REDACCIÓN
Comité cientíco Argentina: Lila Almirón (Universidad Nacional de Corrientes); Marce-
lo Cetkovich Bakmas (Universidad Favaloro); Jorge Nazar (Universidad
Nacional de Cuyo); Jorge Pellegrini (Universidad de La Punta); Lía Ricón
(Universidad de Buenos Aires); Sergio Rojtenberg (Instituto Universita-
rio de Salud Mental); Analía Ravenna (Universidad Nacional de Rosario);
Eduardo Rodríguez Echandía (Universidad Nacional de Cuyo); Alberto
Sassatelli (Universidad Nacional de Córdoba); Carlos Solomonoff (Con-
sultor independiente); Manuel Suárez Richards (Universidad Nacional de
La Plata); Miguel Ángel Vera (Universidad Nacional del Comahue); Hugo
Vezzetti (Universidad de Buenos Aires).Bélgica: Julien Mendlewicz
(Universidad Libre de Bruselas). Brasil: Joao Mari (Consultor indepen-
diente); Colombia: Rodrigo Noel Córdoba (Universidad del Rosario).
Chile: Andrés Heerlein (Universidad del Desarrollo); Fernando Lolas
Stepke (Universidad de Chile). España: Rafael Huertas (Consejo Supe-
rior de Investigaciones Cientícas); Valentín Baremblit (Centre d’aten-
ció, docència i investigació en Salut Mental). Francia: Thierry Tremine
(Consultor independiente); Bernard Odier (Fédération Francaise de
Psychiatrie). Italia: Franco Rotelli (Centro de Estudios e Investigación
sobre Salud Mental). México: Sergio Villaseñor Bayardo (Universidad
de Guadalajara). Perú: Renato Alarcón (Universidad Cayetano Heredia).
Reino Unido: Germán Berrios (Universidad de Cambridge). Suecia:
Lenal Jacobsson (Umeå University). Suiza: Nelson Feldman (Hospital
Juan Carlos Stagnaro (Universidad de Buenos Aires).
Martín Nemirovsky (Proyecto Suma).
Martín Agrest (Proyecto Suma).
América Latina: Manuel Vilapriño Duprat (Universidad Nacional de
Cuyo).
Europa: Dominique Wintrebert (Asociación Mundial de Psicoanálisis,
Francia), Martín Reca (Association Psychanalitique de France, Francia),
Eduardo Mahieu (Cercle d’etudes psychiatriques Henri Ey, Francia),
Federico Ossola (Hôpital Psychiatrique Paul Guiraud, Francia).
EE. UU. y Canadá: Daniel Vigo. (University of British Columbia, Canadá).
Directores asociados
Director
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Vertex Revista Argentina de Psiquiatría. (2026). 37(172): 7-159. Vertex Revista Argentina de Psiquiatría, es una publicación de Polemos SA. Los artículos
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REDACCIÓN
Martín Agrest (Proyecto Suma), Norberto Aldo Conti (Hospital “José
T. Borda”), Juan Costa (Hospital de Niños "R. Gutiérrez"), Gabriela S.
Jufe (Consultor independiente), Eduardo Leiderman (Universidad de
Palermo), Alexis Mussa (Consultor independiente), Esteban Toro
Martínez (Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación), Fabián Triskier (PAMI e INECO), Ernesto Walhberg
(Consultor independiente), Silvia Wikinski (CONICET, Universidad de
Buenos Aires).
Consejo de redacción
Comité de redacción Secretario: Martín Nemirovsky (Proyecto Suma, Buenos Aires, Argentina).
Daniel Abadi (Proyecto Suma, Buenos Aires, Argentina); Adriana Bula-
cia (Universidad de Buenos Aires, Argentina); Julián Bustin (Universidad
Favaloro, Argentina); José Capece (Consultor independiente, Argentina);
Pablo Coronel (Cuerpo Médico Forense, Argentina); Sebastián Cukier
(Consultor independiente, Argentina); Irene Elenitza (Consultora in-
dependiente, Argentina); Laura Fainstein (Hospital “C. G. Durand”, Ar-
gentina); Aníbal Goldchluk (Consultor independiente, Argentina); Ser-
gio Halsband (Asociación de Psiquiatras Argentinos, Argentina); Luis
Herbst (Consultor independiente, Argentina); Edith Labos (Universidad
de Buenos Aires, Argentina); Elena Levy Yeyati (Asociación Mundial de
Psicoanálisis, Francia); Silvina Mazaira (Hospital “T. de Alvear, Argentina);
Mariana Moreno (Consultor independiente, Argentina); Mariano Motuca
(Universidad Nacional de Cuyo, Argentina); Nicolás Oliva (Cuerpo Mé-
dico Forense, Argentina); Federico Pavlovsky (Dispositivo Pavlovsky, Ar-
gentina); Ramiro Pérez Martín (Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil,
Argentina); Demián Rodante (Hosp. Neuropsiquiátrico "B. A. Moyano");
Diana Zalzman (Universidad de Buenos Aires, Argentina); Judith Szulik
(Universidad de Tres de Febrero, Argentina); Juan Tenconi (Universidad
de Buenos Aires, Argentina).
México: María Dolores Ruelas Rangel (Grupo Latinoamericano de
Estudios Transculturales). Colombia: Jairo González (School of Medicine
and Health Sciences, Universidad del Rosario). Venezuela: Miguel Ángel
De Lima Salas (Universidad Central de Venezuela). Francia: Eduardo
Mahieu (Cercle Henri Ey). Reino Unido: Catalina Bronstein (British
Psychoanalytic Association).
Corresponsales
Universitario de Ginebra). Uruguay: Humberto Casarotti (Universidad
Católica); Álvaro Lista (MacGill University). Venezuela: Carlos Rojas
Malpica (Universidad de Carabobo).
Comité cientíco
EDITORIAL
En el escenario actual de la psiquiatría clínica, la transversalidad de géne-
ro dejó de ser una corriente teórica periférica para consolidarse como
un determinante estructural e indispensable de la salud mental. Los da-
tos epidemiológicos locales e internacionales obligan a la comunidad
médica a revisar los sesgos diagnósticos tradicionales y a examinar con
rigor clínico cómo las asimetrías sociales, las sobrecargas funcionales y
las uctuaciones neurobiológicas convergen para trazar un perl de vul-
nerabilidad psíquica marcadamente diferenciado en las mujeres.
Históricamente, la investigación cientíca y la práctica clínica han oscila-
do entre la patologización de los procesos biológicos femeninos y la in-
visibilización de sus condicionantes psicosociales. Sin embargo, la eviden-
cia contemporánea en nuestro país revela una realidad incontrastable.
Según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Ar-
gentina (UCA), el malestar psicológico urbano mostró un preocupante
incremento sostenido, donde el género femenino se posiciona de mane-
ra sistemática como un predictor crítico de padecimiento, manifestando
una prevalencia de sintomatología ansiosa y depresiva signicativamente
mayor en comparación con los varones.
Esta brecha se materializa con crudeza al desglosar entidades clínicas
especícas. El Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental de-
muestra que las mujeres en nuestro medio presentan hasta un 85 %
más de probabilidades de desarrollar trastornos de ansiedad a lo largo
de su ciclo vital. Paralelamente, la prevalencia del trastorno depresivo
mayor duplica la de los hombres, una tendencia global refrendada por
la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se replica con variables
agravantes en el tejido socioeconómico de Argentina.
¿Cómo decodicamos esta disparidad desde la neuropsiquiatría? La res-
puesta exige un modelo integrativo multidimensional. Por un lado, no
podemos soslayar el sustrato endócrino. Las transiciones hormonales
siológicas –el climaterio, el eje perinatal y las uctuaciones del ciclo
menstrual– actúan como ventanas de vulnerabilidad neurobiológica bien
documentadas, en las cuales se involucran diversos sistemas de neu-
rotransmisión como el serotonérgico, adrenérgico y gabaérgico, entre
otros. No obstante, el reduccionismo biologicista es insuciente. Los
determinantes sociales de la salud operan tanto como catalizadores cró-
nicos de este distrés como, en muchos casos, directamente generadores
de traumas agudos y complejos.
En la Argentina actual, las mujeres asumen una desproporcionada carga
de trabajo no remunerado, combinando la inserción laboral formal con
el cuidado familiar y las tareas domésticas. Este fenómeno de doble jor-
nada y "carga mental" puede desencadenar un estado de estrés crónico
e insomnio, patologías donde nuestro país lidera alarmantes rankings
globales según mediciones de la Facultad de Psicología de la Universidad
de Buenos Aires (UBA). A esto se suman variables de alta sensibilidad
local, como las tasas de trastornos de la conducta alimentaria (TCA)
donde las mujeres representan el 90 % de los afectados– y la exposición
sistemática a la violencia de género en sus diversas formas (física, sexual,
psicológica, simbólica, económica), factores que deterioran de manera
drástica la resiliencia psíquica. Es necesario que los y las psiquiatras ten-
gan formación con respecto a la detección de los signos de alarma de la
violencia de género. Lamentablemente, en Argentina sigue ocurriendo un
femicidio cada 30 horas. Los profesionales de la salud mental debemos
preguntarnos si tenemos en cuenta esta situación. Como se enseña en la
Facultad de Medicina, en la materia de semiología y de medicina interna:
no se diagnostica lo que no se busca, y no se busca lo que no se conoce.
El desafío para las sociedades cientícas y los profesionales de la psiquia-
tría radica en transformar el enfoque clínico asistencial. Urge consolidar
una semiología que integre la perspectiva de género de forma operativa,
no meramente discursiva. Esto implica renar los criterios diferenciales
de cribado, evitar tanto la sobremedicalización de los malestares re-
activos a contextos de opresión como el subdiagnóstico de cuadros
endógenos enmascarados, y promover estrategias psicoterapéuticas y
psicofarmacológicas personalizadas.
Frente a un sistema de salud que experimenta profundas tensiones de
nanciamiento y cobertura, la salud mental de las mujeres argentinas
demanda políticas de prevención especícas y redes de contención ins-
titucionales sólidas, organizadas, planicadas sanitariamente y nanciadas
adecuadamente. Solo mediante una práctica psiquiátrica basada en la evi-
dencia conceptual, despojada de estigmas y profundamente consciente
de las desigualdades estructurales de las cuales son víctimas las mujeres,
podremos ofrecer abordajes terapéuticos que garanticen una verdadera
equidad en el bienestar subjetivo y la salud integral de las mujeres.
EDITORIAL
Silvina Mazaira
Juan Carlos Stagnaro
ÍNDICE
7
15
Editorial
Artículos
Rendimiento neuropsicológico en el trastorno bipolar en eutimia con y sin intentos de
suicidio: estudio comparativo con controles sanos. Ester Romero, Lucila Tannenhaus,
Gustavo Vázquez
Validación al español de un inventario de estresores y situaciones positivas cotidianas, en
una población de mujeres embarazadas. Gustavo Izbizky, Mario Sebastiani
Trastornos del sueño en adultos atendidos en el Centro de Salud y Acción Comuni-
taria número 27, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Claudia Wydler, Carolina Fraga,
Aldana Azcárate, Eugenia Sarcona
Impacto del tiempo de uso de redes sociales en la depresión y la ansiedad generalizada
en estudiantes de Medicina de Bolivia. José Luis Villca Villegas, Alvaro Andre Vargas
Aguilar, Natália Velasquez Oliveira, Maria Vitoria Rodrigues Magalhães, Andrei Jair
Nuñez Albornoz, Ingrid Nayara Rodrigues Da Fonseca
Prescripción off-label de fármacos antiepilépticos en internación psiquiátrica. Pamela S.
Sacco
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas
y terapéuticas. Paula Mirabel Révora, Mario Levin, Fernando Torrente, Pedro Damián
Gargolo, María Florencia Iveli
Experiencias anómalas (alteraciones) del self en trastornos del espectro de la esquizo-
frenia: el aspecto cualitativo. Marco Fierro, Abel Guerrero, Juan Toro
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Reco-
mendaciones para el manejo de la esquizofrenia en poblaciones especiales y escenarios
clínicos complejos. Alejo Corrales, Andrea Abadi, Asociación de Ayuda de Familiares
de Personas con Esquizofrenia (AAFE), Gastón Bartoli, Carlos Benavente Pinto, Adrián
Cabrera, Sebastián Camino, Ricardo Corral, Guillermo Delmonte, Gerardo García Bonetto,
Cristian Javier Garay, Damián Gargolo, Pedro Gargolo, Aníbal Goldchluk, María Floren-
cia Iveli, Gabriela Jufe, Fabián Lamaison, Eduardo Leiderman, Andrea López Mato, Eliana
Marengo, Tomás Maresca, María Delia Michat, Carlos Morra, Cintia Prokopez, Julieta Ra-
rez, Federico Rebok, Eduardo Rubio Domínguez, Daniel Sotelo, Sergio Strejilevich, Esteban
Toro Martínez, Gustavo Vázquez, Juan José Vilapriño, Manuel Vilapriño, Marcela Waisman
Campos, Verónica Grasso, Marcelo Cetkovich-Bakmas
El rescate y la memoria
Carlos Castilla del Pino: de la neuropsiquiatría a la antropología dialéctica. Norberto Aldo
27
33
41
49
72
82
3
148
ÍNDICE
Conti
Carta de Lectores
Efectos adversos psiquiátricos en pacientes en hemodiálisis por enfermedad renal crónica:
una dimensión clínica con implicaciones pronósticas. Jorge Andrés Hernández Navas, Julia-
na Gelvez Mantilla, Valentina Hernández Navas
Lecturas
El imperio de la normalidad. Neurodiversidad y capitalismo. Robert Chapman. Mariela
Ragone
156
158
Investigación original
7
Resumen
Objetivo: Comparar el rendimiento neuropsicológico de pacientes bipolares eutímicos con (CIS) y sin intentos
de suicidio (SIS), frente a controles sanos (HC). Materiales y métodos: Estudio transversal con 31 pacientes (CIS
n=15; SIS n=16) y 46 HC independientes. Batería: RAVLT, Figura Compleja de Rey, WAIS-III Dígitos, TMT-A/B,
WCST, Stroop y COWAT-FAS. Comparaciones CIS–SIS con t de Student; CIS/SIS vs HC con t de Welch; p
bilaterales sin corrección por multiplicidad. Resultados: CIS y SIS mostraron rendimientos globalmente simila-
res en memoria episódica, memoria de trabajo directa, Stroop y uencia; la única diferencia signicativa entre
pacientes fue un menor número de categorías en WCST en CIS. Frente a HC, ambos grupos rindieron peor
en memoria verbal (RAVLT) y mostraron lenticación en TMT-B. Sin embargo, emergió un patrón diferencial:
los CIS presentaron décits adicionales en TMT-A y dígitos inversos, mientras que los SIS no dirieron de los
controles en estas pruebas. En conjunto, los CIS mostraron alteraciones signicativas frente a HC en tres de
cuatro pruebas (RAVLT, TMT-A y dígitos inversos), y los SIS en dos (RAVLT y TMT-B). Conclusiones: La diferencia
CIS–SIS fue modesta (única señal en WCST), pero el contraste con controles reveló perles parcialmente
distintos. Los resultados sugieren que los décits en velocidad de procesamiento atencional y memoria de
trabajo podrían estar más acentuados en pacientes con antecedentes de intentos suicidas. Estos hallazgos de-
ben interpretarse como exploratorios y requieren replicación en muestras mayores y diseños longitudinales.
Palabras clave: trastorno bipolar, intento de suicidio, funciones ejecutivas, velocidad de procesamiento, neu-
ropsicología
Abstract
Methods: This cross-sectional study included 31 patients (CIS n=15; SIS n=16) and 46 independent HC. The battery
comprised RAVLT, Rey Complex Figure, WAIS-III Digit Span, TMT-A/B, WCST, Stroop, and COWAT-FAS. CIS–SIS compa-
risons were conducted with Student’s t tests; CIS/SIS vs HC with Welch’s t tests; two-tailed p values uncorrected for
multiplicity. Results: CIS and SIS showed broadly similar performance in episodic memory, forward working memory,
Stroop, and verbal uency; the only signicant between-patient difference was a lower number of WCST categories
in CIS. Compared with HC, both groups performed worse on verbal memory (RAVLT) and showed slowing on TMT-B.
However, a differential pattern emerged: CIS displayed additional decits in TMT-A and backward digits, whereas SIS did
not differ from HC in these tests. Overall, CIS showed signicant impairment relative to HC in three of four measures
Rendimiento neuropsicológico en el trastorno bipolar en eutimia
con y sin intentos de suicidio: estudio comparativo con controles
sanos
Neuropsychological performance in euthymic bipolar disorder with and without suicide
attempts: a comparative study with healthy controls
Ester Romero1, Lucila Tannenhaus2, Gustavo Vázquez3
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 7-14. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1012
RECIBIDO 26/12/2025 - ACEPTADO 16/3/2026
1.Doctora en Psicología. Especialista en Neuropsicología. Universidad del Salvador. Buenos Aires, Argentina.
2.Licenciada en Psicología. Universidad de Buenos Aires. Especialista en Evaluación y Diagnóstico Psicológico. Universidad del Salvador. Buenos Aires,
Argentina.
3.Doctor en Medicina. Department of Psychiatry, School of Medicine and Centre for Neuroscience Studies, Queen’s University, Kingston, Ontario,
Canada. International Consortium for Mood & Psychotic Disorder Research, McLean Hospital, Belmont, MA, EE. UU.
https://orcid.org/0000-0002-2918-3336
Autor correspondiente:
Gustavo Vázquez
g.vazquez@queensu.ca
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1012
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Rendimiento neuropsicológico en el trastorno bipolar en eutimia con y sin intentos de suicidio...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 7-14.
Introducción
El trastorno bipolar presenta alteraciones cognitivas
que persisten más allá de los episodios agudos y se ob-
servan incluso durante la eutimia (Lolich et al., 2016;
Romero et al., 2016). Metaanálisis han documentado
décits en memoria verbal, atención/velocidad de
procesamiento y funciones ejecutivas, con tamaños de
efecto de moderados a grandes (Robinson et al., 2006;
Bora et al., 2009; Mann-Wrobel et al., 2011; Bourne
et al., 2013; Bostock et al., 2017), hallazgos que han
sido conrmados y ampliados en revisiones más re-
cientes sobre cognición en el trastorno bipolar (Mar-
tinez-Aran et al., 2025). Estas dicultades se asocian
con peor funcionamiento psicosocial y mayor vulne-
rabilidad clínica a lo largo del curso de la enfermedad.
La conducta suicida constituye un problema cen-
tral en el trastorno bipolar y requiere estrategias de
estraticación del riesgo. En esta línea, revisiones de
consenso señalan tasas elevadas de intento y mortali-
dad, y destacan la contribución de factores clínicos y
comórbidos al riesgo global (Schaer et al., 2015). Pa-
ralelamente, la literatura sugiere que ciertos dominios
neuropsicológicos —en particular, funciones ejecuti-
vas, toma de decisiones, control inhibitorio y veloci-
dad de procesamiento atencional— podrían aportar
información complementaria para caracterizar la vul-
nerabilidad (Barrera et al., 2013; Richard-Devantoy,
Berlim, & Jollant, 2014; Richard-Devantoy, Olié, Gui-
llaume, & Courtet, 2016; Yun et al., 2023).
No obstante, la evidencia sigue siendo heterogénea
en cuanto a la especicidad de los décits y su rela-
ción con el historial de intentos suicidas, en parte por
tamaños muestrales reducidos, diferencias metodoló-
gicas y ausencia de controles sanos en varios estudios.
En este contexto, resulta pertinente comparar perles
cognitivos de pacientes bipolares con y sin intentos,
incorporando un grupo control, para distinguir dé-
cits transversales del trastorno de posibles patrones
asociados al riesgo suicida.
El objetivo de este estudio fue comparar el rendi-
miento neuropsicológico de pacientes bipolares eutí-
micos con y sin antecedentes de intentos suicidas, e
incluir un grupo de controles sanos para contextuali-
zar el perl cognitivo observado. Se utilizó una batería
neuropsicológica que evaluó memoria episódica, me-
moria de trabajo, atención/velocidad de procesamien-
to e indicadores ejecutivos (exibilidad e inhibición).
Materiales y métodos
Diseño y participantes
Se realizó un estudio observacional de diseño trans-
versal que incluyó tres grupos: pacientes ambulatorios
con trastorno bipolar con antecedentes de intentos
de suicidio (CIS, n = 15), pacientes ambulatorios con
trastorno bipolar sin intentos de suicidio (SIS, n = 16)
y un grupo independiente de controles sanos (HC,
n = 46), utilizado para comparaciones métricas cru-
das equivalentes. Los pacientes fueron reclutados de
la práctica clínica ambulatoria privada de los autores
del estudio mediante un muestreo no probabilístico
consecutivo. El diagnóstico de trastorno bipolar fue
establecido mediante evaluación clínica realizada por
especialistas en salud mental según criterios DSM-IV/
DSM-5. Los antecedentes de intentos de suicidio fue-
ron determinados mediante entrevista clínica y revi-
sión de la historia clínica.
Al momento de la evaluación, todos los partici-
pantes se encontraban en eutimia. En los pacientes,
el puntaje total medio en la YMRS fue de 4.7 ± 3.1,
mientras que en los controles sanos fue de 0.3 ± 0.9.
En la BDI-II, los pacientes presentaron un puntaje
medio de 7.5 ± 4.1 y los controles sanos de 3.4 ± 2.5.
La edad media fue de 42.6 años en el grupo CIS y
de 37.5 años en el grupo SIS, con un 61.2 % de mujeres
en el total de la muestra clínica. En el grupo de contro-
les sanos, la edad media fue de 35.1 ± 18.0 años, con
un 56.5 % de mujeres.
El nivel educativo se registró mediante una escala
ordinal de cuatro categorías (1 = primario incomple-
to; 2 = primario completo/secundario incompleto; 3 =
secundario completo/terciario–universitario incom-
(RAVLT, TMT-A, and backward digits), while SIS differed in two (RAVLT and TMT-B). Conclusions: Direct CIS–SIS diffe-
rences were modest (only WCST categories), but contrasts with controls revealed partially distinct proles. The ndings
suggest that decits in processing speed and working memory may be more pronounced in patients with a history of
suicide attempts. These results should be interpreted as exploratory, and replication in larger samples and longitudinal
designs is warranted.
Keywords: bipolar disorder, suicide attempt, executive functions, processing speed, neuropsychology
9
Rendimiento neuropsicológico en el trastorno bipolar en eutimia con y sin intentos de suicidio...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 7-14.
pleto; 4 = terciario–universitario completo). Las me-
dias fueron de 3.6 en el grupo CIS, 2.9 en el grupo SIS
y 3.7 en los controles sanos.
El estudio fue aprobado por el Comité de Ética de
la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales
(UCES), Buenos Aires, Argentina. Todos los partici-
pantes recibieron información sobre los objetivos del
estudio y rmaron un consentimiento informado pre-
vio a su inclusión.
Batería neuropsicológica
Memoria episódica: RAVLT (puntaje total y recuerdo
diferido) y Figura Compleja de Rey (copia y recuerdo
diferido). Memoria de trabajo/atencional: WAIS-III
Dígitos (directo, inverso y total). Atención/velocidad
y set-shiing: TMT-A y TMT-B (segundos). Funciones
ejecutivas e inhibición: WCST (categorías y errores
perseverativos) y Stroop (palabra, color, color–palabra
e interferencia). Lenguaje/uencia: COWAT (FAS).
Controles sanos
Para contrastes tri-grupo se utilizaron controles sanos
con métricas crudas equivalentes en un subconjunto
de pruebas neuropsicológicas para las cuales se dispo-
nía de medidas comparables entre los grupos clínicos
y los controles sanos: RAVLT total, TMT-A, TMT-B y
Dígitos inversos. Estas pruebas se seleccionaron por-
que contaban con métricas crudas equivalentes entre
los grupos, lo que permitió realizar comparaciones
directas entre CIS, SIS y controles sanos. Las compa-
raciones CIS/SIS frente a controles sanos se expresa-
ron además mediante z-scores calculados respecto del
grupo control (z > 0 = tiempo mayor/peor que la refe-
rencia en pruebas cronometradas).
Análisis estadístico
Las comparaciones entre pacientes con intentos (CIS)
y sin intentos (SIS) se realizaron con t de Student bi-
lateral (α=0,05; varianzas iguales), reportando dife-
rencia de medias (Δ=CIS–SIS), estadístico t, grados
de libertad, IC95 % y valor p. Dado que las hipótesis
del estudio se centraron en contrastes especícos pre-
viamente denidos (CIS vs SIS y cada grupo clínico vs
controles sanos), se priorizaron comparaciones dirigi-
das en lugar de una prueba global entre los tres grupos.
Para las comparaciones con el grupo de controles sanos,
se empleó t de Welch (dos colas) por posibles varianzas
desiguales y tamaños muestrales distintos; reportamos
t, gl ajustados, IC95 % y p. En pruebas cronometradas
(TMT) mayores tiempos indican peor desempeño; en
el resto, valores mayores indican mejor rendimiento.
Los valores p se informan sin corrección por compa-
raciones múltiples. Como análisis de sensibilidad, se
estimaron IC95 % por bootstrap y se sintetizaron efec-
tos por dominio con un modelo bayesiano de medias
y varianzas especícas por grupo (priors débiles), re-
portando el efecto estandarizado posterior (d) y su
HDI95 %. Las comparaciones CIS–SIS se planicaron
con nes exploratorios; por lo tanto, no se aplicaron
correcciones por multiplicidad y se presentan princi-
palmente estimaciones (Δ, IC95 %, g de Hedges) para
informar la magnitud del efecto. Los análisis estadísti-
cos se realizaron utilizando R (R Core Team, 2024).
Resultados
En la comparación entre la muestra de pacientes
(CIS+SIS; n = 31) y los controles sanos (HC; n = 46)
no se observaron diferencias signicativas en edad ni
en la proporción de mujeres. El nivel de instrucción
fue similar entre grupos y la sintomatología maníaca
fue baja en los pacientes y prácticamente ausente en los
controles. En cambio, los pacientes presentaron pun-
tuaciones signicativamente mayores que los controles
en los temperamentos distímico, ciclotímico, irritable y
ansioso (todas p ≤ 0.001), mientras que la puntuación
hipertímica mostró solo una tendencia a valores más
altos en el grupo clínico (p = 0.06) (ver Tabla 1).
En memoria episódica no se observaron dife-
rencias entre grupos. En RAVLT total la diferen-
cia fue mínima (Δ=+0.25 puntos), con t(29)=0.10,
p=0.920 e IC95 % [−4.83, +5.33]; en RAVLT diferido
la discrepancia fue prácticamente nula (Δ=−0.06),
t(29)=−0.01, p=0.993, IC95 % [−14.94, +14.82]. La
Figura Compleja de Rey mostró efectos pequeños e
imprecisos: en copia Δ=−3.19, t(29)=−0.50, p=0.620,
IC95 % [−16.19, +9.81], y en diferido Δ=−1.15,
t(29)=−0.20, p=0.842, IC95 % [−12.83, +10.53].
En memoria de trabajo/atencional (WAIS-III Dí-
gitos) tampoco hubo diferencias concluyentes entre
CIS y SIS: en dígitos directos Δ=−0.54, t(29)=−0.66,
p=0.514, IC95 % [−2.21, +1.13]; en dígitos inver-
sos Δ=−0.18, t(29)=−0.22, p=0.827, IC95 % [−1.85,
+1.49].
En atención/velocidad y set-shiing, los tiempos
fueron mayores (peor) en CIS pero con gran variabili-
dad: TMT-A arrojó Δ=+10.78 s, t(29)=1.30, p=0.203,
IC95 % [−6.16, +27.72]; TMT-B Δ=+5.81 s, t(29)=0.32,
p=0.750, IC95 % [−31.14, +42.76] (ver Tabla 2).
En funciones ejecutivas, la única señal nominal
fue en WCST categorías (menor en CIS): Δ=−1.18,
t(29)=−2.19, p=0.037, IC95 % [−2.28, −0.08]. El resto
no mostró diferencias: WCST errores perseverativos
10
Rendimiento neuropsicológico en el trastorno bipolar en eutimia con y sin intentos de suicidio...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 7-14.
Tabla 1. Características demográcas y clínicas de CIS, SIS y controles sanos (HC)
Variable CIS SIS Controles sanos (HC)
N 15 16 46
Edad, años (media ± DE) 42.62 ± 11.8 37.50 ± 11.8 35.1 ± 18.0
Sexo femenino, n (%) 9 (60 %) 10 (62.5 %) 26 (56.5 %)
Instrucción – índice 1–4 (media) 3.6 2.9 3.7
YMRS 3.75 (0–16) 5.6 (0–6) 0.3 ± 0.9
TEMPS – Distimia (media ± DE) 8.43 ± 4.75 9.87 ± 3.50 5.9 ± 3.8
TEMPS – Ciclotimia (media ± DE) 13.5 ± 4.25 13.67 ± 4.50 5.7 ± 5.0
TEMPS – Hipertimia (media ± DE) 10.31 ± 3.75 10.26 ± 3.75 8.5 ± 4.4
TEMPS – Irritabilidad (media ± DE) 8.6 ± 4.00 10.8 ± 4.25 4.5 ± 4.0
TEMPS – Ansiedad (media ± DE) 12.8 ± 5.50 14.0 ± 4.50 5.9 ± 4.2
Tabla 2. Comparación del desempeño cognitivo entre pacientes con intentos suicidas (CIS) y sin intentos (SIS)
Prueba CIS media±DE (n) SIS media±DE (n) Δ (CIS–SIS) IC95 % Δ t (gl) p
RAVLT total 52.00±5.83 (15) 51.75±7.78 (16) +0.25 [4.83, +5.33] 0.10 (29) 0.920
RAVLT diferido 10.94±13.82 (15) 11.00±24.78 (16) 0.06 [14.94, +14.82] 0.01 (29) 0.993
FCR copia 27.53±12.98 (15) 30.72±21.15 (16) 3.19 [16.19, +9.81] 0.50 (29) 0.620
FCR diferido 13.60±12.24 (15) 14.75±18.66 (16) 1.15 [12.83, +10.53] 0.20 (29) 0.842
WAIS Dígitos directos 8.06±2.00 (15) 8.60±2.50 (16) 0.54 [2.21, +1.13] 0.66 (29) 0.514
WAIS Dígitos inversos 6.12±1.76 (15) 6.30±2.67 (16) 0.18 [1.85, +1.49] 0.22 (29) 0.827
TMT-A, s ( mejor) 51.78±21.28 (15) 41.00±24.59 (16) +10.78 [6.16, +27.72] 1.30 (29) 0.203
TMT-B, s ( mejor) 104.07±69.31 (15) 98.26±20.04 (16) +5.81 [31.14, +42.76] 0.32 (29) 0.750
WCST Categorías 4.38±2.04 (15) 5.56±0.68 (16) 1.18 [2.28, 0.08] 2.19 (29 0.037
WCST Errores
perseverativos 23.75±12.91 (15) 23.44±12.64 (16) +0.31 [9.08, +9.70] 0.07 (29) 0.947
Stroop Palabra 97.31±11.61 (15) 101.38±15.80 (16) 4.07 [14.31, +6.17] 0.81 (29) 0.423
Stroop Color 64.00±12.89 (15) 58.12±21.07 (16) +5.88 [7.06, +18.82] 0.93 (29) 0.360
Stroop Color–Palabra 37.62±12.53 (15) 36.92±12.63 (16) +0.70 [8.55, +9.95] 0.15 (29) 0.878
Stroop Interferencia 2.03±13.67 (15) 1.01±7.85 (16) 1.02 [9.14, +7.10] 0.26 (29) 0.799
COWAT (FAS) 41.00±12.09 (15) 38.34±16.56 (16) +2.66 [8.05, +13.37] 0.51 (29) 0.615
Nota: t de Student bilateral (varianzas iguales), α=0.05; gl=29. En TMT (pruebas cronometradas), valores mayores indican peor rendimiento; en el
resto, valores mayores indican mejor rendimiento. Los p son sin corrección por comparaciones múltiples.
Δ=+0.31, t(29)=0.07, p=0.947, IC95 % [−9.08, +9.70];
Stroop palabra Δ=−4.07, t(29)=−0.81, p=0.423, IC95
% [−14.31, +6.17]; Stroop color Δ=+5.88, t(29)=0.93,
p=0.360, IC95 % [−7.06, +18.82]; Stroop color–palabra
Δ=+0.70, t(29)=0.15, p=0.878, IC95 % [−8.55, +9.95];
Stroop interferencia Δ=−1.02, t(29)=−0.26, p=0.799,
IC95 % [−9.14, +7.10]; y COWAT-FAS Δ=+2.66,
t(29)=0.51, p=0.615, IC95 % [−8.05, +13.37].
Al incorporar comparaciones externas, la brecha
clínica frente a controles sanos fue marcada allí donde
hubo métricas idénticas. En RAVLT total, tanto CIS
como SIS rindieron claramente por debajo de contro-
les: CIS vs HC Δ=−16.00, t(34.9)=−8.17, p=1.29×10⁹,
IC95 % [−19.98, −12.02]; SIS vs HC Δ=−16.25,
t(28.4)=−7.02, p=1.13×10⁷, IC95 % [−20.99, −11.51]
(ver Tabla 3).
11
Rendimiento neuropsicológico en el trastorno bipolar en eutimia con y sin intentos de suicidio...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 7-14.
Tabla 3. Rendimiento cognitivo en CIS, SIS y controles sanos
Prueba CIS media±DE
(n)
SIS media±DE
(n)
Controles media±DE
(n) p CIS–SIS p CIS–HC p SIS–HC
RAVLT total
( mejor) 52.00±5.83 (15) 51.75±7.78 (16) 68.00±8.50 (46) 0.920 <0.001 <0.001
TMT-A, s
( mejor) 51.78±21.28 (15) 41.00±24.59 (16) 31.90±12.10 (46) 0.200 0.003 0.170
Dígitos inversos
( mejor) 6.12±1.76 (15) 6.30±2.67 (16) 7.50±2.10 (46) 0.830 0.018 0.120
TMT-B, s
( mejor) 104.07±69.31 (15) 98.26±20.04 (16) 67.90±39.90 (70) 0.750 0.068 <0.001
Nota: Medias±DE y tamaño muestral entre paréntesis. Valores p obtenidos con t de Welch (bilateral, α=0,05). RAVLT total, TMT-A, TMT-B y Dígitos
inversos se comparan con controles sanos (n=46). En pruebas cronometradas (TMT) valores mayores indican peor rendimiento; en las demás,
valores mayores indican mejor rendimiento. p sin corrección por comparaciones múltiples. Diferencias de edad/escolaridad entre grupos podrían
favorecer a los controles; interpretar con cautela.
En TMT-A, los CIS fueron signicativamente
más lentos que controles (Δ=+19.88 s, t(17.0)=3.44,
p=0.003, IC95 % [+7.69, +32.07]), mientras que los
SIS mostraron una lenticación moderada pero no sig-
nicativa (Δ=+9.10 s, t(17.6)=1.42, p=0.173, IC95 %
[−4.37, +22.57]).
En WAIS dígitos inversos, CIS estuvieron por de-
bajo de controles (Δ=−1.38, t(28.1)=−2.51, p=0.018,
IC95 % [−2.51, −0.25]), mientras que SIS no dirieron
signicativamente (Δ=−1.20, t(21.8)=−1.63, p=0.117,
IC95 % [−2.73, +0.33]) (ver Figura 1).
Para TMT-B, CIS vs control Δ=+36.17 s,
t(16.0)=1.95, p=0.068, IC95 % [−3.08, +75.42], y SIS
vs control Δ=+30.36 s, t(46.2)=4.39, p<0.001, IC95 %
[+16.44, +44.28]; ambos grupos mostraron lentica-
ción clínicamente relevante respecto de los controles
(z aproximados ~+0.9 y ~+0.8, respectivamente).
En conjunto, las diferencias CIS–SIS son pequeñas y
con intervalos amplios (única señal nominal en WCST
categorías). Sin embargo, al comparar con controles sa-
nos se observa que los décits son más marcados en
CIS, particularmente en TMT-A y dígitos inversos,
donde los SIS no dieren de controles. Esto sugiere que
el perl de deterioro cognitivo en velocidad de proceso
atencional y memoria de trabajo podría estar más acen-
tuado en el subgrupo con historia de intentos suicidas.
En términos globales, los pacientes CIS mostraron de-
terioro signicativo frente a controles en tres de cuatro
dominios (RAVLT, TMT-A y dígitos inversos), mien-
tras que los SIS dirieron en dos (RAVLT y TMT-B),
conrmando la similitud estadística entre ambos sub-
grupos pero con un patrón diferencial de décits frente
a controles sanos (ver Figura 2).
En los temperamentos afectivos (medidos según
la TEMPS-A Buenos Aires), no se encontraron dife-
rencias signicativas entre los pacientes; SIS tendió
Figura 1. Efecto estandarizado (Hedges g) por prueba:
CIS vs SIS, con IC95 % y valores p (g>0 = peor CIS)
Nota: Tamaños de efecto (Hedges g) de CIS vs SIS por prueba con IC95 %
y valores p del contraste t de Student bilateral (varianzas iguales), sin co-
rrección por comparaciones múltiples. Convención: g>0 = peor rendimien-
to en CIS; g<0 = peor en SIS. La línea punteada marca g=0.
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Rendimiento neuropsicológico en el trastorno bipolar en eutimia con y sin intentos de suicidio...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 7-14.
a puntuar levemente más alto que CIS en distimia,
irritabilidad y ansiedad (distimia: Δ=−1.44, g−0.34;
irritabilidad: Δ=−2.20, g−0.52; ansiedad: Δ=−1.20,
g−0.23) (ver Figura 3).
Discusión
El presente estudio exploró el rendimiento neurop-
sicológico en pacientes bipolares eutímicos con y sin
antecedentes de intentos suicidas, en comparación con
controles sanos. Los resultados indican que, en gene-
ral, CIS y SIS comparten un perl de décit cognitivo
característico del trastorno bipolar, pero con algunas
diferencias puntuales que podrían estar asociadas a la
historia de conducta suicida.
En primer lugar, la ausencia de diferencias robus-
tas entre CIS y SIS en la mayoría de los dominios (me-
moria episódica, memoria de trabajo directa, Stroop,
uencia verbal) concuerda con trabajos previos que
han encontrado un patrón global de alteración cog-
nitiva en el trastorno bipolar, independientemente
del historial suicida (Bourne et al., 2013; Bostock et
al., 2017). Este hallazgo refuerza la noción de que los
décits cognitivos constituyen un rasgo relativamente
estable y transdiagnóstico de la enfermedad, observa-
ble incluso en fases de eutimia (Robinson et al., 2006;
Bora et al., 2009; Mann-Wrobel et al., 2011).
No obstante, emergieron señales diferenciales en
tareas especícas. En el WCST, los CIS completaron
Figura 2. Comparación de CIS, SIS y controles sanos en cuatro pruebas (RAVLT total, TMT-A, Dígitos inversos y
TMT-B): medias ± IC95 %
Nota: Medias ± IC95 % para CIS (n=15), SIS (n=16) y controles/normalidad (HC: RAVLT, TMT-A, TMT-B y Dígitos inversos n=46). En pruebas cro-
nometradas (TMT) menor es mejor; en las demás, mayor es mejor. IC95 % calculados según tabla; contrastes con HC mediante t de Welch y entre
CIS–SIS con t de Student, p bilaterales sin corrección por multiplicidad.
Figura 3. Desempeño cognitivo en pacientes bipolares con (CIS) y sin intentos suicidas (SIS) frente a controles sanos
(HC), expresado en z-scores (±95 % IC)
Nota: Cada panel muestra la media de z-scores con intervalos de conanza al 95 %. Los valores positivos indican mejor rendimiento relativo al pro-
medio normativo/control, y los negativos, peor rendimiento. En pruebas cronometradas (TMT-A, TMT-B) los z-scores fueron invertidos para mantener
la misma dirección interpretativa.
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Rendimiento neuropsicológico en el trastorno bipolar en eutimia con y sin intentos de suicidio...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 7-14.
menos categorías que los SIS, sugiriendo una mayor
dicultad en la generación de estrategias y la exibili-
dad cognitiva. Este hallazgo se alinea con estudios que
han asociado la disfunción ejecutiva con conductas de
riesgo, incluyendo el suicidio, en pacientes psiquiátri-
cos (Richard-Devantoy, Berlim, & Jollant, 2014). Aun
cuando este efecto debe interpretarse con cautela por
el número de comparaciones y el tamaño muestral,
resulta clínicamente relevante por el rol central de la
exibilidad cognitiva en la capacidad de adaptación y
regulación conductual.
Más interesante aún fue el patrón observado en
TMT-A y dígitos inversos: solo los CIS mostraron
décits signicativos frente a los controles, mientras
que los SIS no dirieron de estos. Esto sugiere que la
velocidad de procesamiento y la manipulación de in-
formación en memoria de trabajo podrían constituir
dominios de interés para el estudio de la vulnerabi-
lidad suicida en el trastorno bipolar. Estudios pre-
vios han reportado hallazgos similares, describiendo
enlentecimiento cognitivo y décits en procesos de
control ejecutivo como posibles correlatos neuropsi-
cológicos de la conducta suicida (Richard-Devantoy,
Olié, Guillaume, & Courtet, 2016). Este patrón es co-
herente con modelos neurobiológicos que vinculan
disfunción de redes fronto-subcorticales con impulsi-
vidad, rigidez cognitiva y dicultades en la regulación
emocional, factores que se han implicado de mane-
ra reiterada en el riesgo suicida. El perl CIS —con
afectación de atención rápida (TMT-A) y memoria de
trabajo (Dígitos inversos) no replicada en SIS frente a
controles— apunta a una ineciencia frontotemporal
de interés para el riesgo suicida; se trata, no obstante,
de una hipótesis a conrmar.
Nuestros hallazgos también se insertan en la lite-
ratura internacional que ha documentado, mediante
revisiones y metaanálisis, un vínculo entre disfun-
ción ejecutiva y suicidabilidad en distintos trastornos
psiquiátricos (Richard-Devantoy, Berlim, & Jollant,
2014; Richard-Devantoy, Olié, Guillaume, & Cour-
tet, 2016). En particular, la alteración de la velocidad
de proceso atencional y la dicultad para manipular
información en memoria de trabajo podrían reejar
una menor eciencia de los circuitos frontales y de re-
des de control inhibitorio, procesos neurocognitivos
que regulan tanto la exibilidad como la inhibición de
respuestas impulsivas. Esta convergencia entre datos
clínicos y modelos neurobiológicos sugiere que los
décits observados en CIS podrían reejar dimensio-
nes cognitivas relevantes para comprender la vulnera-
bilidad suicida, aunque su signicado clínico requiere
conrmación en estudios prospectivos.
Desde una perspectiva aplicada, la diferenciación
observada adquiere relevancia clínica porque indica
que pruebas breves y de uso común, como el TMT-B y
el subtest de dígitos inversos, podrían aportar informa-
ción complementaria en la evaluación clínica del riesgo
suicida. No obstante, estos resultados deben interpre-
tarse como exploratorios, dado el tamaño muestral y el
diseño transversal del estudio, y requieren replicación
en muestras mayores y diseños longitudinales.
En síntesis, aunque CIS y SIS compartieron un
perl globalmente similar, su contraste con controles
delineó un patrón diferencial: los CIS mostraron alte-
raciones adicionales en velocidad de proceso atencio-
nal (TMT-A) y memoria de trabajo (dígitos inversos),
mientras que los SIS evidenciaron mayor compromiso
en el set-shiing (TMT-B). En términos cuantitativos,
los CIS dirieron de los controles en tres de cuatro
dominios (RAVLT, TMT-A y dígitos inversos), y los
SIS en dos (RAVLT y TMT-B), en consonancia con la
ausencia de diferencias directas CIS–SIS y sugiriendo
posibles vías cognitivas parcialmente distintas asocia-
das a la vulnerabilidad suicida.
El hecho de que tanto CIS como SIS presenta-
ran décits marcados en RAVLT y TMT-B refuerza
la hipótesis de que los dominios de memoria verbal
y velocidad de procesamiento constituyen núcleos
de disfunción compartida en el trastorno bipolar. La
mayor alteración de CIS en pruebas más demandan-
tes de control atencional y memoria de trabajo podría
reejar un subtipo de disfunción más severo, con im-
plicancias pronósticas. Desde una perspectiva clínica,
esta diferenciación podría orientar futuras investi-
gaciones sobre herramientas cognitivas complemen-
tarias para la evaluación del riesgo suicida, más que
constituir por sí misma un instrumento de tamizaje.
Estos hallazgos también abren preguntas para futu-
ras investigaciones. Por ejemplo, si las alteraciones ob-
servadas en CIS reejan un fenotipo cognitivo más se-
vero ligado a la vulnerabilidad suicida, cabría explorar
su estabilidad en estudios longitudinales, así como su
interacción con factores clínicos (curso de enfermedad,
severidad y número de episodios previos, hospitaliza-
ciones) y biológicos (funcionamiento de redes ejecu-
tivas, marcadores neurosiológicos). También resulta
relevante examinar cómo intervienen variables como
la medicación, la comorbilidad ansiosa o el abuso de
sustancias, factores que pueden modular tanto el rendi-
miento cognitivo como el riesgo suicida.
En suma, este estudio aporta evidencia de que, aun-
que el perl cognitivo alterado es común en pacientes
bipolares, ciertos dominios —en particular, velocidad
de procesamiento y memoria de trabajo— podrían re-
14
Rendimiento neuropsicológico en el trastorno bipolar en eutimia con y sin intentos de suicidio...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 7-14.
volver al índice
presentar áreas cognitivas relevantes para comprender
la vulnerabilidad suicida. Si se replican en muestras
más amplias y diseños longitudinales, estos hallazgos
podrían contribuir al desarrollo de modelos de estra-
ticación del riesgo y al diseño de programas de re-
habilitación cognitiva especícos para esta población.
Limitaciones
El estudio es transversal y con un tamaño muestral re-
ducido (CIS n=15; SIS n=16), lo que limita la potencia
estadística y ensancha los intervalos de conanza. La
muestra fue obtenida mediante un muestreo no pro-
babilístico a partir de la práctica ambulatoria de los
investigadores, lo que puede limitar la generalización
de los resultados. Los controles sanos no estuvieron
completamente apareados por edad y escolaridad.
No se controlaron sistemáticamente variables clíni-
cas relevantes (subtipo de trastorno bipolar, curso
de la enfermedad, número de episodios previos), ni
la exposición a medicación, posibles confusores del
rendimiento cognitivo. Tampoco se dispuso de esti-
maciones de CI premórbido ni de una evaluación sis-
temática de comorbilidades psiquiátricas o médicas.
Además, las comparaciones se realizaron sin correc-
ción por multiplicidad y los análisis bayesianos tuvie-
ron un carácter exploratorio. Estos factores obligan a
interpretar los resultados con cautela y refuerzan la
necesidad de replicación en estudios mayores, con
muestras mejor apareadas y diseños longitudinales.
Conclusiones
Los pacientes bipolares eutímicos, con o sin intentos
suicidas, mostraron un perl cognitivo alterado frente
a controles, particularmente en memoria verbal y en
velocidad de procesamiento atencional/ejecutivo. La
comparación directa entre CIS y SIS reveló diferencias
modestas, con una señal puntual en WCST–categorías
y un patrón diferencial en el que los CIS exhibieron
décits en TMT-A y dígitos inversos, mientras que los
SIS no dirieron de los controles.
En conjunto, estos resultados sugieren que la len-
ticación de los procesos cognitivos atencionales y de
la memoria de trabajo podría representar un dominio
cognitivo de interés para comprender la vulnerabili-
dad suicida en el trastorno bipolar. Si se replican en
muestras más amplias y en diseños longitudinales,
estos hallazgos podrían contribuir a orientar la eva-
luación cognitiva y al desarrollo de estrategias de in-
tervención o rehabilitación cognitiva más especícas.
Conicto de intereses: los autores declaran no tener
conictos de intereses.
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Investigación original
15
Resumen
Introducción: El estrés materno se asocia con resultados perinatales adversos. Las investigaciones se centran
fundamentalmente en la medición de estímulos. La interacción entre las demandas del entorno y la capacidad
para hacer frente a estas demandas fue menos explorada. El inventario de estresores y situaciones positivas
cotidianas en personas embarazadas (CDHUS) es una herramienta atractiva, ya que permite el análisis de
un amplio espectro de factores que pueden ser tanto estresantes como positivos. Dado que la mayoría de
las escalas se han desarrollado en lengua inglesa, el objetivo de este estudio fue llevar a cabo una validación
y adaptación transcultural de la CDHUS en el embarazo. Material y métodos: Se adoptó el procedimiento de
traducción repetida hacia adelante y hacia atrás. Se realizó un estudio de corte transversal para evaluar las
características psicométricas del instrumento en gestantes con embarazo único de 19 a 45 años. Se evaluó la
validez convergente frente a los instrumentos de ansiedad, estrés y calidad de vida. Resultados: Se dispone de
257 cuestionarios para el análisis. El índice de validez de contenido fue de 0.61. Hubo una correlación mode-
rada entre el CDHUS y las otras escalas. El coeciente alfa de Cronbach para la escala de problemas fue de
0.89. Un análisis de componentes principales mostró seis factores diferenciados. Conclusión: Este trabajo arrojó
una versión española del CDHUS, la cual mostró buena conabilidad y validez de constructo. El instrumento
puede ser utilizado en futuras investigaciones dentro del campo del estrés psicosocial y los resultados gesta-
cionales adversos.
Palabras claves: estrés materno, problemas del embarazo, medición de estrés, validación transcultural
Abstract
Introduction: Maternal psychosocial stress has been associated with adverse perinatal outcomes. Much research is
focused on stimuli measurement, other approaches include consideration of the interaction between environmental
demands and the power of the individual to deal with these demands, less attention has been paid to constructive
thinking.
The Combined Daily Hassles and Uplifts Scale (CDHUS) is a particularly attractive tool for use in research, because it
allows the analysis of a wide spectrum of factors that can be both stressful and comforting. As most scales have been
developed in English-speaking, the aim of this study was to carry out a cross-cultural validation and adaptation of the
CDHUS during each trimester of pregnancy. Participants, ethics and methods: To produce a target language version
that is conceptually equivalent to the source instrument the repeated forward–backward translation procedure was
adopted. A cross sectional study was performed to evaluate the psychometric features of the instrument in pregnant
Validación al español de un inventario de estresores y situaciones
positivas cotidianas, en una población de mujeres embarazadas
Spanish validation of an inventory of daily hassles and uplift scale in a population of preg-
nant women
Gustavo Izbizky1, Mario Sebastiani2
RECIBIDO 12/2/2024 - ACEPTADO 21/4/2025
1.Médico, Magister en Efectividad Clínica, Servicio de Obstetricia, Hospital Italiano de Buenos Aires. Departamento de Clínica Tocoginecológica, Uni-
versidad del Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0002-8511-5733
2.Doctor en Medicina, Servicio de Obstetricia, Hospital Italiano de Buenos Aires. https://orcid.org/0000-0001-6222-1392
Autor correspondiente:
Gustavo Izbizky
gustavo.izbizky@hospitalitaliano.org.ar
Lugar de realización del estudio: Servicio de Obstetricia, Hospital Italiano de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 15-26. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1013
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1013
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 15-26.
Introducción
La salud mental materna es una preocupación per-
manente en la práctica obstétrica cotidiana, como lo
reejan las distintas guías de práctica clínica (NICE,
2014; ACOG, 2018; Shea, 2024).
El estrés, la ansiedad y la depresión prenatal sue-
len presentarse juntas, y a menudo, se acompañan
de depresión y/o ansiedad posnatal. La importancia
de estudiar el estrés durante el embarazo radica en la
asociación descrita entre el estrés materno, los resulta-
dos perinatales adversos y los eventos tempranos de la
vida y el riesgo posterior de enfermedad (Gluckman,
2008; Hanson, 2014; Lobel, 1992; Traylor, 2020).
Los mecanismos que subyacen a la asociación en-
tre factores de riesgo psicosociales y los resultados
adversos del embarazo siguen siendo desconocidos
(Lobel, 1992; Staneva, 2015; Traylor, 2020), sin embar-
go, la hormona liberadora de corticotrona desempe-
ña un papel clave en la coordinación de la respuesta
endocrina, inamatoria, inmunitaria y vascular de
las mujeres embarazadas a los factores estresantes
(Wadhwa, 2001a; Wadhwa, 2001b). Por otra parte, los
glucocorticoides, que son hormonas fundamentales
en la respuesta al estrés, han sido implicados en los
mecanismos de programación al riesgo de enferme-
dades crónicas no transmisibles del adulto durante el
desarrollo embrionario (Hanson, 2014).
Existe un cúmulo signicativo de investigación so-
bre el estrés, sin embargo, la denición y la concep-
tualización de este fenómeno, ha sido inconsistente no
existiendo un patrón oro para su medición. Pueden
hallarse una serie de modelos que intentan explicar
el estrés, los cuales se pueden agrupar en una de las
siguientes categorías generales: 1) aquellos que se en-
focan en los estresores externos; 2) los que se centran
en las respuestas al estrés; y 3) aquellos que enfatizan
la interacción entre las evaluaciones individuales de
la demanda impuesta y su capacidad de respuesta. En
consecuencia, el enfoque varía según el énfasis puesto
en algunas de las características centrales que descri-
ben el fenómeno del estrés: el estímulo, la respuesta o
la interacción estímulo-respuesta (Cohen, 1997).
El estrés es un constructo multidimensional que
comprende la exposición a eventos, las percepciones
del estrés y las respuestas siológicas al mismo, aun-
que se carece de patrón oro para medirlo. Existen nu-
merosos y disímiles modelos que intentan explicar el
estrés psicosocial, objetivo que no es parte de este tra-
bajo, desde alguno de los siguientes enfoques de for-
ma especícas o en forma multidimensional: los es-
tresores; la apreciación individual de los estímulos; las
respuestas al estrés; las capacidades individuales para
el afrontamiento, la interacción entre las evaluaciones
individuales de la demanda impuesta y su capacidad
de respuesta; etc. (Huizink, 2004; DiPietro, 2008). Se
puede consultar una descripción detallada de los ins-
trumentos generales de medición de estrés en el texto
de Cohen et al. (Cohen, 1997) o revisiones más recien-
tes (Carpenter, 2016; Dorsey, 2022).
Durante mucho tiempo, gran parte de la investiga-
ción se centró en la medición de estímulos (Holmes,
1967); sin embargo, resultan más atractivos otros en-
foques que incluyen la consideración de la interacción
entre las demandas del entorno y el poder del indivi-
duo para hacer frente a estas demandas sin exceder los
recursos disponibles (Lazarus, 1993). Entre los eventos
estresantes, se caracterizó la búsqueda de los aconteci-
mientos dramáticos medidos por las escalas menciona-
das; sin embargo, los eventos cotidianos no dramáticos
(mucho más frecuentes) podrían ser incluso más rele-
vantes para la adaptación y la salud (DeLongis, 1988).
En contrapartida a los factores estresantes, el pen-
samiento constructivo es importante debido a la evi-
dencia que muestra que predice el ajuste psicológico y
el comportamiento durante el embarazo (Park, 1997;
Lobel, 2002).
Sin embargo, al carecer de instrumento de pes-
quisa prácticos para la consulta ambulatoria habitual,
validados y consistentes, más allá de los que buscan
women with singleton pregnancy aged 19-45 years. STAI, PSS, and EQ-5d were used to assess convergent validity.
Results: 257 questionnaires were available for analysis. General content validity index (CVI) was 0.61. The was a mo-
derate correlation between the CDHUS and the other scales. Cronbach's alpha coefcient for the scale of problems
was 0.89. A principal component analysis showed six differentiated factors. Conclusion: This work yielded a Spanish
version of the CDHUS, which showed good reliability and construct validity. The instrument can be used in future re-
search within the eld of psychosocial stress and adverse gestational outcomes.
Keywords: maternal stress, pregnancy complications, stress measurement, cross cultural validation
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depresión, el estrés, los estados de ánimo, y la ansie-
dad, perinatales, suelen pasar desapercibidos para los
profesionales sanitarios.
El inventario de estresores y situaciones positivas
cotidianas en personas embarazadas (Combined Dai-
ly Hassles and Uplis Scale, CDHUS por sus siglas en
inglés), es una herramienta particularmente atractiva
para su uso en investigación, ya que permite el análisis
de un amplio espectro de factores que pueden ser tan-
to estresantes como reconfortantes (Lazarus, 1989).
Una laguna importante en la investigación con es-
calas es que la mayoría se han desarrollado en países
de habla inglesa y hay relativamente pocas mediciones
que se hayan construido adecuadamente o traducido
y evaluado adecuadamente en entornos culturales de
habla no inglesa.
Por esta razón, el objetivo principal de este estudio
fue llevar a cabo una validación y adaptación transcul-
tural del Inventario Combinado de Estresores y Situa-
ciones Positivas durante cada trimestre del embarazo.
Material y métodos
Traducción
Se adoptó el procedimiento de traducción–retrotra-
ducción para producir una versión en español que sea
conceptualmente equivalente al instrumento de origen
(Guillemin,1993), que es el más utilizado en el proceso
de adaptación transcultural de un instrumento.
El procedimiento se dividió en cuatro fases. La fase
1 consistió en crear dos versiones de la escala origi-
nal traducidas al español y unicarlas. Con este n, se
realizaron dos traducciones independientes al español
argentino realizadas por traductores profesionales. Se
enfatizó la equivalencia semántica y no literal, tratan-
do de dar sentido a los artículos sin cambiar el signi-
cado o la intención de la versión original. Se discutie-
ron los errores y las interpretaciones divergentes para
obtener una versión consensuada.
La fase 2 consistió en producir una versión retro-
traducida. Para ello, el instrumento de consenso fue
sometido a traducción inversa por un traductor cuya
lengua materna fuera el inglés y con amplia experien-
cia y conocimiento de la lengua española en su versión
local para adaptar el instrumento al contexto cultural,
con el n de evaluar la equivalencia semántica. Este
traductor no tenía información sobre los objetivos del
proyecto y las características del material original para
eliminar el sesgo.
La fase 3 consistió en vericar la equivalencia entre
la escala original y la versión retrotraducida. La fase
4 consistió en continuar con la traducción directa e
inversa hasta alcanzar una equivalencia satisfactoria.
Los documentos de origen se compararon con las di-
ferentes versiones de la traducción y la traducción in-
versa para obtener la versión piloto.
La escala por validar, sobre la que se realizó el pro-
cedimiento descrito, fue el inventario de estresores y
situaciones positivas cotidianas, que consta de 53 ele-
mentos redactados para que la persona encuestada
pueda indicar si un artículo determinado es un estre-
sor, una situación reconfortante o ambas. La herra-
mienta permite medir la frecuencia y la gravedad de
cada uno de los artículos. Este instrumento es una for-
ma abreviada de la Escala de Molestias Diarias, desa-
rrollada por Lazarus y Folkman (1989) que en su for-
ma original consta de 117 artículos. Cada elemento se
calica de acuerdo con una escala de Likert de cuatro
puntos que requiere una puntuación de 0 = Ninguno o
No ocurrió con frecuencia a 3 = Con mucha frecuen-
cia. El instrumento tiene 3 puntajes generales (global,
estresores y situaciones reconfortantes) que se usaron
para el análisis, que son las mismas que en el idioma
original y que constan de: 1) la frecuencia, que es el
recuento del número de ítems marcados (puede variar
de 0 a 53); 2) el índice de gravedad, que es la suma de
las puntuaciones de hasta 3 puntos, que puede variar
entre 0 y 159 (3 x 53); y 3) la intensidad, que es el índi-
ce de gravedad dividido por la frecuencia, que oscila
entre 0 y 3. La puntuación de este último es un índice
de la intensidad (fuerza de la experiencia).
Prueba piloto
Esta última se administró a diez mujeres embaraza-
das para evaluar la validez aparente, la equivalencia
conceptual, la interpretabilidad, aceptabilidad, la
comprensión y la factibilidad de la administración.
Después de identicar las dicultades, sus causas y
proponer las soluciones, se elaboró la versión nal
utilizada en este estudio.
Métodos
Diseño
Para evaluar las características psicométricas del ins-
trumento, se realizó un estudio de corte transversal.
Población
Los instrumentos del estudio (ver más adelante) se
aplicaron en forma autoadministrada a una mues-
tra de conveniencia de mujeres embarazadas, con un
embarazo simple, de 19 a 45 años de edad, sin con-
diciones crónicas, que asistían al control prenatal. Se
elaboró un cuestionario demográco y obstétrico para
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recopilar información sobre la edad de la participan-
te, la edad gestacional, el estilo de vida, la situación
económica, laboral, educativa y los antecedentes obs-
tétricos de la participante. Se realizó un muestreo por
conveniencia de mujeres no embarazadas de 19 a 45
años por cuotas de acuerdo con la distribución etaria
de las gestantes para contar con datos de referencia de
nuestra población.
Análisis estadístico
Se estimó un tamaño de muestra de al menos 250
mujeres embarazadas distribuidas a lo largo de los tres
trimestres (cada mujer fue encuestada una sola vez)
y 100 mujeres no embarazadas que acudieron a con-
troles ginecológicos, para tener datos de control para
una población de mujeres no embarazadas, de acuer-
do con la sugerencia de incluir al menos cinco sujetos
por artículo, con un mínimo de 100 sujetos, indepen-
dientemente del número de artículos (Garsuch, 1983).
Se utilizaron como estadísticos descriptivos la me-
dia, la desviación estándar, el rango y las frecuencias.
Las diferencias entre las variables continuas se probaron
para determinar su signicación mediante una prueba t
no pareada si se distribuyen normalmente, y la prueba
de suma de rangos de Wilcoxon en caso contrario. Para
las variables categóricas se utilizó la prueba de chi-cua-
drado o la prueba exacta de Fisher (ver Figura 1).
Validez, conabilidad y exactitud
Dado que no existe un patrón oro se desarrollaron
varias hipótesis aplicando en forma convergente otros
instrumentos que pudieran evaluar dominios simila-
res. Los instrumentos utilizados para este n fueron:
el Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI) de
Spielberger. Comprende 2 escalas autoadministradas
para medir 2 conceptos distintos de ansiedad, estado
de ansiedad y rasgo de ansiedad. El estado de ansiedad
se conceptualizó como un estado emocional transito-
rio, mientras que el rasgo se reere a diferencias indi-
viduales relativamente estables en su propensión a la
ansiedad.
Para obtener las puntuaciones de cada una (S-an-
siedad y T-ansiedad) se realiza la suma de las puntua-
ciones ponderadas para los veinte artículos que com-
ponen cada escala. El puntaje global se obtiene de la
suma de todos los elementos (Spielberger, 1983).
También se utilizó la Escala de Estrés Percibido
(PSS, por sus siglas en inglés) (Cohen, 1983), una es-
cala de 14 artículos que evalúa el estrés percibido o
las respuestas al estrés durante el mes anterior. Cada
artículo se presenta con un formato tipo escala de Li-
kert de 5 puntos, que requiere que el individuo dé un
puntaje para los artículos considerados positivos o es-
tresantes. La puntuación directa obtenida indica que
a una mayor puntuación corresponde un mayor nivel
de estrés percibido.
Finalmente, se administró el EQ-5D (Augustovski,
2009), un instrumento genérico de medición del es-
tado de salud, multilingüe y multicultural. Está com-
puesto por dos partes: el sistema descriptivo y una
escala analógica visual. El primero consiste en una
descripción de los estados de salud posibles, en cinco
dimensiones (movilidad, autocuidado, actividades co-
tidianas, dolor-disconfort, y ansiedad-depresión). La
segunda parte del EQ-5D consiste en una escala vi-
sual analógica (EVA), en forma de termómetro, cuyos
extremos aparecen etiquetados como “peor estado de
salud imaginable” y “mejor estado de salud imagina-
ble, con puntuación de 0 a 100.
Se elaboraron distintas hipótesis como que aque-
Figura 1.
19
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 15-26.
llas mujeres con los peores resultados en la escala de
dicultades tuvieran peores resultados tanto en la es-
cala STAI como en la PSS y valores más bajos en la
Escala Visual Analógica del EQ-5D.
Para evaluar la validez de contenido, se pidió a 10
especialistas en obstetricia y 6 obstétricas con más de
10 años de experiencia, que evaluaran el contenido
perinatal. Los revisores clasicaron cada uno de los
53 artículos como relevantes o no relevantes para las
mujeres embarazadas, se calculó el índice de validez
de contenido según el método descrito por Lynn para
el CDHUS (Lynn, 1985).
Para la consistencia interna del instrumento CD-
HUS se calculó el coeciente de profecía de Cronbach
y Spearman-Brown por correlación ítem-total (Strei-
ner, 2015).
Para analizar la posible estructura de los datos sin
imponer ningún modelo previo, se realizó un análisis
factorial exploratorio con el objeto de identicar las
principales dimensiones en función de una encuesta.
El instrumento está licenciado por MindGarden
(MindGarden, Inc. Menlo Park, CA 94025 USA), se
solicitó la autorización y licencia para la realización de
este trabajo académico.
Para la carga de los datos se utilizó MS Excel (Mi-
croso Corporation, One Microso Way, Redmond,
WA, USA) y para el análisis de los datos el Stata 12.0
(Stata Corporation, 4905 Lakeway Drive, Collage Sta-
tion, TX, 77845, USA).
El Comité de Ética de Protocolos de Investigación
del Hospital Italiano de Buenos Aires revisó y aprobó
esta investigación (número 1328). Todas las personas
participantes dieron su consentimiento informado
oral para ser incluidas en el estudio.
Resultados
Un total de 375 mujeres fueron invitadas a participar,
luego de las exclusiones quedaron para análisis: 257
pacientes embarazadas y 97 mujeres en el grupo de
referencia (ver Figura 1).
Las características demográcas basales de las mu-
jeres encuestadas se pueden ver en la Tabla 1.
Hubo pequeñas divergencias en la redacción del
cuestionario traducido al español, principalmente de-
bido a las características de las oraciones, breves y tran-
sitivas en inglés en 14 ítems, resueltas por consenso.
En la Tabla 2 se muestran las puntuaciones del
cuestionario de las gestantes por trimestre, no encon-
trándose diferencias entre los mismos.
Tabla 1. Características demográcas de las participantes del estudio
Embarazadas n=257 Grupo de referencia n=97
p
Edad (años) (media, desvío estándar) 32.6 5.7 31.3 7.4 0.06
Educación (años) (media, desvío estándar) 16 3 14 2 <0.010
Problemas para quedar embarazada
29 11.3 10 10.3 0.790
No 228 88.7 87 89.7
Historia de embarazos
0 119 46.4 46 47.7 0.851
1 71 27.6 31 32.0 0.422
2 46 17.8 12 12.6 0.210
>2 21 8.2 8 7.7 0.978
Historia de partos
0 144 56 51 52.8 0.319
1 75 29.2 32 33.3 0.487
2 29 11.3 10 10.2 0.794
>2 9 3.5 4 3.7 0.781
¿Historia de enfermedades severas?
20 7.7 8 8.3 0.885
No 237 92.3 89 91.7
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En la Tabla 3 se muestra la comparación de los
puntajes de los instrumentos entre las embarazadas y
el grupo de referencia, encontrándose diferencias sig-
nicativas en todos los puntajes menos uno (la escala
analógica visual del EQ-5D), resaltando la importan-
cia de que las embarazadas constituyen un grupo par-
ticular (ver Tabla 3).
El panel de expertos indicó como poco importan-
tes para eventos especícos del embarazo a 34/53 artí-
culos (64 %). El índice de validez de contenido general
(IVC) fue de 0.61, mientras que el IVC para eventos
perinatales fue de 0.53, lo que para un panel de 16 ob-
servadores es aceptable (valor mínimo 0.49) para un
instrumento (Schipper, 1975).
La validez de constructo del CDHUS se analizó
mediante su correlación con el STAI, PSS y EQ-5D.
Las mujeres con peores resultados en la escala de di-
cultades presentaron peores resultados en las escalas
de ansiedad del STAI (T-anx y S-anx), por otra par-
te, la frecuencia de estresores del CDHUS tuvo una
correlación moderada con las puntuaciones T-anx y
S-anx del STAI (r = 0.3302 y r = 0.4199 respectiva-
mente) aunque estadísticamente signicativa (ambas
p <0.001). También se observó una correlación mo-
derada pero estadísticamente signicativa entre la fre-
cuencia de estresores del CDHUS y la puntuación PSS
(r = 0.4057, p <0.001). Por otro lado, el grupo de ges-
tantes mostró puntuaciones signicativamente más
Tabla 2. Comparación de los puntajes de los diferentes instrumentos administrados entre los tres trimestres en
mujeres embarazadas
Primer trimestre
n= 52
Segundo trimestre
n= 83
Tercer trimestre
n= 122
Media ds Media ds Media ds p
CDHUS& estresores 36.3 20.6 38.3 19.2 38.0 19.7 0.8
CDHUS& reconfortantes 76.1 22.1 73.7 23.9 70.5 21.3 0.5
STAI*73.6 16.1 74.2 16.7 78.4 16.4 1.0
S-anx+36.3 10.1 36.1 9.3 38.6 10.2 0.6
T-anx$37.3 7.4 38.1 9.1 39.8 8.2 0.2
PSS#20.2 6.6 21.3 7.7 22.0 7.2 0.2
EQ-5D_EAV82.4 13.5 82.4 11.4 80.6 14.7 0.05
ds: desvío estándar; & CDHUS: Combined Hassles and Uplift Scales; *STAI: State-Trate Anxiety Inventory global score; State-Trate Anxiety Inventory;
+S-anx: state anxiety scale STAI; $T-anx: trait anxiety scale STAI; # PSS: Perceived Stress Scale, EQ-5D EAV Escala Analógica Visual. análisis de varianza.
Tabla 1. Características demográcas de las participantes del estudio
¿Historia familiar de enfermedades severas?
125 48.6 49 50.6 0.753
No 132 51.4 48 49.4
¿Ha cuidado personas con enfermedades severas?
24 9.3 14 14.6 0.167
No 233 90.7 83 85.4
Tabaquismo
No 129 50.2 71 72.9 0.040
Ex fumadora 112 43.6 16 16.7 0.010
Fumadora activa 16 6.2 10 10.4 0.264
Actividad
Empleada 215 83.6 76 78.4 0.244
Estudiante 4 1.5 4 4.1 0.147
Ama de casa 26 10.1 10 10.4 0.957
Buscando trabajo 5 2.0 3 3.0 0.517
Otros 7 2.8 4 4.1 0.498
(Continúa de la página 19)
21
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Tabla 3. Comparación de los puntajes de los diferentes instrumentos entre embarazadas y el grupo de referencia
Embarazadas
n= 257
Grupo de referencia
n= 97
Media ds Media ds p
Estresores CDUHS&38.0 19.7 47.4 16.6 0.0022
Situaciones positivas CDUHS&72.7 22.4 55.3 23.9 0.0001
STAI*76.1 16.5 64.5 27.9 0.0001
S-anx+37.3 10.0 32.6 14.4 0.0060
T-anx$38.8 8.4 31.9 14.0 0.0001
PSS#22.0 5.5 23.7 8.0 0.0450
EQ-5D_EAV81.6 13.5 80.7 9.8 0.6545
ds: desvío estándar; &CDHUS: Combined Hassles and Uplift Scales; *STAI: State-Trate Anxiety Inventory global score State-Trate Anxiety Inventory;
+S-anx: state anxiety scale STAI; $T-anx: trait anxiety scale STAI; # PSS: Perceived Stress Scale, EQ-5D EAV.
altas en la escala de situaciones reconfortantes (72.7
vs. 55.3, p <0.01) (ver Tabla 4).
Según la hipótesis planteada, hubo una correlación
positiva entre la escala de problemas y todas las pun-
tuaciones del STAI (global, S-anx y T-anx) y el PSS.
Las mujeres con resultados positivos en el artículo so-
bre ansiedad-depresión en el EQ-5D tuvieron puntua-
ciones más altas en la escala de estresores (32.9 ± 17.8
vs. 43.7 ± 20.2, p <0.001).
Otro hallazgo fue la observación de una correla-
ción inversa moderada pero estadísticamente signi-
cativa entre la puntuación global de las situaciones
reconfortantes y el puntaje global de las escalas de an-
siedad T-anx y S-anx del STAI, así como con la pun-
tuación PSS (r = -0.3990; r = -0.3148; r = -0.3429 res-
pectivamente, p <0.001), y en el EQ-5D (r= -0.3488,
p <0.001), conrmándose la convergencia entre los
diferentes instrumentos (ver Tabla 5).
Se analizó la asociación entre las puntuaciones de
la escala y las diferentes variables demográcas (edad
de la participante, la edad gestacional a la realización
del cuestionario, estilo de vida, la situación económi-
ca, laboral, educativa y los antecedentes obstétricos de
la participante) no encontrándose asociación alguna.
Se analizó la consistencia interna del CDHUS y la
equivalencia de las diferentes preguntas a través de la
matriz de correlaciones tanto para problemas como
para situaciones reconfortantes. Se observó que un
número signicativo de artículos mostraron un grado
de correlación inferior a 0.20, lo que se aceptó como
punto de corte. El coeciente alfa de Cronbach para la
escala de problemas fue de 0.89, mientras que el de la
escala de situaciones reconfortantes fue de 0.91.
Se realizó un análisis exploratorio de componentes
principales para las escalas de molestias y elevaciones,
en el que se extrajo una solución de seis factores y se
rotó por el método Varimax. Esta solución mostró la
mejor bondad del ajuste (AIC=2280.3 y BIC= 3355.7)
comparado con otras soluciones con más o menos
factores (ver Tabla 6).
