan un trastorno en el niño,
pero que el niño puede elaborar y gestionar. El más
frecuente, por ejemplo, es el nacimiento de un herma-
nito o hermanita.
MR: Traumatismos de crecimiento que implican se-
paraciones…
JDN: Exacto. Traumas de separación: el niño que per-
maneció en el mismo grupo y establecimiento duran-
te el jardín de infantes hasta la escuela primaria y que,
de pronto, tiene que cambiar de escuela, vive algo muy
doloroso. Por supuesto se adapta, pero hay allí algo ya
traumático.
O bien el caso de un hermano o una hermana diez
años mayor: cuando el niño tiene siete u ocho años
y la hermana de dieciséis se va al extranjero, él que-
da privado de esa presencia. Tal separación constituye
un trauma de crecimiento, ya que obliga al niño a re-
organizarse, readaptarse y aprender nuevas maneras,
nuevas defensas, para soportar la vida. Y no por ser
superados dejan de ser traumatismos…
MR: …dejan huella.
JDN: Dejan huella, sí; pero, para mí, dejan la huella para
la neurosis en general, aunque no para desarrollar una
neurosis con síntomas caracterizados. Esa es justamente
la diferencia: los tres traumatismos violentos —abando-
no, maltrato y abuso— provocan síntomas característi-
cos; generan neurosis con manifestaciones especícas,
que producen sufrimiento y requieren tratamiento.
En cambio, los traumatismos no violentos, los trau-
matismos de crecimiento, dejan secuelas, pero, a mi
entender, se trata de una neurosis en general. Un trau-
matismo de ese tipo produce una neurosis sin sínto-
mas claramente caracterizados. Neurosis en general,
generadora de angustia, por supuesto, pero que no
exige necesariamente tratamiento.
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Entrevista
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MR: Y dejan seguramente —ya que se trata también
de una cuestión de umbral, cuantitativo, dice Freud
— una vulnerabilidad más o menos importante, por
ejemplo, frente a la depresión. Usted, en otro de sus
libros, habla del traumatismo como de una cicatriz a
partir de la cual las personas enferman de depresión.
JDN: Efectivamente.
MR: Finalmente, usted se acerca a las convicciones de
Ferenczi, que veía, quizás más que Freud, que el ori-
gen de las neurosis era la experiencia traumática. Con
Rank escriben en 1924 El traumatismo del nacimiento.
Freud, en cambio, sostenía más rmemente que el fan-
tasma era el causante del traumatismo en tanto que ha-
cía que el evento fuera sobredeterminado por la carga
fantasmática. Qué enmarañado resulta esto, ¿no?
JDN: Este punto siempre me interesó. Freud, con su
teoría de la libido, conere una importancia fundamen-
tal a la jación de los acontecimientos en función de los
estadios sexuales del desarrollo. En el estadio anal, por
ejemplo, habría una erotización excesiva del ano. Yo
hablo del maltrato, pero Freud diría: hubo una jación
erótica anal ligada al castigo, al dolor. Ese niño quedó
eróticamente jado a esa experiencia.
En el caso de la histeria, según Freud, no habría nece-
sariamente abuso sexual, sino una jación erótica a la
caricia sensual. Y con la fobia ocurre algo semejante:
Freud hablaba de una jación al período oral. Yo, en
cambio, hablaría del abandono del lactante al que se le
retira el pecho materno. Un hecho que ja al niño a un
estado en particular.
MR: También en la «jación» aparece una circularidad :
El hecho «ja» en un estadio y el hecho es jado porque
el sujeto se halla en determinada fase de su desarrollo.
JDN: Y lo que se ja es un fantasma. Tomemos un
ejemplo: un niño que va a hacer caca. La madre es una
obsesiva; piensa que si el niño no defeca una vez por
día se enfermará. De esa manera, la madre —o la per-
sona que se ocupa de él— justica la aplicación regu-
lar o diaria de un supositorio.
Con ese gesto, el niño empieza a concentrarse en un
lugar del cuerpo que es el ano. Eso sería lo que Freud
describió como una jación anal. Pero hay una jación
anal porque la madre le pone un supositorio, y eso ya es
fantasma.
MR: ¿Un encuentro… ?
JDN: Es el «grano de verdad», el «grano» -en alemán
Freud dice Korn- de realidad que está en la formación
del fantasma. Eso sería para juntar a Freud con la in-
terpretación del trauma.
MR: ¿Y usted, Nasio, es en lo que sigue creyendo?
JDN: ¡Claro! Lo reinterpreto, seguramente. Lo digo
con mis palabras y a partir de mi propia experiencia.
Siempre reinterpretamos. Y me encanta darme cuen-
ta de que lo que estoy pensando ya había sido dicho.
Cuando Freud habla de la jación, yo pienso que era
su manera de hablar de un elemento traumático.
Freud estaba ocupado con la evolución de los estadios
para pensar en el falo, porque el tema de los estadios
para él era el de los estadios del placer sexual. No hay
que olvidarse de esto. Los tres estadios -oral, anal, fá-
lico- son estadios en función de los lugares de placer:
la boca, el ano y luego el estadio fálico, donde el placer
es el fantasma del sexo. El pene, pero «fantasmado».
MR: ¿En los otros no hay fantasma?
JDN: No diría eso. En los otros hay fantasma, claro;
pero lo que me importa resaltar es que en los estadios
oral y anal el lugar del placer es orgánico, en la zona
erógena. En el estadio fálico se opera un salto, y el lu-
gar del placer es el fantasma.
MR: Pensar que esto sigue siendo objeto de debate
entre todos los movimientos posfreudianos. Pense-
mos también cómo la cuestión se complejiza cuando
los estadios adquieren un carácter desarrollista, en un
sentido ontológico: esas «jaciones» pasan entonces a
pensarse en términos de subjetivación.
Me gusta pensar que se trata de puntos de vista com-
plementarios y no opuestos. Sin embargo, persiste la
idea de que, para ser freudiano, habría que seguir ex-
clusivamente la vía libidinal.
JDN: Es interesante pensar de manera totalmente
inocente: ¿qué le causa placer, físicamente, a un niño
cuando tiene seis meses o cuando tiene dos años? Esa
es la cosa que, para mí, dijo Freud.
