REDACCIÓN
Comité cientíco Argentina: Lila Almirón (Universidad Nacional de Corrientes); Marce-
lo Cetkovich Bakmas (Universidad Favaloro); Jorge Nazar (Universidad
Nacional de Cuyo); Jorge Pellegrini (Universidad de La Punta); Lía Ricón
(Universidad de Buenos Aires); Sergio Rojtenberg (Instituto Universita-
rio de Salud Mental); Analía Ravenna (Universidad Nacional de Rosario);
Eduardo Rodríguez Echandía (Universidad Nacional de Cuyo); Alberto
Sassatelli (Universidad Nacional de Córdoba); Carlos Solomonoff (Con-
sultor independiente); Manuel Suárez Richards (Universidad Nacional de
La Plata); Miguel Ángel Vera (Universidad Nacional del Comahue); Hugo
Vezzetti (Universidad de Buenos Aires).Bélgica: Julien Mendlewicz
(Universidad Libre de Bruselas). Brasil: Joao Mari (Consultor indepen-
diente); Colombia: Rodrigo Noel Córdoba (Universidad del Rosario).
Chile: Andrés Heerlein (Universidad del Desarrollo); Fernando Lolas
Stepke (Universidad de Chile). España: Rafael Huertas (Consejo Supe-
rior de Investigaciones Cientícas); Valentín Baremblit (Centre d’aten-
ció, docència i investigació en Salut Mental). Francia: Thierry Tremine
(Consultor independiente); Bernard Odier (Fédération Francaise de
Psychiatrie). Italia: Franco Rotelli (Centro de Estudios e Investigación
sobre Salud Mental). México: Sergio Villaseñor Bayardo (Universidad
de Guadalajara). Perú: Renato Alarcón (Universidad Cayetano Heredia).
Reino Unido: Germán Berrios (Universidad de Cambridge). Suecia:
Lenal Jacobsson (Umeå University). Suiza: Nelson Feldman (Hospital
Juan Carlos Stagnaro (Universidad de Buenos Aires).
Santiago Levín (Universidad de Buenos Aires).
Martín Nemirovsky (Proyecto Suma).
Martín Agrest (Proyecto Suma).
América Latina: Cora Luguercho (Asociación de Psiquiatras Argentinos,
Argentina).
Europa: Dominique Wintrebert (Asociación Mundial de Psicoanálisis,
Francia), Martín Reca (Association Psychanalitique de France, Francia),
Eduardo Mahieu (Cercle d’etudes psychiatriques Henri Ey, Francia),
Federico Ossola (Hôpital Psychiatrique Paul Guiraud, Francia).
EE. UU. y Canadá: Daniel Vigo. (University of British Columbia, Canadá).
Directores asociados
Director
Sub-directores
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Vertex Revista Argentina de Psiquiatría. (2026). 37(171): 7-150. Vertex Revista Argentina de Psiquiatría, es una publicación de Polemos SA. Los artículos
rmados y las opiniones vertidas en entrevistas no representan necesariamente la opinión de la revista y son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Esta
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REDACCIÓN
Martín Agrest (Proyecto Suma), Norberto Aldo Conti (Hospital “José
T. Borda”), Juan Costa (Hospital de Niños "R. Gutiérrez"), Gabriela S.
Jufe (Consultor independiente), Eduardo Leiderman (Universidad de
Palermo), Alexis Mussa (Consultor independiente), Esteban Toro
Martínez (Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación), Fabián Triskier (PAMI e INECO), Ernesto Walhberg
(Consultor independiente), Silvia Wikinski (CONICET, Universidad de
Buenos Aires).
Consejo de redacción
Comité de redacción Secretario: Martín Nemirovsky (Proyecto Suma, Buenos Aires, Argentina).
Daniel Abadi (Proyecto Suma, Buenos Aires, Argentina); Adriana Bula-
cia (Universidad de Buenos Aires, Argentina); Julián Bustin (Universidad
Favaloro, Argentina); José Capece (Consultor independiente, Argentina);
Pablo Coronel (Cuerpo Médico Forense, Argentina); Sebastián Cukier
(Consultor independiente, Argentina); Irene Elenitza (Consultora in-
dependiente, Argentina); Laura Fainstein (Hospital “C. G. Durand”, Ar-
gentina); Aníbal Goldchluk (Consultor independiente, Argentina); Ser-
gio Halsband (Asociación de Psiquiatras Argentinos, Argentina); Luis
Herbst (Consultor independiente, Argentina); Edith Labos (Universidad
de Buenos Aires, Argentina); Elena Levy Yeyati (Asociación Mundial de
Psicoanálisis, Francia); Silvina Mazaira (Hospital “T. de Alvear, Argentina);
Mariana Moreno (Consultor independiente, Argentina); Mariano Motuca
(Universidad Nacional de Cuyo, Argentina); Nicolás Oliva (Cuerpo Mé-
dico Forense, Argentina); Federico Pavlovsky (Dispositivo Pavlovsky, Ar-
gentina); Ramiro Pérez Martín (Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil,
Argentina); Demián Rodante (Hosp. Neuropsiquiátrico "B. A. Moyano");
Diana Zalzman (Universidad de Buenos Aires, Argentina); Judith Szulik
(Universidad de Tres de Febrero, Argentina); Juan Tenconi (Universidad
de Buenos Aires, Argentina).
México: María Dolores Ruelas Rangel (Grupo Latinoamericano de
Estudios Transculturales). Colombia: Jairo González (School of Medicine
and Health Sciences, Universidad del Rosario). Venezuela: Miguel Ángel
De Lima Salas (Universidad Central de Venezuela). Francia: Eduardo
Mahieu (Cercle Henri Ey). Reino Unido: Catalina Bronstein (British
Psychoanalytic Association).
Corresponsales
Universitario de Ginebra). Uruguay: Humberto Casarotti (Universidad
Católica); Álvaro Lista (MacGill University). Venezuela: Carlos Rojas
Malpica (Universidad de Carabobo).
Comité cientíco
EDITORIAL
En los últimos años se ha evidenciado, en el dominio de las nosografías
psiquiátricas, una crisis en la serie de los DSM, cuya versión 5 ha sido
ampliamente cuestionada en varios de sus fundamentos.
Haciéndose eco de esas críticas, la American Psychiatric Association
creó en 2024 un “Comité Estratégico para el futuro del DSM”. Este or-
ganismo cuenta con tres subcomisiones encargadas de informar sobre
distintos aspectos del futuro manual: la estructura que adoptará y la
dimensionalidad de los trastornos psiquiátricos; el funcionamiento y la
calidad de vida a considerar en cada diagnóstico; y la presencia de bio-
marcadores y otros factores biológicos que puedan detectarse e incidir
en la determinación del cuadro clínico.
La presidenta del Comité Estratégico, María A. Oquendo, publicó re-
cientemente, junto con otros integrantes del organismo, los propósitos
generales jados para su labor (ver: "Estrategia inicial para el futuro del
DSM", Psychiatry On Line, 27/1/2026). En su balance de los contenidos
incorporados a lo largo de la serie del manual, Oquendo enumera las
críticas recibidas reiteradamente por múltiples autores, incluidas aque-
llas que hemos formulado en diversos editoriales y artículos de Vertex, a
lo largo de los cuarenta y cinco años transcurridos desde que el DSM-III
fuera dado a conocer. Esta tardía autocrítica debería ser recibida favo-
rablemente, aunque solo el tiempo dirá si el producto nal que proyec-
tan elaborar para sustentar las nociones que habrán de fundamentar el
DSM-6 constituirá una verdadera corrección de las versiones anteriores
o un simple maquillaje de reduccionismos radicales o eclecticismos su-
perciales que conduzcan a nuevos impasses en la comprensión de los
trastornos mentales.
Algunas de las ideas actualmente en consideración por el Comité in-
cluyen propósitos de alto voltaje epistemológico, como por ejemplo el
alejamiento del ateorismo (que los autores denen como “agnosticismo
teórico”) y la aceptación de que la biología interactúa con el entorno
contextual —que incluye las experiencias históricas, sociales y cultura-
les— para determinar la presentación clínica de los trastornos mentales.
En ese marco se propone considerar “el funcionamiento; la calidad de
vida; la gravedad; los determinantes socioeconómicos, culturales y am-
bientales de la salud mental; los factores de desarrollo y la evaluación del
riesgo de suicidio, en evaluaciones diagnósticas más holísticas”.
Para lograrlo, el Comité propone utilizar un lenguaje descriptivo que
al mismo tiempo incorpore datos de biomarcadores y otros factores
biológicos, aunque reconoce que “la mayoría de estos factores aún se
encuentran en sus etapas iniciales”.
El objetivo principal del Comité es determinar la dirección estratégica
para el futuro del DSM, que proyectan para el año 2030, y para el cual
proponen incluso un nuevo nombre: “Manual diagnóstico y cientíco”,
en lugar de estadístico, término que consideran obsoleto.
Al mismo tiempo, se encomendó al Comité conceptualizar de qué modo
estos avances cientícos pueden fundamentar la estructura, la denición
y los criterios diagnósticos de los trastornos incluidos en el DSM, y ar-
monizarlos al máximo con la CIE-11, los Criterios del Dominio de Inves-
tigación (RDoC) y la Taxonomía Jerárquica de la Psicopatología (HiTOP),
así como con otras propuestas nosológicas de discutible efectividad, a
juzgar por los resultados obtenidos con su aplicación hasta el presente
después de más de una década de investigación.
Cabe preguntarse si estas promesas, encaminadas hacia un enfoque de
tinte más antropológico, permiten alentar expectativas positivas respec-
to de la denición de los trastornos mentales y si, al denir de otra
manera —sobre la base de otros principios— la forma de los síndromes
psiquiátricos repercutirá en la terapéutica y planteará nuevos criterios
de aplicación de los tratamientos psicosociales, psicoterapéuticos y psi-
cofarmacológicos.
EDITORIAL
Juan Carlos Stagnaro
ÍNDICE
7
14
Editorial
Artículos
Evaluación de los estereotipos negativos hacia la vejez en población mayor de 60 años en
el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. Cecilia M. Serrano, Josena Barber Otero, Lucía
Brolese, Marcos G. Sorbara
Implementación de la Ley de Salud Mental en Uruguay: la noticación de internaciones
en el marco de la Ley 19.529. Jorge Chavez Bidart, Germán Dorta, Nicolás Rodríguez,
Gabriela Pérez
Barreras en la psicoeducación de pacientes usuarios de antipsicóticos: un enfoque so-
bre la conciencia de enfermedad. María Noelia Vivacqua, Cecilia Mazal, María Florencia
Grande Ratti
Maltrato infantil y trastornos de la conducta alimentaria: un estudio transversal en
adultos jóvenes. Guillermo Insfran, Benjamín Lezcano Díaz, Nadia Giménez, Liz Ortega
La "máquina de apretar": expresiones alternativas de sociabilidad en el autismo. Un estu-
dio de caso basado en una autobiografía de Temple Grandin. Viviana López Torres
Actualización de los principales trastornos de la conducta alimentaria (anorexia ner-
viosa y bulimia): una revisión narrativa de la literatura. Mateo López-Trujillo, Sara María
Gómez-Restrepo, Sebastián Hoyos-Sanabria,Valentina Vela-Arbeláez
Persona y ambiente: una revisión narrativa sobre la importancia del contexto en la te-
rapia asistida con psicodélicos. Daniel Arroyo-Zúñiga, Javeth Calvo-Molina, José Manuel
Rodríguez-Arce
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: tercera parte. Linea-
mientos para el abordaje integral del tratamiento. Alejo Corrales, Andrea Abadi, Asocia-
ción de Ayuda de Familiares de Personas con Esquizofrenia (AAFE), Gastón Bartoli, Carlos
Benavente Pinto, Adrián Cabrera, Sebastián Camino, Ricardo Corral, Guillermo Delmonte,
Gerardo García Bonetto, Cristian Javier Garay, Damián Gargolo, Pedro Gargolo, Aníbal
Goldchuk, María Florencia Iveli, Gabriela Jufe, Fabián Lamaison, Eduardo Leiderman,
Andrea López Mato, Eliana Marengo, Tomás Maresca, María Delia Michat, Carlos Morra,
Cintia Prokopez, Julieta Ramírez, Federico Rebok, Eduardo Rubio Domínguez, Daniel Sotelo,
Sergio Strejilevich, Esteban Toro Martínez, Gustavo Vázquez, Juan José Vilapriño, Manuel
Vilapriño, Marcela Waisman Campos, Veronica Grasso, Marcelo Cetkovich-Bakmas
Sobre la Noticación Obligatoria de conducta suicida al Sistema Nacional de Vigilancia
de salud en Argentina. Lucía Valdez D´Stefano, Sebastián Malleza, Guilherme Santos
Marques da Silva, Felicitas Cayol, Julieta Pinto, Bernardo Julio Martínez, León Daniel
Matusevich, María Florencia Grande Ratti
23
33
41
50
59
72
3
127
ÍNDICE
El rescate y la memoria
Eric David Wittkower: los estudios psicosomáticos entre Europa y América. Norberto
Aldo Conti
Carta de Lectores
El algoritmo como soporte al criterio clínico. Daniel Hincapie, Oscar Valcárcel, Gina Va-
lenzuela, Ximena Acosta
Lecturas
En nombre propio. Sara Ardila-Gómez
135
147
149
Investigación original
7
Resumen
Introducción: El edadismo o discriminación por edad implica actitudes negativas hacia las personas mayores,
incluidas creencias, emociones y conductas. Es una construcción social inconsciente, presente desde edades
tempranas y entre los mayores, que diculta su erradicación. Limita la integración social y laboral, incrementa
la soledad y constituye un factor de riesgo para el deterioro cognitivo. Este estudio utiliza el Cuestionario de
Estereotipos Negativos hacia la Vejez (CENVE) para evaluar edadismo en adultos mayores de 60 años. Materia-
les y métodos: Estudio observacional transversal aprobado por el CEI institucional. Se distribuyó digitalmente el
CENVE, que evalúa estereotipos relacionados con salud, motivación-social y carácter-personalidad, asignando
puntajes según creencias negativas. También se recopilaron datos demográcos, de escolaridad y formación
académica en envejecimiento. Se analizaron diferencias entre subgrupos. Resultados: Participaron 329 adultos
mayores (77.8 % mujeres): 41.6 % tenían entre 60-70 años, 36.3 % entre 70-80 años, y 9.9 % más de 80 años.
Un 77.8 % tenía más de 12 años de escolaridad y 16.1 % formación académica en envejecimiento. Las media-
nas de CENVE fueron: salud, 10 (RIC 5); motivación-social, 10 (RIC 5); carácter-personalidad, 11 (RIC 5.25).
Discusión y conclusiones: La mayor escolaridad y formación académica sobre envejecimiento se asociaron con
menores puntajes de CENVE. Esto sugiere que la educación podría contrarrestar estereotipos negativos.
Difundir conocimiento podría reducir el auto estigma, mejorar la calidad de vida y disminuir el riesgo de de-
terioro en adultos mayores.
Palabras clave: edadismo, educación, estereotipos, estigma, deterioro cognitivo
Abstract
Introduction: Ageism, or discrimination based on age, encompasses negative attitudes toward older adults, including
stereotypes, emotions, and behaviors. It is a deeply ingrained social construct, often unconscious, that emerges early in
life and persists even among older individuals. Ageism hinders social and professional integration, increases loneliness,
and poses a potential risk for cognitive decline. This study aims to assess the prevalence of ageism in adults over 60
using the Negative Stereotypes Towards Aging Questionnaire (CENVE). Materials and Methods: This cross-sectional
observational study was approved by the institutional ethics committee. The CENVE questionnaire, distributed digitally,
Evaluación de los estereotipos negativos hacia la vejez en población
mayor de 60 años en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires
Assessment of negative stereotypes towards ageing in a population over 60 years old in
Buenos Aires City
Cecilia M. Serrano1, Josena Barber Otero2, Lucía Brolese3, Marcos G. Sorbara4
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 7-13.
RECIBIDO 16/1/2025 - ACEPTADO 4/7/2025
1.Carrera de Investigador cientíco (CIS), Coordinadora Sección de Cognitivo, Servicio de Neurología, Unidad Asistencial Dr. César Milstein, CABA,
Argentina. ILC (Centro Internacional de Longevidad de Argentina). Hospital General de Agudos A. Zubizarreta, CABA, Argentina.
https://orcid.org/0000-0003-3699-1611
2.Neuróloga; Instructora de residentes, Servicio de Neurología, Unidad Asistencial Dr. César Milstein, CABA, Argentina.
https:// orcid.org/0009-0008-4478-0359
3.Neuróloga; Jefa de residentes, Servicio de Neurología, Unidad Asistencial Dr. César Milstein, CABA, Argentina.
https://orcid.org/0009-0006-2056-7612
4.Neurólogo; Médico de Planta, Servicio de Neurología, Unidad Asistencial Dr. César Milstein, CABA, Argentina.
https://orcid.org/0000-0002-6668-1895
Autora correspondiente
Cecilia M. Serrano
dracmserrano@gmail.com
Institución donde se realizó el estudio: Hospital General de Agudos “A. Zubizarreta”, CABA, Argentina.
https:
8
Evaluación de los estereotipos negativos hacia la vejez en población mayor de 60 años...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 7-13.
Introducción
La discriminación por edad o edadismo, se caracteri-
za por actitudes negativas hacia las personas mayores.
Se compone de tres dimensiones: estereotipo (aspecto
cognitivo), prejuicio (aspecto afectivo) y discrimina-
ción (aspecto conductual) (Butler, 1969; Cary et al.,
2017). Si bien puede existir un edadismo positivo y ne-
gativo, se ha prestado más atención a este último por ser
el más dañino y al mismo tiempo el más común, pese
a lo cual no está identicado ni sancionado tan estric-
tamente como otras formas de discriminación, como el
racismo o el sexismo (Ben-Harush et al., 2017; Sánchez
Palacios, Trianes Torres, & Blanca Mena, 2009).
Alguno de los estereotipos más comunes sobre
la vejez describen a esta etapa como un período de
enfermedad física y mental, deterioro cognitivo, de-
bilidad, fragilidad, dependencia, aislamiento, incom-
petencia para realizar actividades, poco interés por el
sexo, personalidad irritable y de mal genio, y un retro-
ceso que lleva a 'volverse como niños' (Blanca Mena,
Sánchez Palacios, & Trianes, 2005; Castellano Fuentes
et al., 2010). Sin embargo, la evidencia muestra que
muchas de estas creencias no son correctas ni gene-
ralizables a todos los individuos de este grupo etario;
ya que muchas personas mayores se mantienen con
buena salud, participan activamente en su entorno y
desarrollan recursos adaptativos para manejar el es-
trés (Levy, 2009; Lasagni Colombo et al., 2012).
La discriminación por edad se presenta como una
construcción social compleja, inserta en la cultura y
por ello difícil de erradicar. Además, opera a nivel in-
consciente, lo que diculta su reconocimiento y, por
tanto, facilita su perpetuación. El problema se agra-
va cuando la discriminación por edad se internaliza
desde edades tempranas, lo que puede dar lugar a una
profecía auto cumplida: las propias personas mayores
actúan de acuerdo con estas creencias, afectando su
salud mental y física (Menéndez Álvarez-Dardet et al.,
2016; Han, 2017).
Los estudios muestran que las personas con un
mayor nivel de discriminación por edad, tienen más
síntomas de depresión y ansiedad, menores propósi-
tos en la vida, más limitaciones físicas, peores estrate-
gias de adaptación a eventos negativos sobre la salud,
disminución del contacto social y mayor sensación de
soledad (Kim, et al., 2019; Burnes et al., 2019). Asi-
mismo, se ha reportado que una percepción positiva
del envejecimiento se asocia con un incremento en la
esperanza de vida de hasta 7,5 años (Levy, 2009).
Entre los efectos del edadismo para las personas
mayores se ha encontrado que produce estrés cardio-
vascular (Bailey et al., 2019); condiciona una percep-
ción negativa, retrasando la realización por ejemplo
de adaptaciones estructurales de la vivienda y puede
conllevar riesgo de auto-exclusión y menor presencia
y representación en medios de comunicación y acti-
vidades públicas, con la consecuente invisibilización
y ausencia de participación en la toma de decisiones
(Blanca Mena, Sánchez Palacios, & Trianes, 2005).
Además, limita el acceso al mercado laboral de per-
sonas de mayor edad. Puede generar dicultad en el
acceso a información y servicios, debido a la trans-
formación tecnológica, que supone una brecha digi-
tal. Esto a su vez puede inuir también en actitudes
negativas en la prestación de cuidados a largo plazo
limitando los recursos orientados a la patología cróni-
ca y perpetuando el modelo de atención orientado a la
enfermedad aguda (OMS, 2011).
Investigar sobre el edadismo es crucial porque se
trata de un factor potencialmente modicable cuyo
abordaje podría mejorar la calidad de vida de las per-
sonas mayores, fomentando una atención sanitaria
evaluates stereotypes in three domains: health, social motivation, and character-personality, assigning scores to quan-
tify negative beliefs. Additional data on demographics, education, and academic training in aging were collected, and
subgroup comparisons were conducted. Results: A total of 329 participants (77.8% women) were included: 41.6%
were aged 60-70, 36.3% aged 70-80, and 9.9% were over 80. Most participants (77.8%) had more than 12 years of
education, and 16.1% had formal academic training in aging. Median CENVE scores were: health, 10 (IQR 5); social
motivation, 10 (IQR 5); and character-personality, 11 (IQR 5.25). Discussion and Conclusions: Higher education
and academic training in aging were signicantly associated with lower CENVE scores, suggesting that knowledge and
education help counteract negative stereotypes about aging. Promoting awareness and understanding of aging could be
an effective strategy to reduce self-stigma, enhance quality of life, and lower the risk of cognitive decline in older adults.
Keywords: ageism, education, stereotypes, stigma, cognitive decline
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Evaluación de los estereotipos negativos hacia la vejez en población mayor de 60 años...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 7-13.
más equitativa y respetuosa, y promoviendo una ma-
yor participación social (Menéndez Álvarez-Dardet et
al., 2016).
Materiales y métodos
Se realizó un estudio descriptivo observacional trans-
versal mediante una encuesta auto administrada. La
muestra se obtuvo por conveniencia, reclutando a par-
ticipantes a través de medios digitales (Google Forms)
tras obtener el consentimiento informado. La muestra
incluyó personas de 60 años o más sin deterioro cogni-
tivo, edad que se considera el inicio del envejecimiento
según parámetros utilizados en la literatura cientíca
y normativas internacionales (OMS, 2021; Menéndez
Álvarez-Dardet et al., 2016, Blanca Mena et al., 2005).
Durante el proceso de recolección de datos, tam-
bién completaron el cuestionario algunos participan-
tes menores de 60 años. Si bien este grupo no formaba
parte del objetivo original del estudio, sus datos fue-
ron incluidos y analizados de manera diferenciada, en
tanto aportan una perspectiva complementaria sobre
las actitudes hacia la vejez desde otros grupos etarios.
Para evaluar los estereotipos negativos hacia la ve-
jez se empleó el Cuestionario de Estereotipos Nega-
tivos hacia la Vejez (CENVE), instrumento validado
en España con una muestra de 757 personas mayores
de 60 años (Blanca Mena et al., 2005). Dicha encues-
ta evalúa los aspectos cognitivos de la discriminación
por edad a través de 15 ítems, divididos en 3 módu-
los sobre los estereotipos de las personas mayores:
1- estereotipos sobre la salud 2- estereotipos sobre la
motivación social y 3- estereotipos sobre el carácter
y la personalidad. Cada ítem se valora en una esca-
la tipo Likert de 4 puntos (de 1 a 4), de modo que la
puntuación de cada módulo oscila entre 5 y 20, y la
puntuación total (máxima de 60) reeja el grado de
internalización de estereotipos negativos. Puntuacio-
nes altas indican un elevado grado de creencia en los
estereotipos negativos de la vejez, mientras que pun-
tuaciones bajas indican un menor nivel de creencia en
tales estereotipos negativos.
Este trabajo fue aprobado por un comité de ética
en investigación institucional y se encuentra sujeto a
las Reglas ICH de Buenas Prácticas Clínicas.
Por falta de estudios previos similares se realizó
un cálculo del tamaño muestral con una muestra de
conveniencia de 384 pacientes para tener un IC 95 %
de que la proporción será 50 % +/- 5. Los datos reco-
pilados se tabularon y se realizó un análisis descripti-
vo inicial de las variables, con utilización de media o
mediana o cálculo de proporciones según correspon-
da (variables cuantitativas o categóricas). En segundo
lugar, las distribuciones de las respuestas se compa-
raron entre grupos mediante una prueba de Krus-
kal-Wallis. Finalmente se realizó un análisis bivariado
de las variables cuantitativas utilizando la prueba de
Mann-Whitney. El análisis estadístico se realizó me-
diante el paquete estadístico SPSS 25 (SPSS, Chicago,
IL), el nivel de signicancia se estableció en 0.05.
Resultados
Se recabaron 385 respuestas de las cuales 10 fueron
eliminadas por datos incompletos y 46 (12.3 %) fue-
ron respondidas por sujetos menores de 60 años por
lo cual este subgrupo fue analizado en otro apartado.
El análisis principal se realizó nalmente con 329
respuestas.
Los participantes se dividieron en tres subgrupos
etarios: 156 (41.6 %) tenían entre 60 y 70 años, 136
(36.3 %) entre 70 y 80 años y 37 (9.9 %) eran mayores
de 80 años. El resto de los datos demográcos se mues-
tran en la Tabla 1.
La escala CENVE contiene tres factores: salud,
motivación-social y carácter-personalidad, compues-
to por 5 ítems cada uno. En relación con los estereo-
tipos sobre la salud, la mediana fue de 10 (RIC 5). En
referencia a los estereotipos de motivación-social la
mediana de respuestas también fue de 10 (RIC 5). Por
último, en relación con el factor carácter-personalidad
la mediana fue de 11 (RIC 5.25) (ver Cuadros 1, 2 y 3).
Se comparó el puntaje total de la escala CENVE
entre diferentes grupos etarios y género sin encontrar-
se diferencias estadísticamente signicativas. Se ob-
servó que a mayor nivel de escolaridad y en aquellos
con formación académica en temas de envejecimien-
to, el puntaje total de la escala fue menor. No hubo
diferencias estadísticamente signicativas al compa-
rar el puntaje total según la convivencia con adultos
mayores, la situación laboral ni la actividad física.
El subgrupo de participantes menores de 60 años
(n = 46) se analizó de forma separada (ver Cuadros
4, 5 y 6). Con respecto a las respuestas de la encuesta
CENVE, las respuestas en relación al factor motiva-
cional-social la mediana fue de 10 (RIC 4.5), con valo-
res similares a los mayores de 60 años. En referencia al
factor salud presentaron una mediana de 11 (RIC 4.5);
y con respecto al factor carácter-personalidad la me-
diana fue de 12 (RIC 4.5), ambos muestran una ten-
dencia levemente superior a los mayores de 60 años,
sin ser estadísticamente signicativa.
10
Evaluación de los estereotipos negativos hacia la vejez en población mayor de 60 años...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 7-13.
Tabla 1. Características demográcas de los participantes
Variable Total (n = 329) Porcentaje(%)
Sexo
Mujer 256 77.8 %
Hombre 73 22.2 %
Edad
60-70 años 156 41.6 %
70-80 años 136 36.3 %
Más de 80 años 37 9.9 %
Nivel educativo
Menos de 6 años de
escolaridad 11 3.3 %
Entre 6 y 12 años de
escolaridad 58 17.6 %
Más de 12 años de
escolaridad 256 77.8 %
Escolaridad urbana
313 95.1 %
Situación laboral
Jubilado sin trabajar 201 61.1 %
Jubilado pero continúa
trabajando 88 26.7 %
No jubilado y continúa
trabajando 37 11.2 %
Situación de convivencia
Vive en pareja 150 46.6 %
Vive solo 143 43.5 %
Actividad física
Realizan actividad física 248 75.4 %
Frecuencia (2-3 días por
semana) 138 41.9 %
Frecuencia (4-5 días por
semana) 77 23.4 %
Vida social activa
287 87.2 %
Vínculo con adultos mayores
Ha trabajado con
adultos mayores 54 16.4 %
Convive con adultos
mayores 115 34.9 %
Formación académica
en adultos mayores 53 16.1 %
Acceso a la salud
Realiza controles
periódicos 314 95.4 %
Tiene médico de
cabecera 264 80.2 %
Cuadro 1. Resultados del Factor salud
Cuadro 2. Resultados del Factor motivacional social
Cuadro 3. Resultados del Factor carácter - personalidad.
11
Evaluación de los estereotipos negativos hacia la vejez en población mayor de 60 años...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 7-13.
Discusión
Los resultados de este estudio destacan la importancia
del nivel educativo y la formación académica en la re-
ducción de los estereotipos negativos hacia la vejez, es
decir, el auto estigma en personas mayores de 60 años.
Estos hallazgos se alinean con estudios previos que se-
ñalan que un mayor nivel de instrucción actúa como
factor protector frente a la internalización de estereoti-
pos negativos (Levy, 2009; Marquet et al., 2016) y que
las creencias estigmatizantes, ya sean hacia la vejez o
condiciones como la demencia, se perpetúan debido a
la falta de conocimiento y a prejuicios sociales profun-
damente arraigados (World Alzheimer Report, 2024).
Es importante aclarar que, mientras algunos estu-
dios abordan el estigma social (las actitudes negativas
Cuadro 4. Resultados del Factor salud
Cuadro 5. Resultados del Factor motivacional social
Cuadro 6. Resultados del Factor carácter - personalidad.
que otros tienen hacia las personas mayores), el pre-
sente trabajo se centra en el auto estigma, es decir, la
internalización de estas creencias negativas por parte
de los propios adultos mayores. La educación podría
facilitar una mayor comprensión de los procesos del
envejecimiento y dotar de herramientas para cuestio-
nar los estereotipos, promoviendo una visión más po-
sitiva de la propia vejez (Burnes et al., 2019).
Tanto los adultos mayores como las personas con
demencia interiorizan creencias negativas, lo que li-
mita su participación social y fomenta un círculo de
aislamiento. los mecanismos del auto estigma son
complejos y que las intervenciones educativas deben
ser especícas para abordarlo ecazmente (Burnes et
al., 2019). En este contexto, aunque el World Alzhei-
mer Report 2024 discute principalmente el estigma
social hacia personas con demencia, su contenido re-
sulta útil para comprender cómo el desconocimiento
y los prejuicios culturales también afectan la autoima-
gen de los adultos mayores.
Aunque nuestro estudio no encontró diferencias
signicativas en estereotipos según género o edad
dentro del grupo mayor de 60 años, se evidenció una
relación inversa entre nivel educativo y el edadismo,
evaluado por la puntuación en el CENVE. Esto es si-
milar a las tendencias observadas en el reporte glo-
bal (Aguzzoli, C. S, 2024), donde los estigmas hacia
la demencia fueron menores en contextos con mayor
educación y recursos. Estos resultados sugieren que
invertir en educación y sensibilización tiene el poten-
cial de contrarrestar creencias estigmatizantes.
12
Evaluación de los estereotipos negativos hacia la vejez en población mayor de 60 años...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 7-13.
Este estudio enfrenta limitaciones metodológicas,
entre las que destaca el sesgo de selección asociado
al método de distribución digital de la encuesta. Esto
podría haber excluido a adultos mayores con menor
acceso o familiaridad con la tecnología, limitando la
representatividad de los resultados y dejando fuera a
grupos potencialmente más vulnerables. Estos aspectos
resaltan la importancia de considerar enfoques comple-
mentarios de recolección de datos que permitan incluir
a una población más diversa y representativa.
Conclusiones
Este estudio aporta evidencia sobre el impacto del ni-
vel educativo y la formación académica en la interna-
lización de estereotipos hacia la vejez. Los hallazgos
refuerzan la idea de que una mayor formación acadé-
mica no solo mejora el conocimiento sobre el enve-
jecimiento, sino que también puede actuar como un
factor protector frente al autoestigma, que afecta la
calidad de vida de los adultos mayores.
La implementación de estrategias educativas trans-
generacionales y el fomento de políticas públicas orien-
tadas a un envejecimiento activo e inclusivo, podrían
ser herramientas efectivas para abordar estos desafíos.
Tal como sugiere el World Alzheimer Report 2024, el
cambio comienza con la eliminación de prejuicios a
nivel individual y estructural, promoviendo entornos
sociales y de atención más inclusivos.
Los hallazgos de este estudio pueden ser de utili-
dad para diseñar futuras intervenciones destinadas a
la prevención del autoestigma y mejorar la calidad de
vida en los adultos mayores, con implicancias directas
para la práctica clínica, las políticas públicas y la so-
ciedad en general.
Conicto de intereses: los autores declaran no pre-
sentar conicto de intereses.
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Investigación original
14
Resumen
En Uruguay, la Ley de Salud Mental 19.529 plantea el deber de noticar las internaciones involuntarias,
judiciales y voluntarias de más de 45 días por parte de los prestadores de servicios de salud. Las noticaciones
deben dirigirse a la Comisión Nacional de Contralor de la Atención en Salud Mental y a la Institución Nacional
de Derechos Humanos, iniciando la recepción de las mismas en 2019. El período de ejercicio de la Comi-
sión de Contralor es de tres años, por lo que se tomó ese período para realizar un estudio observacional
descriptivo de corte transversal sobre las noticaciones de internación recibidas por la INDDHH. El estudio
implicó la sistematización y descripción de diferentes variables contenidas en un formulario elaborado por la
Comisión de Contralor para que los prestadores de salud realizaran las noticaciones.
Se sistematizaron 194 formularios de los que resulta que las noticaciones se dan en un mayor número por
parte de prestadores públicos y se concentran en la capital del país y zonas aledañas, constatándose la inexis-
tencia de noticaciones en gran parte del país. Los contenidos relevados en el formulario permiten consta-
tar que es necesario ampliar la información recogida y la riqueza de la misma para alcanzar un seguimiento
efectivo de las internaciones. Además, se evidencia la centralidad en la dirección técnica del establecimiento
en el llenado de los formularios, que al vincularla con la preeminencia de las estrategias de intervención y las
terapéuticas indicadas muestran la débil presencia e incidencia de los equipos interdisciplinarios.
Palabras claves: salud mental, internaciones, noticaciones, Uruguay
Abstract
In Uruguay, the Mental Health Law No. 19.529 establishes the duty of health service providers to report involuntary,
judicial and voluntary hospitalisations of more than forty-ve days. Notications should be addressed to the National
Commission for the Control of Mental Health Care and the National Human Rights Institution, with receipt of notica-
tions commencing in 2019. The period of exercise of the Control Commission is three years, so this period was taken to
carry out a descriptive observational cross-sectional study on the hospitalisation notications received by the INDDHH.
The study involved the systematisation and description of different variables contained in a form prepared by the Con-
trol Commission for health care providers to make notications. A total of 194 forms were systematised, showing that
most notications are made by public service providers and are concentrated in the country's capital and surrounding
Implementación de la Ley de Salud Mental en Uruguay: la noti-
cación de internaciones en el marco de la Ley 19.529
Implementation of the Mental Health Law in Uruguay: the notication of hospitalizations
under Law 19.529
Jorge Chavez Bidart1, Germán Dorta2, Nicolás Rodríguez3, Gabriela Pérez4
RECIBIDO 12/4/2024 - ACEPTADO 28/1/2025
1.Doctor en Psicología. Prof. Titular de Facultad de Psicología (UdelaR). Montevideo, Uruguay. https://orcid.org/0000-0002-8123-6431
2.Mag. en Psicología Social. Asistente de Facultad de Psicología con Dedicación Total (UdelaR). https://orcid.org/0000-0002-1727-2366
3.Doctor en Salud Colectiva. Prof. Agregado de Facultad de Psicología (UdelaR). https://orcid.org/0000-0002-3674-9801
4.Licenciada en Psicología (UdelaR). https://orcid.org/0000-0001-5365-6992
Autor correspondiente
Germán Dorta
gdorta@psico.edu.uy
Institución donde se realizó la investigación: Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo y Facultad
de Psicología (UdelaR).
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 14-22.
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Implementación de la Ley de Salud Mental en Uruguay...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 14-22.
Introducción
En el año 2017 Uruguay cambió la legislación en salud
mental. La ley N° 9.581 de asistencia a psicópatas del
año 1936, dejó de estar vigente y se promulgó la Ley de
Salud Mental N.º 19.529, adoptando una perspectiva de
respeto a los derechos humanos de todas las personas,
especialmente a personas usuarias de servicios de salud
mental (Uruguay, 2017, art. 1). La nueva ley establece
cambios en la orientación de la atención en salud men-
tal impulsando la desinstitucionalización de las perso-
nas internadas mediante el cierre de establecimientos
asilares y monovalentes (Uruguay, 2017, art. 37). Esta
meta asume las deniciones planteadas en la Declara-
ción de Caracas de 1990 (Organización Panamericana
de la Salud [OPS], 1990), referidas a que las estrategias
de atención exclusivamente hospitalarias tienden a
vulnerar los derechos de las personas usuarias. En este
sentido, el cambio legislativo en Uruguay acompasa los
cambios regionales en materia de salud mental y dere-
chos humanos. Puccio (2015) plantea que, en las últi-
mas décadas en la región, se dieron procesos de reforma
de la atención en salud mental, que además de señalar
la proclividad del hospital psiquiátrico a la vulneración
de derechos, plantean nuevas formas de abordaje en la
atención. Salzer (2017), en relación a la atención en sa-
lud mental, argumenta que la inclusión de las personas
con trastornos mentales en la comunidad es un dere-
cho. Esto explica por qué, además de la orientación co-
munitaria enfatizada en las políticas públicas actuales,
se requieren mecanismos y procedimientos claros que
respalden esta referencia.
El artículo 29 de la Ley de Salud Mental prescribe
el deber de noticación por parte de los prestadores
de salud. Las noticaciones deben realizarse en casos
de hospitalizaciones voluntarias e involuntarias que se
prolonguen por un período mayor a 45 días y de las
internaciones por orden judicial, las primeras en las
72 horas siguientes a cumplirse 45 días y las segundas
24 horas máximo luego de efectivizarse. Las notica-
ciones se dirigen a la Institución Nacional de Dere-
chos Humanos y Defensoría del Pueblo (en adelante
INDDHH) y a la Comisión Nacional de Contralor de
la Atención en Salud Mental (en adelante CNCASM).
Esta última fue creada por la Ley de Salud Mental y
tiene como cometido el control del cumplimiento de
la ley con especial interés en el resguardo de los “dere-
chos humanos de las personas con trastorno mental
(Uruguay, 2017, art. 40).
La noticación es un procedimiento novedoso que
la ley no denió el modo ni los instrumentos para su
efectivización. Este proceso debió instrumentarse pro-
gresivamente ya que no existía un modo instituido de
realizarlas, por lo que las primeras noticaciones se rea-
lizaron por medio de correo electrónico a las institucio-
nes encargadas del monitoreo de la ley. La CNCASM se
instaló a nes del 2018 y de sus primeras tareas fueron
la elaboración de dos formularios web, uno para reali-
zar denuncias y otro para noticaciones de internacio-
nes, que comenzaron a implementarse a mediados del
2020. El uso de los formularios web por parte de los
prestadores de salud aún no se ha logrado consolidar,
por lo que las denuncias y noticaciones del primer pe-
ríodo de la CNCASM, llegaron por diferentes vías tanto
a la Comisión como a la INDDHH, haciendo difícil su
caracterización y la posterior sistematización.
Las noticaciones son una práctica incluida en las
reformas legislativas de salud mental en la región. Tru-
ello et al. (2017) mencionan que, en la región, países
como Argentina, Brasil y Colombia, en sus legisla-
ciones incluyeron mecanismos y procedimientos de
monitoreo de las internaciones en salud mental. Para
Gable et al. (2005) las legislaciones buscan generar un
debido proceso sustantivo de internación, basado en
criterios terapéuticos y técnicos, además de garantizar
un proceso legal justo. En este trabajo se plantea que
las internaciones involuntarias deben seguir procedi-
mientos legales especícos para evitar la arbitrariedad
y proteger los derechos de las personas en situación de
vulnerabilidad.
areas, and that there are no notications in a large part of the country. The contents of the form show that it is neces-
sary to expand the information collected and its richness in order to achieve an effective follow-up of hospitalisations.
In addition, it is evident that the technical management of the establishment is central to the completion of the forms,
which, when linked to the pre-eminence of the intervention strategies and indicated therapies, shows the weak presence
and incidence of the interdisciplinary teams.
Keywords: mental health, hospitalizations, notify, Uruguay
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Implementación de la Ley de Salud Mental en Uruguay...
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La protección de los derechos de las personas con
problemas de salud mental fue aprobada por Naciones
Unidas en 1991, justicando la existencia de órganos
de monitoreo y de revisión de internaciones, princi-
palmente las involuntarias. La función de monitoreo
genera condiciones para implementar tratamientos
más efectivos, hace posible el seguimiento de la aten-
ción recibida por las personas usuarias y a su vez,
permite ajustar los marcos jurídicos que se ocupan de
estas situaciones (Amado, 2006; Bersani et al., 2020;
Gable et al.,2005; Pellegrini, 2005).
Si bien la bibliografía académica sobre la notica-
ción y monitoreo de las internaciones en salud mental
es escasa a nivel regional e internacional, esto no impi-
de visualizar la importancia del tema dado los cambios
en las legislaciones de distintos países que incluyen el
monitoreo de internaciones involuntarias y prolonga-
das, así como el deber de noticar. Es posible que lo
reciente de estos cambios, incide en lo poco que ha sido
abordado el tema desde un punto de vista académico.
En el contexto del cambio de legislación en Uru-
guay, orientando la atención sobre el ámbito comu-
nitario a la vez que la descentraliza del espacio hos-
pitalario (Uruguay, 2017, art. 38), es que comienza a
implementar ese el mecanismo de noticación como
forma de regular las prácticas de internación. El pre-
sente estudio buscó sistematizar las noticaciones en
salud mental realizadas a la INDDHH entre 2020 y
2021, a partir del formulario digital estandarizado por
la CNCASM. Dicho formulario da cuenta de los pro-
cedimientos que deben llevar a cabo las direcciones
técnicas de los servicios de salud mental, al momento
de noticar las internaciones involuntarias, judiciales,
voluntarias de más de 45 días. En este sentido, se ex-
pondrán los resultados alcanzados y las conclusiones
que se pueden extraer de ellos.
Materiales y métodos
Se realizó un estudio observacional descriptivo de corte
transversal sobre las noticaciones de internación en el
marco de la implementación de la Ley 19.529 entre el
año 2019 y el año 2022. Estas noticaciones fueron reci-
bidas por la INDDHH y el estudio implicó la sistemati-
zación y descripción de diferentes variables contenidas
en ellas.
La falta de procedimiento para el envío y recepción
de las noticaciones en los primeros años de imple-
mentación de la ley, llevó a que las fuentes de infor-
mación estuvieran dispuestas en diferentes soportes y
formatos. Se identicaron dos modelos de instrumen-
tos de noticación: las notas de prestadores de salud y
los formularios de noticación. Las primeras fueron
elaboradas por las diferentes direcciones técnicas de
los prestadores de salud en función de criterios pro-
pios, conteniendo datos como el nombre de la persona
usuaria, género, edad, ciudad, diagnóstico, institución
de atención, fecha de internación, fecha de reingresos
y del vencimiento de los ingresos. El segundo instru-
mento, elaborado por la CNSASM, proporciona un
mismo y único modelo para todos los prestadores de
salud y unica los datos a ser aportados por las di-
recciones técnicas. Este modelo fue acompañado por
un instructivo para la realización del trámite en línea
dirigido a las direcciones técnicas con fecha de julio
del 2020. Los campos a completar en el formulario
relevan datos de la dirección técnica, lugar de hospi-
talización (dirección, ciudad y contacto), datos de la
persona paciente, el tipo de internación: voluntaria,
involuntaria, judicial; egreso y posteriores hospitali-
zaciones, información sobre la terapéutica indicada si
la internación es voluntaria y supera los 45 días, con-
sentimiento informado del paciente (armativo o ne-
gativo), consentimiento de otro como familiar, juez,
representante legal o dirección técnica. El formulario
está alojado en el sitio web del Ministerio de Salud Pú-
blica y permite el monitoreo de la dirección técnica
que noticó, de la CNCASM y la INDDHH.
Para este estudio se utilizaron tres tipos de fuen-
tes documentales: 1) notas de los prestadores de salud
mental, 2) hojas de cálculo creadas por la INDDHH,
incluyendo información proporcionada por cada no-
ticación, y 3) formularios de noticación recepcio-
nados desde julio del 2020 a diciembre del 2021.
Se generó una matriz de datos procesado de acuer-
do al año y la fuente de procedencia de la noticación.
La cantidad de noticaciones enviadas en 2019 es de
323, en 2020 fueron 198 y en 2021 fueron 147. Poste-
riormente, en conjunto con la INDDHH, se denie-
ron las variables a analizar. Se incluyeron: a) sexo de
las personas internadas; b) carácter público o privado
de los prestadores de salud que noticaron, c) tipos de
hospitalización (involuntaria, voluntaria, judicial); d)
diagnósticos que motivaron la internación; y e) carac-
terísticas de las internaciones de más de 45 días. Espe-
cícamente en esta última variable, se prestó especial
atención a la terapéutica indicada y las estrategias de
tratamiento señaladas por las direcciones técnicas.
En cuanto a las cuestiones éticas, se utilizaron base
de datos anonimizadas de la INDDHH y se contó con
el aval del Comité de Ética en Investigación de la Fa-
cultad de Psicología de la Universidad de la Repúbli-
ca. La técnica de análisis para el procesamiento de las
17
Implementación de la Ley de Salud Mental en Uruguay...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 14-22.
noticaciones implicó un análisis descriptivo de cada
variable y la distribución de frecuencia de estas (Her-
nández et al., 2006).
Resultados
A partir del procesamiento de los datos se generó una
matriz considerando el año y los formatos en que se
vehiculizó la noticación, sea a través de notas o for-
mularios. En el primer año de recepción, el formato
de nota fue la modalidad en las que se vehiculizaron
las noticaciones y a medida que empiezan a imple-
mentarse los formularios digitales, su número va en
aumento mientras que desciende el número de notas.
El formulario digital fue elaborado por la CNCASM y
comenzó a operar en julio del 2020.
En cuanto al total de noticaciones que llegaron
a la INDDHH, se observa un descenso desde 2019 al
2021 tal como se expresa en Tabla 1.
A partir de estos números globales, se discrimi-
naron y cuanticaron las noticaciones de acuerdo al
sexo de las personas hospitalizadas. En este caso, se
tomaron en cuenta los datos recopilados tanto a través
de las noticaciones por formulario, así como por no-
tas. Estos datos se presentan en la Figura 1.
En la Figura 1 se observa un crecimiento en las no-
ticaciones de mujeres hospitalizadas. En el 2019 las
noticaciones de mujeres representan un 25.4 %, en el
2020 el porcentaje es de 34 % y en 2021 un 36.5 %, lo
que resulta en una media de 30.4 % en el trienio. En el
caso de los varones, en el año 2019 se alcanzó un por-
centaje de 74.6 %, en el 2020 representaron el 66 % de
las hospitalizaciones y en 2021 el 63.5 %, con una media
de 69.6 % de noticaciones en los tres años relevados.
Los prestadores de todo el país que deben noticar
las internaciones provienen del ámbito público y del
privado. En el período relevado, si bien los prestado-
res públicos aparecen en un número menor, son quie-
nes notican más. Esto se explica en que el gran nú-
mero de noticaciones procede del prestador público
Hospital Vilardebó, hospital psiquiátrico ubicado en
la capital del país y centro de referencia nacional en
salud mental desde principios de siglo XX. La Tabla 2
muestra las procedencias de los diferentes prestadores
y el número de noticaciones, evidenciándose mayor
número de noticaciones desde el sector público. Los
tres prestadores de ese sector: el Hospital Vilardebó,
el Hospital Militar y el Hospital de Rocha, sumaron
el 74.2 % del total de noticaciones, siendo 144 las
noticaciones en un total de 194. El sector privado
contribuyó con el 25.8 % del total de noticaciones,
presentando 50 de las 194 noticaciones.
Tabla 1. Cantidad total de noticaciones por año y vía
de realización
Años Notas Formularios Total
2019 323 0 323
2020 133 64 198
2021 18 130 147
Total 474 194 668
Fuente: elaboración propia
Figura 1. Sexo de las personas hospitalizadas por año de
noticación
Tabla 2. Nombre de los prestadores de salud que
noticaron mediante formulario
Prestador Departamento Cantidad
Público Montevideo 143
Privado Montevideo 20
Privado Montevideo 10
Privado Maldonado 3
Privado San José 3
Privado Montevideo 3
Privado Montevideo 3
Privado Montevideo 1
Privado Flores 1
Privado Montevideo 1
Privado Montevideo 1
Público Montevideo 1
Privado Montevideo 1
Público Rocha 1
Privado Rocha 1
Privado Canelones 1
Privado Montevideo 1
Fuente: elaboración propiaFuente: elaboración propia
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En cuanto a la procedencia geográca de las noti-
caciones, la Figura 2 muestra que se concentran en la
zona sur del país, de los 19 departamentos en los que se
divide el país, se recibieron noticaciones de 6 depar-
tamentos ubicados en cercanía a la capital del país. La
imagen de concentración se refuerza si vemos que de
los 17 prestadores de salud (públicos y privados) que
realizaron noticaciones, 11 se ubican en Montevideo.
En lo que respecta a los tipos de hospitalizacio-
nes, de los 194 formularios estudiados, se registra que
hubo 142 de internaciones involuntarias, alcanzan-
do un 78% del total; 38 de internaciones voluntarias,
siendo un 19,6%; y 14 por orden judicial, representan-
do un 7,2% del total de las noticaciones.
La ley establece que las internaciones voluntarias
e involuntarias que superen los 45 días deben noti-
carse, así como aquellas internaciones indicadas por
intervención judicial. Considerando los tiempos de
internación, se encontró que, de las 38 noticaciones
por internación voluntaria, 27 (71 %) tuvieron una
duración menor a 45 días, y en 11 noticaciones se
superó ese número de días. También se observó que
en 3 de las 38 noticaciones de internación volunta-
ria intervino un juzgado, constatándose que en esos
3 casos se noticó de manera incorrecta ya que no
corresponden a internaciones voluntarias. En las 142
noticaciones por internaciones involuntarias, 67 fue-
ron por más de 45 días y en 91 de los formularios se
registró la intervención de un juzgado, representando
un 64 % del total. En esas noticaciones con interven-
ción judicial no se brindan datos sobre el juzgado que
intervino y que actuación realizó.
Otro de los ítems relevados en las noticaciones
son los diagnósticos ingresados por las Direcciones
Técnicas de los prestadores de salud. Los diagnósti-
cos presentes en el formulario electrónico en mayor
número son los de esquizofrenia, trastornos esquizo-
típicos y trastornos delirantes, tal como se muestra en
la Tabla 3.
La mitad de los ingresos reportados mediante el
formulario electrónico corresponden a diagnósticos de
esquizofrenia, trastornos esquizotípicos y/o trastornos
delirantes. En cantidad, le siguen los trastornos de la
personalidad y del comportamiento en adultos con un
13,4 %, así como el retraso mental. Posteriormente, se
encuentran los trastornos del estado de ánimo o afecti-
vos con 9,8 %, y los casos por abuso de sustancias con
Tabla 3. Diagnóstico principal al ingreso en noticaciones
vía formulario electrónico
Diagnóstico principal
al ingreso
Frecuencia
absoluta
Frecuencia
relativa en %
(F20-29) Esquizofrenia,
trastornos esquizotípicos
y trastornos delirantes
97 50, 0 %
(F60-69) Trastornos de
la personalidad y del
comportamiento en
adultos
26 13, 4 %
(F70-79) Retraso mental 26 13, 4 %
(F30-39) Trastornos
del estado de ánimo,
trastornos afectivos
19 9, 8 %
Trastorno por abuso
de sustancias 11 5, 7 %
(F00-F09) Trastornos
mentales orgánicos,
incluidos los trastornos
sintomáticos
4 2, 1 %
Sin diagnóstico 4 2, 1 %
F99 trastorno mental sin
especicación 3 1, 5 %
(F40-49) Trastornos
neuróticos, trastornos
relacionados con el
estrés y trastornos
somatomorfos
2 1, 0 %
(F50-59) Síndromes del
comportamiento
asociados con
alteraciones siológicas
y factores físicos
1 0, 5 %
Violencia de género /
Doméstica 1 0, 5 %
194 100 %
Fuente: elaboración propiaFuente: elaboración propia
Figura 2. Mapa del Uruguay señalado con color los
departamentos que enviaron formularios al INDDHH,
período de julio 2020 a diciembre 2021
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Implementación de la Ley de Salud Mental en Uruguay...
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5,7 %. El resto de los diagnósticos al momento de la in-
ternación, se distribuyen de manera equitativa.
En la siguiente Tabla 4 se detallan las internaciones
de más de 45 días. La razón principal que motiva la in-
ternación reere a la patología de la persona usuaria,
seguida de las demoras en el alta judicial. Además, es
de destacar que en el 17,1 % de los formularios ana-
lizados que corresponden a estas internaciones no se
informó sobre los motivos de ingreso. En los casos
restantes las motivaciones para la hospitalización se
deben a cuestiones de índole social.
En la Tabla 5 se presenta la terapéutica indicada,
así como la presencia de consentimiento o no de la
persona usuaria. La terapéutica farmacológica fue la
más prescripta, y en su mayoría no se registró un con-
sentimiento para su administración (59 %). Se puede
apreciar que en 17 de los 82 registros relacionados con
la terapéutica indicada (aproximadamente el 21 %),
no se proporcionó información. Además, en un úni-
co formulario se indica una terapéutica que involucra
abordajes psicoterapéuticos y psicosociales. Por últi-
mo, es importante destacar que la terapia electrocon-
vulsiva se realizó con consentimiento de las personas
usuarias y en un caso sin consentimiento.
En la Tabla 6 se presentan las estrategias que se
siguieron y el número de las mismas. En el caso de
las hospitalizaciones de más de 45 días, la estrategia
más empleada fue cumplir con la disposición judicial
y continuar con el tratamiento, con un 35,4 % de los
casos en ambos aspectos. En 16 de los 82 formularios
que referían a estas internaciones, no se ingresó infor-
mación en este campo, lo que representa un 19,5 %. Le
siguen las estrategias que involucran una derivación
que dé seguimiento a la situación, encontradas en 3 de
los 82 formularios (3,7 %), así como otras estrategias
similares, también presentes en un 3,7 %. En 2 de los
82 formularios (2,4 %) se registró el contacto con la
familia como parte de la estrategia.
Discusión
La Ley de Salud Mental en Uruguay plantea un moni-
toreo de las situaciones de internación, en este sentido
establece como mecanismo el deber de noticar las in-
ternaciones involuntarias y voluntarias de 45 días o más
y las internaciones por orden judicial (Ley N.º 19.529).
Tabla 4. Motivo de hospitalización de 45 días o más
Motivo de
hospitalización de
45 días o más
Frecuencia
absoluta
Frecuencia
relativa en %
Motivo de su
patología 31 37, 8 %
Demora en alta
judicial 24 29, 3 %
Sin completar, no
ingresaron motivos 14 17, 1 %
Red sociofamiliar
insuciente 3 3, 7 %
Falta de vivienda 2 2, 4 %
Recepción familiar y
espera del alta judicial 2 2, 4 %
Demora en alta
judicial y resolución
social
2 2, 4 %
Social 1 1, 2 %
Disposición judicial
(medidas cautelares) 1 1, 2 %
Su patología y la de-
mora del alta judicial 1 1, 2 %
Sin especicar 1 1, 2 %
82 100.0 %
Fuente: elaboración propia
Tabla 5. Terapéutica indicada y consentimiento para
internaciones de 45 días o más
Terapéutica indicada Total Sin consentimiento
registrado
Farmacológica 56 33
No ingresado 17 17
Terapia electroconvulsiva 7 1
Farmacológica y terapia
electroconvulsiva 1 0
Farmacológica, psicote-
rapia y psicosociales 1 0
82 51
Fuente: elaboración propia
Tabla 6. Estrategia a seguir en internaciones de 45 días
o más
Estrategia a seguir Frecuencia
absoluta
Frecuencia
relativa en %
Cumplir con la
disposición judicial 29 35, 4 %
Continuar con el
tratamiento 29 35, 4 %
Sin completar, no
ingresaron estrategia 16 19, 5 %
Derivación que dé
seguimiento a la situación 3 3, 7 %
Contactar a la familia 2 2, 4 %
82 100.0 %
Fuente: elaboración propia
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Los procedimientos de noticación están a cargo de los
prestadores, particularmente de las direcciones técni-
cas, que deben completar un formulario electrónico
creado por la CNCASM y que comenzó a ser operativo
desde mediados del año 2020 y todo el año 2021.
Los resultados presentados reejan la sistematiza-
ción de las noticaciones correspondientes al trienio
2019-2021, período de ejercicio de la primer CN-
CASM. Este período, en parte coincide con el período
de pandemia por el COVID-19, no se relevó la inci-
dencia de esta situación ya que el estudio se concentró
en la sistematización de lo noticado. Sin embargo,
cabe aclarar que esta situación pudo haber incidido en
la disminución de noticaciones año a año.
Los datos aportados brindan información sobre
el número de noticaciones correspondientes a cada
año, el sexo de las personas usuarias internadas, la
procedencia de las noticaciones especicando las
instituciones prestadoras de salud, su carácter público
o privado y el lugar del país en que operan. Se aporta-
ron datos de aspectos relevantes para el seguimiento
de las internaciones como son los motivos de las in-
ternaciones, el diagnóstico que justica la internación
y las estrategias a seguir.
En América Latina desde los años 90 y particular-
mente a comienzos del siglo XXI, se ha instalado la
necesidad de generar mecanismos y procedimientos
en relación a las situaciones de internación (Puccio,
2015; Truello et al., 2017). A pesar de esto, aún no
existen estudios publicados que releven especíca-
mente las noticaciones de las internaciones en salud
mental. Las internaciones en salud mental pensadas
desde una perspectiva de derechos según Gable et al.
(2005), es una orientación a profundizar y en el caso
de Uruguay, la Ley de Salud Mental expresa una con-
cepción de derechos que trascenderá el mero forma-
lismo, si efectivamente se cumplen los mecanismos
denidos en torno al deber de noticar.