Hubo 4 ítems que no se cargaron en ninguno de los
6 factores de la escala de molestias.
El análisis exploratorio de la escala de situaciones
reconfortantes también mostró seis factores diferen-
ciados; sin embargo, las 53 variables no saturan cada
factor de manera tan distintiva como la escala de es-
tresores (ver Tabla 7).
Esta solución también mostró la mejor bondad del
ajuste (AIC=2349.2 y BIC= 3424.5) comparado con
otras soluciones con más o menos factores. Se obser-
van una serie de preguntas que saturan claramente los
dominios de la seguridad laboral, familiar y futura, y
otros que lo hacen de manera ambigua en dominios
que podrían referirse a la salud, el medio ambien-
te y los quehaceres. A través de estos, se delimitaron
seis dominios claros: medio ambiente, trabajo, hogar,
economía, salud, familia-interior. Se identicaron 8
elementos que podrían ser suprimidos ya que son re-
dundantes al ser una medida del mismo estresor, la
medida de consistencia interna sin esos elementos de
0.89 para la escala de problemas y 0.90 para la escala
de situaciones reconfortantes.
Discusión
El propósito de este estudio fue realizar la adaptación
transcultural de un instrumento que permite medir
estrés y situaciones reconfortantes en forma simultá-
nea (CDHUS) en mujeres embarazadas durante los
tres trimestres de la gestación. Los resultados arroja-
ron una equivalencia transcultural con la versión ori-
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Tabla 4. Inventario de estresores y situaciones positivas cotidianas en personas embarazadas (CDHUS): 10 principa-
les estresores y situaciones positivas en embarazadas por frecuencia e intensidad
Estresores Situaciones positivas
Intensidad Intensidad
Artículo Frecuencia Media ds Artículo Frecuencia Media ds
Trabajo hogareño 0.77 1.27 0.99 Tiempo pasado con la familia 0.98 2.59 0.68
Noticias cotidianas 0.74 1.30 1.01 Tiempo pasado con la pareja 0.96 2.60 0.82
Asuntos sociales y políticos 0.71 1.21 1.01 Tiempo sola 0.96 2.30 0.88
Apariencia física 0.70 1.11 0.95 Amigos 0.95 2.40 0.89
Dinero suciente
para las necesidades 0.68 1.25 1.09 Cantidad de tiempo libre 0.93 2.12 0.96
Obligaciones familiares 0.67 1.07 0.98 Comer en casa 0.93 2.24 0.92
Arreglos de la casa 0.67 1.14 1.04 Sexo 0.92 2.13 0.99
Ser organizada 0.62 1.03 1.02 Entretenimiento fuera de casa 0.92 2.16 0.96
Características del trabajo 0.61 1.08 1.06 Padres 0.90 2.06 1.02
Carga laboral 0.61 1.11 1.09 Entretenimiento en casa 0.90 2.16 1.01
ds: desvío estándar; CDUHS: Combined Hassles and Uplift Scales.
Tabla 5. Coecientes de correlación entre los diferentes instrumentos en mujeres embarazadas
CDHUS§
Estresores
CDHUS§
Positivas STAI*S_anx+T_anx$PSS#EQ-5D_EAV
CDHS§ Estresores 1
CDHUS§ Positivas -0.0014 1
STAI*0.4205 -0.392 1
S_anx+0.4199 -0.3148 0.9177 1
T_anx$0.3302 -0.399 0.8815 0.6214 1
PSS#0.4057 -0.3429 0.6957 0.5668 0.6982 1
EQ-5D_EAV-0.3488 0.1931 -0.471 -0.4659 -0.3752 -0.3502 1
§CDHUS: Combined Daily Hassles and Uplift Scale; *STAI: global score State-Trate Anxiety Inventory; +S-anx: state anxiety scale STAI; $T-anx: trait
anxiety scale STAI; # PSS: Perceived Stress Scale, EQ-5D EAV: EQ-5D Escala Visual Analógica.
Tabla 6. Estructura factorial de la escala de estresores con rotación ortogonal varimax en embarazadas
Factor Factor 1 Factor 2 Factor 3 Factor 4 Factor 5 Factor 6
Factor 1 0.4907 0.3123 0.4509 0.4132 0.4017 0.3553
Factor 2 0.1687 0.8797 -0.2197 -0.1857 -0.2605 -0.2169
Factor 3 -0.5861 0.2815 0.0187 -0.3497 0.3030 0.6024
Factor 4 0.1577 -0.0515 0.5519 -0.6847 0.2555 -0.3657
Factor 5 0.5997 -0.2156 -0.3863 -0.4503 -0.0950 0.4826
Factor 6 0.0528 0.0143 -0.5424 0.0305 0.7776 -0.3118
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ginal, que se ha logrado a través del método de traduc-
ción-retrotraducción (Guillemin, 1993).
Encontramos que la CDHUS es una forma válida
para evaluar el estrés y las situaciones reconfortantes
en esta población, con buena conabilidad y validez
de construcción, con una estructura de 6 factores.
Además, observamos que las puntuaciones de las es-
calas se mantienen estables a lo largo del embarazo, y
que las personas embarazadas muestran puntajes de la
escala de estresores menores que la población utiliza-
da como referencia y mayores puntajes en la escala de
situaciones positivas.
Existen diferentes enfoques para la evaluación del
estrés, tanto desde el punto de vista psicométrico,
como a través de la medición de los valores hormona-
les asociados al estrés, algunos de ellos se han aplica-
do a la población de mujeres embarazadas (Christian,
2013). La medición del estrés a través de eventos vita-
les ha dominado la literatura, a pesar de que la eviden-
cia muestra una baja correlación con los resultados de
salud (r = 0.12) (Rabkin, 1976).
Los estudios que utilizan solo situaciones estre-
santes o reconfortantes relacionadas con el embarazo,
dejando de lado las situaciones de la vida cotidiana,
no tienen en cuenta las diferentes formas en que las
embarazadas pueden enfrentar los acontecimientos
cotidianos, como se demostró en el presente estudio
(DiPietro, 2008).
Este enfoque tampoco proporciona ninguna pista
sobre cómo los eventos que tienen un signicado sub-
jetivo para cada individuo o diferencias individuales
en las habilidades y recursos de afrontamiento.
En contraste con el enfoque anterior, Lazarus pro-
puso que los microestresores y las habilidades de afron-
tamiento juegan un papel adaptativo signicativo y que
estos eventos del día a día son los que nalmente tie-
nen un signicado cercano con los resultados de salud
(Cohen, 1997; Park, 1997). En este sentido el presente
estudio muestra que los microestresores también afec-
tan a las embarazadas, aunque en menor medida, y que
este grupo pone en juego mayor recursos de afronta-
miento positivo. Simultáneamente encontramos que
las relaciones personales son consideradas por las em-
barazadas como una importante fuente de soporte, en
concordancia con lo descripto en la bibliografía. Un
importante volumen de la literatura está dedicado a los
problemas de salud mental y sus consecuencias en las
mujeres después de los eventos obstétricos (abortos o
partos), como lo muestra una reciente revisión sistemá-
tica (Bodunde, 2025); sin embargo, las investigaciones
sobre ocurrencia de problemas de salud mental durante
el embarazo es más heterogénea (Goodman, 2014). En
coincidencia con lo reportado encontramos mayores
puntajes en las escalas de ansiedad en las embarazadas,
por lo que explorar estos atributos de la salud con ins-
trumentos fáciles de administrar durante el embarazo
pueden representar una oportunidad de mejora en los
resultados gestacionales.
El CDHUS ofrece la oportunidad de identicar
eventos de la vida cotidiana clasicados como estreso-
res potencialmente modicables, así como eventos cla-
sicados como reconfortantes que permiten trabajar en
aquellos atributos que permiten a las mujeres embara-
zadas lidiar con el estrés con menor costo psicológico.
A pesar de que el índice de validez de contenido
cumplió con el nivel de criterio establecido (0.49), el pa-
nel indicó que el CDHUS contenía numerosos artículos
que no representaban temas perinatales especícos.
La validez constructiva del CDHUS fue evaluada
en estudios previos por su correlación con la escala de
ajuste a los eventos vitales desarrollada por Holmes y
Rahe (Holmes, 1967).
En el presente estudio la validez de construcción
fue analizada utilizando diferentes escalas como com-
paradores (STAI, PSS y EQ-5D), la correlación mo-
derada indica que los distintos instrumentos expresan
diferentes aspectos del fenómeno subyacente “estrés,
o alternativamente puede explicarse por la longitud de
la escala utilizada (Campo-Arias, 2008).
Tabla 7. Estructura factorial de la escala de situacioes positivas con rotación ortogonal varimax en embarazadas
Factor Factor 1 Factor 2 Factor 3 Factor 4 Factor 5 Factor 6
Factor 1 0.5300 0.5557 0.3374 0.4069 0.3291 0.1500
Factor 2 -0.2567 -0.0309 0.8836 -0.2505 0.0058 -0.2995
Factor 3 -0.4067 0.0023 0.2312 0.3572 -0.3581 0.7248
Factor 4 0.4257 -0.5311 0.1568 0.4959 -0.4392 -0.2709
Factor 5 -0.4068 -0.3233 -0.0358 0.5201 0.6611 -0.1456
Factor 6 0.3756 -0.5510 0.1617 -0.3573 0.3655 0.5176
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En nuestro trabajo, encontramos valores de consis-
tencia interna (la magnitud en la que diferentes ítems
de la escala miden el mismo constructo) (Streiner,
2003) para ambas escalas (0.90) similares a los observa-
dos por Lazarus y Folkman para la versión completa del
instrumento, y superiores a los de la validación fran-
cesa (0.76) (Dumont, 1998). Ruiz también encontró
una consistencia interna de 0.91, no reportando valores
para la escala de situaciones positivas (Ruiz, 1999). Se
pueden observar con frecuencia coecientes elevados
por encima de 0.90 cuando se explora la consistencia
interna de instrumentos con más de veinte artículos,
como se analiza en este estudio (Epstein, 1992).
El análisis factorial CDHUS, utilizando el método
de componentes principales con rotación Varimax
para maximizar la independencia, generó seis facto-
res: ambiente, trabajo, quehaceres, seguridad (econó-
mica) futura, salud, familia, que explican el 38 % de
la varianza, un resultado similar a la validación fran-
cesa (Dumont, 1998) que encontró una estructura de
6 factores (trabajo, nanzas, preocupaciones socioe-
conómicas, relaciones íntimas y familiares, salud, y
preocupaciones internas) que explicaron el 35 %. Se
utilizó una solución de seis factores, que fue diferente
a la descrita anteriormente (DeLongis,1988).
Al identicar 8 elementos que podrían ser supri-
midos, realizamos el análisis de la consistencia interna
quitando los mismos, conrmando la redundancia.
Este estudio conrma que las preocupaciones genera-
les relacionadas a la vida cotidiana (trabajo, nanzas,
relaciones íntimas y familiares, salud, y preocupacio-
nes internas) afectan a las mujeres embarazadas. En
conjunto con la observación del panel de expertos, los
elementos del CDHUS podrían tomarse para la cons-
trucción de un nuevo cuestionario que contenga ele-
mentos perinatales especícos como la salud del bebé,
su crecimiento, presencia de malformaciones, aspec-
tos relacionados al parto (dolor, pudor), lactancia, etc.
De acuerdo con otros reportes de la literatura (Laza-
rus, 1993; Lobel, 2000; Lobel, 2002) este estudio encon-
tró que las mujeres embarazadas tienen un pensamien-
to más constructivo (y, por extensión, optimismo). Este
pensamiento constructivo se reere a la capacidad de
pensar y resolver problemas cotidianos, con afronta-
miento y adaptación a diferentes situaciones con un
coste mínimo en estrés. A diferencia de lo reportado
por otros autores, utilizando la versión original de la
escala (Lobel, 1992) de estresores diarios y situaciones
positivas, no se encontró que los malestares fueran más
severos o frecuentes en ningún trimestre.
En el presente estudio no se encontró que el nivel
de ingresos, los años de estudio, las experiencias pre-
vias con enfermedades y la presencia de una relación
estable tuvieran un efecto en los puntajes de estrés en
las gestantes, lo que podría explicarse por la relativa
homogeneidad de la muestra. Sin embargo, en diferen-
tes contextos, se han observado las consecuencias de
la interacción del estrés materno con variables como
el estatus socioeconómico, la etnia o el riesgo médico
(Daalderop, 2023). Aún más, un estudio reciente mos-
tró resultados prometedores en cuanto a que las inter-
venciones en la reducción del estrés tienen un efecto
positivo en el porcentaje de recién nacidos con peso
al nacer por debajo del percentil 10 (Crovetto, 2021).
Las conclusiones de este estudio deben interpretar-
se a la luz de sus limitaciones. La muestra se limitó
a mujeres de un único centro con un nivel educativo
mayoritariamente terciario y un nivel socioeconómico
medio. La posibilidad de generalizar estos resultados a
poblaciones de mujeres en otros contextos culturales
requiere evidencia que demuestre la validez externa
de estos hallazgos. Por otro lado, las fortalezas de este
estudio incluyen la inclusión de un grupo de referen-
cia de la misma población, el control de los factores
de riesgo obstétrico, su carácter prospectivo y el uso
de herramientas ya validadas para evaluar la validez
convergente.
Conclusión
Este trabajo nos ha permitido obtener una versión en
español del inventario de estresores y situaciones po-
sitivas cotidianas, la cual mostró buena conabilidad
y validez de constructo. Es un instrumento que pue-
de ser utilizado en futuras investigaciones dentro del
campo del estrés psicosocial y los resultados gestacio-
nales adversos.
Conictos de interés: los autores nanciaron esta
investigación con fondos propios y declaran no poseer
conictos de interés.
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Investigación original
27
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 27-32. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1014
RECIBIDO 17/6/2025 - ACEPTADO 22/9/2025
1.Médica Psiquiatra, Centro de Salud y Acción Comunitaria número 27, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0001-0725-392X.
2.Médica de Familia, Centro de Salud y Acción Comunitaria número 27, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0003-6812-1407.
3.Estudiante de Medicina, Universidad de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0002-8184-5664
4.Médica Clínica, Centro de Salud y Acción Comunitaria número 27, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0000-0748-6929.
Autora correspondiente:
Claudia Wydler
draclaudiawydler@gmail.com
Institución en que se realizó la investigación: Centro de Salud y Acción Comunitaria número 27, Área Programática
del Hospital Ignacio Pirovano, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Resumen
Introducción: La mala calidad del sueño es un problema común en la población y puede afectar negativamente
tanto la salud física como mental de las personas. Objetivo: Evaluar el índice general de calidad del sueño de
Pittsburg (PSQI) en población de 18 años o más que concurrieron al Centro de Salud y Acción Comunita-
ria número 27 de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Metodología: El estudio fue observacional, analítico,
prospectivo, transversal. Se realizó, de manera dirigida, el cuestionario de calidad del sueño de Pittsburg a
208 pacientes para evaluar la cantidad y calidad del sueño de los entrevistados. Resultados: Los 208 pacientes
entrevistados tuvieron una edad promedio de 48.3 ± 14.6 años y 160 (76.9 %) eran mujeres. Durmieron en
promedio 6.3 ± 1.5 horas por la noche y respecto de la calidad del sueño los resultados obtenidos fueron:
latencia > a 15 minutos 81.3 % (169p), disfunción diurna 66.3 % (138p), duración < 7 horas 58.7 % (122p),
eciencia < al 85% 57.2 % (119p), uso de hipnóticos 27.4 % (57p), rerieron tener mala o muy mala calidad
del sueño el 27 % (77p), perturbaciones del sueño 15.9 % (33p). El PSQI > 5, que reeja una pobre calidad del
sueño fue del 65.4 % (136p). Conclusiones: Dada la alta prevalencia de sueño de baja calidad en la población
atendida sería importante evaluar, de manera habitual en las consultas, la calidad del sueño de los pacientes e
informar sobre las medidas higiénicas del sueño y ofrecer tratamiento.
Palabras clave: insomnio, sueño, Escala de Pittsburg, trastornos del sueño, terapia cognitivo-conductual para
el insomnio
Abstract
Introduction: Poor sleep quality is a common problem in the population and can negatively affect both physical and
mental health. Objective: To evaluate the Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI) in a population aged 18 years or older
attending Health and Community Action Center No. 27 in the City of Buenos Aires, Argentina. Methodology: This was
an observational, analytical, prospective, cross-sectional study. The Pittsburgh Sleep Quality Questionnaire was adminis-
tered to 208 patients in a targeted manner to assess the quantity and quality of their sleep. Results: The 208 patients
interviewed had a mean age of 48.3 ± 14.6 years, and 160 (76.9%) were women. They slept an average of 6.3 ± 1.5
hours per night, and the results for sleep quality were: latency > 15 minutes 81.3% (169p), daytime dysfunction 66.3%
Trastornos del sueño en adultos atendidos en el Centro de Salud
y Acción Comunitaria número 27, Ciudad de Buenos Aires,
Argentina
Sleep disorders in adults treated at Health and Community Action Center No. 27, Buenos
Aires, Argentina
Claudia Wydler1, Carolina Fraga2, Aldana Azcárate3, Eugenia Sarcona4
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1014
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Trastornos del sueño en adultos atendidos en el Centro de Salud y Acción Comunitaria...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 27-32.
Introducción
La mala calidad de sueño es un problema común en la
sociedad moderna. La prevalencia de insomnio es del
12-20 % en la población general mundial (De Cres-
cenzo et al., 2022). En nuestro país, según una encuesta
realizada por el Observatorio de Psicología Social de la
Universidad de Buenos Aires, el 38,61 % del total de los
encuestados presenta insomnio o sueño interrumpido,
el 21,39 % duerme menos de lo habitual y el 15,95 %
duerme más de lo habitual (Etchevers et al., 2022).
Los trastornos o disturbios del sueño, no solo se
maniestan mientras el individuo está dormido, sino
que se prolongan durante el día, es decir, tienen reper-
cusión a nivel médico con morbilidad y mortalidad
asociadas, tanto orgánica (por ejemplo: cardiovascu-
lar) como psicológica, a nivel de las relaciones inter-
personales y el rendimiento académico y laboral (Va-
liensi & Izbizky, 2021).
La evaluación de la calidad del sueño de los pa-
cientes no suele ser estimada de manera rutinaria en
la consulta de atención primaria. Habitualmente se
aborda el tema del sueño y sus potenciales trastor-
nos, como el insomnio, sólo cuando los usuarios lo
demandan. Y esto ocurre a pesar de las repercusiones
negativas que esta problemática a nivel psicosocial,
ocupacional, económico y de salud, y que afectan la
calidad de vida (Ruiz, 2007).
Hay diversos factores que pueden afectar el sueño
de los pacientes, así como intervenciones que los pro-
fesionales podemos brindarles. Por ejemplo, se está
estudiando cómo puede interferir el consumo de ca-
feína (Watson et al., 2016) en la calidad del sueño. Co-
nociendo qué pacientes tienen dicultades para dor-
mir, se puede intervenir en ese y otros factores para
lograr una mejoría en su sueño.
Incluso intervenciones simples pueden ayudar
a los pacientes a tener mejor calidad del sueño. Por
ejemplo, los alimentos, especialmente aquellos ricos
en triptófano y melatonina, pueden mejorar los tras-
tornos del sueño. Consumir alimentos antes de acos-
tarse puede tener un fuerte efecto sobre el sueño. Los
alimentos especialmente ricos en triptófano, adminis-
trados antes de acostarse, ayudan a liberar insulina, lo
que atrae aminoácidos de gran tamaño a los tejidos
musculares y permite que el triptófano cruce la barre-
ra hematoencefálica, promoviendo así la síntesis de
serotonina y melatonina. Las bananas y la leche son
alimentos ricos en triptófano que se sabe que tienen
efectos inductores del sueño (Keser et al., 2024).
A lo largo de las distintas etapas vitales vamos mo-
dicando la forma en que dormimos. En los adultos
mayores, los trastornos del sueño a menudo son difí-
ciles de tratar porque los parámetros siológicos del
sueño normalmente cambian con la edad (Rajput &
Bromley, 1999). En las mujeres, según la etapa vital
también se producen cambios en el sueño. Por ejem-
plo, la transición a la menopausia se asocia con una
mayor frecuencia de trastornos del dormir (Proserpio
et al., 2020). A su vez, en la mujer embarazada los tras-
tornos del sueño son comunes y pueden aparecer o
empeorar en caso de ya tenerlos antes de la gestación
(Miller et al., 2020).
Es fundamental, entonces, conocer qué población,
de qué edad y el género que tiene más problemas para
dormir, ya que de esa forma se pueden tomar medidas
especícas enfocadas en ese grupo determinado. Por
ejemplo, en un estudio, en mujeres de mediana edad,
los niveles bajos a moderados de ejercicio programado
durante 12 a 16 semanas tuvieron un efecto positivo en
la calidad del sueño según lo medido por el Índice de
Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI), en compara-
ción con los controles (Rubio-Arias et al., 2017).
Objetivo
Evaluar el índice general de calidad del sueño de Pitts-
burgh (PSQI) en población de 18 años o más que con-
currieron al Centro de Salud y Acción Comunitaria
número 27 de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Materiales y método
Estudio observacional, analítico, prospectivo, trans-
versal. Se realizó, de manera dirigida, luego de obtener
el consentimiento informado del paciente, el cuestio-
nario de calidad del sueño de Pittsburgh a 208 pacien-
(138p), duration < 7 hours 58.7% (122p), efciency < 85% 57.2% (119p), use of hypnotics 27.4% (57p), reported
poor or very poor sleep quality 27% (77p), and sleep disturbances 15.9% (33p). The PSQI > 5, reecting poor sleep
quality, was found in 65.4% (136p). Conclusions: Given the high prevalence of poor sleep quality in the population
treated, it would be important to routinely assess patients' sleep quality in consultations and offer treatment or inform
them about sleep hygiene measures.
Keywords: insomnia, sleep, The Pittsburgh Sleep Quality Index, sleep disorders, cognitive-behavioral therapy for insomnia
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Trastornos del sueño en adultos atendidos en el Centro de Salud y Acción Comunitaria...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 27-32.
tes para evaluar la cantidad y calidad del sueño de los
entrevistados. Las encuestas se realizaron entre los
meses de diciembre de 2024 a abril de 2025. Además,
consignamos la edad y el género de los participantes.
Fueron incluidos todos los pacientes de 18 años o más
que aceptaron participar.
En el presente estudio se utilizó el cuestionario de
Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI) (Buysse et al.,
1989) para evaluar la calidad y cantidad de sueño en
los entrevistados. El PSQI es un cuestionario autoad-
ministrado. Consta de 19 ítems autoevaluados por el
sujeto y 5 cuestiones evaluadas por el compañero/a
de cama. Las cinco últimas cuestiones son utilizadas
como información clínica, pero no contribuyen a la
puntuación total del PSQI. Los 19 ítems analizan siete
componentes diferentes del sueño: calidad del sueño,
latencia del sueño, duración del sueño, eciencia del
sueño, alteraciones del sueño, uso de medicamentos
para dormir y disfunción diurna. Cada componente
se puntúa de 0 a 3. De la suma de los siete compo-
nentes se obtiene la puntuación total del PSQI, que
oscila entre 0 y 21 puntos (a mayor puntuación, peor
calidad de sueño). Buysse et al. proponen un punto de
corte de 5 (puntuaciones ≥ 5 denen malos dormido-
res). Se trata de un cuestionario breve, sencillo y bien
aceptado por los pacientes. En población general se
puede utilizar como elemento de cribado para detec-
tar «buenos» y «malos» dormidores. El Cuestionario
de Calidad del Sueño de Pittsburgh fue diseñado con
la intención de disponer de un instrumento que ana-
lice la calidad del sueño y que pudiera ser utilizado en
ensayos clínicos. La traducción y adaptación al caste-
llano fue realizada por Macías y Royuela (1996). Su
abilidad (alfa de Cronbach) es de 0.81.
Tamaño de la muestra
Para una prevalencia esperada de trastornos del sue-
ño del 20 % (Vigo & Cardinali, 2015) y un margen de
error del 5 % en la inferencia poblacional al 95 % de
conanza, el tamaño muestral mínimo necesario es de
206 personas.
Análisis estadístico
Todos los resultados se expresaron como frecuencia/
porcentaje y desvío estándar. El análisis estadístico se
realizó utilizando el paquete estadístico Statistix ver-
sión 8.0.
Consideraciones éticas
Todos los cuestionarios fueron anónimos y los pro-
cedimientos realizados siguieron las reglas de la De-
claración de Helsinki de 2013 y su carta de enmienda
para investigación en humanos. El estudio fue aproba-
do por el Comité de Ética en Investigación del Hospi-
tal Ignacio Pirovano.
Resultados
Los 208 pacientes entrevistados tuvieron una edad pro-
medio de 48.3 ± 14.6 años y 160 (76.9 %) eran mujeres.
Durmieron en promedio 6.3 ± 1.5 horas por la noche
y respecto de la calidad del sueño los resultados obte-
nidos fueron: latencia > a 15 minutos 81.3 % (169p),
disfunción diurna 66.3 % (138p), duración < 7 horas
58.7 % (122p), eciencia < al 85 % 57.2 % (119p), uso
de hipnóticos 27.4 % (57p), rerieron tener mala o muy
mala calidad del sueño el 27 % (77p), perturbaciones
del sueño 15.9 % (33p).
El PSQI > 5, que reeja una pobre calidad del sue-
ño fue del 65.4 % (136p) ( ver Tablas 1 y 2).
No encontramos diferencias estadísticamente signi-
cativas según el género o la edad ni para el PSQI total,
ni la cantidad de horas de sueño, ni para ninguno de los
diferentes ítems de la subescala de Pittsburgh.
Discusión
En nuestro estudio el 65.4 % de la población estudia-
da puntuó con una pobre calidad del sueño y el 58.7 %
duerme menos de 7 horas. En relación a la calidad sub-
jetiva del sueño, el 27 % puntuó como mala a muy mala.
Según un estudio realizado en Argentina, alrededor de
un 20 % de la población general duerme poco o mal,
porcentaje que puede trepar a 50 % o más en grupos de
riesgo (Vigo & Cardinali, 2015).
Tabla 1. Características generales
n (%) Varones 48 (23.1) Mujeres 160 (76.9) Total 208 (100)
Edad (M, SD) 52.4 ± 11.6 47.1 ± 15.1 48.3 ± 14.6
PSQI total (M, SD) 7.8 ± 4.3 7.9 ± 4.3 7.9 ± 4.3
Horas de sueño (M, SD) 6.5 ± 1.7 6.3 ± 1.4 6.3 ± 1.5
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Trastornos del sueño en adultos atendidos en el Centro de Salud y Acción Comunitaria...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 27-32.
La mayoría de los adultos que descansan bien se
duermen entre 10 y 20 minutos después de intentar
dormir. En nuestro estudio la latencia >15 minutos
fue del 81.3 % (169p). Se debe considerar que los adul-
tos con insomnio suelen tardar 30 minutos o más en
conciliar el sueño.
En un amplio estudio en Estados Unidos, desde
2017 a 2020, se midió cómo dormían 9004 personas.
La duración del sueño fue de 7.59 horas en los días
laborales y de 8.24 horas en el n de semana (Di et al.,
2022). En nuestro estudio de prevalencia, además de
que la gente refería dormir menos horas, no hemos
realizado dicha diferencia.
Si bien hay una cierta “normalidad” (se duerme
profundamente en general en las primeras horas de la
noche y luego el sueño es más supercial e incluso es
probable que haya despertares ocasionales), lo espe-
rable y recomendable sería que los adultos duerman
entre 7 a 9 horas por noche. Debe tenerse en cuenta
que no todo mal dormir o insuciente es insomnio.
La insuciencia crónica del sueño a veces se confunde
con insomnio. Aunque ambas afecciones se caracte-
rizan por una disminución de la cantidad de sueño,
las personas con privación de sueño se duermen rápi-
damente si se les da la oportunidad, mientras que las
personas con insomnio no pueden conciliar el sueño,
aunque se sientan fatigadas durante el día.
La eciencia del sueño se dene como el porcentaje
de tiempo que la persona duerme en relación al tiem-
po que permanece en la cama. Una eciencia normal
del sueño es de al menos el 85 %. En nuestro estudio,
el 57.2 % tuvo una eciencia menor a ese porcentaje.
El 33 % de los participantes de nuestro estudio pre-
sentaron perturbaciones del sueño, con lo cual con-
sideramos que en atención primaria sería adecuado
consultar si el paciente cumple con las medidas higié-
nico dietéticas del sueño. Por ejemplo, si duerme en
un ambiente que propicia el sueño (sin frío ni calor).
También, dada la alta prevalencia de perturbaciones
del sueño, sería importante indagar si tiene problemas
respiratorios o si algún otro aspecto le interrumpe el
sueño. Se debe considerar que, por ejemplo, el ron-
quido, que puede ser una perturbación para el buen
descanso, es frecuente y afecta a más del 40 % de los
adultos mayores de 50 años de forma regular. Roncar
está asociado con somnolencia diurna, aun en ausen-
cia de apnea del sueño. Un estudio demostró que las
personas que tienen ronquidos e insomnio combina-
dos presentan un mayor riesgo de hipertensión, enfer-
medad pulmonar obstructiva crónica, asma, somno-
lencia diurna y uso de hipnóticos. Los ronquidos y el
insomnio son quejas muy comunes relacionadas con
el sueño en la población general. Por lo tanto, sería
importante considerar la incidencia de ronquidos en
los pacientes que buscan asistencia médica por insom-
nio y, viceversa, en los pacientes con ronquidos que
consultan sobre el insomnio (Hagg et al., 2022).
En relación al uso de medicación para dormir, en
nuestro estudio el 27.4 % (57p) usaba hipnóticos. En
un estudio similar con 219 pacientes, donde 86 tenían
insomnio, y de ellos el 37 % recibía benzodiacepinas,
el fármaco fue correctamente indicado en 18 pacien-
tes (56 %) mientras que en el resto no estaba correcta-
mente indicado, además de que seis de estos pacientes
se habían automedicado. El estudio considera que las
benzodiacepinas se usan incorrectamente y que los
profesionales de la salud deberían tener un mayor co-
nocimiento de dichos medicamentos (Torre-Cisneros
et al., 1990).
La escala de Pittsburgh pregunta si en el último
mes el paciente ha recibido medicación para dormir,
ya sea indicada por un profesional u obtenida por su
Tabla 2. Subescalas PSQI. Proporción de sujetos con problemas en la calidad del sueño por género. No hubo dife-
rencias signicativas en ningún ítem según el género
Varones n (%) Mujeres n (%) Total n (%)
Calidad subjetiva del sueño (mala/ muy mala) 13 (27.1) 64 (40) 77 (27.0)
Latencia > 15 min 39 (81.3) 130 (81.3) 169 (81.3)
Duración (< 7 horas) 26 (54.2) 96 (60.0) 122 (58.7)
Eciencia (< 85%) 28 (58.3) 91 (56.9) 119 (57.2)
Perturbaciones del sueño (score ≥10) 4 (8.3) 29 (18.1) 33 (15.9)
Uso de medicación (si) 18 (37.5) 39 (24.4) 57 (27.4)
Disfunción diurna (si) 30 (62.5) 108 (67.5) 138 (66.3)
Pobre calidad del sueño (PSQI total > 5) 30 (62.5) 106 (66.3) 136 (65.4)
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Trastornos del sueño en adultos atendidos en el Centro de Salud y Acción Comunitaria...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 27-32.
propia cuenta. Consideramos que sólo preguntar so-
bre los fármacos recibidos como posible tratamiento
es una limitación en nuestra investigación. Creemos
que deberíamos haber incluido una pregunta sobre si
ha recibido, de parte de algún profesional de la salud,
consejos para tener un buen descanso. En un estudio
sobre la utilidad de la terapia cognitivo-conductual
sobre las creencias disfuncionales sobre el sueño, se
vio que éstas se reducían considerablemente en el gru-
po de pacientes que recibían terapia cognitiva para el
insomnio (Hartley et al., 2023).
La Academia Americana de Medicina del Sueño
recomienda que los profesionales de la salud utili-
cen la terapia cognitivo-conductual para el insomnio
como tratamiento de primera línea para el insomnio
crónico en adultos (Edinger et al., 2021).
A su vez, la guía europea para el diagnóstico y tra-
tamiento del insomnio recomienda la terapia cogniti-
vo-conductual para el insomnio como tratamiento de
primera línea para el insomnio crónico en adultos de
cualquier edad (recomendación fuerte, evidencia de
alta calidad). Se puede ofrecer una intervención far-
macológica si la terapia cognitivo-conductual para el
insomnio no es lo sucientemente efectiva o no está
disponible (Riemann et al., 2017).
Aunque el tratamiento farmacológico para el in-
somnio es el más extendido, es el tratamiento psicoló-
gico el que mantiene sus efectos a lo largo del tiempo
(Navarro-Bravo et al., 2014).
La somnolencia excesiva diurna, al interferir con
la atención, disminuir tiempo de reacción y causar
problemas de memoria, y la mala calidad del sueño
son consideradas problemas de salud pública en la so-
ciedad occidental, que afectan al estado de ánimo y
el rendimiento laboral y académico, y pueden tener
consecuencias como accidentes de tránsito y afectar a
la calidad de vida. La prevalencia de este proceso que
repercute directamente en la funcionalidad del indivi-
duo es de un 12-16 % de la población general (Macha-
do-Duque et al., 2015).
En nuestro estudio, la somnolencia y/o la dicul-
tad para realizar tareas durante el día dado el mal dor-
mir en nuestros pacientes fue del 66,3 %.
Considerando que insomnio es tan prevalente en la
sociedad, teniendo en cuenta que las personas pasan
aproximadamente un tercio de su vida durmiendo y
siendo la terapia cognitivo-conductual para el insom-
nio de primera línea para el insomnio crónico, nos
parece importante incluir en futuras investigaciones si
los pacientes han recibido algún recurso de la misma.
También podría ser de utilidad capacitar a los pro-
fesionales de la salud para aplicar la terapia cognitiva
del insomnio, además de detectar otros trastornos del
sueño y sus tratamientos.
Limitaciones
Si bien la investigación utiliza el Índice de Calidad del
Sueño de Pittsburgh, es importante destacar algunas
limitaciones de esta escala. Su aplicación es senci-
lla, autoadministrada y puede servir para diferenciar
gente que duerme bien” de la gente que no. También
es útil para estudiar la relación entre la calidad del sue-
ño y otras variables como la edad, el género y condi-
ciones clínicas o psiquiátricas determinadas.
Hoy en día, el PSQI no tiene en cuenta el uso de
tecnología y pantallas, un aspecto de suma relevancia
en la actualidad, principalmente después de la pande-
mia del Covid-19, debido al creciente uso de las mis-
mas, tanto durante el día, como al acostarse, aspecto
que creemos vinculado con la latencia del sueño.
Por otro lado, el PSQI tampoco pregunta sobre la
presencia de comorbilidades psiquiátricas o neuroló-
gicas que podrían inuir en los patrones de sueño (si
bien algunas personas las referían de forma espontánea
al momento de la entrevista). El PSQI no toma en cuen-
ta si el paciente recibe medicación que puede afectar la
forma en que duerme: carvedilol, propanolol, furose-
mida, donepezilo, rivastigmina, estatinas, etc.
Si bien el cuestionario realizado no es suciente
para medir todas las variables por las cuales los pa-
cientes duermen mal y si bien la muestra es pequeña,
es contundente el dato de que la población analizada
no duerme lo suciente ni con buena calidad.
Conclusiones
Dada la alta prevalencia de sueño de baja calidad en
la población atendida sería importante evaluar, de
manera habitual en las consultas, la calidad del sue-
ño de los pacientes y ofrecer tratamiento o informar
sobre las medidas higiénicas del sueño. También se
necesitan más profesionales que estén capacitados en
el tratamiento de los trastornos del sueño y estudios
respecto a cómo implantar la terapia cognitivo-con-
ductual para el insomnio en el sistema sanitario. Si
bien el tratamiento gold standard para el insomnio
es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio,
no hay sucientes profesionales capacitados en dicho
abordaje no farmacológico y pocos son los pacientes
que acceden al mismo.
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Conicto de intereses: las autoras declaran no tener
conictos de intereses.
Agradecimientos: por la corrección del texto y aportes
a la Lic. Mariana Gómez.
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Investigación original
33
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 33-40. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1015
RECIBIDO 4/2/2025 - ACEPTADO 7/5/2025
1.Docente Investigador, Universidad Privada Franz Tamayo, Cochabamba, Bolivia. https://orcid.org/0000-0002-0357-5489
2.Docente Investigador, Universidad Privada Franz Tamayo, Cochabamba, Bolivia. https://orcid.org/0000-0002-5409-8854
3.Estudiante de Medicina, Universidad Privada Franz Tamayo, Cochabamba, Bolivia. https://orcid.org/0009-0005-8620-9976
4.Estudiante de Medicina, Universidad Privada Franz Tamayo, Cochabamba, Bolivia. https://orcid.org/0009-0004-1653-0396
5.Estudiante de Medicina, Universidad Privada Franz Tamayo, Cochabamba, Bolivia. https://orcid.org/0009-0006-7813-3286
6.Estudiante de Medicina, Universidad Privada Franz Tamayo, Cochabamba, Bolivia. https://orcid.org/0009-0003-5091-306X
Autor correspondiente:
José Luis Villca Villegas
jose.villca@unifranz.edu.bo
Institución donde se realizó la investigación: Escuela de Medicina, Universidad Privada Franz Tamayo, Cochabamba, Bolivia.
Impacto del tiempo de uso de redes sociales en la depresión y la
ansiedad generalizada en estudiantes de Medicina de Bolivia
Impact of social media usage time on depression and generalized anxiety in medical stu-
dents in Bolivia
José Luis Villca Villegas1, Alvaro Andre Vargas Aguilar2, Natália Velasquez Oliveira3, Ma-
ria Vitoria Rodrigues Magalhães4, Andrei Jair Nuñez Albornoz5, Ingrid Nayara
Rodrigues Da Fonseca6
Resumen
Introducción: Las redes sociales han transformado la comunicación global, pero el uso excesivo está asociado a
problemas de salud mental como depresión y ansiedad. Los estudiantes de Medicina son un grupo vulnerable
debido a estresores propios de la carrera. Este estudio examina la relación entre el uso de redes sociales y
síntomas depresivo-ansiosos en estudiantes de Medicina de la Universidad Franz Tamayo. Métodos: Se realizó
un estudio transversal con 210 estudiantes. Se usó el Inventario de Depresión y Ansiedad de Beck, más cues-
tionarios sobre el uso diario de redes sociales y preferencias de plataforma. Luego se realizaron estadísticas
descriptivas y modelos de regresión para evaluar la asociación entre el tiempo de uso y los síntomas. Resul-
tados: Los participantes usaron redes sociales un promedio de 5,29 horas diarias, siendo TikTok la app más
usada (79.52 %). Las puntuaciones medias de depresión y ansiedad fueron 15.6 (DE = 13.2) y 15,4 (DE = 13.0),
respectivamente. Cada hora adicional de uso se asoció con 0,51 puntos más en depresión (p = 0.030) y 0.72
en ansiedad (p = 0.002). Estudiantes con antecedentes de ansiedad tuvieron 8,59 puntos más en ansiedad (p
= 0.012) y aquellos con antecedentes de depresión 14,47 puntos más (p < 0.001). La varianza explicada fue
8.2 % en ansiedad (R² = 0.082) y 12.3 % en depresión (R² = 0.123). Discusión: Se observó una asociación signi-
cativa entre el uso excesivo de redes sociales y una pobre salud mental, aunque también hay otros factores
en juego. Conclusión: El uso excesivo de redes sociales se asocia con mayores niveles de síntomas de ansiedad
y depresión. Las universidades deberían promover iniciativas de bienestar digital para mejorar la salud mental
de los estudiantes.
Palabras clave: adicción a las redes sociales, estudiantes de Medicina, salud mental
Abstract
Introduction: Social media has transformed global communication, but excessive use is linked to mental health issues
such as depression and anxiety. Medical students are a vulnerable group due to the inherent stressors of their aca-
demic training. This study examines the relationship between social media use and depressive-anxious symptoms in
medical students at Franz Tamayo University. Methods: A cross-sectional study was conducted with 210 students. The
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1015
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 33-40.
Introducción
El uso extendido y global de las redes sociales ha trans-
formado para siempre la comunicación y la forma en
la que se comparte información. Esto ha tenido im-
plicaciones profundas en la salud mental mundial, ya
que existe una relación entre el uso de redes sociales y
el desarrollo de trastornos mentales como ansiedad y
depresión. Ya se ha establecido que el uso desmesura-
do y excesivo está relacionado con el aumento de estas
dos entidades en diversas poblaciones (Yigiter et al.,
2024; De Alencar & Montiveros, 2023).
Los estudiantes de Medicina representan un grupo
particularmente susceptible a sufrir de problemas de
salud mental debido a las rigurosas demandas acadé-
micas de la carrera y los factores de estrés inheren-
tes a la formación médica. (Bergmann et al., 2019;
Martínez-Líbano et al., 2022; Condori Sinty & Quiro
Sucapuca, 2023). Los índices elevados de ansiedad y
depresión en la población estudiantil médica hacen
que esta población sea mucho más susceptible al uso
desmedido de redes sociales, lo que sugeriría que es-
tos medios sociales juegan un rol como mecanismo
de afrontamiento, pero que a la vez exacerba el distrés
psicológico (Shiraly et al., 2024).
Investigaciones enfocadas en población latina sir-
ven de evidencia para corroborar que el fenómeno
observado a nivel mundial también se observa en
el contexto latinoamericano. Diversos estudios han
evidenciado una alta prevalencia de síntomas de an-
siedad y depresión entre estudiantes de Medicina en
Latinoamérica (Pozo & Alonso, 2022), especialmen-
te durante periodos de distanciamiento social, como
ocurrió en la pandemia de COVID-19. Por ejemplo,
una investigación que abarcó a 1.579 estudiantes de 15
países latinoamericanos reportó que el 87.14 % pre-
sentaba síntomas de ansiedad y el 66.88 % síntomas de
depresión (Aveiro-Róbalo et al., 2023).
Aunque las redes sociales ofrecen vías de conexión
e información, su uso desmedido tiene relación con
el aumento de la ansiedad y depresión a nivel global
(Naslund et al., 2020; Allison & Rocio, 2023; Payares
Medina & Chamorro Posso, 2024). Por los motivos
expuestos, resulta pertinente investigar la relación en-
tre el tiempo de uso de redes sociales y la aparición
de síntomas de depresión y ansiedad generalizada
en estudiantes de Medicina de la Universidad Franz
Tamayo (UNIFRANZ), puesto que comprender esta
dinámica es esencial para desarrollar estrategias de
intervención que promuevan un uso saludable de las
tecnologías digitales y contribuyan al bienestar psico-
lógico de los futuros profesionales de la salud.
Materiales y métodos
El estudio es de tipo observacional, analítico y transver-
sal. La población fue conformada por 1521 estudian-
tes de Medicina desde el primer al décimo semestre. El
estudio seleccionó aulas y semestres al azar, con par-
ticipación voluntaria. Se asumió máxima variabilidad
(p = 0.50), margen de error del 6 %, nivel de conan-
za del 94 % y ajuste por población nita, obteniéndo-
se 210 participantes. Los criterios de inclusión fueron:
estudiantes matriculados en la carrera de Medicina y
consentimiento informado otorgado voluntariamente.
Los criterios de exclusión fueron: estudiantes que no
consintieron participar, estudiantes con permiso aca-
démico o interrupciones prolongadas de sus estudios
durante el periodo de recolección de datos y estudian-
tes que se encuentren haciendo internado rotatorio.
Los procedimientos de reclutamiento y recolección
de datos constaron de dos etapas: una primera etapa,
denominada “parte pasiva, que consistió en la publi-
Beck Depression and Anxiety Inventory was used, along with questionnaires on daily social media use and platform
preferences. Descriptive statistics and regression models were applied to assess the association between usage time
and symptoms. Results: Participants used social media for an average of 5.29 hours per day, with TikTok being the most
used app (79.52%). Mean depression and anxiety scores were 15.6 (SD = 13.2) and 15.4 (SD = 13.0), respectively.
Each additional hour of use was associated with 0.51 more points in depression (p = 0.030) and 0.72 more points
in anxiety (p = 0.002). Students with a history of anxiety scored 8.59 points higher in anxiety (p = 0.012), and those
with a history of depression scored 14.47 points higher (p < 0.001). The explained variance was 8.2% for anxiety (R²
= 0.082) and 12.3% for depression (R² = 0.123). Discussion: A signicant association was found between excessive
social media use and poor mental health, although other factors also play a role. Conclusion: Excessive social media
use is associated with higher levels of anxiety and depression. Universities should promote digital well-being initiatives
to improve medical students' mental health.
Keywords: social media addiction, medical students, mental health
35
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 33-40.
cación de anuncios en plataformas internas de comuni-
cación de la universidad (grupos de WhatsApp, correos
electrónicos). Una segunda etapa llamada “parte acti-
va, en la que se visitaron aulas aleatorias para explicar
el estudio y solicitar participación voluntaria, donde los
estudiantes completaron el cuestionario en presencia
de los investigadores. El instrumento de recolección de
datos fue el Inventario de Depresión de Beck (BDI) y
el Inventario de Ansiedad de Beck (BAI) más cues-
tionarios especícos para evaluar el tiempo de uso y
actividades realizadas en redes sociales (ver Anexo 1).
El análisis estadístico se llevó a cabo utilizando sof-
tware R versión 4.4.2 y el paquete de ggplot2. Primero
se realizó un análisis descriptivo para caracterizar a
la población estudiada que incluyó medidas de ten-
dencia central y dispersión para variables continuas,
como el tiempo promedio de uso de redes sociales, y
frecuencias absolutas y relativas para variables cate-
góricas, como género, semestre de estudio y tipo de
red social más utilizada. Posteriormente, se emplea-
ron técnicas de inferencia para evaluar las relaciones
entre el tiempo de uso de redes sociales y los síntomas
de depresión y ansiedad generalizada, entre las cua-
les están las pruebas de correlación para determinar
la fuerza y dirección de la asociación entre el tiempo
de uso de redes sociales y los niveles de depresión y
ansiedad. Asimismo, se usaron modelos de regresión
lineal múltiple para explorar cómo la variable inde-
pendiente (tiempo de uso de red social) inuyó en las
variables dependientes (niveles de depresión y ansie-
dad), ajustado por covariables como diagnósticos pre-
vios de ansiedad y depresión. El estudio cumplió con
los estándares éticos, se garantizó la condencialidad
de los participantes mediante almacenamiento seguro
de datos, accesibles solo a los investigadores. Los parti-
cipantes recibieron información detallada sobre el estu-
dio y dieron su consentimiento informado de manera
voluntaria, el reclutamiento fue ético y transparente,
con sesiones informativas que explicaron los objetivos,
procedimientos, benecios y riesgos, asegurando el de-
recho a retirarse en cualquier momento. El protocolo
para la ejecución del trabajo fue aprobado por el Comité
Institucional de Bioética en Investigación del Hospital
de Niños Dr. Mario Ortiz Suárez (Código Internacional
de Bioética de Investigación: FWA0002426), en la ciu-
dad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, con número de
registro del protocolo: 012/2024.
Resultados
En la Tabla 1 se observan las características demográ-
cas de la población de estudio y los patrones de uso
de las redes sociales. La muestra estaba formada por
210 participantes, con una edad media de 21.5 años
Tabla 1. Características de los participantes del estudio
Variable Categoría Frecuencia (n) Porcentaje (%) Media (±DE*)
Edad (años) - - - 21.5e ± 3.77e
Tiempo de uso de redes sociales (h/día) - - - 5.29+ ± 3.74+
Sexo Hombres 84 40 -
Mujeres 126 60 -
Semestre de estudio
31 14.76 -
12 5.71 -
13 6.19 -
42 20.00 -
16 7.62 -
38 18.10 -
25 11.90 -
5 2.38 -
8 3.81 -
10° 20 9.52 -
Redes sociales utilizadas frecuentemente
(selección múltiple)
Facebook 81 38.57 -
TikTok 167 79.52 -
Instagram 93 44.29 -
WhatsApp 161 76.67 -
e= edad en años; += tiempo en horas; *DE = desviación estándar
Fuente: Elaboración propia del autor.
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 33-40.
(DE = 3.77). La distribución por sexos reveló una po-
blación mayoritariamente femenina. En relación con
el semestre de estudio, la mayor concentración de es-
tudiantes se encontró en los semestres 4° (20.00 %) y
6° (18.10 %), mientras que los semestres intermedios y
superiores (3° al 9°) estuvieron subrepresentados, po-
siblemente debido a la mayor carga académica que re-
duce el tiempo que los estudiantes poseen para partici-
par del estudio y responder a las encuestas. Respecto al
uso de las redes sociales, se observa una media de 5.29
horas al día (SD = 3.74). TikTok fue la plataforma más
utilizada, con un 79.52 % de los participantes, seguida
de Instagram y Facebook. Estos datos evidencian patro-
nes claros de uso intensivo de redes sociales, sobre todo
Tik-Tok, en la población joven de mayoría femenina.
La Tabla 2 evidencia que, si bien los puntajes pro-
medio de depresión y ansiedad (15.6 y 15.4, respecti-
vamente) son similares, su distribución por categorías
presenta diferencias notables. En depresión, más de la
mitad de la muestra (51.4 %) se ubica en la categoría
Mínima, mientras que en ansiedad prevalecen los ca-
sos “Severos” (37.1 %). Además, las elevadas desviacio-
nes estándar (13.2 y 13.0) reejan una amplia variabi-
lidad en la intensidad de los síntomas. Estos hallazgos
sugieren la necesidad de profundizar en los factores que
contribuyen a la presencia de ansiedad severa y, en me-
nor medida, de depresión, así como de diseñar estrate-
gias de abordaje diferenciadas para ambas condiciones.
Se observa una distribución heterogénea en los
patrones de uso de las diferentes plataformas sociales.
Instagram presenta la mayor dispersión de datos, con
puntajes que oscilan entre 0 y 60 en ambas escalas. La
concentración de puntajes elevados en el cuestiona-
rio de Beck, entre 40 y 60, se asocia predominante-
mente con usuarios que reportan más de 5 horas de
uso diario. Facebook exhibe la menor presencia en la
muestra, con una concentración de datos en el rango
de 0-15 horas de uso. También de forma signicativa,
WhatsApp y TikTok muestran una distribución más
moderada en comparación con Instagram, que pre-
senta los casos más extremos (ver Gráco 1).
El análisis reveló que el tiempo diario en redes so-
ciales se asoció signicativamente con mayores pun-
tajes de ansiedad (β = 0.72, IC 95 %: 0.27–1.17; p =
0.002), lo que sugiere que, por cada hora adicional
de uso, los síntomas ansiosos aumentan en casi tres
cuartos de punto en el Inventario de Beck (ver Gráco
2). Adicionalmente, los participantes con diagnóstico
previo de ansiedad presentaron una media 8.59 pun-
tos mayor que aquellos sin antecedentes (p = 0.012),
evidenciando un riesgo residual incluso tras ajustar
por el uso digital. Aunque el modelo explica solo el
8.2 % de la variabilidad (R² = 0.082), la signicancia
estadística de ambas variables subraya el papel de las
redes sociales como factor modicable en poblaciones
vulnerables.
Tabla 2. Evaluación de los resultados obtenidos mediante las encuestas diseñadas por Beck para depresión y ansiedad
Variable Media (±DE*) Frecuencia (n) Porcentaje (%)
Puntaje de depresión evaluado por el
cuestionario de Beck 15.6 ± 13.2 - -
Leve - 37 17.6
Mínima - 108 51.4
Moderada - 29 13.8
Severa - 36 17.1
Puntaje de ansiedad evaluado por el
cuestionario de Beck 15.4 ± 13.0 - -
Leve - 41 19.5
Mínima 38 18.1
Moderada 53 25.2
Severa 78 37.1
*DE = Desviación estándar
Fuente: Elaboración propia del autor.
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Impacto del tiempo de uso de redes sociales en la depresión y la ansiedad generalizada...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 33-40.
Gráco 2. Asociación del puntaje de ansiedad medido por el cuestionario de Beck y el tiempo en horas de redes
sociales
Gráco 1. Tiempo de uso de redes sociales y los niveles de ansiedad y depresión medido por el cuestionario de Beck
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Impacto del tiempo de uso de redes sociales en la depresión y la ansiedad generalizada...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 33-40.
En depresión (ver Gráco 3), el efecto acumulativo
del uso de redes sociales fue más moderado (β = 0.51,
IC 95 %: 0.05–0.96; p = 0.030), pero el diagnóstico
previo emergió como un predictor crítico, con una di-
ferencia de 14.47 puntos entre quienes reportaron an-
tecedentes y quienes no (p < 0.001). Este hallazgo, que
explica el 12.3 % de la varianza (R² = 0.123), sugiere
que los antecedentes clínicos multiplican el riesgo,
eclipsando parcialmente el impacto directo del tiem-
po en pantalla. La amplia dispersión de los residuales
(±40 puntos) enfatiza la necesidad de explorar varia-
bles adicionales (ej. apoyo social, eventos vitales) para
capturar la complejidad etiológica de la depresión en
este contexto.
Discusión
Los hallazgos de este estudio mostraron una corre-
lación positiva entre el tiempo que se usa las redes
sociales y los índices de ansiedad-depresión, espe-
cícamente se halló que por cada hora extra de uso
de redes sociales hubo un incremento de 0.72 puntos
para la escala de ansiedad y 0.51 puntos para la esca-
la de depresión, estos resultados sugieren que el uso
no regulado y excesivo de estos medios puede exacer-
bar problemas de salud mental, lo cual es consistente
con hallazgos previos (Vera Muñoz et al., 2024). Los
valores de R2 que se obtuvieron en el estudio (8.2 %
para ansiedad y 12.3 % para depresión) sugieren que,
si bien el uso desmesurado de redes sociales se asocia
a ansiedad y depresión, hay otros factores en juego:
estudios previos han demostrado que otras variables
como estrés académico, calidad del sueño, soporte
social, bienestar nanciero, entre otras pueden causar
un impacto signicativo en la salud mental de los estu-
diantes de Medicina (Huang et al., 2024; Campbell et
al., 2022). El puntaje modesto de R2 no implica que la
relación observada sea irrelevante, sino que demues-
tra que los trastornos mentales son multifactoriales
y raramente son explicados por una sola variable. El
estudio también reveló que, aun en ausencia de uso de
redes sociales, los niveles basales de ansiedad y depre-
sión son bastante altos (12.17 y 11.06 puntos respec-
tivamente), lo cual resalta el estrés y la tensión con la
que los estudiantes se enfrentan, pero la carga adicio-
nal del consumo en exceso de redes sociales se asocia
con niveles aún mayores de estas condiciones.
El análisis de los datos reveló también que los par-
ticipantes con un diagnóstico previo de ansiedad pre-
sentaron una media de 8.59 puntos más en los puntajes
de ansiedad (p = 0.012) en comparación con aquellos
Gráco 3. Asociación del puntaje de depresión medido por el cuestionario de Beck y el tiempo en horas de redes
sociales
39
Impacto del tiempo de uso de redes sociales en la depresión y la ansiedad generalizada...
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sin antecedente previo de trastorno ansioso, mientras
que aquellos con diagnóstico previo de depresión mos-
traron una diferencia de 14.47 puntos (p < 0.001), que
indica que antecedentes clínicos multiplican el riesgo
de sufrir ansiedad y depresión en un contexto donde se
esté abusando del uso de redes sociales.
Además, los resultados encontrados reejan lo des-
crito por otros autores que también han explorado la re-
lación entre la salud mental y el uso de las redes sociales.
Un ejemplo es el de un estudio realizado en estudiantes
de Medicina en Perú, que halló que el 46.3 % de los par-
ticipantes presentaban niveles de adicción moderados y
severos a redes sociales que se correlacionaron de forma
signicativa a altos niveles de estrés y ansiedad (Allison
& Rocio, 2023). Otro estudio peruano en estudiantes
universitarios encontró que el uso desmedido de redes
sociales se asoció a síntomas depresivos y una baja cali-
dad del sueño, reforzando la idea de que las redes socia-
les tienen un efecto negativo en la salud mental (Vera
Muñoz et al., 2024). La bibliografía internacional re-
fuerza los hallazgos regionales, puesto que se halló
que el uso en exceso de plataformas como Facebook
está relacionado con signos y síntomas de depresión,
ansiedad y estrés (Otero Carrillo et al., 2023). Aparte,
un estudio en una universidad de Turquía mostró que
el uso de redes sociales estaba asociado negativamente
con el bienestar psicológico de los estudiantes, hallaz-
go que es consistente con lo reportado en este estudio
(Yücens & Üzer, 2018).
El presente trabajo aporta información valiosa,
con limitaciones; el diseño transversal impide esta-
blecer la causalidad clara y los datos llenados por los
participantes pueden introducir el sesgo de memoria.
Además, la muestra predominantemente femenina li-
mita la generalización a estudiantes varones u otras
poblaciones. Por otra parte, los bajos coecientes de
determinación (R²) indican que otros factores no in-
cluidos en este modelo, como el estrés académico, la
calidad del sueño, la capacidad económica de pago y el
apoyo social, probablemente desempeñan un papel im-
portante en la inuencia sobre la salud mental de esta
población, por lo tanto, futuras investigaciones deberán
incorporar modelos mucho más complejos que tomen
en cuenta estas variables adicionales para obtener un
entendimiento más completo de este fenómeno.
Conclusiones
Los hallazgos reportados nos muestran una correla-
ción positiva entre el tiempo de uso de redes sociales
y los grados de ansiedad y depresión en estudiantes de
Medicina, habiendo hallado aumentos de 0.72 puntos
en ansiedad y 0.51 puntos en depresión por cada hora
adicional de uso, respectivamente. Aunque las redes
sociales muestran una asociación signicativa, los va-
lores bajos de R2 (8.2 % para ansiedad y 12.3 % para
depresión) señalan que otros elementos, como el es-
trés vinculado al estudio, también tienen un impacto
considerable en la salud mental de este grupo. Este es-
tudio trata de explicar un fenómeno de múltiples fac-
tores, donde se vio que los antecedentes de ansiedad
y depresión emergen como fuertes predictores, con
diferencias de 8.59 y 14.47 puntos, respectivamente,
en comparación con quienes no los presentan. Los ín-
dices elevados de ansiedad y depresión, aún sin el uso
de redes sociales, muestran la susceptibilidad de los
alumnos de Medicina a problemas de salud mental,
asociada, además, al uso desmedido de estas platafor-
mas. Lo que se halló reeja también estudios regiona-
les e internacionales que vinculan el uso en exceso de
redes sociales con mayores niveles de estrés, ansiedad y
depresión, reforzando aún más la necesidad de promo-
ver un uso medido y consciente además de implemen-
tar estrategias de intervención integrales como: talleres
sobre el uso responsable y medido de redes sociales y el
impacto que tienen sobre la salud mental, promover lí-
mites en el uso de dispositivos, facilitar el acceso a apo-
yo psicológico y por último incentivar la creación de
espacios “sin tecnología” de n recreativo acompañado
de actividades deportivas, todo esto con el propósito de
proteger el bienestar psicológico de los estudiantes.
Conicto de intereses: los autores declaran no tener
conictos de intereses relacionados con este estudio.
Ninguno de los investigadores recibió nanciamiento
de empresas o entidades que puedan generar percepción
de parcialidad en el diseño, ejecución o informe de los
resultados presentados.
40
Impacto del tiempo de uso de redes sociales en la depresión y la ansiedad generalizada...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 33-40.
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ANEXO 1.
Instrumento de Recolección de Datos para Estudio sobre Salud Mental y Uso de Redes Sociales
Parte 1: Datos demográcos
1. Edad: [________]
2. Género: [Opción múltiple: Masculino, Femenino, Otro]
3. Año de estudio: [Opción múltiple: 1º, 2º, 3º, 4º, 5º, 6º]
Parte 4: Uso de redes sociales
¿Usas las redes sociales como Facebook, Instagram y TikTok para ser aceptado en el ámbito social?
¿Tienes un diagnóstico previo de ansiedad generalizada con tratamiento?
¿Tienes un diagnóstico previo de depresión tipo de desregulación disruptiva del estado de ánimo con tratamiento?
¿Cuántas horas al día, en promedio, pasas usando redes sociales?
¿Qué redes sociales utilizas más frecuentemente? [Marcar todas las aplicaciones que correspondan: Facebook, Instagram, TikTok.]
Motivos para el uso de redes sociales: [Marcar todas las opciones que correspondan: Comunicación, Entretenimiento, Educación,
Trabajo, Otro - especicar]
¿Cómo afecta el uso de redes sociales tu estado de ánimo?
¿Has sentido que necesitas reducir el tiempo que pasas en redes sociales? [Opción múltiple: Sí, No, A veces]
volver al índice
Artículo de revisión
41
Resumen
Introducción: La prescripción off-label de fármacos antiepilépticos (FAEs) es muy frecuente en la práctica clínica
diaria. La mayoría de estas drogas tienen múltiples mecanismos de acción, lo que puede explicar la ecacia de
los mismos en el tratamiento de diversos trastornos del sistema nervioso central (SNC) no epilépticos, tanto
en patologías neurológicas como psiquiátricas. El objetivo del presente estudio fue analizar el uso de FAEs
en pacientes internados en un hospital especializado de Salud Mental. Métodos: Se llevó a cabo una revisión
retrospectiva de las historias clínicas de 205 pacientes a n de recabar las siguientes variables: datos demo-
grácos, diagnóstico clínico, comorbilidades asociadas y tratamientos farmacológicos. Resultados: Las drogas
antiepilépticas se prescribieron en el 43,9 % de los pacientes (y el 7,31 % tenía más de un FAE indicado). La
prescripción off-label fue en el 65,55 % de los casos, y un 10 % de los pacientes presentaron doble prescripción
(co-ocurrencia de indicaciones on-label y off-label). Los diagnósticos más frecuentes asociados a la prescripción
off-label fueron esquizofrenia (33,33 %), retraso psicomadurativo sin epilepsia (31,11 %) y psicosis asociada
al consumo problemático de sustancias (17,78 %). El ácido valproico fue el fármaco más prescrito off-label
(p<0.0001). Discusión: A pesar de surgir como opciones prometedoras, es esencial llevar a cabo nuevas inves-
tigaciones que aclaren los riesgos y benecios del uso de estos fármacos en el campo de la psiquiatría.
Palabras clave: fármacos antiepilépticos, internación psiquiátrica, farmaco-epidemiología, prescripción off-label
Abstract
Introduction: Off-label prescription of antiepileptic drugs (AEDs) is highly frequent in daily clinical practice. Most of
these drugs have multiple mechanisms of action, which can explain their efcacy in the treatment of various non-epi-
leptic central nervous system (CNS) disorders, both in neurological and psychiatric conditions. The objective of this
study was to analyze the use of AEDs in patients admitted to psychiatric hospital. Methods: Clinical records of 205
patients were retrospectively reviewed to collect the following variables: demographic data, clinical diagnosis, associated
comorbidities, and pharmacological treatments. Results: Antiepileptic drugs were prescribed to 43.9% of the patients
(and 7.31% had more than one AED indicated). Off-label prescription was used in 65.55% of cases, and 10.00% of
patients had dual prescriptions (co-occurrence of on-label and off-label indications). The most frequent diagnoses asso-
ciated with off-label use were schizophrenia (33,33%), intellectual disability without epilepsy (31,11%), and psychosis
associated with problematic substance use (17,78%). Valproic acid was the most frequently prescribed off-label drug
(p<0.0001). Discussion: Despite emerging as promising options, it is essential to conduct further research to clarify
the risks and benets of using these drugs in the eld of psychiatry.
Key words: antiepileptic drugs, psychiatric inpatients, pharmacoepidemiology, off-label prescription
Prescripción off-label de fármacos antiepilépticos en internación
psiquiátrica
Off-label prescription of antiepileptic drugs in psychiatric inpatients
Pamela S. Sacco1
RECIBIDO 1/6/2025 - ACEPTADO 12/09/2025
1.Médica Neuróloga. Hospital Neuropsiquiátrico “Dr. A. I. Freyre”, Oliveros, Santa Fe, Argentina. https://orcid.org/0000-0003-2695-1229
Correspondencia:
pame_sacco@hotmail.com
Lugar de realización del estudio: Hospital Neuropsiquiátrico Dr. A. I. Freyre, Oliveros, Argentina.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 41-48. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1016
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1016
42
Prescripción off-label de fármacos antiepilépticos en internación psiquiátrica
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 41-48.
Introducción
Los fármacos antiepilépticos (FAEs) son la base del tra-
tamiento de la epilepsia. Sin embargo, considerando su
complejo mecanismo de acción sobre múltiples siste-
mas de neurotransmisores cerebrales (incluyendo ca-
nales iónicos voltajes dependientes, los sistemas GABA
y glutamato, y la modulación de la liberación sináptica
y transmisión serotoninérgica), el uso de estas drogas
se ha ampliado signicativamente a una vasta gama de
trastornos médicos, enfermedades neurológicas no epi-
lépticas y diversas patologías psiquiátricas (Druschky,
2018; Radley, 2006; Assion, 2007; Hefner, 2022).
La prescripción fuera de etiqueta u o-label es muy
frecuente en la práctica médica diaria, pero no exen-
ta de riesgos (Radley, 2006; Assion, 2007). El uso de
medicamentos bajo las condiciones que se describen
en su cha técnica asegura que su ecacia, seguridad
y calidad han sido evaluadas cientícamente. Por tan-
to, no se dispone de estas mismas garantías cuando se
prescribe fuera de lo contemplado en ese documento
(Martínez González, 2016; Hefner, 2022).
Estudios previos han documentado la alta preva-
lencia de la prescripción o-label en diversos ámbi-
tos clínicos. La literatura destaca que la prescripción
o-label es una práctica común en todas las especia-
lidades médicas, aunque puede ser más frecuente en
poblaciones de pacientes que tienen menos probabi-
lidades de ser incluidos en ensayos clínicos, como los
pacientes psiquiátricos (Wittich, 2012). Una revisión
nacional en la atención ambulatoria en Estados Uni-
dos estimó que aproximadamente el 21 % de todas las
prescripciones en 2001 correspondían a usos o-label, y
una preocupación signicativa fue que el 73 % de estos
carecían de apoyo cientíco sólido, destacando la ne-
cesidad de investigación adicional (Radley, 2006; Vijay,
2018). Dentro de las clases farmacológicas, los FAEs y
los psicofármacos fueron identicados entre los que
presentaban una mayor proporción de prescripciones
o-label (Radler, 2006; Hefner 2022; Vijay 2018).
Particularmente en el contexto de pacientes con
patologías psiquiátricas internados, los FAEs son
considerablemente empleados. Un programa de far-
macovigilancia a gran escala en psiquiatría (AMSP),
que analizó datos de más de 430.000 pacientes entre
1993 y 2013, encontró que las principales indicaciones
para el uso de FAEs incluían manía aguda, trastorno
esquizoafectivo y psicosis esquizofrénicas y orgánicas.
El ácido valproico fue la sustancia más comúnmente
prescrita en estos grupos (Druschky, 2018). Estos pa-
trones de uso consolidan la relevancia clínica de los
FAEs en la atención psiquiátrica hospitalaria, incluso
para indicaciones o-label, y a la vez subrayan la con-
tinua necesidad de investigar su perl de ecacia y se-
guridad en estos escenarios.
Dada la necesidad de comprender mejor estos
patrones de prescripción en contextos especícos de
alta complejidad, el objetivo de este estudio fue de-
terminar la prevalencia del uso de FAEs en pacientes
internados en un hospital psiquiátrico, examinar los
criterios de indicación (distinguiendo entre on-label
y o-label según chas técnicas), y correlacionar estas
prescripciones con los diagnósticos clínicos y comor-
bilidades asociadas.
Materiales y método
Se realizó un estudio observacional, retrospectivo y
descriptivo basado en la revisión de historias clínicas
de pacientes internados en un hospital especializado
de Salud Mental. El objetivo principal fue analizar
el patrón de prescripción de FAEs, con énfasis en la
identicación y análisis del uso o-label.
■ Población: Se identicaron y revisaron un total de
252 historias clínicas en el período comprendido
entre enero de 2018 y diciembre de 2018. De estas,
se incluyeron nalmente a 205 pacientes. Las 47
historias clínicas restantes fueron excluidas debido
a que el diagnóstico principal del paciente no era
lo sucientemente preciso o la indicación especí-
ca del FAE no estaba claramente documentada.
Esta falta de claridad en la información impidió
determinar de manera inequívoca si la prescrip-
ción correspondía a un uso o-label o no, lo cual
era esencial para el objetivo de este estudio.
■ Recolección de datos: Se utilizó una cha de datos
estandarizada para cada paciente. La información
se mantuvo de forma anónima para garantizar la
condencialidad y evitar la identicación de los
pacientes. Las variables que se recabaron fueron
demográcas (edad, sexo), clínicas (diagnóstico
clínico principal, comorbilidades asociadas) y los
tratamientos farmacológicos.
■ Clasicación de prescripciones de FAEs (on-label vs.
o-label): Para cada FAE identicado, la determi-
nación de si la prescripción era on-label (con indi-
cación aprobada) u o-label (fuera de indicación
aprobada) se basó estrictamente en la cha técnica
ocial de cada fármaco (información del produc-
to aprobada por la agencia reguladora de medica-
mentos). Se consideró una prescripción on-label si
la indicación documentada en la historia clínica
43
Prescripción off-label de fármacos antiepilépticos en internación psiquiátrica
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 41-48.
del paciente coincidía con alguna de las indicacio-
nes aprobadas para ese FAE en su cha técnica. Por
el contrario, se clasicó como o-label cualquier
prescripción donde la indicación principal para la
cual se administraba el FAE no estuviera listada en
su cha técnica, independientemente de que el pa-
ciente presentara o no epilepsia.
■ Cuanticación de dosis: Las dosis de las drogas se
expresaron en dosis diaria denida (DDD). Para
cada prescripción, la dosis diaria administrada al
paciente se convirtió a su equivalente en DDD di-
vidiendo la dosis diaria en miligramos (mg) por
la DDD asignada para ese fármaco especíco se-
gún la clasicación ATC/DDD de la Organización
Mundial de la Salud (OMS, 2013).
■ Análisis estadístico: Los datos recolectados fue-
ron procesados utilizando el programa GraphPad
Prism v6. El análisis estadístico incluyó la deter-
minación de frecuencias y porcentajes para las va-
riables categóricas. Para las variables numéricas, se
calcularon medidas de tendencia central y disper-
sión. Para evaluar la asociación entre el uso o-la-
bel de FAEs y las diferentes categorías clínicas, se
utilizaron pruebas de Chi-cuadrado (χ2) de inde-
pendencia o test de Fisher según el caso. El nivel de
signicación estadística se estableció en p < 0,05.
Resultados
Se analizaron un total de 205 historias clínicas de pa-
cientes internados. La muestra estuvo compuesta por
122 hombres (59,1 %) y 83 mujeres (40,49 %), lo que
indica una prevalencia ligeramente mayor de pacien-
tes masculinos. La edad media de los pacientes fue de
51,32 ± 16,34 años, con un rango considerable (20-93
años), reejando una amplia diversidad etaria en la
población estudiada. El tiempo medio de hospitaliza-
ción fue de 19,93 ± 17,95 años, también con un rango
amplio (1-70 años), sugiriendo estancias prolongadas
para algunos pacientes. Los resultados para edad me-
dia y duración de la internación no mostraron dife-
rencias estadísticamente signicativas entre los gru-
pos segregados por tipo de prescripción.
Los diagnósticos clínicos más frecuentes fueron
esquizofrenia (38,05 %, n=78) y psicosis no especi-
cada (31,22 %, n=64), lo que subraya la complejidad
de los pacientes atendidos en la institución. En cuan-
to a las comorbilidades, el retraso psicomadurativo
(31,21 %, n=64) y el consumo problemático de sus-
tancias (24,39 %, n=50) fueron las más prevalentes. Se
realizaron pruebas de Chi-cuadrado de independen-
cia para evaluar la asociación entre el sexo y la presen-
cia de cada comorbilidad o diagnóstico clínico. De es-
tos análisis, se observó que los hombres presentaban
una frecuencia signicativamente mayor de consumo
problemático de sustancias (26,23 %, n=32) en com-
paración con las mujeres (10,84 %, n=9), [χ2(1) =4.27,
p=0.039]. Las demás comorbilidades o diagnósticos no
mostraron diferencias signicativas entre sexos. Las ca-
racterísticas clínicas y demográcas se recogen en las
Tablas 1A-1B-1C.
Se encontró que las drogas antiepilépticas fueron
prescriptas en el 43,9 % de los pacientes de la muestra.
Tabla IA. Características clínicas y demográcas
Total de la muestra n 205
Total n 205 Hombres n 122 Mujeres n 83
Edad (años) media (DS) 51,32 (16,34) 45,79 (16,26) 54,53 (14,72)
Duración de la internación (años) media (DS) 19,93 (17,95) 17,14 (16,89) 25,42 (18,82)
Diagnóstico de admisión (%)
Diagnóstico no psiquiátrico 23,41 18,85 30,12
Psicosis no especicada 31,22 36,88 22,89
Esquizofrenia 38,05 40,99 33,74
Otros 7,32 3,28 13,25
Comorbilidades
Sin comorbilidades 30,24 3,44 45,78
Consumo problemático de sustancias 24,39 26,23 10,84
Epilepsia 14,15 4,10 2,40
Retraso psicomadurativo 31,22 13,93 24,1
Comorbilidades múltiples 14,14 12,30 16,87
44
Prescripción off-label de fármacos antiepilépticos en internación psiquiátrica
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 41-48.