Lo que conversamos me recuerda un libro muy inte-
resante que debo tener en algún lugar de la biblioteca:
se trataba de las actas de una jornada donde intervi-
nieron sobre los estadios Henri Wallon y Jean Piaget.
Apasionante. Son efectivamente maneras de pensar
diferentes según diferentes criterios; por ejemplo, Pia-
get lo hacía de acuerdo a la inteligencia, lo cognitivo;
Wallon se interesó en los estadios de la construcción
del yo, entre los cuales el del espejo -el del reconoci-
miento de la propia imagen- es el más conocido, por-
que lo retomó Lacan para su teorización.
MR: Volvamos, si está de acuerdo, a su práctica. ¿Re-
conocería en usted una tendencia técnica en particu-
lar, o una representación íntima de sus objetivos? Por
ejemplo, la búsqueda o reconstrucción de recuerdos
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Entrevista
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traumáticos, como lo decíamos previamente; la movi-
lidad de la transferencia, etc.
JDN: No me concentro en algo en particular. No he
logrado, hasta ahora, decirme a mí mismo qué es
exactamente lo que, en mí, ayuda al paciente. Sé que se
trata de un conjunto de elementos puestos al servicio
de ciertos efectos de cambio y de progreso: el conte-
nido de lo que comunico, por supuesto, pero también
la voz, la mirada… Seguramente se trate de una mo-
dalidad de presencia. Trato de teorizarla lo mejor que
puedo y desde ángulos diferentes.
Una de esas ideas es la siguiente: ya sea escuchando o
interviniendo, le muestro al paciente que, allí donde
él se halla desunido en su interior, nosotros podemos
estar unidos en nosotros mismos. Me centro, pues, en
el problema de estar unido o desunido. Es una de las
maneras de abordar la cuestión.
Le muestro entonces dos cosas: primero, que yo mismo
estoy unido en mi propia manera de ser ante él y, luego,
que busco lograr que él se quiera a sí mismo. Le muestro
un modo de trato hacia él que él mismo podría adoptar
consigo. No se trata de ser para el paciente un modelo,
lo cual Lacan criticó, y con razón, sino de teorizar aque-
llo que, por esa vía, ejerce efectos benécos. Esto abar-
ca un aspecto de lo que fue estudiado como imitación,
pero en un sentido identicatorio y profundo.
Esa «preocupación de base» me permite cierta libertad
técnica. Libertad técnica no quiere decir hacer lo que
uno quiere. Permanentemente observo toda iniciativa
que tomo para y con el paciente. Para ello sigo la regla
profesional que consiste en: hacer, observarse hacer y
teorizar lo que se hace. Así formalizo el trabajo.
MR: El paciente debe identicarse entonces no tanto
con una persona -su terapeuta- sino con esa «regla»
pensante, esa manera de proceder.
JDN: Exactamente. Y se identica también con ese
interés.
Le cuento una variante técnica que yo llamo la «inter-
pretación gráca».
La interpretación gráca surge cuando le propongo al
paciente, en este caso un paciente obsesivo que pre-
sentaba una fobia de impulsión y temía matar a su
madre: «Bueno, vamos a hacer una cosa» -tomando
una hoja que coloco sobre el banquito junto al sillón
o al diván- «Hagamos la línea de vida, para ver cuán-
do empezó esta idea.» Entonces comenzaron a enca-
denarse los hechos. El paciente me dijo: «Nunca tuve
una imagen tan completa del problema. Es la primera
vez que veo esto.»
Una línea de vida para ver los diferentes momentos de
repetición y las crisis que tuvo: los tratamientos que si-
guió, los médicos que consul, las mujeres que dejó, la
mujer que conoció… Estamos trabajando en eso; este
paciente ya se siente mucho mejor y sin medicamentos.
La llamo «interpretación gráca» porque el solo hecho
de que aparezca el gráco ya le da al paciente una vi-
sión diferente, sin que yo haya dicho nada en particu-
lar, aunque, por supuesto, esto pueda acompañarse de
alguna intervención verbal.
Otra variante técnica puede consistir en salir al hall
del edicio de mi consultorio, donde hay un espejo, y
acompañar a la paciente anoréxica a observar juntos
su imagen corporal. O ir hasta la escuela junto al niño
que presenta una fobia escolar.
Me dejo llevar por el «buen sentido» y por lo que de-
ní como «inconsciente instrumental», observando y
pensando siempre lo que está ocurriendo, en los di-
ferentes niveles del acontecer en la relación: lo pen-
sado de manera emergente, lo intuido, los gestos, los
movimientos… todo aquello que engloba el ser y el
estar, aquí y ahora, con el paciente. Para que el pacien-
te sienta la autenticidad con la que recibo lo que él
es, tal como él es. Lejos de posiciones superyoicas. En
algunas situaciones, el superyó es la parte enferma de
la psiquis, una especie de «tumor» psíquico, tal como
se observa en los adolescentes que sufren del fantasma
de humillación, como lo digo en mi libro Cómo actuar
con un adolescente difícil.
Trato, por supuesto, de penetrar en su mundo interior
y sentir conscientemente lo que el paciente siente y,
sobre todo, aquello de lo que él no tiene conciencia.
Ya sea en el momento mismo o en el après-coup, cuan-
do elaboramos lo vivido, cuando teorizamos, o cuan-
do escribimos y reexionamos. Trabajando siempre.
MR: Con esa frase, si está de acuerdo, podríamos con-
cluir. Muchas gracias, Juan David. Como en todos sus
libros, le agradezco especialmente, y también en nom-
bre de los lectores de esta entrevista, su manera gene-
rosa, dialogada y rigurosa de transmitir su enseñanza.
JDN: Muchas gracias a usted, Martín, y a la revista
Vertex, que me brindan la ocasión de estar nuevamen-
te en contacto directo con los colegas de nuestro que-
rido país.