El trienio estudiado es la primera experiencia de
registro y noticación de hospitalizaciones, por lo que
no es comparable con instancias anteriores o primeras
experiencias en países de la región. En este sentido, el
descenso de noticaciones año a año evidenciado en
la sistematización, podría vincularse a diferentes va-
riables. Consideramos tres variables que pudieron ha-
ber incidido en el hecho, primero la situación de pan-
demia con todas las afectaciones que provocó tanto en
la población como en el sistema de salud; en segun-
do término, la esperable baja de las hospitalizaciones
producto de la efectiva instrumentación de la Ley N°
19.529. Si bien la disminución de las internaciones psi-
quiátricas es un fenómeno de las últimas décadas como
plantean Chebar et al. (2019), estas han sido motivadas
por el uso extendido de psicofármacos, fenómeno que
aumentó durante la pandemia (Alcântara, Figel, Cam-
pese & da Silva, 2022; Lopes, do Nascimento, Braga, et
al., 2022) y que a nivel local no ha sido objeto de estu-
dio, lo que nos impide observar con claridad el efecto
de la aplicación de la ley. En tercer lugar y en el marco
de la instrumentación de la ley, consideramos las di-
cultades que trae aparejado la operacionalización de un
instrumento digital que implica el llenado de datos, ta-
rea que se suma a las ya existentes para quienes trabajan
en situaciones complejas.
Si resulta evidente de la sistematización realizada
que la instrumentación de la Ley 19.529, especíca-
mente en lo que corresponde a noticaciones, que
existe un mayor cumplimiento de los prestadores pú-
blicos frente a los prestadores privados y que la prác-
tica de noticar no es realizada a nivel nacional. Los
resultados muestran una centralización de las noti-
caciones en la capital del país (Montevideo), amplián-
dose débilmente por departamentos limítrofes a la
capital y otras más distantes, pero congurando una
zona de contigüidad ubicada en el sur – costero del
territorio nacional.
La sistematización, además de ciertos aspectos ge-
nerales vinculados a la actividad de noticar, mues-
tra aspectos particulares sobre el instrumento creado
por la CNCASM. El formulario muestra sub-registro
de información y la inclusión de datos que no corres-
ponden al ítem solicitado, ejemplo de esto es cuando
se notica indebidamente aquellas internaciones vo-
luntarias que no llegan a los 45 días. Los principios
internacionales que establecen el debido proceso de
las internaciones en salud mental plantean la claridad
y transparencia al momento de realizar internacio-
nes de este tipo (Gable et al., 2005; Pellegrini, 2005),
la existencia de errores en la inclusión de datos o su
falta, estarían afectando la tarea de la CNCASM, con-
trariando las garantías para el monitoreo de las inter-
naciones y en denitiva, incumpliendo con garantizar
el derecho de las personas usuarias estipulado en la
Ley 19.529 (Uruguay, 2017).
Los resultados expresan que las internaciones,
en su mayoría son involuntarias y a varones, siendo
el motivo de internación más frecuente la patología
y los diagnósticos prevalentes son: la esquizofrenia,
trastornos esquizotípicos, trastornos delirantes y los
trastornos de la personalidad y del comportamiento
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Implementación de la Ley de Salud Mental en Uruguay...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 14-22.
en adultos. Existen una serie de datos no aportados
en el formulario pero que la bibliografía sobre la te-
mática destaca como relevante, ejemplo de esto son
la situación de empleo o desempleo de las personas
internadas, las internaciones previas, las condiciones
materiales en las que se encuentran, entre otros datos
(Bersani et al., 2020; Chebar et al., 2019). La posibili-
dad de sumar dimensiones en el formulario aportaría
a la comprensión de las características de las interna-
ciones, evitando que sean iatrogénicas con las perso-
nas (Katsakou y Priebe, 2007) y de esa manera generar
condiciones de prevención.
En relación a lo anterior, al relevar las internacio-
nes mayores a 45 días, sólo un tercio son motivadas
por la patología, lo que lleva a considerar que situa-
ciones ajenas a la atención en salud están afectando
y condicionando los períodos de internación. Estas
condicionantes que reeren a fallas en el sistema ju-
dicial o situaciones de vulnerabilidad social tensionan
las orientaciones de la legislación en salud mental,
tanto en evitar internaciones prolongadas como en
garantizar el derecho de las personas usuarias a una
atención digna. De acuerdo a lo planteado por Serrani
et al. (2017), la duración de las estadías de las interna-
ciones en salud mental está vinculada a las prácticas
comunitarias que tenga el servicio y la calidad de la
atención en general, por lo que las dicultades men-
cionadas alertan sobre la dicultad en el cambio de
modelo de la atención en salud mental.
La terapéutica según los resultados es mayorita-
riamente medicamentosa, respondiendo a un modelo
biomédico. La estrategia seguida no está especicada
en el 19,5 % de los formularios, por lo que el segui-
miento de la persona internada no se reeja en las no-
ticaciones. Esta falta de información puede favorecer
nuevas internaciones ya que el objetivo terapéutico
se difumina y no permite visualizar los procesos de
atención (Olcina-Rodriguez et al., 2022; Serrani et al.,
2017). Las estrategias en la mayoría de los casos se di-
rigen a continuar tratamientos y cumplir con la ac-
tuación judicial, lo que no aporta datos sobre cambios
o transformaciones en los procesos de atención, a su
vez la centralidad de la información se brinda desde
la posición del director técnico del establecimiento,
profesional de la psiquiatría en la mayoría de los ca-
sos, donde no hay presencia de la acción tanto en el
diseño de estrategias como en la terapéutica de otros
componentes de los equipos técnicos, lo que no brin-
da evidencia de la atención interdisciplinaria que se
establece en la Ley N.º 19.529 (Uruguay, 2017).
Las internaciones prolongadas en salud mental,
así como los motivos de internación, las estrategias
y tratamientos brindan información de suma impor-
tancia para monitorear la implementación de la ley y
especialmente, el debilitamiento del modelo asilar y
monovalente en favor de un modelo comunitario con
perspectiva de derechos, tal como ha sido consensua-
do por distintos actores políticos, académicos y socia-
les (OPS, 1990; De León, 2013; Puccio, 2015). Estas
internaciones exceden el objetivo terapéutico y resul-
tan interminables por la carencia de abordajes fuera
del hospital (Amado, 2006), señalando los ritmos de
transformación del modelo.
Conclusiones
El estudio exploratorio sobre las internaciones por
motivos de salud mental en el marco de la Ley N°
19.529 y particularmente centrados en el deber de la
noticación de las internaciones involuntarias y pro-
longadas, se realizó a través de la sistematización de
las noticaciones enviadas a la INDDHH durante el
período 2019-2021. Los resultados muestran un des-
censo paulatino año a año de las noticaciones en el
período, lo que deberá investigarse particularmente y
en comparación con períodos posteriores, dado que
esta investigación es de las primeras que se realiza en
la región. De todas maneras, se pueden extraer con-
clusiones sobre la operativa de la noticación y el ins-
trumento utilizado. Como se vio en los resultados, la
procedencia de las noticaciones por el tipo de pres-
tadores y su localización, hace notar la necesidad de
promover actividades de sensibilización en términos
de política pública dirigidas a realzar la necesidad de
noticar las hospitalizaciones, con un énfasis especial
en los prestadores privados y los departamentos del
centro, litoral y norte del país.
El uso del formulario como instrumento de media-
ción de las noticaciones evidenció algunas debilidades
que seguramente podrían resolverse en diálogo entre
los actores involucrados, de modo de identicar di-
cultades en el completado del formulario. A su vez, se-
ría importante incluir el relevamiento de nuevos datos
para mejorar el monitoreo de la atención y tener una
idea más completa sobre las situaciones en las que se
encuentran las personas al momento de una interna-
ción. En este mismo sentido, promover la presencia de
los equipos interdisciplinarios descentrando la tarea de
llenado en la Dirección Técnica y resituándola sobre el
equipo, permitiría avanzar sobre un enfoque interdisci-
plinario para la atención tal como se prescribe en la ley.
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Implementación de la Ley de Salud Mental en Uruguay...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 14-22.
Las características de las internaciones mayores a
45 días muestran una terapéutica centrada en la farma-
cología y los abordajes en psicoterapia y tratamientos
psicosociales son ínmos. Esto va en detrimento de la
orientación de la legislación en cuanto a promover pro-
cesos de desinstitucionalización donde predomine una
atención comunitaria. En este sentido, las característi-
cas de las internaciones de más de 45 días nos muestran
una atención focalizada en el hospital asilar y monova-
lente, con prevalencia de solo una mirada técnica, por
lo que rearmamos la necesidad de alinear a los equi-
pos multidisciplinarios en el llenado del formulario, de
modo de avanzar sobre la redistribución de tareas y res-
ponsabilidades, a la vez que se construyen condiciones
para el trabajo interdisciplinario.
En cuanto a los límites del estudio, este se sitúa sobre
una experiencia inaugural prescripta por la Ley 19.529
y en tanto tal no contó con una matriz de fuentes ho-
mogéneas. El panorama que se brinda como resultado
no contiene la incidencia de variables que se dieron
particularmente en parte del período como lo fue la
pandemia, de todas maneras, no existen otros estudios
anteriores que permitan comparar la información. Esto
último convierte en una fortaleza el estudio realizado,
ya que es un aporte a conocer los modos de implemen-
tación de la Ley de Salud Mental en el Uruguay.
Conictos de intereses: los autores declaran no tener
conicto de intereses.
Agradecimientos: Investigación nanciada por conve-
nio entre la Institución Nacional de Derechos Humanos y
Defensoría del Pueblo y Facultad de Psicología (UdelaR).
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php?script=sci_arttext&pid=S0465-546X2008000100011
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Investigación original
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 23-32.
RECIBIDO 18/1/2025 - ACEPTADO 11/4/2025
1.Médica Psiquiatra. Servicio de Psiquiatría. Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires, Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0000-0001-5194-6419
2.Licenciada en Psicología. Servicio de Psiquiatría, Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0009-0006-4450-1028
3.Médica especialista en Medicina Interna. Área de investigación en Medicina Interna, Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0000-0001-8622-8230
Autora correspondiente:
María Noelia Vivacqua
manoeliavivacqua@gmail.com
Institución donde se realizó la investigación: Servicio de Psiquiatría, Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina.
Resumen
Introducción: Los pacientes en tratamiento con antipsicóticos enfrentan desafíos, como la variabilidad en la per-
cepción de su enfermedad, que pueden dicultar la aceptación del diagnóstico y la adherencia terapéutica. Este
estudio investigó las barreras en la psicoeducación relacionadas con la conciencia de enfermedad. Métodos:
Estudio cualitativo que reclutó 10 médicos/as de consultorios externos. Los sujetos convocados aceptaron
mediante consentimiento informado, y participaron de entrevistas semiestructuradas, grabadas y transcriptas
para su posterior análisis temático, en el período de mayo a noviembre de 2022. Resultados: Se identicaron
múltiples barreras en la psicoeducación relacionadas con la conciencia de enfermedad. Por parte del paciente
y su entorno: a) oposición explícita a recibir atención médica; b) negación del diagnóstico y la necesidad de
tratamiento, expresado con conductas como la modicación de medicación sin supervisión médica. Por parte
de los profesionales: c) ocultar información para preservar el vínculo, como evitar el uso de la palabra “antipsi-
cótico”, o no informar sobre efectos adversos; d) expectativas inadecuadas para con pacientes con trastornos
mentales que rechazan el tratamiento. Conclusiones: Superar las barreras identicadas exige un enfoque centra-
do en estrategias individualizadas, que consideren la autopercepción de los pacientes y su contexto. Dado que
el tratamiento con antipsicóticos está asociado a efectos adversos severos, es esencial fomentar un proceso
asistencial que promueva la alianza terapéutica, y empodere a las personas en la gestión de su propia salud. La
difusión de información clara y accesible, junto con una adecuada adaptación a las particularidades clínicas es
fundamental para alcanzar los objetivos psicoeducativos.
Palabras clave: antipsicóticos, psicología educacional, empoderamiento, trastorno neurocognitivo, trastor-
nos psicóticos
Abstract
Introduction: Patients undergoing treatment with antipsychotics face challenges, such as variability in their percep-
tion of the illness, which can hinder acceptance of the diagnosis and adherence to therapy. This study investigated the
barriers to psychoeducation related to illness awareness. Methods: This qualitative study recruited 10 physicians from
outpatient clinics. Participants provided informed consent and participated in semi-structured interviews, which were
recorded and transcribed for subsequent thematic analysis. Data collection took place between May and November
2022. Results: Several barriers to psychoeducation related to illness awareness were identied: From the patients and
their family, and caregivers: (a) explicit opposition to receiving medical care; (b) denial of the diagnosis and the need
Barreras en la psicoeducación de pacientes usuarios de
antipsicóticos: un enfoque sobre la conciencia de enfermedad
Barriers to Psychoeducation in Patients Using Antipsychotics: A Focus on Illness Awareness
María Noelia Vivacqua1, Cecilia Mazal2, María Florencia Grande Ratti3
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Barreras en la psicoeducación de pacientes usuarios de antipsicóticos...
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Introducción
Durante una consulta médica convencional conver-
gen diversas expectativas, tanto por parte de los pro-
fesionales tratantes como del paciente y sus acompa-
ñantes. Se espera que el paciente sea comunicativo al
describir los síntomas y signos que le generan preo-
cupación, y que colabore en la realización de estudios
complementarios cuando sean necesarios. Por su par-
te, los pacientes y sus familiares pretenden que quien
los atiende actúe de forma rápida y asertiva, propor-
cionando un diagnóstico y un plan de tratamiento
factible. Sin embargo, no todos los pacientes pueden
hablar fácilmente sobre lo que les sucede. A veces, las
personas no son plenamente conscientes de sus ex-
periencias o no pueden describir completamente sus
pensamientos, especialmente si tienen problemas con
el lenguaje (Sant, 2019).
En este contexto, los antipsicóticos se usan amplia-
mente para tratar trastornos psiquiátricos, como la
esquizofrenia y el trastorno bipolar, y para el abordaje
de alteraciones conductuales en enfermedades neuro-
degenerativas, como los trastornos cognitivos mayo-
res (TCM). Particularmente, los pacientes bajo trata-
miento antipsicótico, muchas veces tienen una visión
singular de su estado de salud. Esta percepción pue-
de variar desde la negación absoluta de padecer una
enfermedad y de necesitar tratamiento, pasando por
la aceptación parcial del tratamiento sin reconocer el
diagnóstico, hasta aquellos que reconocen un males-
tar relacionado con su salud, aunque este diera del
problema identicado por su entorno y por el equipo
médico tratante (David, 1990; Sunderaraman & Co-
sentino, 2017). Puntualmente para la esquizofrenia,
se observó que una pobre conciencia de enfermedad
está asociada con pobre adherencia al tratamiento,
mayor hospitalización, pobre funcionamiento social,
mal pronóstico y dicultades para desarrollar un buen
vínculo con el equipo de salud (Lysaker et al., 2007;
McEvoy et al., 2004). Paradójicamente, una mejor re-
gistro de la enfermedad fue asociado con mayores ni-
veles de disforia, baja autoestima y disminución de la
calidad de vida (Lysaker et al., 2007).
Estas presentaciones clínicas pueden resultar des-
concertantes para el personal de salud, formado para
actuar en un contexto diferente, y que además debe
fomentar una alianza terapéutica mientras transmite
y asegura la comprensión de un volumen signicativo
de información sensible relacionada con el uso de an-
tipsicóticos. Con respecto a esta información, el mane-
jo de expectativas es crucial, ya que es un tratamiento
sintomático y no una cura. Los efectos terapéuticos no
siempre se observan, o son escasos. Por ejemplo, en el
caso de la esquizofrenia, la respuesta clínica se dene
como una reducción signicativa de los síntomas psi-
cóticos, medida a través de escalas especícas como
la Escala de Síndromes Positivos y Negativos (PANSS,
por sus siglas en inglés) (Kay et al., 1987) o la Escala
Breve de Evaluación Psiquiátrica (BPRS, por sus siglas
en inglés) (Overall & Gorham, 1962). En pacientes
agudos, una reducción del 50 % en estas escalas indica
respuesta, mientras que en pacientes crónicos, mul-
ti-episódicos o resistentes, una reducción del 20 % al
25 % ya se considera signicativa (Leucht et al., 2007).
Aproximadamente el 40 % al 60 % de los pacientes res-
ponden al tratamiento, entre el 10-20 % logran mejo-
ras limitadas (menos del 50 % de reducción), y el 20 %
al 30 % son considerados no respondedores (Lehman
et al., 1995; Pardiñas et al., 2022; Siskind et al., 2017).
Además, dado que numerosos pacientes rechazan las
nociones convencionales de enfermedad o la interpre-
tación de sus experiencias como síntomas, evaluar la
efectividad de un tratamiento exclusivamente en fun-
ción de la resolución de estos puede ofrecer una pers-
pectiva limitada en esta población (Ortiz Lobo, 2017).
En este contexto, el concepto de “recuperación” debe
for treatment, expressed through behaviors such as modifying medication without medical supervision; (c) withholding
information to preserve the therapeutic relationship, such as avoiding the term "antipsychotic" or not disclosing ad-
verse effects; (d) unrealistic expectations towards patients with mental disorders who reject treatment. Conclusions:
Overcoming these barriers requires focusing on individualized strategies that consider patients' self-perception and
their context. Given the association of antipsychotic treatment with severe adverse effects, it is essential to foster a
care process that promotes therapeutic alliance and empowers individuals to manage their health. The dissemination
of clear and accessible information, combined with proper adaptation to clinical particularities, is critical to achieving
psychoeducational objectives.
Keywords: antipsychotic agents, psychology, educational, empowerment, psychotic disorders, neurocognitive disorders
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entenderse desde una visión más abarcativa, en la que
las personas asumen un papel activo en la búsqueda
de cómo convivir con una enfermedad mental grave,
similar a cómo se aprende a vivir con otras enferme-
dades crónicas. Para acompañar este proceso, el equi-
po de salud debe partir de la premisa de que no es
necesario estar “completamente curado” para aspirar a
una vida plena (Davidson & Gonzalez-Ibañez, 2017).
Otra cuestión a trabajar con pacientes y familia-
res, es que cuando existe una mejoría en los síntomas
psicóticos, la recomendación es que se continúe con
el medicamento por largos períodos de tiempo. Los
plazos varían entre 1 a 3 años, si es un primer episo-
dio psicótico, y en caso de haber episodios psicóticos
recurrentes, puede ser necesario un tratamiento inde-
nido (Hui et al., 2018; Leucht et al., 2012).
Sin embargo, se debe comunicar que cuando se ad-
ministran a largo plazo, estos medicamentos están aso-
ciados con una mayor incidencia de efectos adversos
metabólicos, sedación y trastornos del movimiento.
Sostener el tratamiento requiere un compromiso en el
estilo de vida del paciente, como llevar una alimenta-
ción saludable y realizar actividad física de forma coti-
diana (American Psychiatric Association, 2020).
Además, es común que la prescripción de estos me-
dicamentos vaya acompañada de la recomendación de
algún tipo de psicoterapia concomitante (American
Psychiatric Association, 2020), lo que implica que el
paciente deba asimilar múltiples indicaciones simultá-
neamente.
En el caso de los adultos mayores con TCM, debe
informarse que la evidencia sobre la ecacia terapéu-
tica de los antipsicóticos en el manejo de los sínto-
mas conductuales es controvertida (Mühlbauer et
al., 2021; Yunusa et al., 2022). Su uso debe limitarse a
corto plazo y emplearse en la dosis más baja efectiva,
dado que están asociados con un incremento del ries-
go de accidente cerebrovascular, una aceleración en la
declinación cognitiva, y una mayor tasa de mortalidad
(Calabro et al., 2022).
Considerando la evidencia disponible sobre la
percepción que los pacientes tienen en relación a su
experiencia con antipsicóticos —tanto en lo que res-
pecta a los efectos terapéuticos como a los adversos—,
un estudio reportó que solo el 14,3 % de los partici-
pantes describieron experiencias exclusivamente po-
sitivas, el 27,9 % reportaron experiencias mixtas y un
57,7 % manifestaron únicamente experiencias negati-
vas(Read & Sacia, 2020).
La psicoeducación tiene como objetivo proporcio-
nar a los pacientes y sus familias información sobre
la enfermedad y su tratamiento, facilitando su cola-
boración con los profesionales de salud para obtener
mejores resultados (Sarkhel et al., 2020). Este recurso,
además de ser un derecho, empodera a los pacientes
al permitirles detectar posibles errores y fortalecer la
conanza y cooperación con el equipo (Ali et al., 2020;
American Psychiatric Association, 2020). Entre sus
componentes esenciales se incluyen la entrega de in-
formación sobre los factores etiológicos, los síntomas
y signos característicos de la enfermedad, así como las
señales de alarma asociadas a posibles recaídas. Tam-
bién abarca la orientación sobre las distintas opciones
terapéuticas disponibles, las indicaciones sobre cuán-
do y cómo buscar atención médica, habilidades de
afrontamiento para manejar el estrés y la promoción
de la adherencia al tratamiento indicado por el equi-
po profesional. Asimismo, se aborda el pronóstico de
la patología, se proporcionan pautas a los familiares
respecto a las conductas adecuadas e inadecuadas en
la interacción con el paciente, y se trabaja en la clari-
cación de mitos y prejuicios comúnmente asociados a
la enfermedad (Sarkhel et al., 2020).
La psicoeducación puede adoptar diversas moda-
lidades, incluyendo enfoques individuales, familiares,
grupales o comunitarios. Además, puede centrarse en
aspectos especícos, tales como la adherencia a los tra-
tamientos, la conciencia sobre la enfermedad o el pro-
ceso de recuperación. La psicoeducación activa implica
la participación de terapeutas que interactúan con pa-
cientes y familias, promoviendo la toma de decisiones
conjunta. En contraste, la psicoeducación pasiva se basa
en la entrega de materiales informativos a pacientes y
familiares, que pueden incluir documentos escritos, au-
dios y videos(Alguera-Lara et al., 2017; Sarkhel et al.,
2020). Es fundamental que estos recursos utilicen un
lenguaje claro y accesible, dado que serán interpretados
sin la supervisión directa de un terapeuta.
Este trabajo se propuso identicar las barreras en
la implementación de la psicoeducación en pacientes
tratados con antipsicóticos, con un enfoque en rela-
ción con la conciencia de enfermedad.
Materiales y métodos
Se realizó un estudio cualitativo exploratorio-descrip-
tivo, llevado a cabo en un centro de salud de alta com-
plejidad, ubicado en la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, Argentina.
El plan de trabajo completo que da lugar al presente
artículo se trata de una tesis doctoral, que cuenta con la
aprobación ética correspondiente al comité institucio-
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nal (CEPI#6331). Todos los sujetos convocados a par-
ticipar dieron su consentimiento informado escrito, y
repitieron su decisión voluntaria al inicio de cada entre-
vista. El presente estudio constituye un brazo de dicha
investigación, enfocado exclusivamente a la recolección
y el análisis de relatos para comprender cómo los profe-
sionales experimentan, interpretan y dan sentido a sus
vivencias relacionadas al proceso de psicoeducación,
y su relación con la conciencia de enfermedad, en pa-
cientes usuarios de drogas antipsicóticas.
Para el reclutamiento de potenciales participan-
tes, se utilizó un muestreo intencional con la técnica
de bola de nieve. Se reere a un proceso en el que los
informantes clave reclutan a otros participantes, y así
sucesivamente hasta alcanzar la saturación del discurso
(Corbin & Strauss, 2015). Para eso, se realizaron varias
rondas de entrevistas (3-3-4), en las que la recolección
de datos y el análisis temático se llevaron a cabo de ma-
nera iterativa. Tras completar las primeras 3 entrevistas
(prueba piloto), se realizó una revisión de la guía y se
realizaron las modicaciones pertinentes.
El trabajo de campo se llevó a cabo entre mayo y
noviembre del año 2022. Las entrevistas fueron semies-
tructuradas (con guía construida ad-hoc), individuales,
realizadas de forma virtual o presencial (según prefe-
rencia individual), y de 50 minutos de duración. El ma-
terial fue grabado en audio y posteriormente transcrito.
Para asegurar la condencialidad se usaron etiquetas
para el almacenamiento de los archivos anonimizados
(ej.: E1), y la seguridad se garantiza por el acceso res-
tringido a investigadores. Además, una vez nalizadas
las transcripciones, las grabaciones fueron destruidas
(lo que evita el eventual reconocimiento de voz).
Se incluyeron un total de diez médicos/as que tra-
bajaban en consultorios externos. Algunos atendían
a pacientes adultos, mientras que otros se especiali-
zaban en la atención de adultos mayores, todos ellos
en tratamiento crónico con antipsicóticos. La muestra
estuvo conformada por diversas edades, género y an-
tigüedad, para lograr cierta heterogeneidad. El rango
etario fue de 32 a 74 años, seis mujeres y 4 hombres,
que llevaban entre 3 a 45 años de ejercicio de la profe-
sión. Con respecto a la especialidad fueron cuatro de
Psiquiatría (incluyendo un único residente en forma-
ción), tres de Geriatría, dos de Neurología y un parti-
cipante de Medicina Interna.
El análisis de la información se basó en la codica-
ción del contenido, mediante códigos predenidos y
abiertos (Brody et al., 2016; Cooper et al., 2019). Pri-
mero se codicó línea por línea, y cada documento
fue evaluado por doble revisión. Luego, se analizó el
proceso estructurado de manera transversal.
Resultados
Este artículo se enfoca exclusivamente en los hallaz-
gos vinculados a las barreras en la psicoeducación
identicadas por los profesionales que prescriben me-
dicación antipsicótica. Los resultados se resumen en
la Tabla 1.
Falta de conciencia de enfermedad
Este término fue el más utilizado para describir situa-
ciones en las que los pacientes se oponen explícita-
mente a recibir atención. Este comportamiento es fre-
cuente en trastornos psiquiátricos como las psicosis
Tabla 1. Principales categorías analíticas identicadas por los profesionales que prescriben medicación antipsicótica
Categorías Subcategorías
Por parte del paciente
y su entorno
Falta de conciencia de enfermedad
Oposición explícita a recibir atención médica.
Profesionales que no reconocen la actitud hostil del paciente
como un síntoma.
Negación del diagnóstico y la necesidad
de tratamiento, expresadas como
conductas que entorpecen el
tratamiento.
Modicar el esquema farmacológico sin supervisión médica.
Ocultar información relevante para seguimiento.
Falta de interés en conocer los medicamentos que utilizan.
Solicitar recetas a profesionales que no realizaron la
prescripción.
Por parte de los
profesionales
Ocultar información para preservar el
vínculo médico-paciente
Sobre el diagnóstico o el síntoma que motiva la indicación
del antipsicótico.
Omitir la palabra “antipsicótico”.
Omitir los efectos adversos asociados.
Expectativas inadecuadas con respecto
a la psicoeducación en paciente con
trastornos de salud mental
Derecho del paciente a rechazar el tratamiento.
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o el trastorno bipolar, donde la capacidad de tomar
decisiones adecuadas en función de las circunstan-
cias puede estar alterada. La resistencia al tratamiento
también puede estar inuida por múltiples factores,
entre ellos, la percepción que el paciente tiene de su
experiencia, su sentido de autonomía, su sistema de
creencias e ideología, el temor al estigma asociado al
tratamiento psiquiátrico y las expectativas sobre el
tipo de ayuda que desea recibir.
“El desafío más grande es cuando el paciente tiene
poca conciencia de enfermedad y poca adherencia al
tratamiento. Directamente tiene una postura oposicio-
nista al tratamiento. En mi experiencia me pasa más
con pacientes bipolares, que tienen una postura muy en
c o n t r a .” Psiquiatra.
En algunos casos, los pacientes adoptan un esti-
lo de comunicación confrontativo, lo que diculta el
establecimiento de un intercambio de información
entre el profesional y el paciente. Los intentos de diá-
logo constructivo pueden interpretarse como impo-
siciones, lo que refuerza la negativa al tratamiento y
aumenta el riesgo de fracaso terapéutico.
“Con los pacientes que son más discutidores suelen
ir mal. Son los que te discuten cada cosa. No caminan”.
Psiquiatra.
La situación aumenta en complejidad cuando el
profesional no reconoce esta actitud como un posible
síntoma de trastorno psiquiátrico. Esto ocurre con
mayor frecuencia en los especialistas fuera del ámbi-
to de la salud mental (ej.: neurología, clínica médica),
quienes pueden carecer de herramientas para iden-
ticar formas de vincularse propias de las patologías
de estos pacientes. Por ejemplo, en casos de ideación
paranoide, algunos maniestan constantes cuestiona-
mientos a las indicaciones médicas desde el inicio del
tratamiento. Esta actitud puede perturbar al profesio-
nal, quien podría optar por acortar la consulta o evitar
comentarios que puedan ser interpretados como com-
prometedores.
“Los pacientes que llegan a un antipsicótico en ge-
neral son pacientes que tienen características bastante
refractarias. Son bastante más especiales, tienen una
personalidad más incisiva, más obsesiva. O son muy
obsesivos, o muy ansiosos o muy depresivos. Están como
en un nivel que excede una neurosis corriente dentro de
una patología de dolor”. Neuróloga
En casos como éstos, el equipo médico puede verse
involucrado en situaciones ingratas que excede su rol
como proveedor de servicios de salud. Por ejemplo,
pacientes que son traídos en contra de su voluntad por
sus cuidadores y que ven al médico como un “carce-
lero” o como alguien que vulnera sus derechos. Fami-
liares que exigen a los profesionales que solucionen
la resistencia de aquellos que se niegan a asistir a la
consulta. Cuando estos últimos hacen intervenciones
judiciales, es el médico a quien la justicia solicita que
complete informes y realice una determinación de las
capacidades de quienes son atendidos. Los médicos
deben realizar estas tareas, muchas veces sin las herra-
mientas necesarias para dar respuesta a estas deman-
das. En este contexto particular, la psicoeducación es
directamente inviable.
Negación del diagnóstico y la necesidad de
tratamiento por parte del paciente y su en-
torno, expresadas como conductas que entor-
pecen el tratamiento
En contraste con el caso anterior, las dicultades para
aceptar problemas de salud a menudo se expresan de
forma indirecta. El diagnóstico de un trastorno se-
vero y crónico puede generar emociones intensas en
pacientes y familiares, dicultando la comprensión
y aceptación de las indicaciones médicas, lo que fre-
cuentemente deriva en conductas que entorpecen el
cumplimiento del tratamiento. Por ejemplo, es común
que se modique el esquema farmacológico sin super-
visión médica, o se oculte información relevante para
seguimiento. Esto impide a los profesionales contar
con los datos necesarios para evaluar adecuadamente
la situación, lo que genera complicaciones más graves
y aumenta tanto la dependencia a los médicos como la
presión sobre el sistema sanitario.
Al clínico le decía que yo le indicaba la medicación
y a mí me decía que el psiquiatra, que no existía, le daba
la medicación. Así que ella misma se modicaba las in-
dicaciones a su gusto”. Neuróloga.
Es frecuente que pacientes y acompañantes des-
conozcan los nombres genéricos o la posología de los
medicamentos que utilizan, incluso en tratamientos
prolongados. Esta falta de información suele ir acom-
pañada de una escasa iniciativa o interés por aprender
sobre ellos.
"Una madre me decía sobre la medicación: 'no sé,
no tengo ni idea, toma mil fármacos hace mil años, está
en la historia clínica', sumamente enojada". Psiquiatra.
Una situación habitual es que las recetas se solici-
ten a profesionales que no prescribieron la medica-
ción, lo que les genera una sobrecarga de trabajo, ya
que al emitirlas asumen la responsabilidad de evaluar
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ecacia y seguridad de tratamientos que no indicaron
y, en ocasiones, incluso desconocen.
“Consulta un paciente que estaba en seguimiento
por una psiquiatra, que llevaba mucho tiempo tomando
medicación y dejó el seguimiento. Viene a pedirme rece-
tas. Yo no lo conocí en el momento que inició la medi-
cación, no sé qué respuesta tuvo, cuánto tiempo la sigue
necesitando”. Médico clínico.
Estas conductas pueden responder a múltiples
causas. Por un lado, está la dicultad de acceder a los
profesionales fuera del horario de consulta, las entre-
vistas breves y el gran caudal de información que debe
intercambiarse durante los encuentros médicos. Estos
factores, en muchas ocasiones, impiden que los pacien-
tes y sus familiares obtengan las recetas de los medica-
mentos recomendados. Otra posible explicación, es que
quienes están en proceso de aceptación de su patología,
busquen de forma velada a otros profesionales con el
deseo implícito de obtener un diagnóstico diferente.
Ocultar información para preservar el víncu-
lo médico-paciente
Dada la diversidad en cómo los pacientes asumen y re-
conocen su trastorno, así como la necesidad de realizar
tratamiento, es esperable que, ante las dudas planteadas
durante las consultas, los profesionales se esfuercen en
adaptar sus respuestas a cada caso. En este contexto, se
observó que se tiende a ocultar cierta información al
paciente, como detalles sobre su diagnóstico, los medi-
camentos que se le prescriben y los posibles efectos ad-
versos asociados. Esta práctica busca, en muchos casos,
preservar el vínculo médico-paciente.
“Con el paciente psicótico es mejor dar pocas expli-
caciones, porque se persiguen mucho con cosas que le
puedas decir”. Psiquiatra.
En ocasiones se opta por no hablar del diagnóstico o
del síntoma que motiva la indicación del antipsicótico.
“Hay pacientes que vienen medicados hace mucho,
como en la esquizofrenia, que no tienen conciencia de
enfermedad. Muchas veces el paciente plantea que toma
la medicación por fobias. Uno sabe que en realidad las
cosas no son así. Y no los confronto, seguimos con la
indicación que el paciente está convencido de que es por
eso que lo toma”. Psiquiatra.
“Si es un paciente que tiene el juicio desviado, uso
explicaciones como 'estás muy angustiado, esta medica-
ción te va a ayudar con eso que está pasando ahora' y
al familiar sí le explico: 'esto es porque está alucinando'.
Trato explicarles que es una medicación para que estén
más tranquilos en relación a eso que ven, que escuchan
o que piensan". Residente de psiquiatría.
Por otro lado, transmitir de forma explícita diag-
nósticos severos y de pronóstico reservado puede re-
sultar inapropiado si el paciente que debe recibir la
noticia no está en condiciones de asimilar dicha infor-
mación, o no cuenta con apoyo social adecuado.
A una señora y su familia les hablé por videocon-
sulta y les dije que había signos de demencia, que no
la podían dejar sola. La paciente estaba al lado y no
entendía nada de lo que estaba diciendo. Al otro día me
tocó la puerta y se puso a llorar”. Neurólogo.
Algunos profesionales preeren evitar el uso del
término “antipsicótico, temiendo que los pacientes re-
chacen un medicamento culturalmente asociado a tras-
tornos psiquiátricos graves. Esta creencia podría estar
inuida por el hecho de que algunos médicos (especial-
mente aquellos no especialistas en psiquiatría) no siem-
pre tienen presente que los antipsicóticos actúan sobre
síntomas, y que su prescripción no necesariamente im-
plica un diagnóstico de trastorno psicótico.
Sin embargo, la estrategia de omitir el término
puede impactar negativamente en la comunicación
con el paciente, generando desconanza y confusión.
Esto, a su vez, incrementa el riesgo de abandono de un
tratamiento potencialmente ecaz para los síntomas
que motivaron la consulta.
“Le dije que iba a tomar gotitas para el dolor. Le di
risperidona y a la semana estuvo mejor. Pero leyó el
prospecto y perdió completamente la conanza”. Neu-
róloga.
Otros profesionales evitan mencionar los efectos
adversos metabólicos para favorecer la adherencia al
tratamiento. Este tipo de intervenciones obstaculizan
que los pacientes puedan tomar un papel activo en el
manejo de su enfermedad.
“Nunca digo que las medicaciones engordan, digo
que da boca seca y eso aumenta el apetito. Entonces que
tomen más agua. Es una forma linda de decirle que to-
men más agua y que no engorden”. Neuróloga.
Expectativas inadecuadas de los profesiona-
les con respecto a la psicoeducación en pa-
ciente con trastornos de salud mental
Incluso cuando las pautas de cuidado han sido
transmitidas de manera efectiva y el paciente las ha
comprendido, puede decidir no seguir las recomen-
daciones proporcionadas. Ante esta situación, los
profesionales de la salud pueden experimentar senti-
mientos de impotencia y frustración. Por ello, resulta
fundamental reconocer y respetar la subjetividad y la
autonomía del individuo, más allá del trastorno que
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presente. La indicación de internación en psiquiatría
debe reservarse como una medida de último recurso,
destinada únicamente a casos en los que el tratamien-
to ambulatorio haya fracasado reiteradamente o en
situaciones de riesgo inminente para la seguridad del
paciente o de terceros.
“El diabetólogo me dijo que había que internar a un
paciente esquizofrénico en psiquiatría porque no respe-
taba las pautas de alimentación. ¿A cuántos pacientes
les decís que no coman con sal y comen las papas fritas
del Mcdonalds?, ¿los voy a internar en psiquiatría por
eso? Hay otros pacientes que no son psicóticos y tampo-
co siguen las indicaciones médicas”. Psiquiatra.
Discusión
Se identicaron barreras en la psicoeducación vin-
culadas a la manera en que los profesionales abordan
las diversas percepciones que los pacientes tienen
sobre su experiencia de enfermedad en pacientes en
tratamiento con antipsicóticos. Los planteos atípicos
realizados durante las consultas forman parte de la
clínica del paciente y ofrecen una oportunidad para
comprender cómo éste se percibe a sí mismo. Tal
comprensión puede facilitar una comunicación más
efectiva y permitir intervenciones psicoeducativas
ajustadas a las posibilidades del paciente.
No obstante, cuando el profesional carece de las
herramientas para contextualizar estas formas de pre-
sentarse a la consulta, puede experimentar frustra-
ción o agotamiento. Se observó que el término “falta
de conciencia de enfermedad”, fue utilizado en forma
indistinta para describir una variedad de situaciones
donde el paciente se oponía a algún aspecto de la con-
sulta médica. Sin embargo, este término puede tener
diversos signicados dependiendo desde qué paradig-
ma se dena, cómo se mida, y del trastorno de base en
el que se presente.
Desde la neurología, la “falta de conciencia de en-
fermedad, se entiende como un décit cognitivo que
lleva a una inhabilidad de reconocer que se sufre un
trastorno. Se supone que es el resultado de un meca-
nismo neurológico similar a la anosognosia, causado
por daño cerebral (McCormack et al., 2014). En el
caso del TCM, se relaciona con alteraciones en redes
corticales que involucran las regiones prefrontales,
temporales y parietales (Sunderaraman & Cosentino,
2017). Su evaluación combina observaciones clínicas,
comparando las percepciones del paciente con las de
cuidadores, y estudios metacognitivos, donde el pa-
ciente realiza tareas cognitivas y luego evalúa sus pro-
pios errores. Si bien estas aproximaciones no abordan
especícamente el grado de aceptación del tratamien-
to, es esperable que la falta de conciencia de décit
cognitivos puede afectar la capacidad de tomar deci-
siones saludables. Por ejemplo, reconocer problemas
de memoria permite adoptar estrategias compensato-
rias, como usar recordatorios o pedir ayuda. En con-
traste, la falta de conciencia puede llevar a desestimar
información proporcionada por los médicos, por ser
considerada innecesaria. Aunque mantener un regis-
tro realista de los problemas de salud suele asociarse
con grados más leves de enfermedad mental, existe
una considerable variabilidad individual, incluso den-
tro de la misma categoría de deterioro. Por ejemplo,
en la enfermedad de Alzheimer leve, algunos estudios
reportan una prevalencia de anosognosia del 21 %,
mientras que otros la sitúan en el 81 %, mostrando
una variabilidad similar en casos de deterioro cogni-
tivo leve (Sunderaraman & Cosentino, 2017). Es im-
portante tener en cuenta estas particularidades para
evitar asumir que un paciente posee un mayor o me-
nor conocimiento de sus dicultades, basándose úni-
camente en la medición de habilidades cognitivas que
no están directamente relacionadas con este síntoma.
Desde la psiquiatría clásica, para el concepto de
"falta de conciencia de enfermedad" en el contexto de
las psicosis se describen tres componentes interrela-
cionados: el reconocimiento de la existencia de una
enfermedad mental, la aceptación del tratamiento y
la reinterpretación de eventos como alucinaciones y
delirios, comprendiéndolos como fenómenos patoló-
gicos (David, 1990). Comprender cómo los pacientes
actúan en cada uno de estos escenarios es relevante,
ya que, aunque la falta de conciencia de enfermedad
habitualmente aumenta el riesgo de no adherencia a
los tratamientos (Belvederi Murri & Amore, 2019),
también pueden surgir situaciones más complejas que
requieran un enfoque diferente.
Respecto al primer componente, los pacientes con
una buena percepción de su condición no siempre
presentan un mejor pronóstico ni una mayor dispo-
sición hacia la psicoeducación. En el caso de las psi-
cosis, estos pacientes pueden experimentar depresión,
desesperanza, baja autoestima, deterioro en la calidad
de vida, falta de propósito e incluso tendencias suici-
das (Lysaker et al., 2019). Este fenómeno es particular-
mente evidente cuando el paciente internaliza la iden-
tidad de "paciente enfermo mental", lo que conlleva la
asunción de ideas estigmatizantes, como la creencia de
que no es capaz de desempeñar roles socialmente va-
lorados (Lysaker et al., 2007). En consecuencia, en ca-
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Barreras en la psicoeducación de pacientes usuarios de antipsicóticos...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 23-32.
sos donde existe conciencia de enfermedad, el paciente
podría sentirse demasiado desmotivado para participar
activamente en un proceso de psicoeducación.
En el caso del trastorno bipolar, una mejor intros-
pección sobre la existencia de un trastorno afectivo
se asoció con síntomas más intensos de hipocondría
(Silva et al., 2017), los cuales podrían ser un factor dis-
tractor a la hora de incorporar información relaciona-
da con su tratamiento.
En cuanto al segundo componente, la aceptación
del tratamiento, el paciente puede aceptarlo parcial o
incluso totalmente, aun sin reconocer que está enfer-
mo (David, 1990). En este contexto, “forzar” la acep-
tación del trastorno puede ser contraproducente. Al-
gunos autores proponen que, en pacientes con escasa
conciencia de enfermedad, se adopte un enfoque no
confrontativo para favorecer la adherencia al trata-
miento, en lugar de insistir en que acepten explícita-
mente el diagnóstico (McCormack et al., 2014). Esta
perspectiva coincide con la estrategia referida por al-
gunos entrevistados, quienes optaron por no abordar
directamente el diagnóstico con sus pacientes psicóti-
cos. Aunque esta práctica podría ser considerada un
obstáculo para el desarrollo de la psicoeducación en
contextos convencionales, en estas circunstancias es-
pecícas permite sostener el vínculo médico-paciente
y la continuidad del tratamiento. Así, resulta posible
trabajar en aspectos como el uso adecuado de antipsi-
cóticos y el monitoreo de sus efectos adversos, incluso
si el paciente no reconoce la necesidad de tomarlos.
Como describe Ortiz Lobo, “el encuentro clínico tiene
que ver con negociar cómo el usuario dene su rea-
lidad desde el momento en que existen perspectivas
diferentes, construir con él qué manera de ver el pro-
blema puede resultarle más signicativa y no que el
profesional imponga sus signicados preferidos den-
tro de la narrativa moderna con la que se identica y
deende como 'verdad'” (Ortiz Lobo, 2017).
En relación con el tercer componente, la resigni-
cación de eventos como alucinaciones y delirios, hay
que considerar que, en ocasiones, los pacientes tien-
den a evitar hablar sobre episodios psicóticos previos.
En palabras de Jaspers: “Los pacientes armarán que
han pasado por una enfermedad mental, están con-
vencidos de la irrealidad de los contenidos pasados y
se sienten completamente recuperados, pero no ha-
blan abiertamente sobre todos los contenidos” (Jas-
pers, 1993). En circunstancias habituales, el recuerdo
de una enfermedad severa puede actuar como una
fuente de motivación para trabajar en la prevención
secundaria. Sin embargo, en el caso particular de las
descompensaciones psicóticas, evocar el recuerdo de
estos episodios con el objetivo de mejorar la adheren-
cia al tratamiento puede provocar actitudes refrac-
tarias en el paciente. Esto también explicaría porqué
algunos médicos evitan hablar sobre algunos aspectos
de los trastornos de sus pacientes.
Para la psicología, la negación es un mecanismo de
defensa que permite al individuo protegerse de emo-
ciones o pensamientos amenazantes mediante la nega-
tiva consciente o inconsciente a aceptar ciertos aspec-
tos de la realidad. Según Freud, la negación implica
un rechazo de contenidos dolorosos para mantener
el equilibrio interno (Freud, 2022). Este mecanismo
puede tener funciones adaptativas en momentos críti-
cos, aunque también puede dicultar la resolución de
problemas si se prolonga o se utiliza de manera exce-
siva (Lazarus & Folkman, 1984). Cuando un paciente
enfrenta una enfermedad crónica, su percepción per-
sonal, estilo de vida y dinámica familiar suelen verse
afectados. Como se detalló en resultados, la negación
de la enfermedad, tanto del paciente como de su en-
torno, puede traducirse en conductas que entorpecen
el tratamiento. Reconocer estas reacciones permite al
profesional de la salud gestionar sus propias expecta-
tivas con respecto a lo que espera de sus pacientes, e
interpretar estas situaciones desde otra perspectiva,
evitando que generen irritación o rechazo. Es impor-
tante tener en cuenta que en cualquier caso, el proceso
de aceptación de una enfermedad es largo y doloroso.
A pesar de que resulta tedioso para el médico y cos-
toso para las instituciones, el tiempo que se invierta
en las primeras entrevistas favorecerá el vínculo tera-
péutico y evitarán posibles sobrecargas en el sistema
de cuidados y de salud (Campos & Julián Sinibaldi
Gómez, 2001). Establecer una comunicación colabo-
rativa y respetuosa con los pacientes usuarios de an-
tipsicóticos implica proporcionar información clara
sobre las características de estos fármacos, sus efectos
adversos a corto y largo plazo, así como discutir alter-
nativas terapéuticas disponibles (Read & Sacia, 2020).
Aunque este enfoque puede no ser viable en contextos
agudos o de gran severidad clínica, la toma de decisio-
nes sistemáticamente unilateral por parte del equipo
de salud puede comprometer la recuperación a largo
plazo, al desestimar los recursos internos y externos
que la persona necesita movilizar para afrontar su
proceso de recuperación (Davidson & Gonzalez-Iba-
ñez, 2017). A su vez, cuando un paciente comprende
las consecuencias de sus decisiones, las personas con
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Barreras en la psicoeducación de pacientes usuarios de antipsicóticos...
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trastornos de salud mental tienen pleno derecho a re-
chazar las indicaciones médicas.
Además, es fundamental reconocer que el abando-
no del tratamiento puede tener causas diversas, inclu-
so en un mismo paciente, dependiendo de la etapa de
la enfermedad que esté atravesando. Por ejemplo, cer-
ca de la mitad de los pacientes con trastorno bipolar
interrumpen abruptamente el tratamiento sin super-
visión en algún momento de su vida, especialmente
durante la fase eutímica (Sarkhel et al., 2020). En este
caso, el mecanismo subyacente podría estar relaciona-
do con la negación de la enfermedad en un paciente
con juicio conservado, por lo que un abordaje adecua-
do incluiría intervenciones psicoterapéuticas. Un es-
cenario distinto ocurre cuando el paciente abandona
el tratamiento durante un episodio maníaco o hipo-
maníaco, probablemente debido a una alteración del
juicio que le impide reconocer su enfermedad mental.
En estos casos, el abordaje debe enfocarse prioritaria-
mente en intervenciones farmacológicas.
Como se mencionó en la Introducción, para lle-
var a cabo el proceso psicoeducativo, se disponen de
múltiples recursos que facilitan la comprensión de la
enfermedad. Para aplicarlos de manera efectiva, es im-
prescindible implementar estrategias que superen las
barreras identicadas, como personalizar la informa-
ción teniendo en cuenta las particularidades clínicas
del paciente y fomentar la participación activa de la
familia y otros cuidadores en el proceso educativo. Es-
tos aspectos son esenciales para optimizar la ecacia
de la psicoeducación, mejorar la adherencia al trata-
miento, y favorecer el pronóstico del paciente.
En cuanto a las limitaciones del estudio, se tuvo en
consideración un potencial sesgo de información y/o
selección debido a que los participantes comparten
la misma institución, lo cual atenta contra la validez
externa o generalización de los resultados. A su vez,
este trabajo debe complementarse con otros estudios
más inclusivos, donde se explore la perspectiva de los
pacientes y de otros miembros del equipo de salud
(como psicólogos, terapeutas ocupacionales, enfer-
meros y acompañantes terapéuticos), quienes desem-
peñan un rol esencial en la psicoeducación. Por últi-
mo, debido a la amplitud del trabajo, no se profundizó
en las barreras relacionadas con la falta de autonoa
y la vulnerabilidad de estos pacientes, ni se exploraron
posibles factores facilitadores.
Conclusiones
Las barreras en la psicoeducación relacionadas con
la conciencia de enfermedad en pacientes bajo trata-
miento antipsicótico no deben abordarse de manera li-
neal. El diseño de estrategias psicoeducativas requiere,
previamente, un análisis de cómo el paciente se percibe
a sí mismo, y desde qué paradigma se interpretan sus
conductas. Es relevante tener en cuenta estos hallazgos
para facilitar la alianza terapéutica, y para empoderar a
los pacientes en la gestión de su salud.
Conictos de intereses: los autores declaran no pre-
sentar conicto de intereses.
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Investigación original
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 33-40.
RECIBIDO 11/4/2025 - ACEPTADO 11/8/2025
1.Médico cirujano, Universidad del Pacico, Asunción, Paraguay. https://orcid.org/0000-0002-4222-1739
2.Médico cirujano, Universidad del Pacico, Asunción, Paraguay. https://orcid.org/0009-0009-9462-8248
3.Medica cirujana, Universidad del Pacico, Asunción, Paraguay. https://orcid.org/0009-0005-2649-1578
4.Médica cirujana, Universidad del Pacico, Asunción, Paraguay. https://orcid.org/0009-0000-2115-4779
Autor correspondiente
Guillermo Insfran
ginsfran96@gmail.com
Maltrato infantil y trastornos de la conducta alimentaria: un
estudio transversal en adultos jóvenes
Childhood Neglect and Disordered Eating: A Cross-Sectional Study in Young Adults
Guillermo Insfran1, Benjamín Lezcano Díaz2, Nadia Giménez3, Liz Ortega4
Resumen
Introducción: Las conductas alimentarias de riesgo (CAR) se han asociado con experiencias de trauma infantil.
Este estudio explora la relación entre distintas formas de maltrato y la presencia de CAR en adultos jóvenes.
Métodos: Estudio transversal en 186 estudiantes universitarios. Se aplicaron los cuestionarios CTQ-SF (cinco
dimensiones de maltrato infantil) y CB-CAR. Se realizaron análisis bivariados con nivel de signicancia p < .05.
Resultados: El 36 % presentó CAR. Se observaron asociaciones signicativas con negligencia física (OR = 2.9),
abuso emocional (OR = 2.1) y negligencia emocional (OR = 2.4). No se hallaron asociaciones signicativas
con el abuso físico ni con el abuso sexual (p = 0.9 y p = 1.0, respectivamente). Conclusión: Algunas formas de
maltrato infantil, especialmente la negligencia y el abuso emocional, se asocian signicativamente con CAR en
adultos jóvenes. La detección temprana de estas experiencias puede ser clave en la prevención de trastornos
alimentarios.
Palabras clave: trastornos alimentarios, anorexia nerviosa, negligencia infantil, maltrato infantil
Abstract
Introduction: Risky eating behaviors (REB) are often linked to childhood maltreatment. This study examined the
association between various types of childhood trauma and REB in young adults. Methods: A cross-sectional study
was conducted among 186 university students using the CTQ-SF (ve trauma dimensions) and the CB-CAR. Bivariate
analyses were performed, with signicance set at p < .05. Results: REB was present in 36% of participants. Emotional
abuse (OR = 2.1), emotional neglect (OR = 2.4), and physical neglect (OR = 2.9) were signicantly associated with REB.
No signicant associations were found with physical nor sexual abuse (p = 0.9 and p = 1.0, respectively). Conclusion:
Emotional and physical neglect and emotional abuse are signicantly associated with REB in young adults. Early iden-
tication of trauma history may help prevent eating disorders in at-risk populations.
Keywords: eating disorders, anorexia nervosa, child neglect, child abuse
34
Maltrato infantil y trastornos de la conducta alimentaria: un estudio transversal en adultos jóvenes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 33-40.
Introducción
La Organización Mundial de la Salud (OMS) dene
el maltrato infantil como cualquier forma de abuso o
negligencia hacia personas menores de 18 años, inclu-
yendo el abuso físico, emocional y sexual, la negligen-
cia y la explotación, todos los cuales afectan negativa-
mente la salud y la dignidad de los niños y adolescentes
(Organización Mundial de la Salud, s.f.). Las principa-
les categorías de maltrato incluyen la negligencia, el
abuso físico, el abuso psicológico y el abuso sexual. El
abuso implica un acto por comisión, mientras que la
negligencia representa una omisión; ambos generan
consecuencias perjudiciales a largo plazo (González et
al., 2023). Según el estudio BECAN, la prevalencia del
maltrato infantil, considerando sus diferentes formas,
se estima en un 20,3 % (Nikolaidis et al., 2018a). De
acuerdo con esta clasicación, la negligencia se dene
como la falta de provisión de atención médica, educa-
ción, protección y necesidades básicas como alimen-
tación y vestimenta, siendo esta la forma más común
de maltrato infantil (Nikolaidis et al., 2018a). El abuso
físico incluye actos como golpear, morder o quemar;
el abuso psicológico abarca la humillación, el maltrato
verbal y conductas que generan miedo, con potencial
para desencadenar trastornos psicológicos (Miller et
al., 2018). Por su parte, el abuso sexual comprende ac-
tos sexuales no consensuados, desde el contacto geni-
tal hasta la exposición a contenido explícito.
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA)
se caracterizan por una preocupación excesiva por
el peso corporal y la gura, lo cual afecta de manera
signicativa tanto la salud física como mental. Estos
trastornos presentan alta morbilidad y mortalidad, y
suelen manifestarse como condiciones psicológicas
graves. El DSM-5 los clasica dentro de los “Trastornos
de la Alimentación y la Ingesta de Alimentos” (FED,
por sus siglas en inglés), con ocho categorías principa-
les, entre ellas la anorexia nerviosa, la bulimia nervio-
sa, el trastorno por atracón y el trastorno de evitación/
restricción de la ingesta de alimentos (ARFID) (Liu &
Merritt, 2018). En su edición más reciente, el DSM-5
introdujo cambios relevantes en los criterios diagnós-
ticos de la anorexia nerviosa (Kim et al., 2025). El rol
del médico es fundamental no solo en el diagnóstico
de estos trastornos, sino también en la coordinación
del tratamiento y la derivación a servicios adecuados.
El abordaje en niños y adolescentes resulta especial-
mente complejo, ya que los recursos terapéuticos son
limitados, lo que agrava los efectos negativos sobre el
crecimiento y desarrollo (Hay, 2020).
Los TCA suelen aparecer durante la adolescencia
(Chew et al., 2021), una etapa crítica para el desa-
rrollo cerebral. Cada vez se los reconoce más como
trastornos neuropsiquiátricos con consecuencias tan-
to a corto como a largo plazo. En Estados Unidos, la
prevalencia de los TCA varía entre el 0,2 % y el 0,8 %
en la población general, alcanzando el 2 % en mujeres
adolescentes. En Paraguay, según Barrios et al. (2021),
el 13,6 % de las personas presenta signos compatibles
con un TCA, siendo las mujeres 2,4 veces más pro-
pensas a desarrollarlos. De acuerdo con Bhattachar-
ya (2020), el diagnóstico temprano y la intervención
oportuna son esenciales para prevenir la evolución
crónica de estos trastornos.
Las personas con trastornos de la conducta ali-
mentaria (TCA) suelen reportar antecedentes de ex-
periencias traumáticas. Sin embargo, aún persiste el
debate sobre si ciertos tipos de trauma son más fre-
cuentes en subtipos especícos de TCA. La evidencia
muestra que, aunque una amplia gama de traumas se
asocia con conductas de atracón, ciertas formas de
maltrato infantil —como la negligencia y el abuso físi-
co— tienen una correlación más fuerte con la anore-
xia nerviosa (Gonzalez et al., 2023; Miller et al., 2018;
Nikolaidis et al., 2018a). Estos hallazgos sugieren que
la relación entre trauma y conductas alimentarias de
riesgo (CAR) puede variar en su naturaleza y en los
mecanismos subyacentes. Comprender estas diferen-
cias podría ofrecer claves importantes para el diseño
de tratamientos personalizados. En este contexto, el
presente estudio tuvo como objetivo evaluar la asocia-
ción entre el maltrato infantil y las conductas alimen-
tarias de riesgo en adultos jóvenes.
Materiales y métodos
Se realizó un estudio observacional, descriptivo y
transversal, con muestreo no probabilístico por con-
veniencia. El tamaño muestral se calculó utilizando el
soware Epi Info™ versión 7.5.6.0, considerando una
población nita de 650 individuos, una proporción es-
perada del 20,3 % (Nikolaidis et al., 2018a) y un nivel
de conanza del 95 %, lo que arrojó un tamaño mínimo
requerido de 180 participantes. Finalmente, se incluye-
ron 186 personas que cumplieron con los criterios de
inclusión. La edad media de los participantes fue de 20
años (DE = 1,9). En cuanto al sexo, el 79,5 % (148/186)
fueron mujeres y el 20,4 % (38/186) hombres. Se inclu-
yeron jóvenes de entre 18 y 25 años que otorgaron su
consentimiento informado y aceptaron participar vo-
luntariamente. Se excluyeron aquellos con diagnósticos
35
Maltrato infantil y trastornos de la conducta alimentaria: un estudio transversal en adultos jóvenes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 33-40.
previos de TCA, condiciones médicas que afectaran la
alimentación o dicultades de comunicación que impi-
dieran completar el cuestionario.
La recolección de datos se realizó a través de encues-
tas autoadministradas en Google Forms, difundidas
por plataformas de mensajería instantánea (WhatsApp,
Twitter) y mediante códigos QR en aulas universitarias.
Instrumentos
Cuestionario Breve de Conductas Alimenta-
rias de Riesgo (CB-CAR) (Barrios et al., 2021)
Un instrumento autoadministrado compuesto por 10
ítems que exploran la frecuencia de conductas asocia-
das al riesgo de desarrollar trastornos de la conducta
alimentaria (TCA). Cada ítem se responde mediante
una escala tipo Likert de 4 puntos, que va de 0 ("nunca
o casi nunca") a 3 ("muy frecuentemente"). La puntua-
ción total posible del cuestionario oscila entre 0 y 30
puntos.
Según lo establecido por los autores del instrumen-
to, las puntuaciones se interpretaron de la siguiente
manera:
■ 0–9 puntos: riesgo bajo de TCA.
■ ≥10 puntos: riesgo alto de desarrollar un TCA.
Estas categorías fueron utilizadas para analizar la
asociación entre el nivel de riesgo alimentario y otras
variables del estudio.