Dentro de este grupo, se identicaron cuatro patrones
especícos de prescripción. Por un lado, la prescrip-
ción on-label en el 34,45 % de los casos y la prescripción
o-label en el 65,55 % restante. Pero, por otro lado, la
prescripción múltiple de FAEs, denida como la indi-
cación de más de un fármaco antiepiléptico diferente
a un mismo paciente, que se observó en el 7,31 % de
los casos, y la doble prescripción, que se reere a la si-
tuación en la que un paciente recibe FAEs tanto para
indicaciones on-label como para indicaciones o-label
de forma simultánea, lo cual se registró en el 10,00 %
de los pacientes.
Los resultados muestran que, aunque se observa
una tendencia de mayor prescripción de FAEs en hom-
bres (Odds Ratio = 1.44), esta diferencia no alcanza
signicancia estadística al nivel de p<0.05 (χ2(1)=1.62,
p=0.203). Este hallazgo podría estar relacionado con la
mayor prevalencia de consumo problemático de sustan-
cias en este grupo, como se mencionó anteriormente.
En cuanto a las comorbilidades, se encontró
una asociación estadísticamente signicativa entre
la presencia de epilepsia y la prescripción de FAEs
(χ2(1)=35.57,p<0.0001). Especícamente, el 31,33 % de
Tabla IB. Características clínicas y demográcas
Sin prescripción de FAEs n 115
Total n 115 Hombres n 64 Mujeres n 51
Edad (años) media (DS) 51,11 (16,59) 47,48 (16,69) 54,10 (15,90)
Duración de la internación (años) media (DS) 20,75 (19,32) 17,51 (18,63) 24,80 (19,57)
Diagnóstico de admisión (%)
Diagnóstico no psiquiátrico 17,39 7,81 29,41
Psicosis no especicada 36,52 46,87 41,18
Esquizofrenia 41,74 42,19 23,53
Otros 4,35 3,13 5,88
Comorbilidades
Sin comorbilidades 46,96 48,44 50,98
Consumo problemático de sustancias 29,57 35,94 15,69
Epilepsia 0,87 0,00 0,00
Retraso psicomadurativo 22,60 14,06 29,41
Comorbilidades múltiples 2,60 1,56 3,92
Tabla IC. Características clínicas y demográcas
Con prescripción de FAEs n 90
Total n 90 Hombres n 58 Mujeres n 32
Edad (años) media (DS) 49,06 (15,47) 45,36 (16,29) 48,24 (14,03)
Duración de la internación (años) media (DS) 19,93 (17,95) 19,58 (15,63) 17,62 (17,07)
Diagnóstico de admisión (%)
Diagnóstico no psiquiátrico 31,11 31,03 31,25
Psicosis no especicada 24,44 25,86 21,87
Esquizofrenia 33,33 39,66 21,87
Otros 11,11 3,45 25,00
Comorbilidades
Sin comorbilidades 8,89 37,93 37,50
Consumo problemático de sustancias 17,78 15,52 9,37
Epilepsia 31,33 8,62 6,25
Retraso psicomadurativo 42,22 13,79 15,62
Comorbilidades múltiples 26,67 24,14 31,25
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Prescripción off-label de fármacos antiepilépticos en internación psiquiátrica
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 41-48.
los pacientes que recibían FAEs presentaban epilepsia,
en contraste con solo el 0,87 % de los pacientes que no lo
recibían. Esto se correlaciona fuertemente con la indi-
cación on-label esperada para estos fármacos. Además,
la presencia de múltiples comorbilidades mostró una
asociación estadísticamente signicativa con la pres-
cripción de FAEs (χ2(1)=23.49,p<0.0001). Se obser
que el 26,67 % de los pacientes con FAEs presentaban
múltiples comorbilidades, en comparación con solo el
2,60 % de los pacientes sin FAEs, lo cual indica que los
antiepilépticos tienden a prescribirse en pacientes con
cuadros clínicos más complejos.
El aspecto central del estudio fue la prescripción
o-label de FAEs, la cual se registró en el 65,55 % de
los casos. Esto indica que una proporción signicativa
de los FAEs se utilizan para indicaciones no aprobadas
en el contexto de la salud mental. Los diagnósticos más
frecuentes asociados a la prescripción o-label fueron
esquizofrenia (33,33 % n=30), retraso mental sin epi-
lepsia (31,11 % n=28) y psicosis asociada al consumo
problemático de sustancias (17,78 % n=16). Dentro de
este contexto o-label, la presencia de retraso psico-
madurativo sin epilepsia mostró una asociación esta-
dísticamente signicativa con la prescripción de FAEs
(χ2(1)=8.15,p=0.0043), un hallazgo que resalta la pre-
valencia del uso de estos fármacos en una población
altamente vulnerable con necesidades complejas.
El ácido valproico emergió como el fármaco más
prescrito o-label (χ2(8)=144.27,p<0.0001) seguido
del gabapentin (ver Figura I). Al analizar las diferen-
tes dosis de FAEs utilizadas entre ambas indicaciones
(on-label vs. o-label), expresadas en dosis diaria de-
nida (DDD), no se encontraron diferencias estadísti-
camente signicativas.
Discusión
El presente estudio reveló una alta prevalencia de
prescripción o-label de fármacos antiepilépticos en
pacientes internados en un hospital especializado de
Salud Mental, alcanzando el 65,55 % de los casos. Este
porcentaje es notablemente superior al reportado en
estudios europeos sobre prescripción de psicofárma-
cos en psiquiatría. Hefner et. al. (2022), en una extensa
muestra de 53.909 pacientes de diez hospitales psiquiá-
tricos alemanes, determinaron una tasa de prevalencia
de prescripción o-label de psicofármacos del 30,2 %.
De manera similar, Assion et al. (2007) encontraron un
uso o-label de 39-47 % en una clínica psiquiátrica ale-
mana, y Andréoli et al. (2013) reportaron un 22,3 % en
prescripciones psiquiátricas en Francia.
La disparidad observada entre nuestros hallazgos
y estos estudios puede atribuirse a varias razones. Es
posible que nuestra población de pacientes presente
una mayor complejidad, cronicidad o resistencia a
tratamientos estándar, lo que impulse la necesidad de
explorar opciones terapéuticas adicionales. Las guías
clínicas locales, la disponibilidad de fármacos y las
particularidades de un hospital especializado en un
país de vías de desarrollo, también podrían explicar
estas diferencias. A pesar de ello, la tendencia al uso
o-label de psicofármacos es un fenómeno global.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) de-
ne la prescripción o-label como el uso de un agente
farmacéutico para una indicación no aprobada o en
un grupo de edad no aprobado o en diferente dosis,
duración o vía de administración. Es crucial recono-
cer que, si bien la evidencia de alta calidad es preferi-
ble, el uso fuera de prospecto puede justicarse bajo
ciertas situaciones, especialmente cuando la condi-
Figura I. Frecuencia y tipo de prescripción de fármacos antiepilépticos especícos
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Prescripción off-label de fármacos antiepilépticos en internación psiquiátrica
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 41-48.
ción del paciente es grave y existe otra evidencia que
respalda el benecio potencial; la terapia estándar se
considera inadecuada para lograr el resultado desea-
do; los pacientes han sido debidamente informados
sobre los posibles benecios y riesgos y han dado su
consentimiento; se implementa un monitoreo activo
y adecuado de la seguridad de los medicamentos, in-
cluidos los mecanismos para identicar y gestionar
rápidamente los eventos adversos. En el contexto de
la práctica clínica argentina, estas consideraciones son
particularmente relevantes (Bierzychudek, 2022).
En nuestro estudio, de los 90 pacientes que reci-
bieron FAEs, un 31,33 % presentaba epilepsia, lo cual
representa la indicación on-label esperada. Sin em-
bargo, el 65,55 % de las prescripciones fue o-label,
lo que destaca la magnitud del uso de estos fármacos
para condiciones no epilépticas en nuestra población.
Las indicaciones o-label más frecuentes fueron para
esquizofrenia (33,33 %), retraso mental sin epilepsia
(31,11 %) y psicosis asociada al consumo problemáti-
co de sustancias (17,78 %). Estos hallazgos concuerdan
con la creciente evidencia y el uso empírico de FAEs
como coadyuvantes o alternativas en el tratamiento de
trastornos psiquiátricos complejos (Horowitz, 2014).
Por ejemplo, diversos FAEs, especialmente el ácido
valproico (el más prescrito o-label en nuestra cohor-
te), ha sido estudiado por su papel en la modulación
del estado de ánimo, la reducción de la impulsividad,
el control de la agitación y la estabilización en pacien-
tes con esquizofrenia o psicosis (Ventriglio, 2011; Ho-
rowitz, 2014). Ettinger et al. (2007) ya destacaban el
uso de antiepilépticos para condiciones no epilépticas,
incluyendo trastornos psiquiátricos, consolidando
esta práctica. El uso en pacientes con retraso psico-
madurativo sin epilepsia podría explicarse por la ne-
cesidad de controlar síntomas conductuales como la
agresividad o la irritabilidad, donde los FAEs pueden
ofrecer un perl de efectos secundarios diferente al de
otros psicofármacos (Ovsiew, 2004).
El ácido valproico emergió como el fármaco más
prescrito o-label, seguido del gabapentin. El uso del
valproico en primer lugar puede deberse a su bien
establecido perl como estabilizador del estado de
ánimo en el trastorno bipolar (Mari, 2024; Kaufman,
2011), lo que ha llevado a su extensión a otros trastor-
nos del espectro afectivo y psicótico en ausencia de
manía aguda (Kaufman, 2011). Además, su disponibi-
lidad y conocimiento por parte de los profesionales de
la salud pueden inuir en su elección. Estos hallazgos
se refuerzan con los resultados de Martínez-Lazcano
et al. (2015), quienes, en un estudio transversal en
unidades de psiquiatría de estancia prolongada, en-
contraron que el ácido valproico era frecuentemente
utilizado para indicaciones o-label. Su estudio reve
que el 51,5 % de los pacientes estaba en tratamiento
con ácido valproico, y de estos, el 70,9 % lo recibía para
indicaciones o-label, siendo la esquizofrenia la prin-
cipal indicación (57,4 %). Esta notable concordancia
entre nuestros resultados y los de Martínez-Lazcano
et al. (2015) sugiere una tendencia consistente en el
uso extendido del valproato en psiquiatría, más allá de
sus indicaciones aprobadas. Por otro lado, el gabapen-
tin, aunque inicialmente desarrollado como FAE, ha
ganado terreno en el manejo de la ansiedad, el insom-
nio y los síntomas de abstinencia de sustancias, lo que
lo convierte en una opción atractiva en la población
con consumo problemático de sustancias observada
en nuestro estudio (Ettinger, 2007).
Un hallazgo relevante fue la presencia de pres-
cripción múltiple con FAEs, ya que el 7,31 % de los
pacientes que recibían estas drogas tenían más de un
FAE indicado. Este aspecto subraya la complejidad
de los casos tratados en un hospital especializado en
psiquiatría, donde a menudo se manejan pacientes
con patologías crónicas y resistentes a tratamientos
estándar. La co-prescripción de múltiples psicofárma-
cos, incluidos FAEs, si bien puede buscar una optimi-
zación del efecto terapéutico, también incrementa el
riesgo de interacciones farmacológicas, superposición
de efectos adversos y una mayor carga medicamento-
sa para el paciente. Esto requiere un monitoreo clínico
estricto, como se destaca en la revisión sobre la po-
lifarmacia en psiquiatría de Nakagami et. al. (2021),
quienes abogan por una política de polifarmacia ra-
cional, resaltando la importancia de justicar cada
adición a un esquema terapéutico, un aspecto crítico
en el contexto del uso o-label de FAEs donde la evi-
dencia puede ser menos robusta.
En este contexto de prescripción compleja, nues-
tra investigación también identicó un 10,00 % de ca-
sos con doble prescripción de FAEs, denida como la
coocurrencia de indicaciones on-label y o-label en un
mismo paciente. Este patrón de prescripción es parti-
cularmente interesante, ya que sugiere la intención del
clínico de abordar simultáneamente una condición
para la cual el FAE tiene una indicación aprobada (por
ej., epilepsia) y otra para la cual su uso es o-label (por
ej., control conductual en retraso psicomadurativo o
estabilización en psicosis). Si bien esto puede reejar
un enfoque individualizado y pragmático para pacien-
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Prescripción off-label de fármacos antiepilépticos en internación psiquiátrica
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 41-48.
tes con comorbilidades complejas, también intensica
los desafíos asociados al uso o-label. La coexistencia
de ambas prescripciones en el mismo esquema tera-
péutico exige una justicación clara y un monitoreo
exhaustivo en estos escenarios clínicos.
La signicativa asociación entre la presencia de
múltiples comorbilidades y la prescripción de FAEs
revela una implicación crucial para la labor en inter-
nación psiquiátrica. Esto sugiere que, dada la comple-
jidad inherente al manejo de estos pacientes, se recu-
rre a los antiepilépticos, incluyendo su uso o-label,
como una estrategia para abordar síntomas de difícil
tratamiento o la resistencia a tratamientos convencio-
nales de primera línea. Sin embargo, en esta población
de por sí compleja, esta estrategia de prescripción de-
manda un control riguroso de los riesgos asociados,
como las interacciones farmacológicas y la aparición
de efectos adversos, para asegurar y optimizar los re-
sultados terapéuticos. Estudios como el de Druschky et
al. (2018), que investigaron el uso y la seguridad de an-
tiepilépticos en pacientes psiquiátricos hospitalizados,
subrayan la relevancia de monitorear cuidadosamente
esta población debido al riesgo inherente de efectos ad-
versos y la complejidad de las interacciones farmacoló-
gicas en contextos de polifarmacia y comorbilidad, una
preocupación compartida en nuestro contexto.
Un aspecto llamativo fue el análisis de la dosis dia-
ria denida (DDD), denida por la OMS como la do-
sis diaria de mantenimiento promedio asumida para
su indicación primaria (OMS, 2013). Al comparar las
DDD medias de los FAEs entre los grupos de pres-
cripción on-label y o-label, no se encontraron dife-
rencias estadísticamente signicativas para la mayoría
de los fármacos. Este resultado sugiere que, a pesar de
que los FAEs se utilizan para indicaciones diversas, los
esquemas de dosicación se mantienen dentro de ran-
gos similares, lo cual puede reejar guías de práctica
clínica implícitas o un manejo clínico estandarizado
de la titulación y mantenimiento de estos fármacos,
independientemente de la indicación principal.
Es plausible que la práctica común de prescripción
o-label surja como una estrategia ante la falta de res-
puesta de los pacientes a los tratamientos farmacoló-
gicos estándar, la necesidad de manejar cuadros clíni-
cos con comorbilidades complejas que no se ajustan
a las guías convencionales, o la búsqueda de un perl
de efectos secundarios percibido como más favorable
para el paciente (Wittich, 2012). La experiencia clíni-
ca personal y el conocimiento acumulado de resulta-
dos casuísticos, aunque no siempre respaldados por
evidencia robusta para estas indicaciones especícas,
también podrían desempeñar un papel crucial en la
elección de los FAEs en contextos donde las opciones
terapéuticas son limitadas o insucientes. Radley et al.
(2006) ya destacaban en un estudio en EE. UU. que
la prescripción o-label es una práctica común en la
medicina ambulatoria, impulsada por la necesidad
clínica. Asimismo, Vijay et al. (2018) identicaron pa-
trones y predictores del uso o-label de psicofárma-
cos, incluyendo factores clínicos que se alinean con
nuestras observaciones, sugiriendo una racionalidad
subyacente en la decisión clínica.
Sin embargo, en la mayoría de los casos el uso ge-
neralizado o-label en el tratamiento psiquiátrico es
insatisfactorio tanto para los médicos como para los
pacientes, ya que el temor a las consecuencias negati-
vas puede llevar a la interrupción de los medicamen-
tos prescritos al alta hospitalaria o a una mayor tasa de
reingresos (Assion, 2007; Weih, 2008).
Es fundamental reconocer las limitaciones del pre-
sente estudio. Su diseño retrospectivo basado en la
revisión de historias clínicas impide establecer rela-
ciones de causalidad, permitiendo únicamente iden-
ticar asociaciones. La información disponible en las
historias clínicas puede estar sujeta a sesgos o incom-
pletitudes. Asimismo, al tratarse de un hospital mo-
novalente de salud mental, los resultados podrían no
ser directamente generalizables a otras poblaciones de
pacientes o a diferentes niveles de atención sanitaria
(por ej., pacientes ambulatorios). Adicionalmente, el
alcance de este estudio se centró exclusivamente en los
fármacos antiepilépticos de clases no benzodiazepíni-
cos. Las benzodiazepinas, a pesar de tener indicacio-
nes antiepilépticas reconocidas y un amplio uso en
diversas condiciones psiquiátricas (Targas Yacubian,
2014), no fueron incluidas en el análisis. Esta exclu-
sión podría subestimar la verdadera magnitud del
uso de fármacos con actividad antiepiléptica en la po-
blación estudiada, así como los patrones de co-pres-
cripción o las interacciones entre diferentes clases de
psicofármacos. Finalmente, el estudio no incluyó un
seguimiento de los pacientes, por lo que no fue posible
evaluar la ecacia clínica ni la incidencia de eventos
adversos asociados al uso o-label de estos fármacos.
Conclusiones
En conclusión, este estudio pone de maniesto la
elevada frecuencia de la prescripción o-label de fár-
macos antiepilépticos en pacientes internados en un
hospital especializado de salud mental, principalmen-
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Prescripción off-label de fármacos antiepilépticos en internación psiquiátrica
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 41-48.
te para trastornos como la esquizofrenia, el retraso
psicomadurativo sin epilepsia y la psicosis asociada
al consumo de sustancias. Aunque estos fármacos
ofrecen opciones terapéuticas en condiciones donde
las alternativas son limitadas, la magnitud de su uso
fuera de etiqueta subraya la urgente necesidad de más
investigación. Es imprescindible llevar a cabo estudios
prospectivos, ensayos clínicos controlados y estudios
de cohortes más grandes que permitan aclarar de for-
ma rigurosa los verdaderos riesgos y benecios de la
prescripción o-label de los FAEs en el campo de la
psiquiatría, así como establecer guías de práctica clí-
nica basadas en evidencia sólida para optimizar la se-
guridad y ecacia de estos tratamientos.
Conicto de intereses: la autora declara no tener con-
icto de intereses en relación al contenido de este artículo.
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Artículo de revisión
49
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones
neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Anhedonia as a Transdiagnostic Phenomenon: Neurobiological, Clinical, and Therapeutic
Approaches
Paula Mirabel Révora1, Mario Levin2, Fernando Torrente3, Pedro Damián Gargoloff4,
María Florencia Iveli5
RECIBIDO 20/5/2025 - ACEPTADO 5/8/2025
1.Médica Psiquiatra. Especialista en Drogadependencias, Universidad de Tucumán. Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).
https://orcid.org/0009-0002-7938-4264
2.Médico Psiquiatra, Universidad de Buenos Aires. Magister en Neuropsicofarmacología, Universidad Favaloro. Asociación de Psiquiatras de Argentina
(APSA). https://orcid.org/0009-0007-7242-6827
3.Licenciado en Psicología, Universidad de Buenos Aires. Doctor en Medicina, Universidad Favaloro. Instituto de Neurociencias Cognitivas y Transicio-
nales, CONICET, Universidad Favaloro, Fundación INECO. https://orcid.org/0000-0001-7470-6979
4.Médico Psiquiatra. Jefe de Sala. Hospital “Dr. Alejandro Korn”, La Plata, Argentina. Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).
https://orcid.org/0009-0006-6477-0059
5.Especialista en Psiquiatría infantojuvenil. Doctora en Medicina, Universidad Nacional de La Plata. Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).
https://orcid.org/0009-0006-6477-9959
Autora correspondiente:
Paula Mirabel Révora
paulamirabel@yahoo.com
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1017
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1017
Resumen
La anhedonia, tradicionalmente denida como la incapacidad de experimentar placer, fue introducida en 1897
por el lósofo y psicólogo francés Théodule Armand Ribot. Si bien este término aún se utiliza, ha sufrido
modicaciones conceptuales ya que la dicotomía de la descripción original resulta insuciente para capturar
la complejidad de sus componentes. La experiencia hedónica es un proceso dinámico y cíclico que parte de
un estado con un rango de referencia individual, conocido como tono hedónico, que determina la capacidad
de cada individuo para experimentar placer y felicidad. En la actualidad, la anhedonia es considerada un cons-
tructo transdiagnóstico, multidimensional y dinámico constituido por múltiples atributos o valencias cuya
combinación determina una gran variedad de fenotipos comportamentales. Estos pueden estar alterados de
manera transitoria o representar un rasgo más duradero. La presencia de anhedonia en los diferentes trastor-
nos psicopatológicos se asocia a una mayor gravedad, peor pronóstico y el riesgo de suicidio. Por este motivo,
es fundamental contar con tratamientos ecientes, tanto psicoterapéuticos y farmacológicos. El objetivo del
trabajo fue, mediante una revisión narrativa, ofrecer una opinión clínica experta, a partir de una síntesis de la
evidencia, sobre algunos fenotipos de la anhedonia y sus posibles tratamientos. A modo de ejemplo, se inclu-
yeron tres viñetas clínicas ccionadas.
Palabras clave: anhedonia, tratamiento, psicofarmacología, psicoterapia
Abstract
Anhedonia, classically dened as the inability to experience pleasure, was introduced in 1897 by the French philosopher
and psychologist Théodule Armand Ribot. Although this term is still used, it has undergone conceptual modications
because the dichotomy of the original description is insufcient to capture the complexity of its components (Pérez
Rincón, 2014). The hedonic experience is a dynamic and cyclical process that begins with a state with an individual re-
ference range, known as hedonic tone, which determines each person’s capacity to experience pleasure and happiness.
Currently, anhedonia is considered a transdiagnostic, multidimensional, and dynamic construct consisting of multiple
50
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
Introducción
La anhedonia, clásicamente denida como la incapa-
cidad de experimentar placer, fue introducida en 1897
por el lósofo y psicólogo francés éodule Armand
Ribot. Si bien este término se ha utilizado por más
de cien años, ha tenido modicaciones conceptuales
debido a que la dicotomía de la descripción original
es insuciente para capturar la complejidad de los
componentes del placer y por lo tanto de su altera-
ción (Pérez Rincón, 2014). La experiencia hedónica
es un proceso dinámico y cíclico desencadenado por
estímulos especícos físicos y sociales los cuales están
determinados por las valoraciones y aprendizajes pre-
vios correspondientes con la historia individual. Estos
cambios parten de un estado que posee un rango de
referencia conocido como tono hedónico el cual de-
termina la capacidad de cada individuo para experi-
mentar placer y felicidad. Se ha formulado la hipótesis
que los individuos con un tono hedónico bajo requie-
ren de estímulos internos y externos de mayor inten-
sidad, muchas veces asociados a situaciones de riesgo,
para acceder a una experiencia placentera. Asimismo,
tienen una capacidad reducida de experimentar euti-
mia a lo largo de la vida y son vulnerables al desarrollo
de anhedonia (Sternat et al., 2014; Sternat et al., 2016;
Pizzagalli et al., 2005).
En la actualidad, la anhedonia es considerada un
constructo multidimensional y dinámico producto de
una alteración en el proceso de recompensa en el que
se asocian ciertos estímulos con un resultado positivo
y deseable. Distintas funciones, conscientes e incons-
cientes, como la valoración, la motivación, la toma de
decisiones y el aprendizaje inducen una conducta de
acercamiento y emociones como el placer. Este último,
es fundamental en la experiencia afectiva y se mani-
esta como sentimientos de entretenimiento, felicidad
y satisfacción (Becker et al., 2019). El desequilibrio
entre estos componentes determinará la expresión de
distintos fenotipos de anhedonia los cuales pueden
presentarse de manera transitoria como ocurre en la
depresión o representar un rasgo más duradero carac-
terístico de la esquizofrenia (Rømer omsen et al.,
2015; Zhang et al., 2016).
Desde un criterio cronológico, se pueden identi-
car la anhedonia anticipatoria y la consumatoria. En
la primera, existe una alteración en el placer generado
por la capacidad de anticipar, es decir, desear. Está di-
rectamente vinculada a la motivación y los compor-
tamientos dirigidos a las recompensas las cuales, a su
vez, están determinados por el aprendizaje, proceso
en el cual se valora el esfuerzo realizado y la grati-
cación recibida. Por otro lado, en la segunda hay una
alteración en el tiempo presente, en el placer consu-
mado, es decir, el gustar (Serreti et al., 2023; Wu et al.,
2020). Ambos tipos de anhedonia pueden presentarse
de manera independiente o conjunta (Coccurello et
al., 2019; Ellingsen et al., 2015) (ver Gráco 1).
Si bien originalmente la anhedonia se conside-
ró un trastorno independiente, en la tercera edición
del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos
Mentales (DSM-III) fue incluida como síntoma car-
dinal para el diagnóstico del trastorno depresivo ma-
yor considerándose, durante algún tiempo, exclusivo
de esta patología (Serretti et al., 2023). Sin embargo,
en las últimas décadas el estudio de la presencia de
anhedonia en otras patologías ha generado particular
interés. En el año 2008 el Instituto Nacional de Salud
Mental de Estados Unidos (NIMH) desarrolló un pro-
yecto denominado Research Domain Criteria (RDoC)
con la nalidad de investigar nuevas formas de clasi-
car los trastornos mentales basadas en dimensiones
de conducta observables y medidas neurobiológicas.
Dentro de los objetivos se incluyó la anhedonia como
dimensión transdiagnóstica subyacente a varios tras-
tornos mentales y en donde su presencia impacta ne-
gativamente (Birnie et al., 2022; Guineau et al.,2022).
Por ejemplo, en la esquizofrenia, la anhedonia se ha
correlacionado con un pobre funcionamiento social y
un mayor aislamiento (Ritsner et al., 2014; Sternat et
al., 2014). Por otro lado, en el trastorno depresivo ma-
yor (TDM) la presencia de anhedonia se asocia con un
curso crónico, peor pronóstico, mala respuesta al tra-
attributes or valences whose combination determines a wide variety of behavioral phenotypes. These may be transient-
ly altered or represent a more enduring trait. The presence of anhedonia in various psychopathological disorders is
associated with greater severity, a worse prognosis, and an increased risk of suicide. For this reason, effective psycho-
therapeutic and pharmacological treatments are essential. The objective of this paper, a narrative review, was to offer
an expert clinical opinion, summarizing the evidence on some anhedonia phenotypes and their potential treatments.
Three adapted clinical vignettes are also included as examples.
Keywords: anhedonia, treatment, psychopharmacology, psychotherapy
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
tamiento y mayor riesgo de suicidio consumado. Asi-
mismo, se ha reportado en pacientes con trastornos
del ánimo, que los niveles elevados de anhedonia se
correlacionan, tanto en un análisis transversal como
longitudinal, con un aumento de la ideación suicida
siendo la anhedonia un factor de riesgo de suicidio in-
dependiente de la gravedad general del cuadro depre-
sivo (Ballard et al., 2017; Ducasse et al., 2018; Ducasse
et al., 2021; Mc Macking et al., 2012; Pizzagalli et al.,
2022). A su vez, en otras patologías como los trastor-
nos de ansiedad, el trastorno de estrés postraumático,
el trastorno por uso de sustancias, el trastorno del es-
pectro del autismo y el trastorno por décit atencional
con hiperactividad (TDAH), la presencia de anhedonia
se ha relacionado con mayor gravedad. Por otro lado,
la alta comorbilidad entre estas patologías sugiere un
mecanismo siopatológico común que involucra al cir-
cuito mesolímbico dopaminérgico, también conocido
como circuito de recompensa (Guineau et al., 2022).
La identicación fenotípica de la anhedonia re-
quiere de una exhaustiva evaluación semiológica del
paciente que puede ser complementada con instru-
mentos de medición como la Escala de Fawcett-Clark
de capacidad del placer (FCPS), la Escala de la an-
hedonia física revisada por Chapman (CPAS), la Es-
cala de anhedonia social de Chapman y la Escala de
Snaith-Hamilton pleasure (SHAPS). A su vez, existen
otras pruebas diseñadas para investigar más especí-
camente los subcomponentes de la anhedonia. Son
ejemplos la Escala de experiencia temporal del placer
(TEPS), que mide los efectos del placer anticipado y
consumado, la Escala de anticipación y consumación
interpersonal del placer (ACIPS), la cual mide estos
dos aspectos del placer con respecto al contexto social,
y la Escala clasicación dimensional de la anhedonia
(DARS), diseñada para la evaluación de la anhedonia
en el trastorno depresivo mayor (Höich et al., 2019;
Fawcett et al., 1983; Chapman et al., 1976; Snaith et al.,
1995; Olivares et al., 2005).
La anhedonia, dimensión transdiagnóstica, impac-
ta negativamente en la funcionalidad y en la calidad de
vida de los pacientes. Por este motivo, la investigación
sobre la ecacia anti-anhedónica de los tratamientos,
así como la búsqueda de nuevas moculas con acción
directa o indirecta sobre el circuito mesolímbico do-
paminérgico ha cobrado particular interés.
Metodología
Se realizó una búsqueda electrónica de la literatura en
MEDLINE a través de PUBMED, de artículos en idio-
ma inglés, publicados desde su creación hasta el 1 de
abril de 2025. Se utilizó la palabra clave “anhedonia
como MESH, combinada con los términos antidepres-
sant, antipsychotic, ketamine, esketamine, methylpheni-
date, atomoxetine, modanil, armodanil, reboxetine,
cognitive behavior therapies. La búsqueda fue limitada
a estudios en humanos. Se incluyeron revisiones sis-
temáticas con o sin metanálisis, ensayos clínicos alea-
torizados, ensayos clínicos, estudios observacionales
y guías de práctica clínica. Se excluyeron las series y
reportes de caso.
El objetivo fue ofrecer una opinión clínica experta,
a través de una síntesis de la evidencia, sobre algunos
fenotipos de la anhedonia y sus posibles tratamientos.
A modo de ejemplo, se incluyeron tres viñetas clínicas
ccionadas.
Gráco 1. A: Experiencia hedónica normal. B: Anhedonia
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
Neurobiología de la anhedonia
La base neurobiológica de la experiencia hedónica in-
volucra al circuito de recompensa constituido por las
neuronas dopaminérgicas del área tegmental ventral
las cuales se proyectan al cuerpo estriado (área ventral
del núcleo accumbens, el área dorsal del caudado y el
putamen) para continuar hacia la corteza orbitofron-
tal, zona dorsal de la corteza prefrontal y la corteza
cingulada anterior (Pizzigalli et al., 2022). A su vez,
se encuentra conectado con otras estructuras como
la amígdala, el hipocampo y el núcleo paraventricular
del tálamo (Guineau et al., 2022).
En la década del 70 se postuló que el aumento
de los niveles de dopamina generaba placer subje-
tivo mientras que su reducción era la responsable de
la anhedonia (Speranza et al., 2021). Desde entonces,
este neurotransmisor ha sido extensamente estudiado,
viéndose involucrado en algunos de los componentes
de la anhedonia como la anticipación, la motivación, el
esfuerzo y el aprendizaje. Sin embargo, el placer consu-
mado y la motivación se encontrarían modulados por
otros neurotransmisores como la serotonina, la epin-
efrina, los opioides, el glutamato, el ácido gamma-ami-
nobutírico y la acetilcolina (Serreti et al., 2023).
El núcleo accumbens es el principal centro rela-
cionado con el procesamiento de la graticación in-
cluyendo la motivación, el aprendizaje y el análisis de
los resultados esperados frente a los reales que permite
la predicción de la recompensa. Esta estructura recibe
proyecciones dopaminérgicas del área tegmental ven-
tral y glutamatérgicas provenientes del hipocampo, la
corteza prefrontal, la amígdala y el tálamo. Por otro
lado, las saliencias se dirigen hacia el pálido ventral,
globo pálido e hipotálamo (Baik et al., 2020). La cor-
teza orbitofrontal ha sido identicada como la primera
etapa del procesamiento cortical en la que el valor y el
placer de la recompensa se representan explícitamen-
te y desde donde la información es distribuida a otras
regiones cerebrales (Becker et al., 2019). Como conse-
cuencia, la cognición y el comportamiento del indivi-
duo se ajusta a estos resultados formando expectativas
y buscando nuevos estímulos basados en el aprendizaje
y la memoria, procesos determinados por las experien-
cias previas (Dresp et al., 2023; Becker et al., 2019).
Otro neurotransmisor implicado es la serotonina,
responsable del sentimiento positivo durante el consu-
mo de la recompensa, la motivación y el aprendizaje.
El aumento de serotonina de neuronas provenientes
del rafe dorsal modula a las neuronas dopaminérgicas
del área tegmental ventral aumentando los compor-
tamientos graticantes, la inhibición y los sentimien-
tos de saciedad y refuerzo de la recompensa. Por otro
lado, la noradrenalina, junto con los endocannabinoi-
des y los opioides, intervienen en las conductas diri-
gidas a la recompensa (Seidemann et al., 2021). Estos
últimos son mediadores neuroquímicos que intervie-
nen en la toma de decisiones y en la elección de las
acciones dirigidas a los objetos. Se ha postulado que el
aprendizaje de incentivos requiere de actividad opioi-
de en el complejo basolateral de la amígdala (Birnie
et al., 2022; Dresp et al., 2023; Ellingsen et al., 2015;
Laurent et al., 2014).
La liberación de dopamina en el circuito de re-
compensa se encuentra modulada por el estrés. Se ha
reportado que el estrés agudo aumenta los niveles de
dopamina en el núcleo accumbens promoviendo una
conectividad neuronal relacionada con la recompen-
sa. Por el contrario, el estrés crónico o de gran inten-
sidad poseen un efecto inhibitorio en la liberación de
este neurotransmisor. Se ha postulado que el estrés
prolongado conduce a procesos inamatorios que in-
tereren en la síntesis y liberación de dopamina ge-
nerando un deterioro de los procesos de recompensa
tal como se observa en la anhedonia (Baik et al., 2020;
Dresp et al., 2023).
Casos clínicos
Caso 1
Jorge de 28 años, es soltero y no tiene hijos. Vive con
su madre y su único hermano que es dos años menor.
Sus padres se separaron cuando él tenía 20 años. Con
el padre mantiene una relación de poco contacto, lo ve
una vez a la semana, cuando se encuentran a jugar al
fútbol con familiares y amigos del padre.
Durante la escuela secundaria, los dos primeros
años, tuvo un buen rendimiento pedagógico. Sin em-
bargo, a partir del tercer año desaprobó la mitad de las
materias. Se graduó luego de 4 años de terminar de
cursar, cuando pudo rendir las asignaturas adeudadas
del último año.
No posee familiares con trastornos mentales.
Como antecedentes personales de relevancia, sufrió
un episodio de abuso sexual infantil, trauma tempra-
no perpetrado por un vecino.
Los primeros síntomas comenzaron a los 13 años.
Los describe como no tener ganas de nada y no en-
contrarle gusto a las cosas que hacía. Se sentía desmo-
tivado, desanimado, y con un estado de ánimo que,
según menciona, era opuesto a la alegría, pero que no
podía calicarlo como tristeza.
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
Al cumplir 15 años, hizo las primeras referencias
respecto de que la gente hacía comentarios, lo observa-
ban y hablaban de él, percepciones que tenía en forma
ocasional pero que llamaban la atención de su familia.
Decía que se sentía despreciado, que le deseaban el mal
y pensaban que tenía cara de estúpido. Si bien nunca se
involucró en peleas o agresiones físicas con otros, sus
relaciones y vínculos se fueron reduciendo progresiva-
mente, no quedando en contacto con ninguno de sus
compañeros al nalizar el colegio secundario.
A los 19 años los pensamientos de autorreferen-
cia se intensicaron. También, presentaba frecuen-
tes, aunque no diarias, alucinaciones auditivas que lo
movilizaban. Por ejemplo, le insistía a su madre que
se acerque a la ventana para escuchar cómo los veci-
nos hablaban de él, reriendo que lo insultaban o cri-
ticaban, diciendo que desperdiciaba el dinero porque
no trabajaba y lo malgastaba en las mascotas. A los
dos años presentó un severo episodio de agresividad
física hacia su hermano, provocado por sus fenóme-
nos autorreferenciales, ocasionándole lesiones con
un objeto contundente. Intervino la policía, a la que
desaó y se enfrentó.
A los 22 años se inscribió en la carrera de Inge-
niería en Sistemas, la cual abandonó rápidamente en
el primer semestre aludiendo “falta de ganas, no lo
disfrutaba. Retomó al año siguiente en un intento de
obligación” impuesta por él. Sin embargo, no pudo
sostenerla abandonando nuevamente durante los pri-
meros meses. Un año después, se inscribió en un ta-
ller de teatro y posteriormente en el conservatorio de
música, en ambos casos abandonó transcurridos dos
meses argumentando su “falta de ganas y el cansan-
cio. Durante ese año no hacía ninguna actividad ni
mantenía rutinas, dormía gran parte del tiempo.
La primera consulta en salud mental fue a los 20
años, inicialmente con un psiquiatra y al poco tiem-
po con un psicólogo con orientación cognitivo-con-
ductual. El plan psicofarmacológico fue aripiprazol 15
mg/día el cual se sostuvo por un período de 6 meses
presentando respuesta, aunque parcial, únicamente en
los síntomas positivos. Debido a la baja tolerabilidad
presentada, por el desarrollo de acatisia y síntomas ex-
trapiramidales, se requirió el cambio de medicación a
quetiapina 800 mg/día, que utilizó únicamente duran-
te 6 meses ya que presentó una menor ecacia sobre
los síntomas positivos que el antipsicótico anterior y
una falta de mejoría de los síntomas afectivos y ne-
gativos como la anhedonia. Posteriormente se rotó a
risperidona 3 mg/día, plan terapéutico que se sostuvo
durante un año, lográndose una respuesta parcial en
los síntomas positivos. Sin embargo, no hubo modi-
cación en los síntomas negativos y presentó efectos
adversos extrapiramidales.
El cuarto ensayo terapéutico fue a los 22 años
cuando se indicó olanzapina, fármaco que recibe has-
ta la fecha, cuya dosis se fue subiendo durante un pe-
ríodo de dos años hasta llegar los 20 mg/día. Se logró
remisión de las alucinaciones, una signicativa reduc-
ción de las autorreferencias que ya no lo movilizan y
ha mejorado signicativamente la irritabilidad.
Desde el inicio del tratamiento, Jorge aumentó 20
kilos y actualmente posee un índice de masa corporal
de 29,4 valor próximo a la obesidad. Si bien se le ha
propuesto el cambio a clozapina, no ha aceptado.
Tanto al inicio del tratamiento como a los 6 meses
se administró la escala de síntomas positivos y negati-
vos en esquizofrenia PANSS (por sus siglas en ingles),
con una reducción de 105 a 70 puntos.
Además de la terapia antipsicótica, ha recibido
como tratamiento coadyuvante, cada uno durante al
menos 2 meses, los siguientes psicofármacos: paroxe-
tina 20 mg/día, bupropión 300 mg/día, venlafaxina
300 mg/día, agomelatina 25 mg/día, sertralina 200
mg/día, duloxetina 120 mg/día, uoxetina 20 mg/día,
lamotrigina 200 mg/día y litio 900 mg/día. Ninguno
de estos fármacos tuvo ecacia sobre los síntomas
afectivos, negativos o la anhedonia.
El uso de escalas de evaluación para medir seve-
ridad de los síntomas es de gran utilidad en la prác-
tica clínica cotidiana en la esquizofrenia (Corrales et
al., 2021). En este paciente se administraron antes y
después de varios de los ensayos farmacológicos men-
cionados: el Cuestionario de Salud del Paciente de 9
ítems (PHQ-9, por sus siglas en inglés), con puntajes
entre 17 y 25 que reejan depresión con intensidad de
moderada a severa; y la Escala de Placer de Snaith-Ha-
milton (SHAPS, por sus siglas en inglés), con puntajes
entre 8 y 12 que se corresponden con la presencia de
anhedonia clínicamente signicativa. En ninguna de
las escalas se evidenciaron cambios signicativos a
lo largo del tratamiento. Asimismo, la funcionalidad
tampoco presentó mejoría según la evaluación reali-
zada por medio de la Escala de Funcionamiento Social
y Ocupacional (SOFS, por sus siglas en inglés).
Luego de 4 años, Jorge discontinuó la psicoterapia.
Se incorporó un acompañante terapéutico, interven-
ción que se sostuvo únicamente por 3 meses tras lo
cual decidió suspender debido a que se encontra-
ba reticente a las propuestas ofrecidas de activación
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
conductual gradual y de actividades. Tampoco acepta
concurrir a un centro de día.
Comentario
Desde las primeras conceptualizaciones de la esqui-
zofrenia, los síntomas negativos han sido descriptos
como centrales, tanto por Kraepelin como por Bleuler.
El caso evidencia un desarrollo temprano de algunos
de estos síntomas desde el inicio de la adolescencia,
cuando Jorge, insidiosamente, comienza a referir una
disminución del deseo y la motivación para realizar
actividades, así como de su capacidad para disfrutar
de las cosas. Podemos ver aquí, que previamente al
diagnóstico del primer episodio psicótico e incluso a
la aparición de los primeros síntomas positivos, ya se
identicaba la presencia del dominio sindromático de
la anhedonia, tanto en su componente anticipatorio
como en el consumatorio. También se agregan otros
dos dominios de síntomas negativos como la asocia-
lidad y la avolición. El primero, se ve reejado en el
aislamiento progresivo de sus contactos y amigos de la
escuela, mientras que el segundo se evidencia en la es-
casa motivación para iniciar y mantener actividades.
En conjunto, estos tres dominios constituyen, según
la clasicación del Instituto Nacional de Salud Mental
(NIMH, por sus siglas en inglés) los componentes de
motivación y placer de los síntomas negativos (Kirk-
patrick et al., 2006). Por otro lado, la alogia y el afecto
aplanado o embotado conforman la expresividad re-
ducida (Strauss et al., 2020), que en el caso de Jorge se
evidenció un tiempo después. A su vez, la aparición de
anhedonia podría interpretarse como parte de los sín-
tomas de un estado mental de alto riesgo para psicosis
(Fusar-Poli, 2017).
Posteriormente, entre los 15 y 19 años, se sumaron
los primeros síntomas positivos atenuados, inicial-
mente autorreferencias y luego alucinaciones auditi-
vas. Podemos identicar que el comienzo de la psico-
sis como cuadro formal, fue precedido por una fase
prodrómica donde los síntomas evolucionaron hacia
una transición al primer episodio junto con la decli-
nación, también progresiva, en la funcionalidad como
se ve reejada en las dicultades escolares.
Se ha reportado que la anhedonia es un indicador
de estado mental de riesgo para psicosis o trastornos
afectivos y puede señalar una vulnerabilidad a desarro-
llar estas condiciones incluso antes de cumplir con los
criterios diagnósticos completos (Pelizza et al., 2020;
Kwapil et al., 1998). En la actualidad, se considera que
la alteración hedónica principal de estos pacientes no
radica en la capacidad de experimentar placer (gustar),
sino en la habilidad para anticiparlo a partir de la reali-
zación de una acción. Es decir, presentan dicultad en
desear y motivarse o involucrarse en actividades que
sean fuentes de placer (Correll et al., 2020). Sin embar-
go, en el caso de Jorge esto no es así dado que desde el
inicio se queja tanto de que no querer ni tener moti-
vación (componente anticipatorio), como de no poder
disfrutar (componente consumatorio).
A pesar de observarse diferencias entre los distin-
tos antipsicóticos ensayados, la respuesta sobre los sín-
tomas positivos fue favorable. Sin embargo, en cuanto
a los síntomas negativos, muy pocas han sido las mo-
dicaciones evidenciadas. Incluso, los mínimos cam-
bios observados podrían atribuirse como secundarios
a la mejoría de los síntomas positivos. No obstante,
cabe señalar que no se ensayaron ni amisulpirida ni
cariprazina, dos de las indicaciones en monoterapia
antipsicótica con mejor evidencia para síntomas ne-
gativos predominantes (Krause et al., 2018; Németh
et al., 2017). En este caso, con la nalidad de tratar
la anhedonia, se realizaron múltiples intervenciones
con drogas antidepresivas y estabilizadoras del ánimo.
En el marco de un modelo de intervenciones basadas
en la toma de decisiones compartidas con Jorge, se
prescribieron moléculas con diferentes mecanismos
farmacodinámicos, sin resultado favorable sobre esta
dimensión. La falta de mejoría podría interpretarse
como una resistencia al tratamiento farmacológico de
la anhedonia, en este caso en el marco de la escasa res-
puesta también a síntomas negativos primarios.
Se ha señalado que la anhedonia perpetúa el aisla-
miento y la desmotivación, creando un ciclo que em-
peora el pronóstico (Strauss et al., 2013; Strauss et al.,
2018). Esto se ve reejado en Jorge en donde su calidad
de vida y funcionalidad se han visto signicativamente
afectadas, no pudiendo desarrollarse en una ocupación
formal o incluso informal. La anhedonia, a pesar de
registrarse clínicamente en las etapas iniciales, no fue
foco de indicaciones especicas farmacológicas y psi-
cosociales. Posiblemente, las intervenciones tempranas
dirigidas a esta dimensión podrían haber atenuado el
impacto negativo sobre la funcionalidad de Jorge y de
este modo afectar positivamente su pronóstico.
Caso 2
Daniel es un empleado administrativo de 38 años que
consulta por sentimientos de tristeza que se acompa-
ñan con fatiga, la cual describe tanto física como men-
tal. Reere que su rendimiento laboral ha disminuido
a consecuencia de dicultades en su concentración y
memoria. Esto último lo relaciona con el insomnio
55
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
mixto que presenta desde hace tres meses. Se mues-
tra preocupado, con temor a perder su trabajo, pen-
samiento que lo perturba casi todo el día y le genera
sentimiento constante de angustia. Esto se acompaña
de la dicultad para disfrutar de las actividades que
antes le gustaban, como tocar la guitarra con amigos
o ir a la cancha a ver su equipo de fútbol. “Dejé de sa-
lir, no siento ganas de hacer nada y cuando me obligo
a hacer algo, no la paso bien. Esto último inició con
una disminución del entusiasmo por las salidas con
amigos con una sensación previa de “sin sentido, pero
luego de motivarse a hacerlo, gozaba estar con ellos.
Luego de un tiempo, dejó de experimentar placer en
las salidas lo que provocó que se aislara socialmen-
te. Al indagar sobre su tono hedónico reere: “nun-
ca fui un apasionado, lo único que me motiva es ir a
la cancha y tocar la guitarra. Dice que desde niño le
costaba entusiasmarse con algo, se aburría fácilmente.
Desde la adolescencia se evidenció una predilección
por actividades de alto riesgo como las carreras de
autos, las peleas de boxeo y el consumo tanto de ma-
rihuana como de cocaína que, según reere, practicó
durante solo unos pocos años y nunca obstaculizaron
su rendimiento académico. En una entrevista cuenta
su tendencia, desde pequeño, al fantaseo. Reere que
pasaba muchas horas imaginando historias de “situa-
ciones cticias maravillosas, preriendo esa actividad
a juntarse con amigos. Sin embargo, eso ya no ocurre.
Daniel ha tenido dos episodios depresivos previos,
el primero a los 18 al nalizar la escuela secundaria
y otro a los 26 años. Este último no asociado a una
situación vital especíca. En ambos episodios la in-
tensidad sintomática fue leve por lo que recibió trata-
miento psicológico, no requiriéndose farmacoterapia.
La primera consulta psicológica fue a los 11 años,
luego del fallecimiento repentino de su mejor amigo.
Reere, “fue un antes y un después, todo cambió. Me
impresionaba mucho no poder verlo más. Como an-
tecedente familiar relevante, su madre realiza trata-
miento psiquiátrico por TDM.
Durante la evaluación se descartan causas médicas
que justiquen la sintomatología presentada.
El psiquiatra tratante interpreta el cuadro como un
episodio recurrente de un TDM y prescribe escitalo-
pram 10 mg/día, observándose respuesta en la dimen-
sión afectiva del estado de ánimo, con disminución
de la tristeza y preocupaciones excesivas. Al mes de
iniciado el tratamiento, Daniel presentó respuesta en
la dimensión afectiva. Sin embargo, la persistencia de
la anhedonia, tanto anticipatoria como consumatoria,
impidió la remisión del cuadro. Se realizaron aumen-
tos progresivos hasta llegar a escitalopram 20mg/día.
Con el incremento de la dosis, Daniel experimentó
una disminución de la reactividad emocional, con
embotamiento emocional e indiferencia afectiva, sín-
tomas no observados previamente. Luego de ocho se-
manas de tratamiento, debido a la persistencia de la
anhedonia y la aparición del embotamiento afectivo,
se decide rotar progresivamente a bupropión hasta lle-
gar a una dosis de 300 mg/día. Pasadas las tres sema-
nas de tratamiento, se observó una respuesta favorable
tanto en la dimensión afectiva, así como en su capaci-
dad de experimentar placer junto con la desaparición
de la sintomatología de menor reactividad emocional
evidenciada durante tratamiento con escitalopram.
Un mes más tarde, volvió a ver a su equipo de
fútbol y a salir regularmente con amigos. Adicional-
mente, se indicó terapia cognitivo-conductual (TCC)
como intervención psicoterapéutica, dirigida a tra-
bajar los patrones de pensamiento disfuncionales, la
regulación emocional y la adquisición de estrategias
para manejar los factores de riesgo relacionados con
el antecedente de trauma infantil. En la evaluación ac-
tual, el paciente se encuentra en remisión.
Comentario
Daniel presenta un TDM y, como es habitual en la
mayoría de los pacientes, uno de los síntomas cardi-
nales es la anhedonia. Sin embargo, no todos los indi-
viduos experimentan la anhedonia del mismo modo.
En el caso de Daniel se evidencia una afectación de
las diferentes valencias de la dimensión, con una al-
teración progresiva tanto del componente anticipato-
rio como del consumatorio. Inicialmente, se observa
cómo disminuye paulatinamente el deseo de juntarse
con amigos o ir a la cancha, que podemos determinar
a causa de una alteración en la motivación (compo-
nente anticipatorio- desear), para luego dejar de dis-
frutar el momento de la actividad en sí (componente
consumatorio-gustar) y nalmente la falta de placer
se extiende a otras esferas como el encuentro con sus
amigos lo que refuerza el aislamiento a causa de la an-
hedonia social.
Es de destacar que, si bien Daniel experimenta el
síntoma anhedonia desde el inicio de su cuadro de-
presivo, ha tenido desde pequeño una disminución en
su capacidad de experimentar placer que lo ubica en
un rango de referencia inferior a la población general.
Si bien el tono hedónico bajo puede encontrarse en
sujetos sanos, se asocia con varios cuadros psicopa-
tológicos (Snaith et al., 1993; Jankowski et al., 2008).
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
Estos individuos, con el objetivo de aumentar su ca-
pacidad hedónica buscan, a través de estímulos in-
ternos (ej. tendencia a la fantasía) como externos (ej.
conductas de riesgo, consumo de sustancias psicoac-
tivas) poder aumentar su capacidad de experimentar
placer y de este modo mejorar el estado de ánimo el
cual suele ser crónicamente bajo (Sternat et al., 2014).
Esto podría explicar por qué Daniel elige actividades
que implican estímulos externos intensos como hacer
boxeo o el consumo de sustancias en la adolescencia,
e internos como tendencia a la fantasía.
Como se ha mencionado en este artículo, el tono
hedónico está determinado por componentes gené-
ticos y epigenéticos. En el caso de Daniel, el falleci-
miento de su amigo durante la infancia representó un
evento potencialmente traumático que pudo haber
inuido en su desarrollo emocional y psicológico. Se
ha reportado que la exposición al trauma se asocia a
una menor respuesta a la recompensa y una actividad
estriatal ventral disminuida en las áreas involucradas
en la recompensa (Olson et al., 2018). Asimismo, se ha
observado que los pacientes con TDM que han expe-
rimentado trauma infantil de moderado a severo pre-
sentan niveles más altos de anhedonia, en compara-
ción con aquellos con niveles bajos o nulos de trauma
infantil (Fan et al., 2021).
En cuanto al tratamiento psicofarmacológico, tras
la introducción del escitalopram, antidepresivo inhi-
bidor de la recaptación de serotonina (ISRS), hubo
una mejoría en la dimensión afectiva del TDM, per-
sistiendo la anhedonia. A su vez, el aumento de dosis
del escitalopram disminuyó su tolerabilidad debido
al desarrollo de embotamiento afectivo y menor re-
actividad emocional (propia de la apatía). Estos efec-
tos adversos se asocian tanto al tratamiento con ISRS,
como con otros antidepresivos dentro de los que se en-
cuentran los inhibidores de la recaptación de serotoni-
na y noradrenalina (IRSN) y los tricíclicos. Es de desta-
car que son frecuentes, presentándose en el 46 % de los
pacientes que reciben tratamiento con ISRS (Goodwin
et al., 2017). Se postula que los aumentos en los niveles
de serotonina en el núcleo accumbens inducidos por
este grupo farmacológico provocan un estado de "hi-
podopaminergia frontal" que podría manifestarse clí-
nicamente como apatía caracterizada por una dismi-
nución de la expresividad emocional, la motivación, el
interés, la iniciativa o la persistencia para participar en
actividades. Sin embargo, el placer puede experimen-
tarse una vez que se inicia la actividad (Masdrakis et
al., 2023).
Estudios longitudinales en adultos con TDM han
demostrado que los niveles elevados de anhedonia
predicen una mayor probabilidad de persistencia del
trastorno a los 12 meses (Spijker et al., 2001). Por este
motivo, si bien el escitalopram es un fármaco de pri-
mera línea de recomendación en el TDM, tras la falta
de respuesta en la anhedonia y su baja tolerabilidad,
se decidió incorporar bupropión. Este fármaco posee
un mecanismo de acción distintivo caracterizado por
aumentar la neurotransmisión dopaminérgica y nora-
drenérgica lo que determina su bajo riesgo de inducir
apatía como efecto adverso y una posible ecacia su-
perior para tratar la anhedonia (Philippe et al., 2021;
CANMAT, 2023).
Caso 3
Los padres de Juan, de 10 años, consultan porque su
hijo presenta un bajo rendimiento escolar y conductas
disruptivas tanto en el colegio como en las actividades
deportivas.
Reeren que desde la primera infancia es muy in-
quieto, impulsivo, no pudiendo permanecer sentado,
ni siquiera para almorzar. Este comportamiento ha
obstaculizado su funcionamiento pedagógico. Es ha-
bitual que deambule por el aula durante la clase inte-
rrumpiendo al docente con comentarios fuera de con-
texto o que no aguarde su turno para contestar una
pregunta. A su vez, durante los recreos suele correr sin
parar, tropezarse o empujar a sus compañeros. Tiene
mucha desorganización en su carpeta, deja hojas en
blanco, extravía las tareas, dibuja y juega con los útiles
durante las clases, pierde el material de trabajo y lo
rompe con facilidad.
Dado que habitualmente no copia del pizarn,
debe completar las actividades en el hogar. Esto ge-
nera malestar familiar debido a que interrumpe cons-
tantemente, se distrae y posee marcada intolerancia
a la frustración suspendiendo la actividad frente al
mínimo obstáculo. Ha iniciado y abandonado varios
deportes y talleres recreativos. Por momentos, pare-
ce no escuchar, hay que insistirle en que se cepille los
dientes, se bañe, se cambie. Ha inundado el baño por
olvidarse de cerrar las canillas y es habitual que se co-
loque las prendas al revés o incluso que se olvide de
ponerse las medias o la ropa interior.
Si bien lo describen como muy sociable y disfruta
de los encuentros con pares, presenta dicultades en
programar y ejecutar las actividades preriendo que-
darse en su casa jugando con la computadora. Los pa-
dres mencionan verlo desmotivado, teniendo que in-
tervenir. Por ejemplo, para que se prepare para ir a un
57
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
cumpleaños. No entienden su falta de iniciativa dado
que, al llegar al mismo lo disfruta mucho. Si él sabe
que la actividad es placentera ¿por qué hay que insis-
tirle?, se preguntan. Con la nalidad de que Juan ad-
quiera autonomía, han dejado de decirle que se apure,
que tiene que dejar una actividad para iniciar otra,
que va a llegar tarde, etc. Esto ha generado que falte
o abandone los encuentros con amigos, la asistencia a
los cumpleaños y el deporte. ¿Por qué no toma la ini-
ciativa si sabe que luego lo disfruta? Parece que nada
lo motiva. Los padres se preguntan ¿está deprimido?
En la entrevista de evaluación, Juan reere con ma-
lestar su fracaso en la realización de las tareas cotidia-
nas las cuales le resultan difíciles. Él, quisiera poder
hacerlas, pero frecuentemente se olvida o tiene muchas
ideas en su cabeza por lo que no puede priorizar y otras
veces simplemente le falta “el empujón. Se describe
como aca, vago. En algunas oportunidades queriendo
remediar esta situación, ha intentado ser más aplicado
con sus tareas y si bien, al comienzo logra mejorar su
rendimiento, no puede sostenerlo debido a que le cues-
ta mantenerse motivado. Todo me aburre, reere.
Luego del diagnóstico de TDAH, se inicia trata-
miento con metilfenidato con mejoría signicativa en
los síntomas antes mencionados. Ya no solo no falta a
los cumpleaños, sino que disfruta de la idea de poder
asistir.
Comentario
La motivación suele denirse como aquello que
nos impulsa a actuar. Es decir, lo que induce un com-
portamiento dirigido hacia objetos el cual está deter-
minado por motivaciones internas como necesidades,
cogniciones y emociones que funcionan como me-
diadores entre los estímulos externos y el desempeño
(Morsnik et al., 2022). Ésta, puede disociarse en dis-
tintas funciones como la activación conductual, la ex-
citación que promueve la acción y el análisis costo be-
necio. A su vez, la motivación se relaciona con otras
funciones como la emoción, el refuerzo y el control
motor. Por ejemplo, Juan requiere del apoyo externo
de los padres para la realización de las tareas, las cua-
les no puede sostener debido a las fallas en las funcio-
nes ejecutivas y en la motivación. A su vez, también se
encuentra obstaculizado el inicio de la acción incluso
de las actividades placenteras, situación que empeora
cuando no intervienen. Esto último, ¿constituye una
alteración de la experiencia hedónica?
Como se ha mencionado, la experiencia hedónica
es un proceso dinámico constituido por múltiples va-
lencias dentro de las que se incluye la motivación, la
cual posee un papel fundamental en el desear y cuya
alteración puede expresarse fenomenológicamente
como anhedonia anticipatoria. Ésta, se encuentra de-
terminada por el aprendizaje de experiencias previas
y por la capacidad de realizar una valoración entre el
esfuerzo y la recompensa. De este modo, Juan no pre-
senta una alteración en el placer consumado ya que
estando en el cumpleaños lo disfruta, sin embargo,
se encuentra imposibilitado de anticipar el mismo y
generar la motivación que propicie el inicio de la ac-
ción. Se ha reportado que los pacientes con TDAH
requieren de estímulos mayores para dirigir su com-
portamiento en busca de experiencias graticantes,
así como presentan dicultad en posponer dichas ex-
periencias (Skalski et al., 2021).
El disbalance dopaminérgico en las proyecciones
desde el área tegmental ventral al núcleo accumbens
presente en los pacientes con TDAH, genera una al-
teración en la percepción de la recompensa que con-
ductualmente se expresa como una mayor preferencia
para obtener recompensas inmediatas, a la vez que
se descartan recompensas tardías, incluso cuando la
elección implique resultados con menor graticación
(Chen et al., 2024). A su vez, estos pacientes, presen-
tan una alteración en la autorregulación y en el aná-
lisis del esfuerzo requerido para lograr la gratica-
ción, observándose una alteración en la predicción de
la recompensa y una mayor dependencia de fuentes
externas e inmediatas de motivación (Skalski et al.,
2021). En el caso de Juan, requiere del apoyo de los
padres para realizar distintas tareas incluso cuando las
mismas son graticantes, preriendo la recompensa
inmediata de seguir jugando en la computadora a ir
al cumpleaños lo que implicaría no solo demorar la
recompensa sino también hacer una elección de una
actividad que requiere de mayor esfuerzo. Observán-
dose una alteración de los distintos componentes de la
motivación y en donde la dopamina posee un rol fun-
damental en la evaluación del esfuerzo a realizar y su
posible graticación (Salamone et al., 2024). A su vez,
las proyecciones de neuronas dopaminérgicas desde
el área tegmental ventral hacia la corteza prefrontal
se encuentran involucradas en el procesamiento de la
información, en la atención selectiva, en la inhibición
y en la memoria de trabajo las cuales constituyen las
funciones ejecutivas directamente vinculadas a la mo-
tivación (Chen et al., 2024).
Los psicoestimulantes como el metilfenidato in-
dicado en el caso de Juan, son el tratamiento de pri-
mera línea para tratar el TDAH. Se ha reportado que
58
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
este grupo de fármacos con capacidad de bloquear a los
transportadores de dopamina y noradrenalina, mejoran
la memoria de trabajo y el control cognitivo, en parte,
por cambios en la motivación, es decir en la disposición
para involucrarse en una tarea cognitiva, más que por la
capacidad en sí misma (Manohar et al., 2019).
Por último, Juan no se encuentra deprimido. Sin
embargo, es de destacar que los pacientes con TDAH
en comparación con los controles sin TDAH presen-
tan mayor prevalencia de TDM (18,6 % vs. 7,8 %) y
distimia (12,8 % vs. 1,9 %). Esto podría estar relacio-
nado por una superposición en ambos trastornos de
vías involucradas, como el circuito mesolímbico do-
paminérgico, que determinan una reducción en la ca-
pacidad hedónica (Meinzer et al., 2012).
Tratamiento farmacológico
Los avances en el conocimiento de las bases neuro-
siológicas de la anhedonia han permitido postular a
distintas moléculas las cuales, debido a su mecanismo
de acción en el circuito de recompensa, podrían tener
ecacia en el tratamiento de esta dimensión.
Los antidepresivos ISRS son el tratamiento de pri-
mera línea para la depresión unipolar dado que han
demostrado ecacia en la reducción del afecto nega-
tivo. Sin embargo, poseen un menor efecto sobre la
anhedonia (Edino et al., 2021; McMakin et al., 2012;
Fischer et al., 2017; Klein et al., 2022). En un estudio
observacional se comparó el estado hedónico de pa-
cientes con diagnóstico de TDM que habían logrado
una respuesta terapéutica al tratamiento con ISRS con
un grupo de controles sanos. Los autores reportaron
un estado hedónico inferior en el grupo en tratamien-
to con antidepresivos, con puntajes en la escala SHAPS
con un valor en la anhedonia estadísticamente supe-
rior, incluso luego del ajuste del puntaje de la escala,
inventario de depresión de Beck (BDI), utilizada para
depresión (Yee et al., 2015). La falta de respuesta en
esta dimensión podría estar asociada al escaso efec-
to que poseen las moléculas ensayadas sobre la neu-
rotransmisión dopaminérgica la cual posee un papel
fundamental en el control de la conducta motivada y
en la capacidad hedónica (Argyropoulos et al., 2013).
Por otro lado, estudios in vitro han demostrado que la
sertralina, comparada con otros ISRS, es la que mayor
inhibe el transportador de dopamina. En un estudio
abierto en el cual se evaluó la ecacia de la sertralina
en pacientes con depresión moderada a severa se re-
portó una mejoría tardía de la anhedonia (entre los
días 21 y 56) en comparación con otros síntomas del
trastorno. Los autores sugieren que esto se debería al
efecto que posee la molécula sobre la neurotransmi-
sión serotoninérgica y la dopaminérgica (Boyer et al.,
2000) (ver Tabla 1).
Otro de los fármacos postulados para el tratamien-
to de la anhedonia es la venlafaxina. Este antidepresivo
inhibe la recaptación de serotonina y noradrenalina,
mecanismo que no solo estimula la neurotransmisión
serotoninérgica y noradrenérgica, sino también la do-
paminérgica. Esto último, se debe a que gran parte de
la corteza prefrontal carece de trasportador de dopa-
mina por lo que el transportador de noradrenalina es
el encargado de la recaptura de ambos neurotransmi-
sores. (Stahl et al., 2020). En un análisis post hoc que
incluyó 5 Ensayos Clínicos Aleatorizados (ECA) do-
ble ciego comparados con placebo, en donde se evaluó
la respuesta en la anhedonia y la motivación, la venla-
Tabla 1. Estudios incluidos en la revisión
Autor Estudio Número de
pacientes Duración Fármaco Escalas Resultados
Yee et al.,
2015 Estudio transversal
N: 111
(ISRS-TDM)
N: 82
(control sano)
IRSS (Fluoxeti-
na, Fluvoxami-
na, Sertralina,
Escitalopram)
SHAPS
BDI
SHAPS mayor en grupo
con IRSS que control
(p<0,01) con ajuste de
BDI y nivel educativo
SHAPS mayor que grupo
control en el análisis de
fármacos por separado
salvo con Fluoxetina
(p<0,01).
Boyer et al.,
2000 Ensayo abierto N:119 (TDM) 8 semanas Sertralina 50-
100 mg/día
HAM-D
IDS-C
Mejoría HAM-D 8 sema-
nas (p<0,001)
Mejoría IDS-C (dimen-
sión hedónica) 21-56 días
(p<0,0001).
59
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
Tabla 1. Estudios incluidos en la revisión
Autor Estudio Número de
pacientes Duración Fármaco Escalas Resultados
Tomarken et al.,
2004
Fase I: ECA doble
ciego Fase II: ensa-
yo abierto
TDM N: 10
Bupropion
N: 9 placebo
Fase I: 6
semanas
Fase II: 6
semanas
Fase I: Bupro-
pión SR (300
mg/día)
Fase II: Bupro-
pión SR (400
mg/día en los
ya expuestos) y
300 mg/día (en
los que recibie-
ron placebo en
Fase I)
MASQ
HAM-D
HAM-A
En la Fase I, el Bupro-
pion SR provocó mayor
descenso en la anhedonia
y el resto de las medidas
excepto para ansiedad
(p<0.004).
Los ítems que evaluaban
el polo de bajo afecto
positivo de la dimensión
de anhedonia fueron más
sensibles al tratamiento
con Bupropión SR en do-
sis más tempranas o bajas,
mientras que los ítems
que evaluaban el polo de
alto afecto positivo fueron
más sensibles al tratamien-
to con Bupropión SR en
dosis más tardías o altas
(p<0.001).
Di Giannanto-
nio et al., 2011 Ensayo abierto
TDM
N:24
Agomelatina
8 semanas Agomelatina
(25-50mg/día)
HAM-D
HAM-A
SHAPS
LSEQ
Mejoría signicativa en
HAM-D (p<.05), HAM-
A(p<.01), SHAPS (p<.05),
LSEQ (p<.05).
Huang et al.,
2023 Ensayo abierto N: 68
(TDM) 9 semanas Agomelatina
(25-50mg/día)
HAMD-17
ASEX
SDS
QLES
Se observaron efectos
signicativos en los ítems
de anhedonia del HAMD
(p < 0.001), de los sínto-
mas somáticos (p<0.001)
y mejoría de la disfusión
sexual (p<0.001).
Guo et al., 2023 ECA
N:40 Agome-
latina (TDM)
N: 40 ISRS
(TDM)
12 semanas
Agomelatina
(25-50 mg/día)
ISRS (dosis
exibles dentro
de rango tera-
péutico)
HAMD-17
HAMA
SHAPS
PSQI
MEQ
MFI-20
Grupo con agomelatina
ecacia más rápida (dos
semanas) y superior en
SHAPS, PSQUI y MEQ
(p<0,01).Tasas de remisión
a las 12 semanas similares
en ambos grupos.
Gargoloff et al.,
2016 Ensayo abierto N: 143 (TDM) 8 semanas Agomelatina
(25-50 mg/día)
CGI-S
CGI-I
GAD-7
QIDS-
SR-16
SHAPS
Mejoría en la gravedad
de la anhedonia desde la
primera semana (p<0,05).
Martiniotti et
al., 2012 Ensayo abierto
TDM
N: 27 Agome-
latina
N: 21 Venlafa-
xina XR
8 semanas
Agomelatina
(25-50 mg/día)
Venlafaxina XR
(150 mg/día
SHAPS
CGI
HAM-D
HAM-A
Ambos grupos con
reducción signicativa en
SHAPS, HAM-D y HAM-A.
Agomelatina con ecacia
superior en la anhedonia
(SAHPS p<0.001 versus
p<0.5 de Venlafaxina) y
mejor puntuación en CGI
a las 8 semanas (p<0.05).
(continuación de la página 58)
60
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
Tabla 1. Estudios incluidos en la revisión
Autor Estudio Número de
pacientes Duración Fármaco Escalas Resultados
Christensen et
al., 2024 Ensayo abierto
N: 67
(TDM sin res-
puesta previa
a ISRS/IRSN o
embotamien-
to emocional)
8 semanas Vortioxetina
(10-20mg/día)
ODQ
MADRS
SDS
ODQ desde la línea base
fue de 26.0 (2.9) (p <
0.001). MADRS de 14.9
(0.8), +34.2 (4.5), +6.3
(1.6) y SDS 9.0 (1.3),
respectivamente. A la
semana 8, el 70.4 % sin
embotamiento emocional
y el 53.7 % con remisión
del TDM (MADRS ≤10).
McIntyre et al.,
2021 ECA doble ciego
Pacientes con
TDM con
respuesta
inadecuada
previa a ISRS/
ISRN
N: 253 Vor-
tioxetina
N: 242 Ago-
melatina
12 semanas
Vortioxetina
(20-40 mg/día)
Agomelatina
(25-50 mg/día)
MADRS
Vortioxetina mayor eca-
cia que la Agomelatina en
la reducción de la anhedo-
nia. Diferencia en MADRS
fue -1.02 (p=0.027).
Greš et al.,
2024 Ensayo abierto
Pacientes con
esquizofrenia
en remisión.
N: 60 Vor-
tioxetina
N: 60 placebo
12 semanas Vortioxetina
(10mg/día)
PANSS
CDSS
CSPA
El tratamiento con
Vortioxetina mostró una
reducción signicativa
en los niveles de anhe-
donia física(F = 266.668,
p < 0.001) y social (F
=163.516, p<.001).
Lally et al., 2014 ECA doble ciego
Depresión
bipolar I y II
N: 36
Ketamina
N: 21 placebo
4 semanas
Ketamina (0.5
mg/kg)
2 infusiones
separadas de
15 días
MADRS
SHAPS
TEP
Mejoría signicativa de
la anhedonia luego de la
primera semana post-infu-
sión (p < 0.001) indepen-
diente de los síntomas
globales de la depresión (p
< 0.006).
Aumento del metabolismo
de la glucosa en la zona
dorsal de la corteza cingu-
lada anterior y el putamen
(asociada a anhedonia).
Lally et al., 2015 Ensayo abierto
TDM resis-
tente
N: 52
4 semanas
Ketamina
(0,5mg/kg)
infusión única.
Luego,
N:26 riluzole
N: 26 placebo
MADRS
SHAPS
Reducción de la puntua-
ción en SHAPS en los
28 días post infusión de
Ketamina (p < 0.001).
Delno et al.,
2021 Ensayo abierto
N: 39 (TDM)
N: 31 (depre-
sión bipolar)
6 semanas
Esketamina
subcutánea
(0.5mg-1mg/kg)
x 6 infusiones
MADRS
Reducción signicativa en
la gravedad de la anhedo-
nia (p<0.0001) después de
6 infusiones. El efecto fue
estadísticamente signi-
cativo 24 horas después
de la primera infusión
(p<0.001) en ambos
grupos, y aumentó con las
infusiones repetidas.
(continuación de la página 59)
61
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
AES: Apathy Evaluation Scale, ANT: Attention Network Test, ASEX: Arizona Sexual Experiences Scale,
BDI: Beck Depression Inventory, CDSS: Calgary Depression Scale for Schizophrenia, CGI-I: Clinical Global Impression of Improvement, CGI-S: Clini-
cal Global Impression of Severity, CSPA: Chapman Scale for Social and Physical Anhedonia, CSPA: Chapman Scale for Social and Physical Anhedonia,
EEfRT: Effort Expenditure for Rewards Task, GAD-7: Generalized Anxiety Disorder 7-item scale, HAM-A: Hamilton Anxiety Rating Scale, HAMD-
17: Hamilton Rating Scale for Depression (17 items), IDS-C: Inventory of Depressive Symptomatology - Clinician Rated, IDS-C: The clinician rated
inventory for depressive symptomatology, LSEQ: Leeds Sleep Evaluation Questionnaire, MADRS: Montgomery–Åsberg Depression Rating Scale, MAF:
Multidimensional Assessment of Fatigue, MASQ: Mood and Anxiety Symptom Questionnaire, MEQ: Morningness–Eveningness Questionnaire, MFI-20:
Multidimensional Fatigue Inventory de 20 ítem, ODQ: Oxford Depression Questionnaire, PANSS: Positive and Negative Syndrome Scale, PANSS
FSNS: Positive and Negative Syndrome Scale - Functional and Social Subscale, PSP: Personal and Social Performance Scale, PSQI: Pittsburgh Sleep
Quality Index, QIDS-SR-16: Quick Inventory of Depressive Symptomatology 16-item Self-Report, SDS: Sheehan disability scale, SHAPS: Snaith–Hamil-
ton Pleasure Scale, TEP: Tomografía por emisión de positrones, TEPS: Temporal Experience of Pleasure Scale.