París, 5 de marzo de 2026
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CARTA DE LECTORES
A propósito del Primer Consenso Argentino sobre el Manejo de la Esquizofrenia:
considerando los disensos en relación al tratamiento farmacológico de
mantenimiento
Señor Director:
El "Primer Consenso Argentino sobre el Manejo de la Esquizofrenia: Lineamientos para el abordaje integral
del tratamiento" (Corrales et al., 2026), publicado en esta revista, presenta una completa y rigurosa actualiza-
ción sobre este tema. Con el propósito de contribuir al debate, quisiéramos exponer algunas consideraciones,
particularmente en lo que concierne al tratamiento farmacológico de mantenimiento.
En la discusión sobre dicho eje (pp. 103-105), los autores mencionan la falta de deniciones concluyentes
respecto a la duración óptima del tratamiento de mantenimiento y sugieren que, en ciertos casos, se puede con-
siderar la reducción de la medicación, planteando que el enfoque de mantenimiento [...] puede ser ecaz para
muchos pacientes, pero la variabilidad en las respuestas requiere un enfoque individualizado.
En efecto, revisiones sistemáticas sugieren que la continuidad indenida por defecto no es una postura uná-
nime a nivel internacional (Correll et al., 2022). Dadas las trayectorias evolutivas heterogéneas de la esquizofre-
nia, el riesgo de recaída no es uniforme y, por tanto, hay subgrupos de pacientes con estabilidad prolongada que
logran mejores tasas de recuperación funcional y autonomía cuando se implementan dosis mínimas efectivas o
estrategias de discontinuación pautada, en comparación con el mantenimiento de dosis estándares (Aab 2024,
Wunderink et al., 2013).
Existen desafíos metodológicos que dejan algunos claroscuros. Uno de ellos es la escasez de comparaciones
de largo plazo contra placebo, ya que la mayoría de los ensayos evalúan el mantenimiento farmacológico con
seguimientos de hasta un año (Ceraso et al., 2020), lo que impide un mejor discernimiento entre ambas alter-
nativas -continuidad de tratamiento en dosis estándar vs. discontinuidad de la medicación (Moncrie J et al.,
2023). Otro punto es que, cuando se suspende la medicación, no es sencillo precisar si la eventual reaparición
de síntomas se debe a la reactivación de la psicopatología subyacente o a fenómenos de tolerancia e hipersensi-
bilidad del receptor D2 por uso crónico (Horowitz et al., 2021).
Ahora bien, aunque el Consenso expone estos matices, las recomendaciones resultan más categóricas al con-
signar que: “[...] El presente consenso de expertos sostiene que, una vez conrmado el diagnóstico de esquizofrenia,
el tratamiento antipsicótico no debería interrumpirse. Precisamente, debido a que la evidencia no es totalmente
concluyente al respecto, consideramos que hubiera sido conveniente acompañar sus recomendaciones con una
gradación explícita del nivel de evidencia en que éstas se basan -de modo similar a los sistemas utilizados por
las guías NICE o, en nuestro medio, por el Tercer Consenso Argentino de Trastornos Bipolares. Esto ofrecería
mayor claridad sobre el grado de respaldo empírico de las recomendaciones.
Creemos que una visión clínica exible, que conciba al descenso gradual y supervisado como una potencial
herramienta orientada a preservar la funcionalidad del paciente, resguarda su rol como participante activo de
su tratamiento. Incorporar esta alternativa en nuestra práctica puede ayudar a que la prescripción crónica no
sea un acto mecanizado sino el resultado de una valoración analítica y dinámica en la toma de decisiones.
El Consenso, herramienta esencial para nuestra actualización y formación, constituye una plataforma para
reexionar sobre la práctica diaria: bajo ese espíritu surge esta carta.
113
Javier Fabrissin1, Nicolás Oliva2
1.Médico Especialista en Psiquiatría, Docente de Salud Mental I y II (USP-T), Psiquiatra del Depto. Salud Ocupacional (SIPROSA). San Miguel de Tucu-
mán, Argentina. jfabrissin@gmail.com
2.Médico Especialista en Psiquiatría. Magíster en Psiconeurofarmacología (Universidad Favaloro). Médico del Cuerpo Médico Forense de la Justicia
Nacional. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. olivanico@gmail.com
114
Carta de Lectores
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Referencias bibliográcas
Aab, A. (2024). Making sense of the literature on antipsychotics and long-term functioning: taking natural history and personalization seriously. Psy-
chological Medicine, 54(16), 1–8. https://doi.org/10.1017/s003329172400312x
Ceraso, A., Lin, J. J., Schneider-oma, J., Sias, S., Tardy, M., Komossa, K., Heres, S., Kissling, W., Davis, J. M., & Leucht, S. (2020). Maintenance treat-
ment with antipsychotic drugs for schizophrenia. Cochrane Database of Systematic Reviews, 8(8), CD008016.
https://doi.org/10.1002/14651858.CD008016.pub3
Corrales, A., Abadi, A., Bartoli, G., Benavente Pinto, C., Cabrera, A., Camino, S., Corral, R., Delmonte, G., García Bonetto, G., Garay, C. J., Gargolo,
D., Gargolo, P., Goldchuk, A., Iveli, M. F., Jufe, G., Lamaison, F., Leiderman, E., López Mato, A., Marengo, E., . . . Cetkovich-Bakmas, M. (2026). Primer
Consenso Argentino en Esquizofrenia: tercera parte. Lineamientos para el abordaje integral del tratamiento. Vertex Revista Argentina de Psiquiatría,
37(171), 72-126. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i171.979
Correll, C. U., Martin, A., Patel, C., Benson, C., Goulding, R., Kern-Sliwa, J., Joshi, K., Schiller, E., & Kim, E. (2022). Systematic literature review of schi-
zophrenia clinical practice guidelines on acute and maintenance management with antipsychotics. Schizophrenia, 8(1), 5.
https://doi.org/10.1038/s41537-021-00192-x
Horowitz, M. A., Jauhar, S., Natesan, S., Murray, R. M., & Taylor, D. (2021). A method for tapering antipsychotics based on dopamine transporter occu-
pancy. e Lancet Psychiatry, 8(6), 516-526. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(21)00035-2
Moncrie, J., Crellin, N., Stansfeld, J., Cooper, R., Marston, L., Freemantle, N., Lewis, G., Hunter, R., Johnson, S., Barnes, T., Morant, N., Pinfold, V.,
Smith, R., Kent, L., Darton, K., Long, M., Horowitz, M., Horne, R., Vickersta, V., Jha, M., Priebe, S. (2023). Antipsychotic dose reduction and discon-
tinuation versus maintenance treatment in people with schizophrenia and other recurrent psychotic disorders in England (the RADAR trial): an open,
parallel-group, randomised controlled trial. e Lancet Psychiatry, 10(11):848-859. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(23)00258-4 Epub 2023 Sep 28.