Adicionalmente, se calcularon las puntuaciones
correspondientes a las tres dimensiones teóricas del
CB-CAR:
■ Restricción (ítems 1, 6 y 7; rango 0–9),
■ Atracón-Purgas (ítems 2, 3, 4 y 5; rango 0–12),
■ Medidas Compensatorias (ítems 8, 9 y 10; rango
0–9).
Cada dimensión se analizó como variable continua
con nes exploratorios, a n de describir los patro-
nes especícos de riesgo alimentario en la muestra.
El CB-CAR ha demostrado adecuadas propiedades
psicométricas en población universitaria, incluyen-
do consistencia interna, validez estructural y utilidad
como herramienta de tamizaje clínico.
Childhood Trauma Questionnaire–Short Form
(CTQ-SF) (Bernstein et al., 2003)
El CTQ-SF es un cuestionario autoadministrado de 28
ítems que evalúa abuso emocional, abuso físico, abuso
sexual, negligencia emocional y negligencia física. Las
respuestas se recogen en una escala Likert de 5 pun-
tos que va de "nunca" a "casi siempre". La puntuación
dicotomizada clasica la exposición como negativa
(ausente-leve) o positiva (moderada-severa), según
los puntos de corte establecidos por Bernstein y Fink:
abuso emocional ≥13, negligencia física ≥10, abuso
físico ≥10, negligencia emocional ≥15 y abuso sexual
≥8. Se aplicaron además criterios adicionales de seve-
ridad y una escala de negación/minimización (0–3).
El CTQ-SF cuenta con validación psicométrica para
su conabilidad y validez discriminante en el estudio
del maltrato infantil.
Procesamiento estadístico de los datos
Los datos se organizaron en Microso Excel (Micro-
so® Excel® LTSC MSO versión 2409) y se analizaron
mediante la prueba χ² de Pearson en Epi Info™ 7.2.6.0.
Las variables cuantitativas se resumieron utilizando la
media y la desviación estándar, cuando correspondía.
En el caso del puntaje total del CB-CAR, aunque ori-
ginalmente es una variable cuantitativa, se categorizó
en dos niveles (riesgo bajo y riesgo alto) para su análi-
sis descriptivo y de asociación. Se analizaron variables
demográcas (sexo y edad) y las puntuaciones de los
cuestionarios. Los resultados del CB-CAR se trataron
como variable resultante, dicotomizada en bajo riesgo
(puntaje <10) y alto riesgo (puntaje ≥10) de desarro-
llar un trastorno de la conducta alimentaria, de acuer-
do con los puntos de corte establecidos por los autores
del instrumento. En el caso del CTQ-SF, la negligencia
emocional y física, así como el abuso emocional, físico
y sexual, se consideraron factores predictivos.
Este estudio cumplió con los principios éticos esta-
blecidos, garantizando la condencialidad y anonima-
to de los participantes. Todos rmaron un consenti-
miento informado antes de su inclusión. El protocolo
fue aprobado por el Comité de Ética de la Facultad de
Medicina de la Universidad del Pacíco.
Resultados
Cuestionario Breve de Conductas Alimenta-
rias de Riesgo (CB-CAR) (ver Tabla 1)
Restricción
Dentro de esta dimensión, la mayor proporción de
respuestas en la categoría de mayor frecuencia se ob-
servó en el ítem 1, donde el 41,9 % (78/186) de los par-
ticipantes manifestó una preocupación intensa por el
aumento de peso. Asimismo, el 22,0 % (41/186) repor-
tó realizar ejercicio físico con nes compensatorios
con mucha frecuencia (ítem 7), y el 12,9 % (24/186)
indicó haber hecho dietas para bajar de peso con igual
frecuencia (ítem 6).
36
Maltrato infantil y trastornos de la conducta alimentaria: un estudio transversal en adultos jóvenes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 33-40.
Atracón–purga
En cuanto a esta dimensión, el 11,8 % (22/186) de los
encuestados informó haber tenido episodios de atra-
cones con mucha frecuencia (ítem 2), mientras que el
9,1 % (17/186) señaló haber perdido el control sobre
la ingesta alimentaria (ítem 3). La conducta de purga
mediante vómito fue reportada como muy frecuente
por el 2,2 % (4/186) (ítem 4). Por otro lado, el 13,4 %
(25/186) rerió realizar ayunos como forma de res-
tricción con mucha frecuencia (ítem 5).
Medidas compensatorias
Las conductas compensatorias farmacológicas mostra-
ron una baja frecuencia en la categoría de mayor gra-
vedad. Ningún participante reportó el uso frecuente o
muy frecuente de pastillas para adelgazar (ítem 8), diu-
réticos (ítem 9) o laxantes (ítem 10). El 94,6 %, 96,2 % y
89,8 % de los participantes, respectivamente, negó com-
pletamente el uso de estas conductas.
Tabla 1. Frecuencia de respuestas por ítem y distribución de puntajes por dimensión del CB-CAR (n = 186)
Dimensión / Ítem Nunca (%) A veces (%) Frecuente (%) Muy frecuente
(%)
Puntaje total por
dimensión
Restricción
Me ha preocupado engordar 8.60 (16) 26.88 (50) 22.58 (42) 41.94 (78)
Distribucion de puntajes
0: 11 (5.91 %)
He hecho dietas para bajar de
peso 31.72 (59) 38.17 (71 17.20 (32) 12.90 (24) 1: 15 (8.06 %)
He hecho ejercicio para bajar
de peso 19.35 (36) 41.40 (77) 17.20 (32) 22.04 (41) 2: 20 (10.75 %)
3: 19 (10.22 %)
4: 25 (13.44 %)
5: 33 (17.74 %)
6: 17 (9.14 %)
7: 22 (11.83 %)
8: 10 (5.38 %)
9: 14 (7.53 %)
Atracón–purgas
Me he atascado de comida 25.81 (48) 45.16 (84) 17.20 (32) 11.83 (22)
Distribucion de puntajes
0: 26 (13.98 %)
He perdido el control al comer 43.55 (81) 38.17 (71) 9.14 (17) 9.14 (17) 1: 35 (18.82 %)
He vomitado para bajar de peso 83.33 (155) 11.29 (21) 3.23 (6) 2.15 (4) 2: 29 (15.59 %)
He hecho ayunos para bajar
de peso 45.16 (84) 27.42 (51) 13.98 (26) 13.44 (25) 3: 21 (11.29 %)
4: 23 (12.37 %)
5: 18 (9.68 %)
6: 10 (5.38 %)
7: 11 (5.91 %)
8: 5 (2.69 %)
9: 5 (2.69 %)
11: 3 (1.61 %)
Medidas compensatorias
He usado pastillas para
adelgazar 94.62 (176) 5.38 (10) 0.00 (0) 0.00 (0)
Distribucion de
puntajes
0: 157 (84.41 %)
He tomado diuréticos 96.24 (179) 3.76 (7) 0.00 (0) 0.00 (0) 1: 25 (13.44 %)
He tomado laxantes 89.78 (167) 10.22 (19) 0.00 (0) 0.00 (0) 2: 1 (0.54 %)
3: 3 (1.61 %)
Childhood Trauma Questionnaire–Short Form (CTQ-SF)
37
Maltrato infantil y trastornos de la conducta alimentaria: un estudio transversal en adultos jóvenes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 33-40.
Childhood Trauma Questionnaire–Short Form
(CTQ-SF)
Abuso y negligencia emocionales
Las frecuencias de abuso emocional, obtenidas a par-
tir del cuestionario CTQ-SF, mostraron que la pun-
tuación más frecuente fue 5 (ausente-leve), reportada
por el 22,04 % (41/186) de los encuestados. La segun-
da puntuación más común fue 6 (ausente-leve), co-
rrespondiente al 12,37 % (23/186) de los participantes.
En conjunto, el 47,85 % (89/186) obtuvo puntuaciones
entre 5 y 8, todas por debajo del umbral considerado
como “positivo” para abuso.
Las puntuaciones superiores a 12 (límite superior
para abuso moderado) fueron menos frecuentes, sien-
do 16 la puntuación más alta registrada, alcanzada por
solo el 1,08 % (2/186) de los participantes. De forma
más relevante, 54 personas (29,03 %) obtuvieron una
puntuación igual o superior a 13, cumpliendo con el
criterio establecido para clasicar el abuso emocional
como de intensidad moderada a severa, según el pun-
to de corte propuesto (Tabla 2).
En la dimensión de abandono emocional, el 47,85 %
(89/186) de los participantes presentó puntajes co-
rrespondientes a niveles ausentes o leves de maltrato
(puntuaciones ≤14). Por otro lado, el 16,13 % (30/186)
obtuvo puntuaciones iguales o superiores a 15, lo que
se interpreta como indicativo de abandono emocional
moderado a severo. Esto sugiere que la mayoría de los
participantes no reportó experiencias signicativas de
este tipo de maltrato en la infancia (Tabla 2).
Abuso y negligencia física
En relación con el abuso físico, el 85 % (160/186) de
los participantes obtuvo puntuaciones correspondien-
tes a niveles ausentes o leves de maltrato, mientras que
el 14 % (26/186) presentó puntajes en el rango de mo-
derado a severo, lo que indica una menor proporción
de exposición signicativa a esta forma de violencia
en la muestra. Por otro lado, en cuanto a la negligencia
física, el 39 % (73/186) de los encuestados reportó ni-
veles moderados a severos, una proporción considera-
blemente mayor que la observada para el abuso físico,
mientras que el 61 % (113/186) se ubicó en el rango de
ausente o leve (Tabla 3).
Abuso sexual
En la subescala de abuso sexual, la mayoría de los par-
ticipantes obtuvo puntuaciones correspondientes a ni-
veles ausentes o bajos de maltrato. En concreto, el 67,2
% (125/186) se ubicó en la categoría de ausencia de
abuso sexual (puntaje = 5), y el 9,7 % (18/186) presen-
tó niveles bajos (puntajes entre 6 y 7). Por otro lado,
el 14,0 % (26/186) de los participantes obtuvo punta-
jes en el rango moderado (8–12), y el 9,1 % (17/186)
alcanzó niveles severos de abuso sexual infantil (pun-
tajes entre 13 y 25). Estos datos indican que aproxi-
madamente uno de cada cuatro participantes (23,1 %)
reportó experiencias de abuso sexual de intensidad
moderada o severa durante la infancia.
Asociación de variables
Conductas alimentarias de riesgo y sexo
En relación con los resultados del CB-CAR y la va-
riable sexo, la proporción de varones con alto riesgo de
presentar conductas alimentarias de riesgo (CAR) fue
del 21 % (8/38), mientras que en mujeres alcanzó el 39 %,
es decir, un 18 % más (p < .05) (Tabla 4).
Conductas alimentarias de riesgo y maltrato
infantil
El análisis estadístico mostró una relación signica-
tiva entre el abuso emocional y la presencia de con-
ductas alimentarias de riesgo (CAR) (p < .001). En
particular, el 48,1 % (26/54) de los participantes con
niveles moderados o severos de maltrato emocional
presentó CAR, en comparación con el 30,3 % (40/132)
Tabla 2. Frecuencias de maltrato y negligencia emocio-
nales
Dimensión emocional
Puntuación de abuso emocional
≤ 13 Ausente-leve 71 % (132/186)
≥13 Moderado-severo 29 % (54/186)
Total 100 % (186)
Puntuación de negligencia emocional
≤ 15 Ausente-leve 84 % (156/186)
≥15 Moderado-severo 16 % (30/186)
Total 100 % (186)
Tabla 3. Frecuencias abuso y negligencia físicas
Dimensión física
Puntuación de abuso físico
≤ 10 Ausente-leve 85 % (160/186)
≥10 Moderado-severo 14 % (54/186)
Total 100 % (186)
Puntuación de negligencia física
≤ 10 Ausente-leve 61 % (113/186)
≥10 Moderado-severo 39 % (73/186)
Total 100 % (186)
38
Maltrato infantil y trastornos de la conducta alimentaria: un estudio transversal en adultos jóvenes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 33-40.
de quienes no reportaron este tipo de abuso. Esta dife-
rencia fue estadísticamente signicativa (χ² = 4,5; OR
= 2,1), lo que indica que los participantes con antece-
dentes de maltrato emocional tuvieron más del doble
de probabilidad de presentar conductas alimentarias
de riesgo en comparación con quienes no lo experi-
mentaron (Tabla 5).
En relación con la negligencia emocional, el 38 %
(10/26) de los participantes con niveles moderados o
severos presentó CAR, frente al 32 % (50/156) entre
quienes no reportaron este tipo de maltrato. Aunque
las diferencias porcentuales son menores, el análisis
mostró una asociación signicativa (p <.05; χ² = 4,0;
OR = 2,4), lo que indica que la probabilidad de pre-
sentar CAR fue más del doble en los participantes ex-
puestos a abandono emocional infantil (Tabla 5).
Respecto a la negligencia física, el 51 % (37/73)
de los participantes con niveles moderados o severos
presentó CAR, frente al 25,66 % (29/113) de aquellos
sin antecedentes de este tipo de maltrato. Esta diferen-
cia fue estadísticamente signicativa (p < .001; χ² =
11,6), con un OR de 2,9, lo que implica que las perso-
nas expuestas a negligencia física durante la infancia
tienen casi tres veces más probabilidades de presentar
conductas alimentarias de riesgo (Tabla 5).
En contraste, no se observó una asociación signi-
cativa entre el abuso físico y las CAR. El 38 % (10/26)
de los participantes expuestos a abuso físico presen
CAR, comparado con el 35 % (56/160) de aquellos sin
dicha experiencia (p = 0,9; χ² = 0.01; OR = 1,1). Esta
OR cercana a 1 indica que no hubo una diferencia sig-
nicativa en la probabilidad de presentar CAR entre
ambos grupos. Caso similar ocurrido con el abuso se-
xual y las CAR (ver Tabla 5).
Tabla 4. Asociación entre sexo y CAR
Femenino 58 (39.18 %) 90 (60.81 %) 148
Masculino 8 (21.05 %) 30 (78.94 %) 38
Total 35 % (66) 120 (65 %) 186
Tabla 5. Asociación de trauma infantil con CAR por dimensiones
Conducta alimentaria de riesgo
Alto riesgo Sin riesgo Total Valor p, Χ², OR
Negligencia emocional
Moderado-severo 38 % (10/26) 62 % (16/26) 26 (14 %)
p<.05, Χ²=4,0 OR=2.4
Leve-ausente 32 % (50/156) 68 % (106/156) 156 (83 %)
Total 66 120 186 (100 %)
Abuso emocional
Moderado-severo 48.1 % (26/54) 51.9 % (28/54) 54 (29.1 %)
p<.05, Χ²=4,5, OR=2.1
Leve-ausente 30.3 % (40/132) 69.5 % (92/132) 132 (70.9 %)
Total 66 120 186 (100 %)
Negligencia física
Moderado-severo 51 % (37/73) 49 % (36/73) 73 (39.2 %)
p<.05 Χ²=11.6, OR=2.9
Leve-ausente 25.66 % (29/113) 74,34 % (84/113) 113 (60 %)
Total 66 120 186 (100 %)
Abuso físico
Moderado-severo 38 % (10/26) 61,54 % (16/26) 26 (13.9 %)
p=0.9, Χ²=0,01, OR=1.1
Leve-ausente 35 % (56/160) 65 % (104/160) 160 (86 %)
Total 66 120 186 (100 %)
Abuso sexual
Moderado-severo 16.6 % (11/66) 16.6 % (20/120) 31 (17 %)
p=1.0, Χ²= 0.0, OR= 1.00
Leve-ausente 83.3 % (55/66) 83.3 % (100/120) 155 (83 %)
Total 66 120 186
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Maltrato infantil y trastornos de la conducta alimentaria: un estudio transversal en adultos jóvenes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 33-40.
Discusión
El objetivo de este estudio fue evaluar la asociación
entre el maltrato infantil y la presencia de conductas
alimentarias de riesgo (CAR) en adultos jóvenes. Los
resultados evidenciaron asociaciones signicativas
entre tres de las cinco dimensiones evaluadas median-
te el CTQ-SF (abuso emocional, negligencia emocio-
nal y negligencia física) y la presencia de CAR en la
adultez.
En particular, la negligencia física mostró una de
las asociaciones más robustas, con una razón de pro-
babilidades (OR) de 2,9, lo que indica que los parti-
cipantes con antecedentes de este tipo de maltrato tu-
vieron casi tres veces más probabilidad de presentar
conductas alimentarias de riesgo. De manera similar,
se observaron asociaciones signicativas para el abuso
emocional (OR = 2,1) y la negligencia emocional (OR
= 2,4), lo que sugiere que los décits afectivos y relacio-
nales durante la infancia podrían desempeñar un papel
importante en la conguración de conductas alimenta-
rias desadaptativas en etapas posteriores del desarrollo.
Estos hallazgos coinciden con lo reportado por
Convertino et al. (2022), quienes, en una muestra re-
presentativa de Estados Unidos, demostraron que
diversos tipos de trauma infantil se asocian con tras-
tornos como el atracón, la anorexia nerviosa y otras
conductas alimentarias de riesgo, según la denición de
la OMS. Asimismo, estudios como el metaanálisis de
Alarcón-Rabito (2021) y la investigación multicéntrica
BECAN liderada por Nikolaidis et al. (2018a) también
reportaron una fuerte relación entre el abuso infantil y
diversas formas de psicopatología alimentaria.
Aunque la dimensión de abuso físico no mostró
una asociación estadísticamente signicativa en este
estudio (p = 0,90; OR = 1,1), el análisis descriptivo re-
veló que un 38 % de los participantes expuestos a esta
forma de maltrato presentaron CAR, un porcentaje
considerable. Este hallazgo podría explicarse por fac-
tores contextuales o por la coexistencia de otras for-
mas de maltrato más inuyentes, como la negligencia.
La ausencia de signicancia estadística no excluye su
relevancia clínica, por lo que se sugiere abordarlo en
investigaciones futuras con muestras más amplias o
diseños longitudinales.
Diversos autores han planteado la existencia de
factores intervinientes entre el trauma infantil y las
CAR, incluyendo síntomas depresivos, alexitimia,
desregulación emocional, insatisfacción corporal, au-
tocrítica y sintomatología postraumática. Estos facto-
res podrían funcionar como mecanismos psicológi-
cos que median o moderan la relación observada, y
merecen ser explorados en estudios futuros. En este
sentido, una infancia libre de abuso podría actuar
como factor protector, como se reeja en este estudio:
los participantes sin antecedentes de negligencia física
presentaron una prevalencia signicativamente me-
nor de CAR (25,7 %).
En consonancia con lo planteado por Monteleone
et al. (2020), quien subraya el rol del trauma infan-
til severo y persistente como predictor de trastornos
psiquiátricos, los hallazgos de este trabajo refuerzan
la necesidad de diseñar e implementar estrategias pre-
ventivas y de detección temprana del abuso infantil.
Este tipo de intervenciones no solo tendría impacto
en la salud física y emocional inmediata de los niños,
sino también en la prevención de trastornos alimenta-
rios y otras formas de psicopatología en etapas poste-
riores de la vida.
En cuanto al abuso sexual infantil, aunque en este
estudio no se observó una asociación estadísticamen-
te signicativa con las CAR (p = 1,0; OR = 1,0), la evi-
dencia reciente sugiere que este tipo de trauma puede
tener un impacto clínico importante en el desarrollo
de trastornos alimentarios. Convertino et al. (2022),
en una muestra representativa de adultos jóvenes en
Estados Unidos, hallaron que el trauma sexual inter-
personal se asociaba con un mayor riesgo de desa-
rrollar tanto trastorno por atracón (OR = 2,22) como
anorexia nerviosa (OR = 2,64). De manera similar, un
metaanálisis conducido por Solmi et al. (2021) reveló
que el abuso sexual infantil se asociaba con una pro-
babilidad casi tres veces mayor de desarrollar bulimia
nerviosa (OR = 2,73; IC95%: 1,96–3,79). Además,
Hazzard et al. (2022) encontraron que las estudiantes
universitarias que habían experimentado abuso se-
xual en el último año presentaban mayor prevalencia
de conductas de purga (PR = 1,71; p = 0,009) y sobre-
valoración del peso corporal.
Estos hallazgos, aunque no replicados en nues-
tra muestra, refuerzan la necesidad de considerar el
abuso sexual como un factor de riesgo clínicamente
relevante, cuya inuencia podría no haber sido de-
tectada aquí debido al tamaño reducido del subgrupo
afectado, sesgos de reporte o factores contextuales no
controlados. Estudios con mayor poder estadístico y
diseños longitudinales permitirán esclarecer mejor
esta relación.
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Maltrato infantil y trastornos de la conducta alimentaria: un estudio transversal en adultos jóvenes
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 33-40.
Conclusión
Los hallazgos de este estudio respaldan la existencia
de una asociación signicativa entre el maltrato infan-
til, particularmente la negligencia emocional, la negli-
gencia física y el maltrato emocional, y la presencia
de conductas alimentarias de riesgo (CAR) en adultos
jóvenes. Estos resultados refuerzan la evidencia previa
sobre el impacto duradero de las experiencias adver-
sas en la infancia sobre la salud mental, especialmente
en relación con los hábitos y conductas alimentarias.
Si bien no se observó una asociación estadística-
mente signicativa con el maltrato físico, la prevalen-
cia de CAR en este grupo sugiere que su rol no puede
descartarse completamente y merece ser explorado en
estudios futuros. En conjunto, los resultados subrayan
la necesidad de implementar estrategias de detección
y prevención del maltrato infantil, así como de con-
siderar estas experiencias tempranas en el abordaje
integral de los trastornos de la conducta alimentaria.
Conicto de intereses: los autores declaran no tener
conictos de interés. Este estudio fue autonanciado
por los autores.
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Investigación original
41
Resumen
Las alteraciones socio-comunicacionales involucradas en el fenómeno del autismo hacen que quienes lo habi-
tan (autistas y no autistas) tengan dicultades para identicar lo que sienten y quieren de la relación. El trabajo
del psiquiatra Marcelo Pakman sobre la singularidad del sentido en el ámbito de la salud mental, ofrece la ruta
teórica y metodológica en la que se fundamenta esta investigación, la cual, mediante un enfoque cualitativo y
un diseño de estudio de caso, se propone indagar y presentar singularidades, es decir, situaciones atípicas que
fomentan la construcción de relaciones que aprovechen oportunidades de conexión social no convencionales.
Para ello se estudió la autobiografía de Temple Grandin: “Atravesando las puertas del autismo: una historia de
esperanza y recuperación”, especícamente, se aborda la experiencia de la invención de la “máquina de apre-
tar” o también llamada “máquina de los abrazos”. Se identicaron las posibilidades alternativas de ser y estar
con los demás que se dieron alrededor de dicho artefacto, al permitir la interrupción de los patrones rígidos
desde los cuales pueden sostenerse algunos de los estereotipos derivados del diagnóstico clínico.
Palabras clave: autismo, Temple Grandin, autobiografía, estudio de caso, sociabilidad alternativa
Abstract
The socio-communicational alterations involved in the phenomenon of autism make it difcult for those who experience
it—both autistic and non-autistic individuals—to identify what they feel and want from their relationships. The work
of psychiatrist Marcelo Pakman on the singularity of sense in the eld of mental health provides the theoretical and
methodological framework that underpins this research, which, through a qualitative approach and a case study design,
aims to inquire into and present singularities—atypical situations that facilitate the construction of relationships by
taking advantage of unconventional opportunities for social connection. This is explored in the autobiography of Temple
Grandin "Emergence: Labeled Autistic", specically focusing on the experience of inventing the "squeeze machine", also
known as the "hug machine." The book identies the existential openings promoted by this experience, as they foster
other ways of being with others by disrupting the rigid patterns that sustain some of the stereotypes associated with
the clinical diagnosis.
Key words: autism, Temple Grandin, autobiography, case study, alternative expressions of sociality
La "máquina de apretar": expresiones alternativas de sociabilidad
en el autismo. Un estudio de caso basado en una autobiografía de
Temple Grandin
The "squeeze machine": alternative expressions of sociability in autism. A case study based
on an autobiography by Temple Grandin
Viviana López Torres1
RECIBIDO 17/10/2024 - ACEPTADO 5/3/2025
1.Doctora en Ciencias Sociales y Humanas, Psicóloga. Profesional Psicosocial de la Universidad Pedagógica Nacional en Bogotá, Colombia.
https://orcid.org/0000-0002-4261-4129
Correspondencia:
lopezt.v@javeriana.edu.co
Institución donde se realizó la investigación: Ponticia Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 41-49.
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La "máquina de apretar": expresiones alternativas de sociabilidad en el autismo...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 41-49.
Introducción
La categoría clínica del autismo ha cambiado desde
que se nombró por primera vez como una patología
denida por un profundo aislamiento afectivo, pasan-
do por la presencia de anormalidades en la percepción
y otros procesos cognitivos, hasta implicar décits
en la cognición social y la comunicación (Verhoe,
2013). Según Fortea, Escandell & Castro (2013) el pri-
mer estudio epidemiológico llevado a cabo en 1966
estimó una tasa de prevalencia del autismo del 4,1 por
cada 10.000 personas, en la actualidad, según datos de
la Organización Mundial de la Salud (2023), 1 de cada
100 niños en el mundo es diagnosticado con autismo;
el aumento exponencial de las tasas de prevalencia se
ha asociado a cambios en los criterios diagnósticos,
así como a la creación de servicios especializados que
hacen uso de instrumentos más ecaces para una de-
tección temprana y permiten un mejor conocimien-
to de la condición asociada (Fombonne, 2009). Por
otro lado, Eyal (2013) también relaciona el aumento
del diagnóstico con el proceso de desinstitucionaliza-
ción del retraso mental que inició en Estados Unidos
a principios de la década de 1970 y que, según el autor,
desplaza la atención hacia una disfuncionalidad pre-
valentemente relacional, afectiva y, por tanto, suscep-
tible de ser tratada/curada.
El modelo médico-clínico dominante representa
y trata el autismo tipicando como sintomáticos los
intercambios relacionales no normativos, excluyendo
de este modo el reconocimiento de expresiones alterna-
tivas de sociabilidad condicionadas por las limitaciones
asociadas a las alteraciones neurobiológicas de base. Al
respecto, Trevarthen y Delaeld-Butt (2013) proponen
que, tanto las dicultades en la comunicación como el
aislamiento social y los retrasos en el desarrollo del len-
guaje de las personas con autismo, son consecuencias
secundarias de una alteración principal en la ontogéne-
sis prenatal del desarrollo de los sistemas motores del
tronco encefálico, lo cual diculta la integración ade-
cuada de la información sensorial y la sincronización
motora y altera la percepción sensorial prospectiva del
movimiento, dicultades que llegan a ser más evidentes
en la primera infancia y activan mecanismos compen-
satorios a la saturación de información sensorial y se
traducen en el subsecuente aislamiento y en retraso del
desarrollo socio-comunicativo.
El alcance de las tecnologías biopolíticas, enten-
diendo por estas el término utilizado por Foucault
para referirse a las implicaciones políticas de la admi-
nistración de la salud y la vitalidad de las poblaciones,
desde nales del siglo XX y principios del XXI superan
la pretensión regularizadora, teniendo en cuenta que
la optimización de lo que ya se considera normal ha
implicado también la identicación de anomalías pre-
sintomáticas que representan un riesgo para la adap-
tación a una sociedad globalizada y competitiva que
con mayor frecuencia responsabiliza al individuo del
riesgo del que se asume es portador (Nadesan, 2022).
Desde una perspectiva alternativa, los Estudios
Críticos en Autismo (CAS por sus siglas en inglés) han
reunido un grupo de investigadores autistas que bus-
can reivindicar sus intereses y derechos como activis-
tas del movimiento de la neurodiversidad (Baumer y
Frueh, 2021), criticando las posturas patologizantes y
centradas en el décit derivadas del modelo biomédi-
co. Autores autistas como Jim Sinclair, Luke Aylward,
Steve Graby, Damian Milton y Lyte Moon, entre otros,
han abogado por tres objetivos: indagar por las rela-
ciones de poder a través de las cuales se construye el
autismo, promover discursos alternos a los hegemó-
nicos centrados en el décit, así como la creación de
enfoques teóricos y metodológicos que sean fuentes
de emancipación para la armación de la singulari-
dad del autista (Woods, Milton y Graby, 2018 citando
a Davidson y Orsini, 2013). Otras investigaciones se
han propuesto desarticular el guion estigmatizante de
los comportamientos de los autistas, señalando, por
ejemplo, cuáles conductas consideradas sintomáticas
y negativas tales como las estereotipias o movimien-
tos repetitivos como el balanceo o el aleteo de manos,
son un mecanismo adaptativo que, desde su propia
perspectiva, les ayuda a calmar y comunicar emocio-
nes o pensamientos intensos y, por tanto, se oponen al
tratamiento orientado a erradicarlos (Kapp, Steward,
Crane, Elphick, Pellicano y Russell, 2019).
El diagnóstico, puesto en juego desde esta pers-
pectiva, entendido no sólo como la nominación ta-
xonómica de una anomalía, sino comprendido tam-
bién como un “evento” tal como lo propone Valtellina
(2018), termina por resignicar la propia vida, ya que,
por un lado, trae la absolución de la culpa y la ver-
güenza que conlleva el no poder corresponder a las
expectativas de interacción social y, por otro lado,
facilita la conciencia de las propias características
de funcionamiento. El autor fundamenta su tesis del
diagnóstico como evento apoyándose en la teoría de
John Austin sobre los actos del habla y la dimensión
performativa del lenguaje.
Por su parte, Hacking (2006) señala que las par-
ticularidades de las conguraciones neurobiológicas
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que hacen que una persona sea autista, no determinan
necesariamente los estilos de vida. Desde una postura
aún más radical y considerando el autismo como una
producción discursiva con consecuencias materiales
que limitan el acceso a los derechos y el reconocimien-
to de subjetividades diferentes a las exigidas por los
discursos normalizadores, sobre todo cuestionando la
visión del mundo “no autista” como punto de referen-
cia para entender a los autistas, autores como O’De-
ll, Bertilsdotter, Ortega, Brownlow & Orsini (2016),
Begon & Billington (2019) y Silvera (2019) analizan
una variedad de posiciones teóricas, conceptuales
y políticas en Brasil, Suecia, Reino Unido y Canadá,
mostrando un interés por la construcción del autismo
desde una perspectiva situada y reconociendo el papel
fundamental de las narrativas de los sujetos autistas
sobre sí mismos en expresiones culturales tales como
el arte y la literatura, en los textos legales y cientícos,
en los manuales de salud, en las autobiografías, en los
periódicos, en las revistas, en el activismo político, en
las entrevistas, etc.
Algunos ejemplos de estas aproximaciones alter-
nativas de investigación en autismo incluyen a Visuri
(2019) quien ha encontrado que las conductas paraso-
ciales (el encuentro con personajes cticios o imagi-
narios que son tratados como si fuera otro ser huma-
no) son utilizadas por los autistas tanto para el placer
como para hacer frente a las adversidades, razón por
la que considera que los reinos imaginarios les sirven
como espacios óptimos para practicar la interacción
social. Se sabe que las alteraciones en el procesamien-
to de la información sensorial también complican las
relaciones sociales para los autistas, por lo cual la inte-
racción con personajes imaginarios parece reducir el
estrés vinculado a las dicultades para comprender e
integrar las señales multimodales y no verbales.
El trabajo de Pakman (2011, 2014, 2018, 2022) sobre
la singularidad del sentido y su perspectiva crítico poé-
tica en el ámbito de la salud mental, propone una vía
teórica y metodológica para indagar las potencialidades
que, precediendo y excediendo la subjetividad, dinami-
zan los signicados jados en guiones micropolíticos
estandarizados y abren el signo a la dimensión del sen-
tido, la cual preexiste a las clasicaciones convenciona-
les de comunicación basadas en el signicado.
Siguiendo a Pakman (2014) “existen tres dimen-
siones operacionales en relación con el lenguaje: la de
la pura materialidad (o como sea que se conciba y se
nombre el referente del lenguaje), la de los procesos
de signicación y la intermedia del sentido (p. 63)”.
Fundamentado en la teorización de Jean-Luc Nancy,
la elaboración que hace el autor se centra en la dimen-
sión del sentido y, es precisamente aquí, donde esta
investigación busca poner el acento, dado que se hipo-
tetiza que es en esta dimensión intermedia, en donde
para las personas con autismo existen más posibili-
dades por explorar en los procesos de socialización,
dada la dicultad que el autismo implica para operar
con signicados abstractos del lenguaje. Al respecto,
Pakman reere:
“Esta dimensión del sentido se hace presente (…)
en casos de autismo grave en los que no solamente no
está desarrollado el habla, sino que las condiciones
para la adquisición de esta se encuentran alteradas y la
danza sensoriomotriz se da con torpeza desde el pun-
to de vista de los adultos a cargo del niño, generando
desconcierto en los mismos. En esos casos recurrir a
la relación con delnes, con caballos o con educadores
que entienden que el problema no está a nivel de la
signicación, sino del sentido de una danza que se da
a nivel de la comunidad sensoriomotriz interespecí-
ca, permite el desarrollo de alternativas viables para
esa dimensión del sentido que no es, en estos casos, un
preludio del habla signicativa que en su momento la
ocultará” (2014, p. 73).
Fundamentando su apuesta teórica en las ideas del
antropólogo Gregory Bateson, Pakman (2022) recuer-
da que la comunicación analógica para los mamíferos
se constituyó en el principal modo de comunicar “pa-
trones y contingencias de la relación. De hecho, seña-
la que, para el autor, la denición de signicadopuede
considerarse un sinónimo aproximado de patrón, re-
dundancia, información y restricción” (Bateson, 1967,
p. 157 citado por Pakman, 2022, p. 85). La importancia
de la comunicación analógica en los mamíferos, puesta
al servicio de la interpretación de las relaciones entre
los comunicantes, tiene que ver con su impacto lo-
genético en la supervivencia de los miembros capaces
de jugar este juego y en el desarrollo subsecuente de
un mayor tamaño de su cerebro (Bateson, 1966 citado
por Pakman, 2022).
Según Pakman (2022), el signicado como pro-
ducto de redundancias implica una clasicación que
reduce aquello a lo que se ha estado expuesto y conlle-
va una intencionalidad predictiva. No obstante, la ma-
yor parte de los fenómenos de la vida no sólo implican
la existencia de patrones, sino que, al mismo tiempo,
no es posible realizar predicciones ni ejercer control.
Entonces, al introducir la aleatoriedad también cons-
titutiva de los fenómenos sistémicos, se está ante la
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imposibilidad de clasicar “lo que se está haciendo
presente, aquello contingente que, al no encajar en el
patrón, resulta fundamental para el aprendizaje. Al no
ser transmisible en los mismos términos del patrón
establecido, dicha contingencia puede sincopar o in-
terrumpir la lógica alrededor de la cual se organiza el
signicado, en virtud de lo cual se constituye lo que
Pakman denomina una singularidad.
Pakman (2014) reconoce en el neologismo de
Nancy “exscripción, una posibilidad para abrir la ins-
cripción a la realidad cuando está al servicio de los
procesos de signicación. Según el autor, en la di-
mensión del sentido sucede la imaginación, que no
es agenciada por un sujeto, sino que se apoya en la
llegada de un fragmento de la circulación del sentido
que trae siempre la textura del mundo, es decir, una
imagen. Es precisamente el fenómeno de la esxcrip-
ción el que revitaliza al signo permitiéndole anclarse
en la vida sensible.
Intensicar las experiencias en las que la materiali-
dad del sentido de las imágenes por las que somos to-
cados, dada su textura vívida y sensual, permite reco-
nocer su potencialidad para producir singularidades.
La imagen se ofrece como aparición de la realidad, es
la expresión del sentido y no se identica con los pro-
cesos perceptivos, de la memoria o de la cción, sino
que “es la aparición fragmentaria de los mismos como
unidad que recibimos sin llamar y a la que no pode-
mos evitar estar expuestos, aunque su permanencia
con nosotros puede ser fugaz” (Pakman, 2014, p. 116).
Exscribir de la situación, en términos de Nancy citado
por Pakman (2014), aquello que se resiste a ser nor-
malizado, requiere el operar de la imaginación, es de-
cir, un trabajo sobre las imágenes que recoja sus pun-
tos de indeterminación y resistencia para exponerlos a
otras imágenes y promueva su existencia.
El sentido “es el venir a la presencia de la realidad
del mundo mismo y esa aparición es justamente lo que
Nancy considera que es una imagen (Pakman, 2014,
p. 110)”. La imagen aquí no se entiende como una re-
presentación visual mimética de la realidad. Pakman
(2014), siguiendo a Nancy, reconoce en el autor dos
transgresiones a la concepción tradicional de ima-
gen: “En Nancy encontramos dos transgresiones a esta
concepción tradicional de la imagen enraizada en la
dicotomía entre el cuerpo y la mente: en primer lugar,
la imaginación no es la facultad mental productora de
imágenes, porque estas, como la dimensión del sentido a
la que pertenecen, exceden y preceden al sujeto (…) La
segunda transgresión de Nancy consiste en que las imá-
genes liberadas de la psicología, que las disciplinaba a ser
los productos de una función mental, no se limitan a ser
copia o producción, es decir, a ser en ambos casos, apa-
riencia, para volverse la aparición misma de toda rea-
lidad. Con estas dos transgresiones nos trasladamos de
una epistemología que trata de concebir la imagen como
un aspecto de los procesos de conocimiento, a una onto-
logía de la imagen que es un suplemento a la ontología
del sentido, para la que el ser es el aparecer innito de
la realidad del mundo a la existencia, en tanto lo que el
mundo es y como parte de una losofía de la nitud, es
decir, sin provenir de ningún lugar trascendente, ideal o
divino (p. 110)”.
Teniendo en cuenta que el sentido no es un con-
cepto dependiente de la subjetividad ni del lenguaje,
se entiende que sucede de una manera prerreexiva y
preconceptual sin que medien los procesos de signi-
cación. En la aproximación que se hace a la lectura de la
autobiografía de Temple Grandin, el uso metodológico
del concepto “trabajo de la imaginación” propuesto por
Pakman, resulta fundamental para exponer las poten-
cialidades presentes en la invención de la máquina de
apretar y reconocer en las dinámicas de relación susci-
tadas alrededor de ella, formas de sociabilidad alterna-
tivas a las convenciones de los códigos sociales presen-
tes en las formas de socialización neurotípicas.
Mediante un enfoque cualitativo y un diseño de es-
tudio de caso, este trabajo indaga en la autobiografía
de Temple Grandin (1996) Atravesando las puertas
del autismo: una historia de esperanza y recuperación”,
en búsqueda de testimonios donde pudieran quedar
expuestas experiencias de socialización atípicas que
funcionen como puntos de resistencia a las barreras
y a los códigos convencionales prescritos. Especíca-
mente, se propone una reexión sobre las potenciali-
dades que habitan en las formas no convencionales de
sociabilidad presentes en la invención de la máquina
de apretar.
Metodología
Tipo y diseño
Se trata de una investigación cualitativa centrada en el
estudio de caso presente en la autobiografía de Tem-
ple Grandin: Atravesando las puertas del autismo: una
historia de esperanza y recuperación, especícamente,
la indagación dirige la atención a la invención de la
máquina de apretar”. Este artefacto, según la autora,
le proporciona tranquilidad y compensa sus diculta-
des para lidiar con las peculiaridades sensoriales deri-
vadas de su condición como persona autista.
En la lectura de su autobiografía, este trabajo abor-
da la experiencia de dicha creación en la búsqueda de
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 41-49.
posibles aperturas existenciales, es decir, lo que hasta
ahora se ha denominado singularidades o modos atí-
picos de ser y estar con los demás, teniendo en cuenta
las situaciones que la máquina suscita entre Temple y
sus allegados.
Procedimiento
La lectura se enfocó en encontrar situaciones que
cuestionaran el estereotipo del diagnóstico clínico:
impertinencias o anécdotas divertidas, conmovedo-
ras, extrañas y atípicas en las que las personas involu-
cradas en la situación se vieran necesariamente forza-
das a actuar de manera poco convencional.
No se buscó identicar patrones porque las singu-
laridades están afuera de ellos.
No hubo una intención interpretativa, haciendo
uso del término empleado por Susan Sontag (1984),
se trató de una “erótica” de la investigación, por ello se
priorizó la forma sobre el contenido de las experien-
cias de socialización expuestas en la autobiografía, es
decir, más que el signicado de lo que se dice o hace,
el énfasis se da en lo que de la situación permite el
sostenimiento del contacto social.
Se buscó hacer uso de un lenguaje evocativo para
no acabar representando las situaciones y así más bien
presentar en ellas el status epistemológico, ontológico
y ético de la metodología: la potencia crítica de la ima-
ginación para desestabilizar la rigidez del diagnóstico
clínico.
Resultados
Grandin contó con un nutrido ambiente de estimu-
lación social desde la niñez, esto sin desconocer las
burlas y los malos tratos que también aparecen des-
critos en sus historias. No habló sino hasta los cuatro
años y, sin embargo, recuerda con detalle la impoten-
cia de comprender lo que le decían sin poder reac-
cionar frente a ello. Grandin (1996) dice que “hay un
punto de equilibrio entre enseñar a un niño autista a
disfrutar del contacto y provocarle el temor a ser en-
gullido” (p. 35). La hipersensibilidad sensorial la llevó
a retraerse y a rechazar la cercaa física, incluyendo
la de su madre.
En los recuerdos de la primaria se pudo encontrar
respuestas divergentes que fueron bien recibidas por
los adultos y otros niños del contexto escolar:
Cuando la escuela organizó una muestra de masco-
tas y pidió que cada alumno llevara una, yo me llevé a
mí misma. Como mi madre no quería que llevara nues-
tro perro para tenerlo atado en la escuela durante todo
el día, me disfrace de perro. Incluso tenía amos: los me-
llizos Reese. Durante todo el día actué como un perro:
ladré, me senté, me eché. Fue un gran éxito y me recom-
pensaron con una cinta azul. El año siguiente hubo una
muestra de juguetes y concurrí como un juguete: como
una muñeca de trapo. Estas ideas originales fueron bien
recibidas en la escuela (Grandin, 1996, p. 41).
Destaca la presencia rme y amorosa de su mamá
a lo largo de sus escritos. En este, el límite que ella le
coloca, además de mostrar sensibilidad con el cuidado
del perro, también permite que se organice todo un
contexto en el que la complicidad de los otros niños y
adultos de la escuela, le validan su manera de relacio-
narse y divertirse.
Por otro lado, sobresale el apoyo de su profesor de
ciencias, William Carlock, quien además escribe el
prólogo del libro y juega un papel fundamental, junto
con la tía Ann, en la invención de la “máquina de apre-
tar” con la que Temple buscó compensar su dicultad
para tener contacto físico con las demás personas.
Cuando Temple terminó el tercer año de secundaria,
cuenta que fue a visitar a su tía Ann en Arizona, a una
hacienda en la que criaban ganado. Estando allí, la tía
le pidió ayuda con distintas tareas, entre ellas, que re-
parara una cerca y que le colaborara con el artefacto
utilizado para inmovilizar a las reses cuando debían
ser vacunadas, marcadas o capadas. El interés que des-
pertó dicha máquina se acercó a lo que había imagina-
do como un aparato capaz de generar una sensación
parecida a un abrazo y le permitiera sentirse aliviada.
Temple, narra lo siguiente:
Me pasé horas observando cómo los terneros asusta-
dos y crispados eran encerrados en la máquina y, des-
pués de sentir en sus costados la suave prisión de los
tableros, se calmaban. Finalmente, le pedí a mi tía Ann
que me permitiera probar la máquina. La presión ali-
viaba a los terneros; por lo tanto, tal vez pudiera ayu-
darme. Primero modiqué la altura del cepo para poder
pasar por él la cabeza cuando estaba con los pies y las
rodillas apoyadas en el suelo. Después me metí dentro
de la máquina. Ann tiró de la cuerda que accionaba los
tableros. Pronto sentí la rme presión que ejercían en
los costados. Normalmente hubiera eludido esa presión,
del mismo modo que en mi niñez eludía el abrazo de mi
tía obesa y fofa. Pero en la máquina eso no era posible.
No podía eludir la presión a menos que me liberaran.
El efecto era estimulante y relajante al mismo tiempo.
Pero, lo que es más importante en el caso de una per-
sona autista, yo ejercía el control: a diferencia de lo que
me ocurría cuando un familiar demasiado afectuoso me
sofocaba al abrazarme, yo podía dirigir a Ann en lo que
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se refería al grado de presión confortable. La máquina
alivió mis ataques nerviosos. Como era de esperar se
convirtió en una obsesión para mí (1996, p. 84-85).
La máquina de apretar resultó constituirse en una
posibilidad para tener una experiencia relajante y esti-
mulante al mismo tiempo, que compensaba el recha-
zo/deseo de ser abrazada descrito por ella. La observa-
ción delicada y sensible del efecto tranquilizador que
producía en los animales, le permitió arriesgarse a in-
tentarlo para sí misma sin prejuicios. La disposición
de su tía favoreció la sensación de control al sentirse
escuchada a la hora de calibrar la fuerza de la presión,
lo cual generó un intercambio entre ellas que, al mar-
gen del contenido intercambiado, permite que en la
dimensión del sentido haga presencia la conanza con
la mediación de la máquina.
En una carta que la tía Ann escribe a la mamá de
Temple durante aquel verano, hace mención a la má-
quina de apretar y al desconcierto que le producía, al
tiempo que a su interés por el efecto que tenía en su
sobrina:
La máquina de apretar ganado de la que sin duda
habrás oído hablar, era un símbolo que conciliaba dos
impulsos opuestos: el deseo apremiante de someterse a
una contención táctil y disfrutar de ella, y la renuen-
cia a permitir que nadie ni siquiera tú, su madre, y
por cierto no su abrumadora tía, la proveyeran. Admito
que no comprendí el interés de Temple por la máquina.
En realidad, pasé algunos malos momentos cuando la
acompañaba mientras estaba aprisionada en ella. Aun-
que aparentemente estaba experimentando una sensa-
ción agradable, yo me preguntaba qué iba a decir si el
capataz de la Hacienda pasaba por allí y preguntaba q
estábamos haciendo. Entendiera o no la fascinación que
le producía, me di cuenta de que de alguna manera era
muy importante para Temple: un símbolo que le resulta
muy útil para buscar soluciones a sus problemas. Por esta
razón la deendo vigorosamente. Y si Temple construye
más tarde un prototipo para su uso, me parece muy bien.
Creo que, lejos de ser algo morboso, es simplemente parte
del modo como su mente poco común resuelve sus poco
comunes problemas. Me siento orgullosa de haber contri-
buido, aunque sea en una pequeña parte, al liberar ese
excelente cerebro para el trabajo constructivo que sé que
puede realizar (1996, p. 86 – 87).
No obstante, el uso de la máquina de apretar no
fue bien recibido por otras personas, entre ellos: te-
rapeutas, amigos y parientes. De hecho, trataron de
convencerla para que no la utilizara adjudicándole un
signicado indecente vinculado a lo sexual. Temple
dice que le llevó mucho tiempo liberarse de la culpa
que le infundían, pero que, al mismo tiempo, se sintió
motivada para comprobar que era práctica y bene-
ciosa para relajar a la gente (Grandin, 1996).
Las respuestas de la tía Ann y el profesor Carlock,
funcionan como puntos de resistencia, como líneas de
fuga, al apoyarla con determinación contrarrestando
así la fuerza de la censura. Temple lo narra de la si-
guiente manera:
Cuando volví a la escuela ese otoño, estaba aún ob-
sesionada por la máquina. El señor Carlock orientó mi
obsesión hacia un proyecto útil. Con su asesoramiento
construí un aparato semejante, utilizando sobrantes de
madera. Mi proyecto inquietó al psicólogo de la escuela,
quien me dijo: “Bien, Temple, todavía no he decidido
si ese dispositivo tuyo es un prototipo del útero o un
ataúd”. Se rio.
“Ni una cosa, ni la otra”, le contesté.
Se acomodó en su silla. Luego, aclarándose la gar-
ganta, se inclinó sobre el escritorio como si estuviéramos
compartiendo un secreto. “No tenemos un problema de
identidad, ¿no es cierto? Quiero decir, ¿no creemos ser
una vaca o algo así, no es cierto?
¿Está loco?, por supuesto que no creo ser una vaca o
algo así. ¿Usted cree ser una vaca?
Nuestra conversación irritó al psicólogo. “Has hecho
algunas cosas raras en la escuela, Temple, y el personal
ha tratado de mostrar empatía y comprensión. Pero esta
caja de apretar es algo estrafalario. No me queda otro
recurso que comunicarle mi opinión a tu madre (1996,
p. 87).
Las interpretaciones que hace el profesional acerca
de la máquina son el ejemplo de la respuesta estereoti-
pada orientada a la búsqueda de un signicado oculto.
Para Temple era claro que no estaba loca, ni que se
estaba identicando con una vaca. La máquina era el
artefacto capaz de generarle la presión placentera que
nunca había experimentado y funcionaba en momen-
tos de tensión.
La madre de Grandin intentaba inútilmente con-
vencerla de que un objeto no podía producir lo que
el contacto humano sí puede, pero Temple se sostuvo
e incluso se la llevó cuando ingresó a la universidad
para poder enfrentar con su ayuda todos los desafíos
que la esperaban. Allí siguió recibiendo críticas y, por
eso, decidió, nuevamente con el asesoramiento del
profesor Carlock, diseñar un segundo prototipo al que
llamó “Entorno Sensorial Controlado por Aparato de
Presión” (PACES por sus siglas en inglés). La idea, era
poner a prueba el aparato con otros estudiantes y rea-
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lizar experimentos cientícos que permitieran conr-
mar su teoría acerca del efecto relajante. Según ella,
sobre un total de 40 estudiantes universitarios nor-
males, el 62% expresó que le agradaba la máquina de
apretar y que le producía un efecto relajante (…) Sentí
que mi obsesión estaba justicada” (p. 98).
La máquina de apretar, según ella misma lo des-
cribe, le “proporciona la sensación de ser sostenida,
acariciada y acunada por unos brazos maternales. Es
algo difícil de poner por escrito” (1996, p. 96). Según
su mismo testimonio, la máquina se usó tiempo des-
pués en una clínica en la que se tratan niños y adultos
autistas e hiperactivos.
Discusión
En la vida cotidiana los procesos de socialización
tienen una función intrínsecamente normalizadora
y, por tanto, expulsan de su dominio las interacciones
que no cumplen con las condiciones de inteligibilidad
esperadas. Al evaluar la competencia social, la mirada
clínica tradicional en psicología o psiquiatría despliega
estándares rígidos, razón por la que modos peculiares
de estar con los demás, escapan a sus exigentes rejillas
de aprobación. Cuestionar estos estándares normativos
implica fomentar una apertura existencial, una revela-
ción de modos de habitar el mundo que sean signica-
tivos y agentivos para quienes participan en ellos.
Teniendo en cuenta lo extraño y socialmente in-
cómodo que puede resultar la manera inusual de
responder al mundo social en el espectro autista, se
mostró la forma en que éste se ha tratado como un
problema clínico a corregir y, el diagnóstico ha venido
implicando, como cualquier otro tipo de clasicación,
un lugar donde las posiciones de poder se activan
como operadores de una distribución jerárquica de
subjetividades, reproduciendo guiones estereotipados
que soportan una lógica intervencionista cuyos nes
normalizadores llevaron a cuestionar el realismo con
el que se trata la clasicación clínica, especialmente,
por parte de movimientos críticos en los que autistas
académicos han denunciado el papel de los expertos
en el ejercicio del poder de regularización que excluye
mediante la inclusión (Foucault, 2000) que subalterni-
za y ubica al cuerpo de la persona autista como un ob-
jeto-instrumento de producción de valor (Broderick y
Roscigno, 2021).
Que la aceptación mutua no traiga consigo nece-
sariamente la reciprocidad de la transacción, o que el
desapego no sea sinónimo de indiferencia, conlleva
a pensar en la conanza y en la intimidad desde un
lugar diferente a los habituales. Quienes habitan una
singularidad, no son los sujetos a las relaciones basadas
en los guiones estereotipados de las micropolíticas do-
minantes y distan de las representaciones vinculadas a
los roles con los que las personas suelen identicarse y
que ejercen en las instituciones/grupos en los que están
incluidas, tales como la familia, la escuela, el trabajo,
el barrio. En las experiencias narradas por Temple, se
muestra como las respuestas atípicas del profesor Car-
lock y la tía Ann, permiten una apertura al contacto
social mediado por la máquina de apretar, aun cuando
esta les podía resultar extraña o difícil de asimilar.
En este mismo sentido, Oliver Sacks (2001) cuen-
ta que en una ocasión pudo visitar la casa de Temple
y conocer personalmente la máquina, destaca en su
narración el efecto que produjo en él ver a Grandin
introducirse en ella:
Temple se arrodilló, a continuación, se introdujo,
boca abajo y en toda su extensión, en la “V”, puso en
marcha el compresor (el cilindro principal tardó un
minuto en llenarse) y giró los controles. Los lados con-
vergieron, aferrándola rmemente y, a continuación,
cuando ella hizo un pequeño ajuste, aojaron el bra-
zo ligeramente. Era la cosa más curiosa que he visto
nunca. A pesar de su rareza, era un espectáculo con-
movedor. No había ninguna duda de su efecto. La voz
de Temple, sonora y dura, sonaba más suave y amable
mientras estaba en la máquina (p. 323 – 324).
Que su invento pudiera ser aprobado por otros re-
quirió tiempo y que justicara en un lenguaje cientí-
co sus resultados, aun cuando para ella misma poner
en palabras el efecto que genera fuera difícil.
Siguiendo con la entrevista de Sacks (2001), el en-
cuentro permitió que él mismo acabara utilizando la
máquina:
Después de unos veinte minutos, salió visiblemen-
te más tranquila, emocionalmente menos rígida (dice
que un gato puede percibir fácilmente lo distinta que se
siente en tales ocasiones) y me preguntó si me gustaría
probar la máquina.
De hecho, sentía curiosidad y me introduje en ella,
sintiéndome un poco estúpido y cohibido, aunque me-
nos de lo que podía haberme sentido, pues la propia
Temple se mostraba muy desenvuelta. Volvió a poner
en marcha el compresor y llenó el cilindro principal, y
yo probé cautelosamente los controles. Me llegó una sen-
sación dulce y confortadora, que me recordó mi época
de submarinista, cuando sentía la presión del agua en el
traje como un abrazo en todo el cuerpo (p. 324).
Sacks buscó mediante preguntas convencionales
pruebas de que Temple había tenido interés por los
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sentimientos, lo sublime, lo pasional y le preguntó por
el amor, por la sexualidad y hasta conversaron sobre
la represión de recuerdos, pero ella siempre tenía una
respuesta racional y objetiva para conrmarle que por
ser autista nunca lo había experimentado; no obstante,
el artículo de la entrevista naliza con la siguiente cita:
Me gusta pensar que, aunque no haya vida después
de la muerte, en el universo queda cierta huella energé-
tica… casi todo el mundo transmite sus genes. Yo pue-
do transmitir mis pensamientos o lo que escribo… Eso
es algo que me preocupa mucho… -Temple, que estaba
conduciendo, de pronto vaciló y lloró-. He leído que la
inmortalidad reside en las bibliotecas… No quiero que
mis pensamientos mueran conmigo… Quiero haber he-
cho algo… No me interesa el poder, ni amasar montones
de dinero. Quiero dejar algo para la posteridad. Quiero
realizar una contribución positiva, saber que mi vida ha
tenido un sentido. En este mismo momento, estoy ha-
blando de las cosas que son la esencia de mi existencia.
Me quedé de piedra. Mientras salía del coche para
despedirme, dije:
- Voy a darle un abrazo. Espero que no le importe.
– La abracé y (creo) ella correspondió a mi abrazo (p.
359- 360).
La apertura a lo singular sensual de la dimensión
del sentido sorprende en el relato de Sacks, porque
él mismo se encuentra conmovido en una situación
donde puede habitar la singularidad de la rareza de la
máquina o dejarse llevar por el impulso de abrazarla
frente a la profundidad de sus palabras, una distinta a
la que él buscaba constantemente sin encontrarla con
las preguntas convencionales que le hacía.
Cuando las presuposiciones desde las que se esta-
blece contacto social son un misterio para las personas
involucradas en la situación, los guiones micropolíti-
cos dominantes pueden llevar a que la autorreferen-
cialidad alimente la frustración, el sufrimiento y la
culpa desde la perspectiva del neurotípico, es esto lo
que aparece en los esfuerzos de la madre de Temple
por convencerla de no usar la máquina. No se busca
desestimar lo desaante e incluso doloroso que puede
llegar a ser el no saber cómo actuar cuando, por ejem-
plo, la presencia, en apariencia ausente, de la persona
con autismo es interpretada como un rechazo; de lo
que se trata, en cambio, es de ampliar las fronteras de
existencia desplazando la atención hacia la dimensión
del sentido, que para los propósitos de este trabajo fue
descrita como ese espacio intermedio entre la materia-
lidad pura y el signicado abstracto (Pakman, 2022).
Reemplazar la compulsión clasicatoria e interpretativa
por una disposición a hacer comunidad, ser en común,
permaneciendo en la imposibilidad de comunicar in-
tenciones prejadas en signicados abstractos.
Conclusiones y limitaciones
El énfasis de esta investigación en el autismo como
discapacidad relacional, reconoce en el espacio inters-
ticial de la interacción un llamado a que, quienes es-
tando alrededor de las personas con autismo, puedan
posicionarse de manera crítica frente a lo extraño y
socialmente incómodo que son sus atípicas respuestas,
una invitación a interrumpir las sujeciones dominan-
tes y descubrir potencialidades en los modos no con-
vencionales de relación que, al no ser cooptados por la
racionalidad del diagnóstico, promuevan el quiebre de
las barreras de socialización y favorezcan el aprendizaje
apelando a la sensibilidad de lo que se ha denominado
singularidades (Pakman, 2022); se trata de encontrar
modos de comunicación en los que el límite como ope-
rador relacional marque secuencias divergentes mien-
tras interrumpen los patrones jados y reproducidos
mediante signicados que estereotipan la experiencia y
la desanclan de la vida sensible. Es precisamente esto lo
que la invención de la máquina de apretar de Temple
Grandin posibilita, dadas todas las situaciones que sus-
cita y que fueron descritas en los resultados.
La obliteración de la potencialidad epistemológica
y práctica de experiencias y oportunidades de apren-
dizaje que en el ámbito de la autogestión de la con-
dición y del cuidado tienen lugar, puede invisibilizar
un potencial inexplorado en razón de las fronteras
epistemológicas erigidas en algunas ocasiones por las
disciplinas (psiquiatría y psicología) de forma ad in-
tra y en lógica prescriptiva. En su quehacer cotidiano
(personas autistas y no autistas) atienden y compen-
san dicultades que, en muchos casos anteceden el
diagnóstico y generan conocimientos más allá de las
fronteras y la prescripción mencionadas.
La coparticipación en interacciones orientadas a
mantener el contacto social, más que hacer énfasis en
el contenido, aquello que MC Bateson (1979) deno-
minó protoconversaciones, podría favorecer un retor-
no a la dimensión del sentido que se habita antes de
ser introducidos al mundo de los signicados que, al
tornarse hegemónicos, desencarnan el signo y mini-
mizan la intensidad existencial de la cualidad sensual
y vívida del mismo (Pakman, 2011).