Tabla 1. Estudios incluidos en la revisión
Autor Estudio Número de
pacientes Duración Fármaco Escalas Resultados
Addicott et al.,
2019
Ensayo clínico no
aleatorizado doble
ciego
N: 23 (TDAH)
N: 23 (sin
TDAH)
2 entre-
vistas de
evaluación
con y sin
Metilfeni-
dato
Metilfenidato
40 mg única
dosis o placebo
EEfRT
ANT
Mayor disposición al
esfuerzo con metilfenidato
en el grupo con TDAH.
A mayor gravedad de
los síntomas de TDAH
el metilfenidato produce
un mayor aumento en el
porcentaje de selecciones
de alta exigencia.
Ravindran et al.,
2008 ECA doble ciego
Pacientes
con TDM sin
respuesta a
ISRS
N: 72 Metilfe-
nidato
N: 72 placebo
5 semanas
Metilfenidato
OROS (dosis
exible 18 a 54
mg/día)
MADRS
AES
MAF
Tasas de respuesta y
remisión similares en
ambos grupos (38.9 % y
27.8 % vs. 41.7 % y 25.0 %,
respectivamente).
El grupo con metilfenidato
presentó mayores cambios
en la AES y MAF en
comparación con el grupo
placebo. Se observaron
diferencias estadísticamen-
te signicativas mediante
un análisis de modelo
mixto en el AES en todas
las visitas y en el punto
nal (p = .01) y en el MAF
(p < .01).
Németh et al.,
2017 ECA doble ciego
Pacientes con
esquizofrenia
con síntomas
negativos
N: 227 Cari-
prazina
N: 229 Rispe-
ridona
26 semanas
Cariprazina
(dosis exible
3-4-5 mg/día)
Risperidona
(dosis exible
3-4-6 mg/día)
PANSS-FS-
NS
PSP
CGI-S
El grupo con cariprazi-
na presentó una mayor
reducción de síntomas
negativos que el grupo con
risperidona a la semana
26 logrando signicancia
estadística en la semana
14 (diferencia de medias
entre ambos tratamien-
tos fue de -1.46 puntos
(p=0.0022).
(continuación de la página 60)
62
Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
faxina XR demostró una ecacia superior la cual fue
estadísticamente signicativa a partir de la segunda
semana. (McIntyre et al., 2024).
El bupropión es un antidepresivo cuyo mecanismo
de acción le conere características únicas para el tra-
tamiento del TDM. Inhibe la recaptación de dopami-
na y noradrenalina sin poseer un efecto directo sobre
la neurotransmisión serotoninérgica. En un ECA se
evaluó la ecacia del bupropión de liberación sosteni-
da (SR) en una dosis de 300 mg/día sobre la ansiedad y
la anhedonia en pacientes con TDM. El grupo expues-
to a bupropión presentó una disminución signicativa
de la anhedonia en comparación con el placebo, mien-
tras que los efectos sobre los síntomas de ansiedad
fueron similares en ambos grupos. Estos hallazgos
sugieren que este fármaco podría ser particularmente
útil en pacientes con TDM que presentan anhedonia
como síntoma prominente (Tomarken et al., 2004).
Otro antidepresivo con un mecanismo de acción
distintivo postulado para el tratamiento de la anhedo-
nia es la agomelatina. Esta molécula además de activar
los receptores de melatonina M1 y M2, antagoniza al
receptor 5-HT2c lo que produce la liberación de nora-
drenalina y dopamina en regiones límbicas sin modi-
car el nivel de serotonina extracelular (Millan et al.,
2003). Se ha postulado que este fármaco no solo redu-
ce el afecto negativo como el ánimo depresivo y la an-
siedad, sino que también mejora el afecto positivo, la
anhedonia, el embotamiento emocional y la somno-
lencia diurna, entre otros (Plesnicar et al., 2014). A su
vez, su administración crónica estimula la neuroplas-
ticidad y neurogenésis al aumentar el factor neurotró-
co derivado del cerebro (BDNF) en la región hipo-
campal y de este modo disminuye el estrés oxidativo
(Rebai et al, 2021). En un estudio abierto en el cual se
ensayó la agomelatina en dosis exibles (25 a 50 mg/
día) en pacientes con TDM, se reportó una mejoría
estadísticamente signicativa tanto en los puntajes de
las escalas para depresión, ansiedad, anhedonia y cali-
dad del sueño (Di Giannantonio et al., 2011). En otro
ensayo abierto de 9 semanas, que evaluó la ecacia de
la agomelatina en dosis exibles sobre la anhedonia,
los síntomas de ansiedad/somáticos y la función se-
xual en pacientes con TDM, observaron que las tres
dimensiones evaluadas mejoraron signicativamente
al nalizar el estudio (Huang et al., 2023). Por otro
lado, en un ensayo clínico se comparó la ecacia de
la agomelatina con otros ISRS sobre la anhedonia,
la motivación y el ritmo circadiano en pacientes con
TDM. El grupo expuesto a agomelatina evidenció una
mejoría más rápida, a partir de la segunda semana de
las dimensiones evaluadas. Sin embargo, la tasa de re-
misión de la sintomatología depresiva al nalizar el
estudio fue menor que en el grupo con ISRS (63,3 % y
72,2 %) a pesar de que la diferencia no fue estadística-
mente signicativa (Guo et al., 2023). En otro ensayo
abierto en el cual se reclutaron pacientes con episodio
depresivo mayor (primer episodio o recurrente) con
falta de respuesta al tratamiento, se evaluó la ecacia
del agregado de agomelatina sobre la anhedonia. El
37,5 % de los pacientes se encontraban en tratamiento
con un antidepresivo (mayoritariamente con un ISRS)
y el 74,8 % recibía otro psicofármaco (en su mayoría
benzodiacepinas e hipnóticos). Desde la primera se-
mana de tratamiento se evidenció una mejoría esta-
dísticamente signicativa en la anhedonia en el grupo
en monoterapia con agomelatina la cual fue previa a
la mejoría sobre la depresión global. Por el contrario,
en el grupo que recibió tratamiento combinado (ISRS
y agomelatina) la mejoría de la anhedonia se registró
más tardíamente alcanzando la signicancia estadís-
tica recién a partir de la cuarta semana. Los autores
postulan que el efecto de la agomelatina sobre la an-
hedonia es debido a su capacidad de aumentar la do-
pamina y la noradrenalina sin modicar la serotonina.
Esto último efecto se anularía en presencia de ISRS
debido al aumento de serotonina que generan estas
moléculas desde la primera semana de tratamien-
to (Gargolo et al., 2017). En un estudio abierto que
comparó la ecacia de la agomelatina con la venlafa-
xina XR sobre la anhedonia en pacientes con TDM, la
agomelatina mostró una ecacia superior en la reduc-
ción de la anhedonia con una mejoría más temprana
de esta dimensión, observada a partir de la primera
semana (Martinotti et al., 2012).
La vortioxetina es un antidepresivo con un meca-
nismo de acción multimodal que inhibe la recaptación
de serotonina y antagoniza el receptor 5HT3. Esto úl-
timo le otorga un efecto procognitivo al favorecer la
neurotransmisión noradrenérgica, acetilcolinérgica y
glutamatérgica (Sanchez et al., 2015). En un metaná-
lisis que incluyó 11 ECA, se comparó la vortioxetina
en dosis jas (5-20 mg/día) con placebo. Además, se
incorporó un ensayo clínico adicional de dos ramas en
donde se comparó la ecacia de la vortioxetina en do-
sis exibles (10-20 mg/día) con la agomelatina (25-50
mg/día) en pacientes que no habían respondido previa-
mente a tratamientos con ISRS o IRSN. La vortioxetina
demostró una ecacia superior tanto al placebo como
a la agomelatina con una relación dependiente de la
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
dosis. Los autores consideraron que el efecto terapéu-
tico sobre la anhedonia fue determinante en la mejoría
del funcionamiento global. Asimismo, se reportó que
el grupo expuesto a vortioxetina, no tuvo un empeora-
miento de la anhedonia ni se registraron efectos adver-
sos de embotamiento afectivo (McIntyre et al., 2021).
El efecto terapéutico de la vortioxetina sobre la dimen-
sión de la anhedonia fue evidenciado en un análisis post
hoc de un ECA, doble ciego, que comparó la ecacia de
vortioxetina con placebo durante 8 semanas en 489 pa-
cientes japoneses con TDM recurrente, se observó una
reducción en los puntajes de anhedonia tomados por
medio de la escala MADRS de −1,34 (p=0,03) y −1,77
(p= 0,004) para las dosis de 10 y 20 mg, respectivamen-
te (Watanabe et al., 2022).
Asimismo, evidenciando un benecio sostenido a
lo largo del tiempo, un análisis post hoc de dos estu-
dios abiertos con seguimiento de 52 semanas, en los
que se ensayaron distintas dosis de vortioxetina (5 a
10 mg/día, n: 74 pacientes; 15 a 20 mg/día, n: 71), por
medio de la utilización de un modelo mixto de me-
didas repetidas (MMRM) se analizó la ecacia y se-
guridad de la vortioxetina en personas con TDM. En
ambos, se observó una reducción en los puntajes de
anhedonia de la escala MADRS, junto con una mejo-
ría continua durante el tratamiento de mantenimiento
con una reducción media en el puntaje desde la línea
de base hasta la semana 52 de 3,10 ± 0,57 (5–10 mg)
y de 5,62 ± 0,60 (15–20 mg) (Mattingly et al., 2023).
En cuanto a la diferencia de la vortioxetina con los
antidepresivos ISRS/IRSN, un ensayo abierto evaluó
la ecacia de vortioxetina (10–20 mg/día) en pacien-
tes con TDM que habían presentado embotamiento
emocional y una respuesta inadecuada al tratamien-
to con ISRS o IRSN. El estudio mostró una reducción
signicativa de la anhedonia, con una disminución
media de 9,4 puntos en la subescala correspondien-
te del MADRS. Asimismo, se observaron tasas de
respuesta y remisión del 66,7 % y 53,7 %, respectiva-
mente. Al nalizar el estudio, el 70,4 % no presentaba
embotamiento emocional. La vortioxetina demost
ser ecaz en la reducción de los síntomas depresivos,
la anhedonia, en el aumento de la energía, la función
cognitiva y el funcionamiento general, con un perl
de seguridad favorable (Christensen et al., 2024).
Por otro lado, la ecacia de la vortioxetina sobre la
anhedonia fue evaluada en pacientes con esquizofrenia
en remisión observándose una reducción estadística-
mente signicativa en los niveles de anhedonia física y
social en comparación con el placebo (Greš et al., 2024).
La ketamina y la esketamina (enantiomero S del
enantiomero R de la ketamina) representan un tra-
tamiento psicofarmacológico nuevo para adultos con
trastorno depresivo resistente (McIntyre et al., 2021;
Food U.S., 2019). Estudios recientes han destacado
el rápido efecto en la mejoría de síntomas depresivos
dentro de los que se incluye la anhedonia (Bahji et al.,
2021; Delno et al., 2021; Lally et al., 2014; Pulcu et
al., 2022). Son potentes antagonistas no competitivos
del receptor NMDA, mecanismo que genera una libe-
ración del glutamato y la activación del receptor io-
notrópico AMPA, con un consiguiente aumento de la
plasticidad neuronal que promueve un aumento del
tono dopaminérgico en la vía meso-cortico-límbica
(McIntyre et al., 2021). Se sugiere que la acción tera-
péutica sobre la anhedonia estaría mediada por dicho
mecanismo de acción sobre los circuitos fronto-meso-
límbicos y frontoestriatales (Pulcu et al., 2022).
En un ECA comparado con placebo se estudió la
ecacia de la ketamina sobre la anhedonia en pacien-
tes con diagnóstico de depresión bipolar resistentes a
los tratamientos convencionales. La reducción en la
magnitud de la anhedonia se observó rápidamente a
partir de los 40 minutos de la primera infusión y su
efecto se mantuvo hasta 14 días después (momento
pautado de la segunda infusión). El efecto antianhe-
dónico de la ketamina se observó más allá del control
de los síntomas depresivos. Los autores postularon
que la ketamina podría tener un rol único en la mejo-
ría de la anhedonia el cual sería independiente de los
otros síntomas depresivos (Lally et al., 2014). Por otro
lado, en un ensayo abierto en el que se reclutaron pa-
cientes con TDM resistente al tratamiento se reportó
una reducción de la escala de SHAPS a los 28 días post
infusión de ketamina (Lally et al., 2015). En un ensayo
abierto se evaluó la terapia coadyuvante con esketa-
mina subcutánea en pacientes en tratamiento psico-
farmacológico con diagnóstico de TDM y depresión
bipolar. En ambos grupos, se reportó una reducción
similar de la anhedonia la cual fue estadísticamente
signicativa a partir de las 24 horas luego de la pri-
mera aplicación y que fue aún mayor tras las infusio-
nes subsiguientes (Delno et al., 2021). En un análisis
post-hoc de tres ensayos clínicos en los que se evaluó la
ecacia de la ketamina en el TDM y trastorno bipolar
resistente al tratamiento, se reportó una correlación
en la reducción en los pensamientos suicidas y la dis-
minución en el puntaje de la anhedonia en la escala
SHAPS los cuales fueron independientes a la disminu-
ción de los síntomas depresivos (Ballard et al., 2017).
Asimismo, en una revisión sistemática que incluyó
ensayos en animales y en humanos, se evaluó la e-
cacia de la ketamina sobre la anhedonia. Se reportó
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
una mejoría en las diferentes valencias del circuito
de recompensa como la consumación, anticipación y
motivación (Nogo et al., 2021).
El metilfenidato es un psicoestimulante que actúa
principalmente inhibiendo el transportador de la re-
captación de dopamina y noradrenalina, con mayor
anidad in vitro sobre el primero (Jaeschke et al.,
2021). Esto aumenta el tono de la transmisión dopami-
nérgica en diferentes regiones cerebrales, entre ellos en
el núcleo accumbens, la corteza prefrontal (dorsolate-
ral y medial) y los ganglios basales (Stahl et al., 2021).
Este efecto es especialmente signicativo en el núcleo
accumbens, zona con alta densidad de receptores do-
paminérgicos y en dónde se regula el comportamiento
orientado hacia objetivos y las respuestas de recompen-
sa (Stoy et al., 2011). En un ECA con un número redu-
cido de pacientes TDAH en donde se ensayó el metil-
fenidato, se reportó un aumento de la actividad neural
espontánea en el núcleo accumbens y en las redes de
saliencia, lo que sugiere un aumento de la actividad
basal del circuito de recompensa con una consiguiente
regulación de la motivación (Mizuno et al., 2023).
En un ECA doble ciego controlado con placebo, se
evalúo la ecacia del metilfenidato de liberación os-
mótica (OROS) como tratamiento adjunto a la terapia
con ISRS en pacientes con TDM con falta de respuesta
a 1 a 3 tratamientos previos. Si bien no se observaron
diferencias en la mejoría general de la depresión entre
ambos grupos, se evidenció una reducción en la apatía
y en la fatiga en el grupo que recibió metilfenidato.
Según los autores este resultado resalta la importancia
de la evaluación de la ecacia sobre los síntomas espe-
cícos de la depresión (Ravindran et al., 2008).
En un ensayo clínico en donde se reclutaron adul-
tos con y sin TDAH se evaluó el efecto del metilfeni-
dato sobre su disposición al esfuerzo físico motivado
por recompensas. Se concluyó que el metilfenidato
incrementa la disposición a realizar tareas de mayor
esfuerzo en adultos con TDAH. Este efecto se obser
mediante el incremento en la elección de opciones de
alto esfuerzo durante en comparación con el placebo.
Estos hallazgos sugieren que el metilfenidato no solo
mejora el rendimiento cognitivo en TDAH, sino que
también potencia la motivación para realizar activida-
des que requieren esfuerzo, lo que puede tener efec-
tos positivos en áreas como el desempeño académico
y laboral (Addicott et al., 2019). Otros fármacos, no
estimulantes, utilizados para el tratamiento del TDAH
como la atomoxetina y la reboxetina así como el mo-
danilo y armodanilo (estimulantes) indicados en la
narcolepsia, por medio de distintos mecanismos de
acción, poseen la capacidad de aumentar la dopami-
na en la corteza prefrontal y circuito de recompensa.
Esto, nos permitió hipotetizar que podrían tener eca-
cia antianhedónica. Sin embargo, en la actualidad no
se han registrado estudios que exploren dicho efecto.
Algunos autores han postulado que la cariprazina,
antipsicótico que actúa como agonista parcial sobre los
receptores D2 podría tener un efecto benecioso so-
bre los síntomas negativos debido a que su mecanismo
de acción le conere la posibilidad de funcionar como
agonista en estados de hipodopaminergia y de anta-
gonista en estados de hiperdopaminergia. A su vez,
posee un efecto de agonismo parcial con una anidad
diez veces mayor sobre el receptor D3 y antagoniza los
receptores 5Ht2A estimulando la neurotransmisión
dopaminérgica y la colinérgica en la corteza prefron-
tal. Por medio de estos mecanismos se podría revertir
la hipofunción dopaminérgica en el circuito mesolím-
bico mejorando los síntomas negativos, cognitivos y
emocionales de la esquizofrenia, entre ellos la anhe-
donia (Lacroix et al., 2003). En modelos desarrollados
en animales, el agonismo parcial sobre el receptor D3
ha demostrado una mejoría de las funciones cogniti-
vas y la anhedonia (Duric et al., 2017; Zimnisky et al.,
2013). Sin embargo, hasta la actualidad, no hay estu-
dios que hayan investigado de manera independiente
el efecto de los antipsicóticos sobre la anhedonia, sino
que analizan los síntomas negativos en su conjunto.
A su vez, en la mayoría de los estudios no es posible
establecer si la mejoría de los síntomas negativos, ob-
servados luego del tratamiento con antipsicóticos, se
debe a un efecto directo sobre los síntomas negativos
primarios del trastorno o son consecuencia de una
mejoría de los síntomas negativos secundarios a los
síntomas positivos y afectivos (Buchanan et al., 2003).
En un ECA doble ciego se comparó la ecacia de la
cariprazina y la risperidona sobre los síntomas negati-
vos en pacientes con esquizofrenia. La cariprazina de-
mostró ser superior al reducir los síntomas negativos
a pesar de no haber diferencias en la reducción de los
síntomas positivos y de la psicopatología general entre
ambos grupos (Németh et al., 2017). En un metaná-
lisis en el cual se incluyeron tres ECA doble ciego en
los que se evaluó la ecacia de la cariprazina (1,5 y 3
mg/día) en pacientes con trastorno bipolar tipo I con
episodio depresivo, se informó una reducción esta-
dísticamente signicativa de la anhedonia a partir de
la segunda semana de tratamiento (medida por MA-
DRS) en ambas dosis en comparación con el placebo
(McIntyre et al., 2024).
En un metanálisis en donde se analizó la ecacia
sobre los síntomas negativos primarios de distintos
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
antipsicóticos se concluyó que la risperidona, amisul-
pirida, clozapina y olanzapina eran los fármacos más
efectivos. Sin embargo, ninguno de los estudios eva-
luó a la anhedonia como entidad independiente (Leu-
cht et al., 2009).
En la actualidad, se encuentran en investigación
moléculas con nuevos mecanismos de acción como,
por ejemplo, los antagonistas del receptor opioide ka-
ppa y moduladores de los canales de potasio las cuales
resultan prometedoras para un abordaje terapéutico
eciente de la anhedonia.
Tratamiento psicoterapéutico
En esta sección se revisan las intervenciones psicote-
rapéuticas basadas en la evidencia desarrollada para
el abordaje de la anhedonia en diferentes condiciones
clínicas. Es de destacar que los estudios que evalúan
el impacto de los tratamientos psicológicos sobre la
anhedonia son bastante recientes, así como el desarro-
llo de intervenciones especícas para esta dimensión
psicopatológica.
Para comenzar esta revisión, y como antecedente
de un tratamiento psicoterapéutico con potencial para
mejorar los síntomas de anhedonia debemos mencio-
nar el tratamiento de activación conductual para la
depresión, y por extensión, la terapia cognitivo-con-
ductual de la depresión, que incluye en sus protocolos
más conocidos la activación conductual como uno de
sus componentes.
La activación conductual es un enfoque psicotera-
péutico breve y estructurado que busca aumentar la
participación en actividades adaptativas (que a menu-
do se asocian con la experiencia de placer o dominio),
disminuir la participación en actividades que mantie-
nen la depresión o aumentan el riesgo de padecerla, y
resolver problemas que limitan el acceso a la recom-
pensa o que mantienen o aumentan el control aversi-
vo (Dimidjian et al., 2011). De acuerdo con el marco
teórico de la activación conductual, la depresión se
desarrolla a partir de una reducción en las experien-
cias graticantes gatillada por estresores ambientales
(como, por ejemplo, la pérdida de un empleo o una
ruptura amorosa) y potenciada por barreras persona-
les que dicultan la obtención de placer a partir del
reforzamiento positivo (por ejemplo, la autocrítica
severa, la evitación, o las expectativas negativas sobre
los eventos potencialmente graticantes). Esto genera
un ciclo autoperpetuante, donde la disminución de la
motivación y de la actividad en los diferentes domi-
nios de la vida cotidiana exacerba la falta de experien-
cias reforzantes, con la consiguiente reducción en el
afecto positivo y el aumento del afecto negativo que
caracterizan a la depresión (Lewinsohn, 1974). Para
corregir este desbalance, la activación conductual, en-
tre otras intervenciones, se enfoca en la programación
de actividades placenteras y el monitoreo de cambios
en el estado de ánimo con el objetivo de fomentar el
reforzamiento positivo contingente. De este modo,
se alienta a los pacientes a reconocer mejoras en su
estado de ánimo tras participar en actividades grati-
cantes, al tiempo que se intenta remover o mitigar
las conductas que dicultan el acceso o el aprovecha-
miento de dichas experiencias positivas.
Aunque la activación conductual y la TCC han
demostrado ser tratamientos ecaces para tratar la
depresión, su impacto en la anhedonia y el bienestar
general parece ser más limitado. Diferentes estudios
han mostrado que las mejoras en los síntomas depre-
sivos y el afecto negativo son mayores que el aumento
del afecto positivo y una proporción importante de los
participantes aún presentaba niveles elevados de anhe-
donia al nalizar estos tratamientos (Alsayednasser et
al., 2022; Dunn et al., 2020). Una posible explicación de
esta limitación es que ambas terapias tienden a dirigir la
atención hacia experiencias emocionales y comporta-
mientos negativos, como la tristeza, la ansiedad y la evi-
tación, como los principales objetivos del tratamiento.
Teniendo en cuenta estas limitaciones, se desarro-
lló una versión más especíca de la activación con-
ductual adaptada para la anhedonia (Cernasov et al.,
2024). Esta adaptación busca aumentar la sensibili-
dad a la recompensa mediante actividades reforzan-
tes alineadas con los valores personales del paciente
y potenciada con ejercicios de saboreo (savouring, en
inglés). El saboreo es un tipo de intervención deriva-
da del marco conceptual de la psicología positiva que
busca maximizar la experiencia positiva derivada de
eventos placenteros (Bryant, 2021). Para esto utiliza
diferentes técnicas como generar expectativas positi-
vas sobre experiencias futuras mediante la visualiza-
ción detallada de eventos placenteros, enfocar activa-
mente la atención en los aspectos agradables de una
experiencia en curso, o revivir y recordar momentos
positivos pasados, utilizando la evocación imaginativa
y la narración personal para intensicar su impacto
emocional. Un ECA que incluyó 73 adultos jóvenes
y de mediana edad con anhedonia clínicamente sig-
nicativa evaluó los efectos de esta intervención en
comparación con la terapia cognitiva basada en min-
dfulness (Cernasov et al., 2024). En ambos grupos se
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
observó una reducción en la anhedonia, aunque sin
diferencias signicativas entre los grupos.
Otro enfoque derivado de la TCC es la terapia de
depresión aumentada (Dunn et al., 2019), diseñada
para abordar simultáneamente las disfunciones en
los sistemas de valencia negativa y positiva en la de-
presión mayor (Insel et al., 2010). Esta intervención,
basada en un enfoque de activación conductual con
un componente cognitivo y centrado en la solución de
problemas, tiene como foco principal del tratamiento
el fortalecimiento del bienestar –incluyendo el placer,
el sentido de vida y la conexión social– y la optimi-
zación del funcionamiento diario. Para lograrlo, se
identican los valores personales del paciente en dis-
tintas áreas de la vida (laboral, relacional, ocio y auto-
cuidado), y se emplea la activación conductual como
estrategia para alcanzar metas congruentes con esos
valores. La depresión se conceptualiza en este abor-
daje como un conjunto de patrones de pensamiento
y conducta que dicultan la resiliencia (capacidad de
afrontar desafíos) y el orecimiento personal (apro-
vechar oportunidades). Mediante una aproximación
centrada en soluciones, esta terapia ayuda a los pa-
cientes a implementar estrategias de acción opuesta,
promoviendo la resiliencia y el desarrollo personal.
Un ECA con 82 adultos con depresión y anhedonia
comparó los efectos de 20 sesiones de terapia de de-
presión aumentada con los de la TCC convencional.
Ambas intervenciones lograron mejoras signicativas
en anhedonia, afecto positivo, síntomas depresivos y
bienestar, aunque la terapia de depresión aumenta-
da presentó tasas de remisión y respuesta superiores
(Dunn et al., 2023).
Otro enfoque terapéutico es el tratamiento del afec-
to positivo, que busca estimular y fortalecer la antici-
pación y motivación hacia la recompensa, su disfrute
y el aprendizaje asociado (Craske et al., 2019). La an-
ticipación y motivación se trabajan mediante la plani-
cación de actividades graticantes y la visualización
de resultados positivos. La experiencia consumatoria
de la recompensa se potencia a través de la participa-
ción activa en experiencias placenteras y su disfrute
consciente, utilizando técnicas como la evocación
imaginativa en primera persona, la atención focaliza-
da en los aspectos positivos de la experiencia y prácti-
cas diseñadas para cultivar el bienestar emocional (in-
cluyendo la bondad amorosa, la alegría apreciativa, la
generosidad y la gratitud). Finalmente, el aprendizaje
de la recompensa se refuerza promoviendo la autoa-
tribución de logros y fortaleciendo la relación entre
las actividades placenteras y los estados emocionales
positivos. Dos ECA (n = 96 y n = 85) compararon el
tratamiento del afecto positivo con el tratamiento del
afecto negativo, una versión de la TCC centrada en
reducir la amenaza percibida y el afecto negativo (evi-
tación, interpretaciones catastrostas, atención selec-
tiva a estímulos amenazantes y activación siológica)
en pacientes con sintomatología ansiosa y depresiva.
En el primer ensayo, el tratamiento del afecto positivo
mostró una mayor ecacia en la mejora del afecto po-
sitivo y negativo, así como en la reducción de síntomas
depresivos, síntomas de ansiedad y la ideación suicida
(Craske et al., 2019). Estos resultados se replicaron en
el segundo ensayo, donde los participantes fueron se-
leccionados por su bajo afecto positivo y también se
observaron mejoras signicativas (Craske et al., 2023).
En el tratamiento de la esquizofrenia se ha estudia-
do el impacto sobre la anhedonia de un tratamiento
denominado Programa de Emociones Positivas para
la Esquizofrenia (PEPS). El PEPS es un programa de
entrenamiento en estrategias de regulación emocional
que busca aumentar la frecuencia, intensidad y dura-
ción de las experiencias emocionales positivas y desa-
rrollar creencias positivas sobre el rendimiento. Estas
estrategias de regulación emocional incluyen anticipar
o recordar el disfrute, expresar emociones mediante
conductas no verbales, dirigir la atención controla-
da hacia las experiencias positivas cuando ocurren y
compartir experiencias positivas con los demás. En un
estudio controlado (n = 80), el PEPS mostró mejorías
signicativas en los niveles de anhedonia en compa-
ración con el tratamiento usual (Favrod et al., 2019).
Para nalizar, podemos concluir que los diferentes
tratamientos psicológicos para la anhedonia compar-
ten una serie de elementos en común. En primer lugar,
promueven la activación conductual, incentivando la
participación en actividades graticantes para aumen-
tar el contacto con experiencias reforzantes. Además,
incluyen estrategias de regulación emocional positiva,
como el saboreo o el mindfulness, que buscan intensi-
car el afecto positivo. También fomentan la sensibi-
lidad a la recompensa, fortaleciendo la capacidad del
paciente para experimentar placer y motivación ante
estímulos positivos. Otro aspecto fundamental es el
enfoque en valores personales, que favorece la realiza-
ción de actividades alineadas con las metas y aspira-
ciones individuales.
Entre las limitaciones más importantes de estas in-
novaciones debemos mencionar el tamaño reducido de
las muestras de pacientes estudiadas y la falta de repli-
caciones sucientes de la mayoría de los estudios. Sin
embargo, aunque preliminares, estos hallazgos alenta-
dores subrayan la importancia de adaptar las interven-
ciones psicoterapéuticas no sólo para reducir el afecto
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Anhedonia como fenómeno transdiagnóstico: aproximaciones neurobiológicas, clínicas y terapéuticas
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 49-71.
negativo, sino también para fortalecer el afecto positivo
y la sensibilidad a la recompensa en el tratamiento de la
anhedonia en las diferentes condiciones clínicas.
Conclusión
La anhedonia es un constructo multidimensional el
cual puede presentarse tanto en la infancia, la adoles-
cencia o en la vida adulta. Existen diversos factores ge-
néticos y epigenéticos determinantes. Por ejemplo, se
ha reportado que los individuos con riesgo familiar de
desarrollar patología psiquiátrica grave suelen expe-
rimentar distintos niveles de anhedonia (Gupta et al.,
2024). A su vez, la presencia de un tono hedónico bajo
es un factor de riesgo para el desarrollo de anhedonia,
y esta última, para presentar un trastorno psicopatoló-
gico (Sternat et al., 2014; Pizzagalli et al., 2005).
Los casos clínicos desarrollados nos permiten si-
tuar que existen diversos fenotipos de anhedonia. En
el caso de Daniel, paciente con un TDM, la anhedonia
se instala de manera progresiva observándose inicial-
mente una alteración de los atributos anticipatorios
los cuales constituyen el “desear” para luego agregarse
los relacionados con el placer consumado. A su vez, la
primera intervención farmacológica con escitalopram
no solo careció de ecacia para la dimensión hedó-
nica, sino que agravó el cuadro debido al desarrollo
de embotamiento afectivo y menor reactividad emo-
cional, ambos constitutivos de la apatía. Esta última,
si bien puede ser un efecto adverso de varios antide-
presivos, también puede ser un síntoma de múltiples
trastornos neuropsiquiátricos (Philippe et al., 2021).
Por otro lado, si bien algunos autores incluyen a la
apatía en la esquizofrenia como parte de los síntomas
negativos junto con la abulia, anhedonia y aislamiento
social, otros la consideran como un síndrome inde-
pendiente que se superpone (o constituye una de sus
valencias) con la anhedonia.
Se ha reportado que la anhedonia suele presentarse
es estadios prodrómicos al primer episodio psicótico y
perdura como un rasgo estable, asociado al décit en
la capacidad hedónica (Saleh et al., 2021). En el caso
de Jorge, podemos observar el inicio de la anhedonia
junto con otros síntomas negativos en la adolescen-
cia con una persistencia a lo largo del tratamiento que
obstaculizó su funcionamiento social y académico.
La alteración en la capacidad hedónica puede aso-
ciarse a un objeto o acción determinada, así como
abarcar el espectro de las relaciones sociales como
puede identicarse, en Jorge, la anhedonia social. Si
bien esta diferenciación determina, junto con los otros
componentes de la anhedonia, un fenotipo compor-
tamental individual para cada paciente es de destacar
que, más allá del tipo de anhedonia, todas poseen un
pronóstico y severidad similar (Gupta, 2024).
Por último, en el caso de Juan, niño con TDAH,
la alteración se evidenció mayoritariamente en la
motivación (componente de la anhedonia anticipa-
toria) y en el análisis costo-benecio el cual se apoya
en el aprendizaje de experiencias previas y determi-
na la predicción de la recompensa. Por el contrario,
la fase consumatoria de experimentación del placer
se encontraba indemne. El diagnóstico de TDAH y
la posterior incorporación del metilfenidato permitió
una mejoría de las funciones ejecutivas que son deter-
minantes en el proceso del análisis costo-benecio de
la recompensa, y de la motivación, restituyéndose el
circuito hedónico.
Como hemos revisado, los tratamientos psicotera-
péuticos tienen como objetivo intervenir sobre los di-
versos obstáculos que limitan las experiencias de gra-
ticación frente a la recompensa, siendo su evidencia
escasa. Por su lado, la farmacoterapia no ha quedado
exenta de esta limitación. Sin embargo, dentro de los
antidepresivos considerados con mayor ecacia para
esta dimensión se encuentran la agomelatina, el bu-
propión y la vortioxetina. Por otro lado, la ketamina,
en pacientes con TDM y depresión bipolar, demostró
poseer ecacia sobre la anhedonia y la reducción de la
ideación suicida.
Si bien son pocos los ensayos clínicos que inves-
tigan al metilfenidato, la ecacia demostrada de este
fármaco sobre la motivación resalta su impacto sobre
el circuito hedónico y por lo tanto sobre una de las
valencias de la anhedonia.
El tratamiento de la anhedonia en la esquizofrenia
reviste particular interés debido a su alta frecuencia y
a su efecto deletéreo en dicho trastorno. La caripra-
zina, al ser comparada con otros antipsicóticos, de-
mostró una ecacia superior para el tratamiento de la
anhedonia. Sin embargo, consideramos que un gran
obstáculo en la interpretación de los resultados se aso-
cia a que, en la mayoría de los estudios, se informa el
análisis de los síntomas negativos en su conjunto sin
distinguir a la anhedonia.
Por último, es de destacar que la anhedonia es un
síntoma transdiagnóstico, que cuando se encuentra
presente agrava el pronóstico e interere con la recu-
peración del paciente empeorando la calidad de vida.
Por lo tanto, consideramos imperioso mejorar los mé-
todos de identicación de la anhedonia que permitan
una intervención temprana, así como el desarrollo de
ensayos clínicos que evalúen la ecacia de los trata-
mientos psicoterapéuticos y farmacológicos.
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Artículo de revisión
72
Experiencias anómalas (alteraciones) del self en trastornos del
espectro de la esquizofrenia: el aspecto cualitativo
Abnormal (disturbed) self-experiences in schizophrenia spectrum disorders: the qualitative
aspect
Marco Fierro1, Abel Guerrero2, Juan Toro3
RECIBIDO 5/6/2025 - ACEPTADO 1/8/2025
1.MD. Mg. Filosofía. Departamento de psiquiatría, Facultad de Medicina, Universidad Unisanitas. Bogotá, Colombia.
https://orcid.org/0000-0002-0267-3212
2.MD. Mg. Antropología. Departamento de psiquiatría, Facultad de Medicina, Universidad del Rosario. Bogotá, Colombia.
https://orcid.org/0000-0002-9057-3894
3.Lic. PhD Filosofía. Instituto de Filosofía, Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia. https://orcid.org/0000-0003-2549-6260
Autor correspondiente:
Abel Guerrero
abel.guerrero@urosario.edu.co
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 72-81. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1018
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1018
Resumen
En los últimos 30 años ha crecido el interés de la psicopatología en el estudio del self y sus alteraciones desde
le perspectiva fenomenológica y ha aparecido un buen número de estudios acerca de la experiencia anómala
en esquizofrenia. Las publicaciones sobre estos temas son escasas en la psiquiatría en español. Por tal motivo,
en este artículo se realiza, en primer lugar, una revisión narrativa del concepto de self básico o mínimo y, en se-
gundo lugar, de los aspectos cualitativos de las alteraciones del self básico en los trastornos del espectro de la
esquizofrenia y en el pródromo de esquizofrenia. El self básico o mínimo tiene una estructura similar en todos
los seres humanos. Corresponde a un sentido implícito de autopresencia previo a cualquier reexión o pro-
ceso cognitivo elaborado, a estar inmerso en el mundo desde una perspectiva de primera persona, al punto
de referencia y pertenencia de todo fenómeno mental. Es prerreexivo, no verbal, dado de manera inmediata
y automática en todas y cada una de las experiencias. Las experiencias anómalas del self o alteraciones del
self se consideran características fenotípicas centrales en los trastornos del espectro de la esquizofrenia. Son
experiencias en las cuales la perspectiva de primera persona o el estatus de uno como sujeto de experiencia
o acción están de algún modo distorsionados.
Palabras clave: esquizofrenia, self, alteraciones del self, experiencia anómala del self, pródromo de esquizo-
frenia, fenomenología
Abstract
Over the past 30 years, psychopathology has shown a growing interest in the study of the self and its alterations from a
phenomenological perspective, and a number of studies have appeared on the anomalous experience in schizophrenia.
Publications on these topics are scarce in Spanish-language psychiatry. For this reason, this article presents a narrative
review, rst, of the concept of the basic or minimal self and, second, of the qualitative aspects of alterations in the basic
self in schizophrenia spectrum disorders and the prodrome of schizophrenia. The basic or minimal self has a similar
structure in all human beings. It corresponds to an implicit sense of self-presence previous to any reection or elaborate
cognitive process, to being immersed in the world from a rst-person perspective, to the point of reference and belon-
ging of all mental phenomena. It is pre-reective, non-verbal, and immediately present in each and every experience.
Anomalous self-experiences, or self-disturbances, are considered core phenotypic features of schizophrenia spectrum
disorders. They are experiences in which the rst-person perspective or one's status as the subject of experience or
action is somehow distorted.
Keywords: schizophrenia, self, self-disorders, anomalous self-experiences, schizophrenia prodrome, phenomenology
73
Experiencias anómalas (alteraciones) del self en trastornos del espectro de la esquizofrenia: el aspecto cualitativo
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 72-81.
La experiencia del self y sus alteracio-
nes
a. Caracterización del self
Cuando alguien habla de sí mismo, emite enunciados
como: “[...] yo nací en tal lugar, “[...] yo aún me siento
joven, “[...] yo estoy a gusto cuando trabajo en grupo,
“[...] yo siento que en algunos momentos no estoy del
todo presente en el aquí y el ahora, etc. El uso del pro-
nombre personal yo, en todos ellos, lleva a la pregunta
sobre qué tipo de cosa es ese yo.
Los términos yo, self, sí mismo y ego tienen un cier-
to aire de familia y se han usado en múltiples disci-
plinas académicas de formas diversas y con distintos
signicados, lo que obliga a claricar en cada ocasión
de qué manera se emplean y delimitar su extensión
(Kyrios et al., 2015). Al compararlo con los otros, el
vocablo self tiene una historia menos comprometida
conceptualmente y es más utilizado en la ciencia cog-
nitiva, la losofía de la mente y la psiquiatría de la ac-
tualidad, pero no está exento de problemas teóricos y
pragmáticos de importancia.
En el DSM 5, self gura en pocas páginas; de forma
explícita únicamente en la sección III, en el apartado
correspondiente al "Modelo alternativo para los tras-
tornos de la personalidad". Aunque no es claro ni pre-
ciso a qué se reere self en esta sección, se menciona
que identidad y autodirección (self-direction) forman
la dimensión de severidad del funcionamiento de la
personalidad (del self, en el original en inglés) pero sin
ninguna denición especíca de self (APA, 2013; Sch-
meck et al., 2013; Zandersen & Parnas, 2019).
En los últimos 30 años ha aparecido un buen nú-
mero de estudios acerca de la experiencia anómala del
self en la esquizofrenia (Feyaerts & Sass, 2024), se fun-
dó el Center for Subjectivity Research, una institución
dedicada a la investigación de la experiencia subjetiva
(Henriksen, 2020), y se diseñó una escala para eva-
luar la experiencia subjetiva anómala en los trastornos
psicóticos, conocida como Examination of Anomalous
Self-Experience-EASE (Parnas et al., 2005).
Las publicaciones sobre estos temas son escasas en
la psiquiatría en español. Por tal motivo, en este artí-
culo se realiza una revisión narrativa en primer lugar
del concepto de self básico o mínimo y, en segundo
lugar, de los aspectos cualitativos de las alteraciones
del self básico en los trastornos del espectro de la es-
quizofrenia y el pródromo de esquizofrenia.
La gran mayoa de las conceptualizaciones del self
están de acuerdo en que self no se reere a una catego-
ría biológica y por ende no es el organismo, así como
tampoco presupone una entidad pensante o cognos-
cente al estilo de la sustancia cartesiana (Gallagher,
2011). Aunque las clasicaciones del self son diversas,
varias convergen en dividirlo en dos: self básico, mí-
nimo, experiencial o core (en inglés) y self narrativo
o autobiográco (Cermolacce et al., 2007). Conviene
aclarar que esta división entre básico y narrativo no
remite a dos componentes de una misma unidad; más
bien, se puede entender como dos capas de descrip-
ción y compresión del self.
b. Self narrativo
El self narrativo o autobiográco corresponde al con-
junto de los relatos o historias de los diferentes epi-
sodios de la vida de un ser humano contados por él
mismo o por otros; verbigracia, relatos sobre el na-
cimiento, el día que emitió las primeras palabras, los
años vividos en la universidad; acerca de una enfer-
medad grave, de un viaje a otro país, de la reacción
ante la muerte de un ser querido, etc. En tal sentido,
este self es una construcción narrativa que surge a par-
tir de prácticas discursivas enmarcadas en un entorno
social. En su versión más radical, está constituido ex-
clusivamente por narrativas.
Los humanos organizan y dan un sentido elabora-
do a sus experiencias y acciones acudiendo a narrati-
vas. Allí se vuelven visibles, además de los episodios
de la vida, los rasgos de personalidad, los objetivos
vitales, los valores, las relaciones con los demás, etc.
A través de esos relatos es posible comprender quién
es ese self y cuál ha sido su devenir, sin pasar por alto
que, si bien el self juega el rol del personaje principal,
corresponde más a lo narrado que al narrador.
La unidad del self depende de una narrativa central
que vincula el nacimiento, el transcurso de la vida y la
muerte con un comienzo, un intermedio y un n; una
narrativa donde se unen e integran los diferentes epi-
sodios autobiográcos en una historia en desarrollo
y que le conere a ese self un carácter singular que lo
diferencia de los otros selfs (selves). Es decir, cada self
es distinto de los demás debido a que tiene su propia
y única historia.
Frente a la división del self en básico y narrativo,
Zahavi propone retener el nombre de self para el pri-
mero y referirse al segundo con el término de persona,
pues este último encaja más en el concepto de cons-
trucción narrativa que cambia a través del tiempo y es
moldeado por las decisiones, valores y acciones. Agre-
ga que el self básico es fundamento indispensable para
la existencia del self narrativo, ya que solo un ser con
una perspectiva de primera persona puede considerar
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Experiencias anómalas (alteraciones) del self en trastornos del espectro de la esquizofrenia: el aspecto cualitativo
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 72-81.
sus deseos, objetivos y aspiraciones como propios y
hablar de ellos en un formato de relato (Zahavi, 2007).
c. Self básico
Damasio plantea que cuando me involucro en cual-
quier tipo de actividad (i.e., camino por una calle,
pienso en la luna, leo un libro, escucho una melodía,
tomo un sorbo de café o veo las hojas de un árbol),
de manera automática e implícita siento que soy yo, y
no alguien más, quien hace todo eso. Siento, además,
que los objetos que veo son percibidos desde mi pers-
pectiva y que los pensamientos que trascurren en mi
mente son míos y de nadie más. Todo lo que ocurre
en mi vida es caracterizado por una constante, si bien
silenciosa y sutil, presencia de mí mismo; en otras pa-
labras, del self. (Damasio, 1999).
Desde la perspectiva del sentido común hay un yo
que conoce y un mundo objetivo susceptible de ser
conocido. En cambio, al examinar esta actitud desde
la fenomenología se encuentra que con el solo hecho
de estar vivo (en nivel de alerta), y sin necesidad de
hacer ningún esfuerzo perceptivo o intelectual, se dan
de manera inmediata e inseparable el sentido de un
self (o de un yo) y el de estar inmerso en el mundo. Ex-
periencio el mundo de una manera directa, sin ningu-
na mediación, desde mi punto de vista; es decir, desde
la perspectiva de primera persona. Soy yo (self) quien
percibe, piensa, siente, recuerda; en síntesis, experien-
cia (vivencia) el mundo.
El self básico o mínimo corresponde a un sentido
implícito de autopresencia previo a cualquier reexión
o proceso cognitivo (Nordgaard, 2021; Norgaard et
al., 2021), al punto de vista desde donde se experien-
cia el mundo, al centro de referencia y pertenencia
de todo fenómeno mental (Henriksen et al., 2019),
a la perspectiva de primera persona que hace que la
experiencia sea directa, sin ninguna mediación. Está
presente en cada pensamiento, percepción o emoción
infundiendo un sentido elemental de individuación. Y
aunque es el centro desde donde se realiza la descrip-
ción, no aparece en ningún lugar dentro de ella.
Es característico del self su presencia experiencial;
en otras palabras, es un componente de toda expe-
riencia, tan real como cualquier otro de los compo-
nentes. Sin embargo, hay que ser cuidadoso con este
concepto, pues no existe un objeto denominado self
además de todos los otros objetos de una determinada
experiencia. Más bien, todos los objetos, al ser expe-
rienciados, se dan exclusivamente en primera perso-
na. Así que, si se quiere localizar el self, no hay que
jarse en lo que se experiencia, sino en cómo se ex-
periencia (Zahavi, 2019), pues el self es la dimensión
invariante de lo dado en primera persona en medio de
la multitud de experiencias cambiantes, tanto que es
imposible imaginar una percepción, una emoción o
un recuerdo que no pertenezcan a alguien, que existan
independientemente de una subjetividad.
Yo no necesito preguntarme o deliberar acerca de
quién piensa mis pensamientos, recuerda mis recuer-
dos, siente mis emociones o mueve mi cuerpo. Nunca
me hago tales preguntas, la respuesta está dada tácita-
mente en el proceso mismo de experienciar, antes de
cualquier acto de pensamiento, y me revela la presen-
cia constante del self (Parnas & Henriksen, 2019).
El self básico o mínimo también denominado expe-
riencia del self, sentido del self, sentimiento de autocon-
ciencia o simplemente self (sin mayor especicación)
no es una metacognición a la que se llega a través de
un proceso de reexión; se da de manera inmediata y
automática, sin necesidad del lenguaje verbal (Kreuch,
2019), así como para sentir dolor no se requiere de las
palabras. En este orden de ideas, la experiencia del self
es implícita, prerreexiva y no lingüística.
El self no es un componente de la experiencia de
estar en el mundo que se pueda describir de forma
aislada, no es posible aprehenderlo por aparte de esta
experiencia como un todo, sino únicamente desde su
interior (Radovic & Radovic, 2002). Dicho de otro
modo, la experiencia básica de ser un self está intrínsi-
camente unida con la experiencia de sentirse inmerso
en el mundo. Como resultado, la experiencia es siem-
pre una experiencia unicada self-mundo.
Es esta relación entre el self y el mundo la que abor-
da la fenomenología para hacer explícita la estructura
de la conciencia (mente) subyacente a la experiencia
cotidiana. Así, la fenomenología apunta a describir
la experiencia, tal como es, del “espacio, el tiempo y
el mundo ‘vividos” (Merleau-Ponty, 1985), esto es,
como se experiencian antes de cualquier reexión o
tematización de ellos. En la investigación fenomeno-
lógica de la experiencia de estar inmerso en el mundo
se hace evidente la estructura self-mundo y las dimen-
siones implícitas en esta relación: la temporalidad de
la experiencia, la corporalidad del self y la espaciali-
dad, entre otras (Husserl, 2008; Taipale, 2014).
Aunque excluida en las conceptualizaciones más
restrictivas del self, la corporalidad es un tópico inelu-
dible, pues la experiencia del self se da siempre desde
un cuerpo situado en el mundo (Gallagher & Meltzo,
1996). El self se vivencia como la unidad de cuerpo y
mente, con la propiedad de ser agente del cuerpo y a
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través de éste actuar en el mundo. Además, en el cuerpo
se sustenta la experiencia primigenia de un límite, una
distinción entre el cuerpo y lo exterior que al mismo
tiempo constituye el sentido básico de la discrimina-
ción entre self y no-self (ompson & Henry, 2011).
La temporalidad, esto es, el tiempo vivido, es un
rasgo inherente de toda experiencia prerreexiva.
Para ejemplicarlo, se puede tomar el caso de la me-
lodía: escuchar una melodía no se resume en la suma
de notas musicales que se suceden unas a otras; es la
integración que la conciencia hace de ellas, de modo
que la nota que ha sonado se enlaza con la que está
sonando y, a su vez, esta última anuncia la que viene.
Este pasado (retención), presente inmediato y futuro
(protensión) integra las notas en el tiempo y permite
que la melodía sea escuchada como una unidad. Lo
mismo ocurre con la continuidad temporal del self
básico, caracterizada por la capacidad de anticipar lo
que vendrá inmediatamente (protensión) a partir del
presente y de lo que acaba de pasar (retención) (Ga-
llagher & Zahavi, 2023; Husserl, 2002; Mishara, 2007).
Hay una relación de co-dependencia entre la integra-
ción de la experiencia en el tiempo y la constitución
del self básico como una unidad dinámica y continua
en el tiempo. En consecuencia, toda disrupción de
esta integración temporal compromete simultánea-
mente la estabilidad del self básico.
Dado que la experiencia del self es implícita, pasa
desapercibida casi todo el tiempo; se aprecia con ma-
yor claridad cuando se altera y ocasiona manifestacio-
nes inusuales. Es similar a lo que ocurre con la res-
piración: se inhala y exhala aire minuto tras minuto,
incluso al dormir, pero su existencia se vuelve notoria
sobre todo cuando algo anda mal; por ejemplo, cuan-
do se siente dicultad o dolor al respirar. No obstante,
la experiencia del self puede ser explorada y estudiada
reexivamente (Metzinger, 2003).
En síntesis, la estructura del self básico es similar
en todos los seres humanos; es prerreexiva, no está
mediada por el lenguaje (es no verbal) y experiencial-
mente se maniesta en:
■ Un sentido implícito de estar inmerso en el mundo
desde una perspectiva de primera persona.
■ Percatarse (darse cuenta) de forma implícita de la
existencia/presencia de fenómenos mentales pro-
pios.
■ Percatarse de forma implícita de la existencia/pre-
sencia de un cuerpo propio
■ Un sentido implícito de agencia de los movimien-
tos y las acciones.
■ Autorreconocerse, esto es, percatarse de forma im-
plícita de la propia existencia.
El concepto de self de los estudios de psiquiatría de
los últimos 25 años no es enteramente consistente
con el concepto de self mínimo de la losofía; se ha
expandido con elementos como la corporización y la
demarcación self/no self (Henriksen, 2022). Es más, en
la Examination of Anomalous Self-Experience-EASE se
incluyen temas atinentes a la atención, la memoria a
corto plazo y la uidez del lenguaje que pueden ser
considerados elementos adicionales a la estructura del
self básico (Parnas et al., 2005). Desafortunadamente,
parece que la fusión de conceptos y métodos ha crea-
do confusión en la investigación de este tipo de self
(Henriksen, 2022).
Alteraciones del self básico en la esqui-
zofrenia
En ciertos pacientes con esquizofrenia se encuentran
narrativas breves acerca de sí mismos bastante difí-
ciles de comprender a primera vista por su temática
extraña o inusual. Aquí algunos ejemplos:
■ Al comer, mis manos levantan la cuchara y la lle-
van a mi boca, pero siento que no soy yo quien las
m u e v e ”.
■ “Mi cerebro va por un lado y yo por otro. Cuando
voy a hablar, él termina de hablar antes que yo. A
veces, se empeña en responder sin que yo le dé per-
m i s o”.
■ Me siento vacío, muchas cosas de mí han desapa-
recido, he quedado reducido a algo muy simple. Mi
personalidad, mi historia, mis sentimientos se han
ido; siento que ya no son míos.
■ “Veo que mi cuerpo sigue haciendo cosas como ca-
minar o levantar un papel del piso, pero siento que
yo no estoy allí adentro, que me quedo detrás de él.
■ Siento que mi cuerpo se separa de mí, que no me
pertenece, como si algo más fuera dueño de él
■ Me siento tan raro que a veces pienso que soy algo
así como una sustancia etérea o una computación
cuántica producto de una supercomputadora.
■ Soy como un rompecabezas al que le faltan algu-
nas piezas. Siento que no estoy del todo presente,
ando más bien como un sonámbulo, como si es-
tuviera en una cúpula de cristal y todo estuviera
lejos, detrás de una pared invisible que no puedo
traspasar”.
La experiencia que subyace a todas estas narrativas es
la de ser diferente a los demás o de que algo funda-
mental de ser un humano está averiado. No se trata
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Experiencias anómalas (alteraciones) del self en trastornos del espectro de la esquizofrenia: el aspecto cualitativo
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de características concretas y cotidianas como consi-
derarse tonto, estar demasiado gordo o mal vestido,
tener intereses inusuales o provenir de un entorno
socioeconómico diferente al de los compañeros. Lo
que el paciente se esfuerza por describir es una expe-
riencia básica de ser casi ontológicamente diferente o
de vivir casi en otra dimensión ontológica (Parnas &
Henriksen, 2014).
Dado el carácter inusual de estas experiencias, al
intentar describirlas, el sujeto afronta una gran di-
cultad para encontrar las palabras apropiadas (Škod-
lar & Henriksen, 2019). A veces acude a metáforas,
en otras oportunidades usa la expresión como si, en
primer lugar, para mostrar que reconoce el carácter
extraño de lo que vivencia y se da cuenta de que no
es del todo real y, en segundo lugar, para indicar que
la descripción no es exacta, pero que intenta con sus
recursos verbales aproximarse lo máximo posible a lo
experienciado (Henriksen & Parnas, 2012).
El uso de metáforas y de la expresión como si en la
descripción no es debido a limitaciones cognitivas del
sujeto, sino que es propio de este tipo de fenómenos;
de hecho, facilita su identicación. Está vinculado de
forma directa con la experiencia anómala y es la me-
jor aproximación verbal a esta última. Es un medio a
través del cual la experiencia prerreexiva se articula
y llega a ser progresivamente conceptualizada en un
formato verbal con el n de ser aprehendida y tema-
tizada por el sujeto para luego darla a conocer a los
otros (Parnas et al., 2005).
Para estudiar las alteraciones o experiencias anó-
malas del self no basta con la nomenclatura habitual
de signos y síntomas de la psiquiatría estándar, se re-
quiere de otros conceptos y diferenciaciones; de allí
que desde nales del siglo XX algunos psiquiatras y
lósofos europeos hayan acudido a la fenomenología
para estudiar este campo de la experiencia subjetiva
(Henriksen et al., 2020). El objetivo de esta disciplina
es describir las experiencias tal como se dan, sin acu-
dir a ningún tipo de teoría ni presuposición, incluso
dejando entre paréntesis, como un primer paso me-
todológico, la diferenciación entre real y no real. De
esta forma, en el estudio de las alucinaciones auditivas
lo que interesa es precisamente la experiencia de alu-
cinar y no el origen neurobiológico de las voces que la
persona escucha ni lo que cree acerca de ellas.
Las categoas fenomenológicas de self, perspectiva
de primera persona, alteraciones de la experiencia del
self y otras no se utilizan habitualmente en la psicopa-
tología estándar, pero son sumamente útiles a la hora
de comprender algunos fenómenos mentales como la
despersonalización y ciertos síntomas de la esquizo-
frenia y del pródromo de esquizofrenia (Henriksen et
al., 2021).
Cuando la estructura del self se afecta, surgen las
alteraciones o experiencias anómalas del self, deni-
das como experiencias en las cuales la perspectiva de
primera persona o el estatus de uno como sujeto de
experiencia o acción están de algún modo distorsio-
nados (Parnas & Handest, 2003a; Parnas et al., 2003b).
Han recibido varios nombres estrechamente relacio-
nados entre sí (Zahavi, 2014): alteraciones del self
(self-disorders), alteraciones de la experiencia del self
(disturbances in self-experience), experiencias anóma-
las del self (anomalous self-experiences), alteraciones
del self mínimo (minimal self-disorders), alteraciones
del self básico (basic self-disorders) y trastorno de la
mismidad (disorder of selood).
La idea de que en la esquizofrenia existe un tras-
torno del self no es nueva. En un sentido amplio, todos
los trastornos mentales involucran en mayor o menor
medida el self básico. Sin embargo, en los trastornos
del espectro de la esquizofrenia, estas alteraciones ad-
quieren primacía debido a la manera extensa y sustan-
cial en que trasforman la cotidianidad.
De acuerdo con investigadores del Center of Sub-
jectivity Research de Copenhague (Sandsten, 2022), es
bastante difícil encontrar un nombre especíco para
cada uno de los temas aludidos en las alteraciones del
self, ya que no se trata de una colección de síntomas
independientes y bien delimitados entre sí, sino de
manifestaciones anes en términos fenomenológicos.
Son parte de un todo, constituyen una Gestalt, una
trasformación del sentido habitual de ser un sujeto de
experiencia. Según Sandsten, las alteraciones del self
comprenden fenómenos como (Sandsten et al., 2022):
■ Disminución (o alteración) del sentido de autopre-
sencia: sentir que uno no está del todo presente,
sentir que uno es algo virtual, sentir que se está
medio muerto, sentirse diferente del resto de los
humanos (Sass & Feyaerts, 2024).
■ Disminución del sentido de agencia: sentir que
uno no es quien interviene como agente de los mo-
vimientos del cuerpo o el curso de los pensamien-
tos.
■ Pérdida de los límites de la corporalidad: sentir que
no hay una clara diferencia entre el propio cuerpo
y el exterior.
■ Sentimiento de distancia entre el sujeto y sus fenó-
menos psicológicos: sentir que los pensamientos,
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sentimientos o deseos no son propios; sentir que el
cuerpo está desconectado de la mente; sentir que
las emociones están desconectadas de los aconteci-
mientos.
■ Afectación de la temporalidad: sentir que solo el
presente es real y que el pasado y el futuro no son
parte constitutiva de la vida sino meras ideas abs-
tractas sin mayor inuencia sobre uno.
De igual manera, ante el sujeto, los otros seres humanos
pueden aparecer extraños, enigmáticos, fragmentados
en grados diversos en cuanto a su integridad cuerpo y
mente (Henriksen & Nilsson, 2017). Pueden apreciarse
como si fueran robots o juguetes, como si lo que expre-
saran con palabras no tuviera que ver con o estuviera
desconectado de sus creencias y deseos.
Como resultado de la alteración en la experiencia
del self, en mayor o menor medida, mucho de lo que
acaece de forma automática en el día a día y no re-
quiere observación ni reexión, como percibir lo que
se percibe, sentir lo que se siente emocionalmente o
pensar lo que se piensa, pierde ese carácter. El pacien-
te se convierte en una especie de observador de sí mis-
mo que trata de manejar la disminución de la uidez
y automaticidad normal de sus fenómenos mentales y
sus acciones, tarea que desborda sus recursos menta-
les (Ghosh & Muthukumaran, 2018). A esta clase de
autoobservación se le ha llamado hiperreexividad
(hyper-reectivity en inglés).
Las alteraciones en la experiencia del self no ocurren
en todos los pacientes con esquizofrenia y cuando se
presentan, su duración y frecuencia es variable: des-
de ocasionales y circunscritos a periodos de horas o
días hasta casi permanentes. Afectan notoriamente el
funcionamiento laboral, social o académico y contri-
buyen notoriamente al aislamiento y la desesperanza
(Haug et al., 2014). Además, hacen que el paciente luz-
ca raro, extraño en su actitud y comportamiento ante
los demás.
Con nes prácticos, a las alteraciones en la expe-
riencia del self se las puede tratar como síntomas, pero
sin perder de vista que se superponen en transiciones
graduales y se entrelazan mediante relaciones signi-
cativas de implicación, vinculación e interdependen-
cia. Conviene aclarar que son diferentes de los delirios,
las alucinaciones, el pensamiento desorganizado y los
otros síntomas que guran como criterios diagnósti-
cos de esquizofrenia en el DSM-5-TR y la CIE-11.
Se considera que las alteraciones en la experiencia
del self son una característica fundamental de los tras-
tornos del espectro de la esquizofrenia (Nordgaard et
al., 2021), susceptibles de ser identicadas desde el
pródromo y estables con el paso del tiempo (Nelson et
al., 2019; Nordgaard et al., 2023). Se han asociado con
mayor gravedad sintomática, compromiso neuropsi-
cológico, menor adherencia al tratamiento y evolu-
ción menos favorable (Mishara, 2016).
omas Fuchs, siguiendo a Gross et al. (1987),
propone que en la base de la esquizofrenia se hallan
alteraciones de la corporización (Fuchs, 2010). Esta
perturbación rompe el acoplamiento espontáneo cuer-
po-mundo en la acción y la percepción. Uno de los re-
sultados es que “la inmersión prerreexiva, corporizada
y práctica del self en el mundo está fundamentalmente
alterada. Esta falta de habitualidad corporal para llevar
a cabo acciones cotidianas deriva en lo que Blanken-
burg llama la “pérdida de autoevidencia natural [Na-
türlichen Selbstverständlichkeit]” (Blankenburg, 2012;
Figueroa, 2015), a partir de la cual es posible explicar
parcialmente la alteración del sentido de autopresencia,
la disminución del sentido de agencia y la pérdida de
los límites de la corporalidad.
Por su parte, la alteración de la temporalidad bási-
ca da lugar a que los pensamientos se experiencien en
una secuencia temporal trastocada y contribuye a la
afectación del sentido de agencia (Vogeley & Kupke,
2007). Al comprometerse la protensión, se diculta
anticipar los pensamientos y las acciones propios, ha-
ciendo que parezcan ajenos o causados por una enti-
dad diferente a uno mismo (Gallagher, 2000).
Las alteraciones del self no son exclusivas de la es-
quizofrenia; pueden hacer parte del cuadro clínico del
trastorno de personalidad esquizotípico (Handest &
Parnas, 2005) y de los trastornos del espectro autis-
ta, especialmente del síndrome de Asperger (Nilsson
et al., 2020; Raballo et al., 2021); además, son útiles
a la hora de diferenciar la esquizofrenia del trastorno
bipolar con síntomas psicóticos (Parnas & Handest,
2003a). Asímismo, se ha visto que las obsesiones de
los pacientes con esquizofrenia se acompañan de este
tipo de alteraciones, lo que no sucede en el trastorno
obsesivo compulsivo (Rasmussen & Parnas, 2022).
a. Alteraciones del self básico en el pródromo
de la esquizofrenia
Antes de que aparezcan síntomas bien denidos como
los delirios y las alucinaciones y pueda hacerse el
diagnóstico de esquizofrenia, durante meses e incluso
años pueden presentarse una serie de manifestacio-
nes poco especícas que los preceden. Al conjunto de
estos síntomas se le denomina pródromo. Entre ellos
se destacan: tristeza, ansiedad, desasosiego, dicul-
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Experiencias anómalas (alteraciones) del self en trastornos del espectro de la esquizofrenia: el aspecto cualitativo
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tad para concentrarse, preocupación, dudas varias y
curiosas sobre sí mismo, disminución de la energía,
lentitud, problemas en el desempeño laboral o acadé-
mico, desconanza, retraimiento social y alteraciones
en la experiencia del self (Häfner & Maurer, 2006).
Varios estudios muestran que las alteraciones del self
son la marca del pródromo de la esquizofrenia (Klos-
terkötter et al., 2001); de hecho, en uno de ellos se las
encontró en la totalidad de los sujetos evaluados (Mø-
ller & Husby, 2000). Su presencia en la adolescencia
es indicativa de vulnerabilidad para desarrollar esqui-
zofrenia (Parnas et al., 2016). Sin embargo, a menudo
pasan desapercibidas o son entendidas como si se tra-
tara de síntomas depresivos. La mayoría de las veces,
los pacientes no consideran que las alteraciones del self
iniciales sean síntomas de una enfermedad, sino parte
de su manera de ser (Henriksen & Nordgaard, 2014).
Se ha visto que las mismas alteraciones en la ex-
periencia del self que se presentan en el pródromo del
primer episodio agudo de esquizofrenia encabezan
los episodios siguientes. Es decir, hay una especie de
pródromo cualitativamente similar que se repite en el
tiempo (Møller, 2023).
Parnas et al. (2005) dividen las alteraciones de la ex-
periencia del self en cuatro modalidades, a saber, la ex-
periencia de primera persona, el sentido de la corpora-
lidad, el ujo de la conciencia y la demarcación del self.
Vale la pena aclarar que, aunque para efectos expo-
sitivos de esta revisión se presentan por aparte las alte-
raciones del self en esquizofrenia y en el pródromo de
esquizofrenia, se trata del mismo grupo de fenómenos
mentales. La amplia variedad de descripciones y narra-
tivas en que son expresadas verbalmente por los afecta-
dos puede llevar a distintas clasicaciones, pero todas
ellas comparten una misma raíz psicopatológica.
b. Experiencias anómalas de primera persona
Las personas se quejan de que un cambio interno las
ha afectado, distanciándolas de sí mismas; se sienten
diferentes, como si fueran otras; distantes del mun-
do, como si no estuvieran del todo presentes. En
otras ocasiones, pueden sentir un vacío interno o la
falta de algo así como un núcleo interior (Parnas et
al., 2011). Reconocen el carácter inusitado de lo que
viven, por eso para comunicarlo usan expresiones va-
riadas como: “No soy el mismo, “He perdido el con-
tacto conmigo mismo, “Mi yo está desapareciendo,
“Estoy medio muerto” o “Algo dentro de mí dejó de
ser humano. El carácter extraño de estas experiencias
causa perplejidad en el afectado, lo lleva a ocuparse de
su mundo interno, a monitorizar sus acciones y sus
estados psicológicos en un intento de comprenderlos
y a la vez apaciguarlos, de ahí que se interesen de una
manera un tanto llamativa en temas sobrenaturales,
religiosos y mágicos (Møller & Husby, 2000).
Algunos pacientes arman que su perspectiva de
primera persona se ha modicado: sienten como si
observaran el mundo en lugar de estar embebidos en
él. El mundo se vivencia lejano, despegado de uno,
como si no fuera real. A veces, tienen la sensación de
percibir el entorno mecánicamente; por ejemplo, un
adolescente, al escuchar música, sentía que a ésta le
faltaba su naturalidad propia (Parnas, 2000).
En la vida cotidiana al ver un paisaje, conversar
con alguien, leer un libro, escuchar música o cami-
nar, la persona está inmersa en el quehacer, mas no
se ocupa de lo que ocurre en su cuerpo y su mente
al ver, conversar, leer, escuchar o moverse, pues si así
fuera cada una de esas actividades las sentiría raras.
En cambio, en las experiencias anómalas de primera
persona la uidez y naturalidad de algunos de los pro-
cesos mentales y corporales se debilitan, lo que lleva al
paciente, involuntariamente y casi sin darse cuenta, a
cambiar su perspectiva de estar inmerso en el mundo
a otra en que de forma inusual se ja en algunos as-
pectos de esos procesos.
c. Experiencias anómalas relacionadas con el
sentido de la corporalidad
En la experiencia cotidiana la subjetividad y la cor-
poralidad prácticamente no se diferencian. Es cierto
que uno puede observar su propio cuerpo, pero no se
siente separado de él. En cambio, en algunas alteracio-
nes de la experiencia del self se establece cierta distan-
cia entre ellas. El cuerpo se siente como si no fuera de
uno, como si estuviera en otra parte, a algunos centí-
metros o metros de distancia; la propia voz se escucha
como si se originara en otro lugar. Al observarse en
el espejo se siente como si el cuerpo reejado fuera
de alguien distinto. La coherencia corporal se atenúa,
las partes se sienten desconectadas o aisladas una de
otra. Se vivencia al cuerpo más grande, pequeño o pe-
sado; más ligero, alto o ancho. Como consecuencia,
las personas tienden a verse en el espejo con el n de
averiguar si esos cambios efectivamente han acaeci-
do. En ocasiones, los patrones de movimientos que
caracterizan acciones como vestirse, bañarse o comer,
pierden su carácter automático, requiriendo atención
y esfuerzo para realizarlas.
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Experiencias anómalas (alteraciones) del self en trastornos del espectro de la esquizofrenia: el aspecto cualitativo
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d. Experiencias anómalas relacionadas con el
uir de la conciencia
Se establece una distancia experiencial entre uno mis-
mo y los fenómenos psicológicos. Los pensamientos
se sienten como si estuvieran desligados de uno, como
si provinieran de ninguna parte o fueran autónomos.
La persona comienza a monitorizarse, a explorar lo
que dice con el n de corroborar sus propias ideas.
Hay espacialización de los fenómenos psicológicos,
siendo posible localizarlos; por ejemplo, se puede sen-
tir los pensamientos como si estuvieran ubicados en
alguna zona de la cabeza. A veces, las palabras suenan
extrañas, como si tuvieran algún signicado especial
que es necesario buscar en los sonidos, llevando a que
la atención se centre en ellos y se pierda de vista el
contexto en que se emiten.
e. Experiencias anómalas relacionadas con la
demarcación del self
En la vida cotidiana es posible discriminar con facili-
dad entre el self y el no-self. Cuando aparecen anoma-
lías en esa demarcación los límites se vuelven borrosos
y cambiantes. En una conversación, se puede confun-
dir los pensamientos propios y los del interlocutor.
Parnas et al. (2003b) citan el caso de un paciente que
sentía una zona de transición, entre su self y los demás,
constituida por una mezcla de moléculas de aire, gotas
de sudor y nos fragmentos de piel desbridada.
Al igual que en la esquizofrenia, en la descripción
de las alteraciones de la experiencia del self del pró-
dromo frecuentemente aparece la expresión como si
(o alguna parecida). El uso de esta expresión indica
que la persona se percata de lo que sucede y le parece
llamativo o un tanto extraño al contrastarlo con las
vivencias cotidianas. La asalta una cierta duda sobre
la objetividad de su experiencia y por eso preere uti-
lizar como si al describirla. Es como estar al mismo
tiempo en dos realidades que parecen mutuamente
excluyentes, lo que Eugene Bleuler denominó double
bookkeeping, que puede traducirse como doble conta-
bilidad (Stephensen et al., 2024).
Cuando el paciente habla de las alteraciones del
self que experiencia, suenan extrañas. Si un sujeto
dice que se siente como alguien distinto a sí mismo o
arma percibir su cuerpo desarticulado, podría con-
siderarse que padece de un delirio. Para establecer la
diferencia, además de explorar la experiencia subjeti-
va mediante una entrevista clínica de orientación fe-
nomenológica y detectar el uso de la expresión como si
en la descripción, es útil tener en cuenta que las expe-
riencias anómalas del self afectan menos el funciona-
miento global que los delirios, se acompañan de cierto
grado de introspección (el afectado se da cuenta hasta
cierto punto de su presencia), se expresan verbalmente
como descripciones más que narrativas y si dan lugar a
narrativas, son menos elaboradas. Por otra parte, quien
delira no se percata de que se halla sumergido en el
delirio, sólo nota sus efectos. El sujeto afectado por un
delirio persecutorio no se da cuenta del intenso miedo
y desconanza que padece sino del peligro inminente
que corre y de las malas intenciones de los otros.
Conclusión
El self básico o mínimo corresponde a la perspectiva
de primera persona, a un sentido implícito de autopre-
sencia previo a cualquier reexión o proceso cogniti-
vo elaborado. Cuando la estructura del self básico se
afecta, surgen las alteraciones del self, denidas como
experiencias en las cuales la perspectiva de primera
persona o el estatus de uno como sujeto de experien-
cia o acción están de algún modo distorsionados.
Es difícil describir las alteraciones del self y más
aún encontrar un nombre especíco para cada una de
ellas, pero es claro que se trata de características feno-
típicas centrales en los trastornos del espectro de la
esquizofrenia, incluyendo el pródromo de la misma.
Aproximarse a la esquizofrenia a través de las alte-
raciones del self básico revela una conguración glo-
bal del self perturbada. Dado que el self básico no es
una entidad o un módulo, sino un rasgo inherente a la
conciencia (Parnas & Sandsten, 2024), sus alteraciones
impactan simultáneamente las distintas dimensiones
de la experiencia: la corporalidad, la temporalidad, la
agencia, la espacialidad, entre otras. Es precisamente
este carácter gestáltico de la alteración lo que diculta
la comprensión de la esquizofrenia, pero a la vez hace
tan prometedor su estudio por medio de las alteracio-
nes del self básico.
Conicto de intereses: los autores declaran no tener
conicto de intereses.