Erratum in: Lancet Psychiatry. 2023 Nov;10(11):e29. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(23)00342-5 PMID: 37778356.
Wunderink, L., Nieboer, R. M., Wiersma, D., Sytema, S., & Nienhuis, F. J. (2013). Recovery in remitted rst-episode psychosis at 7 years of follow-up of
an early dose reduction/discontinuation strategy vs maintenance treatment: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 70(9), 913-920.
https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2013.19
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CARTA DE LECTORES
Claritatis principium: ne lectorem confundas
Respuesta a la carta al Director: “A propósito del Primer Consenso Argentino
sobre el Manejo de la Esquizofrenia: considerando los disensos en relación al
tratamiento farmacológico de mantenimiento”
Señor Director:
En la carta de referencia, los autores abordan dos escenarios clínicos que corresponden a decisiones tera-
péuticas claramente diferentes. Asimismo, como se expondrá más adelante, citan de manera incompleta la
recomendación formulada en nuestro consenso. Ambos aspectos pueden conducir a una interpretación que no
reeja adecuadamente el alcance ni la naturaleza de la recomendación original.
El primer escenario está enfocado en la estrategia farmacológica de reducción de dosis en el tratamiento de
la esquizofrenia. En este primer punto, los mismos autores parecerían no tener discrepancias sobre lo postulado
por el presente consenso. De todas formas es importante ampliar la discusión ya que la reducción de dosis de
antipsicóticos en esquizofrenia estable conlleva un riesgo aumentado de recaída sin benecios consistentes en
funcionalidad o calidad de vida, aspectos que los autores no hacen referencia en su carta al editor. Sin embargo,
la evidencia revela matices importantes respecto al momento, la selección de pacientes y los resultados a largo
plazo. Por ejemplo, un estudio reportó que la reducción de dosis aproximadamente duplica el riesgo de recaí-
da comparado con la continuación de dosis (razón de riesgo: 1,96; IC 95 %: 1,23–3,12) (Tani et al., 2020). Una
revisión sistemática que evaluó la reducción de la dosis de antipsicóticos en pacientes con esquizofrenia clínica-
mente estables no encontró diferencias signicativas entre las estrategias de reducción y de mantenimiento del
tratamiento en términos de calidad de vida, funcionamiento global o incidencia de efectos adversos. Sin embar-
go, la reducción de la dosis se asoció con un incremento del riesgo de recaída y de abandono del tratamiento,
así como con una posible mayor tasa de rehospitalización. Asimismo, en varios estudios la reducción de la dosis
fue rápida y de considerable magnitud, lo que podría haber inuido en los resultados observados (Rodolico et
al., 2022). Un metaanálisis de 24 ensayos clínicos aleatorizados (n = 3.282) evaluó la ecacia y seguridad de la
reducción de la dosis de antipsicóticos durante el tratamiento de mantenimiento en pacientes con esquizofrenia
con múltiples episodios. En comparación con las dosis estándar, las dosis bajas (50–99 % de la dosis estándar)
incrementaron el riesgo de recaída en un 44 % (RR = 1,44; IC 95 %: 1,10–1,87), mientras que las dosis muy bajas
(<50 % de la dosis estándar) aumentaron dicho riesgo en un 72 % (RR = 1,72; IC 95 %: 1,29–2,29). Asimismo,
ambas estrategias se asociaron con un mayor riesgo de discontinuación del tratamiento por cualquier causa, sin
evidenciar benecios en términos de tolerabilidad. Los autores concluyen que, en pacientes con esquizofrenia
estabilizados, la reducción de la dosis por debajo del rango estándar de mantenimiento no debería recomendar-
se de forma rutinaria, ya que incrementa el riesgo de recaída y de interrupción del tratamiento, sin demostrar
ventajas clínicas consistentes (Højlund et al., 2021).
115
Alejo Corrales1, Eduardo Leiderman2, Tomas Maresca3
1.Magíster en Biología Molecular e Ingeniería Genética, Universidad Favaloro. Docente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Presidente del
Capítulo de Psiquiatría Genética, Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP), Buenos Aires, Argentina.
2.Universidad de Palermo.
3.Presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica (AAPB).
Autor de correspondencia:
alejocorrales@hotmail.com
116
Carta de Lectores
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 115-119
Los autores de la carta, adems, hacen referencia al estudio RADAR. Este ensayo, dirigido por Joanna Mon-
crie y colaboradores (2023), comparó mediante un diseño aleatorizado una estrategia de reducción gradual
de la dosis de antipsicóticos frente al tratamiento de mantenimiento en pacientes con esquizofrenia y otros
trastornos psicóticos, con el objetivo de minimizar el sesgo derivado de reducciones excesivamente rápidas
observado en estudios previos, como el de Rodolico y colaboradores, mencionado anteriormente (Moncrie et
al., 2023). Sin embargo, el estudio RADAR ha sido objeto de importantes cuestionamientos metodológicos. Ese
mismo año, Stefan Leucht y colaboradores publicaron un comentario crítico en el que señalaron varias limita-
ciones que consideramos relevantes y con las que coincidimos. En primer lugar, de los 4.157 pacientes evalua-
dos para su inclusión, únicamente 253 fueron nalmente aleatorizados, lo que plantea la posibilidad de un
importante sesgo de selección hacia pacientes con una enfermedad relativamente estable o de menor gravedad
clínica. Esta interpretación se ve reforzada por la mediana de la puntuación basal de la PANSS (48 puntos),
compatible con una población poco sintomática. Asimismo, la dosis mediana de antipsicóticos al inicio del
estudio fue equivalente a 300 mg de clorpromazina, correspondiente a una dosis estándar de mantenimiento,
y la carga de efectos adversos reportada fue, en general, leve.