No obstante, al ser un estudio cualitativo con un
diseño de caso único, los resultados y conclusiones no
se pueden ni se pretenden generalizar a la población
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autista. Este enfoque se centra en una experiencia in-
dividual y no aborda la diversidad de experiencias que
existen dentro del espectro autista. Además, la expe-
riencia de Temple Grandin no representa las vivencias
de otras personas autistas, especialmente, de aquellas
que tienen diagnósticos de autismo más severos o que
no cuentan con las mismas oportunidades de inter-
vención o apoyo.
Conicto de intereses: este trabajo presenta resulta-
dos parciales de la investigación de Tesis doctoral titu-
lada: “Singularidades poéticas en el espectro autista”,
nanciada por el crédito condonable otorgado a la au-
tora por la Ponticia Universidad Javeriana en Bogotá,
Colombia. La autora declara no poseer otros conictos
de intereses.
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Artículo de revisión
50
Actualización de los principales trastornos de la conducta
alimentaria (anorexia nerviosa y bulimia): una revisión narrativa
de la literatura
Update on Major Eating Disorders (Anorexia Nervosa and Bulimia): A Topic Review
Mateo López-Trujillo1, Sara María Gómez-Restrepo2, Sebastián Hoyos-Sanabria3,
Valentina Vela-Arbeláez4
RECIBIDO 27/12/2024 - ACEPTADO 9/4/2025
1.Estudiante programa de Medicina. Escuela de Ciencias de la Salud, Universidad Ponticia Bolivariana. Medellín, Colombia.
https://orcid.org/0009-0000-1645-8014
2.Estudiante programa de Medicina. Escuela de Ciencias de la Salud, Universidad Ponticia Bolivariana. Medellín, Colombia.
https://orcid.org/0009-0000-1645-8014
3.Estudiante programa de Medicina. Escuela de Ciencias de la Salud, Universidad Ponticia Bolivariana. Medellín, Colombia.
https://orcid.org/0009-0003-8496-4607
4.Estudiante programa de Medicina. Escuela de Ciencias de la Salud, Universidad Ponticia Bolivariana. Medellín, Colombia.
https://orcid.org/0009-0000-8644-5059
Autor correspondiente
Mateo López Trujillo
mltez2002@gmail.com
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 50-58.
Resumen
Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades mentales con consecuencias potencialmente
mortales y de difícil tratamiento. Los más comunes son: la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno
por atracones. La anorexia produce un décit calórico y de nutrientes masivo y conlleva a la afectación del
sistema cardiovascular, gastrointestinal, endocrino, neurológico y esquelético. La bulimia causa erosiones den-
tales, desgarros esofágicos, disfunción gastrointestinal, y desbalances hidroelectrolíticos que llevan a disfunción
cardiaca. Ambas generan compromiso psicosocial, económico y laboral. Esta revisión narrativa se hizo con
el objetivo de sensibilizar a todos los profesionales de la salud sobre los aspectos clave para su tratamiento
completo y efectivo. Se logró con una búsqueda sistemática de información en PubMed con un periodo de
publicación entre 2022 y 2024. Los resultados permiten reconocer que ambas enfermedades tienen su origen
en una compleja interacción de factores genéticos y ambientales, y que su tratamiento estándar incluye orien-
taciones en el estilo de vida, terapia de realimentación en el caso de la anorexia, terapia cognitivo conductual
y familiar, y fármacos con evidencia limitada. Se concluye que, para conseguir un tratamiento farmacológico
efectivo para estos trastornos, especialmente la anorexia, se requieren investigaciones con mayor rigurosidad
cientíca que se enfoquen en alternativas más novedosas.
Palabras clave: trastornos de la alimentación, anorexia, bulimia, terapéutica de los trastornos de la alimen-
tación
Abstract
Eating Disorders are mental illnesses with potentially life-threatening consequences and with a challenging treatment.
The most common types are Anorexia Nervosa, Bulimia Nervosa, and Binge Eating Disorder. Anorexia causes a massive
caloric and nutrient decit, leading to impairments in the cardiovascular, gastrointestinal, endocrine, neurological, and
skeletal systems. Bulimia results in dental erosion, esophageal tears, gastrointestinal dysfunction, and electrolyte imba-
lances that can lead to cardiac dysfunction. Both disorders cause psychosocial, economic, and occupational challenges.
This narrative review was conducted to raise awareness among healthcare professionals about the key aspects for their
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Introducción
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son
enfermedades mentales con consecuencias poten-
cialmente mortales. Se asocian con pensamientos y
emociones estresantes y afectan signicativamente
las funciones físicas, psicológicas y sociales. Los más
comunes son: la anorexia nerviosa (AN), la bulimia
nerviosa (BN) y el trastorno por atracones (TA) (Feng
et al., 2023). La AN se dene con tres elementos: pri-
mero, un peso signicativamente bajo para la altura,
edad y estado de desarrollo de una persona, que no
se debe a ninguna otra condición de salud o a baja
disponibilidad de alimentos. Este peso se dene con
un índice de masa corporal (IMC) menor a 18,5kg/m2
en adultos y por debajo del percentil cinco en niños
y adolescentes. En su lugar, puede haber una pérdida
rápida de más del 20 % del peso corporal total en seis
meses. El segundo elemento que dene la enferme-
dad es un patrón persistente de conductas destinados
a evitar la ganancia de peso, como restricción de la
ingesta, comportamientos purgativos, como la induc-
ción del vómito o el uso de laxantes, y comportamien-
tos destinados a un gasto masivo de energía, como el
ejercicio excesivo. El tercer elemento es una percep-
ción inadecuada del peso o la imagen corporal, que se
acompaña de un miedo intenso a ganar peso (Radden,
2022). La BN se caracteriza por episodios de pérdida
de control de la ingesta, conocidos como atracones, y
un intenso sentimiento de culpa con comportamien-
tos compensatorios destinados a evitar la ganancia de
peso (Wilson, & Kagabo, 2024).
La AN afecta a entre 1 y 4 % de mujeres en el mun-
do y la BN a entre 1 y 2 %. Son enfermedades de difícil
tratamiento, pues menos del 50 % de pacientes tienen
remisión completa, 30 % experimentan síntomas resi-
duales y 20 % tienden a su cronicación. Está descrito
que los TCA afectan en su mayoría a mujeres jóve-
nes de países de occidente, sin embargo, la literatura
muestra un incremento de cifras en Asia (Feng et al.,
2023). En un estudio en China, se describieron incre-
mentos de las incidencias estandarizadas por edad de
los TCA entre 1990 y 2017, especialmente entre ado-
lescentes y adultos jóvenes (Wu et al., 2022). Por otro
lado, en Países Bajos se reportaron incrementos de la
incidencia de AN en mujeres de 10 a 14 años entre
1985 y 2019, de 8,6 a 38,6 por 100.000 años persona
(van Eeden et al., 2023). En otro estudio de 11.654
pacientes pediátricos hospitalizados por TCA (45,2 %
por AN y 11,8 % por BN), se reportaron incrementos
en las tasas de hospitalización en un 139 % entre el
2000 y el 2019, y en un 255 % para el grupo etario
entre 12 y 14 años (Smith et al., 2023). En cuanto a
intentos de descripción de la epidemiología local en
América Latina, una revisión sistemática incluyó un
estudio que reportó una prevalencia estandarizada
para la edad de 0,04 % a 0,09 % para AN y de 0,13 % a
0,27 % para BN (Kolar & Mebarak, 2022).
Los TCA tienen un impacto signicativo en la vida
diaria de los pacientes que los padecen. Implican alto
riesgo de hospitalización para intentos de estabiliza-
ción y los comportamientos restrictivos y purgativos
tienen consecuencias siológicas como bradicardia,
hipotensión ortostática, retardo del crecimiento, retar-
do o interrupción de la pubertad, reducción de masa
ósea e interferencia psicosocial (Datta et al., 2023). La
consecuencia inicial de la AN es un décit calórico y
de nutrientes, lo que afecta al sistema cardiovascular,
gastrointestinal, endocrino, neurológico y esquelético.
La enfermedad también conlleva a una alta carga eco-
nómica, porque los tratamientos son bastante costo-
sos y los pacientes tienen una pérdida importante de
su capacidad laboral (Clemente-Suárez et al., 2023).
Por su parte la BN, además de su impacto social, psi-
cológico y un riesgo de comorbilidad mental de entre
84 % y 94 %, causa complicaciones médicas depen-
dientes de la intensidad de la purga, como erosiones
dentales, desgarros esofágicos, disfunción gastrointes-
tinal, y desbalances hidroelectrolíticos que llevan a su
vez a disfunción cardiaca, hospitalizaciones e incluso
a la muerte (Barakat & Maguire, 2022).
comprehensive and effective treatment. This was achieved through a systematic search on PubMed for publications
between 2022 and 2024. The ndings reveal that both disorders originate from a complex interaction of genetic and
environmental factors, and their standard treatment includes lifestyle guidance, refeeding therapy for anorexia, cogni-
tive-behavioral and family therapy, and medications with limited evidence. It is concluded that achieving an effective
pharmacological treatment for these disorders, especially anorexia, requires more rigorous scientic research focusing
on innovative alternatives.
Keywords: feeding and eating disorders, anorexia; bulimia; therapeutics of eating disorders
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Teniendo en cuenta que se trata de enfermedades
de alto impacto, surge esta revisión narrativa con el
propósito de actualizar la literatura más reciente de
dos TCA (AN y BN) en cuatro aspectos: siopatolo-
gía y causas ambientales, intervenciones nutricionales
y en el estilo de vida, terapias psicológicas y farma-
coterapia. Esto con el objetivo de sensibilizar a todos
los profesionales de la salud sobre aspectos clave en su
tratamiento efectivo y completo.
Materiales y métodos
Se decidió abordar el tema mediante una revisión na-
rrativa de la literatura, porque este tipo de artículo es
especialmente útil cuando se quiere tener una visión
integral y contextualizada de un problema clínico am-
plio, sin limitarse a una pregunta especíca, y con la
posibilidad de explorar distintas dimensiones del tema,
lo cual es consistente con nuestro objetivo de recopilar
aspectos clave del abordaje y tratamiento de los TCA.
La información se obtuvo de PubMed. Los térmi-
nos de búsqueda utilizados se colocaron directamente
en el buscador, con la opción Title/Abstract en el cua-
dro de consulta. Se combinaron términos referentes a
TCA (anorexia y bulimia) y aspectos de interés para
el artículo (causes, physiopathology, refeeding therapy,
lifestyle, cognitive behavioral therapy, family therapy,
pharmacotherapy). Se seleccionaron artículos en in-
glés o español publicados desde enero del 2022 a di-
ciembre del 2024. Se incluyeron estudios de tipo revi-
sión sistemática de la literatura y metaanálisis, ensayos
clínicos, revisiones narrativas y estudios observacio-
nales, con el n de contar con información robusta y
diversa. Se excluyeron reportes de caso y publicaciones
cuyo título o abstract no cumpliera con centrarse en el
tema de interés. Una cita adicional, de UpToDate, fue
incluida por fuera del proceso de búsqueda, para dar a
conocer la recomendación más actual sobre el uso de
psicofármacos en AN.
Resultados
Fisiopatología y causas ambientales
Los TCA tienen un origen genético y ambiental. La
AN tiene un componente hereditario signicativo: te-
ner un familiar de primer grado de consanguinidad
con la enfermedad aumenta el riesgo padecerla 11
veces en comparación con la población general (Kä-
ver et al., 2024). Sin embargo, quedan interrogantes
sobre la aplicabilidad universal de este dato, porque
son estudios que no alcanzan a ser representativos de
suciente variabilidad poblacional. Se ha relaciona-
do la alteración del gen FOXP1 con problemas gas-
trointestinales y de la alimentación, lo que sugiere una
posible conexión con la AN. Otros genes implicados
son: el PTBP2, que participa en la axonogénesis y en
el desarrollo de la corteza cerebral; el CADM1, que
inuye en la regulación del IMC; el CADM2, asocia-
do a comportamientos impulsivos; y el MGMT, que
interviene en procesos de reparación celular cuya al-
teración puede generar disfunción neuronal (Bulik et
al., 2022). Faltan estudios que exploren relación cau-
salidad de estos genes, más allá de asociación estadís-
tica, por lo que su contribución sigue siendo limitada
en términos de aplicabilidad clínica. La carga genética
que predispone a los TCA puede verse modicada por
factores ambientales a través de mecanismos epigené-
ticos. Una revisión de estudios sobre el epigenoma
mostró que algunos cambios inducidos por la mal-
nutrición podrían revertirse durante la recuperación,
lo que sugiere que los niveles de metilación del ADN
podrían servir como biomarcadores de diagnóstico o
seguimiento de la enfermedad (Käver et al., 2024). La-
mentablemente, es una revisión sistemática de difícil
replicabilidad, porque incluye las únicas 23 publica-
ciones existentes sobre cambios epigenéticos en pa-
cientes con AN, lo que hace que por ahora se limiten
al campo experimental.
Entre los factores ambientales que favorecen la apa-
rición de la AN se encuentra el sexo femenino, con una
proporción de 10 mujeres por cada hombre afectado, lo
que podría explicarse desde estándares socioculturales
y presión de género. Alrededor del 70 % de los pacientes
presenta un estilo de vida enmarcado por apego evita-
tivo, caracterizado por el temor o la ansiedad que gene-
ra el vínculo emocional con otros. El ambiente fami-
liar disfuncional está muy involucrado en el origen del
trastorno, más aún si no hay espacios para resolución
de conictos, comunicación, validación emocional y
fortalecimiento de la autoestima. Sin embargo, se han
documentado casos en familias sanas y equilibradas,
lo que de hecho asegura mejor respuesta terapéutica y
reduce el riesgo de recaídas (Carpinelli, & Watzlawik,
2023). Esto indica que los orígenes del trastorno varían
entre individuos y no obedecen a una única causa ni a
un modelo individual o familiar patológico único, por
lo que deben evitarse explicaciones unilaterales o cul-
pabilizadoras hacia la familia.
Estudios en ratones han encontrado relaciones en-
tre ciertos circuitos de neurotransmisores y caracte-
rísticas de la AN, con posibles implicaciones futuras
en humanos. Uno de ellos mostró que las neuronas
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dopaminérgicas del área tegmental ventral regulan
la actividad de neuronas serotoninérgicas del núcleo
dorsal del rafe (NDDR). La estimulación más débil
causaría inhibición dependiente de receptores de do-
pamina tipo 2 (RDT2), y exceso de ingesta, mientras
que la estimulación más fuerte causaría activación de-
pendiente de receptores de dopamina tipo 1 (RDT1),
y la consecuente anorexia. En ratones sometidos a
restricción alimentaria, se detectaron cambios de re-
ceptores de RDT2 al tipo 1 en las neuronas serotoni-
nérgicas del NDDR, lo que sugiere que los antagonis-
tas de RDT1 podrían tener valor terapéutico (Cai et
al., 2022). Son resultados que deben trasladarse al ser
humano con cautela, porque su organización cerebral
está inuenciada por una complejidad psicosocial de
las que carecen los modelos animales. En otro estudio
con el mismo modelo en ratas hembras, se encontra-
ron cambios en la corteza prefrontal medial, hipotála-
mo e hipocampo después de una pérdida de peso de
un 25 % y cambios en la amígdala diez días después
de su recuperación, lo que apunta a lesiones mitocon-
driales generadoras de estrés oxidativo como una par-
te de la siopatología de la AN (Bhasin et al., 2022).
Son hallazgos que sugieren que la neurobiología de la
AN no solo implica cambios reversibles, sino también
cambios estructurales persistentes.
En un estudio prospectivo de 492 adolescentes,
solo el índice de masa corporal bajo se comportó
como predictor de AN, mientras que en la aparición
de BN estuvieron implicados la presión externa para
alcanzar delgadez, internalización de un ideal de del-
gadez, insatisfacción corporal, emocionalidad negati-
va y bajo apoyo parental, lo que sugiere que el com-
ponente ambiental tendría más responsabilidad en
el origen de este último (Yamamiya et al., 2024). Sin
embargo, también existe una base neurobiológica. En
otro estudio de 2564 personas, se encontró que la BN
afecta la conectividad funcional de redes cerebrales a
gran escala, como la visual, frontoparietal, somatosen-
sorial, la atención ventral y la red cerebral en reposo
(Wang et al., 2024). La corteza orbitofrontal (COF) y
la corteza cingulada anterior (CCA) estarían sobreac-
tivadas, mientras que regiones encargadas del control
inhibitorio estarían hipoactivadas, lo que explicaría
los episodios de atracones (Sun et al., 2022). Un punto
de controversia que surge con estos estudios es la di-
cultad para determinar con precisión qué cambios son
causa y cuáles son consecuencia de la enfermedad. La
implicación más importante de estas investigaciones
es la posibilidad de identicar, en el futuro, patrones
neurobiológicos de la enfermedad que sirvan de for-
ma conable para diagnóstico o pronóstico.
Intervenciones nutricionales, en el estilo de
vida y deberes del médico evaluador
El tratamiento de los TCA debe ser multidisciplina-
rio e individualizado, incluyendo intervenciones en la
alimentación y estilo de vida. La actividad física debe
prescribirse con cuidado, porque de forma excesi-
va puede empeorar los síntomas en la AN (Clemen-
te-Suárez et al., 2023) y convertirse en una conduc-
ta compensatoria en el caso de la BN (Lampe et al.,
2022). También debe promulgarse un uso responsable
de las redes sociales para proteger la autopercepción
corporal. Además, el médico debe evaluar trastornos
mentales coexistentes y fomentar fortalecimiento de
los vínculos familiares (Clemente-Suárez et al., 2023).
El tratamiento nutricional de los TCA debe incluir
regularización de los horarios de comida y el uso de
diarios alimentarios, especialmente en enfermedades
graves como la AN (Himmerich et al., 2024). No debe
ignorarse el TCA en varones, pues puede ser hasta seis
veces más mortal que en otras poblaciones debido al
estigma y la falta de reconocimiento temprano (Ka-
doura et al., 2024). En la terapia de realimentación
de la AN, debe priorizarse la ganancia calórica. En
un estudio retrospectivo de 47 pacientes con AN, se
encontró que los pacientes con dietas más calóricas
(2.700 kcal vs 2317 kcal) tuvieron mayor reganancia
de peso, menos reingresos y complicaciones (Teo et
al., 2022). Las estrategias nutricionales deben adap-
tarse a la severidad del caso: desde asesoría dietética
hasta medidas invasivas como la sonda nasogástrica
(SNG) o la gastrostomía endoscópica percutánea, que
han demostrado efectividad en pacientes con falla en
la vía oral (Martini et al., 2024). El proceso de reali-
mentación debe incluir intervenciones familiares,
para fortalecer la red de apoyo y facilitar la recupera-
ción (Anderson et al., 2023).
Se están desarrollando nuevas estrategias para
modicar conductas alimentarias, como terapias neu-
romoduladoras, que buscan modicar la actividad
neuronal y controlar comportamientos disfuncionales
como los atracones y las purgas. Incluyen la estimula-
ción transcraneal de corriente directa, la estimulación
transcraneal repetitiva o el neurofeedback electroen-
cefalográco. Aunque prometedoras, los estudios aún
enfrentan limitaciones metodológicas, por lo que se
requiere más evidencia que las valide (Gallop et al.,
2022). Un estudio de 34 pacientes con AN asignó la
mitad a estimulación transcraneana y la otra mitad a
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recibir esta terapia de forma simulada. Encontró resul-
tados favorecedores para el primer grupo, con efectos
de muestra de pequeño tamaño para IMC y síntomas
de trastornos alimentarios, medianos para la calidad
de vida y de moderados a grandes para variables re-
ferentes al estado de ánimo (Dalton et al., 2018). Son
hallazgos que evidencian su potencial prometedor
para el tratamiento de la AN.
La evidencia más reciente apoya la integración de
todos estos elementos de forma escalonada. En aque-
llos pacientes con un TCA sin compromiso médico
signicativo, se hace manejo ambulatorio con psicote-
rapia, monitoreo regular de peso, signos vitales y elec-
trolitos, se utilizan estrategias de educación alimenta-
ria y soporte familiar y se establece un plan nutricional
de ganancia de peso. En los pacientes con desnutrición
moderada se debe hacer una hospitalización parcial.
Entre estos están aquellos con un con IMC <80 % del
mediano, Score z del IMC por debajo de 2 desviaciones
estándar, pérdida de peso >15 % del previo a la enfer-
medad, o un consumo de entre 26-50 % del requisito
alimentario estimado para cubrir necesidades diarias.
En estos pacientes se deben establecer planes de renu-
trición más intensos, con 1600-2400 kilocalorías (kc)
por día, exámenes de sangre diarios y nutrición enteral
si llega a fallar la vía oral. Finalmente están los pacientes
con riesgo crítico amenazante de su vida, o desnutri-
ción severa, lo que incluye a aquellos con IMC <70 %
del mediano para la edad, o menor a tres desviaciones
estándar, aquellos con caída de peso >20 % del previo
a la enfermedad en un año o >10 % en seis meses, y
aquellos con una ingesta < o igual al 25 % de la esti-
mada para cubrir necesidades diarias. También incluye
a pacientes con signos de síndrome de realimentación,
alteraciones electrolíticas graves, falla cardiaca, deli-
rium e hipoglicemia. En estos se mantiene la meta de
rehabilitación nutricional intensa y hay especial énfasis
en la necesidad de utilizar la realimentación por sonda
nasogástrica en caso de ser necesaria. Se requieren tam-
bién suplementos con tiamina, multivitamínicos y mo-
nitoreo estricto de magnesio, potasio, fósforo, estado
mental y signos vitales (Academy for Eating Disorders,
2021). El diagnóstico y el tratamiento del síndrome de
realimentación es un tema que amerita su propia revi-
sión, y por lo tanto se sale del alcance de esta.
Terapia cognitivo conductual y familiar
La terapia cognitivo conductual (TCC) y la terapia fa-
miliar en pacientes con AN y BN han mostrado mayor
ecacia que otros tratamientos. La TCC busca mejo-
rar la relación con la comida y la imagen corporal,
mediante la identicación de pensamientos negativos,
la reestructuración de los mismos y el desarrollo de
métodos para afrontarlos (Monteleone et al., 2022).
Además, enseña a los pacientes a manejar sus emocio-
nes y les enseña a enfrentar situaciones que los pue-
dan llevar a comportamientos alimentarios dañinos
(Pinciotti, & Wiese, 2024). En un estudio se evaluó la
efectividad de la terapia cognitivo conductual mejorada
(CBT-E) en 115 pacientes con AN entre 14 y 25 años, y
se encontró mejoras considerables en los pacientes que
completaron el tratamiento (62,6 %) a nivel de su psi-
copatología y ganancias en su IMC, resultados que se
mantuvieron estables durante el seguimiento máximo
a las 20 semanas (Dalle et al., 2023).Es de destacar que
en este tipo de intervenciones la variabilidad en la res-
puesta individual al tratamiento es un desafío clínico
persistente, que se debe atenuar con terapia dirigida a
cada caso. Hay que tener presente un perl psicopato-
lógico completo del paciente, para impactar las comor-
bilidades psiquiátricas en caso de que estén presentes.
Por otro lado, la terapia familiar es clave en la recu-
peración, mediante la promoción de la comunicación,
de ambientes positivos en el entorno del paciente y de
la participación activa de los miembros de la familia
(Pinciotti & Wiese, 2024). La conanza y el entorno
solidario son fundamentales en esta parte del trata-
miento (Keegan & Wade, 2024). Es necesario abordar
los patrones familiares problemáticas, proporcionar
información sobre el TCA y su tratamiento, reducir el
estigma asociado (Dodge et al., 2024) y modicar pa-
trones de pensamiento disfuncionales (Monteleone et
al., 2024). En denitiva, no hay elementos para asegurar
que la participación familiar por sí sola es suciente, y
se puede deducir que podría ser contraproducente si no
se evalúa apropiadamente la dinámica familiar.
Estas consideraciones apuntan a la necesidad de
realizar un enfoque integral, combinando la TCC con
la terapia familiar. Ambas tienen benecios particula-
res: la terapia familiar sería superior al control activo
en adultos y adolescentes con AN y en adolescentes con
BN, mientras que la TCC individual para TCA sería
especialmente ecaz en adultos con BN (Monteleone
et al., 2022). La detección temprana y el acercamiento
de la familia por medio de este enfoque colaborativo
es clave para su mejoría (Gkintoni et al., 2024). Sin
embargo, es evidente que este enfoque se debe adaptar
a las particularidades de cada caso, evitando imponer
la terapia familiar en contextos donde hay alto grado
de conicto, o pacientes con antecedentes de trauma
o sometidos a situaciones de violencia. En la Figura 1
muestra los elementos que se deben abordar en una
TCC completa para pacientes con TCA.
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Farmacoterapia
Anorexia
Evaluar la ecacia de tratamiento farmacológico en la
AN es difícil por su cronicidad, la lenta respuesta clí-
nica y el temor a la ganancia de peso que limita la par-
ticipación de pacientes en ensayos clínicos (Mourão,
2023). Los inhibidores selectivos de la recaptación de
serotonina (ISRS) no están respaldados para el manejo
activo de los TCA, pero son útiles para síntomas an-
siosos y depresivos asociados (Strumila et al., 2022).
En un metaanálisis de tres estudios con un total de 159
mujeres, el uso de uoxetina no logró un efecto sig-
nicativo en la ganancia de peso (g de Hedge =0,351;
IC95 % =0.248-0.950). Sin embargo, la sintomatología
depresiva y obsesivo-compulsiva asociada si mejoró
signicativamente con su uso (g de Hedge =0,549; IC95
% =0.051–1.047) (Fornaro et al., 2023). Esa diferencia-
ción es fundamental para evitar generar expectativas
terapéuticas inadecuadas: no se le puede prometer al
paciente que el ISRS resolverá su TCA, lo que sí puede
hacer es mejorar su estado de ánimo y favorecer su dis-
posición a otras intervenciones más especícas.
Los antipsicóticos se han propuesto como posibles
alternativas terapéuticas, dado el carácter casi deliran-
te de las ideas acerca del peso, la imagen corporal y la
comida. En un metaanálisis de siete ensayos clínicos,
con un total de 304 pacientes con AN, se encontró una
diferencia estadísticamente signicativa de ganancia
de IMC (0,67 kg/m2) entre usuarios de olanzapina y
placebo al nalizar el tratamiento (Han et al., 2022).
Su uso requiere monitoreo habitual de laboratorio:
carbohidratos, lípidos y electrocardiograma (orey
et al., 2023). La evidencia en cuanto a los desenlaces
psiquiátricos en los pacientes que reciben olanzapina
es controversial (Márquez et al., 2022). Por ahora es
el único medicamento que se utiliza en la AN sin co-
morbilidad, en dosis de 2,5 a 10 mg (miligramos) al
día, con un nivel de evidencia 2C para pacientes con
enfermedad aguda que no ganan peso con la rehabili-
tación nutricional y la psicoterapia (Walsh, 2024). Por
ahora parece ser que su efecto es más metabólico que
psicopatológico, por lo que debe considerarse como
un tratamiento complementario y no puede sustituir
las intervenciones psicoterapéuticas y nutricionales.
Las demás alternativas experimentales han mos-
trado resultados negativos o insucientes: el alprazo-
lam demostró no ser superior al placebo a pesar de
que estudios genéticos y en animales sugieren una
asociación entre la neurotransmisión gabaérgica y la
AN (Kirchberg et al., 2024). En otro ensayo clínico el
placebo no fue inferior al uso de oxitocina intrana-
sal durante cuatro semanas en 61 pacientes con AN,
Figura 1. Elementos a abordar en la TCC de pacientes con TCA
Fuentes: Essayli et al., 2023; Gioia et al., 2024; Serani et al., 2023; Trent et al., 2024.
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a pesar de que se ha encontrado que la deciencia del
neuropéptido estaría implicada en su siopatología
(Maguire et al., 2024). La ketamina se ha propuesto es
pacientes resistentes al tratamiento, y aunque ha mos-
trado potencial, se requieren estudios de mejor cali-
dad que evalúen su ecacia y seguridad (Ragnhilds-
tveit et al., 2022). Por último, en un ensayo clínico en
10 mujeres adultas con AN que pretendía medir la se-
guridad, tolerabilidad y viabilidad de una única dosis
de psilocibina, se encontraron efectos adversos leves y
reversibles 24 horas después y resultados aceptables,
pero con riesgo de sesgos que exigen estudios de me-
jor calidad a futuro (Peck et al., 2023). La discrepancia
entre las hipótesis neurobiológicas y los hallazgos en
la vida real sugiere que la corrección aislada de una
vía de neurotransmisión no es suciente para corregir
la compleja siopatología del trastorno. Sin embargo,
esto no debe demeritar las investigaciones, pues la fal-
ta de un efecto terapéutico puede estar condicionada
por la dosis utilizada, la vía de administración o el
perl de pacientes respondedores, interrogantes que
solo se pueden aclarar con más estudios.
Bulimia
Las complicaciones de la BN vienen de los episodios
de atracones y las conductas purgativas (Muratore &
Attia, 2022). Por ende, el principal objetivo del tra-
tamiento es eliminarlas, mediante los ISRS como la
principal opción farmacológica. En una revisión sis-
temática se evidenció que la uoxetina reduce la fre-
cuencia de los episodios de atracones y purgas, siendo
más ecaz la dosis de 60 mg que la de 20 mg al día
(Fornaro et al., 2023). Se considera de primera línea
y su ecacia es independiente de si la enfermedad
está asociada o no con trastornos depresivos (Yu et
al., 2023). Por ahora la uoxetina es el único medica-
mento aprobado por la Administración de Alimentos
y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos para el
tratamiento de la BN (Muratore, & Attia, 2022). Por
otro lado, el topiramato reduciría la frecuencia de epi-
sodios de atracones, pero por ahora la evidencia es li-
mitada (Yu et al., 2023).
Discusión
Los resultados aquí descritos permiten reconocer que
los TCA surgen de una relación intrincada entre una
carga genética predeterminada, situaciones de suscep-
tibilidad como el sexo femenino, un comportamiento
individual con apego evitativo y un ambiente familiar
hostil invalidante de las emociones. Tanto para la AN
como la BN se han propuesto modelos neurobioló-
gicos que intentan explicar características clínicas y
se tienen que validar con investigaciones de mejor
calidad. El tratamiento estándar de estas patologías
incluye orientaciones en el estilo de vida, terapia de
realimentación en el caso de la AN, TCC y terapia fa-
miliar. En cuanto a farmacoterapia, por ahora hacen
parte de la práctica clínica el uso de olanzapina como
coadyuvante en la ganancia de peso de pacientes con
AN que no responden a la terapia de realimentación,
y de ISRS, principalmente uoxetina, para el manejo
de los síntomas de BN y de síntomas ansiosos y de-
presivos asociados a los TCA. Los demás fármacos
necesitan estudios de mayor calidad que los validen o
contraindiquen antes de considerar su uso y por ahora
se limitan a la experimentación.
Conclusión
A pesar de los esfuerzos para encontrar un tratamiento
farmacológico efectivo para los TCA, especialmente la
AN, aún hay mucho por hacer, sobre todo en cuanto a
investigaciones con mayor rigurosidad cientíca que
se enfoquen en alternativas más novedosas.
Limitaciones
Si bien se tuvieron presentes criterios de inclusión y
exclusión en la selección de los artículos, estos tenían
diferentes niveles de evidencia, además no se aplicó una
evaluación formal de la calidad metodológica de los ar-
tículos revisados, lo que es inherente al tipo de artículo.
Debido a que la búsqueda se limitó a una única base de
datos, dos idiomas y a un conjunto especíco de pala-
bras clave, es posible que la revisión no haya incluido
todos los estudios relevantes. Al incluir estudios con di-
ferentes diseños y poblaciones heterogéneas no es po-
sible generalizar conclusiones o hacer comparaciones
directas ables. A pesar de las limitaciones, se procuró
incluir fuentes actualizadas y clínicamente relevantes
para cumplir con el objetivo propuesto.
Conicto de intereses: los autores niegan tener algún
conicto de interés y no recibieron ninguna fuente de
nanciación.
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Artículo de revisión
59
Persona y ambiente: una revisión narrativa sobre la importancia
del contexto en la terapia asistida con psicodélicos
Set and Setting: A Narrative Review on the Importance of Context in Psychedelic-Assisted
Therapy
Daniel Arroyo-Zúñiga¹, Javeth Calvo-Molina², José Manuel Rodríguez-Arce³
RECIBIDO 29/10/2025 - ACEPTADO 18/2/2026
¹Instituto de Investigaciones Psicológicas, Universidad de Costa Rica (UCR), San José, Costa Rica. https://orcid.org/0009-0002-9424-6847
²Instituto de Investigaciones Psicológicas, Universidad de Costa Rica (UCR), San José, Costa Rica. https://orcid.org/0009-0001-3327-7351
³Antropólogo biológico, investigador independiente; Presidente de la Asociación Psicodélica de Costa Rica, San José, Costa Rica.
https://orcid.org/0000-0001-7295-1348
Autor correspondiente
Daniel Arroyo-Zúñiga
daniel.arroyozuniga@ucr.ac.cr
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 59-71
Resumen
Este artículo presenta una revisión narrativa sobre las variables extrafarmacológicas que inuyen en la terapia
asistida con psicodélicos (TAPs). A partir del análisis de literatura reciente, se destaca la importancia de la
persona (set) y el ambiente (setting) en la modulación de los efectos subjetivos y terapéuticos de sustancias
como la psilocibina o el MDMA. El objetivo principal fue sintetizar los principales hallazgos sobre cómo estas
variables inuyen en los resultados del tratamiento y en la experiencia de bienestar. Se revisaron artículos
conceptuales y empíricos publicados en las últimas dos décadas, considerando criterios de inclusión relacio-
nados con el abordaje clínico y la descripción contextual del uso terapéutico de psicodélicos. Los hallazgos
se organizan en tres niveles: la preparación terapéutica previa, el ambiente durante la sesión y la integración
posterior. Se concluye que las variables extrafarmacológicas son fundamentales para maximizar el potencial
terapéutico de las TAPs, y se propone un modelo comprensivo para su aplicación clínica y de investigación.
Palabras clave: terapia asistida con psicodélicos, set y setting, bienestar, variables contextuales, psicoterapia,
revisión narrativa
Abstract
This article presents a narrative review of the extra-pharmacological variables that inuence psychedelic-assisted the-
rapy (PAT). Based on recent literature, it highlights the importance of the person (Set) and the environment (Setting) in
modulating the subjective and therapeutic effects of substances such as psilocybin or MDMA. The main objective was
to synthesize the key ndings on how these variables inuence treatment outcomes and the experience of well-being.
Conceptual and empirical articles published in the last two decades were reviewed, considering inclusion criteria re-
lated to clinical approaches and contextual descriptions of psychedelic-assisted therapy. The ndings are structured in
three levels: therapeutic preparation, the setting during the session, and post-session integration. It is concluded that
extra-pharmacological variables are essential to enhance the therapeutic potential of PAT, and a comprehensive model
for clinical and research application is proposed.
Keywords: psychedelic-assisted therapy, set and setting, well-being, contextual variables, psychotherapy, narrative
review
60
Persona y ambiente: una revisión narrativa sobre la importancia del contexto en la terapia...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 59-71.
Introducción
El resurgimiento contemporáneo de la investigación
psicodélica constituye un fenómeno que merece aten-
ción prioritaria, dado el incremento sostenido en la
producción cientíca, los avances en el marco regulato-
rio y la creciente solidez de la evidencia empírica dispo-
nible (Lowe et al., 2021; Raison et al., 2023). La investi-
gación con sustancias como la psilocibina (presente en
ciertos hongos) y el LSD (un compuesto semisintético
derivado del cornezuelo del centeno), entre otras, inició
a mediados del siglo XX y, a pesar de su prohibición e
ilegalización en los años 70 (Naciones Unidas, 1971),
desde principios del siglo XXI ha comenzado una nue-
va ola impulsada por prestigiosos centros de investi-
gación y signicativos avances en la neurobiología y
psicofarmacología de dichas sustancias (Doblin et al.,
2019; Nichols, 2016; Rei et al., 2020).
La investigación actual propone a la terapia asisti-
da con psicodélicos (TAPs) como una modalidad te-
rapéutica alternativa prometedora frente a la creciente
crisis global de salud mental (Aday et al., 2020; Sola-
ja et al., 2024). Esta alternativa ya se ha legalizado y
comenzado a utilizar en el ámbito médico en países
como Australia (TGA, 2023). Las TAPs han demos-
trado resultados signicativos e innovadores en el
tratamiento de diversas afecciones de salud (Maia et
al., 2024). Por ejemplo, parece superarse con creces la
ecacia de los tratamientos usuales para la depresión
(Yaden, Potash & Griths, 2022), en especial aquella
que es resistente al tratamiento (Carhart-Harris et al.,
2016; Goodwin et al., 2022). También se ha demos-
trado ecacia en el tratamiento de la ansiedad (Feul-
ner et al., 2023), el trastorno de estrés postraumático
(TEPT) (Brewerton et al., 2022; Mitchell et al., 2021) y
el trastorno por uso de sustancias (Bogenschutz et al.,
2015; Dos Santos et al., 2016; Johnson et al., 2017), por
mencionar algunos de los potenciales usos terapéuti-
cos actuales.
Es importante destacar que, más allá de la ecacia
de los psicodélicos como fármacos, estos resultados se
deben a una combinación y optimización de diversos
factores no relacionados directamente con su acción
bioquímica en el organismo, tales como el acompaña-
miento psicoterapéutico profesional, las expectativas
personales y las inuencias situacionales locales (Car-
hart-Harris et al., 2018; Golden et al., 2022; Hartogso-
hn, 2017). Estos factores relacionados a la intención,
la preparación, el espacio terapéutico, e incluso el
contexto sociocultural más amplio (Rodríguez Arce &
Winkelman, 2021; Dupuis, 2022), en conjunción con
las propiedades farmacológicas de los psicodélicos
pueden potenciar lo terapéutico o lo iatrogénico de la
experiencia (Borkel et al., 2024; Hartogsohn, 2017a:
Roseman et al., 2022).
El estudio de los factores externos a las propiedades
farmacológicas en el tratamiento es fundamental para
obtener una mejor comprensión de las prácticas psi-
codélicas con nes terapéuticos. Más aún si se toma en
consideración el creciente deseo de muchas personas
de mejorar su malestar y disminuir su sufrimiento, el
cual se da en paralelo con la proliferación de diversas
organizaciones, personas entusiastas y profesionales
de distintos ámbitos que desean ofrecer un apoyo de
calidad (Brennan & Belser, 2022; al et al., 2022). Los
factores extrafarmacológicos han sido estudiados bajo
diversas perspectivas, uno de los enfoques más popu-
lares y prolícos se denomina en inglés set y setting.
Estos términos se reeren a todos aquellos aspectos
internos personales (set) y ambientales (setting) que
inuyen en la vivencia subjetiva de la experiencia psi-
codélica.
A pesar de los mencionados benecios potenciales
de los psicodélicos, es importante destacar que su uso
puede suponer experiencias desaantes (Carbonaro et
al., 2016; Gashi et al., 2021) y algunos riesgos (Schlag
et al., 2022). En esta línea, los estudios de Romeo et
al. (2024) y Hinkle et al. (2024) reportan que, aunque
los psicodélicos clásicos son generalmente bien tole-
rados, pueden generar efectos secundarios comunes
como náuseas, dolores de cabeza y ansiedad. En el me-
taanálisis de Romeo et al. (2024), que incluyó más de
1000 administraciones, se observó un aumento tran-
sitorio en la frecuencia cardíaca y la presión arterial,
con eventos adversos graves como ansiedad y delirios
transitorios, así como pensamientos suicidas y autole-
siones en la fase subaguda, aunque estos fueron poco
frecuentes. Por otro lado, Hinkle et al. (2024) analiza-
ron 114 estudios con 3504 participantes y concluyeron
que los psicodélicos fueron bien tolerados en entor-
nos clínicos, aunque se reportaron eventos adversos
graves en aproximadamente el 4 % de los participan-
tes con trastornos neuropsiquiátricos preexistentes,
como el empeoramiento de la depresión, comporta-
miento suicida y psicosis. En ambos estudios se subra-
ya la necesidad de una vigilancia continua para una
evaluación más precisa de los riesgos y benecios en
estos contextos controlados.
Es fundamental resaltar que estos estudios se rea-
lizaron en entornos controlados, donde los psico-
délicos fueron bien tolerados y los efectos adversos
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Persona y ambiente: una revisión narrativa sobre la importancia del contexto en la terapia...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 59-71.
fueron mínimos, debido precisamente al uso de dosis
adecuadas y el reconocimiento de las variables extra-
farmacológicas y la supervisión adecuada. Sin em-
bargo, en contextos no regulados, donde no existen las
mismas medidas de seguridad y contención, los riesgos
aumentan considerablemente. Esto plantea un desafío
adicional en la implementación de las TAPs fuera de
un marco controlado, donde la ausencia del acompaña-
miento adecuado, y de una orquestación responsable y
programación sensible del contexto sensorial y simbó-
lico, puede generar riesgos signicativos tanto para los
usuarios como para los profesionales involucrados.
En este sentido, la falta de regulación desde un en-
foque prohibicionista no previene ni disminuye los
potenciales daños asociados al consumo de sustancias
psicodélicas, sino que, en efecto, los agrava (Pilecki
et al., 2021). La ilegalidad es el panorama actual en
muchas partes del mundo (Siegel et al., 2023) y Costa
Rica no es la excepción (Rodríguez Arce & Arce Cer-
das, 2019; Rodríguez Arce & Quirce Balma, 2012). En
cambio, estos riesgos pueden ser mejor prevenidos
mediante la comprensión e integración de las varia-
bles contextuales junto a buenas prácticas éticas en
las TAPs con una eciente regulación. Por lo tanto, el
objetivo de esta revisión de literatura es brindar una
sistematización de factores extrafarmacológicos en las
TAPs con el n de proveer información rigurosa que
promueva la reducción de daños y aumente el poten-
cial terapéutico de estas prácticas.
Metodología
Se llevó a cabo una revisión narrativa para integrar
hallazgos conceptuales y empíricos sobre variables
contextuales en la terapia asistida con psicodélicos.
Esta metodología resulta adecuada en campos emer-
gentes y diversos, permitiendo sintetizar estudios con
enfoques y métodos heterogéneos sin depender de la
signicancia estadística (Siddaway, Wood & Hedges,
2019). La revisión permite trazar patrones teóricos y
vacíos de conocimiento relevantes para el desarrollo
clínico y conceptual del tema.
Para esta revisión se establecieron como criterios
de inclusión los estudios publicados entre 2010 y 2025,
en idioma español o inglés, y que hayan sido revisados
por pares. Además, los estudios debían abordar espe-
cícamente las variables contextuales en la terapia con
psicodélicos, también conocidas como factores extra-
farmacológicos o expresadas mediante los conceptos
de set y setting. Se excluyeron aquellos trabajos que
utilizaran metodologías no relacionadas con el obje-
tivo de esta revisión, los resúmenes sin acceso al texto
completo, así como las publicaciones duplicadas para
evitar redundancias en la información.
La búsqueda de información se llevó a cabo en
las bases de datos PubMed, EBSCO, Scopus, Web of
Science, PsycINFO y APA PsycArticles. Se utilizaron
combinaciones de palabras clave como “set”, “setting”,
psicodélicos, “contexto, “terapia” y “psicoterapia,
enlazadas mediante operadores booleanos “AND” y
OR, ajustando la estrategia de búsqueda a las carac-
terísticas especícas de cada base de datos para garan-
tizar una recopilación exhaustiva y pertinente de los
estudios disponibles.
El proceso de selección consistió en una primera
revisión de títulos y resúmenes para descartar aquellos
que no cumplían con los criterios establecidos, segui-
da de una lectura completa de los textos seleccionados
para conrmar su relevancia para los objetivos de la
revisión. Posteriormente, se extrajo la información
clave relacionada con autoría, año de publicación,
objetivos del estudio, metodología empleada, princi-
pales hallazgos y limitaciones. Los resultados fueron
organizados en categorías temáticas, lo que permitió
identicar tendencias comunes, vacíos en la literatu-
ra y contribuciones relevantes al campo. Cabe señalar
que esta revisión se fundamenta exclusivamente en
literatura publicada y no involucra la recolección de
datos personales ni la participación de sujetos huma-
nos, por lo que no fue necesaria la aprobación de un
comité ético.
Resultados y discusión de la revisión
1. Variables contextuales: entendiendo el
potencial terapéutico de los psicodélicos
En los últimos años se han investigado los efectos psi-
coterapéuticos de los psicodélicos (Carhart-Harris &
Goodwin, 2017), generando una creciente cantidad
de estudios sobre los factores que hacen que estos
procesos psicoterapéuticos sean beneciosos para las
personas usuarias (Haijen et al., 2018; Studerus et al.,
2012). Estas investigaciones han identicado diversos
factores farmacológicos, como la dosis o el tipo de
sustancia, así como factores extrafarmacológicos, en-
tre los que se incluyen rasgos de personalidad, edad,
ambiente, intención de uso, creencias culturales, es-
tigma sobre la sustancia y su uso, entre otros (Dupuis,
2022; Haijen et al., 2018; Studerus et al., 2012).
Estos factores extrafarmacológicos son tan rele-
vantes que pueden predecir el incremento del bien-
estar o disminución en los efectos positivos del tra-
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Persona y ambiente: una revisión narrativa sobre la importancia del contexto en la terapia...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 59-71.
tamiento. Incluso, en los peores casos, pueden llevar
a la aparición de efectos adversos (Borkel et al., 2024;
Carhart-Harris et al., 2018; Haijen et al., 2018; Ville-
neuve & Prescott, 2022). Su importancia en la investi-
gación clínica ha comenzado a reconocerse de forma
creciente (Carhart-Harris et al., 2018; Roseman et al.,
2022). Existen propuestas que explican el desenlace
terapéutico como el resultado del aumento de la seña-
lización del receptor serotoninérgico 2A —que media
en la plasticidad cortical—, lo que incrementa la re-
ceptividad a factores internos/personales como expe-
riencias de vida, identidad, creencias, valores y rasgos
de personalidad. Concomitantemente, se aumenta la
receptividad a inuencias externas tales como simbo-
lismos, ideas, guías terapéuticas y el entorno natural
(Carhart-Harris & Nutt, 2017).
A continuación, se presenta el modelo extrafarma-
cológico de los efectos psicodélicos (Figura 1), el cual
ilustra cómo factores no farmacológicos inuyen en
los efectos inmediatos y en los resultados a largo plazo
de las sustancias psicodélicas.
Un ejemplo notable del poder de las variables ex-
trafarmacológicas por sí solas se encuentra en el expe-
rimento de Olson y colaboradores, quienes diseñaron
un estudio que logró inducir aparentes experiencias
psicodélicas mediante la administración de un place-
bo en un ambiente que asemejaba una esta psicodé-
lica típica. Más del 50% de las personas participantes,
quienes creían estar consumiendo una droga psico-
délica similar a la psilocibina, manifestaron haber
experimentado “vivencias psicodélicas” a través de
sus narrativas (Olson et al., 2020). Este experimento
ilustra cómo el contexto social y simbólico inciden
directamente en la experiencia subjetiva, y lo permea-
bles —incluso vulnerables— que somos a ciertas su-
gestiones y expectativas. Esta alta susceptibilidad a los
signicados simbólicos y contextuales es intensicada
por los psicodélicos, lo que plantea desafíos prácticos
y éticos importantes, especialmente cuando se trata
de personas en estados de alta sugestionabilidad sin
la adecuada preparación o supervisión (Dupuis, 2021,
2022; Dupuis & Veissière, 2022; Johnson, 2021).
Un enfoque contextual general de las variables ex-
trafarmacológicas (Carhart-Harris et al., 2018; Haijen
et al., 2018; Studerus et al., 2012) propone una serie de
elementos a considerar: música, imaginería sugestiva,
alianza terapéutica, intenciones (espirituales, emocio-
nales, recreativas), preparación, confort, experiencia
mística, rasgos de personalidad (ej., absorción y neuro-
ticismo), estado emocional previo a la administración
de la sustancia, psicopatología, experiencia previa con
sustancias psicoactivas, variables demográcas y en-
torno físico (ej., espacios naturales, entornos estéticos
terapéuticos, o ambientes experimentales controlados,
entre otros). Asimismo, se resalta el rol fundamental del
terapeuta o guía como parte activa del contexto y como
co-creador de la experiencia (Nielson & Guss, 2018;
Timmerman et al., 2022).
Este enfoque es útil para la investigación, si bien
han surgido otras propuestas que buscan integrar es-
tas variables con teorías explicativas y guías de uso.
Figura 1. Modelo extrafarmacológico de la acción de los psicodélicos
Nota. Adaptado y traducido de Carhart-Harris & Nutt (2017) por el equipo de investigación. Este modelo ilustra cómo la interacción entre factores
individuales (rasgos y preestado), farmacológicos (dosis) y contextuales (ambiente) determina el estado agudo inducido por psicodélicos y sus resul-
tados. Proporciona una estructura útil para comprender los determinantes clave de la experiencia psicodélica y su integración.
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2. Propuestas integradoras: super placebos y
set y setting
Se identicaron dos propuestas destacadas para com-
prender las variables extrafarmacológicas. La primera
es la hipótesis de los psicodélicos como “super place-
bos” (Dupuis & Veissière, 2022; Gukasyan & Nayak,
2022; Hartogsohn, 2016; Pronovost-Morgan et al.,
2023), y la segunda, la conceptualización de la per-
sona (set) y el ambiente (setting) (Hartogsohn, 2017,
2022; Dupuis, 2021; Golden et al., 2022; Pontual et al.,
2021; Winkelman, 2021). Ambas propuestas subra-
yan la relevancia de las variables extrafarmacológicas
personales y culturales (Dupuis & Veissière, 2022), y
coinciden en la necesidad de construir un marco ético
y responsable para el acompañamiento psicoterapéu-
tico asistido con psicodélicos (Carhart-Harris et al.,
2018; Johnson et al., 2008).
Los psicodélicos como amplicadores del sig-
nicado o superplacebos
Para comprender los psicodélicos como superplace-
bos, iniciamos con una reevaluación del concepto de
placebo. Este se dene como un fenómeno que genera
mejoras en el paciente atribuidas a su participación en
el encuentro terapéutico (Kaptchuk & Miller, 2015).
En los estudios tradicionales sobre placebo, los com-
ponentes "activos" se reeren a los efectos farmaco-
lógicos de un medicamento, mientras que el placebo
representa el cambio observado frente a ese efecto,
considerado muchas veces despreciable (Butler et al.,
2022; Dupuis & Veissière, 2022).
Sin embargo, se ha propuesto una nueva com-
prensión del placebo como “respuesta de signicado,
planteando que las experiencias subjetivas de cono-
cimiento, símbolos y signicados pueden tener efec-
tos biológicos y terapéuticos clínicamente relevantes
(Hartogsohn, 2018; Pronovost-Morgan et al., 2023).
Kirsch et al. (2016), citado en Gukasyan et al.
(2022), resumen esta idea con claridad: “El efecto pla-
cebo en la medicina es producido por factores distin-
tos a las propiedades físicas del tratamiento. Sin em-
bargo, el efecto de la psicoterapia, por denición del
término psicoterapia, es producido por algo distinto
a las propiedades físicas del tratamiento. Por lo tanto,
utilizando la denición médica de placebo, los efectos
de la psicoterapia son ipso facto efectos placebo, y la
psicoterapia es ipso facto un placebo.” (p. 123).
Aunque esta postura puede parecer extrema, su-
braya que tanto la psicoterapia, como la TAPs, depen-
den en gran medida de factores extrafarmacológicos y
placebos. De hecho, se ha argumentado que todos los
benecios clínicos de la psicoterapia podrían atribuir-
se a estos efectos (Gukasyan et al., 2022). Gukasyan
& Nayak (2022b) proponen que tanto la psicoterapia
como la TAPs utilizan el placebo de manera ecaz me-
diante cuatro elementos comunes previamente identi-
cados por Jerome Frank (Cuijpers et al., 2019; Frank
& Frank, 1993). Estos elementos son:
■ Una relación emocionalmente signicativa y de
conanza con una gura de ayuda.
■ Un entorno que propicie la sanación.
■ Una justicación o narrativa que proporcione sen-
tido al sufrimiento y proponga un camino hacia el
alivio.
■ Un ritual terapéutico compartido por la persona
consultante y su terapeuta, en el que ambos creen.
Desde esta perspectiva, los psicodélicos funcionan
como amplicadores de estos elementos, aumentando
la ecacia mediante una mayor respuesta al signi-
cado (Dupuis, 2021; Dupuis & Veissière, 2022). Esta
cualidad de “superplacebo” también conlleva impli-
caciones éticas, ya que puede funcionar como una
espada de doble lo” para quienes se encuentran en
estados de alta vulnerabilidad psicológica al potenciar
la sugestionabilidad, la adopción acrítica de creencias
y la percepción de certezas no mediadas, especialmen-
te cuando el contexto inuye en la experiencia (Tim-
mermann et al., 2022).
La persona (set) y el ambiente (setting) como
mediadores de la experiencia psicodélica
El enfoque de set y setting se plantea como una unidad
de análisis de los factores extrafarmacológicos que ex-
plica cómo los factores internos (actitud, expectativas,
estado emocional, personalidad, preparación, inten-
ción, expectativas, temores y deseos) y externos (am-
biente físico, emocional, social y cultural) moldean las
experiencias psicodélicas (Gukasyan & Nayak, 2022b).
Esta teoría se atribuye comúnmente a Timothy Leary
(1961), quien denió el set como todo lo relacionado
con el estado interno de la persona y el setting como
el entorno donde tiene lugar la experiencia (Dahan,
2023; Hartogsohn, 2017; Winkelman, 2021).
A diferencia de la hipótesis del placebo, que discu-
te la existencia de personas más o menos susceptibles
a dicho efecto, la hipótesis del set y setting propone
estudiar sistemáticamente las variables individuales y
sociales que modulan la experiencia, con la intención
de integrar estos factores como parte activa y deseable
del proceso terapéutico (Hartogsohn, 2016).
Comprender el set y setting permite sensibilizarse
con respecto a la complejidad de la experiencia psico-
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délica y todos sus niveles de interacción. El concepto
de la Teoría de los Sistemas Ecológicos (TSE) aplicada
a la TAP fue propuesto por Dellacrosse et al. (2024),
y proporciona un marco más amplio para entender
cómo los factores de la persona y el ambiente inte-
ractúan y afectan la experiencia psicodélica. Este en-
foque propone descomponer a estas dos variables en
múltiples estratos interdependientes —desde el nivel
individual (identidad, estilos de afrontamiento, acul-
turación), pasando por microsistemas (facilitador, sala
de sesión, apoyo social), mesosistemas (interacciones
entre equipo y comités académicos), exosistemas (re-
gulaciones de FDA/DEA, políticas institucionales), ma-
crosistemas (estigma, hype), supramacrosistemas (fuer-
zas geopolíticas, crisis económicas) y cronosistemas
(cambios regulatorios y eventos globales)— para com-
prender con mayor precisión cómo cada capa modula
la experiencia psicodélica (Dellacrosse et al., 2024).
De igual forma Hartogsohn (2017, 2022) también
introduce el concepto de “modalidad psicodélica,
que describe cómo distintos entornos socioculturales
generan expectativas, intenciones y resultados carac-
terísticos. Estas modalidades ayudan a comprender
cómo el contexto cultural inuye en la experiencia
psicodélica. En la Figura 2 se describen siete modali-
dades psicodélicas modernas identicadas.
Estas distintas modalidades reejan cómo el con-
texto sociocultural puede modelar las experiencias psi-
codélicas y los signicados que las personas les atribu-
yen, rearmando la centralidad del contexto ambiental
como unidad de análisis terapéutico y cultural.
Si analizamos especícamente la modalidad psi-
coterapéutica, encontramos una propuesta (Prono-
vost-Morgan et al., 2025) que mediante el criterio de
expertos formuló las “directrices para el reporte del
setting en ensayos clínicos psicodélicos” (ReSPCT, por
sus siglas en inglés); esta comprende 30 ítems catego-
rizados en las siguientes cuatro variables (Tabla1):
Figura 2. Modalidades psicodélicas según Hartogsohn
(2017, 2022)
Nota. Representación de siete contextos socioculturales que moldean
las experiencias psicodélicas actualmente. Cada modalidad reeja expec-
tativas y signicados predominantes atribuidos al uso de psicodélicos en
un tiempo y cultura especícos.
Tabla 1. Directrices ReSPCT para reportar el contexto ambiental en ensayos clínicos con psicodélicos
Dimensión del ambiente/setting Elementos clave
Entorno físico y sensorial
Ubicación (interior/exterior; urbano/rural/suburbano); ambiente de la sala; acceso a la
naturaleza; objetos y decoraciones; iluminación (ajustable); reducción sensorial (auricula-
res, antifaces); instalaciones del baño (accesibilidad, privacidad, seguridad).
Procedimiento de la sesión
de dosicación
Número y roles de las personas presentes; posicionamiento en sala (cama, colchoneta,
sofá); enfoque y actividades principales; música o paisajes sonoros; intervenciones inter-
personales y consentimiento; autonomía y agencia del participante; régimen de dosi-
cación; procedimientos médicos/experimentos; protocolo previo y posterior (llegada/
salida); posibles perturbaciones o interrupciones.
Marco y protocolo terapéutico
Enfoque terapéutico o de guía y manual adjunto; encuadre narrativo (efectos a corto/
largo plazo); número y duración de sesiones (preparación, dosicación, integración);
protocolo de preparación; protocolo de integración; apoyo o seguimiento adicional;
cualicaciones del personal; competencia y seguridad cultural.
Experiencias subjetivas Alianza terapéutica; conanza del participante; comodidad física; seguridad física; seguri-
dad psicológica y cultural.
Nota. Adaptado de Pronovost-Morgan et al. (2025).
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Terapia asistida con psicodélicos como praxis
y comprensión de la persona y el ambiente
La TAPs es una modalidad terapéutica innovadora que
construye un proceso terapéutico con el cliente o el
grupo en conjunto con sustancias psicodélicas, como
el LSD, la psilocibina o el MDMA, con el n de facilitar
procesos profundos y transformadores bajo la supervi-
sión de profesionales de la salud mental altamente ca-
pacitados (Andersen et al., 2021; Cavarra et al., 2022;
Rei et al., 2020). Este enfoque terapéutico ha ganado
interés en los últimos años debido a su efectividad y
potencial transdiagnóstico para tratar una variedad de
síndromes (Kelly et al., 2021). Para una visualización
general de las fases terapéuticas, así como de los facto-
res personales (set) y ambientales (setting) que intervie-
nen en cada una de ellas, véase la Figura 3.