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Artículo de revisión
82
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia:
cuarta parte. Recomendaciones para el manejo de la esquizofre-
nia en poblaciones especiales y escenarios clínicos complejos
First Argentine Consensus on the Management of Schizophrenia. Section four. Management
of Schizophrenia in Special Populations and Complex Clinical Scenarios
Alejo Corrales1, Andrea Abadi2, Asociación de Ayuda de Familiares de Personas con
Esquizofrenia (AAFE)3, Gastón Bartoli4, Carlos Benavente Pinto5, Adrián Cabrera6,
Sebastián Camino7, Ricardo Corral8, Guillermo Delmonte9, Gerardo García Bonetto10,
Cristian Javier Garay11, Damián Gargoloff12, Pedro Gargoloff13, Aníbal Goldchluk14, María
Florencia Iveli15, Gabriela Jufe16, Fabián Lamaison17, Eduardo Leiderman18, Andrea López
Mato19, Eliana Marengo20, Tomás Maresca21, María Delia Michat22, Carlos Morra23, Cintia
Prokopez24, Julieta Ramírez25, Federico Rebok26, Eduardo Rubio Domínguez27, Daniel
Sotelo28, Sergio Strejilevich29, Esteban Toro Martínez30, Gustavo Vázquez31, Juan José
Vilapriño32, Manuel Vilapriño33, Marcela Waisman Campos34, Verónica Grasso35, Marcelo
Cetkovich-Bakmas36
RECIBIDO 28/8/2025 - ACEPTADO 22/12/2025
1.Magíster en Biología Molecular e Ingeniería Genética, Universidad Favaloro. Docente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Presidente del Capítulo de Psiquia-
tría Genética, Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP), Buenos Aires, Argentina.
2.Psiquiatra infantojuvenil. Directora del Departamento Infantojuvenil y docente, Universidad Favaloro.
3.Asociación de Ayuda de Familiares de Personas con Esquizofrenia (AAFE).
4.Hospital Nacional “Profesor Alejandro Posadas”.
5.Centro Médico CIADE, Tandil.
6.Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial “José T. Borda”.
7.Hospital Neuropsiquiátrico “Braulio A. Moyano”.
8.Hospital “José T. Borda”, presidente de la AAP. Fundación para el Estudio y Tratamiento de las Enfermedades Mentales (FETEM).
9.Instituto de Investigaciones Hematológicas “Mariano R. Castex” (IIHEMA), Academia Nacional de Medicina.
10.Director Investigaciones Clínicas, Instituto Médico DAMIC, Hospital Neuropsiquiátrico Provincial, Córdoba, Argentina.
11.Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.
12.Hospital Interzonal Especializado en Agudos y Crónicos Neuropsiquiátrico “Dr. Alejandro Korn”.
13.Universidad Nacional de la Plata (UNLP).
14.Capítulo de Psicofarmacología, Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).
15.Capítulo de Psicofarmacología, APSA.
16.Instituto Superior de Formación de Postgrado, APSA.
17.Capítulo de Esquizofrenia (AAP), Centro Integral Ambulatorio en Neurociencias (CIANE), UNLP.
18.Universidad de Palermo.
19.Instituto de Psiquiatría Biológica Integral (IPBI).
20.Área PRYMA.
21.Presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica (AAPB).
22.Asociación de Ayuda de Familiares de Personas con Esquizofrenia (AAFE).
23.Sanatorio Morra, Córdoba, Argentina.
24.Instituto de Farmacología, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires (UBA).
25.Hospital “José T. Borda”.
26.Hospital “Braulio A. Moyano”.
27.Universidad de Buenos Aires, Hospital “Braulio A. Moyano”.
28.Iternova, Asistencia e Investigación en Salud Mental.
29.AREA, Asistencia e Investigación en Trastornos del Ánimo.
30.Presidente de APSA.
31.Department of Psychiatry, Medical School, Queen's University, Kingston, ON, Canadá.
32.Clínica Del Prado, Centro de Estudios, Asistencia e Investigación en Neurociencias (CESASIN), AAP.
33.Clínica Del Prado, Centro de Estudios, Asistencia e Investigación en Neurociencias (CESASIN), APSA.
34.Fleni.
35.Iternova, Asistencia e Investigación en Salud Mental, Córdoba, Argentina.
36.Departamento de Psiquiatría, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Favaloro, INECO.
Autor correspondiente:
Alejo Corrales
alejocorrales@hotmail.com
Institución donde se realizó el estudio: Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica (AAPB).
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1019
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1019
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
Resumen
Este documento constituye la cuarta y última parte del Primer Consenso Argentino sobre el Manejo de la
Esquizofrenia, desarrollado por la Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica (AAPB). En continuidad con
los objetivos planteados en las secciones previas, esta etapa del consenso se centra en el abordaje integral de
la esquizofrenia en poblaciones especiales y en situaciones clínicas de alta complejidad. La presente sección
incluye una revisión crítica y una valoración experta de la evidencia cientíca disponible sobre: a) el manejo
de la esquizofrenia resistente y ultrarresistente al tratamiento; b) el abordaje de la esquizofrenia en niños y
adolescentes; c) el tratamiento de mujeres con esquizofrenia durante el período perinatal; d) el manejo de la
esquizofrenia en adultos mayores; e) la prevención y el abordaje del suicidio en pacientes con esquizofrenia; f)
el impacto del estigma y sus implicancias clínicas y sociales; g) la relevancia de la actividad física y los hábitos
saludables en el pronóstico funcional y cardiometabólico; h) los lineamientos actuales para la rehabilitación
psicosocial; i) el abordaje de personas con esquizofrenia en situación de calle y vulnerabilidad social extrema;
y j) los aspectos médico-legales y forenses vinculados a la enfermedad. Finalmente, el documento incorpora
una sección especialmente destinada a las asociaciones de familiares y cuidadores de personas con esquizo-
frenia, destacando el papel central del entorno familiar en el acompañamiento terapéutico, la adherencia al
tratamiento y la recuperación funcional de los pacientes.
Palabras clave: esquizofrenia resistente al tratamiento, esquizofrenia ultrarresistente, rehabilitación psicoso-
cial, suicidio, estigma, período perinatal, adultos mayores, actividad física, situación de calle, psiquiatría forense,
cuidadores familiares
Abstract
This document constitutes the fourth and nal part of the First Argentine Consensus on the Management of Schi-
zophrenia, developed by the Argentine Association of Biological Psychiatry (AAPB). In continuity with the objectives
established in the previous sections, this stage of the consensus focuses on the comprehensive management of schi-
zophrenia in special populations and in highly complex clinical situations.The present section includes a critical review
and expert appraisal of the available scientic evidence regarding: a) the management of treatment-resistant and
ultra-treatment-resistant schizophrenia; b) the approach to schizophrenia in children and adolescents; c) the treatment
of women with schizophrenia during the perinatal period; d) the management of schizophrenia in older adults; e) the
prevention and management of suicide in patients with schizophrenia; f) the impact of stigma and its clinical and
social implications; g) the relevance of physical activity and healthy lifestyle habits in functional and cardiometabolic
outcomes; h) current guidelines for psychosocial rehabilitation; i) the management of individuals with schizophrenia
experiencing homelessness and extreme social vulnerability; and j) the medico-legal and forensic aspects associated
with the disorder.Finally, the document incorporates a section specically dedicated to associations of family members
and caregivers of individuals with schizophrenia, highlighting the central role of the family environment in therapeutic
support, treatment adherence, and patients’ functional recovery.
Keywords: treatment-resistant schizophrenia, ultra-treatment-resistant schizophrenia, special populations, psychoso-
cial rehabilitation, suicide, stigma, perinatal period, older adults, physical activity, homelessness, forensic psychiatry,
family caregivers
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
Introducción
La presente sección constituye la cuarta y última parte
del Primer Consenso Argentino sobre el Manejo de la
Esquizofrenia, desarrollado por la Asociación Argen-
tina de Psiquiatría Biológica (AAPB), y tiene como
objetivo abordar una serie de situaciones clínicas, po-
blaciones especiales y problemáticas transversales que
representan desafíos frecuentes en la práctica asisten-
cial contemporánea.
Si bien los apartados previos se centraron en los as-
pectos conceptuales, diagnósticos y terapéuticos funda-
mentales de la enfermedad, esta sección ampa la mira-
da hacia dimensiones clínicas, biológicas, funcionales y
psicosociales que resultan esenciales para una atención
verdaderamente integral y centrada en la persona.
Entre los temas abordados se incluyen la esquizo-
frenia resistente y ultrarresistente al tratamiento, una
de las condiciones de mayor complejidad clínica y car-
ga asistencial; el manejo de la enfermedad durante el
embarazo y el período perinatal; las particularidades
diagnósticas y terapéuticas de los adultos mayores; y
la frecuente coexistencia de trastornos por uso de sus-
tancias, cuya presencia modica signicativamente el
curso clínico, la adherencia terapéutica y los resulta-
dos funcionales.
Asimismo, se revisan aspectos de especial relevan-
cia para el pronóstico, como la prevención y el abor-
daje del suicidio, la evaluación y el tratamiento de los
síntomas motores, la promoción de la actividad física
y los hábitos saludables, y las estrategias de rehabili-
tación psicosocial orientadas a favorecer la recupera-
ción funcional y la participación comunitaria.
La sección también incorpora problemáticas fre-
cuentemente subestimadas, pero de enorme impacto
clínico y social, como la anosognosia y sus implicancias
sobre la adherencia al tratamiento, el estigma asociado
a la enfermedad mental grave, la situación de las per-
sonas con esquizofrenia que experimentan condiciones
de vulnerabilidad extrema o situación de calle, y el pa-
pel central de las familias y cuidadores en el acompaña-
miento, la contención y la continuidad de los cuidados.
En conjunto, estos temas reejan la necesidad de
trascender los enfoques centrados exclusivamente en
el control sintomático para avanzar hacia modelos de
atención integrales, orientados a la recuperación, la
inclusión social y la mejora sostenida de la calidad de
vida. A través de una revisión crítica de la evidencia
cientíca disponible y del consenso de expertos na-
cionales, esta última sección busca proporcionar re-
comendaciones prácticas y contextualizadas que con-
tribuyan a optimizar el abordaje de la esquizofrenia
en escenarios clínicos complejos y en poblaciones con
necesidades especícas.
32. Tratamiento de las mujeres con es-
quizofrenia en el período perinatal1
En la actualidad, el tratamiento de la esquizofre-
nia durante el período perinatal representa un desafío
para las personas afectadas, sus familias, los clínicos
y el sistema de salud. Este escenario desaante es fre-
cuente dado que distintas investigaciones muestran
que el 50 % de las mujeres con esquizofrenia se em-
barazan (Bundy et al., 2011; Howard, 2005; Vigod et
al., 2012). La investigación sobre aspectos clínicos, op-
ciones terapéuticas y salud materno-infantiles en esta
población es aún limitada, lo que deja muchas necesi-
dades sin satisfacer en este grupo (Seeman, 2021; Et-
checopar-Etchart et al., 2022). La escasez de servicios
especícos para madres con esquizofrenia sigue sien-
do notable, tanto en nuestro país como a nivel global
(Howard y Kalifeh, 2020). En este contexto, cada caso
debe ser analizado de forma individual, equilibrando
la salud integral de madre e hijas/os con la evidencia
cientíca disponible y las particularidades de cada
caso (clínicas, sanitarias y preferencias individuales).
Como se desarrollará a lo largo de esta sección, la
atención de la salud reproductiva y perinatal en esta
población sigue siendo subóptima (Barker y Vigod,
2023). Por un lado, las mujeres con esquizofrenia tie-
nen altas tasas de embarazos no planicados (Meade y
Sikkema, 2007). A su vez, las mujeres con esquizofrenia
que quieren ser madres enfrentan obstáculos para lle-
var adelante la maternidad (recursos clínicos y sanita-
rios limitados, estigma y escasez de servicios sociales
para darles apoyo en la crianza) (Dolman et al., 2013).
Este grupo tiene un riesgo elevado de complicaciones
obstétricas (Etchecopar-Etchart et al., 2022), y sus hijos
pueden presentar complicaciones neonatales o proble-
1. La numeración de los apartados es correlativa de las primeras tres partes de este Consenso, publicadas en los números 169, 170 y 171 de
Vertex Revista Argentina de Psiquiatría, disponibles en los siguientes enlaces
PARTE I: https://revistavertex.com.ar/ojs/index.php/vertex/article/view/900/728
PARTE II: https://revistavertex.com.ar/ojs/index.php/vertex/article/view/947
PARTE III: https://revistavertex.com.ar/ojs/index.php/vertex/article/view/979
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
mas de salud a largo plazo (Vigod et al., 2020). Además,
estos niños pueden crecer en entornos vulnerables que
a menudo llevan a la suspensión de la responsabilidad
parental (Seeman, 2023). En este contexto de vulnera-
bilidad materno-infantil, es imperioso avanzar en in-
vestigación clínica, en la capacitación de las/los profe-
sionales de la salud y contar con programas de atención
de salud perinatal y de apoyo a estas familias.
32.1. Atención integral y enfoque con pers-
pectiva de largo plazo en el tratamiento de
las mujeres con esquizofrenia
La atención integral de las mujeres jóvenes y adultas
con esquizofrenia debe incluir una visión de largo
plazo, reconociendo que algunas pueden proyectar la
maternidad en algún momento y otras podrían no te-
ner intención en convertirse en madres. Este enfoque
implica tanto la evaluación periódica de si hay deseos de
maternidad como de la anticoncepción, de la seguridad
del tratamiento farmacológico ante un potencial emba-
razo, como de la salud general de la mujer (Funkhouser
et al., 2024). Aspectos como la nutrición, la cesación
tabáquica, el consumo de alcohol y sustancias, y otras
comorbilidades deben ser atendidos de manera exhaus-
tiva, dado que son determinantes modicables de la sa-
lud general y de la salud materno-infantil (Vigod et al,
2020). Es esencial que el equipo de salud mental trabaje
en estrecha colaboración con los servicios de atención
de salud de la mujer en esta etapa.
32.2. Prevención de embarazos no planica-
dos (ENP) y de infecciones de transmisión se-
xual (ITS)
La atención integral de las personas con esquizofrenia
no solo incluirá sus derechos reproductivos, como se
desarrolló más arriba, sino que también debe incluir
la prevención de embarazos no intencionales y de in-
fecciones ITS. Los embarazos no planicados son fre-
cuentes en este grupo (Brand et al., 2022) así como las
infecciones de transmisión sexual (ITS), incluyendo
el VIH, sílis, VHB y el HCV (Aymerich et al., 2024;
Liang et al., 2020). Es esencial, entonces, integrar la
educación sexual y reproductiva en el tratamiento
de estas mujeres, promoviendo una sexualidad sa-
tisfactoria y segura, asegurando que cuenten con in-
formación adecuada y con el acceso a métodos anti-
conceptivos adaptados a sus preferencias personales
y características clínicas (Seeman y Ross, 2011). A su
vez, dado que estas mujeres pueden sufrir violencia de
pareja (Tasa-Vinyals et al., 2020), es importante que el
plan de atención incluya su consideración y abordaje
para promover una salud sexual integral. Estas inter-
venciones, basadas en el respeto a la autonomía de la
paciente y en promover la creación de entornos segu-
ros, pueden favorecer un bienestar sostenido.
32.3. Planicación del embarazo en mujeres
con esquizofrenia
El período preconcepcional es un momento clave para
considerar diversos aspectos de la salud de la mujer
con esquizofrenia que planea un embarazo. En esta
fase, se realizarán con más atención evaluaciones de
la nutrición, del estado general de salud, salud gine-
coobstétrica y reproductiva. A tal n se deben evaluar
ITS y niveles de prolactina que, si están elevados, se
asocian a infertilidad.
Se debe trabajar especialmente en el tabaquismo,
el consumo de sustancias y alcohol, comenzar con
suplementos vitamínicos y, si es necesario, ajustar
el plan terapéutico para adaptarlo al embarazo y al
puerperio. Este es un tiempo oportuno para discutir
con la paciente y su red de apoyo cuál es la forma
más adecuada de llevar adelante el tratamiento de la
esquizofrenia durante el embarazo y para anticipar
los desafíos que podrían surgir a lo largo del perío-
do perinatal y durante la maternidad (Seeman, 2013;
Frieder et al., 2008).
La planicación de los embarazos en mujeres con
esquizofrenia requiere participación tanto de la mujer
como de su red de apoyo, en la que la pareja y otros
familiares o personas cercanas puedan involucrarse
en el proceso. Se sugiere buscar el embarazo en pe-
ríodos de estabilidad prolongada, de al menos un año,
dado que este se asocia con menor frecuencia de com-
plicaciones de salud (Frieder et al., 2008). La elección
de fármacos deberá considerar la efectividad del trata-
miento para esa mujer, las alternativas terapéuticas con
evidencia de mayor seguridad reproductiva, ajustadas
a las etapas del embarazo y a las necesidades de cada
paciente (Batt et al., 2019). La preparación anticipada y
la educación sobre lo que implica el embarazo y el pos-
parto en una condición compleja como la esquizofrenia
pueden contribuir signicativamente a reducir compli-
caciones y a favorecer un ambiente familiar de apoyo
para el bienestar materno y del recién nacido.
32.4. Curso de la esquizofrenia en el período
perinatal
Pocos estudios han evaluado hasta la fecha el curso
de la esquizofrenia en el período de embarazo y pos-
parto (Munk-Olsen et al., 2009; Rochon-Terry et al.,
2016; Vigod et al., 2016). Una investigación en Cana-
dá reportó una incidencia de internaciones psiquiá-
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
tricas del 12 % durante el embarazo y 19 % en el año
siguiente al nacimiento (Rochon-Terry et al., 2016).
El puerperio es de riesgo para visitas a emergencia
psiquiátricas, ingresos y recaídas severas (Rochon-Te-
rry et al., 2016; Munk-Olsen et al., 2009; Vigod y Frey,
2024). A pesar de que el embarazo suele motivar la
suspensión del tratamiento antipsicótico en mujeres
con esquizofrenia, esta práctica se asocia con un ries-
go signicativo de recaídas clínicas.
32.5. Salud obstétrica de las mujeres con es-
quizofrenia y neonatal
Distintos estudios muestran que las mujeres con es-
quizofrenia tienen un mayor riesgo de complicacio-
nes durante el embarazo y el parto. Un metaanálisis
reciente identicó una mayor prevalencia de diabetes
gestacional, hipertensión gestacional, preeclampsia,
eclampsia, desprendimiento placentario, ruptura pre-
matura de membranas y hemorragia anteparto en esta
población (Etchecopart-Etchart et al., 2022). Asimis-
mo, sus hijos presentan una mayor probabilidad de
bajo peso al nacer, parto prematuro, malformaciones
congénitas, abortos y otras complicaciones neona-
tales, como APGAR bajo al minuto 5, necesidad de
ingreso a unidades de cuidados intensivos neonatales
y problemas de salud a largo plazo (Georgieva et al.,
2019; Chan et al., 2024).
Aunque durante mucho tiempo se ha atribuido a
los fármacos el impacto en estos resultados de salud
negativos, la evidencia actual sugiere que no se puede
determinar si están directamente relacionados con la
exposición a los medicamentos durante el embarazo, la
enfermedad en sí misma, las comorbilidades, o factores
conductuales y ambientales asociados a las mujeres con
esquizofrenia (Fabre, 2021; Chan et al., 2024).
Esta información subraya la importancia de identi-
car y controlar factores de riesgo modicables y ga-
rantizar una atención sanitaria personalizada (Vigod,
2020). Las pacientes con esquizofrenia podrían bene-
ciarse de un seguimiento obstétrico especializado en
unidades de alta complejidad para minimizar riesgos y
optimizar resultados tanto maternos como neonatales.
32.6. Antipsicóticos durante el período perinatal
En los últimos años, estudios de gran escala sobre an-
tipsicóticos han mostrado un perl de seguridad rela-
tivo para este grupo de medicamentos. Sin embargo, la
evidencia aún no es concluyente respecto a un posible
riesgo adicional asociado a su uso. Por ejemplo, inves-
tigaciones recientes sugieren que la exposición a an-
tipsicóticos de segunda generación (ASG) en mujeres
con esquizofrenia no se asocia con un mayor riesgo de
aborto espontáneo (Ishikawa et al., 2024). La mayoría
de los estudios tampoco encuentran un aumento sig-
nicativo en el riesgo de malformaciones congénitas
(Huybrechts et al., 2016; Viguera et al., 2021; Yakuwa
et al., 2022; Sani et al., 2024). Estas conclusiones son
consistentes con estudios especícos en mujeres con
esquizofrenia, que no hallaron diferencias signica-
tivas en cuanto a malformaciones entre aquellas que
recibieron antipsicóticos y las que no (Lin et al., 2009).
En cuanto a complicaciones obstétricas y neona-
tales, algunos estudios han reportado un mayor ries-
go de eventos como complicaciones placentarias, in-
ducción del parto, cesáreas, sufrimiento fetal, muerte
fetal, parto prematuro, recién nacidos pequeños para
la edad gestacional, bajo peso al nacer, puntuaciones
bajas en el APGAR, y mortalidad neonatal y posneo-
natal, con un rango de riesgo relativo combinado de
1.12 a 2.10 (Chan et al., 2024; Etchecopart-Etchart,
2022; Tang et al., 2023). Sin embargo, metaanálisis y
estudios basados en registros clínicos, al controlar por
variables clínicas confusoras, han mostrado una gran
atenuación o la ausencia de diferencias signicativas
en la mayoría de estas complicaciones. Por otro lado,
ciertos antipsicóticos como olanzapina y quetiapina se
han asociado con un mayor riesgo de desarrollar dia-
betes gestacional, lo que requiere especial atención en
este aspecto (Heinonen et al., 2022).
En el período neonatal, los recién nacidos ex-
puestos a antipsicóticos durante el embarazo tienen
un mayor riesgo de complicaciones, como ingreso a
cuidados especiales (OR = 1.75, IC 95 % = 1.23–2.52)
(Chan et al., 2024), aunque los eventos observados
suelen ser transitorios y leves (Heinonen et al., 2022).
Estos eventos no suelen justicar la interrupción de
un tratamiento necesario, pero subrayan la importan-
cia de un monitoreo cercano.
Así también, un estudio de cohorte sugiere que el
mayor riesgo de trastornos del neurodesarrollo en hi-
jos de mujeres que usaron antipsicóticos al nal del
embarazo parece explicarse por características mater-
nas y no por la exposición prenatal (Andrade, 2022;
Straub et al., 2022). Esto destaca la relevancia de un
seguimiento del desarrollo infantil para asegurar in-
tervenciones oportunas.
Durante el embarazo, se han observado reduccio-
nes plasmáticas signicativas en antipsicóticos como
quetiapina (76 %) y aripiprazol (52 %) y posiblemente
perfenazina y haloperidol (Westin et al., 2018). Aun-
que las concentraciones plasmáticas de estos fármacos
no se monitorean rutinariamente, se requiere un se-
guimiento cercano de los síntomas de la enfermedad
(Betcher et al., 2019). Si estos aparecen o empeoran,
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
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podría ser necesario ajustar las dosis. Las dosis au-
mentadas deben reducirse en la primera semana pos-
parto para prevenir toxicidad, ya que el metabolismo
materno se normaliza rápidamente.
especto al uso de antipsicóticos inyectables de lar-
ga duración (AILD) durante el embarazo, la informa-
ción es más limitada. Algunos estudios sugieren que
su uso podría estar asociado a un mayor riesgo de dia-
betes gestacional e hipertensión (Nguyen et al., 2022).
Sin embargo, estos riesgos deben ser cuidadosamente
evaluados en cada paciente, considerando el riesgo de
recaída clínica frente al benecio de los AILD para
mejorar la adherencia al tratamiento (Correll et al.,
2024), un factor crucial en la prevención de descom-
pensaciones clínicas (Caseiro et al., 2012).
Aunque generalmente no se recomienda iniciar
clozapina durante el embarazo debido a sus riesgos,
estudios recientes no han encontrado un aumento sig-
nicativo en el riesgo teratogénico ni en las complica-
ciones obstétricas y/o neonatales en comparación con
otros antipsicóticos de segunda generación (Beex-Oos-
terhuis et al., 2020; Beex-Oosterhuis et al., 2021). Esto
es relevante, ya que el embarazo suele ser una de las
principales razones para interrumpir el tratamiento
con clozapina (Pai y Vella, 2012), lo que puede incre-
mentar el riesgo de descompensación psicótica, rebote
colinérgico, síndrome serotoninérgico o incluso catato-
nía (Blackman y Oloyede, 2021). Dado que las personas
que requieren este fármaco suelen presentar esquizo-
frenia resistente o intolerancia a otros antipsicóticos, la
continuación del tratamiento puede considerarse una
opción en aquellas mujeres que lo necesiten.
Los antipsicóticos pueden transferirse al lactante a
través de la leche materna, pero la exposición relativa
es mucho menor en comparación con la exposición
intrauterina. Según la evidencia disponible, antipsi-
cóticos como risperidona, paliperidona, haloperidol,
quetiapina y olanzapina se consideran seguros duran-
te la lactancia (Betcher, et al. 2019). Por otro lado, fár-
macos como cariprazina y lurasidona carecen de datos
sucientes para evaluar su seguridad en este contexto.
Dado el riesgo de agranulocitosis asociado con la cloza-
pina, su uso no está recomendado durante la lactancia.
32.7. Abordaje terapéutico durante el emba-
razo
Las guías internacionales recomiendan no disconti-
nuar el tratamiento antipsicótico durante el período
perinatal, dado que su interrupción incrementa sig-
nicativamente el riesgo de recaídas, complicaciones
obstétricas y neonatales, así como la descompensa-
ción psicótica.
El manejo de mujeres embarazadas y puérperas
con esquizofrenia requiere un enfoque multidiscipli-
nario que integre psiquiatría, psicología, obstetricia,
pediatría, trabajo social, garantizando un cuidado in-
tegral para la madre y el bebé. El objetivo es equilibrar
el control de síntomas, la prevención de recaídas y la
seguridad del tratamiento, considerando la limitada
evidencia disponible.
En mujeres estables bajo tratamiento, se recomien-
da mantener el esquema farmacológico priorizando
indicar las dosis mínimas efectivas y evitando la po-
lifarmacia. La discontinuación del tratamiento farma-
cológico en mujeres con esquizofrenia incrementa el
riesgo de recaídas (Seki et al., 2020), y la descompen-
sación de la enfermedad puede aumentar las compli-
caciones obstétricas y neonatales (Tosato et al., 2017).
Ante la desestabilización, se prioriza el uso de
antipsicóticos de segunda generación (ASG) por su
mayor evidencia. Si es necesario recurrir a antipsi-
cóticos de primera generación (APG), haloperidol y
triuoperazina son opciones preferidas por su menor
riesgo de efectos adversos.
Dado el riesgo aumentado de complicaciones obs-
tétricas y neonatales en esta población, asociado o no
al tratamiento, es fundamental realizar su detección
y manejo temprano, así como proveer atención sani-
taria ajustada a la complejidad clínica que puede pre-
sentarse.
El puerperio, una etapa especialmente vulnerable
para la salud mental, se asocia con mayor riesgo de
recurrencias y hospitalizaciones (Munk-Olsen et al.,
2009; Vigod y Frey, 2024). Las unidades madre-be-
bé pueden ofrecer un apoyo crucial, promoviendo el
bienestar materno, el vínculo temprano y el cuidado
neonatal (Gillham et al., 2015). Articular redes de
apoyo, promover el descanso nocturno y facilitar el
aprendizaje de habilidades maternas ayuda a reducir
el estrés y mejorar la adaptación al rol materno (See-
man, 2013). La lactancia materna debe evaluarse caso
por caso, considerando tanto los benecios como los
posibles riesgos de exposición para el lactante.
33. Esquizofrenia de inicio en la etapa
infantojuvenil
La esquizofrenia en la población infantojuvenil es
considerada una de las patologías psiquiátricas más
grave y discapacitante (Abidi et al., 2017; Hua et al.,
2021). Cuando su inicio ocurre en la adolescencia
(entre los 13 y 17 años) se denomina esquizofrenia de
inicio precoz, mientras que su comienzo antes de los
13 años es conocido como esquizofrenia infantil o de
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
inicio muy precoz (Kendhari et al., 2016). Si bien la
prevalencia en esta etapa de la vida es menos frecuen-
te que en los adultos, se ha reportado que aproxima-
damente entre el 12 y el 35 % de los pacientes inician
su sintomatología antes de los 20 años disminuyendo
al 4 % antes de los 15 años y 1 % antes de los 10 años
(Abidi et al, 2017).
La similitud fenomenológica entre de la esquizo-
frenia infantojuvenil y la del adulto permite utilizar
los mismos criterios diagnósticos. A pesar de ello, el
desarrollo de este trastorno en los niños y adolescen-
tes posee características propias. En un ensayo clínico
en donde se analizaron las diferencias del primer epi-
sodio psicótico entre adolescentes y adultos, se iden-
ticaron las mismas manifestaciones clínicas en am-
bos grupos. Sin embargo, los pacientes adolescentes
presentaron una mayor demora en el inicio del trata-
miento, más síntomas negativos, en particular aplana-
miento afectivo, y fueron más propensos a desplegar
un comportamiento bizarro (Ballageer et al., 2005).
Los pacientes con esquizofrenia de inicio infanto-
juvenil poseen mayor predisposición genética y décit
premórbido (Gupta et al., 2023; Luoma et al., 2008).
Se ha reportado que, en la etapa inicial, los pacien-
tes con esquizofrenia de inicio precoz presentan una
disminución en el cociente intelectual de 1 a 1,5 des-
víos estándar en relación con la media poblacional y
de aproximadamente 0,88 desviaciones estándar más
bajas comparado con la media de quienes inician el
trastorno en la adultez (Rajji et al., 2009).
Además de un descenso cognitivo global se ob-
servan alteraciones en las funciones ejecutivas como
fallas atencionales, de la memoria de trabajo, la inhibi-
ción y en la planicación de tareas, en las habilidades
lingüísticas como menor cohesión y coherencia, exi-
bilidad y versatilidad del discurso. También existe un
décit en la cognición social, es decir, las operaciones
mentales que subyacen a las interacciones sociales, in-
cluidas la percepción, la interpretación y generación
de respuestas a las intenciones, disposiciones y com-
portamiento de los otros (Iveli et al., 2022).
Asimismo, la evolución diere entre los adultos y
la población infantojuvenil, asociándose el inicio tem-
prano de esta patología a un curso más severo y con
peor pronóstico (Hua et al., 2021). En una revisión
sistemática en la que se incluyeron artículos publica-
dos entre 1980 y 2011 se reportó una buena evolución
únicamente en el 15,4 % de los pacientes. La evolución
fue moderada en el 24,5 %, mientras que en más de la
mitad de los casos (60,1 %) fue mala (Clemmensen
et al., 2012). Además, aproximadamente el 5 % de los
pacientes con esquizofrenia de inicio precoz pierden
su vida por suicidio o conductas de riesgo secundarias
a estados sintomáticos (Kendhari et al., 2016).
Los niños y adolescentes poseen mayor demora en
el diagnóstico, lo cual se ha asociado a múltiples fac-
tores como la baja prevalencia, el inicio insidioso que
puede pasar desapercibido, el predominio de síntomas
negativos, la dicultad en los niños de transmitir sus
experiencias y, en los más pequeños, de diferenciar las
fantasías propias de la edad con ideas delirantes. Es
de destacar que la presenciade alucinaciones, en algu-
nos casos, puede constituir un fenómeno normal del
desarrollo. En niños (9-12 años) se ha reportado una
prevalencia del 17 % y en adolescentes (13-18 años)
del 7,5 %, ambas signicativamente superiores al 5,8 %
de los adultos. Estos datos son consistentes con una
presentación pediátrica benigna, transitoria y autoli-
mitada la cual puede aparecer momentos previos a la
conciliación del sueño, deberse a distintos estresores
e incluso ser parte del desarrollo normal. Sin embar-
go, su permanencia a lo largo del tiempo puede ser
un predictor importante de la transición a un trastor-
no psicopatológico. La persistencia en la adolescencia
de las alucinaciones de inicio en la infancia ocurre
aproximadamente en el 23,5 al 27 % de los pacientes,
siendo los factores que predicen su continuidad la alta
frecuencia, el número y tono negativo de las voces,
la comorbilidad psiquiátrica, el bajo funcionamiento
global y el consumo de cannabis. Estos jóvenes poseen
un riesgo especíco de 4 a 5 veces de desarrollar un
trastorno psicótico (Hua et al., 2021).
Sin embargo, las alucinaciones también pueden
estar asociadas a otras patologías psiquiátricas como
cuadros graves de ansiedad, el trastorno de estrés pos-
traumático, la emergencia de un trastorno límite de la
personalidad, el trastorno del espectro del autismo y
el trastorno bipolar. La distinción de síntomas psicó-
ticos en pacientes con espectro autista puede ser difí-
cil dado que los síntomas característicos del autismo
como la rigidez del pensamiento, las alteraciones en
el lenguaje, las fallas en la comunicación, los intereses
restringidos y la falta de reciprocidad social pueden
asemejarse a los síntomas negativos de la esquizofre-
nia. A su vez, las alteraciones sensitivas y del pensa-
miento propias del autismo pueden confundirse con
alucinaciones y delirios. Por otro lado, en los niños
con esquizofrenia de inicio muy precoz suele obser-
varse desde temprana edad una alteración y retraso en
el desarrollo que incluye dicultades en la motricidad
gruesa y na, estereotipias motoras y fallas en la inte-
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gración sensorial, síntomas también observados en el
trastorno del espectro del autismo (Iveli et al., 2023).
El diagnóstico diferencial con trastorno bipolar
suele ser un desafío. Estudios longitudinales han re-
portado que, aproximadamente, entre el 30 a 50 % de
los jóvenes con un trastorno afectivo reciben inicial-
mente en forma errónea el diagnóstico de esquizofre-
nia. Durante el primer episodio agudo suele ser difícil
distinguir entre esquizofrenia y manía dado que am-
bos cuadros se presentan con alucinaciones, delirios,
desorganización del pensamiento y del comporta-
miento siendo necesario el seguimiento a largo plazo
para conrmar el diagnóstico (Bromet et al., 2011).
Sin embargo, existen algunas características que pue-
den orientar el diagnóstico diferencial. Los síntomas
negativos característicos de la esquizofrenia no se aso-
cian a manía (a pesar de que la diferenciación entre
depresión y síntomas negativos puede ser difícil), los
síntomas psicóticos en la manía a menudo incluyen
delirios oridos con un pensamiento elaborado a di-
ferencia de la escasez de palabras y características del
pensamiento típico de la esquizofrenia. Si bien una
marcada disminución del sueño es un sello distintivo
de la manía, la alteración de este también ocurre en
la esquizofrenia. El antecedente familiar de trastorno
bipolar puede ser orientativo al diagnóstico de manía,
mientras que un deterioro cognitivo premórbido suele
asociarse a esquizofrenia (Mc Clellan, 2018).
Por otro lado, los cuadros psicóticos agudos pue-
den ser secundarios a una condición médica dentro
de la que se incluyen una gran variedad de enferme-
dades neurológicas, infecciosas, autoinmunes, endó-
crinas, síndromes genéticos o a sustancias dentro de
las que se encuentran los corticoides, los estimulantes,
los alucinógenos y el cannabis. A su vez, el uso de este
último es particularmente frecuente en adolescentes
con esquizofrenia y en algunos casos puede contribuir
a la demora del diagnóstico debido a que los síntomas
psicóticos son malinterpretados y atribuidos al consu-
mo (Adhikari et al., 2022; Hua et al., 2021; Correll et
al., 2024).
El retardo en el diagnóstico y, por consiguiente, el
tratamiento se asocia a una mayor severidad sintomá-
tica y peor pronóstico con un mayor décit cognitivo
y desinserción social (Arango et al., 2022; Correll et
al., 2024; Fulone et al., 2021). Los programas de in-
tervención temprana proporcionan educación, apoyo
y recursos para facilitar el tratamiento oportuno y, de
este modo, disminuir el período de la psicosis no tra-
tada permitiendo mejorar la gravedad de los síntomas,
las tasas de hospitalización, la recuperación funcional
y la calidad de vida. El abordaje de los pacientes infan-
tojuveniles con esquizofrenia debe ser multimodal e
incluir tratamiento farmacológico y no farmacológico
como la psicoeducación para pacientes y familiares,
abordaje psicológico y apoyo psicopedagógico (Co-
rrell et al., 2024).
33.1. Tratamiento no farmacológico
Se sugiere que la intervención familiar se inicie lo an-
tes posible, ya sea durante la fase aguda o más tarde e
incluso durante la internación. La misma debe con-
siderar la relación entre los padres o cuidadores y el
paciente y abarcar habilidades de comunicación, reso-
lución de problemas y psicoeducación. Esta interven-
ción no solo debe enfocarse en el paciente con esqui-
zofrenia, sino en toda la familia. También es necesario
el acompañamiento psicopedagógico. Los programas
de soporte educativo tienen como meta la rápida rein-
corporación del niño o adolescente al ámbito educativo
contemplando las dicultades cognitivas individuales y
realizar las adaptaciones pedagógicas pertinentes con
el n de evitar la exclusión. A su vez, la incorporación
de terapia psicológica con orientación cognitivo con-
ductual, realizada por terapeutas debidamente capaci-
tados, es fundamental para promover la recuperación
de los pacientes. Esta incluye el aprendizaje de habili-
dades para controlar las relaciones entre pensamientos,
sentimientos, conductas y síntomas; la reevaluación de
percepciones, creencias y pensamientos, la promoción
del afrontamiento sintomático, la reducción del estrés y
la mejora del funcionamiento (Lacomte et al., 2017; Mc
Clellan et al., 2013).
33.2. Tratamiento farmacológico
La farmacoterapia es considerada como primera línea
de intervención. Estudios recientes han demostrado la
ecacia y la seguridad de los antipsicóticos en adoles-
centes, no obstante, en los niños la evidencia cientíca
es menor (Correll et al., 2024). Por este motivo muchas
de las prescripciones son o label, es decir, no incluidas
en la cha técnica. Esta práctica, si bien no está pro-
hibida ni representa necesariamente un uso incorrecto,
conlleva un riesgo adicional ya que no han sido evalua-
das la calidad, la ecacia ni la seguridad del producto
en las condiciones a utilizar (Iveli et al., 2022).
La elección de la medicación antipsicótica y el
modo de administración deben ser analizados e in-
formados a los padres o cuidadores de niños más
pequeños o juntamente con los jóvenes. Se deberán
contemplar las preferencias del paciente y su familia,
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proporcionando la información adecuada sobre los
benecios y posibles efectos secundarios de cada me-
dicación (National Collaborating Centre for Mental
Health, 2013).
33.2.1.Tratamiento de primer episodio
La medicación antipsicótica debe iniciarse tan pronto
como el diagnóstico haya sido realizado. El único tra-
tamiento aprobado por las agencias reguladoras para
la esquizofrenia entre los 3 a 12 años es el haloperi-
dol el cual ha demostrado ecacia superior al placebo
en un único ensayo clínico realizado en 75 niños en
los que se utilizó una dosis promedio de 9,8 mg/día.
Sin embargo, el 70 % de los expuestos presentó efec-
tos adversos extrapiramidales (Spencer et al., 1992).
En niños con un peso de 15 a 40 kilos se recomienda
iniciar con la dosis más baja posible (0,5 mg/día) y,
de ser necesario, realizar incrementos de 0,5 mg cada
5 a 7 días hasta obtener el efecto terapéutico deseado
(Haldol®). No obstante, debido a que en adolescentes
no ha demostrado una ecacia superior a los antipsi-
cóticos atípicos y posee menor tolerabilidad no se in-
dica como primera línea de intervención (Abidi et al.,
2017; Kumar et al., 2013; Sikich et al., 2004).
Por el contrario, en los adolescentes, aparte del ha-
loperidol, existen varios antipsicóticos atípicos apro-
bados para el tratamiento de la esquizofrenia. Entre
ellos, se encuentran la risperidona, la paliperidona, el
aripiprazol, la quetiapina, la olanzapina, la lurasidona,
el brexpiprazol y la cariprazina (ver Tabla 26) Todos
ellos han demostrado ecacia comparada entre sí simi-
lar y superior al placebo. En contrario, la asenapina y
la ziprasidona no demostraron tener una ecacia supe-
rior al placebo (Findling et al., 2015a; Findling et al.,
2015b) Se recomienda iniciar tratamiento con un an-
tipsicótico atípico, salvo la olanzapina, la cual distintas
guías de práctica clínica limitan su uso como primera
indicación debido al mayor riesgo de provocar efectos
adversos metabólicos (Mc Clellan et al., 2013; Orygen
et al., 2016).
Los niños con esquizofrenia suelen responder a
dosis inferiores a las requeridas en la población adulta
por lo que se sugiere iniciar con una dosis baja e ir
aumentando gradualmente con la nalidad de identi-
car la dosis mínima efectiva y de mejorar la tolerabi-
lidad (Abidi et al., 2017). Si luego de haber optimizado
la dosis y mantenido el tratamiento durante un plazo
de 6 semanas no se logra una respuesta adecuada, se
podrá rotar a otro antipsicótico atípico preferiblemen-
te por medio de un cruce lento (Kendhari et al., 2016).
Es de destacar que antes de considerar los cambios
se deben descartar otros factores que obstaculizan la
ecacia del tratamiento como la falta de adherencia,
la presencia de patología clínica concomitante, la co-
morbilidad psiquiátrica como el consumo de sustan-
cias, los estresores psicosociales, las interacciones far-
macológicas de la polifarmacia y la terapia psicológica
ineciente (Abidi et al., 2017).
Habiéndose descartado esas variables, si no existe
mejoría clínica signicativa y no se demuestra al me-
nos una disminución del 25 % de la sintomatología
medida por medio de escalas internacionales acepta-
das y el estado sintomático es de al menos de modera-
da severidad a pesar del segundo ensayo terapéutico,
se considerará la esquizofrenia como resistente (Co-
rrales et al., 2021).
Desafortunadamente, la falta de respuesta a los an-
tipsicóticos se asoció a un inicio temprano del tras-
torno (Iasevoli et al., 2022). Aproximadamente el 34
al 54 % de los pacientes con esquizofrenia infantil
responden escasamente a la farmacoterapia (Adnan
et al., 2022). La clozapina se encuentra recomendada
en aquellos pacientes con esquizofrenia infantojuvenil
resistente, a pesar de haber sido menos estudiada que
en los adultos. Se encuentra aprobada por la Agencia
Europea de Medicamentos (EMA) a partir de los 16
años y por la agencia encargada de regulación de me-
dicamentos en Estados Unidos (FDA) a partir de los
18 años, por lo tanto, su indicación en la población
infantojuvenil es o label (Correll et al., 2024).
En una reciente revisión sistemática y metanáli-
sis en donde se incluyeron 3 ensayos clínicos con un
reducido número de pacientes la clozapina demostró
una magnitud de efecto moderado a alto en la re-
ducción de síntomas según la escala Brief Psychiatric
Tabla 26. Fármacos aprobados por la FDA para
esquizofrenia en la población infantojuvenil
Fármaco Edad Dosis recomendada
Haloperidol >3 años* 0,05 - 0,15 mg/K/día
Paliperidona >15 años <51K 3-6 mg/día
>51K 3-12 mg/día
Risperidona >13 años 0,6-6 mg/día
Aripiprazol >13 años 10-30 mg/día
Olanzapina >13 años 10-20 mg/día
Quetiapina >13 años 400-800 mg/día
Brexpiprazol >13 años 1-4 mg/día
Lurasidona >13 años 40-80 mg/día
*Trastornos psicóticos.
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Rating Scale (BPRS) y una ecacia superior al halo-
peridol y a la olanzapina (Adnan et al., 2022). Coin-
cidentemente, otro metanálisis reportó una magnitud
de efecto alta (>0,8) comparada con placebo (Krause
et al., 2018). En un estudio de seguimiento de 2 a 6
años, los pacientes infantojuveniles tratados con clo-
zapina presentaron mejoría clínica sustancial con una
menor gravedad de la enfermedad (Sporn et al., 2007).
A su vez, estudios observacionales mencionan una
reducción del número y la duración de las hospita-
lizaciones en pacientes pediátricos tratados con este
fármaco (Adnan et al., 2022). Los niños y adolescen-
tes pueden responder a dosis más bajas (con concen-
traciones sanguíneas más bajas) que los adultos, sin
embargo, algunos pacientes requerirán niveles plas-
máticos ≥350 ng/ml, o ≥450 ng/ml y a veces incluso se
necesitan hasta 600 ng/ml para lograr suciente res-
puesta (Correll et al., 2024). En aquellos pacientes con
respuesta insuciente, la continuación del tratamiento
dependerá del grado de mejoría comparada con el es-
tado anterior al inicio de la clozapina. Las estrategias
de aumento pueden incluir otros antipsicóticos, espe-
cialmente aripiprazol. Sin embargo, el nivel de eviden-
cia es bajo y la polifarmacia aumenta el riesgo de la
aparición de efectos adversos (Tiihonen et al., 2019).
La terapia electroconvulsiva (TEC) puede ser una
estrategia de aumento o una alternativa terapéutica en
pacientes que no responden o que no toleran la far-
macoterapia, así como para aquellos que desarrollan
catatonia (McClellan et al., 2013). La primera serie de
casos sobre el uso de TEC en la esquizofrenia infan-
tojuvenil fue reportada en 1947 en donde los autores
resaltaron su efecto benecioso. Posteriormente, Rey
y Walter reportaron una tasa de respuesta del 42 % en
adolescentes con esquizofrenia (Rey y Walter, 1997).
A su vez, en un estudio retrospectivo más reciente en
donde se analizó la ecacia del TEC en 51 adolescentes
con trastornos del humor, trastorno psicótico y catato-
nia, se observó una mejoría signicativa en el 77 % de
los pacientes y muy buena tolerabilidad (Puer, 2016).
En 2018 la FDA reclasicó el TEC, pasando de ser de
riesgo alto (clase III) a riesgo moderado (clase II) y
aprobó su uso a partir de los 13 años (Food and Drug
Administration, 2018). A pesar de la evidencia men-
cionada y de que la Asociación Americana de Psiquia-
tría del Niño y del Adolescente (AACAP) la mencio-
na como una estrategia posible, persiste la impresión
de que se encuentra infrautilizada en pacientes para
quienes está claramente indicada (McClellan et al.,
2013; Puer et al., 2016).
33.2.2. Tratamiento de mantenimiento
El objetivo de esta etapa es la recuperación funcional
y evitar la recaída manteniendo la máxima eciencia
terapéutica a la dosis efectiva mínima. Se sugiere que
los pacientes que respondieron a un antipsicótico con-
tinúen la terapia con el mismo fármaco, salvo que se
requiera de un cambio por falta de tolerabilidad. La ma-
yoría de los niños y adolescentes con esquizofrenia re-
quieren de un tratamiento de por vida dado que poseen
un riesgo signicativo de sufrir una recaída si se sus-
pende la medicación antipsicótica. Se ha reportado que
el 80 % de los jóvenes experimentan una recaída dentro
de los 5 años posteriores a la remisión del episodio ini-
cial. A su vez, la falta de adherencia es particularmente
frecuente en estos pacientes (Abidi et al., 2017). Por este
motivo es necesario mantener un control médico regu-
lar. El incumplimiento del tratamiento se asocia con
mayor riesgo de recaída y falta de respuesta.
Si bien en la actualidad no existe ninguna formu-
lación de depósito aprobada por las agencias regula-
doras en pediatría, puede ser una alternativa en estos
pacientes. En un ensayo clínico abierto en donde se
incluyeron 31 adolescentes estables con esquizofre-
nia que recibían terapia con risperidona u olanzapina
vía oral se evaluó el cambio a risperidona de depósito.
Luego de 24 semanas, se observó una reducción signi-
cativa en la PANSS (- 4.2 ± 0.2, P < 0.01) y buena tole-
rabilidad (Ruan et al., 2010). Una reciente revisión sis-
temática y metanálisis ha reportado que el fármaco de
depósito más estudiado en la población infantojuvenil
es la risperidona a pesar de que la evidencia es baja (Be-
narous et al., 2022). Un estudio en el que se ensayó el
palmitato de paliperidona en adolescentes con primer
episodio psicótico, demostró una mejor aceptación a
las inyecciones mensuales que la administración diaria
de risperidona vía oral (Petrić et al., 2019). La AACAP
recomienda el uso o label de este grupo de fármacos
en pacientes no adherentes a partir de los 15 años con
la nalidad de prevenir la transición a fases avanzadas
del trastorno (Mc Clellan et al., 2013).
El tratamiento a largo plazo está indicado en aque-
llos pacientes con persistencia sintomática. A pesar de
que no hay una indicación precisa de cuánto tiempo
debe sostenerse el antipsicótico, existe cierta evidencia
de que no todos los pacientes requieren un tratamien-
to farmacológico de por vida. Incluso, algunos mejoran
su funcionamiento al disminuir la dosis o incluso reti-
rar el fármaco. Sin embargo, esta decisión dependerá de
la gravedad de los síntomas, el funcionamiento global
del paciente, sus preferencias y el análisis del riesgo de
recaída. Para aquellos pacientes con un primer episo-
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dio psicótico que logran la remisión se recomienda la
terapia de mantenimiento al menos 2 años luego de la
cesación sintomática (McClellan et al., 2013).
En un pequeño número de individuos puede ser
posible suspender la medicación. Los síntomas de dis-
continuación deben evitarse al disminuir o suspender
el antipsicótico. Para ello es necesario realizar un re-
tiro gradual del fármaco de forma tal que se generen
reducciones modestas en el bloqueo dopaminérgico.
Estudios de imágenes han demostrado una relación
hiperbólica entre la dosis administrada del antipsicó-
tico y la ocupación de receptores D2. Por lo tanto, si se
realiza una reducción de dosis lineal, los cambios en el
bloqueo dopaminérgico a dosis bajas serán más brus-
cos que a dosis mayores. Por este motivo, algunos au-
tores recomiendan un plan de retiro hiperbólico con
disminución de la dosis del 10 % cada 3 a 6 meses y
descensos aun menores en las dosis nales próximas a
la suspensión del antipsicótico (Horowitz et al., 2021).
34.Esquizofrenia y psicosis de inicio
tardío
Los síntomas psicóticos se presentan en diferentes
grupos etarios, habitualmente ocurren durante la ado-
lescencia, pero el gran desafío clínico se da cuando se
presenta en edad avanzada.
Clásicamente la aparición de síntomas psicóticos
en pacientes mayores se ha atribuido a causas orgá-
nicas, demencia o trastornos afectivos, sin embargo,
nos encontramos un grupo de pacientes en los que
las psicosis primarias se inician de forma muy tara,
aproximadamente el 60 % de pacientes mayores con
psicosis de reciente comienzo son portadores de una
psicosis secundaria, con lo cual el 40 restante es todo
un desafío para los psiquiatras.
Teniendo en cuenta los patrones demográcos
de envejecimiento poblacional, es probable que nos
encontremos cada vez más en nuestra práctica clíni-
ca la aparición de psicosis de tipo esquizofrénico en
pacientes de edad avanzada. En este sentido, a pesar
de su similitud con los cuadros que debutan a edades
más tempranas, las psicosis de inicio muy tardío po-
seen características diferenciales, por lo cual conocer-
las podrá ayudar a realizar un mejor diagnóstico dife-
rencial en una patología cada vez menos infrecuente.
A pesar de que la psicosis es una de las enferme-
dades de las que tradicionalmente la Psiquiatría se ha
ocupado con mayor interés, la forma en que esta en-
fermedad se maniesta en la edad avanzada ha recibi-
do poca atención, disponiendo de cuerpo de conoci-
mientos limitado hasta la actualidad.
Emil Kreapelin fue el primero que describió los
síntomas psicóticos en personas mayores y los llamó
paranoides, en cambio Khalbaum los denominó pa-
rafrénicos. Finalmente, fue Bleuler quien denominó
esquizofrenia tardía por primera vez a lo que denomi-
namos actualmente psicosis de edad avanzada.
La aparición de síntomas psicóticos en las perso-
nas mayores (psicosis tardías) generan importantes
dudas diagnósticas, entre ellas la denición de lo que
llamamos “tardío.
34.1. Denición de psicosis tardía
Con el correr de los años fueron surgiendo diferen-
tes conceptos, tales como psicosis de comienzo tar-
dío: late onset psychosis o esquizofrenia de comienzo
tardío (LOS), psicosis de comienzo muy tardío: very
late-onset schyzophrenia-like psychosis (LOSL), o psi-
cosis de la vida avanzada: late-life psychosis).
La Asociación Americana de Psiquiatría, en las di-
ferentes versiones actualizadas de sus guías, a través
de los años fue ubicando este fenómeno en diferentes
Recomendaciones generales
Iniciar tratamiento multimodal (psicoeducación con abordaje familiar, terapia psicológica y psicofarmacológica) tan pronto se haya
realizado el diagnóstico.
Iniciar tratamiento farmacológico a dosis bajas y aumentar lentamente.
Iniciar farmacoterapia con antipsicóticos atípicos dado que tienen ecacia similar (salvo ziprasidona y asenapina).
La olanzapina no se sugiere de primera línea debido al riesgo de efectos adversos metabólicos.
Se recomienda el uso off label de clozapina en esquizofrenia resistente.
El uso off label de antipsicóticos de depósito puede ser una opción en pacientes no adherentes.
Evitar la polifarmacia.
La población infantojuvenil es más susceptible a experimentar efectos adversos. Estricto monitoreo de la aparición de los mismos.
Priorizar la indicación de fármacos aprobados por las agencias reguladoras, de no ser posible,
elegir el tratamiento con mayor nivel de evidencia cientíca disponible.
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aspectos evolutivamente. En la primera edición del
Manual de Diagnóstico versión I, publicado en 1952,
lo llamó “reacción psicótica involutiva. En su segunda
edición de 1968 pasó a llamarlo “estado paranoide in-
volutivo o parafrenia involutiva” (Horwis, 2014).
Años más tarde, en su tercera versión (1980), modi-
có los llamados trastornos para dar paso a los síndro-
mes, excluyendo el diagnóstico en mayores de 45 años.
Es en la versión revisada del DSM-III, publicada
en 1987, donde se especica que los síntomas po-
drían aparecer después de los 45 años llamándolo de
comienzo tardío (LOS), para dar paso luego a la si-
guiente clasicación, en 1994 con motivo del DSM-
IV, donde se establece que cualquier psicosis se puede
presentar en forma tardía, apoyando esta contingen-
cia clínica en su versión revisada años más tarde en el
DSMIV-TR.
En su última revisión de 2013 (DSM 5) no está
contemplado, ni especicada la edad de inicio de psi-
cosis; como así tampoco en la Clasicación Estadística
Internacional de las Enfermedades y problemas de Sa-
lud relacionados (ICD 10).
Recién en 1998 se celebró en Inglaterra, con el n
de unicar criterios, una conferencia donde el Grupo
Internacional de Esquizofrenia de inicio tardío (Inter-
national Late-Onset Group, ILOSG), denieron nal-
mente dos grupos de edad para el inicio de la esquizo-
frenia en pacientes mayores de 40 años:
■ Esquizofrenia de inicio tardío (LOS): entre 40 y 60
años.
■ Psicosis de tipo esquizofrénico de inicio muy tar-
dío (VLOP): la edad de inicio es mayor a 60 años,
la cual incluye la presencia de fenómenos deliran-
tes y de alucinaciones, en ausencia de demencia o
de trastorno afectivo primario.
Se estima que, a partir de esta edad, por cada 5 años,
aumenta la incidencia en un 11 %, y también aumenta
la proporción mujer-hombre (hasta 5-7 mujeres por
cada hombre).
34.2. Manifestaciones clínicas
En las psicosis de comienzo tardío existe un claro
predominio de síntomas positivos en sus más oridas
formas: delirios, más frecuentes de persecución y alu-
cinaciones frecuentemente auditivas presentes en el
80 % de los casos.
Son frecuentes también los síntomas de primer
rango de Schneider (Heinz et al., 2016).
34.3. Diagnóstico diferencial
Es importante conocer clínicamente los diagnósticos
diferenciales entre algunas contingencias nosológicas,
como las psicosis de inicio tardío versus las demencias
en estadios iniciales (ver Figura 4).
Otro cuadro clínico frecuente en este rango etareo
son los cuadros clínicos solapados entre trastornos
afectivos primarios versus psicosis de inicio tardío
(ver Figura 5).
Dentro del complejo de demencias neurodegene-
rativas podríamos mencionar las siguientes, que debe-
remos tener presente en el diagnóstico diferencial en
las psicosis de inicio tardío:
■ Enfermedad de Alzheimer atípica, variante con-
ductual.
■ Enfermedad con cuerpos de Lewy.
■ Enfermedad de Parkinson.
■ Demencia frontotemporal variante conductual
(DFTvc).
■ Psicosis pos-ACV.
Figura 4. Psicosis de inicio tardío versus demencias en estadios iniciales
Psicosis de inicio tardío Demencias en estadios iniciales
Inicio abrupto Inicio insidioso
Curso crónico con episodios de reagudización Progresivo, décits cognitivos, deterioro funcional
Figura 5. Psicosis de inicio tardío versus trastornos afectivos
Psicosis de inicio tardío Trastornos afectivos
Sintomatología afectiva secundaria Sintomatología depresiva primaria
Persisten síntomas psicóticos a pesar de remitir los afectivos Delirios con temática de culpa, ruina, alucinaciones, difamatoria
Curso crónico, responde a AP Curso periódico, buena respuesta a ATD
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34.4. Evaluación diagnóstica y plan de trata-
miento
Como siempre, la anamnesis y la entrevista estructu-
rada son la base del diagnóstico aproximado, tanto al
paciente como a los familiares (curso de los síntomas,
edad de inicio, tipo, duración, evolución, frecuencia,
severidad).
Evaluar exhaustivamente el consumo de medi-
camentos y enfermedades asociadas que puedan ser
causa de inicio en esa edad, un tema no menor para
tener presente es el consumo de sustancias.
Como rutina de exámenes complementarios se
debe incluir un ECG, neuroimágenes, pruebas de la-
boratorio (hemograma, glucemia en ayunas con he-
moglobinas glicosiladas, hepatograma, lipograma,
ionograma, función renal (uremia y creatinina), fun-
ción tiroidea, vitaminas B y D.
Se recomienda un tratamiento integral, que inclu-
ya tratamiento farmacológico, psicoterapéutico e in-
tervenciones sociales. Además, resulta fundamental
corregir los décits sensoriales en caso de que existan.
A nivel farmacológico, los antipsicóticos constituyen
el tratamiento fundamental, siguiendo la línea de las
recomendaciones del tratamiento en pacientes más
jóvenes, ya que no existen estudios especícos en pa-
cientes con psicosis de inicio tardío y, por lo tanto, no
ha sido posible elaborar guías de tratamiento especí-
co. Se suelen recomendar los antipsicóticos de segun-
da generación por su mejor perl de tolerancia (esca-
sos estudios con risperidona muestran buen perl de
seguridad y ecacia) a dosis más bajas que lo habitual
(Alexopulus et al., 2004).
Como conclusión podemos decir que las psicosis
de inicio tardío han sido poco abordadas a la fecha,
poseen características distintivas clínicas con respec-
to a las que se presentan a edad temprana, no existen
todavía criterios cientícos unicados, y tampoco en-
sayos multicéntricos, controlados para determinar la
ecacia de los tratamientos psicofarmacológicos.
Es mandatorio investigar, simplicar y unicar,
crear consensos para poder ofrecer recomendaciones
validas en la aplicación de nuestra práctica cotidiana.
35. Trastornos del movimiento en es-
quizofrenia
Los trastornos del movimiento son frecuentes en la
esquizofrenia (Perju-Dumbrava y Kempster, 2020).
Desde el punto de vista clínico, la disfunción de los
ganglios basales, concretamente de la parte dorsolate-
ral que interviene en las funciones sensoriomotoras,
se ha relacionado con varios trastornos del movimien-
to en esta patología (Kalniunas et al., 2024; Gittis y
Kreitzer, 2012) entre ellos la discinesia, la distonía, el
parkinsonismo y la acatisia. La discinesia se describe
típicamente como movimientos involuntarios hiper-
cinéticos de intensidad variable y de tipo coreiforme.
La distonía se maniesta en contracciones muscula-
res involuntarias sostenidas o intermitentes, como
movimientos y posturas retorcidas, y repetitivos. El
parkinsonismo se dene clínicamente por sus carac-
terísticas principales: temblor, rigidez, bradicinesia e
inestabilidad postural (Abdo et al., 2010). La acatisia
se caracteriza típicamente por una sensación subjetiva
de inquietud interior y actividades motoras complejas
y semiexpresivas, como caminar de un lado a otro (Sa-
lem et al., 2017).
Con la introducción de los fármacos antipsicóti-
cos y sus numerosos efectos adversos neurológicos,
se asumió en general que estas anomalías motoras
eran consecuencia del tratamiento con estos fármacos
(Ayehu et al., 2014; Whitty et al., 2009). Estos efec-
tos secundarios extrapiramidales (SEP) o trastornos
del movimiento inducidos por fármacos (Sias et al.,
2023; Stahl et al., 2021), se encuentran entre los efec-
tos más comunes de los medicamentos antipsicóticos
y pueden presentarse en hasta un tercio de las perso-
nas con esquizofrenia (Novick et al., 2010). Pueden
ser estigmatizantes y desagradables, lo que conduce
al incumplimiento del tratamiento (DiBonaventura
et al., 2012). Además, a menudo requieren el uso de
medicamentos adyuvantes, como los anticolinérgicos,
que podrían aumentar aún más la carga de efectos se-
cundarios, por ejemplo, deterioro cognitivo y estreñi-
miento (Joshi et al., 2021).
Los NSS (neurological so signs), como se desarro-
llará más adelante, están presentes en pacientes con
esquizofrenia independientemente del uso de fárma-
cos neurolépticos (Rathod et al., 2020; Bombin et al.,
2005).
A lo largo de la era preneuroléptica, aparecieron
numerosos informes en la literatura sobre movimien-
tos anormales involuntarios similares a las descrip-
ciones actuales de las discinesias y los signos motores
parkinsonianos observados en pacientes medicados
(Pappa y Dazzan, 2009; Kraepelin, 1919; Turner, 1989;
Fenton et al., 1994). Los tics y las estereotipias, esta-
ban bien documentados en la era preneuroléptica, y
los trastornos posturales y conductuales de los estados
catatónicos crónicos eran entonces bastante comunes
en las instituciones psiquiátricas.
Kraepelin (1919) ya había señalado esta tendencia
95
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
en sus pacientes: «rostro ausente, inmóvil, como una
máscara...»; «los movimientos simples son rígidos, len-
tos, forzados...»; «fenómenos espasmódicos de la mus-
culatura facial y del habla…» y, la mención de Bleuler
(1950) de pacientes «... que realizaban todo tipo de ma-
nipulaciones con los dientes... muecas de todo tipo...
movimientos extraordinarios de la lengua y los labios»
fueron ejemplos clásicos de tales presentaciones de la
era preneuroléptica (McCreadie et al., 2005).
Es posible observar características motoras de la
esquizofrenia preneuroléptica en documentales his-
tóricos, como en la película muda de 1938 Symptoms
in Schizophrenia donde se observan estereotipias, ca-
talepsia, ecopraxia, pero también movimientos oro-
faciales que se asemejan a la discinesia tardía (Page,
1938a; Page, 1938b).
En la era posneuroléptica, la información sobre los
trastornos del movimiento en la esquizofrenia se ha
obtenido de estudios de pacientes crónicos, principal-
mente en países en desarrollo, que nunca habían sido
expuestos a medicamentos antipsicóticos (Owens et
al., 1982; McCreadie y Ohaeri, 1994; Homan et al.,
1996; McCreadie et al., 1996; Srinivasan et al., 2001).
Carlsson demostró en 1963 que la clorpromazina
bloqueaba los receptores de dopamina, y este descu-
brimiento condujo al desarrollo de una hipótesis do-
paminérgica de la esquizofrenia (Carlsson y Lindqvist,
1963).
Al igual que con la dicotomía positiva-negativa de
los síntomas esquizofrénicos, diferentes aspectos de la
disfunción dopaminérgica podrían explicar la presen-
cia de características tanto hipercinéticas como hipo-
cinéticas. La desregulación de la dopamina como una
vía común nal, permite contribuciones ascendentes
de otros neurotransmisores —glutamato, ácido gam-
ma-aminobutírico, serotonina— a través de los cuales
podrían actuar los factores genéticos y ambientales pre-
disponentes de la esquizofrenia (Howes y Kapur, 2009).
Diferentes estudios demuestran que, en pacientes
con un primer episodio de psicosis sin medicación,
el 66 % presenta al menos un síntoma motor, mien-
tras que esta cifra aumenta al 80 % en pacientes con
esquizofrenia en tratamiento crónico (Lefebvre et
al., 2020; Walther y Strik, 2012). De hecho, la cifra se
aproxima al 100 % en personas mayores con esqui-
zofrenia (Quinn et al., 2001). En la fase premórbida,
observamos un aumento de los niveles de movimien-
tos involuntarios anormales en niños que presentaban
algunos síntomas prodrómicos de psicosis (Kindler
et al., 2016). Del mismo modo, los movimientos in-
voluntarios anormales son más frecuentes en sujetos
con mayor riesgo de psicosis en comparación con los
controles sanos, pero menos frecuentes que en los pa-
cientes con un primer episodio (Kindler et al., 2019).
La ralentización psicomotora también se observa en
sujetos con riesgo clínico de psicosis (Damme et al.,
2019). Las anomalías motoras parecen indicar malos
resultados, por ejemplo, deterioro cognitivo (Cuesta
et al., 2014) o deciente función social (Cuesta et al.,
2018; Walther et al., 2016).
Los trastornos del movimiento podrían formar
parte de la manifestación clínica de la esquizofrenia.
Se indica que un posible desequilibrio de los circuitos
neuronales de los ganglios basales inducido por la do-
pamina podría ser un componente siopatológico im-
portante que relaciona los trastornos del movimiento
con la psicosis (Bocti et al., 2003; Mehler-Wex et al.,
2006). En la esquizofrenia y los trastornos del movi-
miento, como la enfermedad de Parkinson, la orga-
nización motora cortical y subcortical se ve inuida
por las condiciones de la enfermedad primaria. Los
ganglios basales y las conexiones talámicas parecen
desempeñar un papel clave en la interacción cortical
y subcortical. Por lo tanto, los cambios cruciales en
las redes córtico-estriato-tálamo-corticales se asocian
con disfunciones en la percepción, la atención, la re-
gulación afectiva, el procesamiento de la información
y las alteraciones motoras.
El parkinsonismo en pacientes tratados con an-
tipsicóticos se atribuye generalmente a la actividad
antagonista de la dopamina estriatal de estos medi-
camentos. Los estudios que evaluaron a pacientes sin
tratamiento previo con psicosis de primer episodio
informaron una prevalencia de signos motores par-
kinsonianos que oscilaba entre el 23 % (Chong et al.,
2005) y el 27 % (Honer et al., 2015). De hecho, las ci-
fras de prevalencia del parkinsonismo relacionado con
los fármacos en pacientes que toman medicamentos
antipsicóticos convencionales oscilan entre el 15 % y el
30 % (Owens, 1999). En estudios sobre psicosis de pri-
mer episodio, el parkinsonismo inducido por fármacos
está presente en aproximadamente el 35 % de los pa-
cientes (Chakos et al., 1992; Caligiuri y Lohr, 1997). Sin
embargo, estas tasas parecen ser más bajas en aquellos
tratados con fármacos antipsicóticos atípicos.
La discinesia en pacientes con psicosis de primer
episodio que no han recibido tratamiento antipsicóti-
co es del 9 %. Algunos estudios han informado de una
tasa de prevalencia de discinesia espontánea del 1-5 %
en sujetos ancianos sanos (Klawans y Barr, 1982; Kane
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
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y Smith, 1982) del 18-32 % en pacientes geriátricos
que no habían recibido tratamiento antipsicótico en
residencias de ancianos (Bourgeois et al., 1980a; Bour-
geois et al., 1980b; Blowers et al., 1981) y del 38-100 %
en pacientes ancianos con esquizofrenia crónica que
no han recibido tratamiento farmacológico (Owens et
al., 1982; McCreadie et al., 1996; Waddington et al.,
1987). Sin embargo, la incidencia y la prevalencia de
la discinesia tardía parecen haber disminuido con el
uso de antipsicóticos atípicos de segunda generación
(Kane, 2004; Correll et al., 2004).
La distonía tara, diferente de la discinesia tardía
por su predilección por los pacientes esquizofrénicos
jóvenes tras un tratamiento antipsicótico de duración
relativamente corta, afecta a los músculos cervicales y
del tronco, lo que da lugar a posturas jas extensoras o
torsionales (Viechtbauer, 2005). Aunque los fármacos
anticolinérgicos empeoran la discinesia tardía, pue-
den disminuir la distonía tardía (Furuya-Kanamori et
al., 2018).
La acatisia, con una incidencia que oscila entre el 21 %
y el 75 %, es un síndrome sensoriomotor que consiste en
inquietud interior, necesidad imperiosa de moverse, un
componente objetivo de movimientos inquietos y, en
ocasiones, disforia prominente. Suele aparecer de for-
ma aguda y mejorar con la retirada del fármaco, aunque
tiene una contrapartida crónica o tara que puede em-
peorar con la interrupción del bloqueo de los recepto-
res de dopamina (Raudenbush, 2009).
Mientras que la acatisia puede aparecer a los po-
cos minutos de la primera dosis del tratamiento an-
tipsicótico, las reacciones distónicas agudas suelen
retrasarse al menos 12 horas (Moher et al., 2009). Esto
puede estar relacionado con la disminución del nivel
de medicamento en sangre (Aydemir et al., 2005). El
90 % de las reacciones comienzan en un plazo de 3 a 5
días. Se ha estimado que la prevalencia de la distonía
aguda oscila entre el 2 % y el 60 % de los pacientes
tratados con antipsicóticos convencionales (Ayehu et
al., 2014) y entre el 2 % y el 3 % con antipsicóticos
atípicos (Bhandari y Bhagabati, 2017). Las manifesta-
ciones habituales son distonía orofacial, arqueamiento
de la espalda, extensión del cuello y, ocasionalmente,
espasmo laríngeo. El síndrome de Pisa, caracterizado
por una exión lateral tónica del tronco, puede apa-
recer como reacción distónica subaguda entre 3 y 10
días después de iniciar con un antipsicótico, o como
una forma de distonía tardía (Caligiuri y Lohr, 1994).
En el parkinsonismo inducido por fármacos, una
vez que se suspende el agente causal, la mejoría clínica
se produce con un retraso de meses, mucho después de
que el bloqueo farmacológico de los receptores de do-
pamina debería haber desaparecido. Marsden pensaba
que los pacientes a veces tardaban hasta 18 meses en
empezar a mejorar y hasta 5 años en recuperarse por
completo (Carbon et al., 2015). El bloqueo crónico de
los receptores de dopamina aumenta la frecuencia de
disparo y la actividad metabólica de las neuronas do-
paminérgicas nigrales. El consiguiente bloqueo de la
despolarización (Cuesta et al., 2014) o el daño neuronal
estructural (Owens et al., 1982) son posibles razones de
la recuperación tardía tras la retirada del fármaco.
En el síndrome neuroléptico maligno en su forma
plenamente desarrollada, la ebre, la rigidez con rabdo-
miólisis, la inestabilidad autonómica y el estado mental
alterado pueden poner en peligro la vida del paciente.
Es probable que la causa principal sea el bloqueo de los
receptores dopaminérgicos D2, y las explicaciones pe-
riféricas relacionadas con la toxicidad de las bras mus-
culares esqueléticas son menos satisfactorias. La altera-
ción de la regulación del gasto energético muscular en
el síndrome neuroléptico maligno subraya una función
importante de los ganglios basales: optimizar la ecien-
cia energética en el control motor.
En la catatonia, con su peculiar retraimiento men-
tal, unido a diversos grados de mutismo, el reto para el
clínico consiste en identicar las características con-
ductuales y motoras que diferencian la catatonia de
otras causas de estupor y coma. Sus signos motores,
aunque distintivos, se asemejan a los de la enfermedad
orgánica de los ganglios basales: posturas anormales
sostenidas similares a la distonía y la hipertonía con
exibilidad cérea.
El síndrome serotoninérgico, que comparte una
serie de signos clínicos con el síndrome neuroléptico
maligno y la catatonia, entra en el diagnóstico diferen-
cial cuando existe una exposición adicional a agentes
serotoninérgicos. Por lo general, el síndrome serotoni-
nérgico presenta una mayor agitación mental, con ca-
racterísticas motoras más excitatorias, como temblores,
mioclono, clonus e hiperreexia (Kopala et al., 2006).
La disfunción neuromotora en la esquizofre-
nia puede implicar múltiples vías cerebrales fronta-
les-subcorticales responsables no solo del comporta-
miento motor, sino también del emocional, cognitivo
y afectivo (Andreasen et al., 1998). A nivel subcortical,
se ha implicado a los ganglios basales en la patogénesis
de la esquizofrenia, y se ha sugerido que desempeñan
un papel crucial en el origen de la disfunción motora
observada en este trastorno.
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De hecho, los ganglios basales constituyen un siste-
ma esencial integrado del cerebro anterior que recoge
señales de toda la corteza cerebral (áreas sensoriales,
motoras, de asociación y límbicas), redistribuye estas
señales entre sí y envía sus resultados a los lóbulos
frontales y al tronco encefálico a través del tálamo. In-
cluyen cinco núcleos subcorticales: el caudado y el pu-
tamen (que juntos forman el cuerpo estriado), el glo-
bo pálido, el núcleo subtalámico y la sustancia negra.