Los principales resultados del estudio a los 24 meses de seguimiento fueron los siguientes:
■ Recaída grave (hospitalización): 25 % en el grupo de reducción vs. 13 % en mantenimiento (OR = 2,20; IC
95 %: 1,15–4,22).
■ Cualquier recaída: 41 % vs. 22 %.
■ Reducción mediana de dosis: 33 % respecto al basal; solo el 10 % de los pacientes había suspendido el antip-
sicótico al nal del estudio.
■ No se conrmó la hipótesis de mejoría del funcionamiento social ni cognitivo con la reducción de dosis,
aunque tampoco hubo empeoramiento social pese al aumento de recaídas.
Un subestudio cualitativo (Morant y colaboradores, n = 26) mostró que varios pacientes percibieron alivio de
la sedación, embotamiento emocional y enturbiamiento mental, aunque 9 de 26 sufrieron una recaída psicótica
(Morant et al., 2023). Es decir que el estudio RADAR de Moncrie y de Morant (ambos del mismo grupo) son
claros en dos puntos, la funcionalidad no está modicada en ninguno de los dos grupos y el riesgo de recaída es
claro en el grupo de pacientes a quienes se les redujo la dosis de antipsicóticos. Sin embargo, algunos se podrían
beneciar con la reducción de dosis. La hipótesis original de que la reducción de la dosis mejoraría el funciona-
miento social sin incrementar signicativamente el riesgo de recaídas no fue conrmada. Asimismo, tampoco
se observó una mejoría en el rendimiento cognitivo (Leucht et al., 2023).
El desafío ético es que los intentos de identicar a los pocos que pueden beneciarse de la reducción siste-
mática de dosis pueden comprometer la salud y estabilidad de los muchos que requieren tratamiento de man-
tenimiento a largo plazo.
Dicho esto, nuestro consenso no descarta la posibilidad de realizar ajustes de dosis durante el tratamiento
de mantenimiento cuando existan razones clínicas que lo justiquen. Dichas modicaciones deben llevase a
cabo de manera individualizada, gradual y bajo un adecuado seguimiento. Sin embargo, consideramos que los
autores en su carta fusionan conceptualmente dos aspectos del tratamiento que son claramente diferentes desde
el punto de vista clínico y terapéutico: la reducción de la dosis y la discontinuación del tratamiento. En este
sentido, nuestra posición es clara con respecto a lo segundo. El consenso sostiene que, una vez conrmado el
diagnóstico de esquizofrenia, el tratamiento antipsicótico no debería interrumpirse, debido al elevado riesgo
de recaída y a las importantes consecuencias clínicas, funcionales y psicosociales asociadas a las descompen-
saciones psicóticas. Esta constituye una de las principales recomendaciones del consenso y representa, hasta
donde conocemos, la primera declaración explícita en un consenso sobre la interrupción del tratamiento de
mantenimiento en pacientes con esquizofrenia.
A continuación, presentamos algunos de los datos que sustentan esta recomendación.
En una revisión narrativa ampliamente citada, Robin Emsley y colaboradores (2013), analizaron la evidencia
sobre la recaída tras la reducción o suspensión de los antipsicóticos en pacientes con esquizofrenia. Los autores
concluyeron que la interrupción del tratamiento se asocia con un riesgo elevado de recaída, incluso después de
un único episodio psicótico y tras períodos prolongados de remisión clínica. La mayoría de las recaídas ocurre
durante el primer año después de la reducción o suspensión del tratamiento y suele presentarse de forma abrup-
ta, con escasos síntomas prodrómicos. Además, aunque la mayoría de los pacientes recupera la respuesta clínica
al reiniciar el tratamiento antipsicótico, aproximadamente uno de cada seis presenta una respuesta incompleta.
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Carta de Lectores
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Estos hallazgos respaldan la importancia del tratamiento antipsicótico de mantenimiento como estrategia fun-
damental para prevenir recaídas y preservar la estabilidad clínica a largo plazo. (Emsley et al., 2013)
El ensayo HAMLETT evaluó la reducción o discontinuación temprana frente al mantenimiento en 347
personas con primer episodio de psicosis seguidas durante cuatro años. Durante el primer año, la estrategia de
reducción o discontinuación se asoció con mayor riesgo de recaída (OR = 2,84; IC del 95 %: 1,08–7,66) y me-
nor calidad de vida, sin diferencias en el funcionamiento informado por los pacientes. A los tres y cuatro años,
el grupo de reducción o discontinuación presentó mejor funcionamiento global evaluado por investigadores
y una tendencia a menor gravedad sintomática. Dado que las dosis fueron similares en ambos grupos a partir
del primer año, los autores plantearon que esta diferencia podría reejar el aprendizaje adquirido durante una
reducción gradual supervisada, más que un efecto directo de una menor exposición farmacológica (Sommer
et al., 2026). Estos posibles benecios a largo plazo deben ponderarse frente al riesgo de recaída a corto plazo
Un metaanálisis reciente que incluyó 12 ensayos clínicos aleatorizados (n = 1.133) evaluó los efectos de la
suspensión de los antipsicóticos en pacientes con primer episodio de psicosis no afectiva que habían alcanzado
la estabilidad clínica. Los resultados demostraron que la continuación del tratamiento antipsicótico redujo
signicativamente el riesgo de recaída en comparación con la suspensión, observándose diferencias desde el
segundo mes de seguimiento que persistieron hasta los 24 meses. Al año de seguimiento, la tasa de recaída
fue del 21,0 % en el grupo de mantenimiento frente al 53,3 % en el grupo de suspensión (RR = 0,45; IC 95 %:
0,35–0,57), lo que representa una reducción absoluta del riesgo del 32 % y un número necesario a tratar (NNT)
de aproximadamente 3 para prevenir una recaída. (Kishi et al., 2026)
El tratamiento farmacológico de mantenimiento constituye también un pilar terapéutico en otros trastornos
psiquiátricos de curso crónico y recurrente, como el trastorno depresivo mayor recurrente y el trastorno bipo-
lar. En estas condiciones, los antidepresivos, los estabilizadores del estado de ánimo, los antipsicóticos atípicos
y otros psicofármacos utilizados de forma prolongada pueden asociarse con efectos adversos tanto tempranos
como tardíos, algunos de ellos clínicamente relevantes. Sin embargo, ha sido la esquizofrenia el principal foco
de la investigación sobre la reducción gradual de la dosis y la suspensión de la medicación.