Figura 3. Factores personales (set) y ambientales (setting) en la terapia asistida con psicodélicos
Preparación Experiencia psicodélica Integración
Set
Factores
internos/personales
Historia personal, trauma
y psicopatología.
Estado emocional al momento
de la ingesta. Asimilación de la experiencia.
Estado emocional y
psicológico previo. Conanza y entrega al proceso. Reencuentro con valores
personales.
Expectativas y miedos. Estilo de afrontamiento. Evaluación crítica de signicados.
Cosmovisión espiritual
o losóca. Receptividad al signicado. Reconexión con la cotidianidad.
Experiencia previa con sustancias. Vivencias emergentes. Estilo de afrontamiento
post-sesión.
Nivel de sugestionabilidad. Autorregulación emocional
en fases difíciles.
Cambios identitarios o
existenciales.
Evaluación de riesgo. Deseabilidad social y autoimagen. Deseo de cambio a largo plazo.
Historial clínico. Vulnerabilidad a la interpretación
externa.
Aceptación de aspectos difíciles
o no resueltos.
2 a 4 sesiones Algunas horas Varios meses
Setting
Factores externos/
ambientales
Entorno físico seguro, estético
y restaurativo.
Contención emocional activo
no directiva.
Espacios estructurados para
integración.
Acceso a la naturaleza. Presencia física y afectiva.
Métodos terapéuticos comple-
mentarios (ACT, mindfulness,
narrativas, terapia somática).
Objetos y decoraciones de la sala. Cuidado ético y prevención. Seguimiento post-sesión.
Alianza terapéutica sólida. Procedimientos médicos/experi-
mentales durante la sesión. Red de apoyo segura.
Entrenamiento en herramientas
psicológicas.
Reducción sensorial (auriculares/
antifaces)
Intervenciones personalizadas
según tipo de experiencia.
Narrativa explicativa del proceso
(psicoeducación). Música y ambiente.
Protocolo posterior a la
dosicación (condiciones de
salida).
Protocolo de seguridad. Instalaciones del baño. Evaluación de la seguridad cultu-
ral en la fase de seguimiento (es-
tigma, espiritualidad, comunidad).
Selección de música y elementos
sensoriales.
Manejo de experiencias
desaantes.
Formación y ética del equipo
facilitador. Registro de procesos emergentes.
Supervisión clínica. Posicionamiento de participantes
(cama, colchoneta...).
Consideraciones médicas y
farmacológicas.
Nota. Elaboración propia. El modelo representa las fases de preparación, experiencia psicodélica e integración, inuenciadas por factores personales
(set) y ambientales (setting). La preparación incluye elementos como la intención, el estado emocional previo y la conguración de un entorno seguro.
Durante la experiencia psicodélica, factores internos como la conanza y el estado emocional interactúan con los factores externos, tales como el
acompañamiento terapéutico y la selección de música y ambiente. La fase de integración se enfoca en la asimilación de la experiencia y el seguimien-
to post-sesión, apoyado por una red social segura.
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Por lo general, todo proceso de TAPs consta de tres
fases interrelacionadas (Horton, Morrison & Schmit,
2021): 1) preparación, 2) experiencia psicodélica, 3)
integración. al et al. (2022, 2023a, 2023b) han rea-
lizado tres revisiones sistemáticas extensas sobre cada
una de las características de estas fases y a continua-
ción se presentan sus resultados.
Preparación
La preparación es una fase previa a la ingesta de la
sustancia psicodélica. En esta fase es importante dar
un período de 1 a 4 sesiones para trabajar distintos
temas tanto a nivel terapéutico como logístico. Se-
gún Fadiman (2011), hay que tomar diversos temas
en cuenta en esta etapa, como lo son las intenciones y
metas terapéuticas, la alianza terapéutica, psicoeduca-
ción sobre los efectos del fármaco, dudas del cliente, la
construcción del entorno (música, espacio natural o
cuarto articial, etc.), entre otras cuestiones. Fadiman
(2011) y al et al., (2022), sintetizan las siguientes re-
comendaciones básicas para esta etapa:
■ Consideraciones de seguridad, incluyendo selec-
ción cuidadosa de sustancias y dosis. Los psicodé-
licos, en dosis recomendadas, son siológicamente
seguros y no adictivos.
■ Asegurar la presencia de dos terapeutas capacita-
dos durante las sesiones, preferiblemente un hom-
bre y una mujer.
■ Incluir exámenes médicos detallados y excluir a
aquellos clientes con ciertas condiciones médicas
(espectro de psicoticismo, enfermedad cardíaca
severa) o bajo medicación especíca (litio, inhibi-
dores de MAO-A).
■ Preparación del ambiente incluyendo música, co-
modidad y ausencia de estímulos perturbadores.
■ Evaluar los efectos de sustancias en pulso y presión
arterial. Presencia de médico para monitoreo vital
y soporte cardíaco.
■ Psicoeducación sobre posibles efectos durante la
experiencia psicodélica.
■ Establecimiento de intenciones terapéuticas y ma-
nejo de expectativas.
■ Entrenamiento en técnicas de atención plena (min-
dfulness) y manejo de ansiedad para las experien-
cias, sobre todo las difíciles.
■ El escenario del equipo de terapeutas mixtos tiene
que tener roles denidos.
Además, al et al. (2022) mencionan los siguien-
tes aspectos relacionados al papel del guía o terapeuta,
durante todo el proceso psicodélico, pero que durante
la fase de preparación es fundamental:
■ Capacidad de adaptación, ya que pueden cambiar
las necesidades de los clientes durante las sesiones.
■ Papel no enjuiciador, de apoyo y alentador. Los te-
rapeutas actúan como "apoyos de conanza" que
presencian los procesos terapéuticos de los clientes
y ofrecen un afecto positivo incondicional.
■ Se espera que los terapeutas faciliten la autotras-
cendencia, momentos de asombro y experiencias
cumbre o difíciles, escuchando empáticamente y
guiando de manera conable.
■ Consideración de la potencial inuencia de la for-
mación, perspectivas y experiencias personales in-
uyen en su enfoque terapéutico.
■ La capacitación formal es crucial, con programas
desarrollados por varias organizaciones.
■ Las competencias fundamentales del terapeuta
incluyen presencia empática, fomento de la con-
anza, inteligencia espiritual, conocimiento de los
efectos de las sustancias, autoconciencia del tera-
peuta, ética y dominio de técnicas complemen-
tarias. Además, se valoran cualidades personales
como compasión, autenticidad y paciencia.
■ La experiencia personal del terapeuta con las sus-
tancias es controvertida y puede inuir en su efec-
tividad, pero se debate el impacto en la objetividad
del terapeuta y su ética.
■ Durante la fase de preparación, pueden aplicarse
diversos instrumentos como parte de un proce-
so de evaluación clínica riguroso, multimétodo
y multidimensional. Estos incluyen escalas para
medir actitudes, expectativas, apertura, temores
y preparación general. Entre los instrumentos re-
cientemente validados destacan la Psychedelic Pre-
paredness Scale (PPS), que evalúa conocimientos,
intenciones, preparación psicofísica y planica-
ción del apoyo previo a la experiencia (McAlpine
et al., 2024), y la Imperial Psychedelic Predictor
Scale (IPPS), diseñada para anticipar dimensiones
clave de la experiencia psicodélica, como estados
místicos, desaantes o de revelación emocional
(Angyus et al., 2024).
Administración de la medicina
Esta fase consta del período donde se produce la in-
gesta de la sustancia psicodélica. Su duración depende
de la sustancia, la persona y el contexto (ver Figura 3).
Fadiman (2011) habla de 6 estadios o etapas durante
esta fase: 1) ingesta del psicotrópico; 2) inicio de los
efectos (20-50 minutos); 3) abrirse y dejar pasar (3-4
horas); 4) estabilización (1-2 horas); 5); el suave uir
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(siguientes 3 horas); 6) n de la sesión. Los tiempos
anteriores hacen referencia al LSD, los tiempos de la
psilocibina son signicativamente más cortos.
En relación con la dosis, al et al. (2023) desta-
ca que la psilocibina, presente en una amplia gama de
hongos basidiomicetos, ha sido administrada en dosis
que van desde 1.75 hasta 30 mg, con una dosis media-
na de 21 mg basada en un peso corporal promedio de
70 kg, con una duración de efecto de 2 a 6 horas. El
LSD, ha mostrado efectos que pueden durar hasta 12
horas, sugiriendo dosis terapéuticas óptimas entre 100
y 200 μg, dependiendo de los efectos deseados, siendo
100 μg considerados como una dosis de "efecto inter-
medio" y 200 μg como una dosis de "disolución del ego"
o alta. El ayahuasca, una mezcla tradicional que contie-
ne N, N-dimetiltriptamina (N, N-DMT), ha sido admi-
nistrada ajustando la dosis de N, N-DMT a 0.36 mg/kg
en estudios clínicos. Por otro lado, el MDMA, conoci-
do por sus efectos entactogénicos y empatogénicos (ej.,
sentimientos de conexión emocional, empatía, apertu-
ra y autoconciencia), ha sido administrado en dosis que
varían entre 50 y 125 mg, con ajustes considerando el
peso corporal del individuo.
Además de la dosis, la frecuencia de las sesiones
de administración de estas sustancias psicodélicas va-
ría, yendo desde una sola sesión hasta un máximo de
cuatro sesiones en estudios clínicos recientes, con una
mediana de dos sesiones (al, et al., 2023). Otros as-
pectos a considerar son:
■ Evaluación del estado de ánimo y las expectativas
del paciente.
■ Preparación cuidadosa que incluye la revisión de
estrategias para manejar experiencia desaantes.
■ La música, utilizada como un componente integral
de estas sesiones.
■ Contemplar el amplio abanico de posibles expe-
riencias: sentimiento de alienación, recuerdos y
reencuentros con signicados fuertes. Los efectos
psicológicos adversos pueden incluir ansiedad, pá-
nico, disforia, paranoia, aislamiento, disociación,
confusión y delirio, pudiendo incluso desencade-
nar crisis psicológicas transitorias o potencialmen-
te permanentes si no se manejan adecuadamente.
■ Alta sugestionabilidad: los comentarios, opiniones,
e interpretaciones de la experiencia de la persona
pueden afectar su vivencia bajo los efectos de la
sustancia. Además, al igual que en la psicoterapia
regular, algunos clientes pueden producir y hablar
sobre el material que creen que se espera de ellos
(deseabilidad social), lo que puede ser enfatizado
por ciertas sustancias.
■ Las experiencias comunes incluyen cambios sen-
soriales, recuerdos psicodinámicos y autobiográ-
cos, alteraciones cognitivas, experiencias sim-
bólicas y arquetípicas, experiencias desaantes y
experiencias místicas.
■ La presencia terapéutica, la no-directividad y la
capacidad de respuesta emocional y física del tera-
peuta son fundamentales para guiar a los clientes
a través de estas experiencias de manera segura y
terapéutica.
Al concluir la sesión, se invita a los clientes a re-
exionar sobre su experiencia. Es crucial manejar
adecuadamente las proyecciones, el traslado desde el
centro de tratamiento y prevenir el comportamien-
to terapéutico inapropiado, como la conducta sexual
(Fadiman, 2011; Johnson et al., 2008; al et al., 2023).
Se facilita una transición suave y uida al estado de
conciencia cotidiano y se discuten los efectos residua-
les de las sustancias antes de concluir la sesión.
Integración
La integración es la fase posterior al nal de la expe-
riencia psicodélica donde se intenta traducir, asimilar
e integrar las visiones, los aprendizajes y los signicados
a la vida personal (Fadiman, 2011). La integración de
las experiencias psicodélicas en la vida cotidiana es cru-
cial para su efectividad terapéutica (Bathje et al., 2022;
Johnson et al., 2008). En los estudios clínicos, el proceso
de integración suele comenzar con una sesión de 90 a
120 minutos a la mañana siguiente a la administración,
con estructura, contenido y tiempos adaptados a las ne-
cesidades del cliente (al et al., 2023). Es un proceso
largo que puede tomar hasta un año para una completa
asimilación (Fadiman, 2011). Según al et al. (2023),
se distinguen dos tipos principales de integración: la
integración en terapia clínica y la integración en con-
textos de reducción de riesgos y daños.
La sesión de integración generalmente sigue poco
después de la administración, aprovechando el pe-
ríodo de "resplandor posterior" (aerglow) psicodéli-
co, denido como un estado transitorio de bienestar
emocional, apertura y reducción de la psicopatología
que se prolonga entre 1 día y 1 mes después del uso de
psicodélicos, caracterizado por cambios positivos en
la percepción de uno mismo, los demás y el entorno
(Evens et al., 2023). Durante estas sesiones, se fomenta
una discusión abierta y no directiva para reexionar
sobre la experiencia y sus implicaciones. Los marcos
terapéuticos, como las terapias de tercera ola del com-
portamiento, pueden complementar la integración,
aunque hay una falta de metodologías concretas en la
literatura actual.
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Se identicaron diversos marcos terapéuticos, con
una predominancia de terapias humanísticas-expe-
rienciales, seguidas de terapias cognitivo-conductua-
les, basadas en atención plena (mindfulness) y acepta-
ción, así como enfoques eclécticos. La terapia basada
en la aceptación y atención plena, incluida la terapia
de aceptación y compromiso (ACT) y el modelo ACE
(aceptación, conexión, encarnación), se han conside-
rado como opciones prometedoras debido a su capa-
cidad para fomentar la exibilidad psicológica (al,
Baker, et al., 2023).
A continuación se presenta una lista de modelos
terapéuticos ya utilizados en ensayos clínicos o pro-
puestos para la etapa de integración y/o todo el pro-
ceso de la TAPs (al et al., 2023b): 1) Intervenciones
motivacionales (motivational interventions); 2) terapia
de pareja centrada en las emociones (emotionally fo-
cused couples therapy); 3) psicoterapia de apoyo-ex-
presiva en grupo (brief supportive–expressive group
therapy); 4) terapias cognitivo-conductuales (CBT);
5) terapias basadas en la aceptación y atención plena
(mindfulness and acceptance-based therapies); 6) tera-
pia basada en la teoría del aceptar, conectar y encarnar
(ACE) (accept, connect, embody); 7) narración restau-
rativa (NR); 8) fundamentos psicotraumatológicos
(PG); 9) terapia centrada en la compasión (CFT); 10)
modelo de seis dominios EMBARK; y 12) realidad
virtual (VR).
Este enfoque integrador busca recapitular y apo-
yar la percepción del participante sobre la sesión con
la sustancia, relacionar el material que aora con sín-
tomas y objetivos de tratamiento, identicar cambios
subjetivos colaborativamente, y planicar cambios
post-tratamiento para sostener los resultados terapéu-
ticos (Brennan & Belser, 2022).
Conclusión y futuras líneas de
investigación
El resurgimiento de la terapia asistida con psicodéli-
cos (TAPs) marca un hito en el abordaje de trastor-
nos mentales complejos, desde la depresión resistente
hasta el TEPT y las adicciones. Sin embargo, su ver-
dadero potencial terapéutico no reside únicamente en
los psicodélicos, sino en la sinergia entre la sustancia,
la intención adecuada y un contexto cuidadosamente
diseñado. Como revela esta revisión, factores como el
entorno físico, la relación terapéutica, las expectati-
vas del paciente e incluso los signicados culturales
asociados a la experiencia actúan como moduladores
críticos de los resultados.
Estudios como el de Olson et al. (2020), donde pla-
cebos indujeron vivencias similares a las psicodélicas,
subrayan el papel fundamental de lo contextual: los
psicodélicos no son meros fármacos, sino catalizado-
res de procesos psicológicos profundamente inuen-
ciados por la persona (set) y el ambiente (setting). Este
enfoque contextual se materializa en las tres fases cla-
ve de la TAPs: la preparación establece los principios
básicos del tratamiento, trabajando desde la alianza
terapéutica hasta la psicoeducación para manejar ex-
pectativas; la administración requiere un equilibrio
delicado entre dosis, seguridad física y acompaña-
miento profesional empático; y la integración (a me-
nudo subestimada) convierte revelaciones profundas
(insights) transitorias en cambios duraderos mediante
terapias como ACT o de atención plena. Aquí, el rol
del terapeuta es insustituible: su capacidad para nave-
gar estados emocionales intensos, evitar sugestiones
coercitivas y guiar sin dirigir determina en gran me-
dida el éxito del proceso.
No obstante, estos avances enfrentan desafíos éti-
cos y prácticos. La prohibición vigente en países como
Costa Rica no sólo obstruye el acceso a entornos regu-
lados, sino que empuja el consumo hacia espacios de
mayor riesgo. Además, la naturaleza vulnerable de los
estados psicodélicos exige protocolos rigurosos que
prevengan abusos o retraumatizaciones. Futuras in-
vestigaciones deberán profundizar en cómo optimizar
variables contextuales para diferentes poblaciones, así
como en el diseño de políticas públicas que equilibren
innovación y seguridad.
En última instancia, las TAPs trasciende el modelo
biomédico tradicional: redenen la terapia como un
acto signicativo cocreado entre paciente, sustancia y
contexto. Su integración responsable en la salud men-
tal demandará no sólo evidencia cientíca, sino tam-
bién una mirada humana que valore la complejidad de
la experiencia psicológica. El camino es prometedor,
pero su recorrido exige tanto rigor como sensibilidad.
Conicto de intereses: los autores declaran no pre-
sentar conicto de intereses.
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Artículo de revisión
72
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia:
tercera parte. Lineamientos para el abordaje integral del
tratamiento
First Argentine Consensus on Schizophrenia: Section three. Recommendations for an
Integrated Treatment Approach
Alejo Corrales1, Andrea Abadi2, Asociación de Ayuda de Familiares de Personas con
Esquizofrenia (AAFE)3, Gastón Bartoli4, Carlos Benavente Pinto5, Adrián Cabrera6,
Sebastián Camino7, Ricardo Corral8, Guillermo Delmonte9, Gerardo García Bonetto10,
Cristian Javier Garay11, Damián Gargoloff12, Pedro Gargoloff13, Aníbal Goldchuk14, María
Florencia Iveli15, Gabriela Jufe16, Fabián Lamaison17, Eduardo Leiderman18, Andrea López
Mato19, Eliana Marengo20, Tomás Maresca21, María Delia Michat22, Carlos Morra23, Cintia
Prokopez24, Julieta Ramírez25, Federico Rebok26, Eduardo Rubio Domínguez27, Daniel
Sotelo28, Sergio Strejilevich29, Esteban Toro Martínez30, Gustavo Vázquez31, Juan José
Vilapriño32, Manuel Vilapriño33, Marcela Waisman Campos34, Veronica Grasso35, Marcelo
Cetkovich-Bakmas36
RECIBIDO 28/8/2025 - ACEPTADO 22/12/2025
1.Magíster en Biología Molecular e Ingeniería Genética, Universidad Favaloro. Docente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Presidente del Capítulo de Psiquia-
tría Genética, Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP), Buenos Aires, Argentina.
2.Psiquiatra infantojuvenil. Directora del Departamento Infantojuvenil y docente, Universidad Favaloro.
3.Asociación de Ayuda de Familiares de Personas con Esquizofrenia (AAFE).
4.Hospital Nacional “Profesor Alejandro Posadas”.
5.Centro Médico CIADE, Tandil.
6.Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial “José T. Borda”.
7.Hospital Neuropsiquiátrico “Braulio A. Moyano”.
8.Hospital “José T. Borda”, presidente de la AAP. Fundación para el Estudio y Tratamiento de las Enfermedades Mentales (FETEM).
9.Instituto de Investigaciones Hematológicas “Mariano R. Castex” (IIHEMA), Academia Nacional de Medicina.
10.Director Investigaciones Clínicas, Instituto Médico DAMIC, Hospital Neuropsiquiátrico Provincial, Córdoba, Argentina.
11.Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.
12.Hospital Interzonal Especializado en Agudos y Crónicos Neuropsiquiátrico “Dr. Alejandro Korn”.
13.Universidad Nacional de la Plata (UNLP).
14.Capítulo de Psicofarmacología, Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).
15.Capítulo de Psicofarmacología, APSA.
16.Instituto Superior de Formación de Postgrado, APSA.
17.Capítulo de Esquizofrenia (AAP), Centro Integral Ambulatorio en Neurociencias (CIANE), UNLP.
18.Universidad de Palermo.
19.Instituto de Psiquiatría Biológica Integral (IPBI).
20.Área PRYMA.
21.Presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica (AAPB).
22.Asociación de Ayuda de Familiares de Personas conEsquizofrenia (AAFE).
23.Sanatorio Morra, Córdoba, Argentina.
24.Instituto de Farmacología, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires (UBA).
25.Hospital “José T. Borda”.
26.Hospital “Braulio A. Moyano”.
27.Universidad de Buenos Aires, Hospital “Braulio A. Moyano”.
28.Iternova, Asistencia e Investigación en Salud Mental.
29.AREA, Asistencia e Investigación en Trastornos del Ánimo.
30.Presidente de APSA.
31.Department of Psychiatry, Medical School, Queen's University, Kingston, ON, Canadá.
32.Clínica Del Prado, Centro de Estudios, Asistencia e Investigación en Neurociencias (CESASIN), AAP.
33.Clínica Del Prado, Centro de Estudios, Asistencia e Investigación en Neurociencias (CESASIN), APSA.
34.Fleni.
35.Iternova, Asistencia e Investigación en Salud Mental, Córdoba, Argentina.
36.Departamento de Psiquiatría, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Favaloro, INECO.
Autor correspondiente
Alejo Corrales
alejocorrales@hotmail.com
Institución donde se realizó el estudio: Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica (AAPB).
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 72-126
73
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: tercera parte. Lineamientos para el abordaje...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 72-126.
Resumen
Este documento corresponde a la tercera parte del Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la esqui-
zofrenia y tiene como objetivo sintetizar la evidencia cientíca actualizada sobre los abordajes terapéuticos en
pacientes adultos con esta patología. Siguiendo la metodología establecida en la primera parte del Consenso,
un panel multidisciplinario de expertos llevó a cabo una revisión exhaustiva y sistemática de la literatura dis-
ponible, complementada por un proceso estructurado de discusión y consenso, a partir del cual se elaboraron
las recomendaciones presentadas en esta sección. Esta parte del Consenso aborda el tratamiento integral de
la esquizofrenia en adultos, incluyendo consideraciones previas a la prescripción farmacológica, el manejo de
la exacerbación aguda y las estrategias de tratamiento farmacológico de primera y segunda línea. Asimismo, se
analizan en profundidad el rol de la clozapina, el uso de antipsicóticos de acción prolongada (LAI), los criterios
y estrategias para el cambio de antipsicótico, así como las intervenciones de aumentación y combinación far-
macológica. Además, se revisa la evidencia disponible sobre terapias biológicas complementarias, tales como la
terapia electroconvulsiva (TEC) y la estimulación magnética transcraneal repetitiva, junto con aspectos centrales
del abordaje clínico como la adherencia al tratamiento, los conceptos de respuesta, remisión y recuperación;
la prevención de recaídas y el tratamiento de mantenimiento. El documento también contempla el manejo de
comorbilidades, la identicación de pseudorresistencia al tratamiento y, nalmente, el tratamiento psicosocial de
la esquizofrenia, enfatizando la necesidad de un enfoque integral, longitudinal y centrado en la persona.
Palabras clave: esquizofrenia, consenso clínico, tratamiento integral, antipsicóticos, clozapina, antipsicóticos
de acción prolongada, adherencia al tratamiento, prevención de recaídas, tratamiento psicosocial
Abstract
This document represents the third part of the First Argentine Consensus on the Management of Schizophrenia and
aims to synthesize the most up-to-date scientic evidence on therapeutic approaches for adult patients with this
disorder. Following the methodology described in the rst part of the Consensus, a multidisciplinary panel of experts
conducted a comprehensive and systematic review of the available literature, followed by a structured discussion and
consensus process, from which the recommendations presented in this section were derived.
This part of the Consensus focuses on the integrated treatment of schizophrenia in adults, addressing key aspects such
as considerations prior to pharmacological prescription, management of acute exacerbations, and rst- and second-line
pharmacological treatments. In addition, it provides an in-depth analysis of the role of clozapine, the use of long-acting
injectable antipsychotics (LAIs), criteria and strategies for antipsychotic switching, as well as augmentation and com-
bination treatment strategies. The document also reviews the evidence supporting adjunctive biological interventions,
including electroconvulsive therapy (ECT) and repetitive transcranial magnetic stimulation (rTMS). Furthermore, it
addresses core clinical concepts such as treatment adherence, denitions of response, remission, and recovery, relapse
prevention, and maintenance treatment. Additional sections focus on the management of psychiatric and medical co-
morbidities, the identication of pseudoresistance to treatment, and, nally, the psychosocial treatment of schizophrenia,
emphasizing the importance of a comprehensive, longitudinal, and person-centered approach to care.
Keywords: schizophrenia, integrated treatment, antipsychotics, clozapine, relapse prevention
74
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: tercera parte. Lineamientos para el abordaje...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 72-126.
17. Consideraciones previas a la pres-
cripción farmacológica1
17.1. Evaluación clínica antes de iniciar el
tratamiento
Para llevar a una correcta implementación de las reco-
mendaciones de este Consenso es menester:
■ Efectuar un adecuado diagnóstico de esquizofre-
nia.
■ Determinar el estado clínico del paciente (exacer-
bación aguda/tratamiento de mantenimiento).
■ Evaluar la severidad del episodio en curso y la exis-
tencia de conductas de riesgo para sí o terceros.
■ Detectar la presencia de síntomas negativos, posi-
tivos, cognitivos o afectivos.
■ Determinar la presencia de insight, evaluando la ad-
herencia y conciencia de necesidad de tratamiento.
■ Analizar detalladamente antecedentes de trata-
mientos previos focalizando en la presencia o no
de respuesta terapéutica y la aparición de efectos
adversos.
■ Valorar la presencia de comorbilidades clínicas y/o
psiquiátricas, particularmente la coexistencia o no
de abuso de sustancias.
■ Indicar exámenes bioquímicos complementarios y
evaluaciones médicas de ser pertinentes.
17.2. Inicio del tratamiento
Las recomendaciones clínicas de este Consenso deben
ser comprendidas como indicaciones para pacientes
que al momento actual no se encuentran realizando
un tratamiento. En aquellas oportunidades donde el
paciente ya se encuentre realizando un tratamiento
farmacológico al momento de la consulta, se evalua-
rán las mejores alternativas en torno a la optimización
del esquema en curso o bien la potenciación o cambio
de estrategia terapéutica, vericando previamente el
correcto cumplimento de las indicaciones médicas.
17.2.1. Estudios y controles previos al inicio del
tratamiento
Los controles y exámenes complementarios que se ci-
tan a continuación deberán realizarse antes del inicio
del tratamiento con antipsicóticos (AP) o tan pronto
como sea posible, sopesando la urgencia de los mis-
mos con el estado clínico del paciente. Para estos pa-
cientes, el momento de inicio de un tratamiento far-
macológico resulta en una oportunidad especial para
que se les efectúen controles y estudios que regular-
mente postergan por aspectos inclusos vinculados a
su enfermedad de base.
■ Medición del peso y altura, cálculo del índice de
masa corporal (IMC) a través de la siguiente rela-
ción peso (kg)/altura (m2). Considerando los ries-
gos asociados a la esquizofrenia y al tratamiento de
primera línea en el abordaje de este trastorno men-
tal (los AP) de que el paciente exhiba sobrepeso u
obesidad, se recomienda proceder a este registro
en la semana 4,8 y 12 del tratamiento, midiéndolo
al menos 1 vez al año (Cooper et al., 2016).
■ Circunferencia abdominal. Ubicar la cresta ilíaca y
colocar una cinta métrica en un plano horizontal
alrededor del abdomen a nivel de ella. La medición
se realiza al nal de una espiración normal. Esta
medición deberá repetirse de forma anual (Cooper
et al., 2016).
■ Hemograma completo. Una particular recomen-
dación, en este sentido, consiste en efectuar el re-
cuento de glóbulos blancos y neutrólos previo a
la exposición de estos pacientes a clozapina, consi-
derando el riesgo asociado a este fármaco de apari-
ción de discrasias sanguíneas (Correl et al.,2022).
■ Glucemia y hemoglobina glicosidada (Hb1Ac). Al
inicio del tratamiento se recomienda solicitar glu-
cemia y repetir este estudio en la semana 4 y 12 de
tratamiento, para luego continuarlo de forma anual
junto a una medición de Hb1Ac (DeJong, 2021).
■ Perl lipídico completo. Debe incluir dosaje de
colesterol total, colesterol de baja densidad (LDL),
colesterol de alta densidad (HDL) y triglicéridos.
Tras solicitarlo al inicio, deberá ser repetido en la
semana 12 y luego de forma anual (DeJong, 2021).
■ Función hepática. glutámico oxalacético transa-
minasa (GOT), glutámico pirúvica transaminasa
(GPT), fosfatasa alcalina (FAL) y gamma-glutamil
transferasa (GGT). El metabolismo de la mayoría de
los AP a nivel hepático, junto con el riesgo de hepa-
totoxicidad por parte de los mismos, principalmen-
te los antipsicóticos de segunda generación (ASG),
sugieren la recomendación de este control sérico,
aunque no existe un claro consenso en cuanto a la
frecuencia de su realización (Taylor et al., 2009).
1. La numeración de los apartados es correlativa de las primeras dos partes de este Consenso, publicadas en los números 169 y 170 de Vertex
Revista Argentina de Psiquiatría, disponibles en los siguientes enlaces:
PARTE I: https://revistavertex.com.ar/ojs/index.php/vertex/article/view/900/728
PARTE II: https://revistavertex.com.ar/ojs/index.php/vertex/article/view/947
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 72-126.
■ Urea, creatinina. Considerando que el mecanismo
de excreción de los AP es principalmente renal (Ng
et al., 2009).
■ Ionograma. Especial atención al dosaje de potasio
y magnesio sérico por el riesgo incrementado de
arritmias en esta población (APA, 2020).
■ Función tiroidea y calcemia (Barnes et al., 2020).
■ Proteína C reactiva y velocidad de eritrosedimen-
tación (Barnes et al., 2020).
■ Dosaje de drogas en orina (en caso de sospecha de
trastorno por abuso de sustancias). Incluir en las
entrevistas regulares anamnesis en relación a con-
sumo de alcohol y tabaco (Galletly et al., 2016).
■ Test de embarazo. Subunidad B HCG cualitativa
(mujeres en edad reproductiva) (Ng et al., 2009).
■ Prolactina sérica. Solicitarla al inicio del trata-
miento y repetirla de forma anual. En aquellos ca-
sos de galactorrea, amenorrea o alteraciones en el
ciclo menstrual solicitar un dosaje plasmático de
prolactina ante la aparición de estos síntomas (Ga-
lletly et al., 2016).
■ Medición de la presión arterial y la frecuencia car-
díaca. La presión arterial deberá ser controlada
antes del inicio del tratamiento, en la semana 12 y
luego de forma anual (De Hert et al., 2011).
■ Electrocardiograma (ECG). Se recomienda efec-
tuarlo previamente al inicio del tratamiento far-
macológico. Esta indicación resulta particular-
mente importante en pacientes con antecedentes
personales de infarto de miocardio, insuciencia
cardíaca, arritmias o síncope, y también en quienes
presenten antecedentes familiares de muerte súbita
antes de los 40 años. En aquellos casos donde el
primer ECG exhiba anomalías, o bien cuando el
paciente tenga antecedentes de muerte súbita en
familiares hasta 3° grado o tome fármacos con in-
teracciones farmacocinéticas o farmacodinámicas
cardiotóxicas deberá repetirse a la semana (Barnes
et al., 2020).
17.2.2. Estudios complementarios en situacio-
nes especiales
■ Tomografía axial computada (TAC) o resonancia
magnética de cerebro (RNM). Deben ser solici-
tadas en función de los antecedentes personales
La realización de estos estudios no deberá necesa-
riamente retrasar la prescripción de los fármacos
para el abordaje de la esquizofrenia.
o indicadores clínicos de síntomas neurológicos
(ejemplo: meningioma) (Keepers et al., 2020).
Controversial es la indicación de rutina de RNM
en casos de primer episodio psicótico (Galletly et
al., 2016).
■ Electroencefalograma (EEG). Deberá ser solici-
tado en función de los antecedentes personales
o indicadores clínicos de síntomas neurológicos
(ejemplo: epilepsia) (Keepers et al., 2020).
■ Vitamina B12, fólico y panel de anticuerpos. Revis-
ten particular atención los anticuerpos anti-NM-
DAR, anti-VGKC yanti-GAD para descartar ence-
falitis autoinmune* (Galletly et al., 2016).
■ Considerar punción lumbar cuando se sospeche
causa infecciosa (meningitis) o tóxica (metales pe-
sados) (Barnes et al., 2020).
En la Tabla 11 se exhiben los exámenes comple-
mentarios que deberán realizarse previamente al ini-
cio del tratamiento farmacológico y la periodicidad
con la que deberán ser repetidos.
18.Tratamiento del episodio agudo de
esquizofrenia
El tratamiento del episodio psicótico agudo apunta
a disminuir o eliminar los síntomas positivos (alu-
cinaciones, ideas delirantes) y/o de desorganización
(pensamiento y conductas desorganizadas), que son
los que generalmente se encuentran exacerbados y
se vuelven disruptivos para el paciente y su entorno,
llevándolo a la consulta o incluso a la internación psi-
quiátrica. Durante el episodio agudo, se debería ins-
taurar inmediatamente la medicación antipsicótica
(dosis de 5 a 15 mg/día de haloperidol o equivalente).
Durante los primeros siete días de tratamiento, el ob-
jetivo es disminuir la hostilidad e intentar el retorno
del paciente a un funcionamiento normal (ejemplo:
sueño y alimentación) (Patel, 2014).
En el caso del tratamiento del episodio psicótico
agudo, si el paciente presenta un síndrome de agita-
ción psicomotriz, puede recibir un antipsicótico típico
junto con una benzodiazepina (ejemplo: haloperidol
5 mg + lorazepam 2 mg, VO o IM, dependiendo del
grado de agitación y la aceptación de la medicación)
(Jufe, 2023).
* Alteraciones neurológicas como encefalitis autoin-
munes o epilepsia suelen cursar con alteraciones en
el nivel de conciencia o bien alteraciones motoras.
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: tercera parte. Lineamientos para el abordaje...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 72-126.
La World Federation of Societies of Biological Psy-
chiatry (WFSBP) propone el empleo de antipsicóticos
(típicos y atípicos) en el extremo inferior del rango de
la dosis estándar en personas que experimentan un
primer episodio, a pesar de lo cual también sugiere fa-
vorecer el uso de antipsicóticos atípicos, por su menor
potencial de producir síntomas motores secundarios.
En pacientes con múltiples episodios, la dosis se pue-
de titular tan rápido como esta se tolere, con un mo-
nitoreo cuidadoso de los efectos adversos y el estado
clínico. En general, la titulación debería realizarse en
la forma más lenta posible (WFSBP, 2017).
Todos los antipsicóticos tienen su lugar en el trata-
miento agudo de la esquizofrenia, pero su elección de-
bería seguir una estricta evaluación riesgo/benecio,
en cuya toma de decisiones deben intervenir pacientes
y profesionales juntos (NICE, 2014). En los pacientes
con primeros episodios, se preeren los antipsicóticos
atípicos por sobre los típicos, no por cuestiones de
ecacia, sino por su mejor perl de efectos adversos
motores. Sin embargo, la olanzapina no debería pres-
cribirse como fármaco de primera línea, dado su alto
potencial de generación de efectos adversos metabóli-
cos (Leucht et al., 2013); y la clozapina debería reser-
varse para la esquizofrenia resistente (WFSBP, 2017).
Para los antipsicóticos atípicos, en el momento
agudo parece razonable apuntar a dosis de risperido-
na (2 a 8 mg/día), paliperidona (6 mg/día), quetiapina
(300 a 750 mg/día), aripiprazol (10 a 30 mg/día), brex-
piprazol (2 a 4 mg/día), asenapina (40 a 80 mg/día),
lurasidona (40 a 160 mg/día), cariprazina (1,5 a 6 mg/
día), ziprasidona (80 a 160 mg/día) (Jufe, 2023).
19.Antipsicóticos de primera, segunda
y tercera línea de tratamiento
Actualmente está fuera de discusión que los antipsi-
cóticos son herramientas centrales para el tratamiento
Tabla 11. Exámenes complementarios previos y periodicidad.
Inicio 4 semanas 8 semanas 12 semanas Anualmente
IMC XXXXX
Circunferencia cintura X X
Presión arterial X X X
Glucemia X X X X
Perl lipídico X X X
Hemograma completo X X X X
ECG X X
Prolactina sérica X
Test de embarazo X
de la esquizofrenia. Pero desde hace años se discute
si todos tienen la misma ecacia. Hasta el día de hoy
se considera que sí, siempre que se los utilice en las
dosis adecuadas y por un tiempo suciente. En un
metaanálisis en red llevado a cabo recientemente se
recopilaron y analizaron datos provenientes de 402
ensayos clínicos aleatorizados, que incluyeron un total
de 53.463 participantes, y se evaluaron 32 antipsicó-
ticos orales para el tratamiento agudo de la esquizo-
frenia multiepisódica. Los resultados mostraron que
todos los antipsicóticos fueron superiores al placebo
en la reducción de los síntomas globales, aunque se
observaron diferencias signicativas en la magnitud
del efecto entre los distintos fármacos.
Asimismo, las diferencias en los perles de efectos
adversos —incluyendo aumento de peso, alteraciones
de la prolactina, prolongación del intervalo QT y otros
eventos— fueron más pronunciadas que las diferencias
en ecacia clínica. La certeza de la evidencia fue eva-
luada mediante el sistema CINeMA (Condence in Ne-
twork Meta-Analysis), evidenciándose que un número
considerable de comparaciones presentó una calidad
de evidencia baja o muy baja (Huhn et al., 2019).
La excepción con respecto a la ecacia es la cloza-
pina, que ha demostrado repetidas veces tener una e-
cacia mayor sobre los síntomas positivos. Este tema ya
se ha desarrollado en un Consenso anterior (Corrales,
Vilapriño Duprat, Benavente Pinto et al., 2021).
Sin embargo, la clozapina es un fármaco que plan-
tea un riesgo de alteraciones hematológicas (neutro-
penia, agranulocitosis) mayor que el del resto de los
medicamentos de este grupo (Jufe, 2023). Por este mo-
tivo, a los pacientes que reciben clozapina se les debe
hacer controles hematológicos seriados y pautados.
Es sabido también que todos los antipsicóticos
pueden producir una amplia gama de otros efectos
adversos, además de los hematológicos. Entre ellos
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se pueden enumerar las alteraciones del movimiento,
la sedación, los efectos adversos anticolinérgicos, los
cardiovasculares, los digestivos, la disminución del
umbral para las convulsiones, los urinarios, los sexua-
les, las alteraciones endócrinas, las oalmológicas, las
dermatológicas, las metabólicas y otras. Cada antip-
sicótico tiene su propio riesgo de producir cada uno
de estos efectos colaterales. Por este motivo, aunque
se los suele dividir en líneas generales como típicos o
de primera generación, y atípicos o de segunda gene-
ración, con respecto a las alteraciones del movimiento
se los podría ubicar dentro de un espectro que tendría
en un extremo al haloperidol (el de mayor riesgo) y,
en el otro, a la clozapina (el de menor riesgo). En re-
lación con los trastornos del movimiento asociados al
uso de antipsicóticos con mayor grado de antagonis-
mo dopaminérgico, resulta fundamental implementar
estrategias farmacológicas orientadas a la prevención
y al manejo de estos efectos adversos. Dichas inter-
venciones deben seleccionarse en función del tipo de
manifestación extrapiramidal, su gravedad y el con-
texto clínico del paciente (ver Cuadro 1).
Los efectos adversos metabólicos (aumento de
peso, dislipemias, alteraciones en la glucemia) tienen
una enorme importancia. El aumento de peso no es
solo un problema de estética, sino también un pro-
blema para la salud cardiovascular. Si el paciente pre-
senta obesidad central (circunferencia de cintura ≥ 94
cm en hombres y ≥ 80 cm en mujeres), más 2 de los
siguientes: hipertrigliceridemia (TG ≥ 150 mg/dl, o
tratamiento especíco), alteraciones del colesterol (
colesterol HDL < 40 mg/dl en hombres y < 50 mg/dl
en mujeres, o tratamiento especíco), aumento de la
glucemia en ayunas (≥ 100 mg/dl o diagnóstico pre-
vio de diabetes tipo 2), aumento de la presión arterial
(≥ 130/ ≥ 85 mm Hg o tratamiento de una hiperten-
sión previamente diagnosticada), presenta el cuadro
conocido como síndrome metabólico, que aumenta
el riesgo cardiovascular (American Diabetes Associa-
tion et al., 2004). El abordaje de estos efectos adversos
requiere una estrategia terapéutica integral que con-
temple tanto intervenciones no farmacológicas como
farmacológicas. En este sentido, resulta fundamen-
tal promover modicaciones sostenidas del estilo de
vida, incluyendo el incremento de la actividad física,
la cesación tabáquica y la adopción de un patrón ali-
mentario saludable. Asimismo, cuando la magnitud
del riesgo o la persistencia de las alteraciones meta-
bólicas lo justiquen, deben implementarse interven-
ciones farmacológicas especícas (ver Cuadro 2 y 3).
Al igual que con respecto a las alteraciones del mo-
vimiento, los antipsicóticos podrían ubicarse también
en un espectro teniendo en un extremo a los que pro-
ducen menor riesgo metabólico y, en el otro, a los de
mayor riesgo (Chow et al., 2023). De esta manera, en
uno de los extremos podrá ubicarse la cariprazina (me-
nor riesgo) y, en el otro, la olanzapina (mayor riesgo).
Hasta hace unos años, las guías de tratamiento de
la esquizofrenia recomendaban el iniciocon cualquier
antipsicótico de primera o de segunda línea, excepto
clozapina (que debido a su riesgo hematológico queda
ubicada en una tercera línea de utilización, cuando la
esquizofrenia ya es considerada resistente) (Corrales,
Vilapriño Duprat, Benavente Pinto et al., 2021).
Entre esas guías se pueden mencionar, a modo de
ejemplo:
La Guía de la Federación Mundial de Sociedades
de Psiquiatría Biológica (WFSBP) para el tratamien-
to biológico de la esquizofrenia, Parte 1: Tratamiento
agudo de la esquizofrenia (Falkai, Wobrok, Lieberman
et al., 2005). Esta Guía publicada en 2005 recomienda
el inicio del tratamiento de un episodio esquizofré-
nico agudo con un antipsicótico, preferentemente de
segunda generación. No menciona ninguno en parti-
cular, pero queda afuera la clozapina, por los motivos
ya especicados.
La Guía NICE de 2009 (Kuipers, Kendall, Antoniou
et al., 2009) tampoco especica la preferencia de algún
antipsicótico para el inicio del tratamiento, aclarando
que deberá tenerse en cuenta el perl de cada fármaco
de acuerdo con las características de cada paciente en
particular.
De manera similar, e Schizophrenia Patient Out-
comes Research Team (PORT): Updated Treatment
Recommendations 2009 (Kreyenbuhl, Buchanan, Dic-
kerson et al., 2010), no especica ningún antipsicótico
de elección para el tratamiento de un primer episodio
de esquizofrenia.
Desde hace algunos años las recomendaciones para
el tratamiento de un primer episodio o para un primer
tratamiento han cambiado. Comienza a recomendar-
se el uso de cualquier antipsicótico excepto la olanza-
pina (y la clozapina). Como se mencionó, el obstáculo
para la primera son sus efectos adversos metabólicos
y, para la segunda, los hematológicos, lo que la relega
a una tercera línea, ya para la esquizofrenia resistente.
Como ejemplos podemos mencionar las siguientes
guías de tratamiento de un primer episodio:
La guía Pharmacotherapy of Schizophrenia in Acu-
te and Maintenance Phase (Kirli, Alptekin, 2021), la
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: tercera parte. Lineamientos para el abordaje...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 72-126.
Pharmacological guidelines for schizophrenia: a syste-
matic review and comparison of recommendations for
the rst episode (Keating, McWilliams, Schneider et
al., 2017).
Lo mismo sucede con la Royal Australian and New
Zealand College of Psychiatrists clinical practice guide-
lines for the management of schizophrenia and related
disorders (Galletly, Castle, Dark et al., 2016).
20. Aspectos que deben considerarse
para la elección del tratamiento
antipsicótico
La elección del tratamiento farmacológico deberá ser
individualizada en función de los antecedentes perso-
nales de respuesta a tratamiento farmacológico, el perl
de síntomas predominante y las preferencias del pacien-
te en relación a la vía de administración de la medica-
ción, los efectos adversos y la ecacia de los fármacos
(Hamman et al. 2003). Otros factores para considerar
a la hora de la elección del tratamiento antipsicótico
incluyen la edad, el sexo, las comorbilidades médicas
psiquiátricas y no psiquiátricas, las medicaciones con-
comitantes y la adherencia del paciente al tratamiento.
En nuestro medio, sabemos además que aspectos
relacionados a la costo-efectividad y la disponibilidad
de los tratamientos son determinantes a la hora de ele-
gir el fármaco para el paciente (Kane AND Correl 2021;
Hoekstra et al. 2021; Zygmunt et al. 2002). En aquellas
oportunidades en las cuales el paciente, por su estado
psicopatológico, no se encuentra en condiciones de
participar en el proceso de toma de decisiones, es reco-
mendable incorporar a un familiar o allegado.
Cuando no existe una preferencia por parte del pa-
ciente a la hora de elegir el tratamiento farmacológico
se preeren aquellos antipsicóticos con menor perl de
efectos adversos, tal es el caso de agonistas parciales D2
(ejemplo: aripiprazol). Se recomienda evitar fármacos
capaces de incrementar los niveles de prolactina, so-
bre todo en pacientes femeninas en edad reproductiva.
Dentro de los fármacos de primer nivel de recomenda-
ción, la risperidona es una alternativa altamente ecaz,
con bajo riesgo de efectos adversos metabólicos.
A la hora de la elección de un fármaco antipsicó-
tico dentro del primer nivel de recomendación, ari-
piprazol con un rango de dosis entre 15 y 30 mg/día
y risperidona con un rango de dosis entre 2 y 6 mg/
día son las opciones terapéuticas con mejor balance
riesgo/benecio. Otras alternativas disponibles dentro
del primer nivel de recomendación incluyen paliperi-
dona (rango de dosis 6-12 mg/día); lurasidona (rango
de dosis 80-160 mg/día); brexpiprazol (rango de do-
sis 3-4 mg/día); cariprazina (rango de dosis 3-6 mg/
día) y quetiapina (rango de dosis 400-800 mg/día).
Podríamos ubicar en este mismo nivel de recomenda-
ciónamisulpirida (rango de dosis 400-1000 mg/día) y
asenapina (rango de dosis 10-20 mg/día), pero no son
alternativas disponibles actualmente en la Argenti-
na. En un segundo nivel de recomendación podemos
pensar alternativas farmacológicas que se ubican en
esta posición por exhibir riesgo de efectos adversos me-
tabólicos y cardiovascualres, respectivamente. La olan-
zapina es una excelente opción terapéutica a la cual se
recomienda recurrir tras el fracaso de dos estrategias
con mejor balance riesgo/benecio como aripirpazol y
risperidona. Distinto es lo que ocurre con ziprasidona
cuyo perl de efectos adversos se vincula con la prolon-
gación del intervalo QTc y el riesgo añadido de arrit-
mias por torsada de punta (Taylor D, 2003).
En la actualidad, la utilización de antipsicóticos de
primera generación como haloperidol (rango de dosis
5-15 mg/día) o triuoperazina (rango de dosis 5-20
mg/día) debería reservarse a aquellos ámbitos donde
los profesionales se vean imposibilitados de acceder
a antipsicóticos de segunda y tercera generación. Los
riesgos inherentes de aparición de efectos adversos ex-
trapiramidales, tal es el caso de disquinesias tardías,
avalan esta armación (Leucht S et al. 2009; Solmi
et al. 2011). De este modo, podrían ser considerados
dentro de un segundo nivel de recomendación por de-
bajo de olanzapina y ziprasidona.
Finalmente, en una tercera línea de recomendación,
por aspectos meramente vinculados con su perl de
seguridad y la necesidad de efectuar un monitoreo he-
matológico continuo a n de detectar de forma precoz
la aparición de un efecto adverso idiosincrático, infre-
cuente pero grave como es la agranulocitosis, se ubica la
clozapina (ver apartado 20.1), el antipsicótico con más
ecacia disponible en términos comparativos (Samara
et al. 2016). La clozapina se vuelve una alternativa far-
macológica de elección en aquellos casos donde el pa-
ciente exhibe resistencia al tratamiento farmacológico o
bien alto riesgo suicidia (Meltzer et al 2003).
En aquellos casos donde las reiteradas recaídas
que el paciente exhibe no correspondan a una falta
de ecacia de los fármacos que se administran sino al
incumplimiento terapéutico, esta pseudorresistencia
farmacológica (mala adherencia terapéutica) puede
dar lugar a la utilización de aquellos antipsicóticos
que han demostrado ecacia en el tratamiento oral
en alguna formulación de depósito (Haddad & Correl
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2023; Kane & Rubio 2023). De forma coherente con lo
planteado, se preeren las formulaciones de depósito de
risperidona (administración quincenal) y paliperidona
(administración mensual y trimestral), por sobre el uso
de decanoato de haloperidol, reservado a aquellas si-
tuaciones donde los primeros no puedan ser accesibles
(ver apartado 20.2). Esto está nuevamente vinculado
al riesgo de extrapiramidalismo que las formulacio-
nes de primera generación conllevan. Si bien no están
disponibles en la Argentina, las formulaciones de pali-
peridona de administración semestral y aripiprazol de
administración mensual son alternativas ampliamente
utilizadas en otras latitudes con buenos resultados.
De esta forma, ante el diagnóstico de esquizofrenia,
y considerando la necesidad de inicio de tratamiento
antipsicótico, este podría comenzar con alguno de los
fármacos de primer nivel de recomendación (prefe-
rentemente aripiprazol/risperidona). En caso de falta
de respuesta con dosis y tiempo suciente se puede ro-
tar a otra estrategia farmacológica del mismo nivel de
recomendación, o bien a un fármaco de segundo nivel
de recomendación (ejemplo: olanzapina). El fracaso
de dos o más alternativas farmacológicas habilitaría el
inicio de tratamiento de clozapina cuyo retraso en la
prescripción, como veremos más adelante, supone en
muchas oportunidades una complicación adicional a
la normal evolución de la enfermedad.
En resumen:
La información de la que se dispone actualmente
recomienda el inicio de una farmacoterapia de la es-
quizofrenia con cualquier antipsicótico, típico o atípi-
co, excepto la olanzapina o la clozapina.
La olanzapina queda excluida de esta primera línea
de tratamiento inicial debido a que plantea un riesgo
de producir efectos adversos metabólicos mayor que
el resto de los antipsicóticos, riesgo que comparte con
la clozapina.
La estimación de la relación riesgo/benecio enton-
ces da como resultado que no es conveniente iniciar el
primer abordaje terapéutico con olanzapina. Ante la
falta de respuesta y cuando se decide cambiar de antip-
sicótico la ecuación riesgo/benecio se modica, y la
olanzapina pasa a ser una opción para considerar, por-
que tiene buena ecacia.
En este grupo de antipsicóticos, que se conside-
ra como opción ante la falta de respuesta a un primer
tratamiento, todavía no se incluye la clozapina, pero en
este caso debido al riesgo hematológico que conlleva.
Este fármaco, de mayor ecacia antipsicótica sobre los
síntomas positivos que el resto, queda así relegado a
una tercera línea de tratamiento, cuando han fallado
dos tratamientos anteriores y, por lo tanto, esa esquizo-
frenia ya ha pasado a ser denominada como resistente.
Cuadro 1. Recomendaciones clínicas relacionadas con el bloqueo dopaminérgico inducido por antipsicóticos
En pacientes que desarrollan parkinsonismo secundario al bloqueo dopaminérgico D2, la primera estrategia terapéutica
debe orientarse a la optimización del esquema antipsicótico. En este sentido, resulta pertinente considerar una reducción gradual
de la dosis o la sustitución por un agonista parcial dopaminérgico D2, o bien por un antagonista con menor anidad por dicho
receptor (Jufe, 2023). El empleo de fármacos anticolinérgicos como tratamiento adyuvante no constituye una recomendación de
primera línea, debido a su perl de efectos adversos y al potencial impacto cognitivo; no obstante, en situaciones en las que las
alternativas farmacológicas no sean viables, su utilización puede contemplarse de manera individualizada (Georgiou et al., 2016,
Eum et al; 2017).
En relación con la acatisia inducida por antipsicóticos, la reducción de la dosis representa una medida inicial razonable. Asi-
mismo, puede evaluarse el cambio a antipsicóticos con menor propensión a inducir síntomas extrapiramidales, como quetiapina
u olanzapina (Pringsheim et al.,2018). Cuando estas estrategias no resulten sucientes, el tratamiento adyuvante con propranolol
(10–30 mg, dos a tres veces por día) o con mirtazapina (15 mg diarios) puede considerarse como intervención sintomática (Mus-
co et al., 2020; Gambolò et al., 2024).
En los casos de hiperprolactinemia sintomática, manifestada por galactorrea, disfunción sexual u otras complicaciones clíni-
cas, se recomienda valorar la sustitución por un antipsicótico con actividad agonista parcial dopaminérgica. De forma alternativa,
puede indicarse la adición de aripiprazol en dosis bajas (por ejemplo, 5 mg/día), estrategia que ha demostrado ecacia en la nor-
malización de los niveles de prolactina sin comprometer el control psicopatológico (Lu et al., 2022).
En pacientes que desarrollan discinesia tardía, debe evaluarse la posibilidad de cambiar a un antipsicótico con menor riesgo de
inducir o perpetuar este trastorno, incluyendo clozapina o un agonista parcial D2. Cuando el cambio no sea posible o los síntomas
persistan, puede considerarse la utilización de inhibidores del transportador vesicular de monoaminas tipo 2 (VMAT2) como
estrategia terapéutica especíca (Connolly et al., 2024).
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 72-126.
20.1. Clozapina
Si bien la clozapina está actualmente aprobada por
la FDA para el tratamiento de la esquizofrenia resis-
tente, hay evidencia a favor de su ecacia para el tra-
tamiento de síntomas especícos de la enfermedad,
como la suicidabilidad (Meltzer et al., 2003; Taipale
et al., 2021), la agresividad (Citrome et al., 2001) y la
comorbilidad con el abuso de sustancias (Razadeh et
al., 2023). Clozapina, además, es el antipsicótico aso-
ciado a menor riesgo de mortalidad en seguimientos a
largo plazo (Tiihonen et al., 2009). Cabe destacar que,
desde su reintroducción, su dispensación quedó aso-
ciada a un programa de monitoreo para la detección
de eventos adversos hematológicos.
Cuadro 2. Uso de metformina y estatinas para la prevención y el manejo del aumento de peso inducido por antipsi-
cóticos
Se debe ofrecer uso adyuvante de metformina para la prevención y el tratamiento del aumento de peso asociado al uso de
antipsicóticos, particularmente en pacientes que inician tratamiento con fármacos con perl cardiometabólico desfavorable, como
olanzapina y clozapina. Esta estrategia puede ofrecerse a todos los pacientes, especialmente en aquellos con mayor riesgo meta-
bólico (McCutcheon, 2025). Sin embargo, las intervenciones deben considerarse ante un aumento rápido de peso (≥ 5 % dentro
de los primeros 3 meses tras iniciar un antipsicótico), IMC ≥ 30 kg/m² (o ≥ 27,5 kg/m² en poblaciones asiáticas, medio orientales,
hispanas, africanas o afrocaribeñas), o IMC ≥ 27 kg/m² (o ≥ 24,5 kg/m² en dichos grupos) en presencia de uno o más criterios de
síndrome metabólico (McCutcheon, 2025).
Previo al inicio del tratamiento con metformina, se debe evaluar la función renal. Su uso está contraindicado en pacientes con
insuciencia renal.
La dosis y el esquema de titulación de la metformina son equivalentes a los utilizados en el tratamiento de la diabetes mellitus.
Se recomienda iniciar con 500 mg una vez al día, con incrementos de 500 mg cada dos semanas, hasta alcanzar una dosis objetivo
de 1 g dos veces al día, de acuerdo con la tolerabilidad clínica del paciente (Wang, 2021; Firth, 2019). El monitoreo continuo debe
incluir la evaluación anual de la función hepática, la HbA1c, la función renal y la Vitamina B 12 (NICE, 2014).
Ante la presencia de concentraciones elevadas de colesterol, se recomienda ofrecer tratamiento con una estatina como estrategia
farmacológica para la reducción del riesgo cardiovascular (McCutcheon, 2025).
Cuadro 3. Agonistas del receptor GLP-1 en el abordaje del síndrome metabólico asociado al tratamiento antipsicótico
En los últimos años, los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1RA) han despertado un creciente
interés interdisciplinario debido a su ecacia comprobada en la reducción de peso y la mejora de los perfíleles metabólicos (Xie
et al., 2025). En los últimos años, su potencial uso en Psiquiatría ha comenzado a considerarse como posible. Si bien existieron
preocupaciones iniciales sobre un posible aumento del riesgo de suicidalidad, la evidencia actual proveniente de metaanálisis y
estudios observacionales de gran escala respalda la seguridad psiquiátrica de estos fármacos, con efectos mayormente neutros o
incluso favorables sobre el estado de ánimo y la cognición (Pierret, 2025; Breit, 2025).
Actualmente se ha demostrado de forma sólida y contundente, por un lado, la pérdida de peso signicativa y sostenida, junto con
mejoras metabólicas relevantes; y por otro, un perl de seguridad psiquiátrica consistente, incluso en poblaciones con enfermedad
mental grave. Estos efectos parecen ser independientes de la etiología del aumento de peso, incluyendo obesidad primaria, diabe-
tes tipo 2 y alteraciones metabólicas inducidas por psicofármacos (Bak et al., 2024).En particular, estudios clínicos en pacientes
con esquizofrenia tratados con antipsicóticos de alto impacto metabólico, como clozapina y olanzapina, han demostrado que GLP-
1RA, como liraglutida y semaglutida, logran reducciones clínicamente signicativas del peso corporal y mejoras metabólicas, sin
empeoramiento de los síntomas psicóticos ni interferencias farmacocinéticas relevantes (Larsen et al., 2017; Siskind et al., 2025).
Dado que el aumento de peso y la disfunción metabólica inducidos por antipsicóticos constituyen uno de los principales determi-
nantes de riesgo cardiovascular, deterioro de la calidad de vida y falta de adherencia al tratamiento (Saha et al., 2007), el uso de los
GLP-1RA debe ser tenido en cuenta como una herramienta terapéutica en los trastornos metabólicos inducidos por antipsicóti-
cos. En este escenario, la incorporación sistemática de los agonistas del receptor GLP-1 para el tratamiento del aumento de peso
inducido por psicofármacos surge como una oportunidad concreta para mejorar de forma signicativa los resultados clínicos y la
salud física en personas con trastornos mentales graves.