Existen redes paralelas e integradas en las vías de
los ganglios corticobasales, mantenidas y moduladas
a través de circuitos transtalámicos (Draganski et al.,
2008). Se cree que el caudado desempeña un papel en
la función cognitiva, el estriado ventral está implicado
en la recompensa y el refuerzo, y se sabe que el puta-
men es responsable del control motor. La distribución
de los síntomas en diversas afecciones neurológicas y
psiquiátricas, así como en modelos neuropsicológicos
y datos neuropatológicos, apoyan principalmente este
modelo (Utter y Basso, 2008).
La conectividad alterada entre estas estructuras y
el córtex, que supuestamente subyace a los trastornos
psicóticos, podría ser el sustrato de los trastornos mo-
tores. Esta noción encuentra más apoyo en datos re-
cientes de imágenes neuropsiquiátricas. Por lo tanto,
los trastornos del movimiento espontáneos pueden
ser rasgos característicos de un tipo distinto de esqui-
zofrenia “motora” (similar a la esquizofrenia paraci-
nética descripta en el pasado) o parte de una forma
más grave de la enfermedad.
A nivel psicofarmacológico vamos a ver que, cuan-
do los agentes bloqueadores de los receptores de do-
pamina (DRBA) se generalizaron, los trastornos del
movimiento tardíos aparecieron como un “nuevo
problema en la práctica psiquiátrica (Bakker et al.,
2011). La denición de discinesia tardía en el Manual
diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 5.ª
edición (DSM-5), reconoce que no siempre es necesa-
ria una exposición prolongada a neurolépticos: «mo-
vimientos atetoides o coreiformes involuntarios que
duran al menos unas semanas, se desarrollan en aso-
ciación con el uso de un medicamento neuroléptico
durante al menos unos meses y persisten más allá de
4-8 semanas» (Eastham et al., 1996). Las variaciones
incluyen movimientos torsionales de la lengua dentro
de la boca, protrusiones rápidas de la lengua (lengua
de pájaro) y empuje de la lengua contra la mejilla in-
terna creando un bulto (signo del bombón) (Page et
al., 2021).
La discinesia tardía suele empeorar temporalmente
al suspender el DRBA causante. Alrededor del 30 % de
los pacientes tratados con esquizofrenia sin discinesia
tardía desarrollaron discinesia emergente por abstinen-
cia cuando se suspendió la medicación antipsicótica
(Munn et al., 2014). El bloqueo crónico de los recep-
tores D2 y la hipersensibilización resultante induce un
ajuste inadaptado en la transmisión corticoestriatal, lo
que da lugar a un desequilibrio entre las vías motoras
directas e indirectas de los ganglios basales (Tufanaru
et al., 2020).
Otro factor para tener en cuenta son los NSS, que
se denen como alteraciones neurológicas sutiles de la
integración sensorial, la coordinación motora, el equi-
librio y la secuenciación de actos motores complejos
(Schroder et al., 1991). El nombre de “signos blandos
indica que tienen escaso valor de localización. Aun-
que los NSS se encuentran en muchas enfermedades
neuropsiquiátricas, tienen una prevalencia mucho
mayor en la esquizofrenia (Heinrichs y Buchanan,
1988). Cuando se consideran todos los pacientes con
esquizofrenia, es decir, pacientes con primer episodio
no medicados, medicados y con esquizofrenia cróni-
ca, la inmensa mayoría de los estudios informan de
una prevalencia de más del 50 % de NSS anormales,
en comparación con alrededor del 5 % en controles
sanos normales (Chan y Chen, 2007).
La cantidad de NSS que se presentan en la esquizo-
frenia, puede llevar a realizar una diferenciación en-
tre esquizofrenia esporádica y familiar, con anomalías
más llamativas en los casos familiares (Scheer, 2003).
Se observan puntuaciones de NSS más altas en los pa-
cientes psicóticos, en comparación con los controles
sanos y; en los familiares del paciente, la puntuación
se correlaciona positivamente con el grado de paren-
tesco genético (Cantor-Graae et al., 1994).
Las NSS más frecuentes pueden dividirse en tres
dominios: coordinación motora, secuenciación de ac-
tos motores complejos e integración sensorial (Biswas
et al., 2007). Las dicultades en la coordinación mo-
tora incluyen el temblor intencional, anomalías del
equilibrio y de la marcha, oposición dedo-pulgar,
disdiadococinesia y coordinación general. La secuen-
ciación de actos motores complejos se evalúa me-
diante la prueba del puño-borde-palma, la prueba del
puño-anillo y la prueba de Ozeretski. El deterioro de
la integración sensorial se maniesta como extinción
bilateral, deterioro de la integración audiovisual, agra-
fesia, astereognosis y confusión derecha-izquierda.
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
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35.1. Conclusión
La disfunción motora se asocia con una baja calidad
de vida y malos resultados clínicos en pacientes con
esquizofrenia. Actualmente, no existen tratamientos
ecaces para estas alteraciones motoras. Por lo tanto,
es prudente establecer nuevos avances terapéuticos
que puedan ayudar a mejorar el funcionamiento ge-
neral de los pacientes con esquizofrenia. El estableci-
miento de nuevas herramientas terapéuticas para me-
jorar la disfunción motora se basa en la comprensión
de los sustratos neuronales asociados a estos síntomas.
Los estudios de resonancia magnética estructural y
funcional sugieren que las anomalías motoras en la
esquizofrenia se deben a una disfunción de las redes
corticales y subcorticales de control motor/ejecutivo
(área motora primaria, área motora suplementaria,
corteza parietal posterior, corteza prefrontal, cerebelo
y ganglios basales).
36. Esquizofrenia y adicciones
Los trastornos por consumo de sustancias (TCS) son
comunes entre las personas con esquizofrenia y afec-
tan negativamente el curso clínico de la enfermedad.
El tabaco, el alcohol, el cannabis y la cocaína son sus-
tancias ampliamente utilizadas por las personas con es-
quizofrenia (Manseau et al., 2016). Con una prevalen-
cia a lo largo de la vida que oscila entre el 60 y el 90 %
para el tabaquismo, así como entre el 21 y el 86 % para
el alcohol, el 17-83 % para el cannabis y del 15 al 50 %
para el consumo de cocaína, tasas al menos tres veces
mayores que las de la población general (Khokhar, et
al., 2018).
La edad de inicio del consumo de sustancias es
aproximadamente a los 14 años. Sabemos que, desde el
Aunque los síntomas motores se encuentran inclui-
dos dentro de los dominios clínicos de la esquizo-
frenia, el presente consenso les otorga un apartado
especíco debido a su especial relevancia clínica y
terapéutica. Las alteraciones motoras no solo cons-
tituyen una dimensión relevante de la enfermedad,
sino que también pueden estar relacionadas con
efectos adversos de los tratamientos antipsicóticos
o con la presencia de comorbilidades médicas no
psiquiátricas. Por ello, su evaluación sistemática re-
sulta esencial para una valoración clínica integral y
para la optimización del abordaje terapéutico de
las personas con esquizofrenia
tabaco a las otras sustancias, condicionan la evolución
a síntomas psicóticos y desarrollo de psicosis. El pico de
diagnóstico de trastornos por uso o conductas adictivas
según algunos estudios es 19,5 y un segundo pico 44,5.
El espectro esquizofrénico y otros trastornos psicóticos
primarios a los 20,5 promedio (Solmi et al., 2022).
A pesar de la alta prevalencia y el impacto signi-
cativo en los resultados, la etiología de los trastor-
nos por consumo en individuos con esquizofrenia
sigue siendo poco conocida (Coustals et al., 2020).
Las personas con esquizofrenia que tienen síntomas
más graves son más propensas a tener un trastorno
por consumo de alcohol. Existe evidencia de un riesgo
genético compartido para los trastornos por consumo
de drogas y la esquizofrenia. Comparten anomalías en
el sistema dopaminérgico mesolímbico, lo que afecta
la recompensa a las drogas, la sensibilización y el de-
seo (Ward et al., 2023).
La tasa de mortalidad en pacientes con esquizofre-
nia es de 2 a 3 veces mayor que en la población general
(Laursen et al., 2012; McGrath et al., 2008; Saha et al.,
2007), lo que conduce a una reducción de la esperanza
de vida de 10 a 25 años (Laursen et al., 2012). Antes
del suicidio y los accidentes, las enfermedades cardio-
vasculares, el cáncer y las enfermedades respiratorias,
son las principales causas de este exceso de mortali-
dad (Crump et al., 2013; Olfson et al., 2015), lo que
convierte al tabaco en un importante problema de sa-
lud pública en estos pacientes. Su riesgo de fumar es
de 2 a 5 veces mayor en comparación con la población
general, con una prevalencia de tabaquismo del 70 %
(Hartz et al., 2014). Los pacientes con esquizofrenia
también presentan un mayor consumo de tabaco, una
mayor dependencia de la nicotina y una menor tasa de
abandono del hábito tabáquico que la población gene-
ral (de León y Díaz, 2005).
Los fumadores con esquizofrenia han reducido las
tasas de abandono del hábito de fumar, extraen más
nicotina por cigarrillo y fuman un mayor número de
cigarrillos más fuertes, todos indicadores de una ma-
yor dependencia de la nicotina que otros fumadores
(Dalack et al., 1998, de León y Díaz, 2005, Hughes y
Mather, 1986).
36.1. Relación entre la esquizofrenia y adic-
ciones
La esquizofrenia y el consumo de sustancias afectan
las vías compartidas de dopamina. La esquizofrenia se
caracteriza por una señalización dopaminérgica hipe-
ractiva en el circuito mesolímbico y una señalización
dopaminérgica hipoactiva en el circuito mesocortical.
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
Los síntomas positivos (delirios y alucinaciones) se
han atribuido a un exceso de dopamina en el sistema
mesolímbico, mientras que los síntomas negativos y el
deterioro cognitivo fueron asociados con niveles bajos
de dopamina en la corteza prefrontal. Las sustancias
adictivas conducen de forma aguda a una mayor libe-
ración de dopamina en el sistema mesolímbico. Por
tanto, se ha propuesto que los individuos con esquizo-
frenia puedan utilizar sustancias para mejorar el dé-
cit relativo de dopamina en el sistema mesolímbico.
Además, se ha sugerido que el deterioro cognitivo en
la esquizofrenia puede desinhibir la conducta de bús-
queda de recompensa en forma de consumo de sus-
tancias.
La relación entre el consumo de sustancias y es-
quizofrenia, llamada también patología dual, implica
cuatro hipótesis no excluyentes:
1. El “modelo de diátesis-estrés” postula que el con-
sumo de sustancias es un factor estresante ambien-
tal que puede precipitar la aparición de la esquizo-
frenia en individuos vulnerables a la psicosis.
2. La esquizofrenia causa el uso de sustancias: la
“hipótesis de la automedicación” propone que las
personas con esquizofrenia usan sustancias para
reducir los síntomas de su trastorno o para con-
trarrestar los efectos secundarios de la medicación
antipsicótica (Khantzian, 1997).
3. La esquizofrenia y el consumo de sustancias tienen
un origen compartido: se han sugerido anomalías
compartidas en la transmisión dopaminérgica es-
triada como un mecanismo siopatológico común
(da Silva et al., 2008). Han propuesto que las anor-
malidades en la formación del hipocampo y la cor-
teza frontal conducen a una señalización dopami-
nérgica y glutamatérgica desregulada en el núcleo
accumbens, lo que aumenta los efectos reforzantes
de la recompensa de la droga y reduce el control
inhibitorio sobre el comportamiento de búsqueda
de drogas (Chambers et al., 2001).
4. La esquizofrenia y el consumo de sustancias se re-
fuerzan mutuamente (Mueser et al., 1998). Esta hi-
pótesis sugiere que un estado hipodopaminérgico,
que puede ser inducido por el uso crónico de sus-
tancias o medicamentos antipsicóticos, resulta en
un mayor uso de sustancias y una mayor carga de
síntomas psicóticos en personas con esquizofrenia.
Se ha demostrado que las sustancias que toman re-
gularmente los pacientes con esquizofrenia tienen
efectos directos en las partes del cerebro que se cree
que están afectadas por los procesos patológicos de
la psicosis (Quinn et al., 2018). El consumo de sus-
tancias no solo parece aumentar el riesgo de adquirir
síntomas psicóticos, sino que también tiende a tener
un impacto negativo en el curso de la esquizofrenia,
ya que los pacientes informan síntomas más positivos,
mayores tasas de incumplimiento del tratamiento y
mayores tasas de recaída (Hartz et al., 2017; Crockford
y Addington, 2017).
36.2. Clínica
Los síntomas psicóticos relacionados a consumo pue-
den parecerse a los de la esquizofrenia aguda y debe
hacerse un diagnóstico diferencial., muchas veces lon-
gitudinal (Harris y Batki, 2000). Por ejemplo, la psico-
sis por cocaína puede diferir de la esquizofrénica agu-
da en que está marcada por un menor trastorno del
pensamiento y de ideas delirantes extrañas y menos
síntomas negativos tales como alogia y falta de aten-
ción (Roncero et al., 2012). Las alucinaciones pueden
ser auditivas, visuales o táctiles (las dos últimos son
mucho más frecuentes con el consumo de cocaína que
en la esquizofrenia) (Caton et al., 2005).
Las alucinaciones táctiles son especialmente típi-
cas de la psicosis asociada a estimulantes e incluyen la
sensación de algo (por ejemplo, insectos) que se arras-
tra bajo la piel (“hormigueo”).
Aproximadamente 65-70 % de los consumidores
crónicos de cocaína presentan síntomas paranoides
transitorios que suelen resolverse tras 24-48 h de abs-
tinencia. En una serie de 100 cocainómanos (Caba-
llero, 1998), la psicosis cocaínica se clasicó en leve,
moderada y grave en función de la importancia y la
duración de los síntomas, la afectación del pensa-
miento, la percepción y la motilidad. En esta serie, la
psicosis no se asoció a los años de consumo ni a la
cantidad consumida en el último año o mes, pero sí al
uso de vías rápidas, al género masculino y a la presen-
cia de ciertos rasgos de personalidad de los grupos A
y C del DSM-IV.
En la esquizofrenia, los trastornos por consumo
de drogas se asocian con una mayor gravedad de los
síntomas positivos (Pencer y Addington, 2003), más
ideación suicida (Hawton et al., 2005), agresión y vio-
lencia (Fulwiler et al., 1997), menos adherencia al tra-
tamiento (Janssen et al., 2006) y más recaídas (Drake
et al., 1998) y hospitalizaciones (Swoord et al., 1996).
Además, las personas con esquizofrenia con trastor-
nos por consumo tienen un mayor riesgo de conic-
to con los miembros de la familia y los proveedores
(Barrowclough et al., 2005), falta de vivienda e ines-
tabilidad de la vivienda (Drake et al., 1991), lo que
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subraya la necesidad crítica de comprender mejor las
interrelaciones entre los trastornos por consumo y la
esquizofrenia.
36.3. Tratamiento
Las intervenciones psicosociales y la psicoeducación
son prioritarias para prevención de avances en esta-
dios en adicciones. La modalidad de hospital de día e
internación en comunidad terapéutica debe ser tenida
en cuenta en pacientes con patología dual para lograr
desintoxicación y deshabituación sostenida (Waisman
Campos y Benabarre, 2017).
Los tratamientos farmacológicos para los SUD
están infrautilizados en las personas con esquizofre-
nia, ya que estas tienen menos probabilidades de re-
cibir tratamiento para las SUD en comparación con
las personas sin esquizofrenia (Kivimies et al., 2018;
Huang et al., 2013). Aunque la Administración de Ali-
mentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA)
no ha aprobado medicamentos antipsicóticos espe-
cícamente para el tratamiento de los trastornos por
consumo de sustancias, se cree que los medicamentos
antipsicóticos de segunda generación, como la olan-
zapina (Littrell et al., 2001), la quetiapina (Potv2in et
al., 2006), la risperidona (Rubio et al., 2006) y el ari-
piprazol (Beresford et al., 2005), tienen cierta ecacia
para tratar los trastornos por consumo de sustancias,
posiblemente a través de la modulación de las vías de
la serotonina, la histamina y la norepinefrina (Sattar
et al., 2004).
Por el contrario, los medicamentos antipsicóticos
de primera generación pueden ser menos ecaces, y
tal vez perjudiciales para el tratamiento del trastorno
por consumo de sustancias, debido a su fuerte anta-
gonismo con la dopamina, lo que podría aumentar
el deseo y exacerbar la disfunción dopaminérgica
mesolímbica de la esquizofrenia (Green et al., 1999).
Algunos han sugerido que los antipsicóticos de alta
potencia pueden aumentar el riesgo de consumo de
sustancias (Green et al., 2002).
Curiosamente, la clozapina ha demostrado con-
sistentemente efectos beneciosos para el uso concu-
rrente de sustancias, probablemente debido a su perl
farmacológico único de bloqueo débil del receptor D2,
potente bloqueo del receptor noradrenérgico alfa2 y
aumento signicativo de norepinefrina (Green et al.,
1999). El tratamiento con clozapina se ha asociado
con reducciones en el uso de sustancias, disminución
del deseo (Yovell et al., 1994) y aumento de las tasas
de abstinencia en múltiples SUD (Marcus et al., 1995).
En la esquizofrenia resistente al tratamiento, se obser-
vó que la clozapina era igualmente ecaz para aque-
llos con y sin antecedentes de consumo de sustancias
(Buckley et al., 1994). Existe evidencia emergente que
sugiere que la estimulación magnética transcraneal
repetitiva (EMTr) también puede ser un tratamiento
efectivo para el trastorno por consumo de drogas y la
esquizofrenia concurrentes, particularmente para el
consumo de tabaco y cannabis (Johnstone et al., 2022;
Ward et al., 2023). Las intervenciones psicosociales
también pueden ser tratamientos ecaces.
Con respecto a los fármacos especícos de adicciones:
■ Alcohol: la naltrexona (Petrakis et al., 2004), el di-
sulram (Mueser et al., 2003)) y la vareniclina son
ecaces en personas con esquizofrenia y trastorno
por consumo de alcohol concurrentes. Sin embar-
go, la vareniclina no fue bien tolerada (Meszaros
et al., 2013) y el disulram tiene un riesgo teórico
de empeorar la psicosis porque inhibe la dopamina
beta-hidroxilasa; este fenómeno parece ser bastante
raro en la práctica clínica (Das et al., 2017). Por el
contrario, el acamprosato no redujo el consumo de
alcohol más que el placebo (Ralevski et al., 2011).
■ Tabaco: varios estudios demuestran que la vare-
niclina, el bupropión y la terapia de reemplazo de
nicotina aumentan la abstinencia en fumadores
con esquizofrenia (Evins et al., 2021; Evins et al.,
2015). Ningún ensayo controlado de estos agentes
en fumadores con esquizofrenia ha observado un
aumento de eventos adversos neuropsiquiátricos
distintos de los trastornos del sueño (Anthenelli
et al., 2016; Gibbons et al., 2013). La citisina (no
disponible aún en la Argentina) es comparable a
la vareniclina (retirada del mercado), con menos
eventos adversos (Ofori et al., 2023).
Dado que el tabaquismo se asocia con un aumen-
to del aclaramiento hepático de muchos fármacos
psicotrópicos, se recomienda que los médicos vigi-
len a los pacientes que reducen o dejan de fumar y
consideren ajustar la dosis en consecuencia (Evins
et al., 2015).
■ Opioides: la metadona es ecaz para el trastorno
por consumo de opioides en personas con esquizo-
frenia (Lamont et al., 2020; Gimelfarb et al., 2020).
Pocos estudios investigaron la buprenorna; uno
observó que los individuos con esquizofrenia tenían
tasas de retención más bajas y pruebas de detección
de drogas más positivas que otros grupos de pacien-
tes con diagnóstico dual (Gerra et al., 2006). Las
personas con esquizofrenia pueden beneciarse de
dosis más altas de buprenorna (Maremmani et al.,
2016). La adherencia a la metadona puede duplicar
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la probabilidad de adherencia a los antipsicóticos
en personas con diagnóstico dual (Rezanso et al.,
2019). Hasta donde sabemos, no se han realizado
estudios de naltrexona en esta población de pacien-
tes. Sin embargo, la metadona (Brizer et al., 1985) y
la naltrexona (Clark et al., 2019) pueden aliviar los
síntomas psicóticos en personas sin TUS.
El consumo de múltiples sustancias psicoactivas
constituye una tendencia creciente en la población
general. Sin embargo, en la actualidad no existen tra-
tamientos farmacológicos aprobados especícamente
para los trastornos por consumo de cannabis ni de
estimulantes. En este contexto, han cobrado relevan-
cia ciertos fármacos con potencial transdiagnóstico
en el abordaje de las adicciones, lo que abre nuevas
perspectivas terapéuticas. Resulta, por tanto, necesa-
rio profundizar en el estudio del impacto del policon-
sumo en pacientes con esquizofrenia, adoptando un
enfoque más pragmático y acorde con los patrones
actuales de uso de sustancias.
37. Comportamiento suicida y suicidio
en esquizofrenia
El riesgo de suicidio en pacientes con esquizofrenia es
entre 20 y 50 veces superior al de la población general:
entre el 25 y el 50 % de los pacientes intentan suici-
darse, mientras que entre el 4 y el 13 % mueren por
suicidio (Meltzer, 2001; Hor y Taylor, 2010). Un me-
taanálisis, llevado a cabo por Correll y colaboradores
(2022) reveló que, entre todas las causas especícas de
mortalidad en pacientes con esquizofrenia, la muerte
por suicidio era la más elevada —hasta 9,7 veces— en
comparación con la población general. Esto sugiere
que el suicidio es el mayor factor de riesgo relativo de
mortalidad en estos pacientes (Correll et al., 2022). En
el estudio CENSESQ realizado en la Argentina, que
estudió la conducta suicida en pacientes esquizofré-
nicos ambulatorios con satisfactorio cumplimiento
del tratamiento y fase de estabilización con un segui-
miento de 10 años, se reportaron índices similares de
mortalidad por suicidio que los informados en otros
estudios (Goldchuk, 2010).
Las investigaciones han demostrado sistemática-
mente que este riesgo de suicidio es mayor durante las
primeras fases de la enfermedad, incluidos los prime-
ros meses o años tras el diagnóstico inicial de trastor-
no psicótico (Moe et al., 2022; Pompili et al., 2011).
Por ejemplo, un reciente estudio poblacional a gran
escala demostró que uno de cada 58 individuos con
trastornos del espectro esquizofrénico murió por sui-
cidio en los primeros 4 años tras su diagnóstico inicial
(Zaheer et al., 2020).
Se ha sugerido que varios factores pueden inuir
en la relación entre la esquizofrenia y la conducta sui-
cida. Como resultado de una revisión sistemática se
postuló que los intentos de suicidio previos, los ante-
cedentes de depresión, el abuso de sustancias, la agita-
ción, la discapacidad intelectual, la falta de adherencia
al tratamiento y el duelo reciente se asociaron con la
conducta suicida (Hawton et al., 2005). Basándose en
estos hallazgos, otros factores de riesgo de suicidio re-
portados fueron ser más joven, estar soltero, el sexo, la
edad de inicio, el insight, padecer trastornos del sueño,
los síntomas afectivos, el número de ingresos psiquiá-
tricos y el período durante o tras el alta psiquiátrica
(Barrett et al., 2015; Popovic et al., 2014).
Un estudio que exploró la relación entre la conduc-
ta suicida en pacientes con esquizofrenia y las funcio-
nes cognitivas (funciones ejecutivas, toma de decisio-
nes, exibilidad cognitiva e impulsividad) y el insight,
examinó en qué pueden afectar las funciones cogniti-
vas a la conducta suicida en esquizofrénicos. Conclu-
yó que los pacientes esquizofrénicos con intentos de
suicidio tenían mayores tasas de hospitalización, ma-
yor autorreexividad, menor seguridad en sí mismos
y mayor impulsividad (Calli et al., 2023).
Alto rendimiento en las funciones cognitivas, con-
cretamente en velocidad psicomotora, la uidez verbal,
la memoria verbal, la memoria de trabajo y la función
ejecutiva, se ha asociado con la suicidabilidad (Sán-
chez-Gutiérrez et al., 2022; Sastre-Buades et al., 2023).
Se sabe que un fuerte apoyo social y el matrimonio dis-
minuyen el riesgo de suicidio en pacientes con esquizo-
frenia. Sin embargo, estas variables están rodeadas de
una serie de factores de confusión (Villa et al., 2018).
Se han reportado algunas variaciones biológicas y
bioquímicas en los pacientes esquizofrénicos con com-
portamiento suicida. Por ejemplo, se ha observado ni-
veles bajos de colesterol y que esto constituye riesgo de
suicidio en pacientes con psicosis (Shrivastava et al.,
2017). Además fueron descriptas concentraciones más
elevadas de TSH en la fase inicial de la psicosis, en la
que el riesgo de suicidio es mayor. Es decir, los niveles
bajos de hormonas tiroideas están relacionados con un
mayor potencial suicida (Shrivastava et al., 2016). Por
otro lado, en la esquizofrenia, se han observado niveles
bajos de BDNF en pacientes con intentos de suicidio.
(Notaras, M., et al 2015). Por último, Ma y colabora-
dores evaluaron pacientes esquizofrénicos con primer
episodio psicótico, con y sin mediación. Examinaron
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glucosa plasmática y un modelo de homeostasis del ín-
dice de resistencia a la insulina. Concluyeron que los
pacientes con esquizofrenia y comportamiento suicida
mostraron puntuaciones más altas en HAMD, subes-
cala positiva de PANSS, así como niveles más altos de
glucosa plasmática en ayunas (Ma et al., 2024).
La clozapina es un fármaco antipsicótico atípico
para tratar a personas con esquizofrenia o trastorno
esquizoafectivo que no han respondido a otros an-
tipsicóticos. Es el único fármaco con una indicación
especíca de la FDA para reducir el riesgo de conduc-
tas suicidas recurrentes entre pacientes de riesgo con
esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo. La aproba-
ción reglamentaria se basó, en gran medida, en los re-
sultados del Ensayo Internacional de Prevención del
Suicidio (Meltzer et al., 2003), multicéntrico, aleatori-
zado, doble ciego y de 2 años de duración. El ensayo
comparó la clozapina con la olanzapina en pacientes
con esquizofrenia y trastorno esquizoafectivo con
alto riesgo de suicidio, determinado por intentos de
suicidio previos o ideación suicida actual. El compor-
tamiento suicida se redujo signicativamente entre
los pacientes tratados con clozapina frente a los tra-
tados con olanzapina. Menos pacientes tratados con
clozapina intentaron suicidarse; requirieron hospita-
lizaciones o intervenciones de rescate para prevenir
el suicidio; o requirieron tratamiento concomitante
con antidepresivos, ansiolíticos o soporíferos. En to-
tal, cinco pacientes tratados con clozapina frente a tres
tratados con olanzapina murieron por suicidio duran-
te el estudio (Meltzer et al., 2003). A pesar del perl
antisuicida único de la clozapina, tiende a ser infrauti-
lizada (Corrales, 2022).
En un estudio comparativo sobre la efectividad de
los antipsicóticos en el comportamiento suicida en es-
quizofrénicos en Finlandia y Suecia, la clozapina fue
el único antipsicótico asociado con un menor riesgo
de intento de suicidio o suicidio consumado entre los
pacientes con esquizofrenia. Se sugirió que debe con-
siderarse como tratamiento de primera línea para los
pacientes de alto riesgo (Taipale et al., 2021).
En otro estudio realizado en Dinamarca se llegó
a las mismas conclusiones, además no se encontró
mayor mortalidad por causas cardiovascuales entre
los pacientes esquizofrénicos tratados con clozapina.
También advirtieron que los clínicos deben vigilar
cuidadosamente a los pacientes a los que se les ha re-
tirado la clozapina durante el primer año, ya que estos
pacientes tienen un mayor riesgo de suicidio (van Der
Zalm et al., 2021).
Por otro lado, en un estudio revisaron los registros
estatales de autopsias de la Ocina del Médico Forense
de Maryland, EE.UU., encontraron que los individuos
clozapina-positivos tenían probabilidades signicati-
vamente menores de suicidio en comparación con los
individuos olanzapina-positivos (Lee et al., 2023).
La discontinuación del tratamiento con clozapina
se asocia con un incremento signicativo del riesgo
de intentos de suicidio y de muerte por suicidio en
comparación con su continuidad. La evidencia dispo-
nible sugiere que el principal efecto de la clozapina en
la prevención del suicidio radica en la reducción de
las conductas suicidas recurrentes en pacientes con
esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo que presen-
tan un riesgo crónico, determinado por antecedentes
clínicos y la presencia reciente de ideación o conduc-
tas suicidas. Sin embargo, aún no está completamen-
te establecido si la clozapina logra reducir de manera
signicativa la mortalidad por suicidio en esta pobla-
ción (Zisook et al., 2023).
Popovic y colaboradores propusieron 14 recomen-
daciones clínicas de prevención del suicidio en la es-
quizofrenia:
1. Los pacientes hospitalizados con esquizofrenia
deben ser vigilados estrechamente si presentan al-
guno de los siguientes síntomas: antecedentes de
intento de suicidio, estado de ánimo depresivo o
mayores tasas de ingresos psiquiátricos.
2. Debe realizarse una evaluación inmediata del riesgo
de suicidio en todos los pacientes tras su ingreso.
3. Es necesario un seguimiento estrecho y un trata-
miento ambulatorio de los pacientes inmediata-
mente después del alta hospitalaria.
4. Los antecedentes familiares de suicidio deben te-
nerse en cuenta en todos los pacientes a la hora de
evaluar el riesgo de suicidio y administrar inter-
venciones.
5. Los pacientes más jóvenes con esquizofrenia y
aquellos en el curso temprano de la enfermedad
deben ser monitorizados más estrechamente dado
el alto riesgo suicida.
6. La presencia de un abuso de drogas comórbido
debe investigarse en todos los pacientes con esqui-
zofrenia.
7. La presencia de estado de ánimo depresivo y des-
esperanza debe ser cuidadosamente evaluada en
todos los pacientes con esquizofrenia.
8. Todos los pacientes con esquizofrenia deben ser
interrogados directamente sobre la presencia de
ideación suicida durante cada entrevista clínica.
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9. La adherencia al tratamiento debe ser vericada
durante cada entrevista clínica.
10. La impulsividad debe ser evaluada en todos los pa-
cientes diagnosticados de esquizofrenia.
11. Los servicios de hospitalización deben disponer de
todos los medios razonables necesarios para preve-
nir las conductas suicidas en el medio hospitalario.
12. Los cuidadores (familiares directos o personas que
viven con el paciente) de personas diagnosticadas
de esquizofrenia que hayan expresado ideación
suicida deben ser informados de los medios dispo-
nibles para la prevención del suicidio.
13. En presencia de un intento de suicidio previo en
un paciente diagnosticado con esquizofrenia, se
debe realizar una anamnesis exhaustiva tanto del
paciente como de sus cuidadores, y evaluar las cir-
cunstancias relacionadas con el intento suicida.
14. Los pacientes diagnosticados de esquizofrenia en
episodio agudo que expresen ideación suicida de-
ben ser hospitalizados.
En conclusión, el abordaje del suicidio en pacien-
tes con esquizofrenia requiere una estrategia integral
y multidisciplinaria, así como una exhaustiva evalua-
ción para detectar el riesgo del comportamiento suici-
da. Es fundamental considerar que pacientes presen-
tan un riesgo elevado debido a factores como: edad de
inicio de los síntomas; presencia de síntomas positi-
vos y negativos; aislamiento social y comorbilidades
psicológicas, como la depresión; relativo buen rendi-
miento cognitivo, así como el insight. Las estrategias
farmacológicas con mayor evidencia deben ser con-
sideradas al momento de tratar el comportamiento
suicida en pacientes esquizofrénicos. El tratamiento
integral debe incluir el abordaje psicosocial y la psi-
coeducación de los familiares.
38. Esquizofrenia resistente al trata-
miento (ERT)
La esquizofrenia resistente al tratamiento (ERT) cons-
tituye uno de los principales desafíos terapéuticos en la
psiquiatría contemporánea y representa una propor-
ción signicativa de la carga clínica asociada a la es-
quizofrenia. En este contexto, el Consenso Argentino
sobre el diagnóstico y tratamiento de la esquizofrenia
resistente al tratamiento propone una denición opera-
tiva destinada a mejorar la identicación clínica de esta
condición y orientar la toma de decisiones terapéuticas.
De acuerdo con este consenso, la ERT se dene
como la falta de respuesta clínica adecuada tras el
tratamiento con al menos dos antipsicóticos, uno de
los cuales debe corresponder a un antipsicótico de
segunda generación, administrados durante un pe-
ríodo mínimo de seis semanas, a dosis equivalentes
iguales o superiores a 600 mg de clorpromazina, o a
dosis terapéuticas plenas en el caso de antipsicóticos
de segunda generación. Esta denición no contempla
la inclusión de intervenciones psicosociales dentro de
los criterios diagnósticos de resistencia al tratamiento
(Corrales et al., 2021).
Sin embargo, la caracterización clínica de la ERT
puede enriquecerse mediante la incorporación de espe-
cicadores clínicos, los cuales permiten describir con
mayor precisión el perl sintomático predominante. En
este sentido, la presencia de síntomas positivos persis-
tentes, síntomas negativos predominantes o alteracio-
nes cognitivas podría contribuir a una mejor delimita-
ción fenotípica de la enfermedad y debería considerarse
en futuras deniciones operativas de ERT.
La heterogeneidad en la respuesta al tratamiento
con fármacos antipsicóticos (APD) se observa a lo lar-
go de todo el curso de la esquizofrenia. Algunos sub-
grupos de pacientes mantienen respuesta terapéutica
durante toda la evolución del trastorno; otros desa-
rrollan resistencia al tratamiento tras varios años de
buena respuesta clínica; mientras que un tercer grupo
presenta respuesta insuciente desde el primer epi-
sodio psicótico (Kinon, 2019). Por esto, el momento
de aparición de la resistencia al tratamiento a lo largo
del curso de la enfermedad puede tener implicancias
relevantes en la presentación clínica, los mecanismos
siopatológicos subyacentes, el pronóstico y la gra-
vedad del trastorno, así como en las estrategias tera-
péuticas. Esta variabilidad clínica reeja, en parte, la
diversidad observada en los pacientes con ERT, quie-
nes dieren en múltiples dimensiones, incluyendo la
respuesta a clozapina, la denición operativa utiliza-
da para identicar la resistencia al tratamiento y los
dominios sintomáticos predominantes resistentes,
tales como síntomas positivos, negativos o cognitivos
(Howes et al., 2014).
En este contexto, se han propuesto diferentes mo-
delos explicativos. La hipótesis del continuo plantea
que una siopatología más grave se asocia con una
menor respuesta al tratamiento antipsicótico. En con-
traste, la hipótesis categorial sugiere que los pacientes
con ERT presentan una siopatología cualitativamen-
te distinta a la observada en la esquizofrenia sensible
al tratamiento. Diversos factores genéticos, del neuro-
desarrollo, conductuales, etnoculturales y neurobioló-
gicos fueron asociados con una respuesta terapéutica
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deciente o con peores desenlaces clínicos en la esqui-
zofrenia (Kahn et al., 2015; Radua et al., 2018).
Uno de los predictores clínicos más robustos de
resistencia al tratamiento es la falta de respuesta tem-
prana al tratamiento antipsicótico durante el episo-
dio agudo, que puede anticipar la persistencia de una
respuesta insuciente a lo largo del curso terapéutico
(Howes et al., 2022). Entre los factores asociados con
un mayor riesgo de ERT se han descrito la aparición
temprana de la enfermedad, el sexo masculino, el de-
terioro funcional global durante los primeros años de
evolución, la duración prolongada de la psicosis no
tratada, la recaída temprana y el consumo de sustan-
cias (Correll y Howes, 2021).
Desde el punto de vista neurobiológico, la ERT po-
dría caracterizarse por mecanismos siopatológicos
distintos de los observados en la esquizofrenia sen-
sible al tratamiento. Diversos estudios de tomografía
por emisión de positrones (PET) con L-DOPA han
demostrado que algunos pacientes con ERT presentan
niveles normales de síntesis y liberación dopaminér-
gica en el estriado, en contraste con los pacientes que
responden al tratamiento antipsicótico, quienes suelen
mostrar una mayor actividad dopaminérgica estriatal
(Demjaha et al., 2014). Diversos estudios han demos-
trado niveles elevados de glutamato en la corteza cin-
gulada anterior (ACC) en pacientes con esquizofrenia
resistente al tratamiento, estos hallazgos sugieren que
las alteraciones en los metabolitos glutamatérgicos de la
ACC podrían constituir un rasgo biológico compartido
de la resistencia a los antipsicóticos, incluida la clozapi-
na (Iwata et al., 2019; Ochi et al., 2022).
De forma complementaria, estudios de espec-
troscopia por resonancia magnética (MRS) han evi-
denciado aumento de la actividad glutamatérgica en
la corteza cingulada anterior en pacientes con ERT
(Egerton et al., 2012; Uno y Coyle, 2019). Estos ha-
llazgos respaldan la hipótesis de que, al menos en un
subgrupo de pacientes, la ERT podría estar asociada a
una siopatología predominantemente glutamatérgi-
ca más que dopaminérgica. Asimismo, algunos estu-
dios han sugerido que los pacientes con ERT podrían
presentar reducciones del volumen de sustancia gris
cerebral en comparación con pacientes con esquizo-
frenia sensible al tratamiento, aunque estos hallazgos
no han sido consistentes en todos los estudios, posi-
blemente debido a la heterogeneidad clínica de esta
población y a la falta de uniformidad en la denición
de ERT (Nakajima et al., 2015).
Un aspecto fundamental en el proceso diagnóstico
es la evaluación de la pseudorresistencia, la cual impli-
ca descartar factores potencialmente modicables que
puedan explicar una aparente falta de respuesta tera-
péutica. Entre estos factores se incluyen dosis inade-
cuadas de antipsicóticos, duración insuciente de los
ensayos terapéuticos, falta de adherencia al tratamiento
y la presencia de comorbilidades médicas o psiquiátri-
cas (Samara et al., 2025). La adherencia al tratamiento
constituye un determinante clave de la evolución clíni-
ca en pacientes con esquizofrenia. Con el objetivo de
mejorarla, pueden implementarse diferentes estrategias
terapéuticas, como el acompañamiento terapéutico, los
programas de hospital de día y la utilización de antip-
sicóticos de acción prolongada (long-acting injectable
antipsychotics, LAI) (Corrales et al., 2021).
Desde el punto de vista clínico, la ERT puede cla-
sicarse en ERT primaria y ERT secundaria. La ERT
primaria se dene como aquella que aparece tempra-
namente en el curso de la enfermedad, generalmente
dentro de los primeros cinco años desde el inicio del
trastorno, mientras que la ERT secundaria se desarro-
lla posteriormente, tras un período inicial de respues-
ta al tratamiento antipsicótico. Se estima que hasta un
34 % de los casos de ERT corresponden a formas pri-
marias (Lally et al., 2016). Un estudio reportó que, en
un algoritmo terapéutico aplicado al tratamiento del
primer episodio de esquizofrenia, aproximadamente
el 25 % de los pacientes no respondió al tratamiento
inicial con risperidona u olanzapina, y de estos, cerca
del 80 % tampoco respondió al cambio al otro antip-
sicótico. Estos hallazgos sugieren que un subgrupo de
pacientes podría presentar ERT primaria, caracterizada
por síntomas que no estarían mediados principalmente
por hiperactividad dopaminérgica ni mejorarían me-
diante el bloqueo del receptor D2 (Agid et al., 2011).
De manera interesante, tras el fracaso de estos dos tra-
tamientos, alrededor del 75 % de los pacientes mostró
una respuesta adecuada al tratamiento con clozapina,
lo que sugiere que este fármaco podría actuar mediante
mecanismos neurobiológicos que exceden el antago-
nismo dopaminérgico D2.
Sin embargo, estos estudios presentan algunas li-
mitaciones metodológicas, entre ellas la ausencia de
cegamiento del tratamiento, el tamaño reducido de las
muestras y la posible inuencia de factores farmaco-
genéticos. Por ejemplo, tanto la risperidona como la
olanzapina se metabolizan principalmente a través de
CYP2D6, por lo que los metabolizadores ultrarrápi-
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dos podrían presentar niveles plasmáticos reducidos
y, en consecuencia, una menor probabilidad de res-
puesta, mientras que la respuesta a la clozapina —
cuyo metabolismo depende en menor medida de esta
vía— podría no verse afectada de la misma manera
(Kahn et al., 2015).
Por otra parte, la ERT secundaria podría desarro-
llarse a lo largo del curso de la enfermedad debido a
diferentes mecanismos, entre ellos la progresión del
proceso patológico subyacente o el desarrollo de tole-
rancia farmacológica al antagonismo dopaminérgico.
Se ha observado que los pacientes pueden experimen-
tar una disminución progresiva de la respuesta a los
antipsicóticos con cada recaída psicótica subsecuente
(Egerton et al., 2012). De forma alternativa, el trata-
miento antipsicótico crónico podría inducir adapta-
ciones neurobiológicas del sistema dopaminérgico,
como la supersensibilidad dopaminérgica, fenómeno
que ha sido relacionado con la denominada psicosis
por supersensibilidad y que podría contribuir al desa-
rrollo de resistencia secundaria al tratamiento (Dem-
jaha et al., 2014).
Desde el punto de vista terapéutico, clozapina
constituye el tratamiento de elección en pacientes que
no han respondido adecuadamente a dos antipsicó-
ticos administrados a dosis y duración terapéuticas
adecuadas, siendo el fármaco con mayor evidencia de
ecacia en el tratamiento de la esquizofrenia resistente
al tratamiento. Sin embargo, hasta el 40–60 % de los
pacientes con esquizofrenia resistente al tratamiento
(ERT) no responden adecuadamente incluso al trata-
miento con clozapina, a pesar de una dosicación óp-
tima y adecuada adherencia, y son clasicados como
esquizofrenia ultrarresistente al tratamiento (ERT
ultrarresistente, UTRS) (Luykx et al., 2023). Estos in-
dividuos representan un subgrupo particularmente
grave y refractario, lo que pone de relieve la necesidad
de desarrollar nuevas estrategias terapéuticas. Otros
abordajes farmacológicos —como la potenciación con
estabilizadores del estado de ánimo, antidepresivos o
la terapia electroconvulsiva (TEC)— suelen producir
benecios modestos o inconsistentes (Wagner et al.,
2020; Barone et al., 2025).
La búsqueda de estrategias terapéuticas para la es-
quizofrenia resistente al tratamiento (ERT), tanto más
allá del uso de clozapina como en combinación con
este fármaco, ha cobrado creciente interés en los últi-
mos años. Estas aproximaciones terapéuticas pueden
agruparse, de manera general, en tres líneas principa-
les de investigación. En primer lugar, se ha explora-
do la estrategia de potenciación mediante la adición
de un segundo antipsicótico de segunda generación,
como la amisulprida, con el objetivo de optimizar el
control sintomático en pacientes con respuesta par-
cial a clozapina. En segundo lugar, se ha propuesto la
combinación de clozapina con antipsicóticos que pre-
senta un perl farmacodinámico signicativamente
diferente, particularmente aquellos con mecanismos
de acción parciales sobre los receptores dopaminér-
gicos, como aripiprazol o cariprazina. Finalmente,
en los últimos años han surgido nuevas estrategias
farmacológicas que trascienden el modelo dopami-
nérgico clásico, orientadas a modular otros sistemas
neurotransmisores implicados en la siopatología de
la esquizofrenia. Entre estas se incluyen la combina-
ción xanomelina–trospio, así como intervenciones
dirigidas a la neurotransmisión glutamatérgica, como
el benzoato de sodio y diversos D-aminoácidos (de
Bartolomeis et al., 2022; Lin et al., 2020).
Finalmente, el Consenso Argentino sobre Trata-
miento de la Equizofrenia Resistente al Tratamiento
delimitó recomendaciones para el manejo de la ERT
(ver Cuadro 8).
Durante el desarrollo del Consenso Argentino so-
bre el Manejo de la Esquizofrenia, el panel de expertos
realizó una revisión exhaustiva de la literatura cien-
tíca disponible sobre el manejo de la esquizofrenia
resistente al tratamiento (ERT). En este proceso, se
examinaron críticamente las inconsistencias presentes
en las deniciones existentes, con el objetivo principal
de perfeccionar y superar las limitaciones de los con-
ceptos actuales de resistencia al tratamiento (Corrales
et al., 2021). Proponemos un renamiento de los mo-
delos de estadicación clínica basado en el concepto
de resistencia, estructurado en tres niveles jerárquicos
de certeza: ERT posible, probable y denida (ver Cua-
dro 8). Esta estructura de tres niveles se sustenta en
iniciativas previas de consenso nacional y en el trabajo
multidisciplinario continuo desarrollado por el mis-
mo grupo de expertos, integrando principios de opti-
mización terapéutica, vericación de la adherencia y
exclusión de la pseudorresistencia dentro de un marco
de estadicación estructurado. El nivel de ERT posible
corresponde a la denición convencional de resisten-
cia al tratamiento, caracterizada por una respuesta in-
suciente a dos ensayos adecuados con antipsicóticos.
En esta etapa, la aparente falta de respuesta aún pue-
de explicarse por adherencia incompleta, exposición
insuciente al fármaco, cambios prematuros de trata-
miento, consumo de sustancias o factores contextua-
les y psicosociales. El nivel de ERT probable incorpo-
ra la vericación objetiva de la adherencia mediante
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tratamiento sostenido con antipsicóticos inyectables
de acción prolongada (LAI), bajo monitoreo clínico
estructurado. El nivel de ERT denida requiere la con-
rmación de una exposición biológica adecuada me-
diante monitoreo terapéutico de fármacos (TDM) y,
cuando esté disponible, evaluación farmacogenética.
Con el n de mejorar la reproducibilidad y la aplica-
bilidad clínica, se denieron criterios operativos para
cada nivel de resistencia, incluyendo umbrales es-
tandarizados de gravedad sintomática (por ejemplo,
CGI-S ≥4, PANSS ≥60, GAF ≤50), duración mínima
del tratamiento con LAI (3–6 meses) y requisitos espe-
cícos de TDM para los distintos antipsicóticos. Asi-
mismo, se incorporaron especicadores temporales
y clínicos. Los especicadores temporales (temprana
≤5 años versus tardía >5 años) se derivaron de datos
provenientes de cohortes longitudinales, mientras que
los especicadores clínicos siguen un enfoque dimen-
sional que abarca los dominios negativo, cognitivo y
afectivo (ver Cuadro 9).
El panel nacional de expertos desarrolló este marco
conceptual basado en consenso mediante revisiones
iterativas de la literatura, discusiones estructuradas de
expertos y un proceso Delphi formal. Los participan-
tes evaluaron 10 ítems distribuidos en cuatro domi-
nios utilizando una escala Likert de cinco puntos, de-
niéndose previamente el consenso como un acuerdo
≥75%. Todos los ítems alcanzaron consenso.
Proponemos un marco de estadicación clínica in-
formado por el concepto de resistencia que integra la
trayectoria longitudinal de la enfermedad, las dimen-
siones sintomáticas, el deterioro funcional y distintos
niveles de certeza respecto de la falta de respuesta al
tratamiento. El modelo se organiza en torno a la re-
ducción progresiva de la incertidumbre relacionada
con la adherencia terapéutica y la exposición biológica
al fármaco. La resistencia al tratamiento se clasica en
tres categorías jerárquicas —posible, probable y deni-
da— que reejan distintos niveles de vericación de la
administración del tratamiento y de la exposición bio-
lógica. Los especicadores clínicos y temporales permi-
ten caracterizar tanto la persistencia sintomática como
el momento de aparición de la resistencia. El marco
enfatiza la exclusión sistemática de causas potencial-
mente reversibles antes de establecer la clasicación de
resistencia y vincula la asignación de cada estadio con
estrategias terapéuticas basadas en la evidencia, inclu-
yendo la optimización del tratamiento, la vericación
de la adherencia y el inicio oportuno de clozapina.
En resumen, aproximadamente el 30 % de los pa-
cientes con diagnóstico de esquizofrenia no respon-
den al tratamiento con antipsicóticos produciendo
una importante carga de la enfermedad. Si bien hay
un acuerdo en la denición de la esquizofrenia resis-
tente al tratamiento (ERT) otras deniciones que in-
cluyan distintas variantes sintomáticas, en conjunto
con nuevas estrategias farmacológicas, podrían mejo-
rar el abordaje de la ERT. La clozapina es el único fár-
maco aprobado para tratar la ERT, sin embargo, uno
de cada tres pacientes no responde a él. Existen algu-
nas estrategias disponibles para el tratamiento de los
pacientes con ERT que no responden a la clozapina,
pero la evidencia de estas estrategias continua sien-
do escasa y de mala calidad. Asi mismo, la incorpo-
ración de la resistencia terapéutica vericada dentro
de los modelos de estadicación clínica aborda una
de las principales limitaciones de los esquemas exis-
tentes y proporciona una estructura pragmática para
Cuadro 8. Clasicación de la esquizofrenia resistente al tratamiento basada en el concepto de resistencia
Nivel de
resistencia Categoría Criterio principal Método de
vericación
Principal fuente
de incertidumbre
abordada
Implicancias clínicas
Nivel 1 ERT Posible
Respuesta insuciente a
≥2 ensayos adecuados
con antipsicóticos (dosis
y duración adecuadas).
Documentación
clínica de los ensayos
terapéuticos reali-
zados.
Adherencia incom-
pleta; exposición
insuciente al
fármaco; factores
contextuales.
Optimizar el trata-
miento; reforzar la
adherencia; considerar
uso de LAI.
Nivel 2 ERT Probable
Persistencia de la falta
de respuesta pese a una
administración del trata-
miento vericada.
Tratamiento con
antipsicóticos
inyectables de acción
prolongada (LAI)
Falta de adherencia
e ingesta inconsis-
tente.
Iniciar evaluación para
clozapina; considerar
monitoreo terapéutico
de fármacos (TDM).
Nivel 3 ERT Denida
Persistencia de la falta de
respuesta con exposi-
ción biológica adecuada
conrmada.
Monitoreo terapéu-
tico de fármacos
(TDM) y/o evalua-
ción farmacogenética.
Variabilidad
farmacocinética y
metabólica
Inicio precoz de cloza-
pina; considerar inter-
venciones avanzadas.
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Cuadro 9. Criterios operativos para la clasicación en tres niveles de la esquizofrenia resistente al tratamiento
Dominio Nivel 1: ERT posible Nivel 2: ERT probable Nivel 3: ERT denida
Denición
Se cumplen los criterios con-
vencionales de ERT; la adhe-
rencia se asume pero no está
vericada.
Síntomas persistentes a pesar
de una administración del trata-
miento vericada.
Síntomas persistentes a pesar
de una exposición biológica
adecuada conrmada.
Tratamiento previo
≥2 ensayos adecuados con dife-
rentes antipsicóticos (excluyen-
do clozapina).
Cumple todos los criterios del
Nivel 1.
Cumple todos los criterios del
Nivel 2.
Requisito de dosis
≥600 mg/día equivalentes de
clorpromazina o dosis tera-
péutica para antipsicóticos de
segunda generación (ASG).
Dosis terapéutica de antip-
sicótico inyectable de acción
prolongada (LAI) mantenida.
Niveles plasmáticos terapéuti-
cos conrmados.
Requisito de duración ≥6 semanas por ensayo tera-
péutico a dosis objetivo.
≥3–6 meses de tratamiento
con LAI.
≥2 antipsicóticos con conr-
mación mediante monitoreo
terapéutico de fármacos (TDM).
Gravedad sintomática CGI-S ≥4 y/o PANSS total ≥60. CGI-S ≥4 persistente. CGI-S ≥4 persistente a pesar de
niveles terapéuticos.
Deterioro funcional GAF ≤50. GAF ≤50. GAF ≤50.
Vericación de adherencia No vericada de manera siste-
mática.
LAI con fechas de administra-
ción documentadas; alternati-
vas: tratamiento supervisado
directamente (DOT), recuento
de comprimidos o detección de
fármacos.
Conrmada mediante TDM.
Exposición biológica
No evaluada. No requerida. El TDM conrma niveles plas-
máticos dentro o por encima
del rango terapéutico; se eva-
lúan factores farmacogenéticos
(cuando están disponibles) y
modicadores metabólicos.
Criterios para clozapina No aplicable. No aplicable. Si existe ensayo con clozapina:
nivel plasmático ≥350 ng/mL.
Intervención clínica
principal
Excluir la pseudorresistencia;
optimizar la estrategia tera-
péutica; corregir los factores
potencialmente modicables.
Conrmar la administración
efectiva del tratamiento; prepa-
rar el inicio de clozapina.
Iniciar clozapina con ajuste po-
sológico guiado por monitoreo
terapéutico de fármacos (TDM).
Especicadores
temporales
Inicio temprano (≤5 años) o
tardío (>5 años). Inicio temprano o tardío. Inicio temprano o tardío.
Especicadores
clínicos
Persistencia de síntomas negati-
vos, cognitivos o afectivos.
Persistencia de síntomas negati-
vos, cognitivos o afectivos.
Persistencia de síntomas negati-
vos, cognitivos o afectivos.
ERT = Esquizofrenia resistente al tratamiento; CGI-S = Clinical Global Impression–Severity; PANSS = Positive and Negative Syndrome Scale; GAF =
Global Assessment of Functioning; LAI = Antipsicótico inyectable de acción prolongada; TDM = Monitoreo terapéutico de fármacos; DOT = Directly
Observed Therapy; ASG = Antipsicóticos de segunda generación.
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la atención individualizada. Respaldado por altos ni-
veles de acuerdo entre expertos, este modelo podría
reducir la clasicación errónea de pacientes, facilitar
intervenciones denitivas más tempranas y favorecer
el desarrollo de investigaciones clínicas estraticadas.
No obstante, se requieren estudios prospectivos de va-
lidación y replicación internacional.
39.Esquizofrenia ultrarresistente
Aproximadamente el 30 % de los pacientes diagnosti-
cados de ERT y tratados adecuadamente con clozapi-
na no responden al tratamiento. Estos pacientes son
conocidos como “resistentes a la clozapina” (Barretto
et al., 2009), “superresistentes” (Henna y Elkis, 2007) o
ultrarresistentes” (Mouaak et al., 2006).
Esta escasa o parcial respuesta a la clozapina parece
estar condicionada por los siguientes factores:
■ Factores farmacogenéticos: variaciones genéticas
de los enzimas CYP1A2, CYP3A4, CYP2D6 pue-
den desempeñar un importante papel en la ecacia
de la clozapina;
■ Factores farmacodinámicos: la respuesta inade-
cuada puede estar relacionada con polimorsmos
de los genes que regulan en los receptores D1, D3,
5HT2a, 5HT2c, 5HT6 (Mancana et al., 2002);
■ Factores neuroestructurales: existen discrepan-
cias al considerar anormalidades estructurales
como causa de alteraciones en la ecacia de la clo-
zapina (Arango et al., 2003);
■ Factores metabólicos: disminución del metabolis-
mo cortical en áreas frontales, podría estar asocia-
do a una peor respuesta a clozapina (Potkin et al.,
2003).
Desde hace años la esquizofrenia resistente a la cloza-
pina o ultrarresistente ha sido objeto de múltiples es-
tudios, la mayoría consistentes en pequeñas muestras
en las que se observa la evolución de los pacientes tras
diferentes estrategias de potenciación de la clozapina
mediante la asociación de antipsicóticos, eutimizantes
o antidepresivos entre otros, siendo estos pacientes los
que podrían consumir más del 97 % de los costos de la
esquizofrenia (Davies y Drummond, 1994).
La esquizofrenia ultrarresistente al tratamiento ha
sido escasamente denida en la bibliografía consulta-
da. Se han intentado realizar propuestas de denicio-
nes entre las que destaca la propuesta realizada por
Mouafakk (Mouaak et al., 2006) que considera cua-
tro criterios:
a. Condición de refractariedad a la clozapina de-
nida como al menos 8 semanas a tratamiento con
clozapina con concentraciones plasmáticas mayo-
res a 350 µg/L con mejoría menor al 20 % del total
de la BPRS.
b. Persistencia de síntomas psicóticos positivos ca-
racterizados por puntuar mayor o igual a 4 (mode-
rado) en al menos 2 de los 4 ítems positivos de la
escala BPRS.
c. Presencia de enfermedad moderadamente severa
con una puntuación total BPRS mayor o igual a 45
y una puntuación mayor o igual a 4 (moderada) en
la escala ICG.
d. persistencia de enfermedad sin períodos de mayor
estabilidad o mejoría en el funcionamiento social
u ocupacional puntuando en la Escala de Evalua-
ción de la Actividad Global (EEAG) (Bodlund et
al., 1994) menor o igual a 40.
Esta aproximación al concepto de esquizofrenia
ultrarresistente al tratamiento aparece por la necesi-
dad por parte de los investigadores de aunar criterios
para evitar heterogeneidad metodológica. Del mismo
modo, algunos autores han centrado sus esfuerzos
en describir predictores de resistencia al tratamiento
como síntomas severos, la presencia de graves efec-
tos secundarios como sintomatología extrapiramidal,
una temprana edad de inicio del trastorno, así como el
subtipo de esquizofrenia paranoide (Umbricht et al.,
2002), el sexo masculino o un mayor número de hos-
pitalizaciones (Murray y Van Os, 1998). Sin embargo,
no se han hallado predictores especícos de super o
ultrarresistencia (Henna y Elkis, 2007).
Han existido intentos por tratar de diferenciar pa-
cientes diagnosticados de esquizofrenia resistente al
tratamiento y pacientes diagnosticados de esquizofre-
nia superresistente al tratamiento mediante el segui-
miento durante 6 meses de tres grupos de pacientes
con esquizofrenia resistente y ultrarresistente al tra-
tamiento: sin resistencia al tratamiento, resistentes y
superresistentes (Henna y Elkis, 2007).
Inicialmente no existen diferencias demográcas
entre ambos grupos ni en número de hospitalizacio-
nes, aunque los síntomas presentados por el grupo de
superresistentes son más severos además de puntuar
más bajo en escalas de calidad de vida. El tratamiento
de la esquizofrenia superresistente se basa en la po-
tenciación de la clozapina mediante otros psicofárma-
cos, siendo generalmente un segundo antipsicótico
una estrategia altamente frecuente en la práctica clí-
nica (Taylor y Smith, 2009). Los resultados obtenidos
por estos autores al realizar un metaanálisis, donde
se recogen los datos de potenciación de la clozapina
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con diversos psicofármacos durante un período com-
prendido entre las 6 a las 16 semanas de estudio, per-
miten concluir que los benecios terapéuticos de la
potenciación comparada con placebo son escasos lo
que conlleva importantes repercusiones en la práctica
clínica, donde estas estrategias son frecuentes.
Finalmente, cuando los intentos de potenciación
de clozapina con otros antipsicóticos fallan, se ha pro-
puesto el cambio de la clozapina a otro antipsicótico,
aunque esta estrategia ha demostrado un débil nivel de
evidencia (Miller et al., 2004) y la olanzapina es el an-
tipsicótico que se inicia más frecuentemente (Linden-
mayer et al., 2002). La terapia electroconvulsiva (Tang
y Ungvari, 2003), la estimulación magnética transcra-
neal (Rosa et al., 2007) y la terapia cognitivo conduc-
tual (Valmaggia et al., 2005) son otros tratamientos no
farmacológicos indicados en el tratamiento de la EST.
39.1. Prevalencia, clínica y aspectos psicopa-
tológicos
Existen pocos datos en el momento actual centrados
en los aspectos clínicos y psicopatológicos de la esqui-
zofrenia resistente y ultrarresistente al tratamiento.
Un metaanálisis (Hegarty et al., 1994) de la literatura
actual sobre el tratamiento de la esquizofrenia observa
que, tras la introducción del tratamiento antipsicótico,
solo el 48 % de los pacientes que padecen una esqui-
zofrenia tiene una evolución favorable y, en un primer
episodio, aproximadamente un 20 % de los pacientes
no responden de forma adecuada tras un año de trata-
miento (Lieberman et al., 1993). Generalmente se acep-
ta que entre el 20-30 % de los pacientes que padecen
esquizofrenia no responden al tratamiento antipsicóti-
co convencional, aunque en recientes revisiones elevan
esta cifra hasta el 60 % (Meltzer y Kostakoglu, 2001).
La edad de inicio en la esquizofrenia diere entre
el varón, de 15 a 25 años, y en la mujer, de 25 a 35
años, observándose una inuencia del sexo en la evo-
lución de la enfermedad, más favorable y con menor
deterioro en el caso de la mujer, a pesar de presentar la
misma prevalencia. Estudios demográcos indican una
diferencia de aproximadamente 2 años respecto al ini-
cio del trastorno en varones al comparar pacientes que
padecen esquizofrenia no resistente al tratamiento con
pacientes que padecen esquizofrenia resistente al trata-
miento (Meltzer et al., 1997), cuya media de edad en el
inicio de la enfermedad ronda los 17 años (comparado
con una media de 20 años en varones con esquizofrenia
no resistente al tratamiento) (Henna y Elkis, 2007).
Otros autores, en estudios retrospectivos que se
centraron en la edad de inicio del trastorno, observan
datos similares en pacientes no resistentes al tratamien-
to. En este caso, la edad de inicio de la enfermedad se
encuentra entre los 21 a 23 años y, en pacientes con
esquizofrenia resistente al tratamiento y tratados con
clozapina, una media de 18 años (Castro y Elkis, 2001).
En relación con el número de episodios de la enfer-
medad, tiempo de enfermedad no tratada, historia de
abusos de tóxicos o complicaciones obstétricas, no se
han encontrado diferencias signicativas entre ambos
grupos de pacientes (Lindenmayer, 2000), así como en
la presencia de antecedentes familiares en pacientes
refractarios al tratamiento (Meltzer et al., 1997).
En conclusión, podemos indicar como factores de-
mográcos típicos de le ERT el sexo masculino, edad
de inicio del trastorno temprana y por lo tanto ma-
yor duración del trastorno, incremento en número de
descompensaciones (Huber et al., 2008), pobre estado
premórbido, importante tiempo de psicosis no trata-
da, historia familiar de esquizofrenia y ausencia de
factores precipitantes del trastorno.
En relación con la psicopatología, algunos autores
han intentado diferenciar a los pacientes incluidos
en el grupo de esquizofrenia resistente al tratamien-
to mediante la aplicación de numerosas escalas. Se
realizaron varios intentos tratando de homogeneizar
grupos de pacientes diagnosticados de esquizofrenia
resistente al tratamiento y medir posteriormente sín-
tomas psicopatológicos con la nalidad de delimitar
posibles patrones psicopatológicos en estos pacien-
tes. De esta forma, en un trabajo fueron evaluados
157 pacientes incluidos en el grupo de esquizofrenia
resistente al tratamiento aplicando la escala PANSS.
Concluyeron que no existen diferencias signicativas
en relación con pacientes incluidos en el grupo de no
resistentes al tratamiento (Lindenmayer et al., 2004).
Mediante el uso de la escala BPRS el grupo de Mc-
Mahon y colaboradores (2002) realizaron el primer
estudio que intenta recoger la psicopatología de una
muestra grande de pacientes resistentes al tratamien-
to que no responden al tratamiento convencional.
Identicaron un modelo sindrómico que incluye sín-
tomas de distorsión de la realidad, desorganización y
síntomas negativos, ya identicados por otros autores
(Arndt et al., 1991) e incluyeron el factor ansiedad/
depresión. Este modelo se muestra invariable en estos
pacientes tras 6 meses de correcto tratamiento me-
diante la administración de clozapina, lo que sugiere
que la evaluación de los síntomas utilizando BPRS se
mantiene estable incluso tras la administración del
tratamiento indicado para estos pacientes.
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Posteriormente, un grupo de investigadores utilizó
esta misma escala y analizó una muestra de 96 pacientes
diagnosticados de esquizofrenia resistente al tratamien-
to. Presentaron un modelo en el que incluyen síntomas
negativos/desorganización, depresión y síntomas po-
sitivos al igual que modelos previos, pero incluyeron
además hostilidad/tensión (Alves y Elkis, 2003). Otros
autores discuten si la disfunción cognitiva o la proba-
bilidad de suicidio deberían también estar incluidos en
las características clínicas de la esquizofrenia resistente
al tratamiento (Buckley y Shendarkar, 2005).
La guía APA de 2004, recomienda la terapia elec-
troconvulsiva (TEC) para pacientes que no respon-
dieron al tratamiento con clozapina y que muestren
psicosis persistente y severa, catatonia y/o pacientes
con conducta o ideas de suicidio.
La revision sistemática del Cochrane Schizophre-
nia Group ECT review de 2005 concluyó que la te-
rapia electroconvulsiva es una opción ecaz para la
esquizofrenia resistente en combinación con antipsi-
cóticos. La TEC solo no sería más ecaz que la terapia
antipsicótica, ni la terapia combinada. La respuesta te-
rapéutica de la combinación clozapina más TEC va de
un 50 a un 70 % de los pacientes.
En relación a los efectos, a la respuesta y a la nece-
sidad de llevar adelante TEC de mantenimiento para
sostener la misma, un estudio observacional informa
un seguimiento de 12 meses de pacientes que lograron
respuesta terapéutica. El 37 % de los pacientes respon-
dedores no tuvieron recaídas continuando solo con el
antipsicótico, pudiéndose hablar de un efecto reacti-
vador del TEC de la terapia antipsicótica. El 63 % res-
tante necesitó continuar con TEC de mantenimiento
para sostener la mejoría clínica lograda. Grover y co-
laboradores (2018) realizaron un estudio retrospecti-
vo que buscó identicar entre los pacientes que ha-
bían recibido TEC, a los que además estaban tratados
con clozapina. El número de pacientes identicados
ascendió a 59 y el diagnóstico prevalente era esquizo-
frenia. Aun cuando las dosis promedio de clozapina
eran menores a las recomendadas (alrededor de 200
mg/d) se consideró que el 22 % del grupo presentaba
esquizofrenia ultrarresistente.
Los pacientes presentaban un promedio de 21.9
años de evolución de la enfermedad y de 93.8 meses
de administración de otros tratamientos combinados
antes de la administración de TEC. El 63 % del total
mostró una reducción media del 30 % en los punta-
jes de distintas escalas que valoraban la respuesta te-
rapéutica a la combinación. La duración máxima del
seguimiento posterior a la TEC fue de 30 meses, a lo
largo de los cuales cerca del 75 % se mantuvo sin recaí-
das recibiendo únicamente clozapina. El efecto adver-
so más frecuente fue un aumento de la presión arterial
y de las crisis convulsivas (7 % de los pacientes) en
quienes recibieron la terapia combinada.
Como conclusión podríamos decir que la eviden-
cia es pobre debido a varios factores, entre ellos los
múltiples dominios sintomáticos, y esto podría mos-
trar resistencia a los psicofármacos desde el inicio de la
enfermedad. En el futuro, una estrategia que comple-
mente el mapeo cognitivo, los neurocircuitos y la ge-
nética de los trastornos mentales podría producir una
nueva clasicación de enfermedades, proporcionando
un mejor marco para los estudios clínicos y posible-
mente mejores objetivos de tratamiento. Se podría ar-
gumentar que una nueva y más precisa denición de
esquizofrenia ultrarresistente podría conducir a una
estrategia de tratamiento mejor y más temprano, y, de
esta forma, disminuir la carga económica y de calidad
de vida que conlleva esta enfermedad.
Las diferentes revisiones sistemáticas y metaanáli-
sis, muestran resultados dispares en los pacientes con
esquizofrenia ultrarresistente o resistentes a clozapi-
na. Existe aún falta de consenso en la denición de
este grupo y, por lo tanto, en la interpretación de los
datos publicados. Resulta imperiosa la necesidad de
aunar esfuerzos y consensuar para continuar trabajan-
do, dada la alta prevalencia y la pobre respuesta que
ofrecemos a este importante grupo de pacientes, los
cuales evolucionarán indefectiblemente a la cronici-
dad. Les debemos, entonces, un abordaje mejor.
40. Rehabilitación
La Organización Mundial de la Salud dene la reha-
bilitación como un conjunto de intervenciones dise-
ñadas para mejorar el funcionamiento y reducir la
discapacidad de las personas con problemas de salud
en interacción con su ambiente (WHO, 2024). En el
tratamiento de la esquizofrenia, se incluyen dentro de
la rehabilitación un conjunto de intervenciones dise-
ñadas para complementar y ampliar el tratamiento
habitual, centrado en la psicofarmacología y la psico-
terapia (Morin y Franck, 2017).
Las intervenciones centradas en la rehabilitación
incluyen la psicoeducación, la remediación cognitiva,
el entrenamiento metacognitivo y el entrenamiento en
habilidades sociales y en cognición social. El blanco
de tales intervenciones va más allá de los síntomas po-
sitivos y negativos, incluyendo el deterioro cognitivo o
síntomas cognitivos (atención, memoria, función eje-
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cutiva y cognición social), las limitaciones en las ha-
bilidades sociales, las áreas social, laboral, académica,
emocional y la falta de conciencia de enfermedad. (No
se incluye en este apartado la terapia cognitivo-con-
ductual (TCC), dado que se la presenta como parte del
tratamiento integral.)
Como losofía general, las intervenciones centra-
das en la rehabilitación comparten el modelo “sub-
jetivo” de recuperación (Morin y Franck, 2017) que
promueve una posición activa de los pacientes con
respecto al trastorno, enfatizando valores como la au-
todeterminación y el empoderamiento. De este modo,
se busca que el paciente pueda elegir el mejor trata-
miento disponible luego de contar con información
clara y accesible. Para tal decisión, la mejoría debe
abarcar diferentes áreas, social, laboral, académica,
emocional, calidad de vida general (ornicro y
Tansella, 2013). Se busca reducir al máximo el impac-
to de la enfermedad y su estigma en la autonomía del
paciente (Ringeisen, et al., 2017).
En línea con lo mencionado, la psicoeducación es
una herramienta fundamental. Se dene como la pro-
visión de información didáctica, estructurada y siste-
mática sobre la enfermedad y su tratamiento, prestan-
do especial atención a los aspectos emocionales que
conlleva para el paciente y su familia, así como apun-
tando a reducir el estigma que acarrea habitualmente
(Rummel-Kluge y Kissling, 2008).
La intervención psicoeducativa requiere un vín-
culo colaborativo entre el profesional de salud men-
tal y el paciente y/o su familia, a los nes de reducir
la carga de la enfermedad y avanzar hacia la recupe-
ración y la rehabilitación. No solamente consiste en
brindar información clara y accesible al nivel educa-
tivo y cognitivo del paciente y su familia, sino que in-
tenta promover una posición activa por parte de los
pacientes y/o las familias respecto de la enfermedad
y el tratamiento, orientando a través de estrategias de
resolución de problemas e incrementando el acceso a
la atención sanitaria.
Los síntomas cognitivos en la esquizofrenia han
sido descuidados durante mucho tiempo y solo re-
cientemente comenzaron a recibir atención. La reme-
diación cognitiva (RC) fue denida como una inter-
vención basada en el entrenamiento conductual que
busca mejorar procesos cognitivos (atención, memo-
ria, función ejecutiva y cognición social) de modo du-
rable y generalizado (Wykes et al., 2011).
Por su parte, el entrenamiento metacognitivo
(EMC) (Moritz et al., 2019) es una intervención psi-
cosocial desarrollada para los trastornos psicóticos
centrada en las distorsiones cognitivas propias de esos
problemas clínicos (sesgos contra la evidencia contra-
ria a las creencias delirantes, salto a las conclusiones,
etc.). El tratamiento se centra en entrenar a los pacien-
tes en la búsqueda de más información para dismi-
nuir, así, el salto a las conclusiones y la sobreconanza
en los errores.
A diferencia de la TCC de la esquizofrenia (Tur-
kington et al., 2006), el EMC no se centra en los con-
tenidos de las creencias delirantes sino en los sesgos
del razonamiento asociados con el surgimiento de las
ideas delirantes y su mantenimiento. No debe confun-
dirse con la terapia metacognitiva (Wells, 2009), una
forma de TCC desarrollada fundamentalmente para
los trastornos emocionales (trastornos de ansiedad,
relacionados con traumas, trastorno obsesivo-com-
pulsivo y trastornos depresivos).
Finalmente, el entrenamiento en habilidades so-
ciales (EHS) (Bellack et al., 2004), que se desarrolló
con el objetivo de enseñar a las personas con esqui-
zofrenia las habilidades sociales necesarias para su re-
inserción social luego de internaciones en centros de
salud mental o clínicas psiquiátricas, es un modelo se
implementa en formato grupal.
Con respecto a la evidencia existente sobre las in-
tervenciones mencionadas, el estado actual de cono-
cimientos se resume a continuación. La revisión Co-
chrane de Xia, Merinder y Belgamwar (2011) sobre 44
estudios y 5142 participantes concluyó que la psice-
ducación podría reducir las recaídas, la readmisión y
promover la adherancia al tratamiento farmacológico,
así como reducir la duración de las internaciones.
La RC ha mostrado alcanzar resultados durables
en la cognición y el funcionamiento general de la es-
quizofrenia. Cella y colaboradores (2017) publicaron
un metaanálisis en red que conrma la superioridad
de la remediación cognitiva sobre el tratamiento ha-
bitual (treatment as usual), sin que hubieran halla-
do sesgo de publicación; los estudios más rigurosos
se asociaron con un impacto mayor en la reducción
sintomática e incluso se observó un benecio de pe-
queño a moderado en los síntomas negativos. Más
recientemente, los 67 estudios y 5334 participantes
incluidos en el metaanálisis de Vita y colaboradores
(2024) permiten observar el mantenimiento de los re-
sultados alcanzados en los seguimientos publicados y
muchos de ellos son trasladados a la vida cotidiana de
los pacientes, observándose también mayor integra-
ción y rehabilitación psiquiátrica.