Siguiendo el razonamiento planteado por Andrade, si aceptamos que, en el trastorno depresivo mayor recu-
rrente y en el trastorno bipolar, los benecios potenciales del tratamiento de mantenimiento superan sus riesgos
potenciales, resulta razonable considerar que este mismo principio también puede aplicarse a la esquizofrenia.
Desde esta perspectiva, las ganancias funcionales transitorias que podrían obtenerse mediante la suspensión de
los antipsicóticos en la esquizofrenia no deberían priorizarse por encima de las dos principales ventajas del tra-
tamiento de mantenimiento a largo plazo: por un lado, la preservación de la estabilidad clínica y, por el otro, la
reducción del riesgo de suicidio, de enfermedad cardiovascular y de mortalidad prematura (Andrade, 2024).
La evidencia proveniente de estudios poblacionales de gran escala también respalda el benecio del trata-
miento antipsicótico de mantenimiento sobre la supervivencia a largo plazo. En el estudio FIN20, una cohorte
nacional nlandesa que incluyó 62.250 pacientes con esquizofrenia seguidos durante un máximo de 20 años, el
tratamiento con antipsicóticos se asoció con una reducción signicativa de la mortalidad por todas las causas en
comparación con la ausencia de tratamiento. La mortalidad acumulada a los 20 años fue del 46,2 % en los pacien-
tes que no recibieron antipsicóticos, del 25,7 % en aquellos tratados con cualquier antipsicótico y del 15,6 % en
los pacientes tratados con clozapina. Asimismo, la exposición a cualquier antipsicótico redujo aproximadamente
un 52 % el riesgo de mortalidad por todas las causas (aHR = 0,48; IC 95 %: 0,46–0,51), mientras que la clozapina
mostró el perl más favorable, asociándose con la mayor reducción de la mortalidad global, cardiovascular y por
suicidio (aHR = 0,39; IC 95 %: 0,36–0,43). Estos hallazgos proporcionan una sólida evidencia de que la conti-
nuidad del tratamiento antipsicótico no solo reduce el riesgo de recaída, sino que también se asocia con una
mejor supervivencia a largo plazo, reforzando el papel del tratamiento de mantenimiento como un componente
esencial en el manejo integral de la esquizofrenia (Taipale et al., 2020).
Además, la evidencia sugiere que la prevención de la primera recaída es crítica, ya que cada recaída subse-
cuente se asocia con respuesta reducida o retardada al tratamiento antipsicótico. Esto subraya la importancia de
estrategias para optimizar la adherencia y prevenir discontinuaciones prematuras del tratamiento en el primer
episodio (Takeuchi et al., 2019).
Desde estas perspectivas, la salud y la estabilidad de la mayoría de los pacientes no deberían sacricarse en el
intento de identicar a la minoría para la cual una dosis más baja o incluso la suspensión del tratamiento podría
ser una opción viable (Andrade, 2024).
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Carta de Lectores
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La recaída tiene un impacto psicológico devastador que afecta múltiples dimensiones del bienestar emo-
cional, social y funcional de los pacientes con esquizofrenia. La evidencia demuestra que las consecuencias
psicológicas empeoran progresivamente con cada recaída adicional (Lin et al., 2021).
Finalmente, agradecemos a los autores de la carta al editor por el interés demostrado en nuestro consen-
so y por contribuir al intercambio de ideas mediante un debate cientíco constructivo. La elaboración de un
consenso de expertos no se sustenta únicamente en una revisión exhaustiva y crítica de la evidencia cientíca
disponible, sino también en la amplia experiencia clínica de los especialistas que participaron en su desarrollo,
integrando ambos elementos para formular recomendaciones aplicables a la práctica clínica.
No obstante, lamentamos que, en su análisis, los autores de la carta al editor hayan omitido, por algún mo-
tivo, citar la recomendación sobre el tratamiento de mantenimiento en su totalidad. En el documento original
se expresa textualmente:
"Si bien no existe una denición concluyente respecto a la duración óptima del tratamiento farmacológico
en la esquizofrenia —y las guías clínicas disponibles no establecen recomendaciones taxativas en este senti-
do—, el presente consenso de expertos sostiene que, una vez conrmado el diagnóstico de esquizofrenia, el
tratamiento antipsicótico no debería interrumpirse, dado el elevado riesgo de recaída y el impacto funcional
asociado a las descompensaciones psicóticas. Asimismo, el tratamiento farmacológico debe integrarse en el
marco de un abordaje terapéutico integral que incluya intervenciones psicosociales, estrategias sistemáticas
de monitoreo de la adherencia, vigilancia periódica de los efectos adversos y de las comorbilidades médicas,
así como la promoción activa de un estilo de vida saludable. Este enfoque multimodal resulta esencial para
optimizar los resultados clínicos, mejorar el funcionamiento psicosocial y reducir la morbimortalidad aso-
ciada a la enfermedad" (Corrales et al., 2026a).
Consideramos que esta segunda parte del texto de la recomendación reviste una importancia fundamental,
ya que evita interpretar el tratamiento de mantenimiento como una conducta terapéutica pasiva o basada en
la inercia terapéutica. Por el contrario, enfatiza que, como ocurre en todas las enfermedades crónicas, el segui-
miento clínico continuo, la evaluación sistemática de la adherencia, el monitoreo de la ecacia y la seguridad
del tratamiento, el abordaje de las comorbilidades y la implementación de intervenciones psicosociales cons-
tituyen componentes indispensables de una estrategia terapéutica integral, dinámica y centrada en la persona.