Se estima que, aproximadamente, el 22 % de las
personas con un primer episodio y el 39,5 % de quie-
nes presentan múltiples episodios desarrollan resis-
tencia al tratamiento (Diniz et al., 2023). Sin embargo,
a pesar de la evidencia disponible, la clozapina con-
tinúa siendo infrautilizada en pacientes con esqiozo-
frenia resistente al tratamiento (ERT). Estudios inter-
nacionales muestran una variabilidad marcada entre
países, con tasas que oscilan entre 189,2 por cada
100.000 habitantes en Finlandia y apenas 0,6 por cada
100.000 en Japón (Bachmann et al., 2017). En la Ar-
gentina, un estudio mostró que el 29 % de los pacien-
tes con diagnóstico de esquizofrenia se encontraban
en tratamiento con clozapina (Goldchluk, 2010).
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Los principales obstáculos para su utilización suelen
ser clínicos, regulatorios y de accesibilidad, asociados
principalmente con temores del médico y/o del pacien-
te al perl de efectos adversos, a profesionales poco fa-
miliarizados con su uso, o a dicultades en la accesibili-
dad al fármaco y/o a los controles hematológicos.
En distintos contextos se ha documentado una
demora considerable en el inicio de clozapina en pa-
cientes que cumplen criterios de ERT. En los Estados
Unidos, el tiempo promedio hasta su indicación oscila
entre cinco y nueve años (Manuel et al., 2012) y un es-
tudio británico mostró que los pacientes suelen recibir
alrededor de nueve antipsicóticos antes de iniciar el
tratamiento con clozapina (Taylor et al., 2003).
20.1.1. Programa de monitoreo de eventos
adversos hematológicos por clozapina
El uso de clozapina en la Argentina está sujeto a un
Programa de Farmacovigilancia Intensiva (Disposi-
ción 935/00, ANMAT), en el que se establecen res-
ponsabilidades para los Titulares de Autorización y
Registro de Comercialización (TARC) de clozapina,
para las farmacias que la dispensan, para los labora-
torios de análisis clínicos que efectúan los controles
hematológicos, para el médico que la prescribe y para
el paciente o su responsable legal. Previamente a ini-
ciar tratamiento con clozapina, debe solicitarse un he-
mograma y obtenerse un recuento de leucocitos y de
neutrólos normales. Durante las primeras 18 sema-
nas de tratamiento, los controles hematológicos son
semanales, y posteriormente mensuales. Los controles
deben mantenerse hasta cuatro semanas luego de la
suspensión del fármaco (Papale et al., 2018). Frente
a una sospecha de infección durante el tratamiento,
deberá solicitarse un hemograma control en forma
inmediata. En caso de que durante el tratamiento se
presentara una disminución en el recuento de glóbu-
los blancos y/o neutrólos, se debe proceder según lo
indicado en la Tabla 12.
Dado que el tratamiento con clozapina se restringe
a pacientes refractarios a otros antipsicóticos, la sus-
pensión denitiva implica un riesgo de descompen-
sación clínica, internación y recaída. En este contexto,
diversos estudios han demostrado que la reexposición
controlada al fármaco puede ser segura, reportándose
que entre el 60 % y el 70 % de los pacientes que presen-
taron leucopenia y/o neutropenia lograron una nueva
exposición sin recurrencia del evento adverso y que,
en los casos en que se produjo una nueva reacción he-
matológica, esta tendió a presentarse con menor la-
tencia y menor severidad que la inicial (Dunk et al.,
2006; Manu et al., 2012; Prokopez et al., 2016). Estas
observaciones respaldan el enfoque de los programas
implementados en otros países, como el aprobado por
la FDA en 2015 que, entre otras acciones, consideró
Tabla 12. Conducta ante alteraciones hematológicas durante tratamiento con clozapina (Disposición ANMAT
935/00)
Niveles Conducta
Leucopenia y/o neutropenia leve
(leucocitos 3500/mm3 - 3000/mm3,
neutrólos 2000/mm3 - 1500/mm3)
Hemograma bisemanal.
Sin suspensión de clozapina.
Leucopenia y/o neutropenia moderada
(leucocitos 3000/mm3 - 2000/mm3,
neutrólos 1500/mm3 - 1000/mm3)
Hemograma diario.
Suspensión denitiva de clozapina.
Monitoreo de signos de infección.
Realizar controles hasta un mes después de normalizados los glóbulos blancos
y/o neutrólos.
Leucopenia y/o neutropenia severa
(leucocitos <2000/mm3,
neutrólos 1000/mm3 - 500/mm3)
Hemograma diario.
Suspensión denitiva de clozapina.
Suspensión denitiva de clozapina.
Monitoreo de signos de infección.
Supervisión por Servicio de Hematología.
Agranulocitosis
(neutrólos < 500/mm3)
Hemograma diario.
Suspensión denitiva de clozapina.
Derivación a Servicio de Hematología para su correcto tratamiento con posible
administración de factores estimulantes de colonias.
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innecesaria la suspensión de clozapina si el recuento
de neutrólos es mayor a 1000/mm3, y estableció la
suspensión transitoria frente a recuentos de neutró-
los < 1000/mm3 y > 500/mm3 hasta que se haya re-
vertido ese valor (Farchione, 2025).
A su vez, estudios posteriores mostraron que la
tasa de mortalidad por agranulocitosis fue de 1 por
cada 7700 usuarios de clozapina (Myles et al., 2018) y
que la ventana de riesgo para la agranulocitosis asocia-
da a clozapina se limita principalmente a los primeros
meses de tratamiento: ocurre en un 38 % en el primer
mes, un 56 % dentro de los dos primeros meses, y un
89 % durante el primer año. Asimismo, otro estudio
ha mostrado que, en el 75 % de los casos, la neutro-
penia leve no progresa a formas más severas y que el
riesgo de neutropenia se vuelve despreciable luego de
los 24 meses de tratamiento (Northwood et al., 2024).
Estas observaciones respaldan los recientes cambios
realizados por la Agencia Europea de Medicamentos
(European Medicines Agency, EMA), que estableció
que los controles, limitados únicamente al recuento de
neutrólos, sean cada 3 meses luego del primer año
de tratamiento, y anual en el segundo año (European
Medicines Agency, 2025). En lo que respecta a nues-
tro país, desde que el Programa de Farmacovigilancia
intensiva fue creado, no se han hecho modicaciones.
Tabla 13. Chequeos necesarios antes el comienzo de clozapina (Adaptado de Rubio y Khane, 2022).
Dato a evaluar Obsevaciones
Temperatura <38º Evitar confundir la presencia de ebre luego del inicio de clozapina, lo cual puede indi-
car un efecto secundario severo como miocarditis.
Frecuencia cardíaca < 100 Evitar confundir la aparición de taquicardia como efecto secundario de clozapina.
Hipotensión ortostática Evitar confundir con la de aparición posterior al inicio de clozapina.
Hemograma basal No comenzar si hay neutropenia.
ntervalo QTc Debe ser > 470 ms.
Consumo de tabaco Puede reducir la concentración de clozapina hasta el 50 %.
Inductores de CYP3A4 Ejemplo: carbamazepina. Pueden requerir incremento de dosis.
Inhibidores del CYP1A2, del
CYP3A4 o CYP2D6
Ejemplos: uvoxamina, cafeína (CYP1A2) o uoxetina, paroxetina, citalopram. Pueden
requerir reducción de dosis.
Vericar el uso de drogas que
pueden causar neutropenia Ejemplo: carbamazepina.
Indicar perl metabólico
Vericar uso de BZD Vericar uso de BZD.
Vericar antecedentes de
convulsiones
Vericar tratamientos
anteriores con clozapina
20.1.2. Guía para su prescripción
Antes de comenzar la indicación de clozapina es ne-
cesario llevar a cabo una serie de evaluaciones previas
que se detallan en la Tabla 13 y que tienen como -
nalidad reconocer preexistencias clínicas y, eventual-
mente, descartar su uso en aquellos pacientes para los
cuales los riesgos superan a los benecios.
La droga debe titularse lentamente para evitar el
desarrollo de efectos secundarios que limitan su to-
lerabilidad. Si bien hay formas más lentas y otras màs
rápidas de acuerdo con cada paciente, es aconsejable
comenzar con 12.5- 25 mg/día e ir incrementando la
dosis en 25 mg cada 1-3 días inicialmente y luego en
50 mg de acuerdo con la tolerancia hasta llegar a una
dosis de alrededor de 300 mg/día o menor en caso
de que con ella se haya encontrado ecacia. En este
período de inicio es particularmente importante te-
ner un contacto directo con el paciente para detectar
síntomas secundarios como ebre, taquicardia o hi-
potensión ortostática que pueden indicar el desarrollo
de eventos adversos que requieren cuidados médicos
como neutropenia o miocarditis.
La titulación cruzada entre el antipsicótico fallido
y la clozapina debe hacerse de manera gradual. Lo re-
comendable es reducir la dosis del antipsicótico falli-
do durante la primera semana, mientras se inicia la
titulación de clozapina, y luego reducir la dosis gra-
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dualmente en aproximadamente un 25 % por semana,
pudiendo ajustarse según tolerabilidad y efecto tera-
peútico (Beck et al., 2014).
Los principales factores que inuyen en las con-
centraciones plasmáticas de clozapina incluyen aque-
llos que las elevan (sexo femenino, edad avanzada,
ascendencia asiática o amerindia, obesidad, inama-
ción, alto consumo de cafeína, coadministración de
ácido valproico, baja expresión de la enzima CYP1A2
y uso concomitante de inhibidores de CYP1A2) (de
Leon et al., 2021; Correl et al., 2022; Clark et al., 2018)
y que la descienden (tabaquismo y otros inductores
del CYP1A2 y topiramato) (Correl et al., 2022; Albitar
et al., 2020). El ajuste de dosis recomendado de acuer-
do con la medicación concomitante se encuentra de-
tallado en la Tabla 14.
Es conveniente monitorear la concentración plas-
mática de clozapina ya que se considera que una con-
centración mínima de 350 ng/dl representa un corte
entre respondedores y no respondedores. Esto no quie-
re decir que pueda encontrarse respuesta con concen-
traciones menorespero, en caso de la falta de respuesta,
el hallazgo de una concentración inferior a la mencio-
nada indica incrementar la dosis en aquellos pacientes
que no muestran ecacia clínica (Perry, 1991).Por otro
lado, esta evaluación permite vericar la adherencia.
Respecto del tiempo que hay que esperar para esta
ecacia, es necesario saber que la mayoría de las res-
Tabla 14. Ajuste de dosis recomendado de acuerdo con la medicación concomitante (Adaptado de Correl et al., 2022).
Medicación concomitante
Inhibidores potentes de CYP1A2 (por ejemplo,
uvoxamina, ciprooxacina, enoxacina) Usar un tercio de la dosis de clozapina.
Inhibidores moderados o débiles de CYP1A2
(por ejemplo, anticonceptivos orales, cafeína)
Vigilar la aparición de reacciones adversas. Considerar reducir la dosis
de clozapina si es necesario.
Inductores potentes de CYP3A4 (por ejemplo,
fenitoína, carbamazepina, hierba de San Juan, rifampicina)
El uso concomitante no se recomienda. Sin embargo, si el inductor es
necesario, puede ser preciso aumentar la dosis de clozapina. Vigilar una
posible disminución de la ecacia.
Inductores moderados o débiles de CYP1A2 o
CYP3A4 (por ejemplo, tabaquismo, omeprazol,
dexametasona, famotidina)
Vigilar una posible disminución de la ecacia. Considerar aumentar la
dosis de clozapina si es necesario.
puestas se logran dentro de las 12 semanas, aunque
se aconseja proseguir hasta 6 meses dado que algunos
estudios las han mostrado dentro de ese período (Lie-
berman et al., 1994). Un dato para tener en cuenta es
que luego de un aumento de dosis, no conviene espe-
rar respuesta más allá de las 8 semanas. Su ausencia en
este lapso orienta a la necesidad de aumentar la dosis
(Conley et al., 1997).
Si es posible, se sugiere evaluar respuesta con esca-
las estandarizadas y validadas, como la Escala de Sín-
tomas Positivos y Negativos (PANSS) de 30 ítems (Kay
et al., 1988). Dadas las limitaciones impuestas por el
tiempo de administración también podría utilizarse a
los mismos nes la PANSS-6, que consta de 6 ítems
(Østergaard et al., 2016).
20.1.3. Seguridad y tolerabilidad de la clozapina
El uso de clozapina se asocia con una serie de eventos
adversos (EA) de prevalencia y gravedad variables, que
pueden clasicarse en EA de aparición temprana, más
frecuentes durante el inicio y la titulación del fármaco;
y efectos adversos, de aparición tardía. A su vez, su
manifestación puede ser dependiente o independiente
de la dosis. Algunos pueden resultar potencialmente
letales, mientras que otros pueden causar un elevado
nivel de malestar. Se detallan los EA de aparición tem-
prana y de mayor gravedad (ver Tabla 15) y otros EAs
(ver Tabla 16), (Citrome et al., 2016).
Tabla 15. Eventos adversos serios asociados a clozapina (Adaptado de Citrome et al., 2016).
Evento adverso Prevalencia
estimada (%) Tiempo de aparición Dosis
dependiente Transitorio
Agranulocitosis 1,3 % Primeras 24 semanas de tratamiento NO NO
Miocarditis*/ miocardiopatía 0,02-1,0 % Primeras 4 semanas de tratamiento NO NO
Hipotensión ortostática* 9 % Primeras semanas. Duración de 4-6 semanas
Convulsiones 1,3-1,8 % No especíco. Riesgo aumentado con
titulación rápida y elevados niveles plasmáticos
NO
Nota: *Asociado con la rápida titulación.
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Si bien el tratamiento con clozapina debe sus-
penderse en casos de miocarditis, miocardiopatía,
intervalo QTc mayor a 0,5 seg y discrasias sanguí-
neas, según lo mencionado previamente, se observa
que la discontinuación del fármaco también se debe
a EA que podrían ser prevenidos o tratados, como la
hipotensión ortostática, la constipación, el aumento
de peso y las convulsiones, entre otros (Lachance y
Mierzwinski-Urban, 2022; Nielsen, 2013; Lappin et
al., 2018; Yuen et al., 2021; Wagner et al., 2023). En
la Tabla 17 se describen opciones para el manejo de
algunos de los EAs asociados a clozapina (Citrome et
al., 2016; McCutheon et al., 2025; Siskind et al., 2025).
20.2. Antipsicóticos inyectables de acción
prolongada en esquizofrenia
El tratamiento farmacológico de la esquizofrenia tie-
ne como objetivo no solo el control de los síntomas
agudos, sino también la prevención de recaídas, la re-
ducción de hospitalizaciones y la promoción de la re-
cuperación funcional a largo plazo. Asimismo, busca
favorecer una adherencia terapéutica sostenida y me-
jorar la calidad de vida de las personas afectadas, in-
tegrándose dentro de un abordaje terapéutico integral
orientado a optimizar los resultados clínicos y psicoso-
ciales (Kaplan et al., 2013). En este contexto, los antip-
sicóticos inyectables de acción prolongada (long-acting
injectables, LAI) han adquirido una relevancia crecien-
te, particularmente frente a la persistente problemática
de la falta de adherencia al tratamiento antipsicótico
oral (Kane & Correl, 2021; Aymerich et al., 2025).
Según el paradigma tradicional, los LAI fueron reser-
vados para pacientes con incumplimiento terapéutico
maniesto o cursos clínicos crónicos. Sin embargo, la
evidencia acumulada en las últimas dos décadas, espe-
cialmente con formulaciones de segunda generación,
ha demostrado que su utilidad se extiende a fases tem-
pranas de la enfermedad, incluyendo el primer epi-
sodio psicótico. Estudios observacionales y ensayos
clínicos han documentado que la discontinuación del
tratamiento antipsicótico se asocia con un incremento
marcado del riesgo de recaída, incluso tras la remisión
inicial, mientras que la continuidad farmacológica re-
Clozapina, reconsiderando su lugar en el uso temprano en esquizofrenia, más allá de la esquizofrenia resistente.
Diversos estudios sugieren que el uso de clozapina debería considerarse en una etapa más temprana del curso de la enfermedad,
incluso antes de la consolidación del diagnóstico de esquizofrenia resistente al tratamiento. En este sentido, los primeros tres años
tras el inicio del trastorno constituyen una ventana terapéutica crítica, dado que las probabilidades de respuesta a la clozapina
disminuyen de forma signicativa a medida que se prolonga la duración de la enfermedad (Yoshimura et al., 2017).
La introducción de clozapina durante este período temprano, particularmente dentro de los tres primeros años posteriores al
primer episodio de psicosis, se ha asociado con una reducción de la gravedad de los síntomas negativos y con una mejoría en el
funcionamiento global de los pacientes. Estos hallazgos sugieren que la intervención precoz podría modicar la trayectoria clínica
y funcional de la esquizofrenia. Asimismo, la evidencia disponible indica que el tiempo transcurrido hasta el inicio de la clozapina
no parece inuir de manera signicativa en las tasas de remisión de los síntomas positivos, lo que refuerza la importancia de
considerar su uso temprano principalmente por sus benecios en dominios negativos y funcionales (Muñoz-Machado et al., 2024;
O’Donoghue et al., 2025; Pechuán et al., 2025).
En conjunto, la convergencia entre la evidencia de los programas sobre intercesiones tempranas de la psicosis y las recomendacio-
nes de INTEGRATE (McCutcheon et al., 2025), refuerza la necesidad de reconsiderar el uso de clozapina no como una estrategia
tardía, sino como una intervención temprana y dirigida, orientada a mejorar el pronóstico a largo plazo de la esquizofrenia.
Tabla 16. Otros eventos adversos asociados a clozapina (Adaptado de Citrome et al., 2016).
Evento adverso Prevalencia estimada (%) Tiempo de aparición Dosis
dependiente Transitorio
Fiebre ≤55 % Primeras 2 semanas NR
Taquicardia sinusal 25 % Primeras 2 semanas
Aumento de peso y
síndrome metabólico
Aumento de peso (60 %–75 %)
Síndrome metabólico (54 %–62 %) Primeros 6-12 meses NO
Constipación 30 % Primeros 1 a 2 años NR NO
Sedación 44 % Primeras 6 semanas
Hipersalivación 30 %–80 % Primeras 2 semanas
Enuresis nocturna 21 % Primeras 2 semanas
Nota: NR no reportado.
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Tabla 17. Manejo de eventos adversos asociados a clozapina (Adaptado de Citrome, 2016 y Siskind, 2025).
Evento adverso Evaluaciones
/Estudios
Ajuste de dosis
o interrupción /
Reintroducción
Medicaciones o
terapias
adyuvantes
Otras
intervenciones
Miocarditis/
Miocardiopatía
Síntomas:
sindrome gripal, pre-
cordalgia, disnea, ebre,
taquicardia. Interrumpir si hay
sospecha.
Reintroducir sólo con
monitoreo cardiológico.
Tratamiento de
soporte.
Laboratorio
(eosinólos, PCR, CK-
MB).
ECG.
Ecocardiograma.
Hipotensión
ortostática
Control de TA con
cambio de postura. Titulación gradual.
Incorporación lenta de la
posición sentada o acostada.
Ingesta abundante de
líquidos.
Consumo de sal en la dieta.
Uso de medias de compre-
sión.
Elevar ligeramente la cabe-
cera de la cama durante la
noche.
Convulsiones
Evaluar factores de
riesgo y posibles causas
(toxicidad, discontinua-
ción de antiepilépticos
o benzodiacepinas, alte-
raciones electrolíticas,
cetoacidosis diabética,
interacciones farmacoló-
gicas, etc.).
Titulación lenta y mínima
dosis ecaz. Antiepilépticos.
Taquicardia sinusal Solicitar ECG. Considerar reducción
de dosis.
Considerar betablo-
queantes cardiose-
lectivos (atenolol,
bisprolol).
Desaconsejar consumo
de cafeína, mate y bebidas
energizantes.
Ivabradina.
Aumento de peso
y síndrome meta-
bólico
Medir circunferencia ab-
dominal, controlar peso. Mínima dosis ecaz
Considerar aripi-
prazol, metformina,
agonistas GLP-1.
Dieta y ejercicio.
Laboratorio (glucemia,
perl lipídico).
Constipación Consulta periódica. Considerar laxantes. Dieta rica en bras, hidrata-
ción, ejercicio regular.
Sedación Advertir al paciente.
Titulación lenta.
Considerar
aripiprazol, modanilo.
Higiene de sueño.
Dosis mínima ecaz. Evitar otros medicamentos
sedativos.
Administración nocturna.
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duce signicativamente ese riesgo (Citrome, 2013; Co-
rrell et al., 2016; Haddad et al., 2014; Kane & Correll,
2021). En este marco, los LAI han mostrado tasas supe-
riores de adherencia y remisión en comparación con las
formulaciones orales, particularmente en poblaciones
jóvenes y en primeros episodios (Vita et al., 2024).
Entre los antipsicóticos inyectables de acción prolon-
gada (LAI) actualmente disponibles, las formulacio-
nes de segunda generación —incluyendo aripiprazol,
olanzapina, paliperidona y risperidona— concentran
la mayor parte de la evidencia clínica disponible. En
términos generales, estos fármacos presentan niveles
de ecacia comparables en el tratamiento de la esqui-
zofrenia; sin embargo, dieren en aspectos clínica-
mente relevantes relacionados con su perl de tolera-
bilidad, incluyendo el riesgo de efectos metabólicos, el
impacto sobre los niveles de prolactina y la probabi-
lidad de desarrollar síntomas extrapiramidales. Estas
diferencias deben considerarse al momento de selec-
cionar el tratamiento más adecuado para cada pacien-
te. La disponibilidad de formulaciones con intervalos
de administración extendidos (mensuales, trimestra-
les y semestrales), así como opciones que permiten el
inicio sin suplementación oral, ha contribuido a re-
ducir barreras prácticas y a mejorar la aceptabilidad
tanto por parte de pacientes como de profesionales
(Riboldi et al., 2022).
Desde una perspectiva farmacocinética, los LAI ofre-
cen ventajas sustanciales, que incluyen niveles plasmá-
ticos más estables, menor uctuación pico-valle y re-
ducción del riesgo de omisión de dosis . No obstante,
se enfatiza en la necesidad de considerar cuidadosa-
mente las transiciones entre antipsicóticos, dado que
los cambios entre fármacos con perles receptoriales
diferentes pueden asociarse a síntomas de rebote (psi-
cosis, ansiedad, insomnio), especialmente en relación
con anidades dopaminérgicas, histaminérgicas o co-
linérgicas. Asimismo, las cinéticas de absorción lenta
propias de los LAI obligan a contemplar estrategias
especícas de carga o suplementación oral según la
formulación utilizada (Correll et al., 2021).
A pesar de los benecios clínicos ampliamente do-
cumentados, los antipsicóticos inyectables de acción
prolongada (LAI) continúan siendo infrautilizados
en la práctica clínica. Diversos estudios han señala-
do la existencia de una brecha signicativa entre la
evidencia disponible y su implementación en la aten-
ción habitual (Lindenmayer et al., 2020; Velligan et
Tabla 17. Manejo de eventos adversos asociados a clozapina (Adaptado de Citrome, 2016 y Siskind, 2025). Continuación.
Evento adverso
Evaluaciones
/Estudios
Ajuste de dosis
o interrupción /
Reintroducción
Medicaciones o
terapias
adyuvantes
Otras
intervenciones
Hipersalivación Advertir al paciente. Dosis mínima ecaz.
Preferencia por fárma-
cos de acción local.
Masticar chicle para favore-
cer la deglución.
Bromuro de ipratro-
pio spray.
Elevar la cabeza y dormir de
costado.
Gotas oftálmicas con
propiedades antico-
linérgicas (atropina
sublingual). Cubrir la almohada con una
toalla.
Difenhidramina.
Medicación anticoli-
nérgica (biperideno).
Enuresis nocturna
Dosis mínima ecaz. Desmopresina.
Evitar el consumo excesi-
vo de líquidos durante la
noche.
Dividir dosis.
Anticolinérgicos
(oxibutinina).
Suspender la ingesta de
líquidos 3 horas antes de
acostarse.
Agonistas alfa-1
(efedrina, pseudoefe-
drina).
Vaciar completamente la
vejiga antes de dormir.
Antidepresivos. Evitar la ingesta de diuré-
ticos.
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al., 2025). Entre los factores que contribuyen a esta
discrepancia se encuentran la persistencia de percep-
ciones erróneas entre los profesionales de la salud, la
asociación histórica de las formulaciones inyectables
con enfoques coercitivos en el tratamiento psiquiátri-
co, así como la limitada formación clínica especíca
en su prescripción y manejo. Asimismo, la aceptación
inicial por parte de pacientes y familiares puede verse
condicionada por el temor a las inyecciones, preocu-
paciones relacionadas con la autonomía o la falta de
información clara sobre sus benecios terapéuticos
(Citrome, 2013; Correll et al., 2016; Haddad et al.,
2014; Kane & Correll, 2021). Sin embargo, estas barre-
ras resultan cada vez menos justicables a la luz de la
evidencia contemporánea, que demuestra de manera
consistente que los LAI pueden mejorar la adherencia
al tratamiento, reducir el riesgo de recaídas y hospi-
talizaciones, y aportar benecios clínicos relevantes
incluso cuando se utilizan en fases tempranas del tras-
torno (Correl, 2025; Etienne et al., 2025).
Los estudios poblacionales de gran escala, como los
análisis mirror-image en cohortes nacionales, aportan
evidencia robusta de que los LAI reducen de manera
signicativa la frecuencia y duración de hospitaliza-
ciones, particularmente en pacientes no adherentes,
independientemente del sexo o la edad . Estos ha-
llazgos también sugieren la existencia de subgrupos
potencialmente subtratados, como mujeres y pacien-
tes de mayor edad, que podrían beneciarse de una
indicación más proactiva de LAI (Boyer et al., 2021;
Zhang et al., 2025).
La evidencia epidemiológica disponible indica que el
tratamiento con antipsicóticos inyectables de acción
prolongada (long-acting injectables, LAI) se asocia
con una reducción signicativa del riesgo de mor-
talidad por todas las causas, así como de mortalidad
no suicida, en pacientes con esquizofrenia, en com-
paración con las formulaciones orales. Este hallazgo
ha sido consistentemente observado en estudios ob-
servacionales de gran escala y cohortes poblacionales,
lo que sugiere que la utilización de LAI podría con-
tribuir a mejorar los resultados clínicos a largo plazo
en esta población (Tiihonen et al., 2017; Taipale et al.,
2018; Correl et al., 2022). Este benecio podría expli-
carse, al menos en parte, por una mayor adherencia al
tratamiento farmacológico y por una vinculación más
consistente con los servicios de salud, lo que favorece la
continuidad asistencial y la detección temprana de re-
caídas. En este contexto, la evidencia disponible sugiere
que, siempre que sea clínicamente apropiado, la utili-
zación de LAI debería considerarse desde las fases ini-
ciales del trastorno, incluyendo el primer episodio psi-
cótico (FEP) (Kane et al., 2023; Aymerich et al., 2025).
Desde el punto de vista económico, si bien los LAI
implican mayores costos farmacéuticos iniciales, los
análisis farmacoeconómicos indican que estos se ven
compensados por la reducción de recaídas, interna-
ciones y utilización de servicios de urgencia, resultan-
do en una relación costo-efectividad favorable a me-
diano y largo plazo (Rossi et al., 2012).
Aunque el tratamiento inicial suele iniciarse con for-
mulaciones orales, una vez establecida la tolerabilidad
del fármaco debería considerarse y discutirse tempra-
namente con el paciente la posibilidad de transición
hacia una formulación inyectable de acción prolonga-
da. Esta estrategia debe evaluarse teniendo en cuen-
ta sus potenciales benecios —entre ellos una mayor
adherencia terapéutica, la reducción del riesgo de
recaídas y una posible disminución de la mortalidad
global— así como sus limitaciones, tales como la me-
nor exibilidad para realizar ajustes rápidos de dosis
y la necesidad de administración mediante inyección
Desafíos en la aplicación clínica de tratamientos basados en la evidencia en esquizofrenia
A pesar de los avances terapéuticos disponibles, persisten importantes brechas en la implementación de tratamientos basados en
la evidencia en esquizofrenia.
1-La clozapina continúa infrautilizada, incluso en pacientes que cumplen criterios de resistencia al tratamiento (Corrales et al.,
2021).
2- De igual manera, los antipsicóticos inyectables de acción prolongada (LAI) son frecuentemente reservados como última
alternativa, en lugar de ser incorporados de forma temprana para optimizar la adherencia y prevenir recaídas (Haddad & Correll,
2023).
3- Las comorbilidades metabólicas asociadas al trastorno y a su tratamiento suelen ser escasamente monitorizadas y abordadas
de manera reactiva, lo que contribuye al aumento del riesgo cardiovascular y a la reducción de la expectativa de vida (McCut-
cheon et al., 2025).
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(McCutcheon et al., 2025). La oferta de tratamiento
con antipsicóticos inyectables de acción prolongada
debe enmarcarse dentro de un modelo de toma de
decisiones compartidas entre el clínico y el paciente,
procurando evitar cualquier percepción de coerción y
favoreciendo una adecuada comprensión de las alter-
nativas terapéuticas disponibles. Es así como los LAIs
son una alternativa válida tras la estabilización inicial
en primeros episodios psicóticos (Etienne et al., 2025).
En conjunto, la evidencia revisada respalda un cambio
paradigmático en el posicionamiento terapéutico de
los LAI. La elección del LAI especíco debe basarse en
un análisis individualizado que contemple el perl clí-
nico, la tolerabilidad previa, los riesgos metabólicos,
la necesidad de suplementación oral y las preferencias
del paciente, en el marco de un modelo de toma de
decisiones compartidas.
Ventajas de los antipsicóticos LAI
Las formulaciones LAI presentan múltiples ventajas:
■ Garantizan la administración continua del fármaco.
■ Eliminan la necesidad de dosicación diaria.
■ Permiten detectar precozmente la interrupción del
tratamiento.
■ Reducen la adherencia parcial o el incumplimiento
maniesto.
■ Si ocurre recaída, esta no puede atribuirse exclusi-
vamente a falta de toma.
■ Menor riesgo de sobredosis.
■ Menores tasas de recaída.
■ Biodisponibilidad más estable.
■ Evitan el metabolismo de primer paso.
■ Relación más predecible entre dosis y niveles plas-
máticos.
■ Menores uctuaciones plasmáticas.
■ Mayor satisfacción en algunos estudios.
■ Algunos estudios han reportado una disminución
de la mortalidad por todas las causas en pacientes
con esquizofrenia tratados con formulaciones an-
tipsicóticas de acción prolongada.
Desventajas y consideraciones de seguridad
Entre las limitaciones se incluyen:
■ Titulación más lenta.
■ Mayor tiempo para alcanzar niveles estables (He-
res et al., 2007).
■ Menor exibilidad para ajustes rápidos.
■ Dolor en el sitio de inyección.
■ Percepción de estigma
21. Respuesta, remisión, recaída y
recuperación
21.1. Respuesta
La denición clásica de respuesta en esquizofrenia fue
propuesta en el estudio de Kane y cols. (1988), y se ob-
tiene cuando se observa una reducción del 20 % en la
Brief Psychiatric Rating Scale (BPRS) más un valor de
≤3 en la Escala de Impresión Clínica Global (CGI- S)
o un puntaje total en BPRS ≤35 postratamiento. Este
estudio demostró que la clozapina resultó más ecaz
que la clorpromazina en el tratamiento de la esqui-
zofrenia resistente. Sin embargo, este criterio ha sido
usado también para episodios agudos en esquizofre-
nia no resistente (Leucht et al., 2009). En otras investi-
gaciones se han establecido valores de corte diferentes
en reducción del puntaje total basal de la BPRS para
determinar respuesta, tales como una disminución del
30 %, 40 % y 50 % (Leucht, 2014).
Las mejorías clínicas más sustanciales se han aso-
ciado con reducciones de alrededor del 50 % en el
puntaje de las escalas BPRS o en la Escala de los Sín-
dromes Positivo y Negativo (PANSS), que se correla-
cionan bien con un puntaje en la CGI-I ≤2. Por ello,
los estudios que evalúan la respuesta en episodios agu-
dos de esquizofrenia deberían usar un valor de corte
de reducción del puntaje basal de al menos 50 %, en
lugar de 20 % o 30 % pues estos representan mínimos
cambios (Leucht et al., 2005). Sin embargo, en el caso
de la esquizofrenia resistente, podría ser una mejor op-
ción un valor de corte del 25 %, dado que estos cambios
mínimos (CGI-I ≤3) pueden ser clínicamente signica-
tivos (Leucht, 2014).
Es importante destacar que, en la denición de res-
puesta, la reducción del porcentaje es mejor paráme-
tro que la reducción absoluta del puntaje. Esto se debe
a una mayor facilidad para la interpretación de las ta-
sas de respuesta y los cambios de porcentajes, respecto
de los cambios de puntajes en una escala por parte de
los médicos especialistas clínicos que hacen asistencia
y no investigación (Leucht et al., 2007).
Para hacer el cálculo del porcentaje de reducción se
debe restar al puntaje total 1 punto (valor que expre-
sa ausencia de severidad) por cada uno de todos los
ítems de la PANSS (30) o BPRS (18). De no hacerlo, se
subestimaría el efecto de una intervención, por ejem-
plo: para reducir de 120 a 60 puntos en la PANSS, hay
que restar los 30 puntos del puntaje mínimo de esta
escala, por lo que este descenso de 60 puntos signi-
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ca un cambio del 67 % y no del 50 % (Leucht, 2014).
Otro aspecto relevante en el uso de escalas es que la
severidad de un síntoma/ítem, reeja cuatro aspectos:
la intensidad o magnitud, la duración, la frecuencia en
un determinado lapso y el impacto funcional.
En el estudio Schizophrenia Outpatients Health
Outcomes (SOHO) la “respuesta” se determinó como
una disminución de la CGI-S ≥ 2 puntos si el puntaje
basal era ≥ 4 o una disminución ≥ 1 si el puntaje basal
era ≤ 3 (Gargolo et al., 2009).
En la mayoría de las deniciones de respuesta no se
incluye la variable temporal. No obstante, Lee y cols.
han considerado que el tiempo estimado para decidir
la respuesta al tratamiento en un primer episodio es-
taría entre 2 y 6 semanas, con mayor consenso para
las 4 semanas (Lee et al., 2020). En general las publica-
ciones hacen referencia al tiempo transcurrido hasta
que se cumple el criterio de cambio en los síntomas, ya
sea en la reducción de un porcentaje del puntaje basal
en una escala (ejemplo: 50 % en la PANSS), o un va-
lor absoluto nal del puntaje de una escala (ejemplo:
CGI-S ≤3). Así, es común encontrar que tal porcentaje
de pacientes alcanzó la respuesta en tal semana.
21.2. Remisión
La denición más utilizada hasta la actualidad es la
proveniente del Grupo de trabajo de remisión en es-
quizofrenia (Remission in Schizophrenia Working
Group, RSWG) (Andreasen et al., 2005). La denición
consta de dos criterios, que para remisión completa
deben cumplirse concomitantemente: severidad de
los síntomas y duración de los mismos. La remisión
sintomática requiere una puntuación en severidad ≤3
(leve o menos) en cada uno de los ocho síntomas cla-
ves de la PANSS agrupados para esta denición en tres
dimensiones, según este grupo de trabajo: síntomas
negativos (N1 afecto aplanado, N4 evitación social
pasiva, N6 falta de espontaneidad), desorganización
(P2 desorganización conceptual, G5 manierismos y
posturas) y psicoticismo (P1 ideas delirantes, G9 con-
tenido inusual del pensamiento, P3 conducta alucina-
toria). El criterio temporal para remisión requiere que
el criterio de severidad se haya alcanzado y sostenido
por más de 6 meses. Alcanzar y mantener estos punta-
jes en la PANSS es necesario para hablar de remisión.
Se ha utilizado como criterio de remisión adicional
el valor de corte en CGI-S ≤3, que reeja una severi-
dad leve de la enfermedad (Lieberman et al., 2003).
La desventaja de esta denición es que no reeja el
cambio en los síntomas, por lo queen estudios con ba-
jos niveles basales de síntomas, muchos pacientes pue-
den alcanzar la remisión con mínimos cambios en la
sintomatología global. Otra limitación de la denición
es que el tiempo de 6 meses podría ser muy estricto y
quizás 3 meses podría ser mejor (Leucht, 2014).
Para la determinación del concepto de remisión no
se recomienda usar un puntaje de corte sobre el total
de una escala, como en el caso de depresión, pues en
esquizofrenia los síntomas son variados y su ocurrencia
cambia con el tiempo, siendo que en la fase aguda pue-
de predominar inicialmente la reducción de la severi-
dad de los síntomas positivos y luego los negativos. Por
otro lado, usar como criterio de severidad un valor muy
bajo en la CGI-S, por ejemplo 1 (síntomas ausentes) o
2 (síntomas muy leves, en el límite de la normalidad),
dejaría muchos pacientes fuera del criterio de remisión.
21.3. Recaída
No existe una denición denitiva de lo que se con-
sidera recaída en esquizofrenia, como se evidencia en
una revisión sistemática que encontró 54 deniciones
diferentes en los 81 estudios incluidos (Moncrieet
al., 2020). La recurrencia de síntomas psicóticos, par-
ticularmente los positivos, y los cambios signicativos
en el funcionamiento o la conducta, son los criterios
que cuentan con mayor consenso a la hora de denir
recaída en esquizofrenia.
Se han utilizado incrementos entre 10 y 30 puntos
en el puntaje total de la PANSS, o un aumento del 30 %
en la misma escala como puntos de corte para recaída
(Moncrie et al., 2020). Podría señalarse un incremen-
to en la PANSS de 10 puntos (San et al., 2015) o un
25 % (Lee et al., 2020) como los valores de corte más
frecuentes. Tal como se señaló en la denición de res-
puesta, el cambio de porcentaje es mejor parámetro
que el incremento absoluto del puntaje en esta escala,
por ser de más fácil interpretación clínica.
El criterio de cambio en la denición de recaída
puede ser expresado por una CGI-I ≥6 (mucho peor)
(Saito et al., 2020; San et al., 2015; Lee et al., 2020),
mientras que la severidad por una CGI-S ≥4 (mode-
radamente enfermo).
Son pocas las veces que se utilizan medidas especí-
cas de funcionamiento para denir la recaída, como
podría ser una reducción ≥20 puntos en la escala GAF
según algunas recomendaciones (Gleeson, 2020; San
et al., 2015).
Otros componentes que se han incorporado en al-
gunas deniciones de recaída incluyen la utilización
de recursos sanitarios, las rehospitalizaciones, la con-
ducta violenta que conlleva daño clínicamente signi-
cativo a otros o a la propiedad, ideación suicida u
homicida, intento de suicidio y, nalmente, las que di-
ferencian las recaídas entre aquellos en remisión com-
pleta y quienes presentan síntomas crónicos (Gleeson
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et al., 2010).
Pocas deniciones incorporan una duración míni-
ma, por ejemplo, siete días (Wunderink et al., 2007)
o catorce días (Craig et al., 2004) en el caso de estu-
dios de prevención de recaídas en primeros episodios.
Parece necesario incorporar la variable del tiempo
en futuras deniciones, para tener en consideración
uctuaciones sintomáticas breves y leves que no ne-
cesariamente se interpreten como recaídas, tanto en
primeros como en múltiples episodios.
21.4. Recuperación
El objetivo nal del tratamiento de la esquizofrenia es
la recuperación, concepto que apunta principalmen-
te a aspectos funcionales con participación social y
ocupacional. No existe un consenso en los aspectos
íntimos de la denición (Leucht et al., 2007), pero si
lo hubiera, debería incluir: 1) algún grado de estabi-
lización sintomática (como ≤4 o ≤3 puntos en todos
los ítems de la BPRS o PANSS); 2) una mejoría en el
funcionamiento (mantener un empleo o estudio, o la
sociabilización del paciente) y 3) durante un tiempo
(de 2 a 5 años) (Leucht, 2014). En el estudio SOHO se
denió claramente el concepto de recuperación como
alcanzar y mantener por 2 años y, simultáneamente,
los criterios de remisión sintomática sostenida, remi-
sión funcional sostenida y calidad de vida adecuada
sostenida. Remisión sintomática sostenida entendida
como una CGI-SCH ≤4 y sin hospitalizaciones. Remi-
sión funcional sostenida se refería a un estado ocupa-
cional/vocacional positivo (empleo parcial o comple-
to remunerado o no, estudiante activo, ama de casa),
vida independiente e interacciones sociales activas
(más de un encuentro social al mes o tener pareja).
Y, nalmente, calidad de vida adecuada sostenida se
denió como ≥70 puntos en la escala analógica visual
EQ-5D VAS (Novick et al., 2009).
Jääskeläinen y cols. realizaron la más exhaustiva
estimación de recuperación en esquizofrenia a la fe-
cha a través de una revisión sistemática de estudios
naturalísticos. Para ello, utilizaron una denición de
recuperación que incluyó dos dominios que debían
cumplirse: remisión clínica sintomática (severidad
leve o menos) y funcionamiento social y, al menos uno
de ellos, durante dos años (Jääskeläinen et al., 2013).
Lee y cols. desarrollaron una denición con crite-
rios operacionales de recuperación para primer episo-
dio en esquizofrenia, que también tiene en cuenta los
aspectos psicopatológicos, de funcionamiento social
y ocupacional y el tiempo (Lee et al., 2020). Diferen-
ciaron remisión parcial de remisión total según: rela-
ciones interpersonales apropiadas y empleo o algunas
tareas del hogar vs. funcionamiento social y ocupacio-
nal pleno; puntaje en ítems de PANSS o en la Escala
de la Evaluación de los Síntomas Negativos en la Es-
quizofrenia (SANS) ≤3 (leve o menos) vs. 1 (normal);
CGI-S ≤3 (leve o menos) vs. 1 (normal); uso de antip-
sicóticos (≤300 mg equivalentes de clorpromazina) vs.
sin prescripción de antipsicoticos; Evaluación Global
de Funcionamiento (GAF) vs. Social and Occupatio-
nal Functioning Scale (SOFAS) ≥61 o ≥71; en ambos
casos por ≥1 año (ver Cuadro 5).
Cuadro 5. Respuesta, remisión, recaída y recuperación.
Respuesta
1. En esquizofrenia no resistente: reducción en PANSS/BPRS ≥50 % o CGI-I ≤2 (mucho mejor).
2. En esquizofrenia resistente: reducción en PANSS/BPRS ≥25 % o CGI-I ≤3 (mínimamente mejor).
3. Luego de ≥4 semanas.
Remisión
1. ≤3 en ítems 8 ítems clave de la PANSS (P1, P2, P3, N1, N4, N6, G5, G9) o CGI-S ≤3 (mínimamente
enfermo).
2. ≥3 meses.
Recaída 1. Aumento ≥10 puntos o ≥25 % en la PANSS.
2. CGI-I ≥6 (mucho peor).
Recuperación
1. Remisión sintomática sostenida: CGI-SCH ≤4 y sin hospitalización.
2. Remisión funcional sostenida:
a. Estado ocupacional/vocacional positivo (empleo parcial o completo remunerado o no, estudiante
activo, tareas del hogar).
b. Vida independiente.
c. Con interacciones sociales activas (más de un encuentro social al mes o tener pareja).
3. Calidad de vida adecuada sostenida EQ5D VAS ≥70.
4. ≥2 años.
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22. Estrategias para el cambio de
antipsicóticos
Cambiar un agente antipsicótico (AP) por otro es una
práctica muy frecuente en la clínica. Los motivos que
plantean la necesidad del cambio pueden ser, por un
lado, la falta de ecacia o necesidad de mayor respues-
ta y, por el otro, problemas con la tolerancia o segu-
ridad. Identicar y registrar el motivo principal del
cambio es sumamente relevante para determinar la
estrategia de retirada del AP actual e incorporación
del AP nuevo. Esto se basa en que se deberán tener en
cuenta, según corresponda, el riesgo de sumar efectos
adversos cuando el cambio es por falta de ecacia, y
la posibilidad de recaídas en caso de cambio por into-
lerancia o efectos indeseados. El cambio de AP debe
ser personalizado y basado en la evaluación clínica del
paciente, en un contexto de toma de decisiones com-
partida con el paciente e idealmente con la participa-
ción de sus familiares o referentes principales (Asian
Network of Early Psychosis Writing Group, 2022;
Keepers et al., 2020).
Presentamos primero las diferentes alternativas para
la retirada del AP actual en pacientes con diagnóstico
de esquizofrenia, luego datos sobre la incorporación del
nuevo AP en estos procesos de cambio y, nalmente, las
diversas estrategias de cambio o switch del AP actual al
nuevo. Se debe resaltar como limitación de la eviden-
cia revisada, que muchos de los estudios son abiertos y
existen pocos randomizados controlados y doble ciego,
como también que existe la necesidad de estudios en
diferentes fases de la enfermedad.
22.1. Alternativas para la retirada del AP actual
Para la discontinuación del AP que se viene prescri-
biendo se nos presentan tres opciones: inmediata,
gradual y mantener para luego reducir gradualmente.
La forma inmediata o abrupta es aquella donde desde
el momento cero se suspende el total de la dosis del
AP. La manera gradual es cuando se comienza desde
el principio con una reducción de la dosis del AP, que
progresa descendentemente hasta llegar a la suspen-
sión total, en un proceso que puede durar desde varios
días a semanas. Y, nalmente, el mantenimiento y la
reducción gradual del AP, donde se sostiene durante
días a semanas la misma dosis del AP mientras se in-
corpora el nuevo, para recién luego comenzar con la
reducción gradual del AP anterior.
La discontinuación gradual del AP actual ha sido
postulada como un método seguro para evitar recaí-
das sobre la base de algunas recomendaciones (New-
comer et al., 2013), lo que contrasta con la práctica
del mundo real donde pareciera ser más frecuente la
suspensión abrupta (de Smidt et al., 2012).
Los resultados de las siguientes tres estrategias de-
ben ser interpretados con cautela cuando se trata de
AP diferentes a los incluidos en esos estudios, sean los
AP actuales como aquellos a incorporar.
a. Suspensión inmediata vs. gradual del AP actual.
En una revisión sistemática que incluyó 9 estudios
aleatorizados controlados no se encontraron dife-
rencias signicativas en puntajes de valoración de
la severidad clínica como tampoco en términos
de discontinuación por cualquier causa, solamen-
te una tendencia a presentar más insomnio y leve
disquinesia con la estrategia de suspensión abrupta
(Takeuchi et al., 2017a). En este estudio los AP ac-
tuales eran olanzapina, risperidona o haloperidol,
y el cambio era a risperidona, olanzapina, ziprasi-
dona, iloperidona o clozapina. La suspensión gra-
dual se realizó entre 1 a 4 semanas y la introduc-
ción del AP nuevo se hizo en dos tercios en forma
inmediata y un tercio con la estrategia de esperar y
luego titular.
b. Suspensión gradual vs. mantenimiento y reduc-
ción gradual del AP actual. En una revisión sis-
temática que incluyó 5 estudios se demostró que
no hubo diferencias signicativas en la sintoma-
tología clínica, los efectos adversos y la disconti-
nuación por cualquier causa entre estas estrategias
de discontinuación del AP actual (Takeuchi et al.,
2017b). En este estudio los AP actuales eran olan-
zapina, risperidona y haloperidol principalmente,
y el cambio era a risperidona, aripiprazol y zipra-
sidona. El mantenimiento del AP actual antes de
comenzar a reducirlo fue entre 3 días y 4 semanas
y la nalización de la reducción fue entre 4 días y
6 semanas. La introducción del AP nuevo se hizo
en forma inmediata y en dosis efectivas en 4 de 5
los estudios incluidos. En este caso, la suspensión
gradual desde el inicio del cambio ofrecería la ven-
taja de menor riesgo de polifarmacia si se retrasara
demasiado el mantenimiento y la posterior reduc-
ción del AP actual (Weiden et al., 1997).
c. Suspensión inmediata vs. mantenimiento y reduc-
ción gradual del AP actual. En una revisión siste-
mática que incluyó 4 estudios se demostró supe-
rioridad, en términos de menos discontinuaciones
por todas las causas, con la estrategia de mantener
por un tiempo y recién luego reducir gradualmen-
te el AP actual sobre la estrategia de suspensión
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inmediata (Takeuchi y Remington, 2020), sin di-
ferencias en términos clínicos ni efectos adversos.
Los AP actuales eran olanzapina, risperidona y
haloperidol, principalmente, y los nuevos AP eran
sertindol, risperidona, aripiprazol y ziprasidona.
La reducción gradual en los estudios incluidos se
realizó entre 1 y 6 semanas, y la incorporación fue
en dosis efectiva inmediata en 3 de los 4 estudios.
22.2. Alternativas para la incorporación del
AP nuevo
Aquí existen básicamente dos maneras de titular el
nuevo AP, rápida o gradualmente, según la velocidad
con que se alcance la dosis objetivo recomendada por
los consensos internacionales (Gardner et al., 2010;
McAdam et al., 2023) o guías de práctica clinica (Kee-
pers et al., 2020). En la rápida, se introduce el AP en
una dosis efectiva desde el principio, pudiendo incre-
mentarse en los días o semanas siguientes. En la lenta,
se inicia el nuevo AP con una dosis inferior a la míni-
ma efectiva, y se sube gradualmente en un proceso de
días o semanas hasta llegar al objetivo. Cabe señalar
que no es lo mismo titulación rápida o lenta en pa-
cientes estables que en agudos, pues en estos últimos
puede no estar realizándose un cambio de AP sino in-
corporando el primer AP, como lo señala una revisión
sistemática (Takeuchi et al., 2018).
d. Introducción rápida vs. gradual del AP nuevo. En
una revisión sistemática que incluyó 3 estudios con
pacientes estables que realizaban un cambio de AP,
hubo 45% más discontinuaciones cuando la intro-
ducción fue rápida (Takeuchi et al., 2018). Los an-
tipsicóticos a introducir eran: aripiprazol en dos es-
tudios, rápida en 15 mg o 30 mg desde el momento
inicial y lenta en 5 mg o 10 mg la primera semana
con incremento posterior; y lurasidona en un estu-
dio, rápida en 80 mg desde el primer día y por dos
semanas, y lenta 40 mg la primera semana con in-
cremento en las siguientes semanas. Los AP que se
retiraban eran risperidona y olanzapina, principal-
mente en los estudios de incorporación de aripipra-
zol; y quetiapina y risperidona, entre varios otros
AP, en el estudio de cambio a lurasidona. Similar
observación se debe señalar en cuanto a la cautela
sobre la generalización de los hallazgos cuando se
trata de agentes AP diferentes a los reportados.
22.3. Estrategias de cambio o switch del AP
actual al nuevo AP
A continuación se describen las estrategias más co-
munes para realizar el cambio de un AP a otro, que
incluyen diferentes combinaciones de las formas de
discontinuación e incorporación de AP explicadas an-
teriormente. Para el uso en la práctica clínica pueden
orientar y resultar de utilidad herramientas de inter-
net de acceso libre como https://www.switchrx.com/ o
https://australianprescriber.tg.org.au/articles/antipsy-
chotic-switching-tool.html (Keks 2019).
1. Cambio inmediato. El AP actual se suspende en su
totalidad abruptamente y se inicia el nuevo AP en
el mismo momento, sin un intervalo de transición
(Gráco 1).Puede ser una alternativa en el caso de
eventos adversos serios que necesiten imperiosa-
mente se retire de forma inmediata el AP actual,
como puede ocurrir ante una neutropenia severa
o miocarditis con clozapina, o en un síndrome
neuroléptico maligno. Ofrece la ventaja de la ra-
pidez con que se ejecuta el cambio. Presenta como
desventaja el elevado riesgo de síntomas de discon-
tinuación, abstinencia o rebote al retirar el efecto
anticolinérgico M1, antihistamínico H1, antago-
nismo alfa 1 y el dopaminérgico D2 entre otros, lo
que puede incluir, por ejemplo, emergencia de sín-
tomas psicóticos por supersensibilidad, disquine-
sias, insomnio, temblor e hipertensión. Esto parece
ser más notable con AP de vida media más corta.
2. Titulación cruzada. El AP actual se reduce gradual-
mente mientras se introduce también gradualmen-
te el nuevo AP (Gráco 2). En esta situación se pasa
por un período donde existe polifarmacia antipsi-
cótica, entendida como el uso concomitante de dos
o más antipsicoticos (Faries et al., 2005). Tendría la
ventaja de reducir el riesgo de síntomas de discon-
tinuación, abstinencia o rebote dependiendo de la
velocidad con que se retira el primer AP. La des-
ventaja es, por un lado, el riesgo relacionado con la
sumatoria de efectos adversos e interacciones po-
tenciales del uso de dos AP a la vez; y por el otro,
Gráco 1. Cambio inmediato
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que existe un período en el medio de la transición
donde la dosis total de AP puede ser baja para lo-
grar el efecto deseado y podrían emerger síntomas
psicóticos.
3. Cambio superpuesto o solapamiento. Se introduce
gradualmente el AP nuevo, manteniendo el AP ac-
tual para recién comenzar a bajarlo luego de llegar
a la dosis objetivo del AP nuevo (Gráco 3a). Una
variante del anterior es sostener en el medio del
cruce, y por un tiempo, ambos AP en dosis efec-
tivas (Gráco 3b). Otra posibilidad de esta estra-
tegia es la introducción inmediata del AP nuevo,
con mantenimiento y luego descenso gradual del
AP nuevo (Gráco 3c) (Takeuchi, 2020). La ventaja
que ofrecería este tipo de cambio es aportar una
fase de ajuste en la que el AP nuevo empezaría a
hacer efecto antes de retirar completamente el AP
anterior, lo que reduciría el riesgo de empeora-
miento de los síntomas psicóticos. Pero, al igual
que en la titulación cruzada, el uso concomitante
de dos AP aumenta el riesgo de efectos indeseados
secundarios por interacciones farmacocinéticas y
farmacodinámicas.
4. Cambio gradual o secuencial. Se disminuye gra-
dualmente la dosis del AP actual hasta suspenderlo
por completo antes de comenzar gradual (Gráco
4a) o inmediatamente (Gráco 4b) con el AP nuevo.
Aquí se presenta la ventaja de reducir al mínimo el
riesgo de efectos adversos relacionados con la po-
lifarmacia antipsicótica. La desventaja es el riesgo
elevado de recaída en el período que va desde que el
AP actual se encuentra por debajo de las dosis efec-
tivas y el AP nuevo alcanza la dosis objetivo.
Gráco 3b. Cambio superpuesto. Introducción gradual,
mantenimiento de ambos AP y reducción gradual
Gráco 3c. Cambio superpuesto. Introducción abrupta,
mantenimiento de ambos AP y reducción gradual
Gráco 4b. Cambio secuencial. Reducción gradual e
introducción abrupta
Gráco 3a. Cambio superpuesto. Introducción gradual,
con mantenimiento y reducción gradual
Gráco 2. Titulación cruzada
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5. Cambio a un inyectable de acción prolongada. Con
el pasaje desde una formulación oral a estas pre-
sentaciones se busca fundamentalmente aumen-
tar la adherencia, mejorar la facilidad de toma de
medicamentos, disminuir los efectos secundarios,
disminuir el estigma y fomentar la participación
del paciente en el tratamiento (Barbui, 2020). La
ventaja sería la reducción del riesgo de recaídas,
rehospitalizaciones y mortalidad evidenciada en
estudios clínicos y naturalísticos del mundo real
(Kishimoto et al., 2021). Dentro de las desventajas,
pero dependiendo del tipo de AP y la formulación,
se pueden señalar el corto intervalo entre aplica-
ciones, la necesidad de suplementación oral o dosis
de carga, la vía intramuscular o el tiempo de laten-
cia para el efecto (Højlund y Correll, 2023).
Se deben conocer las propiedades farmacodinámicas y
farmacocinéticas del AP actual y el AP que se pretende
incorporar. De esta forma, se podrá plantear una estra-
tegia racional y personalizada, para anticipar y tratar
tempranamente los efectos adversos o el empeoramien-
to del cuadro clínico que pueda resultar del cambio de
AP. Muchos AP tienen efectos antihistamínicos H1
(ejemplo: olanzapina, clozapina, quetiapina, clorpro-
mazina, entre otros), por lo que durante su reducción
y cambio puede emerger insomnio, ansiedad, síntomas
extrapiramidales, acatisia; un curso breve de benzo-
diazepinas o el antihistamínico difenhidramina podría
ser una opción para mitigarlos (Keepers et al., 2020).
La retirada del efecto anticolinérgicos M1 de va-
rios AP (clozapina, olanzapina, tioridazina, clorpro-
mazina) puede generar síntomas de rebote colinér-
gico como insomnio, pesadillas, ansiedad, náuseas,
diarrea, sudoración, sialorrea, eritema, visión borro-
sa, tos, bradicardia, delirium. En el caso anterior, de
ser posible se recomienda titular más lentamente a la
baja el AP actual; o en su defecto agregar por algu-
nas semanas un anticolinérgico como biperideno, en
un estimativo de 2 mg cada 100 mg de clozapina, en
fumadores; o 50 mg, en no fumadores (Stahl, 2019;
Inada e Inagaki, 2015) para posteriormente reducirlo
y suspenderlo.
Los síntomas de discontinuación del efecto alfa-
1 (risperidona, clozapina, ziprasidona, brexpiprazol
clorpromazina, tioridazina) pueden incluir hiperten-
sión, taquicardia, cefalea, temblor, por lo que es nece-
sario el monitoreo de signos vitales y eventualmente
tratamiento sintomático. Es clave, a su vez, identi-
car potenciales interacciones de los AP entre sí pero
también de los AP con otros medicamentos clínicos o
no, para lo que se recomienda consultar con recursos
de internet de acceso libre como: https://www.drugs.
com/drug_interactions.html y https://www.epocrates.
com/online/interaction-check.
Habría que tener en cuenta algunas consideracio-
nes para el cambio hacia un agonista parcial dopa-
minérgico de receptores D2 y/o D3 (Baumann et al.,
2023). En comparación con el resto de los AP de pri-
mera y segunda generación, tienen una anidad mu-
cho mayor por los receptores D2 y, a su vez, requieren
una ocupación más elevada de receptores D2 para
ejercer el efecto antipsicótico. Por lo que, al agregarlos
a un esquema con otros AP pueden asociarse tempo-
ralmente con acatisia, insomnio, nauseas o dispepsia
(Mohr et al., 2022), pero también empeoramiento de
síntomas psicóticos, en especial en pacientes con uso
de varios años o dosis elevadas de AP (Takase et al.,
2015). La conducta antes estos casos puede incluir
una reducción más gradual del AP actual, usar ben-
zodiazepinas como clonazepam 1-4 mg o el betablo-
queante propranolol 10-40 mg, según la severidad de
los síntomas, o incluso el incremento temporal del AP
antagonista D2 para luego reducirlo.