El metaanálisis de Liu y colaboradores (2018) so-
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bre el EMC incluyó 11 estudios y observó un tamaño
de efecto moderado que se mantuvo en los seguimien-
tos, mostrando un benecio en la reducción de ideas
delirantes en contextos clínicos.
El EHS mostró un nivel de evidencia alentador en
un importante metaanálisis (Kurt y Mueser, 2008),
luego se cuestionó esta conclusión por diferentes ries-
gos de sesgos observados en una gran cantidad de es-
tudios (Almerie et al., 2015). Sin embargo, en el me-
taanálisis de Lu y colaboradores (2022) centrado en
la psicoeducación, la entrevista motivacional, la reme-
diación cognitiva y/o el EHS mostró resultados favo-
rables. El análisis incluyó 7 estudios, uno fue realizado
con pacientes en su primer episodio, y un total 602
participantes. Los 7 estudios incluidos mostraron bajo
riesgo de sesgo en todas las dimensiones considera-
das (aleatorización, desviaciones en las intervenciones,
pérdidas en los datos de los resultados, medidas y se-
lección de los resultados reportados). Cinco de los siete
estudios informaron efectos signicativos en el funcio-
namiento psicosocial. En la mayoría de los estudios que
adoptaron el entrenamiento neurocognitivo como un
componente se informó una mejora signicativa en
la neurocognición. En dos estudios se encontró una
mejora evidente de la cognición social. También hubo
evidencia en diferentes estudios individuales sobre los
efectos relacionados con el tratamiento sobre la tasa de
hospitalización, la metacognición y el empleo.
En su conjunto, la psicoeducación, la RC, el EMC
y el EHS pueden colaborar para alcanzar una mejoría
global de los pacientes con esquizofrenia, incremen-
tando un rol más proactivo, incrementando la auto-
nomía, mejorando los síntomas cognitivos, contribu-
yendo a la reinserción social, reduciendo las tasas de
recaídas, recurrencias, la duración de las intervencio-
nes y mejorando la adherencia al tratamiento habitual.
De este modo, se busca mejorar la calidad de vida de
los pacientes y sus cuidadores desde una perspectiva
más amplia que la habitual, centrada en los síntomas
positivos y negativos de la esquizofrenia.
41. Anosognosia en esquizofrenia
La esquizofrenia es un trastorno complejo carac-
terizado por la presencia de síntomas positivos, ne-
gativos y alteraciones cognitivas que condicionan de
manera signicativa la evolución clínica y funcional
de quienes la padecen (Kahn y Keefe, 2013). Entre
estas alteraciones, ocupa un lugar central el deterioro
del insight, entendido como la capacidad de autoco-
nocimiento y conciencia de enfermedad. Su décit,
denominado anosognosia, es altamente prevalente
y constituye uno de los factores pronósticos más re-
levantes, al inuir directamente en la adherencia al
tratamiento, la funcionalidad y el curso clínico de la
enfermedad (Amador et al., 1991; Cobo et al., 2016).
41.1. Deniciones y evolución conceptual
El insight en esquizofrenia ha sido denido histórica-
mente desde perspectivas categoriales, centradas en su
presencia o ausencia (David, 1990). Sin embargo, esta
visión resultó insuciente y dio lugar a concepciones
multidimensionales y continuas (Marková y Berrios,
1995). Se reconoce que el insight involucra múltiples
componentes: el reconocimiento de padecer una en-
fermedad mental, la atribución de los síntomas a esta
patología, la necesidad de tratamiento y la conciencia
de las consecuencias sociales de la enfermedad (Sotelo
et al., 2021; McGorry y McConville, 1999; Amador et
al., 2004).
La prevalencia de décit de insight en esquizofre-
nia se estima entre el 50 % y el 80 % de los pacientes
(Amador et al., 1991; Pini et al., 2001). Estos décits
pueden ser parciales: un individuo puede aceptar el
diagnóstico pero negar la naturaleza patológica de sus
alucinaciones, o reconocer la utilidad de la medica-
ción sin admitir la enfermedad (Amador et al., 1993).
En la actualidad, el insight ha comenzado a enten-
derse dentro del marco más amplio de la metacogni-
ción, denida como la capacidad de reexionar sobre
los propios procesos mentales y construir represen-
taciones integradas de uno mismo, de los otros y del
contexto social (Wiesepape et al., 2024). Desde esta
perspectiva, la anosognosia se interpreta como un
décit metacognitivo especíco, vinculado a la di-
cultad de reconocer las experiencias subjetivas como
síntomas y comprender la necesidad de un abordaje
terapéutico (Lungu et al., 2023).
41.2. Factores asociados y bases cognitivas
La anosognosia se considera hoy una manifestación
de alteraciones cognitivas y neurobiológicas más am-
plias. Estudios neuropsicológicos han evidenciado
asociaciones entre menor insight y décits en me-
moria, funciones ejecutivas y coeciente intelectual,
vinculados a disfunciones fronto-parietales (Lysaker
et al, 1994; Smith et al., 2004; ompson et al., 2003;
Nair et al., 2014). En particular, la memoria verbal y la
atención parecen ser predictores claves de la funcio-
nalidad en esquizofrenia (Vaz-Serra et al., 2010).
Factores clínicos también inuyen en la metacog-
nición social: un inicio temprano de la enfermedad se
relaciona con peor desempeño metacognitivo, mien-
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tras que una hospitalización más prolongada se ha
asociado a un mejor nivel, posiblemente por el efecto
de la psicoeducación (Roux et al., 2023). Por otra par-
te, los décits metacognitivos se han vinculado con
mayor gravedad de síntomas negativos y desorganiza-
dos (Hamm et al., 2012; Minor y Lysaker, 2014) y con
la presencia de delirios y alucinaciones (Bruno et al.,
2012; Wright et al., 2023).
41.3. Relevancia clínica y pronóstica
La anosognosia en esquizofrenia tiene implicancias
clínicas ambivalentes. Su ausencia se asocia a menor
adherencia al tratamiento y mayor riesgo de recaídas e
internaciones (Acosta et al., 2012; Lincoln et al., 2007;
Higashi et al., 2013). Asimismo, impacta negativa-
mente en la vida independiente, las relaciones sociales
y la inserción laboral, determinando a menudo peores
resultados funcionales que la propia cronicidad del
trastorno (ompson et al., 2003).
Sin embargo, la presencia de insight no está exenta
de consecuencias negativas: se ha vinculado a mayor
riesgo de depresión, desesperanza, estigma percibido
y suicidio (Mintz et al., 2003; Lysaker et al., 2007; Sim
et al., 2004; López-Moríñigo et al., 2012). Por lo tan-
to, promover el insight puede mejorar la adherencia y
la funcionalidad, pero también incrementar la carga
afectiva, lo que exige un abordaje clínico cuidadoso.
41.4. Herramientas diagnósticas y de evalua-
ción
La evaluación de la metacognición en esquizofrenia
ha avanzado en las últimas décadas con el desarrollo
de diversos instrumentos, cada uno con supuestos
conceptuales y alcances diferentes. Según la revisión
de Martiadis y colaboradores (2023), estas herramien-
tas pueden organizarse en cuatro grandes grupos.
En primer lugar, se encuentran las entrevistas na-
rrativas, como la Indiana Psychiatric Illness Interview
(IPII), que buscan obtener relatos personales sobre la
experiencia de enfermedad. Estos relatos pueden lue-
go ser codicados con escalas especícas para identi-
car distintos niveles de procesamiento metacognitivo.
En segundo lugar, se han desarrollado escalas de ob-
servación, entre las que destacan la Metacognition As-
sessment Scale (MAS) y su versión abreviada MAS-A.
Estas se aplican a narrativas obtenidas mediante en-
trevistas y permiten puntuar dominios como autorre-
exión, comprensión de la mente ajena y capacidad de
integrar experiencias en una narrativa coherente.
Un tercer grupo lo constituyen las entrevistas se-
miestructuradas, como la Metacognition Assessment
Interview (MAI). A diferencia de las narrativas libres,
este instrumento propone preguntas estandarizadas
que facilitan la exploración de las habilidades meta-
cognitivas en situaciones concretas, evaluando tanto
la autoconciencia como la comprensión del otro.
Finalmente, se encuentran los cuestionarios de
autoinforme, que incluyen la Beck Cognitive Insight
Scale (BCIS), la Metacognition Self-Assessment Scale
(MSAS) y el Metacognitions Questionnaire (MCQ/
MCQ-30). Estas herramientas permiten una aplica-
ción rápida y sencilla, aunque se enfocan en aspectos
más limitados, como la autocrítica cognitiva o la per-
cepción subjetiva de procesos mentales.
Martiadis y colaboradores (2023) enfatizan que la
elección del instrumento depende del objetivo clíni-
co o investigativo: mientras los autoinformes resultan
útiles por su practicidad, las entrevistas narrativas y
semiestructuradas, así como las escalas de obser-
vación, capturan de manera más profunda la com-
plejidad de la metacognición en esquizofrenia. Esta
diversidad metodológica subraya la importancia de
seleccionar herramientas acordes con las dimensiones
especícas que se deseen evaluar.
41.5. Abordajes terapéuticos
El tratamiento de la anosognosia presenta desafíos im-
portantes. La mayoría de los fármacos antipsicóticos no
han demostrado ecacia clara sobre el insight, salvo la
clozapina en algunos estudios (Spagna A et al., 2015).
En el terreno psicosocial, múltiples intervenciones
han mostrado resultados alentadores aunque hetero-
géneos: la psicoeducación y la terapia cognitivo-con-
ductual pueden mejorar parcialmente la conciencia de
enfermedad (Gray et al., 2002). Más especícamente,
intervenciones centradas en la metacognición como el
Metacognitive Training (MCT), el Metacognitive Re-
ection and Insight erapy (MERIT) o la Metacog-
nitive Interpersonal erapy for Psychosis (MIT-p) se
orientan a reducir sesgos cognitivos, favorecer la inte-
gración narrativa y promover un mejor funcionamien-
to social (Wiesepape et al., 2024; Martiadis et al., 2023).
Un hallazgo relevante es que, en algunos pacien-
tes, mayor metacognición se asocia paradójicamente
a menor adherencia, probablemente al atribuir los dé-
cits a la medicación más que a la enfermedad. Por
ello, se recomienda que la remediación metacognitiva
se acompañe siempre de psicoeducación, para evitar
un efecto contraproducente en la motivación y la con-
tinuidad del tratamiento (Roux et al., 2023).
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41.6. Conclusiones
La anosognosia en esquizofrenia es un fenómeno com-
plejo, multidimensional y de base cognitiva, que debe
entenderse en el marco más amplio de la metacogni-
ción. Sus implicancias clínicas son decisivas, tanto en
la adherencia como en la funcionalidad y la calidad de
vida. La evidencia actual subraya la necesidad de abor-
dajes terapéuticos integrados, que contemplen no solo
la mejoría del insight sino también la prevención de
efectos adversos sobre el bienestar afectivo.
La incorporación sistemática de herramientas de
evaluación metacognitiva, junto con intervenciones
psicosociales especícas, puede abrir nuevas perspec-
tivas en la recuperación objetiva y subjetiva de los pa-
cientes. La anosognosia, lejos de ser solo una falta de
conciencia de enfermedad, debe entenderse como una
expresión clínica de alteraciones cognitivas y metacog-
nitivas más profundas, lo que la convierte en un objeti-
vo prioritario para la investigación y la práctica clínica.
42. Actividad física en el tratamiento
integral de la esquizofrenia
La idea de que el ejercicio es bueno para la salud men-
tal no es novedosa, pero no fue hasta hace unas pocas
décadas que se empezó a estudiar en forma sistemáti-
ca su ecacia para el tratamiento de la esquizofrenia.
Inicialmente, se observó que los pacientes mejoraban
sus síntomas depresivos y su capacidad aeróbica, ade-
más de su estado general (Chamove, 1986; Pelham y
Campagna, 1991). Actualmente, ya existen distintos
estudios aleatorizados y metaanálisis que permiten
armar que el ejercicio debe ser parte ineludible del
tratamiento integral de la esquizofrenia.
El metaanálisis de Firth y colaboradores (2015) eva-
luó 20 estudios en pacientes con esquizofrenia y obser-
vó que, a pesar de que el ejercicio no tuvo efecto en el
índice de masa corporal, mejoraron los factores cardio-
metabólicos y la aptitud física, así como los síntomas
positivos, negativos y la memoria verbal de corto plazo.
Los síntomas psiquiátricos se redujeron por interven-
ciones de 90 minutos por semana de ejercicio modera-
do a vigoroso, usando sesiones de gimnasia aeróbica o
de resistencia. Asistió un promedio del 72 % de los pa-
cientes estudiados; las sesiones grupales o supervisadas
fueron las que registraron una mayor adherencia.
Otro metaanálisis y revisión sistemática de 2016
(Dauwan et al., 2016), que evaluó 29 estudios con
1109 pacientes, determinó que el ejercicio mejoraba
los síntomas positivos, negativos y generales, la cali-
dad de vida, el funcionamiento global y los síntomas
depresivos. No se demostró efecto sobre la cognición
salvo para el yoga, especícamente en la memoria de
largo plazo. La magnitud de efecto fue de 0,32 para los
síntomas positivos y de 0,49 para síntomas negativos,
aunque la heterogeneidad entre los estudios fue eleva-
da. En la mayoría de los estudios la intervención fue
de 90 a 120 minutos semanales durante un promedio
de 12 semanas, siendo esta la recomendación que se
desprende de este estudio.
Otro metaanálisis de 2023 (Gallardo Gomez et al.,
2023) observó que el ejercicio mejora los síntomas
negativos, pero no los síntomas positivos ni la cog-
nición. La calidad de vida solo mejoró en pacientes
internados que hicieron ejercicios aeróbicos o de alta
intensidad. Si bien el efecto sobre la salud física no
fue signicativo, se observó un aumento de la fuer-
za muscular. También se registró una mejora en las
actividades de la vida diaria. El efecto del ejercicio en
la psicopatología fue mayor en pacientes ambulatorios
que en internados.
Dos metaanálisis se centraron exclusivamente en
el efecto del ejercicio sobre los síntomas negativos.
Sabe y colaboradores (2020) analizaron 17 estudios
controlados aleatorizados con 954 pacientes y deter-
minaron que el ejercicio tiene un efecto benecioso en
los síntomas negativos (magnitud de efecto: 0,24). Este
estudio descubrió que mientras los ejercicios aeróbicos
mejoraban los síntomas negativos, los no aeróbicos no
lo hacían. La mejoría no estuvo asociada a la gravedad
de los síntomas basales, a las horas de ejercicio o a la
mejoría en síntomas depresivos, pero sí a la edad joven.
Vogel y colaboradores (2019) incluyeron en su me-
taanálisis 22 estudios con 1249 pacientes. Hubo una
magnitud de efecto mediana (0,43) en la mejoría de
síntomas negativos, con una gran heterogeneidad.
Los ejercicios mentales-corporales como el Tai-chi o
el yoga tuvieron mayor ecacia (magnitud de efecto:
0,46) que los ejercicios aeróbicos como correr o andar
en bicicleta (magnitud de efecto: 0,34).
Un reciente metaanálisis y revisión sistemática de
2024 (Cui et al., 2024) estudió la ecacia comparativa
de 8 diferentes tipos de ejercicio en la sintomatología
psiquiátrica de pacientes con esquizofrenia. Se inclu-
yeron 25 estudios controlados aleatorizados con 1441
participantes. Aunque varias modalidades de ejercicio
mejoraron los distintos síntomas psiquiátricos, los
ejercicios de resistencia (aumento de fuerza muscular
a través de bandas elásticas, pesas, máquinas) y el yoga
fueron los más efectivos para mejorar los síntomas
positivos. El yoga y los ejercicios aeróbicos de baja
intensidad (caminar, trotar) fueron los más efectivos
para los síntomas negativos, y los ejercicios aeróbicos
de baja intensidad y los de mediana y alta intensidad
(nadar, correr, danza aeróbica) los mejores para dis-
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minuir la psicopatología general.
El metaanálisis de Guo y colaboradores (2024) in-
cluyó 17 estudios con 973 pacientes con esquizofrenia.
El estudio determinó que el ejercicio aeróbico mejoró
tanto los síntomas positivos como los negativos, siendo
los más efectivos los que se hacían de 100 a 120 minutos
por semana (3 a 5 sesiones) durante 2 a 3 meses. No se
observó que el ejercicio haya disminuido el índice de
masa corporal. Interesantemente, no hubo diferencia
de adherencia con el tratamiento farmacológico.
Múltiples estudios observaron benecios cogniti-
vos con el uso del ejercicio en el tratamiento de la es-
quizofrenia (Kimhy et al., 2015; Malchow et al., 2015;
Oertel Knochel et al., 2014; Pajonk et al., 2010). Aun-
que las mejorías se registran en la cognición en general,
se han visto también especícamente en la memoria de
corto plazo, la memoria de trabajo, el aprendizaje visual
y la velocidad de procesamiento (Mittal et al., 2017; Fir-
th et al., 2017). En ocasiones se observó un resultado
sinérgico combinando los ejercicios con la remediación
cognitiva (Malchow et al., 2015). Un metaanálisis de 10
ensayos demostró que cuanto mayor la dosis de ejer-
cicio mayor era la mejoría, y que los resultados eran
mejores cuando el ejercicio era supervisado por profe-
sionales (Firth et al., 2017).
El ejercicio en los pacientes con esquizofrenia
puede producir cambios en factores neurobiológicos.
El efecto del ejercicio en el volumen hipocampal en
los pacientes con esquizofrenia ha tenido resultados
contradictorios: Pajonk y colaboradores (2010) de-
mostraron que el volumen del hipocampo de pacien-
tes con esquizofrenia aumentaba luego de 3 meses de
ejercicio y esto correlacionaba con la mejoría en la
memoria de corto plazo. Otro estudio también obser-
vó un aumento del volumen sin asociación a cambios
sintomáticos (Woodward et al., 2018). Sin embargo,
este aumento no fue observado por otros investigado-
res (Rosenbaum et al., 2015; Scheewe et al., 2013) y un
metaanálisis demostró que mientras que el ejercicio
no aumentaba el volumen, podía detener la disminu-
ción del mismo particularmente en el hipocampo iz-
quierdo (Firth et al., 2018).
También se observó un aumento del factor neuro-
tróco derivado del cerebro (BDNF) luego de 12 se-
manas de ejercicio de resistencia y aeróbicos o a través
de videojuegos (Kim et al., 2014; Kimhy et al., 2015).
Se observó que el aumento del BDNF se asociaba a
la mejoría de la aptitud física (Kim et al., 2014) y que
predecía un 15 % de la mejoría cognitiva (Kimhy et
al., 2015). Sin embargo, otro estudio de 20 semanas de
ejercicios de resistencia no observó cambio alguno en
el BDNF (Silva et al., 2015).
A pesar de que el ejercicio aumenta la aptitud fí-
sica, no es claro si sirve en los pacientes con esquizo-
frenia para bajar de peso (Mittal et al., 2017). Aun así,
una de las motivaciones mayores de los pacientes con
esquizofrenia para realizar ejercicio fue para bajar de
peso, junto con los objetivos de mejorar el humor y
reducir el estrés (Firth et al., 2016).
Se ha tratado de hallar cuales serían los factores
para estimular la adherencia al ejercicio como trata-
miento. Un estudio reciente demostró que el mayor
predictor de adherencia al ejercicio es un nivel de
funcionamiento alto con una menor sintomatología
siendo el nivel cognitivo, la calidad de vida y la apti-
tud física factores menos inuyentes (Schwaiger et al.,
2024). Por otra parte, se comprobó que la actividad
física supervisada por profesionales calicados tenía
menos tasa de abandono (Vancampfort et al., 2015).
En conclusión, se puede armar que el ejercicio es
un recurso terapéutico ecaz para el tratamiento inte-
gral de esta patología. Si bien todos los tipos de ejer-
cicio podrían ser ecaces, los aeróbicos, los de resis-
tencia y el yoga serían los más adecuados debiéndose
realizar durante 100 a 120 minutos semanales prefe-
rentemente conducidos por profesionales. Por ser el
ejercicio físico un recurso muy económico y accesible
no debe estar ausente en el tratamiento y la rehabilita-
ción de los pacientes con esquizofrenia.
43. Estigma en esquizofrenia
El estigma se conceptualiza como un proceso social
que deshumaniza y margina a individuos por carac-
terísticas consideradas negativas. Estas pueden ser fí-
sicas, psicológicas o socioculturales. En 1963, Erving
Goman denió el estigma como un 'atributo pro-
fundamente desacreditador' que limita la interacción
social (Goman, 1963). Décadas más tarde, Kimberlé
Crenshaw amplió esta idea con el concepto de estigma
interseccional, señalando que la interacción de múl-
tiples formas de estigmatización —como las basadas
en raza, género o enfermedad mental— incrementa la
vulnerabilidad de quienes lo sufren (Crenshaw, 1989).
Elliot y colaboradores describieron el estigma
como una desviación que lleva a percibir a los indivi-
duos como ilegítimos para la participación social, al
ser vistos como incompetentes, impredecibles o peli-
grosos, excluyéndolos de las normas sociales que faci-
litan la interacción (Elliott et al., 1982).
El estigma se conceptualiza como un proceso so-
cial que deshumaniza y margina a individuos, basado
en características percibidas negativamente. Según
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
Link y Phelan, este proceso involucra el etiquetado,
los estereotipos negativos, la separación social, la pér-
dida de estatus y la discriminación, todo facilitado por
dinámicas de poder. En el caso de la esquizofrenia, el
etiquetado como “esquizofrénico” refuerza estereoti-
pos dañinos que llevan a la exclusión social, económi-
ca y laboral, limitando las oportunidades de las perso-
nas afectadas y perpetuando su marginación (Link y
Phelan, 2001).
Los componentes del estigma se enfocan en las di-
mensiones cognitiva, afectiva y conductual. Esta in-
formación se organiza en problemas de conocimiento
o ignorancia, problemas de actitud o prejuicios y pro-
blemas de comportamiento o discriminación (or-
nicro et al., 2007). Los estereotipos son creencias
generalizadas y simplicadas que originan reacciones
emocionales negativas y prejuicios, basados en el mie-
do y la desconanza. Estos generan conductas discri-
minatorias, exclusión y vulneración de derechos, re-
forzando la desigualdad social.
El trabajo de Jones y sus colegas amplió las catego-
rías del estigma al enfocarse en las “relaciones marca-
das, y propusieron seis dimensiones clave del estigma:
visibilidad, es decir, el grado en que la característica
es evidente; el curso, que se reere a si la condición es
permanente o reversible; la disruptividad, o el impac-
to que tiene en las relaciones interpersonales; la es-
tética, relacionada con las reacciones de disgusto que
puede provocar; el origen, que alude a las causas de
la diferencia; y el peligro, que expresa la sensación de
amenaza asociada (Jones, 1984).
En salud mental se distinguen tres tipos de estig-
ma: social o público, personal y estructural (Corrigan
y Wassel, 2008).
El estigma público se reere a las percepciones y re-
acciones negativas de la sociedad hacia las personas con
enfermedades mentales. Un grupo que revisó la deni-
ción concluyó que el estigma existe únicamente cuando
se dan las siguientes condiciones: etiquetado, estereoti-
pos negativos, separación lingüística (donde el objetivo
es comúnmente identicado por un nombre especíco)
y una asimetría de poder (Andersen et al., 2022).
Fox propuso un marco teórico sobre el estigma de
trastornos mentales basado en medidas usadas en in-
vestigaciones (Fox et al., 2018). El estigma personal
incluye el estigma percibido (la percepción de las per-
sonas sobre cómo los demás las ven), el estigma anti-
cipado (temor a la discriminación futura), el estigma
experimentado (situaciones reales de discriminación)
y el estigma internalizado (aceptación de estereotipos
negativos sobre la propia condición). El concepto “evi-
tación de la etiqueta” se utiliza para clasicar el tipo de
estigma que insta al sujeto a evitar el etiquetado, que
muchas veces lo lleva a abstenerse de buscar o dejar de
utilizar los servicios de salud una vez iniciados (Corri-
gan, 2016).
El estigma por cortesía o por asociación se reere a
la discriminación que enfrenta una persona por su re-
lación con alguien estigmatizado (Goman, 1963). En
este caso, la persona es juzgada no por sus acciones,
sino por su conexión con otro grupo estigmatizado.
El estigma institucional abarca políticas o culturas
organizacionales que promueven actitudes negativas
hacia personas con enfermedades mentales, reforza-
das por marcos legales y prácticas profesionales, lo
que profundiza su arraigo en la sociedad.
43.1. Correlatos y consecuencias del estigma
en esquizofrenia
El estigma tiene un impacto negativo que afecta a la
persona con esquizofrenia, sus allegados, la comuni-
dad y la producción sociocultural.
Primero, el estigma genera consecuencias en los
ámbitos social, psicológico y físico (Akbari et al., 2023).
Una revisión sistemática iraní concluyó que, físicamen-
te, desalienta el acceso a la atención médica, la adheren-
cia al tratamiento y el uso de medicamentos, empeoran-
do el estado de salud y la transmisión de enfermedades.
La estigmatización por parte de los profesionales de
salud afecta el seguimiento y reduce los niveles de sa-
lud en general. Asimismo, psicológicamente, el estigma
agrava los trastornos mentales, deteriora el funciona-
miento social y reduce la calidad de vida.
El autoestigma impacta negativamente en los re-
sultados clínicos y funcionales, se asocia con baja
autoestima, sentimientos de desesperanza, mayor
ansiedad social, síntomas graves de depresión y un
aumento en el riesgo de suicidio en personas con es-
quizofrenia. Esto resulta en una menor búsqueda de
ayuda profesional, retraso diagnóstico y peor pronós-
tico (Dubreucq et al., 2021; Jian et al., 2022; Ociskova
et al., 2023). Socialmente, el estigma provoca que las
personas eviten buscar atención médica por miedo al
juicio, lo que conlleva discriminación en el acceso a
servicios. Las personas que aceptan los estereotipos
sobre enfermedades mentales pueden tener diculta-
des para obtener y mantener empleo (Yi Sum et al.,
2020). Asimismo, la estigmatización de la identidad
puede conducir al rechazo social en el ámbito matri-
monial, incluyendo la negativa a contraer matrimo-
nio, así como a procesos de divorcio y disolución de
vínculos de pareja. Además, puede favorecer la apa-
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
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rición de conductas abusivas y opresivas por parte de
terceros (Akbari et al., 2023).
En resumen, el estigma diculta la adaptación so-
cial y el mantenimiento de comportamientos saluda-
bles.
Además, el estigma también afecta a familiares y
allegados a través del estigma por asociación o como
agentes estigmatizadores. Esto implica reacciones ne-
gativas y las internalizadas, llevando a muchos a ocul-
tar su estado emocional y psicológico, aislarse, distan-
ciarse de la persona afectada y retrasar la búsqueda de
tratamiento. Los estudios indican una correlación en-
tre el estigma del cuidador y factores negativos como
depresión, pensamientos suicidas y mayor carga emo-
cional (Singh et al., 2016).
Dentro del entorno de la persona con esquizofre-
nia, los psiquiatras también pueden mostrar actitudes
estigmatizantes, inuenciadas por factores como la
monotonía laboral y el agotamiento. Sin embargo, el
contacto directo con pacientes mejora estas actitudes.
Los psicoterapeutas, al interactuar más con los pa-
cientes, pueden identicar sesgos y mostrar empatía,
herramientas esenciales para combatir el estigma (Ko-
chański y Cechnicki, 2017). A la inversa, el estigma
de la psiquiatría y de sus prácticas (incluidos los psi-
cofármacos) se evidencia por descalicaciones tales
como “dispensadores de chaleco químico, “agentes de
represión, entre otros (Cetkovich Bakmas, 2018).
A nivel comunitario, el estigma público diculta la
integración social de las personas con esquizofrenia.
La distancia y el rechazo sociales crean barreras para
que estas personas vivan con dignidad. La distancia
social mide la disposición a interactuar con quienes
padecen enfermedades mentales (Link et al., 1987).
Los medios de comunicación inuyen en la opi-
nión pública, moldeando percepciones sobre la salud
mental y la esquizofrenia. Los medios de comunica-
ción desempeñan un papel fundamental en la forma
en que la sociedad percibe la salud y las enfermeda-
des mentales. Por lo tanto, es crucial que los medios
sean conscientes del enfoque que adoptan al informar
sobre estos temas. Un tratamiento mediático respon-
sable puede ayudar a evitar la discriminación y con-
tribuir a que las personas con enfermedades mentales
sean reconocidas como ciudadanos de pleno derecho.
El impacto estructural del estigma se maniesta en los
ámbitos judicial y legislativo, reejando un estigma
institucional y en políticas públicas que perpetúan la
discriminación.
Abordar el estigma en la esquizofrenia es funda-
mental no solo para mejorar la atención médica, sino
también para garantizar los derechos humanos y la in-
clusión de las personas afectadas.
43.2. Intervenciones antiestigma en esquizo-
frenia
Apartados anteriores han justicado las razones por
las que existe la necesidad de acciones para combatir
el estigma.
Previo a la implementación de cualquier estrategia
antiestigma es bueno disponer de datos locales, resul-
tado de investigaciones y evaluaciones sobre el tema
especíco. Las características culturales permitirán
una adaptación adecuada a las particularidades de su
entorno local (Mascayano et al., 2019). Seguido a esto,
llega el momento del diseño de la intervención, proce-
so dentro del cual resulta conveniente incorporar un
enfoque participativo y colaborativo, donde diversos
actores aporten sus perspectivas.
El diseño de intervenciones antiestigma debe abor-
dar diferentes ejes y poder responder variadas pre-
guntas resumidas en la Tabla que sigue:
Tabla. Reducir el estigma
Perspectiva del agente estigmatizador:
Heteroestigma
Estigma social y público
Perspectiva del agente estigmatizado:
Autoestigma o estigma internalizado
Estigma percibido
Estigma anticipado
Estigma experimentado
Estigma por asociación
Reducir el impacto del estigma: por ejemplo, sobre
conocimiento de la enfermedad, los componentes del
estereotipo, el grado de distancia social entre los afec-
tados y la comunidad, la adherencia al tratamiento, la
calidad de vida, mejorar la inclusión socio laboral, la
afectación de la autoestima, el acceso a servicios de
salud mental, etc.
43.2.1. Para qué. Objetivos y sus medidas de
resultado
Las intervenciones antiestigma tienen como objeti-
vo abordar el fenómeno del estigma desde distintas
perspectivas, buscando cambios tanto en quienes lo
generan como en quienes lo padecen. Desde el punto
de vista del agente estigmatizador, estas intervenciones
se orientan a reducir el heteroestigma, que incluye el
estigma social y público. Por otro lado, es esencial in-
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
tervenir en el autoestigma o estigma internalizado que
experimentan las personas afectadas, ayudándolas a
desaar y desmontar los prejuicios que ellas mismas
han asimilado. Las intervenciones también deben tener
como objetivo reducir el estigma percibido, el estigma
anticipado y el estigma experimentado. Aquí también
encuentra lugar el análisis del estigma por asociación.
Otro de los grandes objetivos de las intervenciones
antiestigma es reducir su impacto negativo en áreas
clave. Esto incluye mejorar el conocimiento sobre la
enfermedad y los estereotipos, disminuyendo la dis-
tancia social entre las personas afectadas y la comuni-
dad. Las intervenciones también buscan incrementar la
adherencia al tratamiento, mejorar la calidad de vida de
las personas con esquizofrenia, fomentar su inclusión
social y laboral, proteger su autoestima y, sobre todo, fa-
cilitar el acceso a los servicios de salud mental. De esta
manera, se espera no solo disminuir el estigma, sino
también mejorar el bienestar general y la integración de
las personas con esquizofrenia en la sociedad.
Todos los objetivos deben encontrar instrumentos
de medición adecuados y, en lo posible, adaptados lo-
calmente.
43.2.2. Para quiénes. Niveles de intervención,
población objetivo y destinatarios
De acuerdo con Heijnders y Van Der Meij, las inter-
venciones para reducir el estigma pueden estructurarse
en cinco niveles principales (Heijnders y Meij, 2006).
Las intervenciones antiestigma pueden abordarse en
distintos niveles. A nivel intrapersonal, se centran en
el individuo que vive con esquizofrenia, mientras que
a nivel interpersonal se enfocan en su entorno cerca-
no, como familiares, amigos y compañeros de trabajo.
En el ámbito comunitario, las acciones se dirigen a la
comunidad más amplia en la que las personas con es-
quizofrenia viven o se desempeñan. En el nivel organi-
zacional e institucional, las intervenciones promueven
prácticas no discriminatorias en instituciones como
hospitales, escuelas o lugares de trabajo. Finalmente, a
nivel gubernamental y estructural, se busca establecer
políticas públicas y marcos legales que protejan los de-
rechos de las personas con esquizofrenia, sus familias y
los profesionales de la salud mental.
43.2.3. Qué y cómo. Estrategias para la reduc-
ción del estigma
Corrigan y Penn describen tres estrategias clásicas
para reducir el estigma: educación, contacto y pro-
testa (Corrigan y Penn, 1999). En 2020, Clay y cola-
boradores agruparon las estrategias investigadas en:
educación, comunicación, contacto social, interven-
ciones creativas, tecnológicas y terapéuticas (Clay et
al., 2020). La Organización Panamericana de la Salud
agrega las estrategias de reforma (PAHO, 2024).
La protesta y el activismo posibilitan visibilizar in-
justicias a través de la lucha contra la exclusión social,
desaando mitos y denunciando conductas discrimi-
natorias. Busca generar conciencia pública sobre los
derechos de las personas con esquizofrenia. Ejemplos
incluyen movimientos sociales, protestas organizadas
por asociaciones de pacientes y declaraciones públicas
de guras sociales. Su efectividad es temporal para in-
terrumpir comportamientos discriminatorios, pero a
menudo no cambia actitudes profundamente arraiga-
das y podría llegar a generar rebote (Corrigan y Penn,
1999).
La educación y la comunicación se enfocan en re-
emplazar mitos y creencias erróneas con información
cientíca. A través de conferencias, capacitaciones,
talleres, discusión, reexión, intercambio de expe-
riencias y campañas públicas se corrigen percepcio-
nes erróneas sobre la esquizofrenia. Los programas
educativos pueden dirigirse a la población general o
grupos especícos. Aunque son útiles para mejorar el
conocimiento, su impacto en actitudes y comporta-
mientos estigmatizantes puede ser moderado a largo
plazo (Corrigan et al., 2012).
La promoción del contacto social se basa en crear
espacios donde las personas con esquizofrenia y/o
sus allegados interactúen con la comunidad, gene-
rando comprensión y desmiticando estereotipos.
El contacto cara a cara es la estrategia más efectiva
para reducir el estigma. Ejemplos incluyen programas
en escuelas o lugares de trabajo donde personas con
trastornos mentales comparten sus experiencias. Se
ha identicado como una de las intervenciones más
efectivas para reducir la distancia social y las actitudes
negativas (Corrigan y Watson, 2002).
Las intervenciones creativas utilizan recursos
como el cine, teatro, danza o arte para fomentar em-
patía y cambiar percepciones sobre la esquizofrenia.
Las intervenciones tecnológicas, emplean videos,
foros en línea y redes sociales para crear conciencia
y educar.
Las intervenciones terapéuticas, incluyen tera-
pia cognitivo-conductual y grupos de ayuda mutua
(GAM), buscando reducir el autoestigma y promover
la inclusión social.
Las intervenciones de reforma implican modicar
la legislación y las políticas para asegurar una mayor
inclusión de las personas con problemas de salud
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
mental (PAHO, 2024). Derivaría en el desarrollo de
recursos de apoyo formales que alivien la carga del
estigma, por ejemplo con programas de capacitación
laboral y reintegración social.
En la Argentina, la Ley 26.657 promueve la no dis-
criminación, la inclusión y el respeto a los derechos
de las personas con trastornos mentales, aunque no
menciona explícitamente el estigma. El Plan Nacio-
nal de Salud Mental 2023-2027 se traza el objetivo de
reducir el estigma mediante campañas de sensibiliza-
ción y capacitación, con la participación de usuarios
y familiares (Ministerio de Salud de la Nación, 2023).
La investigación en la Argentina sugiere que, si
bien la educación puede reducir el estigma en la po-
blación general, fomentar el contacto en situaciones
colaborativas dentro de la comunidad y permitir la
interacción con personas en diversas etapas de recu-
peración podría ser más efectiva para disminuir el es-
tigma entre los profesionales (Agrest et al., 2015).
43.2.4. Quién. Todo lo relativo a los responsa-
bles de la intervención
La investigación participativa basada en la comunidad
implica reconocer la importancia de colaborar con
las personas de la comunidad estigmatizada, como
aquellos que padecen enfermedades mentales graves
y quienes enfrentan estigma por asociación, junto con
cientícos y expertos en el área (Corrigan, 2016).
La expresión Nihil de nobis sine nobis (“Nada
sobre nosotros sin nosotros”), que surgió en Europa
Central durante la Ilustración, sostiene que las deci-
siones, políticas o acciones que afectan a un grupo
deben contar con la participación de sus integrantes.
Adoptada por movimientos de derechos de personas
con discapacidad en todo el mundo, esta frase reivin-
dica la inclusión y el respeto hacia las voces de quie-
nes serán impactados por esas decisiones. Según Co-
rrigan, los psiquiatras y proveedores de salud mental
deben adoptar un papel de apoyo en la lucha contra
el estigma de las enfermedades mentales, permitiendo
que las personas con experiencia vivida lideren estos
esfuerzos. La participación de estas comunidades es
crucial para empoderarlas y corregir injusticias socia-
les. Las voces profesionales pueden aportar credibili-
dad y esperanza al promover historias de recupera-
ción, mientras que su sensibilidad a los problemas de
estigma mejora su efectividad como aliados en segun-
do plano (Corrigan, 2016).
En resumen, el estigma en la esquizofrenia es un
proceso multidimensional que afecta todos los as-
pectos de la vida de quienes lo padecen, reforzando
la exclusión y la marginalización social, económica y
psicológica, lo que subraya la necesidad urgente de in-
tervenciones para combatirlo.
44. Aspectos médico-legales del pacien-
te que padece esquizofrenia
44.1. El paciente que padece esquizofrenia
en conicto con la Ley Penal
El delito se dene tradicionalmente como la conducta
típica, antijurídica y culpable. Se acepta que la con-
ducta es típica cuando la acción prohibida está con-
templada dentro de una categoría o “tipo. Por ejem-
plo: se hablará de homicidio cuando “el que matare a
otro. Asimismo, no deben existir causas que justi-
quen tal accionar, para que la misma sea considera-
da antijurídica. Por último, esa conducta típica y an-
tijurídica tiene que haber sido motivada en el querer
interno de ser llevada a cabo por parte del sujeto que
la llevó adelante. A esto último, se lo denomina cul-
pabilidad. En el Derecho se explica que quien comete
una acción debe tener conciencia de la antijuridicidad
típica y poseer la voluntad de dirigir su accionar hacia
un n (Donna, 2003).
En la investigación penal se procede entonces a
establecer la tipicidad y la antijuridicidad de una con-
ducta dada. Una vez que se cumplen en la investiga-
ción penal y procesal estos requisitos se pasa a analizar
la culpabilidad del sujeto. Pero para imputarlo deberá
dilucidarse si una persona dada tiene capacidad psico-
biológica para ser culpable. Esto último es la imputa-
bilidad y su opuesto es la inimputabilidad (Villanueva
Cañadas, 2018).
La inimputabilidad es la incapacidad psicobiológi-
ca para comprender la criminalidad del acto y dirigir
sus acciones al momento de los hechos (Villanueva
Cañadas, 2018). Para lo cual un sujeto debe ser eva-
luado en forma interdisciplinaria a los nes de deter-
minar el estado de las facultades mentales al momento
de los hechos y si la afectación eventual de las mismas
pudo haber impedido la comprensión y la dirección
del accionar reprochado.
Si en la investigación penal se acreditan tales su-
puestos se procede a la acusación, a la imputación, a la
investigación, a la defensa.
Los pacientes que padecen esquizofrenia pueden
presentar al momento de los hechos una suciente
alteración de sus facultades mentales que afecten la
capacidad para la culpa. Si el juez, so0bre la base de
testimonios y pericias dictamina la inimputabilidad,
deberá interrogar acerca de la peligrosidad que pre-
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
sente tal sujeto a los nes de indicar una medida de
internación, que se denomina medidas de seguridad.
Todo este proceder está estipulado en el Código
Penal Argentino, artículo 34, inciso primero, cuyo
texto dice (Baigún, Zaaroni, Terragni, 1997):
"No son punibles: 1° El que no haya podido en el
momento del hecho, ya sea por insuciencia de sus fa-
cultades, por alteraciones morbosas de las mismas o por
su estado de inconciencia, error, o ignorancia de hecho
no imputable, comprender la criminalidad, o dirigir sus
acciones.
En los casos de enajenación el Tribunal podrá orde-
nar la reclusión del agente en un manicomio, del que
no saldrá, sino por resolución judicial, con audiencia
del Ministerio Público y previo dictamen de peritos que
declaren que desaparecido el peligro de que el enfermo
se dañe a si mismo o a los demás.
En los demás casos en los que se absolviere a un pro-
cesado por los causales de presente inciso, el tribunal
ordenará la reclusión del mismo en un establecimiento
adecuado hasta que se comprobase la desaparición de
las condiciones que le hicieran peligroso."
Las medidas de seguridad, en este caso internamien-
tos destinados a neutralizar un peligro social, son una
consecuencia del positivismo criminológico y son
muy criticadas por una parte de la doctrina. Cuando
una persona es condenada por un delito, al momento
mismo de la sentencia dictada por jueces se conoce el
monto de la pena, conforme a una escala establecida
en el código penal y cuya duración es predetermina-
da. En contraposición, las medidas de seguridad se
establecen conforme al concepto de peligrosidad, son
reclusiones destinadas a corregir la misma y que no
buscan una mejoría en la salud del sujeto, adquieren
duración indeterminada y no son establecidas por los
jueces en función del bien jurídico dañado sino previo
de dictámenes de peritos. Por eso se dice que las penas
son penas camuadas. El Derecho Penal Argentino es
de actos, al recluir por peligrosidad se critica que se
incurre en derecho penal de autor (Zaaroni, 2011).
La peligrosidad, que originariamente signicó
la perversidad constante y activa del delincuente, se
transformó en un concepto que en la Psiquiatría Fo-
rense Argentina se diagnóstica conforme a la fórmula
de los 5 elementos de Cabello. De este modo deben
considerarse: 1) diagnóstico 2) estadio de la misma,
3) personalidad, 4) violencia del acto cometido y 5)
condiciones mesológicas (ambientales, psicosociales).
Analizadas estas variables deben advertirse que, salvo
el estadio de la enfermedad, las demás son constan-
tes. Si el alta de un paciente que asesinó depende de
esta fórmula es muy difícil que profesionales de sa-
lud mental tengan margen para dictaminar el n de
la peligrosidad porque el paciente sigue padeciendo
esquizofrenia, que seguirá asentando sobre la misma
personalidad, con un acto violento cometido y con
empeoramiento en general de las condiciones meso-
lógicas (Toro Martínez, 2024; Cabello, 1981).
En nuestro medio, la Ley de Salud Mental utiliza
una fórmula para autorizar las internaciones involun-
tarias basadas en la “situación de riesgo cierto e inmi-
nente. Esta concepción permite una aplicación más
dinámica de la clínica del riesgo, más dependiente del
contexto situacional y del estadio actual que de las ca-
racterísticas de base. Puede decirse que el riesgo tri-
buta al contexto y al momento clínico mientras que la
peligrosidad lo hace a la personalidad y al diagnóstico
(Toro Martínez, 2011).
Existen normas procesales para las personas que
experimentan un agravamiento en el proceso judicial,
que permite declarar la demencia jurídica sobrevi-
niente y que obliga al estado a suspender la continua-
ción del juicio de modo transitorio y denitivo si la
patología es irreversible (artículo 77 del CPPN) (Ba-
sile, 2019).
Puede ocurrir que el paciente que padece esquizo-
frenia sea embaucado y forzado a rmar alguna docu-
mentación que lo perjudique patrimonialmente. Ese
delito está reprimido por el Código Penal bajo la gu-
ra de circunvención de incapaz (art. 174, inc. 2° C.P.)
(Navarro y Leo, 2005).
44.2. El paciente que padece esquizofrenia
en el Derecho Civil
El Modelo Social de la Discapacidad: la Convención
sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
(CDPD) es un tratado internacional en el que se reco-
gen los derechos de las personas con discapacidad, así
como las obligaciones de los Estados partes integran-
tes en la Convención a los nes de promover, proteger
y asegurar esos derechos.
La Asamblea General de las Naciones Unidas la
aprobó el 13 de diciembre de 2006 y se abrió a la rma
el 30 de marzo de 2006. Nuestro país la aprobó me-
diante ley 26.378, sancionada el 21/05/08, promulgada
el 06/06/08 y publicada en el Boletín Ocial (BO) el
09/06/08 la CDPD y su protocolo facultativo. En 2014
recibió la jerarquización constitucional por parte del
Congreso de la Nación (artículo 75, inciso 22 de la
Constitución Nacional) (Toro Martínez, 2015).
Desde el modelo social de la discapacidad se asu-
me que la raíz del problema no está en las condiciones
individuales del sujeto sino en las limitaciones de la
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
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sociedad para asegurar adecuadamente las necesi-
dades de las personas, variando la misma según los
distintos contextos procurando que las respuestas so-
ciales sean proporcionadas desde el respeto a la igual
dignidad inherente a su condición de persona y el res-
peto de su libertad.
El artículo 12 se titula: "Igual reconocimiento como
persona ante la ley" y en sus primeros puntos establece
que: “Los estados partes rearman que las personas con
discapacidad tienen derecho en todas partes al recono-
cimiento de su personalidad jurídica; los Estados Partes
reconocerán que las personas con discapacidad tienen
capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las
demás en todos los aspectos de la vida”. De este modo
la persona con discapacidad tiene derecho a la perso-
nalidad jurídica y a la capacidad jurídica en igualdad
de condiciones (Toro Martínez, 2015).
El Código Civil Argentino adoptó el modelo social
de la discapacidad y para los juicios en los que se esta-
blece la capacidad y restricciones a las mismas; se los
denomina juicios de determinación de la capacidad. A
continuación se transcriben tres artículos en donde se
explica el régimen legal actual (Lorenzetti, 2020)
Art. 31: “Reglas generales. La restricción al ejercicio de
la capacidad jurídica se rige por las siguientes reglas ge-
nerales:
a. la capacidad general de ejercicio de la persona hu-
mana se presume, aun cuando se encuentre interna-
da en un establecimiento asistencial;
b. las limitaciones a la capacidad son de carácter ex-
cepcional y se imponen siempre en benecio de la
persona;
c. la intervención estatal tiene siempre un carácter in-
terdisciplinario, tanto en el tratamiento como en el
proceso judicial;
d. la persona tiene derecho a recibir información a
través de medios y tecnologías adecuadas a su com-
prensión;
e. la persona tiene derecho a participar en el proceso
judicial con asistencia letrada, que debe ser propor-
cionada por el Estado si carece de medios;
f. deben priorizarse las alternativas terapéuticas me-
nos restrictivas de los derechos y libertades.
Art. 32: “Persona con capacidad restringida y con inca-
pacidad. El juez puede restringir la capacidad para deter-
minados actos de una persona mayor de trece años que
padece una adicción o una alteración mental permanen-
te o prolongada, de suciente gravedad, siempre que esti-
me que del ejercicio de su plena capacidad puede resultar
un daño a su persona o a sus bienes.
En relación con dichos actos, el juez debe designar el
o los apoyos necesarios que prevé el artículo 43, especi-
cando las funciones con los ajustes razonables en fun-
ción de las necesidades y circunstancias de la persona.
El o los apoyos designados deben promover la au-
tonomía y favorecer las decisiones que respondan a las
preferencias de la persona protegida.
Por excepción, cuando la persona se encuentre abso-
lutamente imposibilitada de interaccionar con su entor-
no y expresar su voluntad por cualquier modo, medio o
formato adecuado y el sistema de apoyos resulte ine-
caz, el juez puede declarar la incapacidad.
Art. 43: “Se entiende por apoyo cualquier medida de
cacter judicial o extrajudicial que facilite a la persona
que lo necesita la toma de decisiones para dirigir su per-
sona, administrar sus bienes y celebrar actos jurídicos
en general.
En el Código Civil Argentino, la regla es la capa-
cidad con grados de restricción, con explicitación de
funciones y actos que se limitan procurando la mayor
autonomía posible e instrumentando un sistema de
apoyos que asista a quienes se le restrinjan las mismas
en la toma de sus decisiones y de salvaguardias que
evite excesos y faculte controles legales. La sentencia
de restricción tendrá una duración máxima de 3 años.
La incapacidad se reserva sólo para aquellos casos en
que la imposibilidad de expresión de una decisión no
puede ser superada con ninguna tecnología debido a
un severo impedimento (Lorenzetti, 2020).
44.3. El paciente esquizofrénico en la Ley Na-
cional de Salud Mental
El 25 de noviembre de 2010, el Congreso de la
Nación Argentina sancionó la Ley Nacional de Salud
Mental N° 26.657 (Ley de Salud Mental, 2010). Esta
ley implicó un cambio radical en la conceptualiza-
ción de la salud mental entendida como un proceso
histórico, psicológico, biológico y social atravesado
por la perspectiva de Derechos, estatuyó el abordaje
interdisciplinario —lo que luego será refrendado por
el artículo 31 del Código Civil y Comercial (2015)—,
estipuló 2 tipos de internaciones (voluntarias e in-
voluntarias basadas en el riesgo cierto e inminente),
estableció plazos para la comunicación y control le-
gal de las internaciones y la creación de un órgano
de revisión, precisó la función de los jueces civiles e
hizo una especicación acerca de la prescripción de
psicofármacos que ha resultado muy polémica para la
comunidad médica psiquiátrica. Esto fue señalado en
la edición anterior y lo sigue siendo en la actualidad.
122
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
La LSM en el Capítulo 5 —Modalidad de Abordaje—,
artículo 12, establece:
“La prescripción de medicación solo debe responder
a las necesidades fundamentales de la persona con pa-
decimiento mental y se administrará exclusivamente
con nes terapéuticos y nunca como castigo, por conve-
niencia de terceros, o para suplir la necesidad de acom-
pañamiento terapéutico o cuidados especiales. La indi-
cación y renovación de prescripción de medicamentos
solo puede realizarse a partir de las evaluaciones profe-
sionales pertinentes y nunca de forma automática. Debe
promoverse que los tratamientos psicofarmacológicos se
realicen en el marco de abordajes interdisciplinarios”.
Posteriormente, en el decreto de reglamenta-
ción de la norma, el DR 603/13, el Poder Ejecutivo
Nacional especicó: “Debe entenderse que no solo la
prescripción de medicamentos sino de cualquier otra
medida terapéutica, indicada por cualquiera de los
profesionales del equipo interdisciplinario, debe cumplir
con los recaudos establecidos en el artículo 12 de la Ley
Nº 26.657. La prescripción de psicormacos debe rea-
lizarse siguiendo las normas internacionales aceptadas
por los consensos médicos para su uso racional, en el
marco de los abordajes interdisciplinarios que corres-
pondan a cada caso. La indicación y la renovación de
prescripción de medicamentos solo puede realizarse a
partir de las evaluaciones profesionales pertinentes rea-
lizadas de manera efectiva por médico psiquiatra o de
otra especialidad cuando así corresponda”.
Con respecto a la internación coactiva la LSM es-
tipuló que debe ser de carácter excepcional y debe
proceder cuando un equipo interdisciplinario de la
institución que efectuará la admisión —constituido al
menos por un médico y/o un psicólogo— dictamine
la existencia de una situación de riesgo cierto e inmi-
nente de daño para sí y/o terceros (artículos 5 y 20).
Esto correlaciona con el articulo 41 del Código Civil y
Comercial de la Nación (Lorenzetti, 2020; LSM, 2010).
Por último, se señala que en su artículo 7 la ley es-
tipula un piso mínimo de derechos de los pacientes:
Art. 7: "El Estado reconoce a las personas con pade-
cimiento mental los siguientes derechos:
a. Derecho a recibir atención sanitaria y social integral
y humanizada, a partir del acceso gratuito, iguali-
tario y equitativo a las prestaciones e insumos ne-
cesarios, con el objeto de asegurar la recuperación y
preservación de su salud;
b. Derecho a conocer y preservar su identidad, sus gru-
pos de pertenencia, su genealogía y su historia;
c. Derecho a recibir una atención basada en funda-
mentos cientícos ajustados a principios éticos;
d. Derecho a recibir tratamiento y a ser tratado con la
alternativa terapéutica más conveniente, que menos
restrinja sus derechos y libertades, promoviendo la
integración familiar, laboral y comunitaria;
e. Derecho a ser acompañado antes, durante y luego del
tratamiento por sus familiares, otros afectos o a quien
la persona con padecimiento mental designe;
f. Derecho a recibir o rechazar asistencia o auxilio es-
piritual o religioso;
g. Derecho del asistido, su abogado, un familiar, o alle-
gado que éste designe, a acceder a sus antecedentes
familiares, chas e historias clínicas;
h. Derecho a que, en el caso de internación involunta-
ria o voluntaria prolongada, las condiciones de la
misma sean supervisadas periódicamente por el ór-
gano de revisión;
i. Derecho a no ser identicado ni discriminado por
un padecimiento mental actual o pasado;
j. Derecho a ser informado de manera adecuada y
comprensible de los derechos que lo asisten, y de todo
lo inherente a su salud y tratamiento, según las nor-
mas del consentimiento informado, incluyendo las
alternativas para su atención, que en el caso de no
ser comprendidas por el paciente se comunicarán a
los familiares, tutores o representantes legales;
k. Derecho a poder tomar decisiones relacionadas con
su atención y su tratamiento dentro de sus posibili-
dades;
l. Derecho a recibir un tratamiento personalizado en
un ambiente apto con resguardo de su intimidad,
siendo reconocido siempre como sujeto de derecho,
con el pleno respeto de su vida privada y libertad de
comunicación;
m. Derecho a no ser objeto de investigaciones clínicas ni
tratamientos experimentales sin un consentimiento
fehaciente;
n. Derecho a que el padecimiento mental no sea consi-
derado un estado inmodicable;
o. Derecho a no ser sometido a trabajos forzados;
p. Derecho a recibir una justa compensación por su
tarea en caso de participar de actividades encuadra-
das como laborterapia o trabajos comunitarios, que
impliquen producción de objetos, obras o servicios
que luego sean comercializados."
45.Trastornos psiquiátricos y psicosis
en personas en situación de calle: epi-
demiología y desafíos clínicos
Los trastornos mentales, incluidos los trastornos por
consumo de sustancias, constituyen una de las princi-
pales causas de discapacidad a nivel global. Se estima
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
que aproximadamente mil millones de personas viven
con algún trastorno mental en el mundo, generando
un impacto económico anual superior a 2,5 billones de
dólares (Vigo et al., 2016; World Health Organization,
2022). Paralelamente, la falta de vivienda representa
un determinante social crítico de la salud: se calcula
que hasta 100 millones de personas viven en situación
de calle, mientras que más de 1.600 millones carecen
de una vivienda adecuada (UN-Habitat, 2020).
Dentro de este contexto, las personas en situación
de calle constituyen uno de los grupos poblacionales
con mayor vulnerabilidad en salud mental. Diversos
estudios epidemiológicos han documentado preva-
lencias sustancialmente más elevadas de trastornos
psiquiátricos en comparación con la población gene-
ral. Las estimaciones sugieren que entre 25 % y 50 %
de las personas sin hogar presentan algún trastorno
mental, alcanzando cifras cercanas al 90 % en indivi-
duos que viven crónicamente en la calle (Fazel et al.,
2008; Ayano et al., 2019). La presencia de enfermedad
mental en esta población se asocia con mayor riesgo
de discapacidad funcional, mortalidad prematura —
incluyendo suicidio— y muertes relacionadas con en-
fermedades médicas y consumo de sustancias (Fazel
et al., 2014; Gutwinski et al., 2021).
La relación entre trastornos mentales y falta de
vivienda es compleja y bidireccional. Los trastornos
psiquiátricos graves pueden favorecer procesos de ex-
clusión social que culminan en la pérdida de vivienda,
mientras que la experiencia de vivir en la calle cons-
tituye un potente factor estresante capaz de precipitar
o exacerbar síntomas psiquiátricos. Este fenómeno se
ve mediado por múltiples determinantes sociales de la
salud, entre ellos pobreza, escasez de vivienda asequi-
ble, trayectorias institucionales, estigma y discrimina-
ción estructural (Fazel et al., 2014; World Health Or-
ganization, 2022). Como consecuencia, la situación de
calle se asocia con profundas desigualdades en salud,
incluyendo mayor carga de enfermedad, menor espe-
ranza de vida y utilización desproporcionada de ser-
vicios sanitarios de emergencia (Aldridge et al., 2018).
Entre los trastornos psiquiátricos presentes en esta
población, la esquizofrenia y otros trastornos psicóti-
cos destacan por su elevada frecuencia y por el impac-
to clínico asociado. Las estimaciones de prevalencia de
esquizofrenia en personas en situación de calle varían
ampliamente entre estudios, con rangos que oscilan
entre 2 % y 60 %, reejando heterogeneidad metodo-
lógica y contextos socioeconómicos diversos (Ayano
et al., 2019). No obstante, las estimaciones agrupadas
disponibles sugieren una carga de enfermedad sus-
tancialmente mayor que en la población general. En un
metaanálisis que incluyó 31 estudios, Ayano y colabora-
dores (2019) estimaron una prevalencia de 21,2 % para
cualquier psicosis, 10,3 % para esquizofrenia, 2,5 % para
trastorno esquizofreniforme y 3,5 % para trastorno es-
quizoafectivo, cifras que superan ampliamente la preva-
lencia global estimada de esquizofrenia en la población
general (~0,4 %) (Charlson et al., 2018).
Además de su elevada prevalencia, los trastornos
psicóticos en personas en situación de calle se caracte-
rizan por trayectorias clínicas más complejas y peores
resultados en salud. Estudios realizados en servicios
de urgencias psiquiátricas han demostrado que la ma-
yoría de los pacientes sin hogar con psicosis ya habían
sido previamente diagnosticados con enfermedad
mental grave, lo que sugiere que la situación de calle
puede reejar rupturas en la continuidad del cuida-
do y en el vínculo con los servicios de salud mental
(Cougnard et al., 2006). Estos hallazgos resaltan la im-
portancia de desarrollar estrategias asistenciales inte-
gradas que articulen los sistemas de salud mental con
dispositivos sociales y de vivienda.
Evidencia más reciente sugiere, además, la presen-
cia de retrasos diagnósticos signicativos y duraciones
prolongadas de psicosis no tratada en personas sin ho-
gar con esquizofrenia. Estos retrasos no parecen expli-
carse por variables clínicas como el consumo de sustan-
cias o el perl sintomático, sino más bien por barreras
estructurales en el acceso al sistema sanitario (Handest
et al., 2025). Tales resultados ponen de relieve la necesi-
dad de adaptar los servicios de salud mental para mejo-
rar la detección precoz y el tratamiento oportuno de los
trastornos psicóticos en esta población.
La situación de calle también se ha identicado
como un factor de riesgo relevante en jóvenes con
primer episodio de psicosis (PEP). En un estudio lon-
gitudinal realizado en un programa de intervención
temprana en psicosis en Montreal, aproximadamente
una cuarta parte de los pacientes había experimen-
tado episodios de falta de vivienda. Estos individuos
presentaron mayor carga de adversidad temprana,
mayor prevalencia de trastornos por consumo de sus-
tancias y peores resultados clínicos y funcionales a los
dos años de seguimiento (Lévesque et al., 2020). De
manera consistente, revisiones recientes sugieren que
la convergencia entre PEP y situación de calle dene
un subgrupo clínico particularmente vulnerable, ca-
racterizado por la acumulación de factores de riesgo
sociales y clínicos que impactan negativamente en la
evolución de la enfermedad (Lewczyk et al., 2025).
En conjunto, la evidencia disponible indica que la
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
situación de calle y los trastornos psicóticos confor-
man una intersección crítica entre salud mental, des-
igualdad social y políticas públicas. Una mejor com-
prensión de la epidemiología y de los determinantes
asociados a la esquizofrenia y otras psicosis en per-
sonas sin hogar resulta esencial para el desarrollo de
estrategias de intervención integradas, políticas de vi-
vienda con apoyo y modelos de atención comunitaria,
orientados a mejorar los resultados clínicos y sociales
de esta población altamente vulnerable.
46.Familiares de personas con esqui-
zofrenia: un componente crítico en la
prevención de recaídas2
46.1. El desafío del cuidado en salud mental
Los trastornos mentales severos como la esquizofre-
nia requieren atención sanitaria oportuna, continua e
interdisciplinaria para afrontar los síntomas y las di-
cultades que pueden presentarse en el funcionamien-
to cotidiano, para promover una vida plena.
Las personas con esquizofrenia necesitan cuidados
de sus familiares directos, como padres, hermanos e
hijos, especialmente durante las etapas más severas
de la enfermedad. Con relación a ello, la reforma psi-
En este consenso, el panel de expertos considera
que los hospitales especializados en psiquiatría, así
como los servicios de salud en general, desempe-
ñan un papel central en la identicación, atención
y seguimiento de las personas con esquizofrenia
que se encuentran en situación de calle. En este
sentido, se enfatiza la necesidad de fortalecer dis-
positivos asistenciales que permitan garantizar la
continuidad del cuidado, el acceso al tratamiento y
la articulación con redes comunitarias. Asimismo, se
destaca que el abordaje efectivo de esta problemá-
tica requiere necesariamente del trabajo coordina-
do con políticas públicas de salud y programas de
asistencia social orientados a la inclusión social y al
acceso a soluciones habitacionales, con el objetivo
de promover un abordaje integral de esta población
altamente vulnerable.
1. Este acápite fue producido por la Asociación de Ayuda de Familiares de personas con Esquizofrenia de La Plata. Sus autores agradecen
especialmente el apoyo de los doctores Pedro Gargolo y María Delia Michat, así como la participación de la Magíster en Comunicación
Marianela Suárez, por la revisión y adaptación del texto. Este documento se desarrolló con base en los intercambios de experiencias entre
familiares de personas con esquizofrenia en las reuniones de ayuda mutua, en la capacitación de los familiares en los encuentros de psicoe-
ducación familiar de profesionales colaboradores de Asociación de Ayuda de Familiares de personas con Esquizofrenia y en las interacciones
entre las 12 asociaciones de familiares mencionadas.
quiátrica que se está llevando a cabo en la Argentina,
mediante la adecuación de los servicios de salud men-
tal a la Ley Nacional de Salud Mental, promovió la
integración comunitaria de las personas con trastor-
nos mentales y el respeto de sus derechos humanos;
para llevarlo adelante se transrieron los cuidados a
las familias, quienes debimos comprometernos aún
más en cuidar a nuestros seres queridos. Sin embar-
go, esto presenta un desafío signicativo: la mayoría
de las familias no están capacitadas para desempeñar
esta función, ya que carecen de los conocimientos y
habilidades necesarios para comprender y manejar las
problemáticas asociadas a sus familiares con un tras-
torno mental severo.
Los cuidadores familiares nos encargamos de mo-
nitorear su estado mental, procurar el acceso a los
tratamientos, asegurar la adherencia a la medicación,
estimular la asistencia a citas médicas y psicológicas,
afrontar los síntomas disruptivos, proporcionar apo-
yo emocional y práctico, mantener una rutina fami-
liar estable y gestionar los gastos del tratamiento, sin
desatender el propio autocuidado. Este rol conlleva un
gran estrés, fatiga, agotamiento, sentimientos de culpa
y enojo, y afecta la salud física y mental del responsa-
ble de los cuidados. La sobrecarga del cuidador puede
deteriorar el funcionamiento familiar, la vida social y
la capacidad nanciera, y disminuir así su competen-
cia para prevenir y resolver crisis de la persona con
esquizofrenia, aumentando el riesgo de recaídas y
creando un ciclo negativo que afecta a ambas partes.
Entendemos que los familiares tienen una inuen-
cia determinante en el proceso de recuperación de las
personas con esquizofrenia. Por lo tanto, es necesario
analizar de qué manera estas experiencias y vivencias
pueden afectar la salud de la persona con esquizofre-
nia y de su cuidador; para promoverlas, si es que la
afectan positivamente, tanto como para evitarlas, si lo
hicieran negativamente.
46.2. Necesidades insatisfechas de capacita-
ción de los familiares
Los familiares de personas con esquizofrenia tenemos
una gran necesidad de capacitación en varios aspec-
tos: en cuanto a la enfermedad y su tratamiento, en
125
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
las estrategias para afrontar las manifestaciones de la
enfermedad, y también en lo que respecta a nuestro
propio cuidado y empoderamiento.
Entendemos que la participación activa y positiva
de la familia es esencial para promover la recupera-
ción, y prevenir o alertar sobre el empeoramiento del
trastorno. Este apoyo es vital para el bienestar de la
persona afectada, ya que proporciona un entorno es-
table y comprensivo que favorece la adherencia y sos-
tenimiento del tratamiento y la mejora general de la
salud mental.
De otro modo, sin la capacitación adecuada, es
muy posible que los familiares tengamos una inuen-
cia negativa en la salud de una persona con esquizo-
frenia, pues se actúa muchas veces con una convicción
errónea de cómo se lograría un manejo mejor de su
trastorno. A continuación, revisaremos situaciones y
ejemplos que inuencian negativamente la salud de
una persona con un trastorno mental severo como
la esquizofrenia, tomados del intercambio de nuestra
propia experiencia y aportes de encuentros de psicoe-
ducación:
■ Situaciones familiares en contexto de alta emoción
expresada. Muchas veces, los familiares expresan,
dentro y fuera del entorno familiar, altos niveles de
crítica, hostilidad o sobreinvolucramiento emocio-
nal. Esto suele redundar en un aumento de estrés
en todos los integrantes del grupo familiar. Algu-
nos estudios han demostrado que las personas con
esquizofrenia que viven en entornos familiares con
alta “emoción expresada" tienen una mayor proba-
bilidad de recaídas y peores resultados en el trata-
miento (George, 1986).
■ Situaciones de violencia y abuso. En casos más gra-
ves, algunas personas pueden experimentar vio-
lencia o abuso por parte de sus familiares, lo que
tiene efectos devastadores en su salud mental y fí-
sica. La violencia doméstica y el abuso emocional
son riesgos signicativos que deben ser monitorea-
dos y abordados.
■ Situaciones de falta de privacidad y respeto. No
respetar la privacidad de la persona con esquizo-
frenia, como revisar reiteradamente sus pertenen-
cias o conversaciones privadas, puede disminuir la
conanza y aumentar el estrés. Sentirse constan-
temente vigilada puede llevar a la persona a un
aumento de la ansiedad y a la desconanza en el
entorno familiar.
■ Situaciones de estimulación excesiva y expecta-
tivas no realistas. A veces, los familiares pueden
abrumar a la persona con trastorno mental severo
con demasiada información o altas expectativas
sobre su recuperación. Esto puede generar ansie-
dad y hacer que el paciente se sienta incapaz de
cumplir con las expectativas, pudiéndose llevar a
mayor desesperanza.
■ Situaciones familiares de desinformación y estig-
ma. Otras veces los familiares que no conocen bien
las manifestaciones de la esquizofrenia o que creen
en mitos pueden tratar a la persona con esquizo-
frenia de manera inapropiada. La recomendación
es evitar culpabilizar al paciente por su condición
o minimizar sus síntomas, no hablar abiertamente
de lo que le pasa, ya que puede provocar su ais-
lamiento social y el empeoramiento de su salud
mental.
■ Escenarios familiares de negación de la enferme-
dad. Cuando los familiares niegan o minimizan la
existencia de la esquizofrenia, la persona afectada
puede sentirse invalidada y menos inclinada a bus-
car o seguir un tratamiento adecuado. La negación
también puede llevar a la falta de apoyo para ma-
nejar los síntomas y cumplir con los tratamientos.
■ Contextos de familiares con falta de comprensión
de la importancia del tratamiento. En variadas oca-
siones, los familiares no entienden la importancia
de la medicación o de otras terapias. Desalentar su
uso o acordar en suspenderlas son factores críticos
que incidirán en un empeoramiento de los sínto-
mas y conducirá a las recaídas. Por ejemplo, algu-
nos pueden persuadir a la persona con trastorno
mental severo para dejar la medicación debido a
malentendidos sobre sus efectos secundarios.
■ Ámbitos familiares donde falta un apoyo social
adecuado y la red social personal es escasa. Si los
familiares no brindan el apoyo emocional y prác-
tico que la persona vulnerable necesita, puede
comprometer su recuperación. Por ejemplo, no
proporcionar un entorno estable, sin estrés, puede
resultar en un aumento de los síntomas y mayor
riesgo de recaídas.
■ Situaciones de intervenciones familiares invasivas
o controladoras. Algunos miembros de la familia
pueden intentar controlar excesivamente la vida
de su familiar con esquizofrenia, tomando, aun
cuando el paciente está en condiciones de hacerlo,
decisiones sin su consentimiento, o restringiendo
su autonomía. Esto puede generar resentimiento y
reducir la motivación del paciente para participar
en su propio tratamiento.
■ Situaciones de sobrecarga del cuidador. Los cui-
126
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
dadores que están sobrecargados y estresados
pueden, sin querer, proyectar su frustración y ago-
tamiento en los otros, pudiendo suscitar interac-
ciones negativas y un ambiente familiar tenso que
no es propicio para la recuperación.
Las situaciones detalladas anteriormente son algunas
de las problemáticas surgidas en la convivencia con
una persona con trastorno mental severo, en general,
producto de su desinformación y la falta de habilida-
des de identicación de situaciones vinculares críticas
para poder afrontarlas adecuadamente.
46.3. Los familiares como población de riesgo
Los cuidadores familiares enfrentamos cotidianamen-
te desafíos y lidiamos con altos niveles de estrés. Nues-
tra función es insustituible y conlleva un importante
compromiso de nuestra salud física y mental, por lo
que es crucial reconocer y abordar nuestras necesida-
des, proporcionándonos el apoyo necesario para pre-
venir el agotamiento y garantizar nuestro bienestar, ya
que la salud de todos cuidadores es directamente pro-
porcional a su capacidad para ofrecer apoyo efectivo
y continuo.
La atención proporcionada por los miembros de
la familia es la forma de apoyo más frecuente, pero a
pesar de ello, a menudo, no se reconoce formalmente
como parte del enfoque del tratamiento. Es importan-
te que las políticas de salud y los programas de trata-
miento reconozcan y valoren el papel de la atención
de las familias ofreciendo recursos y apoyo adecuados.
Dentro de nuestras principales necesidades ob-
jetivas se encuentra el apoyo económico, de manera
de asegurar el acceso a los recursos sanitarios para el
tratamiento de la esquizofrenia y tener una psicoedu-
cación familiar sostenida.
46.4. La importancia de integrar a los fami-
liares con responsabilidad de cuidados en el
abordaje de las personas con esquizofrenia,
la tríada terapéutica, el triálogo y la alianza
terapéutica
La alianza terapéutica entre el equipo de salud mental,
el paciente y su familia es fundamental para un trata-
miento ecaz. Esta relación debe basarse en la toma de
decisiones compartidas y en las preferencias informa-
das del paciente, lo cual garantiza que el tratamiento
sea personalizado y adecuado a las necesidades espe-
cícas de cada individuo. Esta alianza terapéutica crea
un espacio de conanza y cooperación que es esencial
para el éxito del tratamiento.
La participación de los familiares de personas con
esquizofrenia en las decisiones y entrevistas con el
equipo tratante es crucial para fortalecer esta alianza,
ya que mejora la adherencia y efectividad del trata-
miento.
Debe considerarse como fundamental involucrar
a los familiares, ya que podemos proporcionar infor-
mación valiosa sobre el comportamiento y el estado
mental del paciente en su entorno cotidiano, lo cual
puede ayudar al equipo tratante a ajustar y personali-
zar el plan de tratamiento de manera precisa. Además,
la participación en entrevistas y decisiones médicas
no sólo nos permite entender mejor la enfermedad y
las estrategias de manejo, sino que también nos brinda
la oportunidad de expresar nuestras preocupaciones y
expectativas.
Este intercambio de información y perspectivas en-
tre la familia y los profesionales de la salud crea un en-
torno de colaboración que benecia, tanto al paciente
como a sus cuidadores. Además, el involucramiento
de la familia en las decisiones médicas puede reducir
el estrés y la ansiedad que sentimos bajo nuestro rol
de cuidadores, proporcionando un sentido de control
y participación en el proceso de tratamiento. Esto, a su
vez, mejora nuestra capacidad para proporcionar un
apoyo efectivo y sostenido al paciente, promoviendo
su estabilidad y recuperación.
El término tríada terapéutica designa al grupo
conformado por el equipo tratante, los cuidadores fa-
miliares y la persona con esquizofrenia, crítica para
la asistencia de la salud mental. La palabra triálogo es
precisamente el intercambio multidireccional entre
los integrantes de esta tríada, estableciendo un lazo
que es tan fecundo en el tratamiento que debiera ser
una estrategia esencial en el cuidado de la persona con
esquizofrenia.