Asimismo, coincidimos plenamente con los autores de la carta en que la toma de decisiones compartidas
representa un principio fundamental en el manejo de enfermedades crónicas como la esquizofrenia, el trastor-
no bipolar y la depresión recurrente. Sostenemos que las recomendaciones brindadas dentro de este contexto,
relativas al incremento, la reducción, el mantenimiento o la suspensión de un tratamiento farmacológico, no
son excluyentes del modelo de toma de decisiones compartidas. Escuchar las preferencias, expectativas y valo-
res de las personas con estas enfermedades, así como incorporar activamente a sus familias y cuidadores cuan-
do ello resulta apropiado, constituye un aspecto esencial de una atención de calidad. En este sentido, nuestro
consenso no ha sido ajeno a esta perspectiva. De hecho, invitamos a los autores de la carta al Director a revisar
la cuarta parte del "Primer Consenso Argentino sobre el Manejo de la Esquizofrenia", donde, por primera vez
en un consenso nacional, se dedica un apartado especíco al papel de los familiares en el proceso terapéutico,
reconociendo su participación como un componente central del abordaje integral de la enfermedad (Corrales
et al., 2026b).
Referencias bibliográcas
Andrade, C. (2024). Antipsychotic medication continuation vs Taper and discontinuation in patients with schizophrenia and other nonaective psycho-
tic disorders. e Journal of Clinical Psychiatry, 85(2), 24f15363. https://doi.org/10.4088/JCP.24f15363
Corrales, A., Abadi, A., Bartoli, G., Benavente Pinto, C., Cabrera, A., Camino, S., Corral, R., Delmonte, G., García Bonetto, G., Garay, C. J., Gargolo, D.,
Gargolo, P., Goldchuk, A., Iveli, M. F., Jufe, G., Lamaison, F., Leiderman, E., López Mato, A., Marengo, E., … Cetkovich-Bakmas, M. (2026a). Primer
Consenso Argentino en Esquizofrenia: Tercera parte. Lineamientos para el abordaje integral del tratamiento. Vertex Revista Argentina de Psiquiatría,
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Carta de Lectores
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CARTA DE LECTORES
Internaciones involuntarias: es hora de construir el consenso
Señor Director:
La reciente propuesta de reforma de la Ley Nacional de Salud Mental puso nuevamente en debate una cues-
tión central de la práctica cotidiana de la psiquiatría: los criterios que regulan la internación involuntaria. Des-
de su promulgación hace 13 años, el criterio de "situación de riesgo cierto e inminente para sí o para terceros"
fue intensamente discutido. Los puntos centrales del debate fueron la necesidad de certeza y la inminencia: la
contradicción entre determinar el riesgo —probabilidad de ocurrencia de un evento dañoso— y la certeza de
esa determinación en un lapso acotado. Fueron centrales para la búsqueda de claridad los trabajos pioneros de
Ghioldi y Toro Martínez en esta revista (Ghioldi & Toro Martínez, 2010), y Toro Martínez (2011) quien analiza
el concepto de desde la noción de estado y situación, a los que siguieron Silva (2017), Areco y col. (2025), Maz-
zoglio y Nabar y col. (2026), Toro Martínez (2013, 2024) entre otros. A pesar de esos esfuerzos, la operativiza-
ción clara y precisa del criterio sigue sin lograrse.
El proyecto actual propone una fórmula que incorpora la gravedad del daño y exige considerar lo situacio-
nal, no limitarse al aquí y ahora, sino valorar la ocurrencia previa de hechos o ideación dañosos, además de
agregar la necesidad de tratamiento oportuno para evitar consecuencias disvaliosas. La propuesta ha recibido
apoyos y críticas. Pero a la luz de los debates que asistimos resulta evidente que las diferencias de criterios no se
zanjarán con una nueva redacción.
El escenario es más complejo aún. El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la
ONU ha jado un estándar que choca directamente con las internaciones involuntarias: las considera incompa-
tibles con la Convención. Sin embargo, nuestra legislación vigente las permite y mientras las permita, nos obliga
a algo que hasta ahora no hemos logrado realizar de forma adecuada: denir con precisión cuándo internar
involuntariamente a una persona, bajo qué criterios comunes y, sobre todo, cómo medirlos. Hoy dos equipos
que evalúan al mismo paciente pueden arribar a conclusiones opuestas. Eso no resulta aceptable.
Con respecto al riesgo para terceros, considero que hay respuesta técnica viable. El campo de la valoración
del riesgo de violencia a través de instrumentos de juicio clínico estructurado nos ofrece un piso metodológico
robusto (Douglas y col., 2014). Permite estimar con grados de probabilidad la ocurrencia de una conducta vio-
lenta en un plazo que debemos denir —horas a días— e identicar factores de riesgo para diseñar un plan de
gestión. No resuelve el debate de fondo sobre derechos, pero nos brinda una herramienta operativa para tomar
decisiones terapéuticas que implican la restricción de libertad con mayor fundamento, menor incertidumbre
y menor arbitrariedad. En la valoración del riesgo suicida, la baja predictibilidad a nivel individual requiere
impulsar un cambio hacia la salud pública y la confección de planes de seguridad para los casos concretos, un
cambio de paradigma que nos presenta complejos desafíos.
La psiquiatría argentina tiene una deuda pendiente en este campo. Hemos construido consensos, guías y re-
comendaciones en trastornos afectivos, esquizofrenia y gestión de internaciones desde servicios ambulatorios
(Mercurio, 2025). Esta revista ha sido el espacio donde eso ocurr. Necesitamos reunirnos, discutir y generar
120
Ezequiel Mercurio1
1. Médico especialista en Psiquiatría y Medicina Legal. Magister en Ciencias Criminológico Forenses. Centro de Interdisciplinario de Investigaciones
Forenses, Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. https://orcid.org/0000-0002-0521-6981
Correspondencia:
ezequielmercurio@gmail.com
121
Carta de Lectores
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 120-121
el consenso que nos permita brindar claridad y reducir la incertidumbre frente a una de las decisiones más
complejas de nuestra práctica. Las deniciones técnicas y operativas están en nuestras manos. Sin un consenso,
por más reformas que se realicen, no tendremos una hoja de ruta común. Ya pasó más de una década.
Referencias bibliográcas
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ciones Jurídicas, 6, 145-160.