Finalmente, y no menos importante, se debe tener
una idea estimativa de las equivalencias de dosis entre
los AP para que el proceso de cambio resulte lo más
seguro posible. Existen varios métodos para denir
equivalencias: el de dosis medias equivalentes de clor-
promazina (Davis, 1974) o dosis medias equivalentes
de olanzapina (Leucht et al., 2015), el de curva dosis
respuesta que dene las dosis cercanas a las máximas
(Davis y Chen, 2004; Leucht et al., 2020), el de dosis
mínimas efectivas (Leucht et al., 2014), el de las dosis
máximas autorizadas (MacE y Taylor, 2005), el de la
Organización Mundial de Salud conocido como dosis
diaria denida o DDD (WHO, 2024) y los consensos
de expertos en sus diferentes variantes metodológicas
(Kane et al., 2003; Andreasen et al., 2010; Gardner et
al., 2010).
Gráco 4a. Cambio secuencial. Reducción gradual e
introducción gradual
95
Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: tercera parte. Lineamientos para el abordaje...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 72-126.
No existe acuerdo sobre cuál debería ser el patrón
de oro ya que cada uno tiene sus fortalezas y debili-
dades. Los consensos de expertos con metodología
Delphi son especialmente útiles cuando no existe
unanimidad de opinión debido a la falta de eviden-
cia cientíca y a la diversidad de experiencias clíni-
cas (Jones y Hunter, 1995). El Estudio de Consenso
Internacional sobre la Dosicación de Antipsicóticos
(McAdam et al., 2023) presenta una actualización so-
bre equivalencias de AP orales y de acción prolongada
que puede ser de suma utilidad al lector, así como el
anterior consenso del mismo grupo que incluyó AP
más antiguos (Gardner et al., 2010). Otra herramienta
de utilidad para el clínico es una calculadora de equi-
valencias de acceso libre desarrollada por la Univer-
sidad de Munich (Leucht et al., 2024): https://ebmpp.
org/de/tools/dose-calculator
23. Estrategias terapéuticas de aumen-
tación y combinación
Las estrategias de combinación y potenciación se re-
eren al agregado de una intervención al tratamiento
antipsicótico, cuando esta terapéutica estándar resul-
ta insuciente en términos de ecacia o se presentan
problemas de tolerabilidad (Etchecopar-Etchart et al.,
2024). La FDA recomienda para la resistencia al tra-
tamiento el uso de clozapina, debido a la evidencia de
superioridad respecto de los otros tratamientos dispo-
nibles (Siskind et al., 2016; Siwek et al., 2023) y existe
un generalizado consenso en que es el tratamiento de
elección para estos pacientes (Faden, 2019).
Sin embargo, el tratamiento de clozapina en mo-
noterapia no es efectivo en todos los casos y una im-
portante proporción de los pacientes que lo realiza,
que varía entre el 40 y el 70 %, muestra una respuesta
subóptima, congurando una forma con mayor im-
pacto negativo que la propia esquizofrenia resistente
al tratamiento, con mayor gravedad y persistencia sin-
tomática, más recaídas y reinternaciones, peor calidad
de vida y elevados costos en salud, denominada esqui-
zofrenia resistente a clozapina (Faden, 2019; Chakra-
barti, 2021). Este grupo de pacientes es uno de los más
gravemente afectados por la patología y representan
un complejo desafío (Henna y Elkis, 2007; Chakra-
barti, 2021). Teniendo en cuenta que los pacientes que
no muestran buena respuesta a clozapina pueden ser
considerados doblemente resistentes o ultrarresisten-
tes (Mouaak et al., 2006), es importante, en primer
término, evaluar, y eventualmente ajustar, todas las
variables del tratamiento, buscando su optimización
(Chakrabarti, 2021).
No se han encontrado predictores consistentes a la
resistencia a clozapina (Kim, 2015) aunque se postu-
lan algunos, tales como edad avanzada, gravedad sin-
tomática (principalmente del componente negativo),
bajo nivel de funcionamiento y formas no paranoides
(Okhuijsen-Pfeifer et al., 2020).
Sin embargo, la mejor forma de conrmar la re-
sistencia es realizar un tratamiento con clozapina en
las condiciones ideales (Suzuki et al., 2011). Para ello
se deber realizar una exhaustiva evaluación clínica y de
situación: establecer un adecuado diagnóstico psiquiá-
trico y de comorbilidades, evaluar las características del
cuidador y del entorno identicando, además de posi-
bles factores estresantes, todas las variables vinculadas
a la adherencia al tratamiento. Se deben utilizar dosis
adecuadas en el contexto de un tratamiento persona-
lizado y, si es necesario, vericar las concentraciones
plasmáticas de clozapina; se sugieren 350 ng/ml como
referencia (Chakrabarti, 2021). Se estima que la dura-
ción del ensayo será de 2 a 3 meses o menos, en casos de
riesgo elevado de conductas auto o heteroagresivas, y
más si predominan los sintomas cognitivos o negativos
(Williams et al., 2002; Nielsen et al., 2011; Subramanian
et al., 2017; Chakrabarti, 2021). Cuando hay síntomas
refractarios a la clozapina, en primer término se debe
considerar el aumento de dosis para elevar los niveles
plasmáticos a ≥350 ng/ml antes de usar cualquier com-
binación farmacológica o estrategias de potenciación
(Wagner et al., 2020) (ver Cuadro 6).
Cuadro 6. Optimización del tratamiento con clozapina (previo estrategias de potenciación)
Diagnóstico
Evaluar diagnósticos diferenciales.
Descartar comorbilidades y síntomas por consumo o enfermedades médicas.
Evaluar estresantes ambientales y características del entorno.
Tratamiento
Dosis entre 200 y 500 mg/día.
Concentración plasmática ≥ 350 ng/ml.
Duración 2 a 3 meses (< en casos de auto o heteroagresividad, > en síntomas negativos o cognitivos.
Asegurar adherencia >80 %.
Resistencia Persistencia de síntomas y/o deterioro funcional.
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Una vez que la subrespuesta a clozapina se conrme,
entonces se comienzan a evaluar decisiones de suma de
recursos terapéuticos. La estrategia más frecuente es el
agregado de otro psicofármaco al tratamiento con clo-
zapina (Muscatello et al., 2014), siendo más habitual la
adición de otro agente antipsicótico (Pai et al., 2012;
Muscatello et al., 2014; Wagner et al., 2020).
Si bien este tipo de asociaciones se utilizan con re-
gularidad, las guías de tratamiento no suelen recomen-
darla o lo hacen solo en casos individuales, donde la
monoterapia, principalmente con clozapina, no tuvo
los efectos esperados. Aunque la potenciación con an-
tipsicóticos no parece estar asociada a un aumento de
la mortalidad, si lo está con los efectos adversos y los
costos del tratamiento. (Hasan et al., 2012; McDonagh
et al., 2017; Lähteenvuo y Tiihonen, 2021).
23.1. Estrategias de potenciación de clozapina
con psicofármacos
Antipsicóticos
La utilización de antipsicóticos en forma combinada
es una práctica frecuente con el objetivo de mejorar el
estado clínico de los pacientes. Su proporción varía de
acuerdo con los estudios entre el 10-20 % de pacien-
tes ambulatorios, el 40 % de los pacientes internados
(Lähteenvuo y Tiihonen, 2021) y puede alcanzar 2/3
de las prescripciones (Haro et al., 2018; Corrales et
al., 2021). Hay que tener en cuenta que esta práctica
corre riesgo de no estar respaldada por evidencia de
calidad, complejizar el tratamiento y elevar costos y
riesgos (Correll et al., 2007; Siwek et al., 2023).
Las evaluaciones de potenciación del tratamiento
de clozapina con otro antipsicótico se basan funda-
mentalmente en los síntomas positivos. El argumento
más frecuente para recurrir a la asociación es la res-
puesta insuciente de estos síntomas con monoterapia
(Sernyak y Rosenheck, 2004). Los síntomas negativos,
cognitivos o depresivos han recibido menos atención
(Paton et al., 2007). La obtención de evidencia de alto
nivel se ha visto también obstaculizada por el modo
en que se dene la resistencia, el número de pacien-
tes y la duración de los ensayos (Wagner et al., 2020;
Chakrabarti, 2021). Las revisiones sistemáticas y los
metaanálisis realizados arrojan resultados variables.
En general, no se han podido establecer benecios
signicativos de la potenciación de antipsicóticos y,
cuando están presentes, apenas exhiben resultados
modestos. En algunos casos, estos resultados positivos
se minimizan si solo se tienen en cuenta estudios de
alta calidad metodológica (Siskind et al., 2018; Roerig,
2019; Chakrabarti, 2021; Siwek et al., 2023).
Es muy importante remarcar que, si bien existen
dicultades para encontrar intervenciones efectivas,
no es una decisión recomendada intentar el cambio
de clozapina por un antipsicótico diferente debido a
las complicaciones que pueden aparecer asociadas a su
interrupción (Davis et al., 2014; Luykx et al., 2020). El
hecho de que, en general, no se cuente con evidencia de
primera calidad sobre estrategias de potenciación para
pacientes que no responden adecuadamente, no impli-
ca que no se deba intervenir para intentar mejorar sus
condiciones. La gravedad y sus consecuencias ameritan
ver más allá de lo evidente, e indicar esquemas raciona-
les basados en la experiencia y en el consenso.
En el caso de síntomas positivos refractarios a la
monoterapia con clozapina podría ser de utilidad el
agregado de aripiprazol o amisulpirida (no disponi-
ble en nuestro país) (Tiihonen et al., 2019; Wagner
et al., 2020; Chakrabarti, 2021; Lähteenvuo y Tiiho-
nen, 2021) y risperidona (Hasan et al., 2012; Etcheco-
par-Etchart, 2024). En el último tiempo se han reali-
zado publicaciones de reportes o serie de casos sobre
la posible efectividad en pacientes refractarios a cloza-
pina favorables para brexpiprazol (Okada et al., 2020;
Orsolini et al., 2022), cariprazina (Berardis et al., 2021;
Pappa et al., 2022; Karoline et al., 2023; Siweket al.,
2024) y lurasidona (Siwek et al., 2023), pero la calidad
de los datos hace que se requieran más estudios para
establecer el lugar de estas intervenciones.
Aunque los síntomas negativos han sido menos
estudiados, existen algunas publicaciones que indi-
can que aripiprazol (Chakrabarti, 2021; Vasiliu, 2022),
memantina (de Lucena et al., 2009) y clonidina (Krui-
per et al., 2023) podrían ser de utilidad, aunque los
datos no son concluyentes.
Además de las razones de falta de ecacia de la mo-
noterapia, en ocasiones la suma de antipsicóticos pue-
de buscar el manejo de síntomas comórbidos como la
ansiedad, la impulsividad o los trastornos de sueño
(Stummer et al., 2018); sin embargo, debe privilegiar-
se la monoterapia sobre el uso asociado de antipsicó-
ticos, debido a sus menores costos, efectos adversos
y a las posibilidades de conseguir mejor adherencia
(Lähteenvuo y Tiihonen, 2021).
Antidepresivos
El efecto de las combinaciones de antidepresivos con
clozapina sobre los síntomas negativos y depresivos se
ha examinado con poca frecuencia, los estudios son
de menor calidad y la evidencia de posibles benecios
es aún más escasa (Chakrabarti, 2021).Existe alguna
evidencia positiva para uoxetina sobre la gravedad
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general de los síntomas (Siskind et al., 2018), citalo-
pram sobre los síntomas negativos y generales (Som-
mer et al., 2012) y la asociación con duloxetina podría
tener un efecto benecioso sobre síntomas negativos y
depresivos (Etchecopar-Etchart, 2024). En un consenso
de expertos, citalopram/escitalopram fue la alternativa
de mayor coincidencia para tratar los sintomas negati-
vos refractarios a clozapina (Wagner et al., 2020).
Estabilizadores del humor
La decisión sobre terapia de combinación con estabi-
lizadores cuenta con las mismas dicultades metodo-
lógicas que los antidepresivos. Algunos estudios indi-
can que la adición de topiramato o lamotrigina podría
resultar en algún benecio sobre la gravedad general
de los síntomas (Tiihonen et al., 2009; Sommer et al.,
2012; Zheng et al., 2017) pero la evidencia no es con-
cluyente y, del mismo modo, existen trabajos donde
no se observan tales resultados (Veerman et al., 2014;
Correll et al., 2017; Siskind et al., 2018).
Antipsicóticos de larga duración
La falta de adherencia al tratamiento con antipsicóti-
cos es una circunstancia frecuente en estos pacientes
(Barnes et al., 2020) vinculada con peores resultados
en el tratamiento (Parellada y Bioque, 2016). Es posi-
ble que la clozapina se asocie con tasas de adherencia
superiores a las observadas con otros antipsicóticos;
sin embargo, la adherencia continúa siendo subópti-
ma y constituye un problema clínico relevante (Davis
et al., 2014; Chakrabarti et al., 2021). La literatura que
evalúa la adición de antipsicóticos inyectables de larga
duración (ALD) a la clozapina es limitada (Caliskan
et al., 2021), pero podría ser una opción válida (Mor-
timer, 2011; Caliskan et al., 2021). En su combinación
con clozapina, los ALD muestran los benecios en la
reducción de recaídas y las reinternaciones propias de
este grupo (Tiihonen et al., 2017; Patel et al., 2020; de
Filippis et al., 2021) sumado a la reducción de sínto-
mas (Chakrabarti et al., 2021). El agregado de antip-
sicóticos de larga duración no sumaría problemas de
tolerancia o seguridad respecto de la monoterapia con
clozapina (Caliskan et al., 2021).
La evaluación de esquemas de asociación de fár-
macos, principalmente a clozapina, no ha demostrado
resultados sólidos y convincentes para el tratamiento
de sintomas refractarios a la monoterapia. Son nece-
sarias más investigaciones, con mejores metodologías
y diseños, para poder establecer la verdadera ecacia
y seguridad de este tipo de estrategias de potenciación
(Muscatello et al., 2014).
Estrategias de potenciación con terapia
electroconvulsiva (TEC)
Cuando el tratamiento no logra disminuir los sínto-
mas positivos persistentes, la TEC puede resultar una
intervención ecaz (Miyamoto et al., 2015; Petrides et
al., 2015; Kittsteiner Manubens et al., 2016; Gałasz-
kiewicz et al., 2017; Wang et al., 2018), aunque los
estudios que sugieren estos resultados no son de alta
calidad (Chakrabarti, 2021).
La combinación TEC/clozapina parece ser relativa-
mente segura, pero alrededor del 20 % de los pacientes
presentan efectos adversos, principalmente deterioro
cognitivo (Kittsteiner Manubens et al., 2016; Lally et
al., 2016; Wang et al., 2018; Wagner et al., 2019). Se
requieren más estudios que evalúen la asociación de
TEC y clozapina, debido a que la evidencia, aunque
podría ser favorable, no es concluyente. Sin embargo,
hay relativo consenso en utilizarla en casos de sínto-
mas positivos refractarios, incluso en mantenimiento,
mientras que su indicación para síntomas negativos
no parece tan clara (Faden, 2019; Wagner et al., 2020).
23.2. Estrategias psicosociales de potenciación
Las intervenciones psicosociales, principalmente la
terapia cognitivo conductual (TCC), pueden ser eca-
ces en pacientes con mala respuesta a clozapina (Rana-
singhe y Sin, 2014; Polese et al., 2019). La TCC podría
ser útil para reducir de síntomas positivos y negativos,
la angustia emocional y la excitación (Morrison et al.,
2018). Además, este tipo de estrategias no farmacoló-
gicas presentan algunas ventajas en comparación con
las otras terapéuticas de adición: se relacionan con
altas tasas de adherencia y aceptación y con efectos
adversos insignicantes (Morrison et al., 2018).
Es decir que, aunque el cuerpo de evidencia no
sea suciente para establecer una recomendación sis-
temática para la TCC en pacientes con subrespuesta
a clozapina, sus estándares de seguridad y los bene-
cios exhibidos en algunos estudios hacen que sea una
intervención para tener en cuenta en algunos casos
(Morrison et al., 2018; Wagner et al., 2020). Aunque la
incorporación de TCC se base en la búsqueda de be-
necios, y algunos estudios la respalden, su indicación
no debe ofrecerse antes de las estrategias de potencia-
ción farmacológica (Wagner et al., 2020).
23.3. Resumen de las estrategias de potencia-
ción y combinación
El subgrupo de pacientes que no responden a un ensa-
yo de clozapina realizado en tiempo y dosis correctos es
uno de los mayores desafíos de la terapéutica psiquiá-
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trica. Todas las intervenciones propuestas, farmacoló-
gicas o no, tienen en común la carencia de información
concluyente sobre la ecacia y los hallazgos positivos
son sustentados en estudios de baja calidad metodoló-
gica. La falta de sólida evidencia no se debe correspon-
der con la ausencia de estrategias de complementación
del único tratamiento con evidencia de efectividad e
indicación en estos pacientes, que es la clozapina.
Además de las estrategias farmacológicas señala-
das, es probable que la TEC y las intervenciones psi-
cosociales como TCC puedan ofrecer benecios. Se
necesitan evaluaciones y tratamientos personalizados
debido a la variabilidad interindividual que se observa
en la respuesta al tratamiento. La información obte-
nida en los ensayos clínicos controlados no siempre
coincide con la práctica clínica regular, y la morbili-
dad y el sufrimiento de los pacientes y sus familias es
suciente estímulo para continuar investigando sobre
intervenciones efectivas. Las guías de consenso clínico
pueden ser de utilidad en estos casos. En el contexto
de severidad de estos pacientes la búsqueda de cual-
quier mejoría, por modesta que parezca, debería ser
una fuerte motivación.
24. TEC. Estimulación magnética trans-
craneal repetida
24.1. Terapia electroconvulsiva
El término de terapia electroconvulsiva (TEC) hace
mención a un tipo de tratamiento biológico cuyo fun-
damento se sustentó, inicialmente, en la hipótesis pro-
puesta por Ladislas J. Meduna (Berrios, 1997) quien
planteó un antagonismo neurobiológico entre la psi-
cosis y la epilepsia basado, en tal momento, en la poco
común asociación que observaba de tales trastornos
en un mismo paciente. En función de lo expuesto por
el mencionado psiquiatra húngaro, se desarrollaron
diversos métodos, especialmente farmacológicos,
para inducir convulsiones, hasta que Cerletti y Bini
utilizaron terapéuticamente la electricidad en la déca-
da de 1930 (Arancibia et al., 2022). A lo largo de los
años, el hecho demostrable que el efecto terapéutico
de la TEC es extensivo a otros trastornos psiquiátricos
y que la comorbilidad entre psicosis y epilepsia es más
frecuente de lo entendido por Meduna, la hipótesis
neurobiológica original ha perdido consistencia.
La TEC implica la inducción eléctrica de convul-
siones generalizadas que se llevan a cabo a lo largo de
diferentes sesiones que pueden uctuar, de acuerdo
con la respuesta que presente y a la indicación clínica,
entre 6 a 20 aplicaciones, siendo posible, de acuerdo
con el tipo de trastorno y sus características, indicarse
también como estrategia terapéutica de mantenimien-
to. El procedimiento vigente en la mayor parte de los
países es el modicado por la inclusión de anestesia y
miorrelajación.
Aunque aún no está denido el modo en que una
serie de convulsiones pueden producir el efecto te-
rapéutico, en términos generales se sostiene la nece-
sidad de una convulsión generalizada de duración y
características determinadas, ya que aquellas que su-
peran escasamente el umbral convulsivo evidencian
poca ecacia y las que presentan intensidad clara-
mente por encima de este umbral se relacionan con
un incremento en los efectos secundarios cognitivos
(Alcoverro Fortuny et al., 2009).
Al momento actual, sigue siendo útil y necesario
su uso en condiciones psicopatológicas severas de
trastornos mentales establecidos, entre ellos la esqui-
zofrenia. Al mismo tiempo, se evidencian, cuando se
compara la indicación de TEC en distintas regiones,
marcadas uctuaciones en función de los países que
fueron observados; en tal sentido la indicación de
TEC, por ejemplo, en esquizofrenia, puede variar del
3,1 % en Canadá al 15,2 % en China (Shangani et al.,
2018), reejando que la consideración de la aplicación
o no de TEC se relaciona con aspectos que se alejarían
estrictamente de lo clínico de una forma tal que en
otros campos de la medicina no se hace presente, lo
cual, por lo menos en parte, puede responder al es-
tigma que enfrenta esta estrategia de tratamiento, aún
con los avances modernos que la técnica de la TEC
ha experimentado (Kellner et al., 2019). Todo lo di-
cho determina que un recurso terapéutico que resulta
efectivo en ciertos episodios agudos afectivos y psicó-
ticos tienda a ser relegado como último recurso (Li-
vingston et al., 2018).
En cuanto a las indicaciones más frecuentes de la
TEC, además de esquizofrenia, encontramos:
■ Depresión, particularmente aquellos episodios ca-
racterizados por ser resistentes a tratamientos pre-
vios, así como en los cuadros depresivos donde se
hace maniesta ideación suicida marcada o bien
síntomas psicóticos y catatoniformes; en estos úl-
timos, la indicación de mayor pureza, no contem-
plando los obstáculos estigmatizantes, recomienda
que el tratamiento electroconvulsivo se aplique lo
más tempranamente posible (Kellner et al., 2019).
■ Maa, principalmente manía refractaria (indica-
ción poco común a partir de la utilización de la
amplia gama de fármacos disponibles en la actua-
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Primer Consenso Argentino sobre el manejo de la Esquizofrenia: tercera parte. Lineamientos para el abordaje...
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lidad) y manía delirante o excitación catatónica, la
que puede ser considerada indicación urgente de
TEC (Luchini et al., 2015).
■ Catatonía, independientemente de la etiología o
comorbilidad psiquiátrica, es marcador de buena
respuesta a la TEC (Fink, 2013). La catatonía mor-
tal aguda de Stauder, se encuentra dentro de las in-
dicaciones de urgencia de TEC.
La indicación de TEC en esquizofrenia ha dismi-
nuido desde la década de 1960 con la llegada de me-
dicamentos antipsicóticos de cierta ecacia (Leiknes
et al., 2012). A pesar de la existencia de múltiples pu-
blicaciones que validan su uso y que plantean la nece-
sidad de indicaciones aún más tempranas, en países
desarrollados su utilización se restringe a ser aplicada
como último recurso (Chanpattana y Andrade, 2006).
Al mismo tiempo que su utilización disminuye, au-
menta la evidencia que sostiene su efectividad en la
esquizofrenia.
Como predictores de respuesta favorable a la TEC
en esquizofrenia, se postulan: estadíos tempranos y
agudos, con mejor respuesta que en cuadros crónicos
y refractarios (Zheng et al., 2016) y mejor respuesta
para síntomas de corte productivos que para las mani-
festaciones defectuales (Kellner et al., 2019).
En sintonía con lo dicho, son crecientes las publi-
caciones que postulan la potenciación de respuesta
al tratamiento de base con fármacos antipsicóticos
(Hustig y Onilov, 2009), considerándose que la res-
puesta de la TEC combinada con antipsicóticos brin-
da mayor tasa de respuesta que sola o el tratamiento
con antipsicóticos únicamente. En tal sentido, y rela-
cionado con la combinación de TEC y fármacos antip-
sicóticos, el task forcede la Asociación Americana de
Psiquiatría (APA) concluye que un sustancial número
de pacientes que presentan esquizofrenia resistente al
tratamiento se pueden beneciar de tal combinación
(APA, 2001).
Si tenemos en cuenta lo referido en torno a los obs-
táculos con los que hoy se enfrenta la indicación de
TEC a nivel mundial, y particularmente en los países
desarrollados, podemos limitar su aplicación a situa-
ciones especícas como (Corrales et al., 2021; Pompili
et al., 2013):
■ Esquizofrenia resistente al tratamiento.
■ Episodio de descompensación aguda con alta sui-
cidabilidad y/o heteroagresividad.
■ Esquizofrenia catatónica.
Como ya se mencionó, y teniendo en cuenta que
diferentes estudios muestran la ecacia de la TEC
en primer episodio psicótico y psicosis tempranas
(Chanpattana y Andrade, 2006; Keuneman et al.,
2002), podría ser necesario seguir profundizando en
estudios comparativos entre TEC y antipsicóticos y/o
tratamientos biológicos de otro tipo que permitan
dilucidar, en función de la respuesta terapéutica y el
pronóstico, la conveniencia de una u otra indicación.
En relación con los mecanismos de acción de la
TEC, se han propuesto múltiples hipótesis que su-
gieren una actuación simultánea e inespecíca a ni-
vel molecular y morfofuncional. Sin embargo, hasta
el momento ninguna de estas hipótesis ha podido
demostrarse de manera concluyente, dado que la evi-
dencia disponible proviene principalmente de mode-
los animales o de estudios clínicos con tamaños mues-
trales reducidos. No obstante, es de importancia tener
en cuenta que las líneas de investigación profundizan
a nivel genético, neurotransmisión y neurotros-
mo, mediadores inamatorios y circuitos neuronales
(Arancibia et al., 2022).
Respecto a lo segura que pueda ser o no la TEC
como procedimiento terapéutico, múltiples estudios
avalan que este abordaje no genera un fenómeno dis-
capacitante para el cerebro, como así también rati-
can su buena tolerancia (Teodorczuk et al., 2019). Esto
mismo se desprende en relación con su aplicación en
pacientes con esquizofrenia donde se observa mínimo
impacto neurocognitivo, considerándose, además, un
método seguro. En oposición a la mínima impronta
negativa en lo cognitivo, los estudios muestran, en
el post TEC, evidencia maniesta de mejoría en las
funciones ejecutivas y en la memoria verbal (Vuksan
Cusa et al., 2018).
25. Adherencia al tratamiento
El manejo de esta patología requiere psicofarmacote-
rapia a largo plazo y los antipsicóticos son la base del
tratamiento (Zhang et al., 2013; Barnes et al., 2020).
A pesar de los avances en farmacología que se han
sucedido en los últimos años, la falta de adherencia
al tratamiento continúa siendo uno de sus aspectos
más desaantes (Krogmann et al., 2019). La adhe-
rencia al tratamiento es el grado de coincidencia que
existe entre la toma de medicación de un paciente en
relación con lo que su médico le prescribe, aunque
puede extenderse a otras recomendaciones e indica-
ciones (World Health Organization, 2003; Haddad et
al., 2014). La gama de posibilidades de ajuste entre la
prescripción y la realización del tratamiento es am-
plia, pero existe un relativo consenso en considerar
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falta de adherencia a la omisión del al menos el 20 %
de la medicación (Haddad et al., 2014).
La falta de adherencia es un fenómeno común
en las patologías crónicas, pero es particularmente
importante en las personas que padecen esquizofre-
nia (Barnes et al., 2020), porque es más alta que para
afecciones no psiquiátricas, pudiendo llegar al 50 % de
los pacientes (Kane et al., 2013a; Barnes et al., 2020)
y porque se vincula con la elevación de la tasa de re-
caídas, tanto en pacientes crónicos como en el primer
episodio (Parellada y Bioque, 2016).
También se vincula con el incremento del nivel de
síntomas residuales, síntomas positivos persistentes,
hostilidad, tasas de reinternación, tiempo para lograr
la remisión luego de un primer episodio, mortalidad y
morbilidad, deterioro del funcionamiento social, peor
calidad de vida y niveles de autonomía (Norman y
Malla, 2002; Haddad et al., 2014; Czobor et al., 2015).
Basta la interrupción del tratamiento entre 1 a 10 días
para que el riesgo de internación aumente; y mientras
mayor es el período de discontinuación, mayor es el
riesgo (Weiden et al., 2004; Velligan et al., 2017).
En consecuencia, aunque los antipsicóticos redu-
cen los síntomas de la enfermedad y mejoran los re-
sultados de los pacientes, el hecho de que muchos de
ellos no utilicen la medicación como les ha sido pres-
cripta, se interpone con esos rendimientos y aumenta
el riesgo de recaída e internación (Velligan et al., 2017;
Martin et al., 2022).
Las razones por las cuales los pacientes no realizan
el tratamiento como se les ha sido indicado son varia-
das, algunas se vinculan con la naturaleza del proceso
psicopatológico y otras inciden sobre él, tales como los
efectos de la medicación y la organización del servicio
de salud y de los cuidadores (Haddad et al., 2014 ).
Las causas de la falta de adherencia pueden divi-
dirse en dos grupos, intencionales y no intencionales,
lo que señala la diferencia entre una decisión activa de
no tomar la medicación de acuerdo con la prescrip-
ción o tener alguna dicultad para hacerlo (Velligan
et al., 2017; Barnes et al., 2020).
Las causas intencionales y conscientes de la falta
de adherencia incluyen dicultades en el insight, acti-
tudes negativas hacia la medicación, una mala alianza
terapéutica y el estigma sobre las patologías y la me-
dicación psiquiátrica (Haddad et al., 2014; Velligan et
al., 2017).
El décit de insight se considera el factor más im-
portante que contribuye a la falta de adherencia en las
enfermedades mentales graves (Velligan et al., 2009).
El insight es un proceso complejo de autoconocimien-
to relativo al proceso patológico con sus consecuen-
cias internas, incluyendo la falta de adherencia y su in-
terrelación con el ambiente (Marková y Berrios, 1992;
Amador y David, 2004; Sotelo et al., 2021), y es más
severo y permanente en la esquizofrenia que en otros
trastornos psiquiátricos (Pini et al., 2001; Sotelo et al.,
2021). Entre estos pacientes, el insight pobre o ausente
varía entre el 50 y el 80 % (Amador et al., 1991; Pousa
et al., 2017). Esta condición está presente desde el pri-
mer episodio y, a su vez, tiene valor predictivo sobre
la falta de adherencia, por lo cual su evaluación es un
elemento importante para el pronóstico y la toma de
decisiones (Kamali et al., 2006; Lam et al., 2013).
La actitud negativa hacia la medicación incide
sobre la adherencia tanto cuando la experimenta el
paciente como su entorno (Brain et al., 2014). Por el
contrario, una actitud positiva y un buen nivel de in-
sight se vinculan con buenos niveles de adherencia al
tratamiento (Velligan et al., 2009), del mismo modo
que la mejoría sintomática, en particular de los sinto-
mas positivos (Liu-Seifert et al., 2012).
La falta de adherencia tiene una base involuntaria
cuando existen impedimentos o interferencias para
que haya una coincidencia entre la prescripción y el
tratamiento que efectivamente se realiza. En este caso
están involucrados el abuso de sustancias, principal-
mente los períodos de consumo, el deterioro cogni-
tivo, la depresión, el apoyo sociofamiliar deciente y
las dicultades para el acceso a los sistemas de salud
(Drake et al., 2015; Velligan et al., 2017). El abuso de
sustancias es también un fuerte predictor de falta de
adherencia futura (Ascher-Svanum et al., 2006; No-
vick et al., 2010).
En cualquiera de sus formas, la falta de adheren-
cia al tratamiento es un elemento crítico que interere
con el logro de los objetivos planteados y ensombre-
ce el pronóstico general, pero es, sin embargo, sub-
estimado por pacientes y profesionales (Byerly et al.,
2005; Stephenson et al., 2012; Kane et al., 2013a). A
los efectos sobre el curso del trastorno, el grado de
adherencia puede agregar incertidumbre sobre si los
resultados del tratamiento se deben a falta de ecacia
o a algún tipo de refractariedad y conducir a toma de
decisiones equivocadas (Velligan et al., 2003). Por lo
tanto, es necesario establecerlo como un aspecto para
evaluar puntualmente en cada caso y dirigir los es-
fuerzos hacia la optimización de los resultados en esta
área. Dado que una variedad de factores determina el
grado de adherencia, es menester un enfoque perso-
nalizado (Kane et al., 2013a).
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25.1. Evaluación e intervenciones sobre la
falta de adherencia
La forma más directa de evaluación que consisteen
preguntar al paciente es, con frecuencia, poco a-
ble, tal como la impresión del profesional (Byerly et
al., 2005) o la vericación mediante la observación la
toma de la medicación (Farmer, 1999). La utilización
de algunas escalas como la MARS (Medication Ad-
herence Rating Scale) o la escala DAI (Drug Attitude
Inventory) para evaluar adherencia y actitud hacia la
medicación, respectivamente, puede ayudar a identi-
car a los pacientes que tienen más probabilidades de
resultar no adherentes (Pagès-Puigdemont y Valver-
de-Merino, 2018; Barnes et al., 2020).
La buena respuesta clínica y una evolución favora-
ble son, a menudo, considerados marcadores indirec-
tos de buena adherencia, pero también son procesos
inuenciados por una multiplicidad de variables inde-
pendientes a la toma de la medicación, entre ellas, la
propia variabilidad del cuadro psicopatológico (Kane
et al., 2013a).
Cuando la falta de adherencia no se debe a una de-
liberada omisión de las tomas, es decir, cuando resulta
de un hecho involuntario, acciones prácticas y sen-
cillas como recordatorios personales o electrónicos
pueden ser de ayuda y colaboran con la motivación de
realizar el tratamiento adecuadamente (Vervloet et al.,
2012; Barnes et al., 2020).
En los casos donde hay una decisión consciente de
no ajustarse a la indicación, además de las menciona-
das, las intervenciones psicosociales destinadas a me-
jorar el insight y la actitud hacia la medicación pueden
ser alternativas que disminuyan la barrera impuesta
por el paciente (Velligan et al., 2017).
La subestimación del riesgo de recaída, sobre todo
en fases tempranas y en pacientes con buenas respues-
tas al tratamiento puede generar la sensación de que
puede ser discontinuado sin consecuencias negativas
(Day et al., 2005; Kane et al., 2013a). Para muchos pa-
cientes realizar un tratamiento de mantenimiento va
en contra de la idea de que el riesgo de crisis quedó
en el pasado (Barnes et al., 2020). Las intervenciones
psicosociales y la psicoeducación sobre estos aspectos
son necesarias y resultan más efectivas si, además del
paciente, participa su entorno (Kane et al., 2013a).
En pacientes que padecen esquizofrenia el estable-
cimiento de una buena relación terapéutica se asocia
con mejor adherencia al tratamiento (Day et al., 2005)
aunque es posible además que aquellos pacientes que
la presenten tengan también una tendencia a estable-
cer mejores vínculos con los profesionales, por lo tan-
to, es difícil trazar un vínculo causal directo (Haddad
et al., 2014). La calidad del vínculo es fundamental y
se debe incluir, siempre que sea posible, al paciente y
su entorno en la toma de decisiones respecto del trata-
miento (Patall et al., 2008; Wilder et al., 2010).
Ninguno de los métodos para ajustar la prescrip-
ción al tratamiento efectuado es ideal o infalible. Es
probable que las estrategias más sencillas sean menos
onerosas, pero más inexactas, mientras que las más
complejas, por el contrario, sean más precisas, pero
también más costosas y complicadas (Osterberg y
Blaschke, 2005; Kane et al., 2013a).
Las opciones varían desde vericar la toma de la
medicación o facilitarla con preparados de disolución
inmediata o solución liquida hasta utilizar tabletas o
cápsulas que emiten señales a un receptor cuando en-
tran en contacto con el sistema digestivo (Kane et al.,
2013b), pasando por el control de la concurrencia a la
consulta o de las recetas efectuadas, la medición de la
concentración del fármaco, el recuento de los compri-
midos o el uso de dispositivos electrónicos que regis-
tran la apertura del frasco de medicación (Byerly et al.,
2005; Kane et al., 2013a; Kane et al., 2013b).
Los antipsicóticos de larga duración pueden ser
opciones útiles tanto cuando la falta de adherencia es
involuntaria como cuando es una decisión consciente
del paciente (Velligan et al., 2017; Barnes et al., 2020).
La incidencia del insight en el curso de la esquizofre-
nia, a través de la falta de adherencia al tratamiento, es
indudable y requiere un abordaje particular.
No obstante, además de desarrollar intervenciones
que puedan mejorar este aspecto, es importante contar
con abordajes efectivos aún en su ausencia (de Jong et
al., 2019). En este sentido, la utilización de esta formu-
lación ofrece un modo de tratamiento que disminuye
la tasa de recaídas vinculada a la falta de adherencia,
además del control de los síntomas (Heres et al., 2006;
Patel et al., 2020; de Filippis et al., 2021). La liberación
lenta y sostenida del fármaco reduce la frecuencia de
administración (Patel et al., 2020) y tiene el benecio
adicional de ayudar a distinguir pacientes con mala
respuesta o resistencia de aquellos con adherencia de-
ciente (de Filippis et al., 2021).
Cada situación se evaluará particularmente. Es
importante tener en cuenta circunstancias especiales
como las externaciones, puesto que se vinculan con la
disminución de la tasa de adherencia y el incremento
del riesgo de suicidio (Upthegrove et al., 2010; Kam
et al., 2015). También resulta relevante proponer es-
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quemas terapéuticos sencillos que tengan en cuenta la
frecuencia, la dosis, la ecacia, los efectos secundarios
y las experiencias previas. Las posibilidades de lograr
buenos resultados se incrementan si las intervencio-
nes propuestas incluyen al paciente y su entorno en la
toma de decisiones, es decir, si son especícas y perso-
nalizadas (Barnes et al., 2020) pero cualquier estrate-
gia se basa en la evidencia de que los benecios poten-
ciales del tratamiento se ven socavados por la falta de
adherencia (Velligan et al., 2017).
26. Pseudorresistencia en esquizofrenia
Si bien tiene diferentes acepciones, la pseudorresisten-
cia hace referencia a la situación cuando la condición
de un paciente no responde a un tratamiento, pero no
se cumplen completamente los criterios para hablar
de resistencia al tratamiento debido, por ejemplo, a un
diagnóstico incorrecto, a una exposición reducida al
tratamiento, entre otros factores (Howes et al., 2022).
La pseudorresistencia es producto, además, de la
inestabilidad diagnóstica muy frecuente en el campo
de la Psiquiatría y particularmente en la psicosis (Baca
Garcia et al., 2007). En primer lugar, estas dicultades
exigen una historización minuciosa y profunda antes
de un diagnóstico apresurado de una resistencia al
tratamiento que, en denitiva, no es tal.
Además de las mencionadas fallas en el registro
que conllevan a un diagnóstico incorrecto, otra causa
común es la prescripción en dosis subterapeúticas, ya
que los fármacos requieren concentraciones sucien-
tes para cruzar la barrera plasmática cerebral y actuar
sobre el target terapéutico. También se incluyen como
causas de pseudorresistencia la falta de adherencia al
tratamiento (Howes et al., 2022; Corrales et al., 2021)
y la pobre absorción intestinal por alteraciones endo-
teliales y las alteraciones en la metabolización (Ver Fi-
gura 3 y Cuadro 7).
Una consideración aparte sería el hecho que al-
gunos tratamientos pueden estar asociados con una
curva dosis-respuesta en forma de campana, donde
mayores aumentos de la dosis conducen a una dismi-
nución de la ecacia y, en este escenario, dosis altas de
la medicación podrían ser responsables de pseudorre-
sistencia (Terao et al., 2020).
Entonces, el fenómeno de pseudorresistencia en la
esquizofrenia no ocurriría exclusivamente debido a la
falta de acción farmacodinámica del/los antipsicóti-
co/s (Corrales et al., 2021), sino que, por el contrario,
está mediada por los factores que se enunciaron pre-
viamente, a los que se podrían sumar también causas
Cuadro 7. Factores más relevantes para detectar pseudorresistencia
Cuando observamos una aparente resistencia, pensar en la posibilidad de:
1. Falta de adherencia.
2. Diagnóstico erróneo.
3. Que los fármacos no cumplan con estándares de calidad.
4. Consumo de sustancias concomitante.
5. Falta de concentración plasmática adecuada del/los fármacos.
Figura 3. Factores de pseudorresistencia relacionados al
tratamiento (Howes, 2022)
A. Una baja adherencia al tratamiento o el olvido de tomar la medica-
ción pueden provocar una ingesta insuciente del fármaco para lograr
una respuesta terapéutica.
B. Polimorsmos en las glucoproteínas P del endotelio intestinal pueden
causar una mala absorción de los fármacos y, por lo tanto, una exposi-
ción insuciente al medicamento.
C. El tabaco induce la expresión de enzimas CYP450, especialmente la
CYP1A2, en el hígado.
D. Polimorsmos en las enzimas CYP450 que aumentan su actividad o
la administración conjunta de otros medicamentos (psiquiátricos o no)
que actúan como inductores enzimáticos tendrán un efecto similar.
E. Una baja acumulación del fármaco en el cerebro, debido a una escasa
permeabilidad de la barrera hematoencefálica y/o a polimorsmos en las
glucoproteínas P, puede dar lugar a niveles insucientes del fármaco en
el sistema nervioso central para lograr una respuesta terapéutica.
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clínicas (Potkin et al., 2020). A continuación, se enu-
meran todos los factores que estarían asociados a la
pseudorresistencia:
1. Diagnóstico incorrecto (Howes et al., 2022; Corra-
les et al., 2021).
2. Dosis inadecuada del antipsicótico (Corrales et al.,
2021).
3. Esquema terapéutico inadecuado (Howes et al.,
2022).
4. Duración inadecuada del tratamiento antipsicóti-
co (Corrales et al., 2021).
5. Niveles plasmáticos insucientes del antipsicótico.
6. Escasa adherencia al tratamiento antipsicótico
(Go et al., 2010).
7. Efectos adversos que enmascaran la respuesta al
antipsicótico (acatisia, parkinsonismo, caterexia,
etc.) (Howes et al., 2022; Corrales et al., 2021).
8. Condiciones médicas comórbidas que enmascaran
la respuesta al antipsicótico (Corrales et al., 2021).
9. Manejo inadecuado de las comorbilidades psiquiá-
tricas.
10. Consumo de sustancias activo asociado.
11. Necesidad no cubierta de gura de apoyo (por
ejemplo, acompañante terapeútico).
12. Falta de estimulación psicosocial.
Es importante hacer algunas consideraciones adi-
cionales. En primer lugar, si pretendemos jerarquizar
los factores que favorecen la pseudorresistencia, el
primero sería la falta de adherencia que en esquizo-
frenia es mayor que en el resto de los trastornos psi-
quiátricos (50 % o más de los pacientes no toman, o
no toman adecuadamente la medicación) (Go et al.,
2010). Además, la falta de adherencia puede enten-
derse como la expresión conductual de una alteración
del juicio, particularmente vinculada a la ausencia de
conciencia de enfermedad, fenómeno conocido como
falta de insight o anosognosia (Jahuar et al., 2022).
Lo expuesto pone de relevancia la pseudorresisten-
cia no estaría unicamente vinculada a lo farmacológi-
co: lo mismo podría argumentarse en relación a la ca-
rencia de acciones de estimulación que son de extrema
importancia en la enfermedad (Jahuar et al., 2022), a
como no contar con estrategias de apoyo conductual
(acompañamiento terapeútico) que desempeñarían
un papel clave en el desarrollo de habilidades.
Un último aspecto sería el de las comorbilidades
(Gangdev, 1999) y no nos referimos a la presencia
de la comorbilidad en sí misma, sino a su inadecua-
do diagnóstico y manejo que terminarían afectando
tanto los procesos diagnósticos como los terapéuti-
cos (Gangdev, 1999). Sería el caso, por ejemplo, de
los trastornos de ansiedad donde las dicultades en el
manejo terapéutico pueden originar falta de respuesta
del cuadro integralmente. Lo mismo ocurriría con el
trastorno obsesivo compulsivo, con el agravante que,
en este caso, la presencia conjunta de síntomas po-
dría congurar un cuadro diferente (Rasmussen et al.,
2022); así como con el trastorno bipolar, el trastorno
depresivo mayor y el trastorno de personalidad (Ler-
manda et al., 2013). Esta sería entonces la importan-
cia crucial de contar no solo con un buen diagnóstico,
sino fundamentalmente con un manejo correcto de
las comorbilidades.
A modo de síntesis, más allá de tener presente
todos los factores que pueden provocar el fenómeno
pseudorresistencial, este Consenso recomienda con-
siderar, cuando hay una aparente refractariedad, la
posibilidad de falta de adherencia, de que se haya rea-
lizado un diagnóstico erróneo, de que los fármacos no
cumplan con estándares de calidad, de que haya un
consumo de sustancias concomitante y de que no haya
una concentración plasmática adecuada del fármaco
(algo muy común en estos pacientes).
27.Tratamiento de mantenimiento
El concepto de tratamiento de mantenimiento implica
la atención continua luego de un tratamiento inicial.
El tratamiento de mantenimiento para la esquizo-
frenia tiene como objetivo minimizar los síntomas,
prevenir las recaídas y mejorar el funcionamiento
general, utilizando antipsicóticos como herramienta
principal del abordaje.
El tratamiento de mantenimiento para la esquizo-
frenia requiere un abordaje individualizado, buscando
un adecuado equilibrio entre la evidencia y las prefe-
rencias del paciente y su red de apoyo. El enfoque de
mantenimiento con medicación antipsicótica puede
ser ecaz para muchos pacientes, pero la variabilidad
en las respuestas requiere un enfoque individualizado,
que equilibre los benecios y los efectos adversos.
El seguimiento y el monitoreo del tratamiento
debe incluir la revisión periódica de síntomas y la eva-
luación de efectos secundarios mediante la evaluación
con entrevistas enfocada y estructurada con la ayuda
de instrumentos de evaluación sintomático y funcio-
nal. La indicación de pruebas de laboratorio periódi-
cas también forma parte de la evaluación periódica en
el tratamiento de mantenimiento.
La evaluación de los efectos adversos incluye:
síntomas extrapiramidales, discinesia tardía, efectos
endócrinos y metabólicos, efectos cardiovasculares,
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efectos anticolinérgicos, sedación, hematológicos. Su
manejo es el mismo que se utiliza en la fase aguda del
tratamiento.
Un estudio de Ceraso et al. (2022) (n=9145) ana-
lizó la tasa de recaídas a lo largo de doce meses en in-
dividuos con esquizofrenia, demostrando una tasa de
recaída del 24 % en aquellos individuos con medicación
vs. un 61 % en aquellos con placebo. Esta signicativa
reducción (RR= 0.38; IC 95 %: 0.32 - 0.45) destaca el
rol fundamental de la medicación antipsicótica a largo
plazo al reducir signicativamente la probabilidad de
recaídas, la tasa de hospitalización (7 % en aquellos pa-
cientes con medicación vs. 18 % en aquellos con place-
bo) y probabilidad de alcanzar la remisión sintomática
(53 % en aquellos con medicación vs. 31 % con place-
bo). Incluso, la calidad de vida y el funcionamiento so-
cial han sido mejores en aquellos pacientes con medica-
ción, comparado con aquellos con placebo.
Una revisión sistemática y metaanálisis en red de
2022 evaluó la ecacia y la prevención de recaídas de
32 antipsicóticos orales y antipsicóticos de larga dura-
ción. Los resultados no encontraron diferencias claras
en la prevención de recaídas por lo cual la elección
del antipsicótico en el tratamiento de mantenimiento
debe estar guiada por la tolerabilidad. Los antipsicóti-
cos de larga duración (LAI) pueden considerarse para
pacientes que tienen dicultades para cumplir con la
medicación oral. Se ha demostrado que los LAI son
ecaces para mantener el control de los síntomas y
prevenir las recaídas (Schneider-oma et al., 2022).
En cuanto a la duración del tratamiento con medi-
cación antipsicótica, se recomienda que sea de entre
dos a tres años luego un primer episodio de esquizo-
frenia. En el caso de pacientes con múltiples episo-
dios, se recomienda un tratamiento de mantenimien-
to prolongado, aunque nuevamente, en ambos casos,
se enfatiza sobre la individualización y caracterización
para cada paciente (Hui, 2022).
La comorbilidad con trastornos afectivos y de an-
siedad llevaa un aumento de la morbilidad, limitación
del funcionamiento, mayores tasas de recaídas y me-
nor calidad de vida. Puede ser un desafío la detección
de trastornos comórbidos, difíciles de distinguir de
síntomas de la esquizofrenia que no involucren las
dimensiones positivas y negativas. Estos trastornos
pueden tratarse con medicación antidepresiva y esta-
bilizadores del ánimo, aunque la ecacia y el benecio
general de estas intervenciones tienen resultados mix-
tos y requieren mayores estudios (Stroup et al., 2019).
La disminución gradual de la medicación antipsi-
cótica podría beneciar a un subgrupo de pacientes
con esquizofrenia, posibilitando el mantenimiento de
la estabilidad a largo plazo. Esta estrategia implica re-
ducir lentamente la dosis de medicación antipsicótica
con el objetivo de encontrar la dosis mínima efectiva
que controle los síntomas y minimice los efectos se-
cundarios (Davidson y Carpenter, 2024).
Sin embargo, esta estrategia requiere una selec-
ción cuidadosa de los pacientes candidatos. Los pa-
cientes que tienen un historial de recaídas frecuentes,
que presentan síntomas psicóticos persistentes o que
tienen comorbilidades médicas graves pueden no ser
candidatos adecuados para la disminución gradual de
la medicación antipsicótica. Este enfoque puede ayu-
dar a mejorar la función cognitiva y social del pacien-
te, y puede aumentar su sentido de bienestar.
No obstante, es importante señalar que la disminu-
ción gradual de la medicación antipsicótica también
puede conllevar riesgos. Estos riesgos incluyen un
aumento de la tasa de recaídas, especialmente en pa-
cientes que tienen un historial de recaídas frecuentes.
Por lo tanto, la decisión de disminuir gradualmente
la medicación antipsicótica debe tomarse de manera
individualizada, teniendo en cuenta los riesgos y be-
necios potenciales para cada paciente.
Se ha propuesto una estrategia de tratamiento in-
termitente, en la que la medicación antipsicótica se
administra únicamente durante los episodios de psi-
cosis o exacerbación, y luego se suspende cuando el
paciente se estabiliza. Sin embargo, la heterogeneidad
de los estudios, el diseño de estos y la interpretación
de los resultados no permiten establecer claramente
qué pacientes se benecian más de una estrategia con-
tinua o intermitente.
Se enfatiza la importancia de considerar la carac-
terización de los perles individuales de los pacientes
para decidir el tipo de estrategia en el tratamiento de
mantenimiento en la esquizofrenia.
Continuar el tratamiento con antipsicóticos en dosis
estándar o cambiar a otro antipsicótico con diferente
perl son dos estrategias igualmente efectivas (Ostuzzi
et al., 2022). Este enfoque podría ser más efectivo en
la prevención de recaídas comparado con los enfoques
de reducción de dosis y enfoque intermitente o suspen-
sión, de acuerdo con una revisión sistemática y metaa-
nálisis en red que incluyó 101 ensayos clínicos rando-
mizados (n=13988) (Ostuzzi et al., 2022).
Si bien la medicación antipsicótica es esencial en el
tratamiento de mantenimiento, existe evidencia que las
intervenciones psicosociales coadyuvantes ayudan a
mejorar el outcome del tratamiento sobre la prevención
de recaídas, mejorando el funcionamiento y la calidad
de vida. Las principales intervenciones basadas en las
evidencias son: terapia cognitivo conductual, psicoe-
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ducación familiar e individual, entrenamiento en ha-
bilidades sociales, programas vocacionales y promo-
ción de empleo (Bighelli et al., 2021). Dentro de estas
intervenciones, la psicoeducación desempeña un papel
fundamental, ya que promueve la adherencia a la medi-
cación, informa sobre los efectos adversos y enfatiza el
riesgo aumentado de recaída debido a la interrupción
prematura y no supervisada del tratamiento.
28. Prevención de recaídas
Una de las principales preocupaciones en el manejo
de la esquizofrenia son las recaídas, cuyos nuevos epi-
sodios conducen a mayor hospitalización, limitación
y declive funcional, así como reducción en la calidad
de vida.
Las recaídas se denen como la reaparición de sín-
tomas psicóticos luego de un período de estabilidad.
Utilizar criterios denidos por escalas ayuda a inter-
venciones tempranas, basadas en el empeoramiento
de la sintomatología y el funcionamiento. Uno de es-
tos criterios propuestos es el aumento de 12 puntos
cuando se utiliza la escala PANSS, pudiendo ser in-
dicador de desmejoría clínica y correlacionando este
valor con un empeoramiento de la severidad (≥1 pun-
to en la escala CGI-S, Clinical Global Impression Sca-
le-Severity) y en el funcionamiento (pérdida de ≥10
puntos en la escala PSP o SOFAS (Sias et al., 2024).
El uso de estos criterios denidos por escalas per-
mite a los profesionales identicar tempranamente las
recaídas en personas con esquizofrenia y posibilitar
intervenciones tempranas para prevenir la hospitali-
zación y mejorar el pronóstico.
La prevención de recaídas requiere un abordaje de
monitoreocontinuo enfatizando sobre la adherencia al
tratamiento y la identicación y el abordaje de los fac-
tores de riesgo asociados. Uno de los factores de riesgo
más importantes es la falta de adherencia a la medi-
cación. Es importante evaluar los efectos secundarios
asociados, la falta de insight, las limitaciones socioe-
conómicas y el estigma como variables asociadas a la
falta de adherencia.
La falta o deciencia de insight es uno de los ma-
yores desafíos en el tratamiento de la esquizofrenia.
Aquellas intervenciones que buscan mejorar el insight
y la autogestión de la enfermedad y el tratamiento han
demostrado benecios importantes para mejorar la
adherencia al tratamiento y, por lo tanto, la reducción
en las recaídas.
Otros factores de riesgo asociados a la falta de adhe-
rencia a la medicación son: abuso de sustancias (alta-
mente correlacionado con las tasas de recaídas), even-
tos estresantes de la vida, falta de apoyo social, presente
de síntomas o trastornos del estado de ánimo.
El objetivo primario en la prevención de recaídas
es mantener la estabilidad clínica y prevenir la recu-
rrencia de los síntomas psicóticos.
La prevención de recaídas en esquizofrenia invo-
lucra intervenciones farmacológicas y psicosociales.
Una de las estrategias utilizadas en la prevención de
recaídas es el tratamiento de mantenimiento con me-
dicación antipsicótica mediante el uso de dosis es-
tándar. Este enfoque ha sido uno de los más efectivos
en prevenir recaídas, demostrado en el metaanálisis
de Ostuzzi et al. (2022). Un enfoque centrado en el
paciente con posibilidad de incluir evaluaciones au-
toadministradas, centrado en las opciones de medica-
ción con sus benecios y riesgos, así como ofrecer un
tratamiento con antipsicóticos de acción prolongada,
puede ayudar a mejora la adherencia al tratamiento.
La indicación de antipsicóticos de acción prolon-
gada puede ser una intervención beneciosa en aque-
llos pacientes cuya adherencia a la medicación es baja
o errática. Este tipo de intervención garantiza la ad-
ministración continua del antipsicótico, ayudando a
disminuir la uctuación sintomática, reducir la nece-
sidad de recordar tomas diarias de medicación oral, y
a discernir casos de incumplimiento y pseudorresis-
tencia al tratamiento (Ostuzzi et al., 2022).
La reducción de dosis del antipsicótico está asocia-
da a mayor riesgo de recaída comparado con el trata-
miento continuo, por lo cual esta estrategia debe ser
evaluada cuidadosamente e individualizada.
Abordaje longitudinal de la esquizofrenia: recomendaciones para la fase de mantenimiento
Si bien no existe una denición concluyente respecto a la duración óptima del tratamiento farmacológico en la esquizofrenia
—y las guías clínicas disponibles no establecen recomendaciones taxativas en este sentido—, el presente consenso de expertos
sostiene que, una vez conrmado el diagnóstico de esquizofrenia, el tratamiento antipsicótico no debería interrumpirse, dado el
elevado riesgo de recaída y el impacto funcional asociado a las descompensaciones psicóticas.
Asimismo, el tratamiento farmacológico debe integrarse en el marco de un abordaje terapéutico integral que incluya intervencio-
nes psicosociales, estrategias sistemáticas de monitoreo de la adherencia, vigilancia periódica de efectos adversos y comorbilida-
des médicas, así como la promoción activa de un estilo de vida saludable. Este enfoque multimodal resulta esencial para optimizar
los resultados clínicos, mejorar el funcionamiento psicosocial y reducir la morbimortalidad asociada a la enfermedad.
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Las intervenciones psicosociales basadas en la evi-
dencia que han demostrado ecacia para la preven-
ción de recaídas junto al tratamiento antipsicótico han
sido la terapia cognitivo conductual, las intervencio-
nes familiares y la psicoeducación.
Las intervenciones familiares están destinadas a
reducir la carga familiar y ayudar a la adherencia al
tratamiento, así como educar sobre la naturaleza de la
esquizofrenia, factores estresores y señales de recaída.
La terapia cognitivo conductual ayuda a desarrollar
habilidades y estrategias para mejorar el insight y la ad-
herencia al tratamiento, así como a la identicación y
la modicación de pensamientos disfuncionales y las
habilidades de afrontamiento de situaciones de estrés.
Los programas de psicoeducación ayudan a educar
a los pacientes acerca de su enfermedad, las opciones
terapéuticas y la importancia de la adherencia.
Incluso, la combinación e integración de estas in-
tervenciones han demostrado su ecacia en la preven-
ción de recaídas (Bighelli et al., 2021). Esto se debe a
que, al combinar diferentes enfoques, se pueden abor-
dar múltiples factores que contribuyen a la recaída.
29. Comorbilidades
El término comorbilidad fue introducido en medicina
en la década de 1970 por Feinstein para denotar aque-
llos casos donde una nueva enfermedad era indexada
al curso evolutivo de otra que el paciente presentaba
de forma previa. A continuación, revisaremos de for-
ma agrupada las principales comorbilidades clínicas
que exhiben los pacientes con esquizofrenia.
29.1. Esquizofrenia, síndrome metabólico
(SM) y diabetes mellitus tipo II (DBT II)
El síndrome metabólico es denido por el National
Cholesterol Education Program, Adult Treatment Pa-
nel III (NCEP-ATP III), como el fenotipo compuesto
por la presencia de tres o más de los siguientes cinco
componentes: hipertensión arterial, obesidad abdo-
minal, hiperglucemia en ayunas, hipertrigliceridemia
y colesterol HDL bajo (ver Tabla 19) (Grundy et al.,
2005). Mientras, la International Diabetes Federation
(IDF) centra su denición en la circunferencia de cin-
tura (Alberti et al., 2005) (ver Tabla 20). Su presencia
se encuentra asociada con la resistencia periférica a la
insulina que incrementa 4 veces el riesgo de diabetes
(Hanley et al., 2005) y 2 veces el riesgo de enfermeda-
des cardiovasculares y cerebrovasculares (Gami et al.,
2007; Hayden, 2023).
Un metaanálisis sobre los estudios publicados que
analizaron la prevalencia de SM en pacientes con es-
quizofrenia ha evidenciado tasas de prevalencia del
32 % y 35.3 % cuando se tomaron las deniciones de
ATP III e IDF, respectivamente (Mitchel et al., 2013).