46.5. Grupos de apoyo/Ayuda mutua: el com-
ponente fundamental de la red social de
apoyo
La participación en Grupos de apoyo/Ayuda mutua o
GAM es una práctica esencial para las familias de per-
sonas con esquizofrenia. Estos grupos nos proporcio-
nan un espacio para compartir experiencias, recibir
apoyo emocional y obtener asesoramiento práctico.
La interacción con otras familias que enfrentan desa-
fíos similares es una fuente invaluable de contención,
permitiéndonos acceder a estrategias efectivas para el
manejo cotidiano de la enfermedad y las necesidades
de las personas con esquizofrenia.
Nuestra Asociación de Ayuda de Familiares de
personas que padecen Esquizofrenia (AAFE) es una
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
organización sin nes de lucro, sita en la ciudad de La
Plata, Provincia de Buenos Aires, que se halla inscrip-
ta en la Dirección de Personería Jurídica de provincia
de Buenos Aires con n° 22994. En la Argentina co-
nocemos doce asociaciones de familiares de personas
con esquizofrenia en actividad, además de AAFE:
■ Asociación Cordobesa de Ayuda a la Persona Por-
tadora de Esquizofrenia y su familia (ACAPEF) de
Córdoba.
■ Asociación Jujeña de Ayuda a la Persona con Es-
quizofrenia y su Familia (AJUPEF) de Jujuy.
■ Asociación de Familiares de Personas con Esqui-
zofrenia de Mar del Plata (AFPEM).
■ Asociación Argentina de Ayuda a la Persona que
padece Esquizofrenia y su Familia (APEF) de
CABA.
■ Asociación de Ayuda a Personas con Enfermedad
Mental y su Familia (APEMYF) de Catamarca.
■ Asociación Mendocina de Familiares de Pacientes
Esquizofrénicos (AMFE).
■ Unión de la Comunidad por la Salud Mental
(UCOSAM) de Tandil.
■ Fundación de Esquizofrenia de Tucumán (FUN-
DESTUC).
■ Asociación Santafesina de Apoyo a las Personas
con Trastornos Mentales (ASAPEM).
■ Grupo de Allegados de Personas con Enfermeda-
des Mentales (GAPEM) de Bariloche.
■ Lazos Familiares Pampeanos (LFP) de General
Pico.
Estos grupos, al igual que AAFE, se basan en prin-
cipios de apoyo entre pares, de ayuda mutua, y son
esenciales para proporcionar un espacio seguro don-
de todos los participantes podemos abordar nuestras
preocupaciones y adquirir estrategias efectivas para
sobrellevar diferentes circunstancias. Según un estu-
dio cualitativo realizado en familias de personas con
discapacidad psicosocial, los familiares indicaron que
los GAM cumplen cuatro importantes funciones: apo-
yo y orientación, educación, ampliación y mejora de
la red social, como así también “dar futuro a la perso-
na con discapacidad psicosocial a través del familiar”
(Fernández, 2022).
El funcionamiento de un GAM, como en el caso de
AAFE, se estructura a través de varios componentes
clave: encuentros grupales, chat grupal, participación
social en temas relacionados con estigma y legislación,
organización de ciclos de charlas de psicoeducación
familiar que abordan temas de interés surgidos en los
encuentros grupales, entre los más relevantes. Es en los
encuentros donde se produce el intercambio de expe-
riencias entre pares, y se llevan a cabo las reuniones pe-
riódicas, ya sean semanales, quincenales o mensuales,
que pueden ser presenciales o virtuales. Su regularidad
garantiza una continuidad en el apoyo y en el inter-
cambio de información y experiencia entre los parti-
cipantes. Los encuentros pueden contar con un mode-
rador que, en general, es un miembro experimentado
del grupo, además de contar, en algunos GAM, con un
profesional de la salud mental. El facilitador asegura
un ambiente respetuoso y enfocado, permitiendo que
varios de los participantes tengan la oportunidad de ex-
presarse y ser escuchados, basándose en las normas de
interacción del grupo. Esta moderación es crucial para
mantener su efectividad y propósito.
Durante los encuentros, compartimos nuestras
vivencias, desafíos, fracasos y éxitos en el cuidado de
nuestros familiares con esquizofrenia. Este intercambio
no sólo brinda contención y empatía, sino que también
proporciona estrategias prácticas que otros miembros
pueden aplicar en sus propias situaciones problemáti-
cas. Aprender de las experiencias de otros es un compo-
nente vital para el manejo de la enfermedad, constitu-
yéndose en un medio informal, pero altamente efectivo,
al brindar psicoeducación a los familiares.
Otro recurso muy importante de AAFE es el chat
grupal en la plataforma WhatsApp, al que pertenecen
cientos de familiares (461 miembros al mes de julio de
2024), donde realizamos intercambios, ofreciéndonos
soporte entre pares, todos los días y a toda hora.
También cumple funciones vitales de apoyo emo-
cional, intercambio de información, asesoramiento
práctico, y educación continua. Los temas aborda-
dos son variados y profundos, ya que se exponen las
complejidades del manejo de la esquizofrenia y las
diversas necesidades de las familias en sus distintas
ubicaciones geográcas. Este intercambio de conoci-
mientos es necesario para que los familiares podamos
identicarnos y responder adecuadamente a los cam-
bios en el estado de nuestros seres queridos.
Uno de los temas más discutidos es el manejo de
síntomas, y es por ello que compartimos estrategias
para reconocerlos y manejarlos. Comentarios de este
estilo son frecuentes: “No hace nada. Le propuse de
todo. Pero a todo dice que no, se queda en su habita-
ción con el teléfono. Es un cómodo.
Otro tema central es la adherencia al tratamiento.
Los miembros del grupo ofrecemos consejos prácticos
frente a planteos como el siguiente: “Mi papá dice que
no necesita ninguna medicación, y tampoco realizar
las consultas con su psiquiatra. Es muy difícil ayudarlo
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
con tanta resistencia que opone.” Mantener una adhe-
rencia estricta al tratamiento es esencial para prevenir
recaídas y mejorar la estabilidad.
La identicación de señales tempranas de crisis y
recaídas es un aspecto crucial discutido en estos gru-
pos. Por ello, compartimos cómo detectar los prime-
ros indicios de una crisis y los pasos que deben tomar-
se para intervenir de manera efectiva, del estilo: “Hace
algunas noches que mi hijo no duerme, deambula por
la casa, está irritable y se aísla. Es parecido a cuando lo
tuvimos que internar. Este conocimiento es indispen-
sable para mitigar las crisis antes de que se agraven.
Toda familia debiera poder contar con un plan de cri-
sis personalizado.
El apoyo psicosocial es otro tema de gran impor-
tancia. En nuestros encuentros, discutimos técnicas
para mejorar la calidad de vida del familiar a través
del fomento de actividades sociales y recreativas. “Ella
por su propia motivación no hace nada, pero cuando
le digo que me acompañe a caminar un rato, viene. No
charlamos mucho, pero hacemos ejercicio y nos hace-
mos compañía. Estas actividades no solo benecian
al familiar, sino que también alivian parte del estrés de
nuestra función de cuidadores.
Por tanto, el cuidado del cuidador es un tema re-
currente, por lo que compartimos estrategias para
mantener el bienestar físico y mental. En las reunio-
nes o en el chat aparecen comentarios similares a este:
“Hace años que no sabemos lo que es vacacionar. Pa-
samos del hospital a una especie de calma, hasta la
nueva internación. Este ciclo me deja muy cansada.
Sólo quisiera poder descansar unos días. La impor-
tancia del autocuidado es acentuada, ya que el agota-
miento puede tener un impacto negativo, tanto en el
cuidador como en el que es cuidado.
Los derechos y recursos disponibles son también
un foco de discusión. “No nos ofrecieron hacer el
CUD (Certicado Único de Discapacidad), dijeron
que iba a ser muy estigmatizante dado que recién empe-
zaba la enfermedad. Pero no me cubren los tratamien-
tos y no podemos pagarlos. Un familiar me pregun
si habíamos probado con un hospital de día, pero yo
no sabía lo que era eso. Los miembros del grupo inter-
cambiamos información sobre los derechos legales de
las personas con esquizofrenia y sus familias, así como
sobre los recursos disponibles en la comunidad, tales
como servicios de salud mental, asistencia nanciera,
programas de apoyo, benecios sociales y otros recur-
sos comunitarios disponibles. Esta red de información
y recursos es invaluable para los familiares que buscan
apoyo adicional.
El apoyo emocional es un pilar fundamental de
los GAM, es donde se encuentra contención sabiendo
que no estamos solos y que otros entienden nuestros
desafíos. Esta empatía y el sentido de comunidad y
pertenencia pueden reducir signicativamente el es-
trés y la sensación de aislamiento que frecuentemente
experimentamos los cuidadores de personas con en-
fermedades mentales.
La condencialidad es un principio fundamental
en los GAM. Lo que se discute en las reuniones se
mantiene privado, creando un espacio seguro donde
podemos hablar abierta y honestamente, sin miedo a
ser juzgados. Este aspecto es crucial para la conanza
y la ecacia del grupo.
Sumado a esto, la participación en los GAM nos
empodera para abogar por los derechos de nuestros
familiares y por los de sus cuidadores. Por tanto, den-
tro de estos grupos también nos involucramos en acti-
vidades de defensa y sensibilización pública, trabajan-
do para mejorar las políticas y servicios relacionados
con la salud mental. Este empoderamiento contribuye
a un cambio positivo en la percepción y el manejo de
las enfermedades mentales en la sociedad, y se intenta
así reducir el estigma que, desgraciadamente, es habi-
tual. Como familiares cubrimos roles sociales de ex-
trema importancia al incorporarnos a los grupos de
apoyo, permitiéndonos interactuar con profesionales
y estudiantes de la salud mental, motivándonos a par-
ticipar en iniciativas sociales y gubernamentales más
amplias para combatir el estigma y la desinformación
sobre enfermedades mentales.
AAFE es un claro ejemplo de un GAM que opera
bajo estos principios, ya que proporciona un espacio
para compartir y aprender. A su vez, la asociación tra-
baja para sensibilizar al público y abogar por mejores
políticas de salud mental en Argentina, desempeñan-
do un papel crucial en el apoyo a las familias.
Al igual que lo hacen otros GAM, AAFE organiza
y brinda charlas informativas y recursos educativos.
Se invita a los profesionales de la salud mental y anes
para hablar sobre temas relevantes, como el manejo de
síntomas, investigaciones recientes, tratamientos dis-
ponibles y técnicas de autocuidado para los cuidadores.
46.6. Psicoeducación familiar como recurso
transversal
El término psicoeducación y su aplicación en el trata-
miento de trastornos mentales como la esquizofrenia,
están estrechamente vinculados al concepto de emo-
ción expresada, que mencionamos en el punto 2. Tér-
mino desarrollado durante los años 50 y 60 en inves-
tigaciones pioneras que determinaron que los niveles
altos de emoción expresada en las familias estaban aso-
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
ciados con tasas más altas de recaídas en pacientes con
esquizofrenia. Este hallazgo condujo al desarrollo de
intervenciones psicoeducativas, cuyo objetivo es redu-
cirla y proporcionar a los familiares información sobre
la enfermedad, enseñándoles habilidades de comunica-
ción y manejo del estrés, mejorando su capacidad para
apoyar adecuadamente al paciente. Estas investigacio-
nes sentaron las bases para numerosos programas de
psicoeducación que hoy se utilizan globalmente.
La psicoeducación puede dirigirse a la persona
afectada con un trastorno mental, a su familia y a la
comunidad. En el caso de la esquizofrenia ha resulta-
do más ecaz para reducir recaídas y orientar a los fa-
miliares, ya que es una herramienta clave para capaci-
tar y equipar a los miembros del entorno del paciente
con el conocimiento y las habilidades necesarias para
apoyar ecazmente a sus seres queridos.
La evidencia respalda que la psicoeducación fami-
liar es esencial para mejorar los resultados terapéuti-
cos en esquizofrenia, al empoderar a la familia y fo-
mentar un enfoque colaborativo de cuidado.
Los profesionales a cargo de los encuentros de psi-
coeducación familiar nos informaron que los princi-
pales tópicos abordados en los programas para capa-
citarnos se agrupan en cuatro áreas: la comprensión
de la enfermedad y sus tratamientos, las habilidades
de convivencia con los síntomas y otras situaciones
vinculadas a la enfermedad, nuestro autocuidado y el
empoderamiento del familiar.
Siendo familiares con responsabilidades de cuida-
dos, sabemos que nuestros seres queridos con esqui-
zofrenia, como también sucede en muchas otras en-
fermedades físicas y mentales crónicas, pueden tener
una vida plena. Para ello se requiere el oportuno e in-
tegral tratamiento a largo plazo, el involucramiento de
familiares capacitados, el acceso a los cuidados según
necesidades educativas, laborales, recreacionales, etc.
Una vida plena signica: trabajar, estudiar, tener pareja
e hijos, vivir de forma independiente, mantener vín-
culos activos con amigos, gozar de las actividades re-
creacionales, utilizar placenteramente su tiempo libre,
disfrutar de su vida y de la compañía de seres queridos.
Es decir, las personas con esquizofrenia pueden llevar
una vida satisfactoria e integrada a la sociedad, en bien-
estar, centrada en su autovalimiento y el respeto a sus
derechos. El hecho de que, en algunos períodos, como
ocurre durante las recaídas severas, requieran cuidados
especiales para alcanzar una vida satisfactoria consigo
mismo y los demás, debe interpretarse como un apoyo
a la diversidad, nunca como una minusvalía.
46.7. Psicoeducación familiar en esquizofre-
nia
La psicoeducación familiar en esquizofrenia se com-
prende como el proceso de capacitación a familiares
o allegados con funciones de cuidadores de personas
con esquizofrenia. El objetivo es reducir la brecha de
conocimiento entre la información habitualmente
disponible y la información escasa o errónea que tiene
el familiar/cuidador para ejercer un rol efectivo en sus
responsabilidades.
Las áreas que cubre son cuatro:
■ Comprender la esquizofrenia y sus tratamientos
psicofarmacológicos y psicosociales; conocer so-
bre el estigma y la discriminación asociada a los
trastornos mentales.
■ Incorporar habilidades para una convivencia y
afrontamientos satisfactorios en temas como sín-
tomas positivos y negativos; prevenir y resolver las
crisis, afrontar las conductas de alto riesgo y pro-
blemas de adherencia al tratamiento. Incorporar
habilidades para una comunicación efectiva, opti-
mizar la red social de apoyo y adoptar estrategias
para la prevención de recaídas.
■ Conocer sobre el autocuidado del familiar, gestio-
nar un satisfactorio funcionamiento de la “unidad
familiar” y las técnicas de manejo de estrés para
evitar el síndrome del cuidador.
■ Lograr el empoderamiento al conocer los derechos
y obligaciones de los familiares, programas y dis-
positivos de asistencia y apoyo social.
46.8. Documentos educativos disponibles
para los familiares con involucramiento de
AAFE
Los recursos de capacitación de los familiares, a nivel
formal dentro del circuito terapéutico, son muy esca-
sos e insucientes. Solo se accede mediante la búsque-
da de parte de los cuidadores y las recomendaciones
de otros familiares en las redes sociales, debido a que
pocos miembros del equipo terapéutico ofrecen estas
alternativas de capacitación. Ante esta realidad y con
el n de producir bibliografía local adaptada al me-
dio, con involucramiento en su redacción y revisión de
AAFE, se han desarrollado cinco iniciativas de gran
utilidad para los familiares, que ocian de recursos
educativos disponibles en forma gratuita (enlaces al
nal del capítulo): “Vivir sin Recaídas” (que es el más
importante), dos capítulos sobre “Psicoeducación Fa-
miliar en Esquizofrenia” en dos manuales, “Las pala-
bras importan, con recomendaciones a los medios de
comunicación sobre cómo tratar los temas de salud
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mental y “El estigma y discriminación asociados a
trastornos mentales.
El manual Vivir sin recaídas: Recomendaciones para
los familiares de personas con esquizofrenia aborda de
manera exhaustiva la importancia del apoyo familiar
en el manejo de la esquizofrenia. Destaca la necesidad
de identicar factores de riesgo de recaídas, como el
incumplimiento del tratamiento y la falta de concien-
cia de la enfermedad. Propone un modelo de preven-
ción en tres fases: primaria, secundaria y terciaria, con
estrategias especícas para cada etapa. Resalta la im-
portancia de la psicoeducación familiar y rehabilita-
ción psicosocial para mejorar la calidad de vida de las
personas afectadas. Además, enfatiza la necesidad de
detectar tempranamente signos de recaída y estable-
cer planes de acción. El manual subraya la importan-
cia de la comunicación efectiva, el apoyo emocional
y la colaboración con el equipo médico en el manejo
de la enfermedad. Ofrece pautas para desarrollar un
plan farmacológico de contingencia y considerar las
decisiones previas del paciente. Enfatiza la importan-
cia de evitar períodos sin tratamiento, ya que puede
complicar la evolución de la enfermedad. Destaca la
importancia del tratamiento integral, el seguimiento a
largo plazo y el acceso a cuidados adecuados para que
las personas con esquizofrenia puedan llevar una vida
plena e integrada en la sociedad.
El tema “Psicoeducación Familiar en Esquizofre-
nia” está contenido en dos manuales: uno para estu-
diantes de grado de la Cátedra de Psiquiatría de la
Universidad Nacional de Córdoba, de 2020, y el pos-
terior, un documento desarrollado por profesionales
latinoamericanos vinculados a APAL, contenido en el
manual Psicoeducación para familiares y cuidadores de
pacientes con trastorno mental establecido. Este último
es un valioso aporte a temas clave en la psicoeduca-
ción familiar, que inicia con material para comprender
la esquizofrenia y sus tratamientos psicofarmacológi-
cos y psicosociales. Continúa explorando habilidades
para una convivencia y afrontamientos satisfacto-
rios en temas como: síntomas positivos y negativos,
conductas de alto riesgo, problemas de adherencia al
tratamiento, habilidades de comunicación efectiva,
optimización de la red social de apoyo y prevención
de recaídas. Culmina con temas de autocuidado del
familiar y empoderamiento, destacando las experien-
cias de la familia en la convivencia con una persona
con esquizofrenia, y las técnicas de manejo de estrés
para evitar el síndrome del cuidador, así como los de-
rechos y obligaciones de los familiares.
El manual Las palabras importan. ¿Cómo comuni-
car temas de Salud Mental? Recomendaciones para ex-
presarse asertivamente señala que la comunicación es
un pilar esencial en la sociedad y desempeña un papel
signicativo en el proceso educativo y en el desarrollo
social, por lo que es fundamental orientar a la comu-
nidad en aspectos comunicacionales clave y en el des-
mantelamiento de mitos. A través de recomendacio-
nes aplicables a diversos contextos comunicacionales,
abarca aspectos prácticos como el enfoque, el uso de
imágenes y el lenguaje adecuado, incluyendo la termi-
nología recomendada.
Finalmente, otro material que se comparte entre
los familiares es el artículo “El estigma y discrimina-
ción asociados a trastornos mentales”, de utilidad para
comprender este problema y conocer cómo afrontarlo.
46.9. Conclusiones
La esquizofrenia es un trastorno mental crónico y
severo que afecta a millones de personas en todo el
mundo. Los miembros de la familia de personas que
padecen trastornos mentales severos desempeñamos
un papel crítico en su cuidado y apoyo. Afrontamos
nuestro rol de cuidadores informales sin capacitación
profesional previa ni remuneración, y pese a ello ju-
gamos un rol esencial en el bienestar de la persona
afectada con esquizofrenia, inuyendo directamente
sobre su salud, tanto positiva como negativamente.
Los GAM resultan ser espacios de referencia in-
sustituibles para el familiar con responsabilidad de
cuidados como parte de la red social de contención
y apoyo e intercambio de experiencias entre pares, al
tener en cuenta que el acto de cuidar en forma más o
menos permanente a un familiar con esquizofrenia,
puede poner en riesgo la salud del cuidador, si éste no
se apoya en el autocuidado.
El triálogo, es decir, el intercambio de información
entre el equipo tratante, las personas con esquizo-
frenia y el familiar con responsabilidad de cuidados,
debiera ser promovido desde el inicio del tratamiento
para un mejor abordaje de la esquizofrenia.
La psicoeducación familiar debe formar parte del
apoyo integral a los cuidadores, ya que son pilares
esenciales en el tratamiento y recuperación de per-
sonas con esquizofrenia junto a la indicación de tra-
tamiento psicofarmacológico y psicosocial, ya desde
el principio de la enfermedad. Educando y apoyando
a los miembros de la familia como socios integrales
en el cuidado, se promueve un enfoque colaborativo y
efectivo para el tratamiento de la salud mental.
El interrogante que nos planteamos es: ¿cómo
lograr transformarnos en cuidadores efectivos? La
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
respuesta a la que se arriba en este documento es:
capacitándonos mediante psicoeducación, enrique-
ciéndonos al compartir experiencia entre pares en las
reuniones del grupo de apoyo o ayuda mutua (presen-
ciales y virtuales) e interactuando con los profesiona-
les de la salud mental con la estrategia de la alianza
terapéutica (tríada terapéutica, triálogo) y el modelo
de decisión compartida informada, basado en las pre-
ferencias y en el fundamento del conocimiento acerca
de lo que va a decidirse.
Conclusiones generales
El Primer Consenso Argentino sobre el Manejo de la
Esquizofrenia llevado a cabo por la Asociación Ar-
gentina de Psiquiatría Biología (AAPB), representa
un esfuerzo colaborativo sin precedentes de expertos
especialistas argentinos, organizaciones cientícas y
asociaciones de familiares, orientado a integrar el co-
nocimiento actual y basado en la evidencia sobre esta
enfermedad en un marco conceptual, clínico y tera-
péutico adaptado a la realidad de nuestro país.
A lo largo de sus cuatro secciones, el Consenso ha
recorrido de manera progresiva y complementaria los
principales aspectos vinculados con la esquizofrenia,
desde sus fundamentos conceptuales y neurobiológicos
hasta los desafíos terapéuticos y psicosociales más com-
plejos. La primera parte estableció las bases metodoló-
gicas y conceptuales necesarias para comprender la en-
fermedad desde una perspectiva basada en la evidencia,
incorporando los avances en genética, neurodesarrollo,
neurociencias y factores ambientales. La segunda parte
profundizó en la caracterización clínica, la heteroge-
neidad fenotípica y los modelos de estadicación, des-
tacando la importancia de la detección temprana, los
estados de riesgo y la intervención precoz. La tercera
parte desarrolló un enfoque integral del tratamiento,
abordando estrategias farmacológicas, psicosociales y
de recuperación basadas en la mejor evidencia dispo-
nible. Finalmente, esta cuarta sección amplió la mirada
hacia poblaciones especiales, escenarios clínicos com-
plejos y determinantes sociales frecuentemente subre-
presentados en las guías tradicionales.
En conjunto, los contenidos presentados reejan
una transformación conceptual profunda en la com-
prensión de la esquizofrenia. La enfermedad ya no
puede ser entendida únicamente como un trastorno
psicótico caracterizado por alucinaciones y delirios,
sino como una condición heterogénea, multidimen-
sional y evolutiva que involucra síntomas positivos,
negativos, cognitivos, afectivos y motores, así como
importantes repercusiones funcionales, médicas psi-
quiátricas y no psiquiátricas, familiares y sociales.
Uno de los mensajes centrales que emerge de este
consenso es la necesidad de avanzar desde modelos
asistenciales centrados tanto en el control sintomático
como en estrategias orientadas a la recuperación inte-
gral. Esto implica promover la detección temprana, re-
ducir la duración de la psicosis no tratada, optimizar el
acceso a tratamientos efectivos, utilizar oportunamente
la clozapina y los antipsicóticos de acción prolongada
cuando estén indicados, abordar las comorbilidades
médicas psiquiátricas y no psiquiátricas, favorecer la re-
habilitación psicosocial y garantizar la continuidad de
cuidados a lo largo de todo el curso de la enfermedad.
Asimismo, el Consenso reconoce que la calidad
de vida de las personas con esquizofrenia depende no
solo de la ecacia de los tratamientos disponibles, sino
también de factores vinculados con la inclusión social,
el acceso al sistema de salud y los hospitales especia-
lizados en psiquiatría, la lucha contra el estigma, la
protección de los derechos humanos, el apoyo familiar
y comunitario, la promoción de hábitos saludables y
la atención de poblaciones particularmente vulnera-
bles, incluyendo mujeres durante el período perinatal,
adultos mayores, personas con trastornos por uso de
sustancias, pacientes con anosognosia, individuos en
situación de calle y aquellos con riesgo suicida.
De igual modo queremos expresar un reconoci-
miento especial a las asociaciones de ayuda a fami-
liares de personas con esquizofrenia que participaron
activamente en este proyecto. Su compromiso, expe-
riencia y permanente labor de acompañamiento han
contribuido de manera fundamental a enriquecer
este documento, recordándonos que el abordaje de
la esquizofrenia trasciende los aspectos estrictamente
clínicos y requiere comprender las vivencias, necesi-
dades y expectativas de quienes conviven diariamente
con la enfermedad. Su participación ha permitido for-
talecer el carácter humanista, inclusivo y centrado en
la recuperación que inspira este Consenso.
Finalmente, este documento debe entenderse
como un punto de partida y no como una instancia
denitiva. Los rápidos avances en neurociencias, ge-
nética, biomarcadores, tecnologías digitales, inteli-
gencia articial y nuevas intervenciones terapéuticas
continuarán modicando nuestra comprensión de la
enfermedad durante los próximos años. En este con-
texto, el presente Consenso aspira a constituirse en
una herramienta dinámica que contribuya a mejorar
la calidad de la atención, reducir la brecha entre la
evidencia cientíca y la práctica clínica, estimular la
investigación nacional y promover una visión más hu-
manista, integral y centrada en la persona.
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: cuarta parte. Recomendaciones para el manejo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 82-147.
Agradecimiento: por la edición de este artículo a Ama-
lia Beatriz Dellamea, comunicadora cientíca especiali-
zada en divulgación (CONICET - Universidad de Bue-
nos Aires, UBA) y en producción y edición de discurso
cientíco, técnico y académico (Facultad de Farmacia y
Bioquímica, UBA).
Conicto de intereses: Gastón Bartoli: ha recibido
honorarios como speaker de Bago, Gador, Eurofarma,
Siegfried, Lundbeck, Megalabs y Teva; Sebastián Ca-
mino: Dirección Médica Laboratorio Aristón, ha re-
cibido honorarios como speaker de ELEA y Baliarda;
Marcelo Cetkovich-Bakmas: ha sido conferencista o
asesor en Bagó, Adium, Gador, Baliarda y Boehringer;
Alejo Corrales: ha recibido honorarios como consultor
y/o speaker de Abbot, Adium, Gador, Janssen, Lund-
beck, Teva, Bago, Rao, Glaxo Smith Kline, Baliarda y
Casasco, y ha recibido honorarios académicos y de in-
vestigación de la Universidad de Aharus, Dinamarca;
Pedro Damián Gargolo: ha recibido honorarios como
speaker de Janssen, Bago, Baliarda, Teva y Montpellier;
Pedro Rafael Gargolo: no tiene conictos para declarar
en los últimos 5 años; Fabián Lamaison: ha recibido ho-
norarios como speaker e investigador de Jannssen, Bago,
Baliarda, Bohermigher, Elea, Teva, Rao, Adium y Ab-
bot; Eduardo Leiderman: ha recibido honorarios como
speaker de Boehringer Ingelheim y del Laboratorio Elea;
Eliana Marengo: ha recibido honorarios como speaker
de Elea y Roemmers; Carlos Morra: PI de Janssen (Jo-
hnson & Johnson), Novartis, Lilly, John Wyeth, Otsuka,
Bristol Myers Squibb, AstraZeneca, Pzer, GSK, Sa-
nofy Syntelabo, Shire, Dainipon Sumitormo Pharma,
Bial, Takeda, I3, Roche (Homan Laroche), Quinti-
les, PRA, Parexel, Worldwide Clinical Trials, Covan-
ce, Latintrials, Sunovion, Global SMO (fases 1,2,3,4),
Eisai, Syneos, ICON, Lunbeck, Boeringer Ingelheim,
Alkermes, InQvia, Teva, Acadia, Intra-Cellular era-
pies Inc., Sage erapeutics, Premier, Neurocrine Bios-
ciences, Inc., Axovant, Biogen, Neumora erapeutics,
Inc. Newron, Clinrix y Maplight; Cintia Prokopez: ha
recibido honorarios como conferencista de Baliarda y
una beca educativa de Bristol Myers Squibb a través de
Oxford Heatlh Policy Forum; Julieta Ramírez: ha re-
cibido honorarios como speaker de Acadia, Bago, Ba-
liarda, Boehringer Ingelheim, Casasco, Gador, Gedeon
Ritcher, Janssen, Lundbeck, Megalabs, Rao, Roemmers
y Siegfried; Daniel Sotelo: ha recibido honorarios como
speaker de Janssen, Bagó, GSK y honorarios como PI de
Johnson & Johnson e Intra-Celullar erapies; Gustavo
Vázquez: ha recibido honorarios como speaker/advisor
de Abbvie, Adium, Allergan, Asofarma y Elea/Phoenix;
Juan José Vilapriño: ha recibido honorarios de Eurofar-
ma, Gador, Janssen, Lundbeck/Otsuka y NeonMind;
Manuel Vilapriño Duprat: ha recibido honorarios de
Biosciences, Psicofarma, Rao, Sunovion, y Tecnofar-
ma; Marcela Waisman Campos: ha recibido honorarios
como speaker de Abbot, Lepetit, Adium, Baliarda, Aris-
ton, Roemmers, Bago y Teva. El resto de los autores no
tienen conicto de intereses que declarar.
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Los siguientes son documentos en los que la Asociación de Ayuda de Fa-
miliares de personas que padecen esquizofrenia (AAFE) ha estado involu-
crada en su redacción, cuyos enlaces son la fuente bibliográca del acápite
46 de este Consenso. Familiares de personas con esquizofrenia: un compo-
nente crítico en la prevención de recaídas.
■ Vivir sin recaídas. https://aafe.org.ar/wp-content/uploads/2022/10/
Vivir-sin-recaidas-2022.pdf
■ Psicoeducación familiar en esquizofrenia https://sedici.unlp.edu.ar/
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■ Capítulo de Psicoeducación Familiar en esquizofrenia del manual
de Psicoeducación familiar APAL. http://sedici.unlp.edu.ar/hand-
le/10915/164113
■ Las palabras importan (versión regional para Latinoamérica): Reco-
mendaciones sobre cómo comunicar los temas de Salud Mental en
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labras_Importan.pdf
■ El estigma y la discriminación asociados a trastornos mentales. http://
sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/150072/Documento_
completo.pdf?sequence=1
148
EL RESCATE Y LA MEMORIA
Norberto Aldo Conti
Carlos Castilla del Pino: de la neuropsiquia-
tría a la antropología dialéctica
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 148-155. https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1020
https://doi.org/10.53680/vertex.v37i172.1020
Carlos Castilla del Pino, 1922-2009
Carlos Castilla del Pino nació en Cádiz el 15 de octubre de 1922, cursó
sus estudios primarios en Málaga, secundarios en Sevilla y, en 1940, ingre-
só a la carrera de Medicina en la Universidad Central de Madrid, actual
Universidad Complutense, donde se doctoró en 1947 con una tesis titulada
Fisiopatología y patología de la percepción óptica del movimiento. En esos
años se interesó en el estudio del sistema nervioso colaborando en el De-
partamento de Histología del Instituto Cajal y fue también médico interno
del Hospital Provincial de Madrid, que dirigía el Profesor Juan José López
Ibor, permaneciendo allí hasta 1949, año en que fue nombrado director
del Dispensario psiquiátrico de Córdoba, cargo que ejerció hasta su jubila-
ción en 1987. Su adscripción política al comunismo impidió que, durante
el franquismo, pudiera acceder a la cátedra universitaria, hasta que en 1983
fue nombrado Catedrático Extraordinario de Psiquiatría y Dinámica Social
de la Universidad de Córdoba. En 1993 creó la Fundación Aula Castilla del
Pino para promocionar la enseñanza y la investigación neuropsicopato-
gica. En 1999 recibió el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Au-
tónoma de Madrid y en 2004 por la Universidad de Cádiz, mismo año en
el que ingresó como Académico de número en la Real Academia Española.
Falleció en Córdoba el 15 de mayo de 2009.
Obras
Carlos Castilla del Pino fue un incansable escritor: entre 1945 y 2009 pro-
dujo 1204 escritos incluyendo libros, capítulos de libros, artículos y confe-
rencias. Dentro de esta inmensa obra destacan 27 libros y 168 monografías
neuropsiquiátricas. Los primeros años de su producción están centrados
en la neuropsiquiatría de la tradición iniciada por Ramón y Cajal y conti-
nuada por Lafora, Sacristán y la inuencia que la psiquiatría alemana tuvo
en España; luego se interesó en la fenomenología de Husserl, los desarro-
llos de la psicopatología de Jaspers bajo la inuencia de Dilthey, los aportes
de Heidegger al análisis existencial y, en su etapa madura, de 1966 en ade-
lante, en el desarrollo de una antropología dialéctica de orientación mar-
xista, a tono con los desarrollos culturales de la época, en la cual articular la
psicopatología y sus respuestas terapéuticas. Verdadero intento de oxigenar
con los aspectos del “mundo de la vida” una psiquiatría apoltronada tras los
muros de un naturalismo académico de espaldas a las transformaciones en
curso. Presentamos aquí, a modo ilustrativo un listado no exhaustivo de
sus obras que permite tener una idea de sus intereses:
149
El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 148-155.
■ Fisiología y patología de la percepción óptica del movimiento (1947)
■ El proceso de degradación de las estructuras delirantes (1957)
■ Un estudio sobre la depresión. Fundamentos de antropología dialéctica (1966)
■ Dialéctica de la persona, dialéctica de la situación (1968)
■ Naturaleza del saber (1969)
■ Psicoanálisis y Marxismo (1969)
■ La incomunicación (1970)
■ Introducción a la hermenéutica del lenguaje (1972)
■ Patografía (1972)
■ Introducción al masoquismo (1975)
■ Introducción a la psiquiatría, 2 volúmenes (1978)
■ Una investigación de teoría psicopatológica (1984)
■ Teoría de la alucinación (1984)
■ Cuarenta años de psiquiatría (1985)
■ Aspectos cognitivos de la esquizofrenia, comp. (1991)
■ Celos, locura, muerte (1995)
■ Teoría de los sentimientos (2000)
Un estudio sobre la depresión: fundamentos de antropología dialéctica
En 1966 aparece la primera edición de esta obra, que hoy presentamos a nuestros lectores. La elección se ha rea-
lizado pensando en dos premisas: la primera, que se trata de la primera publicación en donde Castilla del Pino
presenta una mirada acabada de todos los aspectos psicopatológicos que forman el corpus de la depresión en la
literatura neuropsiquiátrica europea de la época, a lo cual agrega su original y novedoso abordaje antropológi-
co-dialéctico como forma de colocar esta particular forma del sufrimiento humano en el horizonte de la realidad
sociohistórica. La segunda, que esta obra tuvo un impacto editorial notable, con nueve ediciones entre 1966 y
1991, dando notoriedad a su autor dentro de un arco de lectores que excede notablemente al grupo de los especia-
listas, para colocarlo en el campo de la cultura. Así lo ha reconocido el autor en el prólogo a la segunda edición de
1969: En algo menos de año y medio se agotó la primera edición de este libro … el libro parecía ofrecerse al reducido
círculo de los especialistas. Y no ha sido así, sin embargo. Según mis propias inferencias, el libro ha sido leído por
un extenso círculo de lectores, que han mostrado interés por la aplicación del pensamiento dialéctico a una cuestión
antropológica.
Por otro lado, no se puede soslayar que el momento de su publicación se corresponde con el momento del
inicio de la crisis y transformación de ideas más importante que ha vivido occidente en la segunda mitad del siglo
XX, y que trajo aparejada una revolución paradigmática en los aspectos fundamentales de la cultura: losofía,
historiografía, arte, cultura de masas: música, cine, radio, televisión.
Es notable como esta revolución de las estructuras sociales que se inicia en ese momento ya está claramente
perlada en las vivencias y el pensamiento de Castilla del Pino, al momento de escribir el prólogo de la primera
edición, en la primavera de 1966: “Esta monografía es un estudio sobre la depresión … que presenta un punto de
vista personal, al cual se ha llegado, con acierto o sin él, a través de una prolongada reexión sobre tales problemas y
a expensas de muchas horas de trabajo clínico directo … este trabajo es la expresión de una profunda crisis intelectual
y de todo orden que en el autor se ha ido vericando en los últimos diez años. Que esta crisis se traduzca en la propia
tarea cientíca no debe extrañar. Pues, en verdad, esta labor – la realidad clínica – es simplemente una parcela de la
realidad … este estudio sobre la depresión (es) la forma como actualmente el autor ve estas realidades que son, para
decirlo prontamente, el hombre y su situación. Razones … que han llevado a plantear la teoría antropológico-dialéc-
tica en el ámbito particular de la enfermedad.
150
El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 148-155.
El término depresión, que ha de ser utilizado a lo largo
de estas páginas de una manera constante, puede tener
tres signicados, aun dentro sólo del ámbito de la Psi-
copatología y de la Psiquiatría. La depresión en primer
lugar es un ntoma, que a veces se presenta con carácter
exclusivo o casi exclusivo, a veces acompañando a otros
que tienen o no relación directa con él. En segundo lu-
gar, la depresión es un síndrome en el que lo nuclear del
mismo es la tristeza, pero que, como tal síndrome, se
enlaza con los otros síntomas que lo constituyen, con la
suciente constancia en su presentación conjunta como
para inferir, lícitamente, una relación con el conjunto.
Ese conjunto de síntomas, el síndrome, puede ser ob-
jeto, por sí mismo, de un análisis particular. En tercer
lugar, la depresión es una enfermedad, cuya manifesta-
ción habitual es el síndrome depresivo (y dentro de él el
síntoma habitual: la tristeza) y sobre la cual puede inda-
garse con referencia a sus aspectos concretos (etiología,
patogenia, forma de curso, nal y tratamiento).
Apenas si es necesario decir que la literatura psiquiá-
trica acerca del problema de la depresión, que alcanza
probablemente más de las veinte mil chas bibliográ-
cas, junto a ser inabarcable por su misma magnitud,
ofrece la dicultad de no hacer siempre la deseada refe-
rencia a cuál de los tres aspectos antes citados concierte.
En consecuencia, nos encontramos aquí, como pri-
mera tarea, con la necesidad de llevar a cabo una pro-
blemática vericación de los supuestos sobre los cuales
cada investigador se mueve cuando formula hipótesis
o resultados, cualesquiera que estos sean, acerca de la
depresión concebida tan genéricamente.
Una simple referencia al aspecto terapéutico basta-
rá para poner bien de maniesto el problema, muchas
veces insoluble, que nos plantea la “movilidad” de que
dotamos al objeto. ¿De qué depresiones se trata cuando
se habla de los efectos que determinada droga provoca?
Tales efectos son, naturalmente, dependientes de que
los sujetos en los cuales se produce estén afectos de una
depresión-enfermedad. Pues no cabe duda que no
puede ser lo mismo dar indiscriminadamente esa de-
terminada droga en un sujeto triste por la muerte de
un ser querido o por un fracaso amoroso, triste por las
infundadas referencias de que cree ser objeto merced
al delirio esquizofrénico o triste sin motivo, según se
dictamina por el psiquiatra, en la melancolía endógena.
¿Modican tales drogas sólo el síntoma tristeza?; ¿o ac-
túa sobre el síndrome depresivo cualquiera sea la causa
que lo provoque?; o, nalmente, ¿actúa sobre la enfer-
medad-depresión?
Para mayor complejidad, indiquemos de antemano
que ni siquiera acerca de la existencia de tales tres pun-
tos de referencia existe conformidad, ni incluso dentro
de la misma tendencia psiquiátrica o psicopatológica.
Así, por ejemplo, la posibilidad de que sólo en atención
a los síntomas psicopatológicos se pudiera hablar de
enfermedad, cuando todavía desconocemos la causa
concreta de la enfermedad, cuando todavía desconoce-
mos la causa concreta de la enfermedad que se postula,
es puesta en discusión en una polémica que desde hace
80 años (tras la enunciación de la nosología psiquiátri-
ca por Kraepelin) todavía no ha cesado. Para muchos
psiquiatras clínicos, la enfermedad es sólo denible
por lo etiológico, lo causal. Determinados síndromes
podrían mostrar ciertamente selectividad ante deter-
Un estudio sobre la depresión. Fundamentos de antropología dialéctica
Ediciones Península, Barcelona, 1974. Introducción (pp. 11-20).
Un estudio sobre la depresión. Fundamentos de antropología dialéc-
tica. Ediciones Península, Barcelona, 1974.
151
El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(172): 148-155.
minados agentes causales, pero, en todo caso, siempre
queda a salvo la intrínseca inespecicidad del cuadro
clínico de estado y de sus caracteres psicopatológicos,
respecto de la causa que los provoca. De esta forma, los
síntomas psíquicos se dan en una constelación sindró-
mica en virtud de leyes de regulación de las alteraciones
funcionales, de las cuales los síntomas son expresión,
pero siempre con relativa o total independencia de la
causa que los suscita. Hoy sabemos que la epilepsia no
es una enfermedad y que, como ataque epiléptico o sus
equivalentes, aparece por las más diversas causas. Lo
mismo ocurre respecto de la alucinación o del delirio
y, desde luego, de la depresión. El concepto de enfer-
medad está en crisis en toda la Medicina, si por tal se
entiende el conjunto de manifestaciones patognómicas
que un enfermo presenta en virtud de una determinada
acción patógena sobre su organismo.
Y, de modo inverso, está en entredicho el valor del
síntoma como indicador de la especicidad del proceso
morboso causal. Así, por ejemplo, un teórico del rigor
gnoseológico de Kurt Schneider, que en aras de la clari-
dad está dispuesto, muchas veces, a conformar la reali-
dad a sus esquemas previos, ha podido decir que en el
sector de las enfermedades que se caracterizan por per-
turbaciones del estado de ánimo (las psicosis afectivas:
ciclotimia o maniacodepresiva, depresión periódica,
depresión involucional, etc.) no podríamos mencionar
ningún síntoma al que calicar de primer orden. Tén-
gase en cuenta que para el propio Schneider “síntomas
de primer orden” no son aquellos que están ligados por
una relación que se presuponga de carácter especíco
con la alteración básica que provoca la perturbación
psíquica (relación que lógicamente sólo habría de ser
establecida si supiéramos la causa inmediata de la mis-
ma); los síntomas así denominados son tan sólo, por
decirlo así, rasgos que la consideración clínica, en últi-
mo término de base estadística, ha demostrado ser los
que con mayor probabilidad se dan allí donde, por otra
serie de razones (curso, nal, etc.) se inere que tal en-
fermedad está aconteciendo. No se olvide que los dos
grandes grupos de psicosis –la esquizofrenia y la ma-
niacodepresiva– carecen todavía del suciente aporte
de datos de orden somático sobre los cuales basar una
etiopatogenia de precisión.
Todavía una aclaración, imprescindible en el ámbito
en que vamos a movernos. El síntoma psíquico ofrece
particularidades que lo hacen en sí mismo cuestiona-
ble. En efecto, buena parte de los síntomas psíquicos
son expresiones, y en este sentido no hay una diferencia
sustancial con los síntomas que aparecen en cualquiera
otra esfera de la patología. Pero tales síntomas son de
escaso valor en la esfera de la psiquiatría general. No
es posible fundamentar un síndrome exclusivamente
por la observación de la conducta, o sea a través de la
mera expresión (sin palabras). Un pliegue de la frente,
el llanto, la agitación, el ataque epiléptico, la obnubila-
ción de conciencia, etc., son ya, de por sí, expresiones
muy ambiguas, que nada o muy poco dicen, no ya de
los motivos, sino de las alteraciones psíquicas inmedia-
tamente ligadas a ellas. No hay posibilidad de establecer
un diagnóstico psiquiátrico a expensas de postulados
behaviouristas. Es obvio que en todos los casos hay que
ir “más allá” de lo que las expresiones objetivables nos
revelan. Este más allá es “la vivencia, lo experimen-
tado por el enfermo, lo que de alguna manera precisa
la correlación entre la expresión que veíamos y lo que
el paciente siente y piensa. Pero, aun expresada esta
necesidad de ir más o menos directamente al mundo
vivencial del enfermo, para captar allí el síntoma psí-
quico –dejando al margen de momento toda otra corre-
lación– la verdad es que el mero hecho de tomar como
objeto la vivencia plantea ya problemas que están lejos
de haber sido resueltos, y ni siquiera parecen haber sido
encarados en toda su magnitud. Veamos algunos.
En primer lugar, la dicultad material de introduc-
ción en el mundo vivencial de otro, enfermo o no. Digo
material porque la comunicación es siempre, incluso
entre los sanos, de por sí difícil, aun allí donde la co-
municación verbal es condición explícita de la transac-
ción entre una y otra persona. La comunicación verbal
no puede ser tomada à la lettre. Es preciso penetrar en
la intencionalidad de lo vivido, como elemento im-
prescindible que es de lo psíquico en cuanto tal. Aun
en el caso del paciente que voluntariamente acude a la
consulta, e incluso más, el que sabe ya las condiciones,
por ejemplo, de una psicoterapia que él mismo puede
solicitar, tal comunicación está obstaculizada por múl-
tiples sistemas de resistencia de todo orden, en cuya
enumeración ahora no podemos entrar. En consecuen-
cia, es exigible el máximo rigor para uno mismo en la
calicación de lo comunicado con un término que im-
plica ya la categorización de síntoma, es decir, de se-
ñal más o menos precisa de determinada enfermedad,
tras cuya enunciación se pone en juego todo un haz de
acciones de la más diversa índole y trascendencia. El
delirio, la obsesión, la fobia, la alucinación, etcétera,
exigen la previa comunicación, y, luego, la selección de
lo comunicado para dotarlo de una categoría semánti-
ca. Esta es la segunda dicultad que se ofrece a la mera
captación y valoración de síntomas. Y no es un hecho
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baladí. La realidad es que, al no existir una base común
sobre la que edicar el concepto del síntoma, es posible
siempre la contaminación con subjetividades que ha-
gan, en última instancia y hasta cierto punto, del len-
guaje psiquiátrico un diálogo de sordos. Si se atiende
a la profusa literatura existente en torno a la estructura
de la percepción delirante, valga de ejemplo, a expensas
de la cual se trató de cimentar en las décadas del 20 al
50 el diagnóstico de esquizofrenia por buena parte de
la clínica psiquiátrica alemana, puede verse hasta qué
punto la percepción de la alteración de la vivencia era
meramente presumida, mas no vista, y cómo, por tanto,
se trataba, en último término, de una discusión exclu-
sivamente académica. Cuando un enfermo refería una
vivencia de extrañamiento de la realidad se la juzgaba
dotada de una signicación que muchas veces el propio
enfermo estaba lejos de habernos dado base para esta-
blecer. Es así como en los últimos años, cuando hemos
dejado a un lado hábitos que procedían de prejuicios
que entonces no sabíamos reconocer, estamos asistien-
do a la inteligibilidad de algunos fenómenos psicopato-
lógicos sobre los que antes habíamos postulado, de una
vez para siempre, su sin-sentido.1
Pero demos por supuesto ahora, y por sólo un mo-
mento, que, efectivamente, la penetración en el mundo
vivencial del paciente ha sido posible. Que la comuni-
cación el él se ha efectuado en condiciones óptimas,
hasta el punto de captar, con la mayor sutileza, las alte-
raciones formales de la vivencia. Ya puedo decirme que
ante él asisto a la estructura bimembre de la percepción
delirante y a la alteración en uno de los componentes
de la estructura de la misma; merced a la cual he visto
que la intencionalidad, que da sentido a la percepción
y que le dota de predicado signicativo desde el primer
instante, ha cambiado de dirección y efectúa, entonces,
la “puesta en relación sin motivo” que caracteriza todo
delirar. De hecho, muchos nos hemos entretenido en el
curso de años en el ejercicio de una pesquisa fenome-
nológica, que gran parte de las veces era, desde luego,
una autopesquisa, a través de la superposición de las
toscas vivencias comunicadas por el paciente sobre las
nuestras, de antemano aladas. La mayor parte de los
análisis psicopatológico-estructurales que se han lle-
vado a cabo a partir de la escuela de Heildelberg eran
autoanálisis formalistas. La situación llegó a tal extremo
que el propio Kurt Schneider denunció el carácter inútil
de la mayoría de las comunicaciones aportadas. Y es
que, en efecto, faltó siempre una nota crítica que llama-
ra al orden lógico a tanta divagación. Pues con ello se
perdió de vista el hecho fundamental de que –dado por
supuesto de que la comunicabilidad real entre pacien-
te y psiquiatra se vericase– era preciso luego dotar de
objetividad al resultado. Sólo así el resultado de mi pes-
quisa cumple los dos postulados exigibles a cualquier
metódica cientíca, a saber: su comunicabilidad en pri-
mer término, y, en segundo término, la comprobación,
gracias a ella, de su vericabilidad o invericabilidad.
¿Cómo subsanar este impasse? En este punto, la psi-
copatología general que sistematizó Jaspers cumplió,
en su día, un cometido realmente importante. A él se
debe la introducción de un orden, cuando menos pro-
visional, a la operabilidad con los síntomas psíquicos.
Jaspers trajo a la psicopatología los dos conceptos de
comprensión y explicación que Dilthey introdujera con
anterioridad en la división de las ciencias. Los hechos de
las “ciencias del espíritu” no serían explicables al modo
como lo son los datos de la ciencia positiva, sino que
sólo podrían ser vericados merced a la captación de su
sentido. Esta captación del sentido es la comprensión.
Por el contrario, las leyes de la física, los hechos de la
ciencia natural no tienen sentido, son puras cosas sobre
las cuales no podemos ejercer un acto comprensivo de
su mero estar-ahí ni de su ser-así (Dasein, Sosein), sino
que son explicables. ¿Qué aplicación podían ofrecer ta-
les conceptos a la vida psíquica normal o patológica?
Los síntomas psíquicos ofrecen, según Jaspers, dos
1. Quiero repetir que el problema no se mantiene simplemente en el plano, por decirlo así, de la posibilidad o no de una epistemología psi-
copatológica. La cuestión traspasa al orden de la acción y de ahí la trascendencia. Hemos visto variados casos en los que, por ejemplo, un
tratamiento de electrochoques se había instituido sobre la base de que un descreimiento religioso respondía al apagamiento de los sentimien-
tos vitales que caracteriza la melancolía. Se podría componer un anecdotario dramático-pintoresco con casos análogos, que han implicado
reclusiones prolongadas y tratamientos drásticos. Llamo la atención de tales hechos como constatación de una realidad (y no como exposi-
ción de meros errores diagnósticos, los cuales, por trascendentales que sean, pueden ser justicados muchas veces); y en justa compensación
al reproche que se han cuidado de hacer otros psiquiatras clínicos, con inusitada frecuencia, de la práctica del psicoanálisis durante meses y
meses a pacientes que resultaron ser netamente psicóticos. No cabe duda de que a la hora de la estimación de tales conductas erróneas ha-
bría que calibrar cuál implica mayor responsabilidad: si la del psiquiatra clínico, que procede a indicar un tratamiento físico con un estudio
muchas veces brevísimo y, por tanto, forzosamente supercial del paciente, o la del psicoanalista que, cuando menos, se ha esforzado hora
tras hora con el paciente en una comunicación que, por cierto, hoy estamos lejos de reputar injusticada.
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posibilidades. O son comprensibles, lo que puede ha-
cerse “ver” mediante la captación de su sentido como
vivencia aislada o a través de la continuidad del sentido
con la vida psíquica restante, o no lo son. En este último
caso, la vida psíquica se ofrece rota, discontinua, ha per-
dido su sentido. Al hacerse incomprensible hemos de
postular que algo nuevo ha acontecido al sujeto, mer-
ced a lo cual su vida psíquica se fragmenta. Este algo
es el proceso patológico que ahora actúa, o actuó con
anterioridad, y sólo puede ser inteligido mediante una
explicación. La vida psíquica en continuidad de sentido
es comprensible, y debe concebirse como desarrollo. Si
esta vida psíquica en desarrollo no es normal estamos
en presencia, no de locuras, sino de anormalidades de
la personalidad.
Pero este esquema gnoseológico tan útil no ha deja-
do de ser hendido una y otra vez hasta hacerlo más que
problemático. Hoy solo a duras penas y en determina-
dos casos puede ser mantenido. Veamos unas cuantas
objeciones.
En primer lugar, comprensibilidad e incompren-
sibilidad son criterios subjetivos. Hace algunos años,
Kherer llamó la atención sobre la movilidad que cada
cual conere al límite de lo que le resulta comprensible
resulta a todas luces un grave obstáculo a la objetividad
del método. La objeción ha tenido su ejemplarización
práctica: los psicoanalistas no pusieron límite a lo com-
prensible; los psicopatólogos académicos lo pusieron
en exceso pronto. En segundo lugar, es evidente que la
comprensión de la continuidad de sentido sólo puede
vericarse en la vida psíquica consciente. Pretender
simplicar el problema mediante un razonamiento
afín al de Lindworski (sólo lo consciente es psíquico, el
objeto de la psicología es lo psíquico; luego el incons-
ciente no es objeto de la psicología), es excluir de la in-
vestigación, mediante un silogismo falaz, todo lo que
concierne a la motivación: la vida psíquica inconsciente
queda excluida de la comprensibilidad. Precisamente
Ch. Buhler llamaba la atención recientemente acerca
de que la diferencia histórica entre la psicopatología
actual y la inmediatamente anterior estriba en que ésta
era una “psicología de funciones” mientras la psicolo-
gía de hoy es una “psicología de la motivación. Que el
hombre se rige por motivos de la mayor parte de los
cuales no es sabedor es cuestión obvia. En otro lugar he
señalado (Castilla del Pino) que no haber distinguido
Jaspers entre lo comprensible y lo comprendido ha sido
el origen de su limitación, de la cual su obra ha sido
víctima desde la primera edición (1913) hasta la última
(1948). “Ser comprensible” es una cualidad de la viven-
cia, mientras que “ser comprendida” es una categoría
que afecta al sujeto que la interpreta, y que forzosamen-
te es otro en la pura investigación fenomenológica. ¿No
ha demostrado el curso ulterior de la Psicopatología y
de la Psiquiatría dinámica la discordancia entre lo que
nosotros comprendemos y lo que, sin embargo, es de
suyo comprensible? Ser o no ser comprensible es, en
última instancia, cualidad de la vivencia, por tanto, su
sentido o no sentido sólo en la persona y por la perso-
na sujeto de la misma debe ser decidido. Precisamen-
te hoy sabemos que todo cuanto el ser humano hace o
verica, en el nivel que sea, tiene un sentido que sólo
aprehendiéndolo como parte de la totalidad que es de
su propia vida puede hacerse inteligible. Lo simbólico
de toda acción humana no es una seudosignicación
sino una signicación en sí, válida desde el sistema de
normas y valores, de impulsos y afectos contradictorios
del sujeto, que no siempre pueden ser superpuestos so-
bre el sistema del observador. Extensos sectores de la
vida psíquica psicótica –de la locura– quedaban ya, de
una vez para siempre, condenados a su inintelección,
y el propio Jaspers y toda la Psiquiatría académica que
aún le sigue se han visto obligados a renunciar a la com-
prensión de lo no consciente, con lo cual toda la vida
del neurótico e incluso las motivaciones de la vida psí-
quica del “normal” quedan fuera de su alcance. ¿Cómo
es posible considerar que comprendemos los rituales
obsesivos o la conducta de un perverso sexual con sólo
la mera atención a lo que el propio sujeto, sin ningún
otro esfuerzo, sabe de sí?
Como puede verse, la crisis del esquema jaspersia-
no ha sido –aparte la subjetividad del mismo– puesta
de maniesto sobre todo a través de la introducción de
los motivos inconscientes. Es claro que aquí la conti-
nuidad de sentido no existe o subsiste a duras penas y
que el sujeto la recupera, por decirlo así, mediante la
concienciación de los motivos que hicieron posible su
relativa o total pérdida de coherencia. Un enfermo, sin
saber por qué, se angustia a la vista de alfombras. Sólo
una hermenéutica de la misma le lleva a la conciencia-
ción y de aquí a la continuidad de sentido de este acto,
hasta entonces para él incluso, incomprensible. A esta
comprensión la llamó Martín Santos de tipo analógi-
co-simbólica, completando así el esquema de los tipos
de comprensión que estableciera Jaspers.
Ahora bien, ¿qué signica introducir la comprensión
por motivos que se deslizan en niveles no conscientes
de la persona? Signica, claro está, la inferencia de que
lo hasta entonces visto como sin sentido es, en última
instancia, de igual categoría que lo desde el primer mo-
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mento comprensible. Este es el signicado de la revo-
lución freudiana, la cual, por su propia dialecticidad,
afectó a esferas más distantes de las que el propio Freud
pretendiera. Recuérdense las reiteradas declaraciones de
Freud de que el psicoanalista sólo podía tratar e inter-
pretar el mundo y los contenidos neuróticos, y que las
psicosis, como tales, permanecían inasequibles a su pro-
ceder. De esta forma, el alcance inicial que se le quería
dar al método y a la doctrina interpretativa era, tan sólo,
por expresarlo de algún modo, descender al nivel de lo
no consciente en la búsqueda de las motivaciones reales
de aquellos disturbios psíquicos por todos considerados,
efectivamente, como condicionados por motivos –las
que luego habrían de llamarse “reacciones anormales a
vivencias. La doctrina psicoanalítica era tan sólo, pues,
en el comienzo, una “psicología de lo profundo” (Tie-
fenspsychologie), surgida precisamente como contrapo-
sición al supuesto académico de que lo inconsciente no
era, de principio, objeto de la psicología.
Como hemos dicho antes, el desarrollo intrínseco
a que la propia dialéctica del psicoanálisis impulsaba
llevó –al margen de toda declaración de principios– a
tener que ocuparse de los contenidos psicóticos. Con el
caso Schreber”, Freud inicia su pesquisa en el territo-
rio de lo hasta entonces declarado como locura, como
irracional, como alienación. Con posterioridad, es la
sistemática de la interpretación onírica la que le lleva
a sentar el carácter analógico entre el mundo del sueño
y el de la psicosis. Más tarde, la equiparación entre el
duelo normal y la melancoa… La invasión del campo
restante de la Psiquiatría clínica no se hace esperar. La
esquizofrenia, incluso las psicosis de causa orgánica co-
nocida, lesional, van a ser interpretadas de acuerdo con
las tesis psicoanalíticas. Es ya sólo cuestión de tiempo.2
Este es el momento en que el psicoanálisis ya no
puede constituirse sino en una suerte de escolásti-
ca doctrinal. El psicoanálisis como doctrina se cierra,
componiendo una teoría autosuciente. Hasta entonces
el psicoanálisis era un método más de tratamiento de
las neurosis y una teoría más de la interpretación de las
mismas. A partir de 1910, aproximadamente, el psicoa-
nálisis ha de ser cogido o dejado, aceptado o desdeñado
in toto. Una terminología cada vez más particularizada
es puesta al uso exclusivo de los iniciados. La separación
con las líneas clásicas de investigación se hace cada vez
más marcada. La “historia del movimiento psicoanalí-
tico” se verica al margen –salvo en alguna excepción,
como en Eugen Bleuler– de la Psiquiatría “ocial”.
Pero el problema de la comprensión por motivos,
cuya continuidad de sentido se sumerge en lo no cons-
ciente, va a crear una serie de equívocos, los cuales to-
davía no han sido superados en su mayor parte. El pri-
mero de ellos es el rango que esta comprensión posee
en la dinámica causal del disturbio psíquico, cualquiera
que este sea. Si se recuerda la contraposición jaspersia-
na entre “comprensión” y “explicación” y se medita su-
cientemente sobre lo que en realidad implica (quizá más
y mejor a través del propio pensamiento de Dilthey),
es preciso reconocer que en ella están contenidos, im-
plícita o explícitamente, aseveraciones que afectan a la
determinación de los fenómenos psíquicos. “Compren-
der” es reconocer que los determinantes son causas.
Las causas son siempre de orden material; los motivos
son siempre de orden espiritual. De manera concreta se
asiste aquí una vez más, a una expresión del dualismo
materia-psique. El primer equívoco a que da lugar la
ampliación de lo comprensible que lleva a cabo el psi-
coanálisis –¡que pretendió ser siempre una mecánica
psicológica de inspiración biológica! – es, por decirlo
así, convertir la causa de la psicosis en general –para las
cuales se postulaba siempre su organicidad y, por tanto,
su explicabilidad– en motivos, es decir, en razones de
orden anímico. Yo estoy convencido de que en realidad
esto fue siempre un equívoco, cuando no el producto
de una concreta mauvaise foi de la mayor parte de los
psiquiatras ociales. Freud ha indicado reiteradas ve-
ces (aunque no es posible que nos detengamos ahora
en este respecto) que interpretar no signica siempre
postular un determinado orden de causación. Por eso,
se puede interpretar la índole de la regresión psíquica
que experimenta un enfermo con una afección silítica
del cerebro de acuerdo a los postulados psicoanalíticos,
sin que ello implique la postergación del treponema
pallidum como factor causal. Lo que se quería decir es
que siempre la dinámica psíquica, normal o patológica,
seguía luego sus propias leyes internas, al margen de las
supuestas causas iniciales.
2. El carácter panorámico de esta revisión nos obliga a centrar, exclusivamente, nuestra atención en la ´línea central del movimiento psicoa-
nalítico. Como es lógico hubo siempre asincronismos. Recuérdese que el primer ensayo de interpretación de la esquizofrenia desde el punto
de vista psicoanalítico procede de 1906 y lo llevó a cabo C. G. Jung. La obra de Bleuler –Dementia praecox oder Gruppe der Schizophrenie–
es de 1911.
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El segundo equívoco está, como ha de verse, enla-
zado con el anterior. Se trata del hecho de que (cuando
menos para las psicosis en las que la causa fundamental
reiteradamente escapa a la indagación meramente físi-
ca, y, desde luego, para la neurosis) son determinadas
circunstancias ligadas al sujeto las determinantes de
sus situaciones anómalas. En todo caso, pues tales cir-
cunstancias podrían inuir decisivamente en la propia
estructura del sujeto, constelando su modo de ser en
el sentido intrínsecamente material. La enfermedad,
volver al índice
pues, es una situación y resultado de una situación. La
enfermedad no es un hecho que por las leyes del azar
acontezca al sujeto, sino un acontecimiento resultante
de determinados modos de relación de la persona con
el medio. Es cierto que a Freud escapó la inuencia del
medio en su total magnitud, fuera del ámbito familiar
estricto: el medio era los respectivos modos de ser pa-
rentales, los cuales eran así en virtud de las meras rela-
ciones modales de las personas.
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CARTA DE LECTORES
Efectos adversos psiquiátricos en pacientes en hemodiálisis por enfermedad renal
crónica: una dimensión clínica con implicaciones pronósticas
Psychiatric adverse effects in hemodialysis patients with chronic kidney disease: a clinical
dimension with prognostic implications
Estimado Editor,
Los trastornos psiquiátricos en pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) en hemodiálisis constituyen
una dimensión clínica de alta relevancia, frecuentemente subestimada en la práctica nefrológica, pese a su
impacto directo en la adherencia terapéutica, la funcionalidad y la mortalidad. La evidencia contemporánea
documenta una elevada prevalencia de síntomas depresivos y ansiosos en esta población, consistentemente
superior a la de la población general (Flythe et al., 2021; Palmer et al., 2021).
Sostenemos que estos trastornos no deben ser comprendidos de forma aislada, sino como parte de un sín-
drome neuropsiquiátrico interrelacionado, en el que depresión, ansiedad, deterioro cognitivo y riesgo suici-
da conguran un continuo clínico con bases siopatológicas compartidas. Este enfoque permite superar una
lectura fragmentada de los síntomas e integrarlos dentro de un entramado complejo que incluye inamación
crónica, disfunción vascular cerebral, estrés oxidativo y alteraciones neuroendocrinas (Drew et al., 2021; Tian
et al., 2021).
Diversos factores contribuyen a esta vulnerabilidad. La carga de comorbilidad, la polifarmacia y la depen-
dencia de un tratamiento dialítico crónico conguran un escenario de estrés sostenido, al que se suman ele-
mentos propios del procedimiento, como la fatiga postdiálisis y la disrupción de la vida cotidiana (Flythe et al.,
2021). En este contexto, el deterioro cognitivo adquiere un rol central, asociado tanto a mecanismos vasculares
como a la inestabilidad hemodinámica intradiálisis, con impacto sobre la memoria, la atención y las funciones
ejecutivas (Drew et al., 2021; Feng et al., 2022).
La evidencia sugiere que los síntomas depresivos y el deterioro cognitivo comparten mecanismos siopato-
lógicos y con frecuencia coexisten, potenciando su impacto clínico y comprometiendo la capacidad del pacien-
te para sostener la adherencia terapéutica y participar en la toma de decisiones (Feng et al., 2022; Golenia et al.,
2023). Asimismo, el riesgo de ideación suicida es mayor en pacientes con enfermedad renal terminal, especial-
mente en las fases iniciales del tratamiento dialítico, donde conuyen la pérdida de autonomía, el aislamiento
social y la carga económica (Cogley et al., 2023; McAdams-DeMarco et al., 2022).
Desde esta perspectiva, proponemos que la principal limitación actual en la práctica clínica no radica en
la falta de evidencia, sino en la ausencia de un abordaje integrador sistemático. La incorporación rutinaria de
herramientas de tamizaje validadas permitiría una detección más temprana y un abordaje oportuno. Instru-
mentos como el Patient Health Questionnaire-9 (PHQ-9), el Generalized Anxiety Disorder-7 (GAD-7) y esca-
las cognitivas como la Montreal Cognitive Assessment (MoCA) o el Mini-Mental State Examination (MMSE)
podrían implementarse de forma periódica en unidades de diálisis, especialmente al inicio del tratamiento, ante
cambios clínicos relevantes o durante hospitalizaciones.
156
Jorge Andrés Hernández Navas1, Juliana Gelvez Mantilla2, Valentina Hernández Navas3
1.Universidad de Santander. Facultad de Medicina Interna. Bucaramanga, Colombia. https://orcid.org/0009-0001-5758-5965
2.Universidad de Santander. Facultad de Psiquiatría. Bucaramanga, Colombia. https://orcid.org/0009-0001-5274-7961
3.Facultad de Psicología. North Carolina State University, EE. UU. https://orcid.org/0009-0002-0057-8227
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Carta de Lectores
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El abordaje terapéutico debe ser necesariamente multidimensional. El manejo farmacológico requiere una
selección cuidadosa de psicofármacos, con ajuste según la función renal y especial atención a los efectos adver-
sos, particularmente aquellos con carga anticolinérgica (Wang et al., 2021). De forma complementaria, inter-
venciones psicoterapéuticas estructuradas, como la terapia cognitivo-conductual, han demostrado benecios
en la reducción de síntomas depresivos y en la mejora de la calidad de vida (Palmer et al., 2021). En este marco,
la implementación de modelos de atención interdisciplinarios que integren nefrología, psiquiatría, psicología y
enfermería especializada resulta fundamental.
En conclusión, los trastornos psiquiátricos en pacientes con ERC en hemodiálisis deben ser entendidos
como la expresión de un síndrome neuropsiquiátrico complejo e interrelacionado, más que como entidades
independientes. La articulación entre depresión, deterioro cognitivo y riesgo suicida reeja mecanismos com-
partidos con impacto directo en los desenlaces clínicos. La adopción de un modelo integrador, junto con es-
trategias sistemáticas de detección e intervención interdisciplinaria, constituye una oportunidad concreta para
mejorar la calidad de la atención en una población particularmente vulnerable.
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LECTURAS
Mariela Ragone
El imperio de la normalidad. Neurodiversidad y
capitalismo
Robert Chapman
Caja Negra Editora, 254 páginas.
Adiós a la normalidad: la neurodivergencia fren-
te al imperio
Las barreras discapacitantes
La publicación en 2025 de El imperio de la normalidad,
de Robert Chapman, traducido por Nicolás Cuello
para Caja Negra, plantea una lectura interseccional
donde los estudios sobre discapacidad y salud mental
convergen con la crítica económica. Esta edición en
español recupera la tesis original presentada en Em-
pire of Normality: Neurodiversity and Capitalism (Pluto
Press), de 2023, donde el autor ya sentaba las bases
para comprender cómo el modo de producción mol-
dea nuestra conciencia.
El análisis de Chapman sobre la dominación neuro-
normativa resuena con especial potencia en nuestro
contexto, revelando cómo la subjetividad y la preca-
riedad laboral continúan su lazo en un nudo de opre-
sión común a través de la alienación.
La invención del "hombre promedio": de la esta-
dística de Quetelet a la eugenesia de Galton
El núcleo teórico de Chapman radica en desmontar la
idea de que la “normalidad” es una esencia natural o
biológica. El autor sitúa la genealogía de esta ideología
en el cruce entre la estadística y la eugenesia del siglo
XIX, identicando en los trabajos de Adolphe Quete-
let y Francis Galton un punto de inexión sistémico.
Mientras Quetelet introdujo la noción del homme mo-
yen (hombre promedio) como una referencia estadís-
tica, Galton radicalizó esta métrica al transformarla
en una herramienta de jerarquización. Para Chapman,
la eugenesia galtoniana no fue un error histórico ais-
lado o una pseudociencia olvidada, sino la base cientí-
ca necesaria para el desarrollo y la consolidación del
capitalismo industrial.
Al desplazar la media estadística hacia un ideal de
perfección y etiquetar las desviaciones como signos
de "degeneración", Galton sentó las bases para la co-
rrección o eliminación de todo aquello que resultara
disfuncional a la eciencia fabril. Esta “ideología de la
normalidad” operó como una tecnología de clasi-
cación que —en perfecta sintonía con la lógica del
capital— separa todavía hoy a los cuerpos dóciles
y productivos de la “población excedente”, aquellas
personas cuya existencia misma desafía la estandari-
zación del rendimiento.
El DSM como muro psicotecnológico
En este recorrido, Chapman propone una lectura
materialista del Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales (DSM). Lejos de ser un mapa neu-
tral de la psique, el DSM funciona para el autor como
un catálogo de las formas en que la subjetividad falla
frente a las expectativas del mercado.
Chapman analiza cómo el sistema de diagnóstico indi-
vidualiza y medicaliza el sufrimiento, operando como
uno de los muros psicotecnológicos del capital. Al ca-
tegorizar respuestas al estrés, la falta de atención o la
divergencia sensorial como "trastornos" internos, el
DSM desvía la mirada de las condiciones materiales:
si el trabajador no rinde, el problema debe residir en
su química cerebral y no en la organización alienante
y agotadora del trabajo.
Hacia una neurodiversidad materialista
El autor establece un diálogo crítico entre la historia
de la psiquiatría y la economía política. Por un lado,
distingue la perspectiva iniciada por guras como
Harvey Blume y Judy Singer, que buscarían la inclusión
de los "talentos" divergentes en el mercado. Chap-
man advierte que esta visión mantiene la explotación,
pues solo acepta la neurodiversidad si esta puede
ser mercantilizada bajo la forma de un capital huma-
no. Por otro lado, propone una perspectiva basada
en Karl Marx y el modelo social de la discapacidad
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para denunciar cómo el sistema genera la exclusión
estructural. Asimismo, Chapman se distancia de la
antipsiquiatría libertaria de Thomas Szasz. Sostiene
que negar la realidad del sufrimiento en condiciones
como el trastorno por décit de atención e hiperac-
tividad (TDAH) o el trastorno de estrés postraumáti-
co (TEPT) puede ser funcional al capital, al privar a las
personas de los apoyos colectivos y las adaptaciones
necesarias para su existencia.
Conclusión: ¿de la niebla al futuro brillante?
La propuesta nal de Chapman es una emancipación
que no busque la adaptación del sujeto a la norma
galtoniana, sino la transformación radical de las con-
diciones de producción. El horizonte es una ecología
colectiva neurodivergente donde la autonomía de las
personas esté por encima de las métricas de rendi-
miento y de la apropiación de plusvalía.
En la tesis de Chapman, el horizonte no es la liber-
tad entendida como "elección individual", sino la su-
peración de la alienación. En el sentido de Marx, el
imperio de la normalidad capacitista actúa como una
fuerza que extraña al individuo de su propia esencia;
al intentar "mejorar" el diagnóstico para ser más fun-
cionales, solo se busca perfeccionar la inserción del
sujeto en el engranaje productivo del capital.
En estas páginas resuenan los ecos de Los condena-
dos de la tierra de Franz Fanon; de la novela de Ken
Kesey, Alguien voló sobre el nido del cuco, y de la película
Atrapado sin salida de Miloš Forman. Estas obras, leí-
das hoy en clave de modelo social de la discapacidad,
denuncian precisamente esa maquinaria de extraña-
miento institucional.
Esta perspectiva se radicaliza al considerar la bio-
grafía del autor. Su paso por el Sistema de Acogidas
Temporales del Reino Unido no fue solo una estan-
cia institucional, sino una experiencia de desposesión
personal. Al sumar su diagnóstico de autismo, Cha-
pman identica que la verdadera emancipación no
consiste en "curarse" para ser útil al mercado, sino en
reclamar una existencia no alienada desde la neurodi-
vergencia política.
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