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secuencias médico-legales. Revista Psiquiatría, 16, 19-26. Editorial Sciens.
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apicado a la Psiquiatría Forense en el Derecho Penal. Cuadernos Argentinos de Ciencias Forenses 2, 3-11. Cuerpo Médico Forense. Centro de Asistencia
Judicial Federal. Corte Suprema de Justicia de la Nación.
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Comité de Redacción
Internaciones por Salud Mental en hospitales
generales: Experiencias en Argentina a 35 años
de la Declaración de Caracas
Sara Ardila-Gómez y Melina Rosales, compiladoras - Red de Inves-
tigaciones en Salud Mental
Buenos Aires, Argentina: Editorial Teseo, 2026.
Veintinueve experiencias de dieciséis jurisdicciones
y más de cien autores componen este extraordina-
rio libro de libre acceso1 sobre las internaciones por
Salud Mental en hospitales generales de casi toda la
Argentina. A 35 años de la Declaración de Caracas, el
mojón más signicativo para la reestructuración de
la atención psiquiátrica en la región de las Américas,
esta serie de relatos ofrece una plataforma privile-
giada para observar uno de los postulados centrales
consagrados en Caracas: desarrollar un modelo co-
munitario de atención en el que los hospitales ge-
nerales constituyan el ámbito para las internaciones
cuando estas resulten necesarias.
Los relatos recogidos por la Red de Investigaciones
en Salud Mental, editados por Sara Ardila y Melina
Rosales, están organizados en tres secciones: expe-
riencias iniciadas entre 1956 y 1983, las iniciadas en-
tre 1983 y 2010 y, nalmente, aquellas más recientes,
posteriores a la Ley Nacional de Salud Mental de Ar-
gentina. Se incluyen relatos de experiencias en cen-
tros urbanos de más de 200.000 habitantes, ciudades
medianas y pueblos pequeños. Cada relato comienza
con una historización del servicio de Salud Mental
que se presenta, continúa con la descripción de su
estructura edilicia, del equipo de trabajo y de su rela-
ción con el resto del hospital (o del tipo de organiza-
ción institucional), luego ofrece un caso clínico o una
viñeta ilustrativa, analiza los principales desafíos o los
marcos teóricos que orientan la práctica y concluye
con una reexión nal.
En realidad, la recomendación de realizar las interna-
ciones por salud mental en hospitales generales había
sido muy anterior a la Declaración de Caracas y, de
hecho, estas habían comenzado en el país en la década
de 1950 con la experiencia de Goldenberg en el La-
nús, como se describe en este libro. En 1963, Arengo
publicó un comentario en la Revista Acta Psiquiátrica
y Psicológica de América Latina (entonces, denominada
“de Argentina”) reseñando las recomendaciones del
informe nal del reporte de la Joint Commission on
Mental Illness and Health publicado en Nueva York en
1961. Allí, entre otras recomendaciones, gura que
todo hospital general de más de cien camas debía
tener un área de internación para personas con pro-
blemas de salud mental y, algo no menor, que debía
hacerse en una sala especíca (con un “límite neto de
separación con los otros servicios en cuanto a espa-
cio se reere”). Todo el libro puede leerse en diálogo
con ese saber aceptado hace seis décadas, que estas
experiencias invitan hoy a reconsiderar desde una
precisa fotografía del presente.
Un aspecto particularmente destacado a lo largo del
volumen son los tiempos de internación, las "altas de-
moradas" o internaciones "sociales". Algunos hospita-
les generales cuentan con un signicativo porcentaje
de sus camas ocupadas por personas que llevan años
viviendo en el hospital (incluso, décadas). En todos es-
tos casos, se trata de pabellones de Salud Mental bien
diferenciados. En este contexto, las “prácticas mani-
comiales”, que persisten en los centros que estaban
1. El libro puede descargarse libremente desde el siguiente enlace:
https://www.editorialteseo.com/archivos/39163/internaciones-por-salud-mental-en-hospitales-generales/
LECTURAS
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Lecturas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(173): 122-123
destinados a reemplazar a los hospitales psiquiátricos
con extendidas dotaciones de camas, están prolija-
mente subrayadas. También se describen los espacios
físicos donde tienen lugar estas internaciones: en la
"parte vieja", "al lado de la morgue", “junto al muro”
(o detrás de él), en pabellones alejados del resto del
hospital o en sectores que sufren reiterados cierres
por falta de mantenimiento. Ello demuestra que se
puede integrar la atención por Salud Mental a la aten-
ción general y, en el mismo movimiento, seguir exclu-
yendo a las personas.
En aquellos hospitales que adoptaron modelos de
cuidado progresivo —sin salas diferenciadas para
Salud Mental, desaando la tradicional organización
por servicios y la contabilidad de camas especí-
cas— aparecen nuevas oportunidades, aunque tam-
bién antiguos problemas: internaciones más breves
como consecuencia de la presión por liberar camas
para pacientes del hospital con otras problemáticas,
de vecinos de cama que reclaman mayor tranquilidad
y piden la exclusión de quien se internó por Salud
Mental, o por la falta de preparación edilicia para res-
guardar la integridad física de quien tiene riesgo para
mismo y de personal sin la preparación suciente
como para manejar situaciones que no son tan infre-
cuentes en quienes están en momentos agudos de
sus trastornos mentales.
Los puntos de vista son heterogéneos —inclusive
opuestos— lo cual contribuye a un debate profundo
y enriquecido de lo ganado hasta ahora y, también, de
los desafíos que siguen pendientes. Las experiencias
muestran el contraste entre las prácticas reales y la
fascinación por teorías y recomendaciones formula-
das como si pudieran escribirse en piedra.
En conjunto, estos relatos dialogan con algunos de
los principales desafíos que enfrenta hoy la psiquiatría
comunitaria: cómo construir dispositivos alternativos
al hospital psiquiátrico sin reproducir, bajo nuevas
formas, las mismas lógicas de exclusión. Asimismo, de-
muestran que la verdadera transformación depende
menos del lugar donde ocurre la internación que de
la existencia de redes de apoyo que permitan redu-
cirlas, de alternativas efectivas para la externación y
de una genuina articulación intersectorial.
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