El riesgo de los pacientes con esquizofrenia de presen-
tar SM se encuentra incrementado cuando se analizan
aspectos tales como hábitos insalubres, el tabaquismo
(de León & Díaz et al., 2005; Fornaro et al., 2022), el
sedentarismo (Zarbo et al., 2023) y la mala alimen-
tación (Dipasquale et al., 2013; van Zonneveld et al.,
2022), así también las dicultades en el acceso a los
cuidados de salud (Mitchell et al., 2009).
En pacientes que cursan su primer episodio psicó-
tico, sin exposición previa a antipsicóticos se ha ob-
Tabla 18. Prevención de recaídas en esquizofrenia
Aspecto clave Descripción Estrategias
Denición de recaída Reaparición de síntomas psicóticos tras un
período de estabilidad.
Utilizar escalas para intervenciones tempranas
basadas en síntomas y funcionamiento.
Factores de riesgo
Falta de adherencia a la medicación, abuso de
sustancias, eventos estresantes, falta de apoyo
social, síntomas del estado de ánimo.
Evaluar otros dominios sintomáticos, efec-
tos secundarios, falta de insight, limitaciones
socioeconómicas y estigma.
Objetivo primario Mantener la estabilidad clínica y prevenir la
recurrencia de síntomas psicóticos.
Tratamiento de mantenimiento con antip-
sicóticos, monitoreo continuo y estrategias
individualizadas.
Intervenciones farmacológicas Tratamiento de mantenimiento con antipsicó-
ticos, antipsicóticos de acción prolongada.
Evitarreducción de dosis (aumenta el riesgo de
recaída).
Intervenciones psicosociales Terapia cognitivo conductual (TCC), interven-
ciones familiares, psicoeducación.
Combinar e integrar estas intervenciones para
mayor ecacia.
Enfoque integral Abordar factores de riesgo, adherencia al
tratamiento, educación y apoyo.
Monitoreo continuo y estrategias individuali-
zadas.
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servado una prevalencia mayor de SM que la pobla-
ción general OR= 2.52 (IC 1.29-5.07) (Garrido-Torres
et al., 2021), incrementándose este riesgo cuando los
pacientes se encuentran bajo tratamiento farmacoló-
gico (Vancampfort et al., 2015). Este contrapunto re-
sulta importante si sopesamos riesgos y benecios del
tratamiento farmacológico, entendiendo las compli-
caciones devenidas de este y, a su vez, el impacto nega-
tivo de la enfermedad descompensada. Sabemos que
la primera línea para el abordaje farmacológico de la
esquizofrenia son los antipsicóticos que mediante su
efecto en los siguientes neurotransmisores: bloqueo
H1 y 5-HT2c (Sthal, 2021), exhiben un riesgo per se
de provocar síndrome metabólico (Correl et al., 2015).
Se ha detectado que el riesgo de provocar este
efecto adverso es superior para los antipsicóticos de
segunda generación (ASG) en comparación con los
antipsicóticos de primera generación (APG) (Hartling
et al., 2012), pudiendo establecerse el siguiente orden
decreciente en el riesgo de la aparición de SM entre
los ASG: aripiprazol 19.4 %, amisulpirida 22.8 %, ris-
peridona 28 %, quetiapina 30.7 %, olanzapina 38.1 % y
clozapina 47.2 % (Vancampfort et al., 2015).
Los denominados AP de tercera generación: cari-
prazina y brexpiprazol junto con lurasidona exhiben
un riesgo metabólico similar al detectado con aripi-
prazol, siendo opciones superadoras pensando en el
riesgo de aparición de SM (Ricci et al., 2024). En el
análisis individualizado de las variables que componen
el SM, se ha detectado una prevalencia de obesidad de
49.4 % y 44.4 % considerando los criterios de ATP e
IFD, respectivamente (Mitchell et al., 2013).
Entre las intervenciones farmacológicas destinadas
a contrarrestar el riesgo de aparición de este problema
clínico adicional, el uso de metformina se destaca sin
preocupaciones relativas a su perl de seguridad como
una estrategia ecaz para evitar la ganancia de peso
de los pacientes con esquizofrenia, como se observa
en un metaanálisis recientemente publicado (Agarwal
et al., 2023). Este riesgo se reduce cuando el paciente
realiza actividad aeróbica de forma regular (Breddin
et al., 2022). Nuevas opciones terapéuticas, tales como
liraglutida o semaglutida, pueden ser consideradas
ante el fracaso del uso de metformina (Deutch, 2017;
Prasad et al., 2023).
Por otro lado, la tasa de hiperglucemia fue de 19.5 %
(>110 mg/dl; ATP) y 18.8% (IDF > 100 mg/dl), mien-
tras que la de hipertrigliceridemia fue 39.3 % e hipo-
colesterolemia HDL 42.6 % (Mitchel et al., 2013) en
pacientes con esquizofrenia. Adicionalmente, los pa-
cientes con esquizofrenia han exhibido un riesgo ma-
yor de presentar diabetes mellitus tipo II, siendo esta
asociación superior en pacientes con múltiples episo-
dios en comparación con los que han exhibido un pri-
mer episodio psicótico (Vancampfort et al., 2016). El
riesgo de los pacientes con esquizofrenia de presentar
diabetes mellitus tipo II es a su vez mayor en aquellos
expuestos a antipsicóticos a excepción de aripirazol y
amisulpirda, brexpiprazol, cariprazina y lusaridona
(Vancampfort et al., 2016; Ricci et al., 2024).
29.2. Esquizofrenia y enfermedades
cardiovasculares y cerebrovasculares
El uso de AP (fármacos de primera línea en el abor-
daje farmacológico de la esquizofrenia) (Sacchetti et
al., 2010) y hábitos pocos saludables de los pacientes
esquizofrénicos como el tabaquismo, la obesidad, el
sedentarismo y el estilo de alimentación inadecua-
do explican, en parte, la mayor incidencia que estos
pacientes exhiben de presentar enfermedades cardio-
vasculares y cerebrovasculares (McCreadie y Scotti-
sh Schizophrenia Lifestyle Group, 2003). Existirían
diferencias en el riesgo cardiometabólico de los AP
siendo superior para olanzapina y clozapina e inferior
para aripiprazol, lurasidona, cariprazina, amisulpirida
(Correl et al., 2015). A esto se le debe añadir, como he-
mos visto, el mayor riesgo de los pacientes con esqui-
zofrenia de presentar DBT tipo II (Vancampfort et al.,
2016), dislipidemia e hipertensión arterial (Vancamp-
Tabla 19. Denición del NCEP-ATP III
Tres o más de los siguientes componentes
Glucemia en ayunas >100 mg/dl o medicación especíca
Perímetro abdominal >102 cm en varones o > 88 cm en
mujeres
Presión arterial >130/85 mm Hg o medicación
especíca
Colesterol HDL < 40 mg/dl en varones o < 50 mg/dl
en mujeres o medicación especíca
Triglicéridos >150 mg/dl
Tabla 20. Denición de la IDF
Circunferencia abdominal > 94 cm en varones o > 80
cm en mujeres y dos o más de los siguientes compo-
nentes
Glucemia en ayunas >100 mg/dl o diabetes tipo II
Presión arterial >130/85 mm Hg o medicación
especíca
Colesterol HDL < 40 mg/dl en varones o < 50 mg/dl
en mujeres o medicación especíca
Triglicéridos >150 mg/dl
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fort et al., 2015) que se comportan como variables que
intereren negativamente en el riesgo de aparición de
estas comorbilidades clínicas.
Un metaanálisis sobre 13 estudios de cohorte con
un total de 3.549.950 individuos ha evidenciado un
mayor riesgo de incidencia de los pacientes esquizo-
frénicos de presentar enfermedades cardiovasculares
que la población general RR=1.53 (95 % IC: 1.27-1.86),
mientras que también fue superiorel riesgo individua-
lizado de incidencia de enfermedad coronaria RR=
1.20 (95 % IC: 0.93-1.53), accidente cerebrovascular
RR= 1.71 (95 % IC: 1.19-2.46) e insuciencia cardíaca
RR= 1.81 (95 % IC: 1.42-2.29) (Fan et al., 2013).
Posteriomente, otros metaanálisis han añadido al
estudio nuevas publicaciones, que rearmaron la aso-
ciación entre esquizofrenia y stroke, no evidenciaron
diferencias por género, pero sí asociaron en estos pa-
cientes la presencia del ACV con una mayor mortali-
dad en el corto plazo ≤90 días (HR= 1.37) y largo pla-
zo ≥1 año (HR= 1.45) (Li et al., 2014; Chu et al., 2024).
Del mismo modo, otros estudios han replicado el dato
de la asociación de AP con enfermedad coronaria e
insuciencia cardíaca, relacionando estos eventos a
una mayor mortalidad en pacientes esquizofrénicos
(Correl et al., 2017), incrementándose esta tasa tanto
en el corto como largo plazo (Hannoodee et al., 2021).
29.3. Esquizofrenia y enfermedades
pulmonares
Los pacientes con esquizofrenia han evidenciado un
riesgo mayor de presentar síndrome de apnea obs-
tructiva del sueño (SAOS) comparado con sujetos no
esquizofrénicos HR= 1.97. Los mayores registros de
obesidad, dislipidemia, diabetes y exposición a AP en
sujetos esquizofrénicos explican en parte esta asocia-
ción (Wu et al., 2020).
Por otro lado, como hemos mencionado, los pa-
cientes esquizofrénicos exhiben alta prevalencia de
consumo de tabaco (Fornaro et al., 2022). Una revi-
sión sistemática recientemente publicada ha eviden-
ciado un riesgo superior al 50 % de los pacientes que
presentan esquizofrenia de padecer enfermedad pul-
monar obstructiva crónica (EPOC) en comparación
con controles sanos (Jaén-Moreno et al., 2023). Así, la
incidencia de nuevos casos de EPOC en pacientes con
esquizofrenia es de 2.21 casos/100 personas al año,
mientras que es de 1.43 casos/100 personas al año en
la población general, siendo esta diferencia signica-
tiva desde el punto de vista estadístico y clínico (Hsu
et al., 2012). Cuando se la compara con la población
general, se observa un incremento de la mortalidad
por EPOC tanto en mujeres (HR 3.31 IC 2.23-4.91)
como en hombres (HR 6.28, IC 4.66-8.4).
Además, los pacientes con esquizofrenia exhiben
un riesgo incrementado de presentar cáncer de pul-
món en comparación con la población general (RR =
1.93 IC 1.46–2.54), siendo mayor el riesgo de mortali-
dad en mujeres (RR = 2.49 IC 2.40–2.59) y en hombres
(RR = 2.40 IC 2.30-2.50) (Ni et al., 2019). De modo,
que intervenciones precoces sobre el tabaquismo y el
riesgo de EPOC como las intervenciones psicológicas
de cesación tabáquica o bien el abordaje farmacológi-
co (bupropión, terapia de reemplazo de nicotina) se
presentan como estrategias destinadas a contrarrestar
estos desenlaces desfavorables (Hawes et al., 2021).
Por último, un metaanálisis sobre 21 estudios con
619.214 pacientes con esquizofrenia comparados con
52.159.551 individuos de la población ha evidenciado
no solo un mayor riesgo de EPOC (odds ratio [OR]:
1.82 IC 1.28-2.57), sino también de asma (OR: 1.70
IC 1.02-2.83), y neumonía (OR: 2.62 IC 1.10-6.23) en
pacientes con esquizofrenia (Suetani et al., 2021)
29.4. Esquizofrenia y enfermedades
ginecológicas
Un metaanálisis efectuado sobre un total de 50.402
mujeres expuestas a AP evidenció en esta población
un riesgo 1.67 veces superior de presentar cáncer gi-
necológico en comparación con la población no ex-
puesta (deMoraes et al., 2024). Previamente, al menos
2 metaanálisis habían evidenciado un riesgo mayor en
mujeres esquizofrénicas de tener cáncer de mama en
comparación con la población general RR=1.18 (Xi-
ping et al., 2019) y RR=1.31, respectivamente (Zhuo
& Triplett, 2018).
En lo relativo a la mayor incidencia de cáncer de
mamadebemos destacar el mayor riesgo de las mujeres
esquizofrénicas de presentar obesidad (Renehan et al.,
2008), diabetes (Boyle et al., 2012) e hiperprolactinemia
(DeHert et al., 2016) que junto a la menor realización
de los screenings mamarios se presentan como expli-
caciones posibles de esta mayor asociación (Jensen et
al., 2016). Aunque durante mucho tiempo los
AP han sido teorizados como el vector conector entre
la asociación de cáncer de mama y esquizofrenia, un
metaanálisis sobre estudios observacionales ha demos-
trado una asociación genética intrínseca entre ambas
enfermedades que excede los límites del potencial im-
pacto de los AP (Tang et al., 2022).
29.5. Esquizofrenia y enfermedades infecciosas
Un estudio de cohorte realizado con 44.109 adoles-
centes esquizofrénicos luego de su primer episodio
psicótico comparados con 176.436 sin esquizofrenia,
evidenció un riesgo mayor en el primer grupo de con-
traer enfermedades de transmisión sexual (hazard ratio
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[HR] = 2.35 IC 2.08-2.64), siendo estas infecciones el
virus de la inmunodeciencia humana (VIH) y la sí-
lis. Este riesgo se acrecentó en aquellos pacientes que
además exhibían un trastorno por abuso de sustancias
o formas más severas de la enfermedad, y se redujo en
aquellos que se encontraban en tratamiento farmacoló-
gico con AP (Liang et al., 2020). Además, un metaaná-
lisis recientemente publicado ha evidenciado un mayor
riesgo de los pacientes con esquizofrenia de contraer
virus de la hepatitis B y C (Aymerich et al., 2024).
Sabemos que las personas con esquizofrenia ex-
hiben mayores dicultades en la toma de decisiones
(Sterzer et al., 2019) y en el cuidado de su salud física
que los sujetos sanos, esta situación se exacerba en el
contexto de la enfermedad descompensada. Por eso,
más allá de trabajar activamente, sobre todo cuando
el paciente se encuentra en fase de remisión, sobre la
importancia del uso de preservativo (Posada Correa et
al., 2020), el tratamiento farmacológico y, por ende, la
estabilización de la enfermedad resulta una estrategia
efectiva para reducir el riesgo de ETS.
29.6. Esquizofrenia y enfermedades oncológicas
Previamente hemos revisado lo relativo al riesgo de
cáncer de pulmón y de mama. Pese a la mayor preva-
lencia de enfermedades oncológicas y la mayor morta-
lidad asociada a estas, un metaanálisis ha dado cuenta
de que las personas con trastornos mentales severos
exhiben un menor cumplimiento de los screenings
para detección precoz de cáncer de mama, cáncer de
útero y cáncer de próstata, aunque no así para el cán-
cer colorrectal que se presenta igual que la población
general (Solmi et al., 2020). Fomentar el cumplimento
de los screenings oncológicos en esta población co-
rresponde a una de las medidas más importantes de
cara a disminuir la mortalidad asociada a su aparición.
29.7. Esquizofrenia y otras comorbilidades
clínicas
Una revisión sistemática y metaanálisis que compa-
ró 52.426 personas con esquizofrenia con 4.001.043
controles sanos, ha evidenciado que las personas con
esquizofrenia, independientemente del sexo, exhiben
una menor densidad mineral ósea, y mayor riesgo de
osteoporosis y fractura que la población general (Azi-
mi Manavi et al., 2024). Aspectos a considerar en esta
asociación se vinculan a las altas cifras de tabaquismo
(de León, Díaz et al., 2005) y desnutrición (Dipas-
quale et al., 2013), así como los bajos niveles séricos
de vitamina D y de actividad física de estos pacientes
(Lally et al., 2019). Parte de esta correlación puede ser
explicada por la exposición a AP que incrementan los
riesgos de presentar mareos que favorecen las caídas y
fracturas óseas (Oderda et al., 2012).
Además, debemos considerar el riesgo de hiper-
prolactinemia que estos fármacos producen, el cual
podría contribuir a la aparición de desmineralización
ósea (Stubbs, 2009; Kinon et al., 2013). Aldunos estu-
dios han demostrado que esta asociación persiste in-
cluso cuando se controla la variable “exposición a AP”
existiendo otros aspectos vinculados a hábitos poco
saludables (ejemplo: sedentarismo, mala alimenta-
ción, etc.) de los pacientes con esquizofrenia que con-
tribuyen a esta asociación (Partti et al., 2010; Cui et al.,
2018; Liang et al., 2019).
30. Esquizofrenia y mortalidad
La mortalidad en los pacientes con esquizofrenia es
considerablemente mayor que en la población general
(Solmi et al., 2024). Un metaanálisis sobre 135 estu-
dios de cohorte compara la mortalidad de 4.5 millones
de personas esquizofrénicas con cerca de 1.11 billones
de individuos de la población general, evidenciando
en aquellas personas que padecen de esquizofrenia un
riesgo 2.9 veces mayor de todas las causas de morta-
lidad, y un riesgo 1.6 veces mayor de contraer enfer-
medades físicas que la población general (Correl et al.,
2022). En la misma línea, se estima que la expectativa
de vida de las personas con esquizofrenia es hasta in-
cluso 15-25 años menor que la población general, dato
replicado en estudios realizados en diferentes países
(Hennekens et al., 2005; Lawrence et al., 2010; Crump
et al., 2013; Plana-Ripoll et al., 2019; Chan et al., 2023).
Así, mientras la expectativa de vida de la población
mundial ha registrado un incremento esto no se ha
observado en pacientes con esquizofrenia (Llorca-Bo-
fí et al., 2024). Así observamos que en una cohorte
nlandesa que compara 34.809-42.712 pacientes con
esquizofrenia con 3.877.129-4.515.838 individuos sa-
nos entre 1984 y 2014 no ha evidenciado un cambio
signicativo en las tasas de mortalidad, que ha perma-
necido relativamente estable a lo largo del seguimien-
to (1984=2.6; 2014=2.7) (Tanskanen et al., 2018).
Las principales causas a las que se le atribuye el ex-
ceso de mortalidad de los pacientes con esquizofre-
nia jóvenes son los accidentes y el suicidio (Wildgust
y Beary, 2010), mientras que conforme incrementa la
edad el riesgo es mayor para las enfermedades cardio-
vasculares, gastrointestinales, respiratorias y cáncer, al
igual que lo que acontece en la población general (Ol-
fson et al., 2015). Las personas que sufren esquizofre-
nia, no obstante, exhiben un riesgo mayor de muerte
110
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por enfermedad cardiovascular que la población ge-
neral (75 % vs. 50 %), siendo el consumo de tabaco, la
obesidad, la dislipidemia, la insulinorresistencia y la
hipertensiónlas variables que explican esta asociación
(Hennekens et al., 2005). Por su parte, se ha detectado
mayores tasas de mortalidad cáncer en personas con
esquizofrenia lo cual se atribuye a su detección más
tardía y la falta de controles posteriores al diagnóstico
(Crump et al., 2013).
Una revisión sistemática ha marcado la inuencia
de la exposición a largo plazo a AP con la mortalidad
en los pacientes con esquizofrenia (Weinmann et al.,
2009); sin embargo, estudios ulteriores han planteado
una asociación inversa entre la mortalidad de los pa-
cientes con esquizofrenia y la exposición a AP, siendo
esto particularmente signicativo en el grupo expues-
to a clozapina (Tiihonen et al., 2009; Tiihonen et al.,
2016). Esta información, que al principio resultó con-
troversial, ha continuado siendo materia de análisis.
Recientemente, un metaanálisis ha dado cuenta
que la exposición a AP reduce la mortalidad en pa-
cientes esquizofrénicos (RR=0.71 IC 0.59-0.84) (Co-
rrel et al., 2022). Este efecto de los AP en la reducción
de la mortalidad fue tanto para las causas naturales
como para las nonaturales de muerte (ejemplo: sui-
cidio) (Correl et al., 2022). En el subanálisis indivi-
dualizado de los AP, se evidenció el siguiente orden
decreciente en el efecto reductor de la mortalidad
de los pacientes esquizofrénicos: ASG inyectables
de larga duración (RR=0.39, IC 0.27-0.56), clozapi-
na (RR=0.43, IC 0.34-0.55), cualquier AP inyectable
de larga duración (RR=0.47, IC 0.39-0.58), cualquier
ASG de administración oral (RR=0.47 IC 0.45-0.50),
cualquier APG inyectable de larga duración (RR=0.50
IC 0.43-0.57), cualquier ASG (RR=0.53, IC 0.44-0.63),
cualquier AP oral (RR=0.64 IC 0.51-0.80), y cualquier
APG (RR=0.73 IC 0.55-0.97) (Correl et al., 2022).
A la hora de analizar el impacto de la dosis de la
medicación en esta población, un estudio llevado a
cabo en Suecia con 21.492 personas con esquizofre-
nia, comparadas con 214.920 individuos de la pobla-
ción general, apareados por sexo y edad, evidenció que
aquellos no expuestos a AP y los expuestos a altas do-
sis de AP presentaron una elevada mortalidad; mien-
tras que aquellos sujetos con esquizofrenia expuestos
a dosis bajas o moderadas de exhibieron menores ta-
sas de mortalidad. Esto parecería relativizar el impac-
to en la mortalidad de los pacientes con esquizofrenia
del tratamiento con AP cuando este es realizado en
dosis adecuadas (Torniainen et al., 2015).
Considerando que las personas con esquizofrenia
tienen una propensión a no realizar controles clíni-
cos regulares (Björk Brämberg et al., 2018), el médico
psiquiatra se convierte en el referente de salud del pa-
ciente, por lo que el conocimiento de estas comorbili-
dades clínicas es menester en el abordaje de pacientes
con esta problemática de salud.
31. Tratamiento psicosocial de la
esquizofrenia
El tratamiento psicosocial de la esquizofrenia basado
en evidencia posee ya una larga historia que comienza
con la terapia familiar (TF), el entrenamiento en ha-
bilidades sociales (EHS), la terapia cognitivo-conduc-
tual (TCC) y, más recientemente, los tratamientos que
integran elementos de remediación cognitiva (RC) a
las intervenciones mencionadas (ver Tabla 23).
Si bien la TF se desarrolló desde diferentes pers-
pectivas teóricas, los modelos que lograron niveles
aceptables de evidencia en los estudios de resultados
Tabla 21. Denición del NCEP-ATP III
Tres o más de los siguientes componentes
Glucemia en ayunas >100 mg/dl o medicación especíca
Perímetro abdominal >102 cm en varones o > 88 cm en
mujeres
Presión arterial >130/85 mm Hg o medicación
especíca
Colesterol HDL < 40 mg/dl en varones o < 50 mg/dl
en mujeres o medicación especíca
Triglicéridos >150 mg/dl
Tabla 22. Denición de la IDF
Circunferencia abdominal > 94 cm en varones o > 80
cm en mujeres y dos o más de los siguientes compo-
nentes
Glucemia en ayunas >100 mg/dl o diabetes tipo II
Presión arterial >130/85 mm Hg o medicación
especíca
Colesterol HDL < 40 mg/dl en varones o < 50 mg/dl
en mujeres o medicación especíca
Triglicéridos >150 mg/dl
Tabla 23. Tratamientos psicosociales de la esquizofrenia
1. Terapia familiar
2. Entrenamiento en habilidades sociales
3. Terapia cognitivo-conductual
4. Remediación cognitiva
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se centraron en la psicoeducación sobre la esquizo-
frencia, sus síntomas y problemas frecuentementea-
sociados, así como la importancia del tratamiento
farmacológico y su mantenimiento en el largo plazo
(Okafor y Monahan, 2023; Xia, Merinder y Belga-
mwar, 2011).
La comprensión del paciente y su familia de la esqui-
zofrenia como una enfermedad es el foco central de la
psicoeducación. De esta comprensión se desprende la
necesidad de reducir la culpa que algunas creencias
socialmente arraigadas, muchas veces difundidas por
perspectivas teóricas sin base en la evidencia y resul-
tantes de meras especulaciones y generalizaciones sin
sustento, cargan sobre los familiares y sobre el propio
paciente (mitos difundidos como aquel de la madre
esquizofrenizante o la carencia del orden paterno, et-
cétera).
En segundo lugar, la psicoeducación destaca la ne-
cesidad de un tratamiento médico de la enfermedad
que debe evaluarse en función de su costo y benecio
de modo abierto y claro, a los nes de que sea sus-
tentable en el largo plazo, evitando así que sus efectos
indeseados lleven a una prematura interrupción. Sin
este componente, el tratamiento médico no se apro-
vecha por la sencilla razón de no haberse comprendi-
do su sentido, especialmente cuando ha alcanzado el
éxito. El paciente y su familia no ven ya la necesidad
de continuarlo, en consecuencia, lo abandonany la re-
caída es la posibilidad más probable. La TF es el trata-
miento psicosocial de la esquizofrenia más estudiado
(Chow, Yeo y Goh, 2024).
Uno de los aspectos psicosociales más acuciantes de
la esquizofrenia es el grave deterioro social que produce
y la enorme dicultad para la reinserción por parte de
personas que no han desarrollado las habilidades socia-
les necesarias para el establecimiento de interacciones
sociales, desde aquellas más simples (las necesarias para
ir de compras y resolver problemas de la vida cotidiana)
hasta las más complejas (el inicio y el sostenimiento de
relaciones afectivas de pareja y/o familiares).
El EHS se desarrolló con el objetivo de enseñar a
las personas con esquizofrenia las habilidades sociales
necesarias para su reinserción social luego de interna-
ciones en centros de salud mental o clínicas psiquiá-
tricas (Bellack et al., 2004). El modelo se implementa
en formato grupal y, si bien mostró un nivel de evi-
dencia alentador en un importante metaanálisis (Kurt
y Mueser, 2008), luego se cuestionó esta conclusión
por diferentes riesgos de sesgos observados en una
gran cantidad de estudios (Almerie et al., 2015).
Entre las intervenciones psicosociales se incluyen
varios modelos de abordajes, destacándose las TCC,
entre otras intervenciones. Un reciente metaanálisis
en red de intervenciones psicosociales para la esqui-
zofrenia resistente (Bighelli et al., 2021; Salahuddin,
et al., 2024) incluyó 52 estudios clínicos aleatorizados
(ECA), que involucraron 5034 participantes y compa-
raron 20 intervenciones psicológicas o psicosociales.
La TCC, con 35 ECA publicados, fue por lejos la más
estudiada y con resultados superiores al tratamiento
estándar en la reducción de síntomas psicóticos en
general. Se hallaron otras tres intervenciones con mu-
chos menos ECA: intervención de realidad virtual (4
estudios), intervención integral (3 estudios) y musico-
terapia (1 estudio). Los autores concluyeron que existe
robusta evidencia para la TCC mientras que las otras
intervenciones requieren de más investigación, aun-
que son prometedoras.
La TCC comenzó a ocuparse de los trastornos psi-
cóticos hacia nes de la década de 1990. Si bien se ob-
servan tempranos antecedentes de autores altamente
inuyentes (Beck, 1952), la realidad es que el mains-
tream TCC se había centrado en otros problemas clí-
nicos (trastornos depresivos, de ansiedad, de la con-
ducta alimentaria, entre otros). Hacia el inicio de este
siglo se observaron gran cantidad de estudios sobre
el trabajo terapéutico centrado en el contenido de las
creencias delirantes con todo el acervo técnico desa-
rrollado por la TCC para el abordaje de los trastornos
depresivos y de ansiedad (Gould et al., 2001; Zimmer-
mann et al., 2005). La reestructuración cognitiva se
centró en los síntomas positivos de la esquizofrenia,
fueran o no resistentes a los tratamientos farmacoló-
gicos, con resultados inicialmente muy alentadores
(Rector y Beck, 2012).
Más especícamente, el trabajo psicoterapéutico
con los contenidos de las ideas delirantes y con la rela-
ción del paciente con las alucinaciones fue destacado
por la mayoría de los modelos estudiados. Asimismo,
los protocolos incluyeron aspectos altamente rele-
vantes como la relación terapéutica, la psicoeduca-
ción sobre el trastorno, la socialización del modelo de
comprensión de los síntomas psicóticos, la activación
conductual y el abordaje de los síntomas ansiosos y
depresivos asociados (Keegan y Garay, 2007).
Se desató una importante controversia sobre po-
sibles sesgos en los estudios de resultados publica-
dos (Jones et al., 2018). Así, los estudios posteriores
atenuaron ese entusiasmo temprano, pero arrojaron
evidencia que apoya su utilización (Kingdon y Tur-
kington, 2019). El tamaño de efecto actualmente es
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considerado modesto, pero es sostenido en las dife-
rentes revisiones y el tratamiento se recomienda en las
principales guías clínicas (APA, 2020; NICE, 2014).
Más recientemente, el metaanálisis en red antes men-
cionado concluyó que existe robusta evidencia acerca
de la reducción en el riesgo de recaída para las inter-
venciones familiares, psicoeducativas y para la TCC,
recomendando considerarlos intervenciones psicoso-
ciales de primera línea en el tratamiento a largo pla-
zo de los pacientes con esquizofrenia (Bighelli et al.,
2021; Salahuddin, et al., 2024).
Las características más relevantes de las TCC en
general son las siguientes (Keegan y Garay, 2007): ob-
jetivos modestos y pragmáticos, búsqueda del alivio
sintomatológico, del incremento en la adherencia al
tratamiento farmacológico, la reducción del riesgo de
recaídas y la mejoría del funcionamiento social. Las
intervenciones psicológicas son vistas como parte de
un tratamiento global que incluye las intervenciones
familiares, el tratamiento farmacológico, actividades
de rehabilitación y reinserción social. El modelo se
incluye dentro de una perspectiva biopsicosocial y de
vulnerabilidad al estrés (ver Tabla 24).
Dentro de los aspectos clínicos más relevantes
(Hoaas et al., 2011) puede destacarse la importancia
de utilizar un lenguaje adecuado, considerando los
síntomas cognitivos de la esquizofrenia (décits en
atención, memoria, funciones ejecutivas, procesa-
miento de la información), evitar el uso de jerga pro-
fesional, encontrar un lenguaje común y usar un vo-
cabulario acorde con el nivel educacional del paciente.
Se destaca la importancia de dar explicaciones simples
y claras sobre qué se propone y por qué (explicar la
racionalidad del tratamiento).
También se considera crítico establecer objetivos
comunes, proveyendo ayuda con problemas prácti-
cos, desarrollando una comprensión compartida de
los problemas del paciente y atendiendo a sus nece-
sidades. Se recomienda mostrarse abierto, receptivo e
intentando que cada encuentro culmine con una vi-
sión diferente de los problemas abordados. Kingdon y
Turkington (2005) recomiendan hablar de temas neu-
trales y no amenazantes, no usar técnicas activas an-
tes del establecimiento de un vínculo, no confrontar,
expresar empatía, ofrecer apoyo y mostrar aceptación.
La “normalización” de la experiencia del paciente
busca reducir la estigmatización. Es el proceso por el
cual los pensamientos, comportamientos, emociones
y experiencias son comparados y entendidos en tér-
minos similares a los que tienen lugar en personas sin
esquizofrenia (Dudley y Turkington, 2011). En general,
se busca promover una comprensión del fenómeno que
ayude a reducir el temor a la “locura” y facilite una vi-
sión más amplia de las alucinaciones y explicaciones
alternativas a los delirios. Se utiliza el modelo de vul-
nerabilidad al estrés identicando estresores de diversa
naturaleza (por ejemplo, trabajo, escuela, relaciones in-
terpersonales, consumo de sustancias) y vulnerabilida-
des (por ejemplo, historia familiar, personalidad).
El trabajo sobre las ideas delirantes y las alucina-
ciones sigue los modelos habituales de las TCC para
otros pensamientos y creencias problemáticas (Garay
y Sabatés, 2018). Se trabaja diferenciando situación,
pensamiento (interpretación delirante), emociones,
conductas. La diferencia con el abordaje de otros tras-
tornos mentales, como la ansiedad y la depresión, es el
ritmo más lento, debido a los síntomas cognitivos, y la
mayor atención a la relación terapéutica, considerando
las dicultades en la empatía y los síntomas negativos
del cuadro. El abordaje es menos confrontativo y busca
reducir los grados de credibilidad en las ideas deliran-
tes o reducir las interpretaciones más problemáticas de
las alucinaciones. Se siguen los principios del diálogo
socrático y el cuestionamiento guiado con foco en el
desarrollo de interpretaciones alternativas menos pro-
blemáticas y en un proceso terapéutico más gradual.
En cuanto a los síntomas negativos, un reciente
metaanálisis (Xu y Xu, 2024) basado en 10 estudios
aleatorizados y controlados, que involucró 680 pa-
cientes con esquizofrenia (686 en los grupos de con-
trol) halló una diferencia signicativa a favor de la
TCC. Los autores concluyeron que la TCC es efectiva
al mejorar los síntomas negativos de la esquizofrenia.
Finalmente, los síntomas cognitivos de la esquizo-
Tabla 24. Características de la TCC de la esquizofrenia
1. Objetivos modestos y pragmáticos
2. Foco en el alivio sintomatológico
3. Énfasis en incrementar la adherencia al tratamiento farma-
cológico
4. Reducción del riesgo de recaídas
5 Búsqueda de una mejoría del funcionamiento social.
Tabla 25. Estrategias de la TCC de la esquizofrenia
1. Psicoeducación
2. Normalización
3. Reestructuración cognitiva de ideas delirantes
4. Activación conductual centrada en los síntomas negativos.
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frenia han recibido más atención en los últimos años y
se diseñaron intervenciones especícas. La terapia de
remediación cognitiva (RC) cuenta con un sólido ni-
vel de evidencia actualmente. Un metaanálisis recien-
temente publicado (Vita, et al., 2024), realizado sobre
la base de 67 estudios, que involucró 5334 participan-
tes, concluyó que la RC provee mejorías duraderas en
la cognición y el funcionamiento general de las perso-
nas afectadas por la esquizofrenia.
Agradecimiento: por la edición de este artículo a
Amalia Beatriz Dellamea, comunicadora cientíca es-
pecializada en divulgación (CONICET - Universidad
de Buenos Aires, UBA) y en producción y edición de
discurso cientíco, técnico y académico (Facultad de
Farmacia y Bioquímica, UBA).
Conicto de intereses: Gastón Bartoli: Ha recibido
honorarios como speaker de Bago, Gador, Eurofarma,
Siegfried, Lundbeck, Megalabs y Teva; Sebastián Ca-
mino: Dirección Médica Laboratorio Aristón, ha re-
cibido honorarios como speaker de ELEA y Baliarda;
Marcelo Cetkovich-Bakmas: ha sido conferencista o
asesor en Bagó, Adium, Gador, Baliarda y Boehringer;
Alejo Corrales: ha recibido honorarios como consultor
y/o speaker de Abbot, Adium, Gador, Janssen, Lund-
beck, Teva, Bago, Rao, Glaxo Smith Kline, Baliarda y
Casasco, y ha recibido honorarios académicos y de in-
vestigación de la Universidad de Aharus, Dinamarca;
Pedro Damián Gargolo: ha recibido honorarios como
speaker de Janssen, Bago, Baliarda, Teva y Montpellier;
Pedro Rafael Gargolo: no tiene conictos para declarar
en los últimos 5 años; Fabián Lamaison: ha recibido ho-
norarios como speaker e investigador de Jannssen, Bago,
Baliarda, Bohermigher, Elea, Teva, Rao, Adium y Ab-
bot; Eduardo Leiderman: ha recibido honorarios como
speaker de Boehringer Ingelheim y del Laboratorio Elea;
Eliana Marengo: ha recibido honorarios como speaker
de Elea y Roemmers; Carlos Morra: PI de Janssen (Jo-
hnson & Johnson), Novartis, Lilly, John Wyeth, Otsuka,
Bristol Myers Squibb, AstraZeneca, Pzer, GSK, Sa-
nofy Syntelabo, Shire, Dainipon Sumitormo Pharma,
Bial, Takeda, I3, Roche (Homan Laroche), Quinti-
les, PRA, Parexel, Worldwide Clinical Trials, Covan-
ce, Latintrials, Sunovion, Global SMO (fases 1,2,3,4),
Eisai, Syneos, ICON, Lunbeck, Boeringer Ingelheim,
Alkermes, InQvia, Teva, Acadia, Intra-Cellular era-
pies Inc., Sage erapeutics, Premier, Neurocrine Bios-
ciences, Inc., Axovant, Biogen, Neumora erapeutics,
Inc. Newron, Clinrix y Maplight; Cintia Prokopez: ha
recibido honorarios como conferencista de Baliarda y
una beca educativa de Bristol Myers Squibb a través de
Oxford Heatlh Policy Forum; Julieta Ramírez: ha re-
cibido honorarios como speaker de Acadia, Bago, Ba-
liarda, Boehringer Ingelheim, Casasco, Gador, Gedeon
Ritcher, Janssen, Lundbeck, Megalabs, Rao, Roemmers
y Siegfried; Daniel Sotelo: ha recibido honorarios como
speaker de Janssen, Bagó, GSK y honorarios como PI de
Johnson & Johnson e Intra-Celullar erapies; Gustavo
Vázquez: ha recibido honorarios como speaker/advisor
de Abbvie, Adium, Allergan, Asofarma y Elea/Phoenix;
Juan José Vilapriño: ha recibido honorarios de Eurofar-
ma, Gador, Janssen, Lundbeck/Otsuka y NeonMind;
Manuel Vilapriño Duprat: ha recibido honorarios de
Biosciences, Psicofarma, Rao, Sunovion, y Tecnofar-
ma; Marcela Waisman Campos: ha recibido honorarios
como speaker de Abbot, Lepetit, Adium, Baliarda, Aris-
ton, Roemmers, Bago y Teva. El resto de los autores no
tienen conicto de intereses que declarar.
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https://doi.org/10.1176/appi.ajp.159.10.1653
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Artículo de opinión
127
Sobre la Noticación Obligatoria de conducta suicida al Sistema
Nacional de Vigilancia de salud en Argentina
On the Mandatory Notication of Suicidal Behavior to the National Health Surveillance
System in Argentina
Lucía Valdez D´Stefano1, Sebastián Malleza2, Guilherme Santos Marques da Silva3,
Felicitas Cayol4, Julieta Pinto5, Bernardo Julio Martínez6, León Daniel Matusevich7,
María Florencia Grande Ratti8
RECIBIDO 27/2/2025 - ACEPTADO 9/4/2025
1.Médica, especialista en Psiquiatría.
Sección de Investigación, Servicio de Psiquiatría, Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina https://orcid.org/0009-0007-0510-780X
2.Médico, especialista en Psiquiatría. Sección de Investigación, Servicio de Psiquiatría, Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0000-0002-1480-8743
3.Estudiante de Medicina. Universidad Hospital italiano, de Buenos Aires, Argentina https://orcid.org/0009-0008-6076-5749
4.Estudiante de Medicina. Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina https://orcid.org/0009-0007-5870-603X
5.Estudiante de Medicina. Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina https://orcid.org/0009-0004-6712-8719
6.Médico, especialista en Medicina Interna. Subjefe Operativo del Servicio de Clínica Médica, Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina.
https://orcid.org/0000-0002-0270-6520
7.Médico, especialista en Psiquiatría. Editor Jefe, Revista del Hospital Italiano de Buenos Aires. https://orcid.org/0000-0002-3354-6611
8.Médica, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Investigadora Asistente CONICET. Jefa del Área de Investigación en Medicina Interna, Servi-
cio de Clínica Médica, Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina. https://orcid.org/0000-0001-8622-8230
Autora correspondiente
Lucía Valdéz D´Stefano
lucia.valdez@hospitalitaliano.org.ar
Institución en la que se realizó la investigación: Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina.
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 127-134.
Resumen
La integración de la salud mental en los sistemas de información ha ganado relevancia en los últimos años,
impulsada por la Agenda 2030 de OMS/OPS, que no sólo reconoce esta problemática como un derecho hu-
mano, sino que promueve su vigilancia epidemiológica. En Argentina, tras años de vacío en este ámbito, se han
logrado recientes y signicativos cambios, como la inclusión del suicidio e intentos en la nómina de Eventos
de Noticación Obligatoria (mediante la Resolución Ministerial 2827/2022). Aunque estos avances son funda-
mentales, el éxito depende de un cambio cultural y organizacional profundo, que trasciende las modicaciones
técnicas o normativas. Este artículo aborda las controversias y barreras legales, éticas y operativas que di-
cultan la implementación efectiva, y favorecen al subreporte. Será necesario lograr una transformación social
que permita una recopilación más eciente y precisa de datos, garantizando la calidad de los registros y su
impacto en las políticas públicas.
Palabras clave: suicidio, conducta suicida, salud mental, epidemiología, Argentina
Abstract
The integration of Mental Health in information systems has gained relevance in recent years, driven by the WHO/
PAHO 2030 Agenda, which recognizes this problem as a human right and promotes its epidemiological surveillance. In
Argentina, after years of a vacuum in this area, recent and signicant progress has been made, such as the inclusion of
suicide and suicide attempts in the list of Mandatory Notication Events (through Ministerial Resolution 2827/2022).
Although these advances are crucial, global success relies on a profound cultural and organizational shift beyond tech-
nical or regulatory changes. This article addresses the controversy surrounding the legal, ethical, and operational barriers
128
Sobre la Noticación Obligatoria de conducta suicida al Sistema Nacional de Vigilancia...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 127-134
Introducción
El suicidio constituye un problema de salud pública
(Grande Ratti et al., 2024), es la segunda causa de de-
función entre jóvenes (OMS, 2021), y más de 700.000
personas se quitan la vida cada año (OMS, 2024). Pese
a la implementación de sistemas de noticación obli-
gatoria, no está claro si estas medidas realmente pre-
vienen el suicidio cuando no se acompañan de otras
intervenciones efectivas (ej., seguimiento profesional,
terapia, apoyo psicosocial). Adicionalmente, la subno-
ticación es un fenómeno mundial, multisignicado
y complejo, que conlleva implicancias, sobre las que
vale la pena reexionar, siendo un tema controversial.
El objetivo de este artículo es profundizar sobre los
debates en las áreas legal, ética y prácticas/operativas.
Mortalidad por suicidio en las Américas
La Organización Panamericana de la Salud (OPS), pro-
duce un informe regional sobre la mortalidad por sui-
cidio en las Américas cada cinco años (OPS, s.f.). En su
edición 2015-2019, reportaron 93.737 muertes anuales
(OMS, 2022); la mayoría en América del Norte (54.766
muertes), seguida del Cono Sur (20.046 muertes).
A su vez, señalaron que estos hallazgos deben in-
terpretarse con cautela, ya que la calidad de los datos
disponibles vaan signicativamente de un país a otro
por múltiples factores (ej., culturales, religiosos, lega-
les), sugiriendo que la “carga real” del suicidio proba-
blemente está siendo subestimada (OMS, 2022).
Una breve, pero intensa historia
Desde el 2013, el Plan de Acción Integral sobre Salud
Mental subrayaba el compromiso global para alcanzar
la “Meta 3.4”, que enfatiza la promoción y mejora de la
salud mental, y la reducción de mortalidad prematura
(OMS, 2021).
Su actualización del 2021 (OMS, 2021) ha resalta-
do que las tasas de suicidio están subestimadas, pro-
bablemente por carencias de los sistemas de vigilan-
cia, y por la atribución errónea a causas accidentales.
La “Meta 3.2” marca el trabajo sustancial requerido
para reducir los suicidios en un tercio para el año 2030
(ver Tabla 1). Sin embargo, se necesitan datos e indi-
cadores de salud mental (OMS, 2021), relacionados a
medir la magnitud del problema, y los resultados (ej.,
tasas de suicidio). Para reunirlos, será necesario ob-
tenerlos aprovechando datos existentes (ej., registros
hospitalarios, registros civiles).
Observatorios de salud y vigilancia de
conductas suicidas
Un observatorio es un sistema organizado que recopila,
analiza, y difunde información sobre la salud de una
población con el n de monitorear y entender aspectos
hindering effective implementation and favoring underreporting. It will be necessary to achieve a social transformation
that allows a more efcient and accurate collection of data, guaranteeing the quality of the records and their impact
on public policies.
Keywords: suicide, suicide attempted, mental health, epidemiology, Argentina
Tabla 1. Meta mundial 3.2 del Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030 (OPS).
(21/09/2021. https://www.who.int/es/publications/i/item/9789240031029)
Meta mundial 3.2 La tasa de suicidios se habrá reducido en un tercio para el año 2030.
Indicador Tasa de mortalidad por suicidio por cada 100.000 habitantes.
Medios de vericación Registro anual sistemático de las muertes por suicidio.
Comentarios, supuestos y/o
vericaciones
Las medidas ecaces para alcanzar esta meta requieren una acción conjunta de múltiples
sectores ajenos al sector de la salud y la salud mental. Es difícil obtener datos de vigilancia
precisos, y el aumento de la precisión de la información relativa a los suicidios, puede hacer
que la cifra total de suicidios registrados no disminuya en el algunos países, al igual que el
envejecimiento de la población y otros posibles factores; la tasa de suicidios (en oposición
al total de suicidios) es la mejor opción para reejar las mejoras logradas con los esfuerzos
de prevención.
La meta (y el indicador) están en consonancia con los Objetivos De Desarrollo Sostenible
3 (meta 3.4 e indicador 3.4.2).
129
Sobre la Noticación Obligatoria de conducta suicida al Sistema Nacional de Vigilancia...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 127-134
relevantes. Surgió de una analogía con la astronomía
(donde observan y estudian estrellas, planetas, etc.), y
se extrapola la observación como paso esencial para lo-
grar comprender (Guidotti, 2022). Existen diferentes ti-
pos: salud ambiental, eventos de salud, o enfermedades
especícas (Posadas-Martínez et al., 2024).
Hoy en día, la muerte por suicidio se dene en los
códigos X60 a X84 y Y87.0 de la Clasicación Inter-
nacional de Enfermedades (Snowdon & Choi, 2020).
Sin embargo, para la prevención ecaz del suicidio
se precisa intensicar la vigilancia epidemiológica y
el seguimiento, tanto de los casos de suicidio, como
aquellos actos autolesivos. En este sentido, un bole-
tín de OPS/OMS del 2015 ya denía el concepto de
conducta suicida” de manera inclusiva, contemplan-
do ideas suicidas, tentativas, y suicidio consumado
(OMS, 2015). Sin embargo, la heterogeneidad en las
deniciones operativas representa un enorme desa-
fío y entorpecen la vigilancia. Una revisión sistemá-
tica incluyó deniciones contemporáneas e identicó
cuatro elementos que constituyen la base conceptual
(Goodfellow et al., 2019). La intencionalidad y el sui-
cidio emergieron como los aspectos más consensua-
dos, pero las conductas suicidas no fatales mostraron
mayor variabilidad (Goodfellow et al., 2019). Todo
esto, impacta en la complejidad de su evaluación en la
práctica clínica, y en consecuencia, desencadena erro-
res en el volcado de datos, en detrimento de la calidad
del registro sistemático.
Ese reporte de OPS/OMS también se hacía men-
ción al reto de desarrollar e implementar observato-
rios (OMS, 2015), pero se conoce que la disponibili-
dad y la calidad de los datos (sobre el suicidio y las
conductas autolesivas) son insucientes en todo el
mundo (OMS, 2024), ya que el estigma y el tabú hacen
que no se denuncien los casos “no fatales.
Existe un Observatorio Mundial (WHO, s.f.), una
plataforma integral cuya misión es monitorear y eva-
luar sistemas sanitarios en diferentes países, para apo-
yar la toma de decisiones informadas. Sin embargo,
para poder brindar información, es imprescindible
que cada país cuente con el establecimiento de un sis-
tema de vigilancia y con indicadores de salud mental
a nivel nacional.
Integración de la salud mental a los sis-
temas de información
En los últimos años se ha promovido la integración de
la salud mental en los sistemas de información, y la re-
copilación de datos relacionados con trastornos men-
tales. La Agenda 2030 ha impulsado la salud mental
como un derecho humano y un tópico prioritario.
Esta integración implica que registros electrónicos, es-
tadísticas nacionales, y bases de datos sobre servicios
de salud también incluyan información sobre los tras-
tornos mentales (incluidos los datos sobre suicidios y
tentativas), que permitan entonces recopilar y comu-
nicar datos sistemáticamente. Este paso facilitaría visi-
bilidad, planicación, monitoreo y coordinación.
A pesar de los grandes avances en la integración
a nivel mundial -aunque en Latinoamérica en menor
medida-; la salud mental ha sido un área marginada,
pudiendo ser explicada por varios factores históri-
cos-sociales (ej., estigmatización, prejuicios) y eco-
nómicos-estructurales (ej., fragmentación del sistema
sanitario, falta o insucientes recursos para recopila-
ción y análisis de datos, décit de inversión para pro-
cesos de digitalización).
La vigilancia epidemiológica no busca simplemen-
te medir la magnitud del problema, sino generar in-
formación que conduzca a una acción efectiva, como:
■ Prevención temprana (ej,. identicar grupos más
vulnerables).
■ Sensibilización sobre suicidio y conductas suicidas,
aumentando la conciencia pública, promoviendo
la comprensión, y reduciendo la estigmatización.
■ Evaluación de programas sanitarios (ej., ecacia de
intervenciones).
■ Formulación de políticas públicas. Las autoridades,
con datos disponibles y adecuados, podrían mejo-
rar la asignación de recursos y apoyo (ej., atención
psicológica, asistencia social, capacitación profe-
sional).
Sistemas de información en Argentina
(SISA, SNVS 2.0 y DEIS)
En Argentina hubo un gran vacío durante muchos
años, pero se concretaron cambios recientes que valen
la pena remarcar.
En 2007, mediante la Resolución 883 del Ministe-
rio de Salud de la Nación (MSAL), se creó el Sistema
Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA)
(MSAL, 2023a). Desde el 2018 existe el Sistema Na-
cional de Vigilancia de la Salud (SNVS 2.0), montado
sobre el SISA, que tiene como objetivo ser el único
sistema de noticación ocial para recopilar infor-
mación sobre los Eventos de Noticación Obligatoria
(ENO). Este sistema permite generar información dis-
ponible para tomadores de decisión, quienes tienen a
cargo acciones de control y prevención. Fue diseñada
de manera accesible tanto para autoridades sanitarias
y otros actores clave, como para población general,
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Sobre la Noticación Obligatoria de conducta suicida al Sistema Nacional de Vigilancia...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 127-134
favoreciendo transparencia y acceso público sobre la
situación nacional.
La noticación obligatoria de los ENO se estable-
ció a través de la Ley Nacional N°15.465 en 1960. Sin
embargo, se realizó una actualización que incorporó
los "intentos de suicidio" a la nómina y al "Manual de
Normas y Procedimientos de Vigilancia y Control de
ENO", mediante la Resolución Ministerial 2827/2022.
Esta nueva legislación, establece de manera integral
el listado actualizado de ENO, especica las fuentes
de información válidas, y dene tanto la modalidad
como la periodicidad de la noticación.
El desarrollo tecnológico ha evolucionado a un
ritmo acelerado, permitiendo el uso de sistemas de
información en “tiempo real”. En Argentina, se regis-
traron 85.189 suicidios entre 1990 y 2019 (Bonanno et
al., 2022), según fuentes secundarias provenientes del
MSAL e INDEC.
De forma similar, la Dirección de Estadísticas e In-
formación de la Salud (DEIS) reporta las estadísticas
de mortalidad en un repositorio público. La mortali-
dad nacional en el año 2022 registró 397.115 falleci-
mientos, un total de 3.221 correspondieron a suicidios
(<1 %), aunque 18 % representaron causas externas
como accidentes, envenenamientos, suicidios, y ho-
micidios (MSAL, 2024a).
A pesar de que el propósito sea monitorear, ana-
lizar y responder a los problemas de salud pública en
tiempo real”, se conoce que existen demoras en este
proceso y en la difusión de esta información (ej., el
informe del 2022 se publicó en 2024). No obstante, es
importante remarcar que, pese a sus limitaciones y as-
pectos mejorables, el simple hecho de contar con un
sistema operativo de información sanitaria, represen-
ta un avance signicativo per se (cuando otros países
carecen por completo).
Otros dos hitos estratégicos recientes fueron:
A. La incorporación de la capacitación al personal sa-
nitario en 2023, y
B. La creación de un curso virtual, titulado "Eventos
de Noticación Obligatoria en Salud Mental, 1era
edición, por la Dirección Nacional de Abordaje
Integral de Salud Mental y Consumos Problemáti-
cos, y recientemente incorporado en la Plataforma
Virtual en Octubre/2024, de acceso libre, gratuito
y autoadministrado; creado para facilitar la parti-
cipación de actores necesarios en los registros na-
cionales (MSAL, 2024b).
Aspectos legales
Ley de Salud Mental Nº 26.657
Esta ley, promulgada en 2010 y reglamentada en 2013,
fue debatida, pensada, reforzada y conrmada en el
digo Civil en 2015, cumple con los lineamientos
de OMS/OPS, y promueve que la atención en salud
mental esté a cargo de un equipo interdisciplinario
(ej., psicología, psiquiatría, trabajo social, enfermería,
terapia ocupacional y otras disciplinas).
En 2022, Cohen cuestionaba que si bien los legis-
ladores estuvieron en el camino correcto al sancionar-
la, era necesario un llamado urgente a las autoridades
para facilitar y garantizar su implementación (Cohen,
2022). Por un lado, enfatizó en la necesidad de reor-
ganizar sistemas y servicios (Cohen, 2022). Por otro
lado, mencionó que más que el número de psicólogos
y psiquiatras cada 100.000 habitantes, lo que verdade-
ramente importa es su formación y el propósito de su
labor, y cuestionó que se requiere una atención prima-
ria capacitada en salud mental (Cohen, 2022).
Esta ley establece un abordaje coordinado, in-
terdisciplinario e interinstitucional del suicidio, y la
creación de redes de apoyo. Aunque prevé que son
necesarios dispositivos para la recuperación post-in-
ternación (ej., hogares de tránsito, hospitales de día),
reportes entre colegas y comunicaciones cientícas en
congresos reconocieron el vacío real que existe una
vez que la persona es dada de alta. Y justamente, la
externación es el momento de mayor riesgo; lo que
conduce a la paradoja “cuando más hay que sostener,
es cuando menos se sostiene.
Ley Nª 27.130 de Prevención del Suicidio
Esta ley, sancionada en 2015 y reglamentada en 2021,
busca disminuir la cantidad de suicidios a través de
prevención, asistencia y posvención.
La autoridad de aplicación es el MSAL, y una de
sus funciones es “crear un sistema de registro con
información estadística de los intentos de suicidios,
suicidios cometidos (...); creará un sistema de noti-
cación obligatoria, y promoverá que las jurisdicciones
uniquen sus registros” (MSAL, 2023b).
Recién en 2022 se creó el Programa de Abordaje
Integral de la Problemática del Suicidio. En concor-
dancia, las acciones promovidas deben garantizar el
abordaje temprano e integral del riesgo, el fortaleci-
miento de la red de atención, y la calidad de los re-
gistros sobre los suicidios consumados y los intentos
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Sobre la Noticación Obligatoria de conducta suicida al Sistema Nacional de Vigilancia...
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 127-134
(MSAL, 2022). Esta iniciativa estableció dos objetivos
principales: (a) promover líneas de acción para la pre-
vención y atención del suicidio, y (b) articular el tra-
bajo entre diferentes actores.
Un aspecto fundamental es su enfoque en “riesgo
suicida, concepto que plantea desafíos especícos en
la capacitación del personal, particularmente en iden-
ticación/diferenciación entre la “verdadera” inten-
ción suicida, y otras conductas autoagresivas que no
implican intencionalidad suicida. Esta distinción es
crucial ya que impacta directamente en el registro y
en la noticación, ya que aquello que no se diagnos-
tica correctamente no puede ser reportado adecuada-
mente. Paradójicamente, la ausencia de estos casos en
los registros no sólo representa el subregistro, sino que
evidencian las limitaciones del sistema para captar la
complejidad del fenómeno, siendo una señal de lo que
queda “invisibilizado.
Ley Nª 15.465 sobre Noticación Obligatoria
Los ENOs tienen sus orígenes en 1960, siendo ini-
cialmente destinadas para enfermedades infecciosas,
pero actualmente recaen sobre transmisibles y no
transmisibles. A partir de la Resolución Ministerial
2827/2022, se actualizó el listado de eventos/patolo-
gías, las fuentes de información, la modalidad de noti-
cación, y su periodicidad.
La nueva nómina del 2022 y el manual incluyó al
“intento de suicidio” como un ENO. Luego, en 2023
se publicó la primera versión del instructivo para los
equipos de salud (MSAL, 2023a), que facilita la partici-
pación activa y protocolizada de los diferentes actores
en la Vigilancia Epidemiológica. Esta última, consiste
en detección, recolección sistemática, análisis y difu-
sión de información relevante, y de calidad (MSAL,
2023a). Por ende, estas modicaciones recientes en la
normativa, obligan a los profesionales de la salud y a
las autoridades de establecimientos (ya sean públicos
o privados) a noticar los intentos de suicidio, pro-
moviendo la unicación de registros sobre suicidios
e intentos de suicidios, como así también la creación
de un sistema de registro (MSAL, 2023a). El SNVS
recopila información sobre los ENOs para ponerla a
disposición de tomadores de decisión.
El registro tiende a unicar toda la información re-
ferente a los casos de intentos de suicidio, incluyendo
tanto aquellos que han tenido contacto con el sistema
sanitario, como los que no (ver Tabla 2). Dependiendo
de la disponibilidad de recursos o de la organización
intrínseca de cada jurisdicción, las diversas funciones
relacionadas al procedimiento de noticación pueden
superponerse en una misma persona, o puede distri-
buirse entre varias.
Despenalización del suicidio, intentos de
suicidio, y otras conductas autolesivas
Aunque la legislación varía según el país, la criminali-
zación del suicidio e intentos aún persiste en diversos
contextos, generando barreras signicativas para que
las personas busquen y reciban ayuda. Por eso, la despe-
nalización es un paso crucial para mejorar la atención
y el apoyo a las personas; que también favorecería la
gobernanza ecaz, y facilitaría el reporte (OMS, 2021).
La legislación sobre el suicidio en el Cono Sur de
América cambia en cuanto a su enfoque y paquete de
medidas, pero generalmente se centra en la preven-
ción del suicidio, la protección de la salud mental, y el
tratamiento de las personas en riesgo.
Si bien suicidio e intentos continúan siendo fenó-
menos altamente estigmatizados en la sociedad (Ni-
cholas et al., 2023), su despenalización representa un
cambio paradigmático fundamental: transforma su
abordaje desde una perspectiva moral/criminal hacia
su reconocimiento como un problema de salud públi-
ca. Este enfoque no sólo mejoraría la calidad de los da-
tos recopilados, sino que promueve un acercamiento
más humanizado.
Tabla 2. ¿Quiénes están obligados a noticar?
Cualquier miembro del equipo de salud de todos los establecimientos sanitarios, preferentemente quienes asisten a la persona
que ha padecido el evento.
Los responsables de nivel ministerial de las jurisdicciones, en aquellos casos que no hayan sido noticados desde los propios
efectores de salud.*
Autoridades de los establecimientos públicos y privados, autoridades sanitarias jurisdiccionales y municipales.*
Autoridades de instancias externas. Por ejemplo, policial, judicial, escolar o cualquier tipo de entidad social.
* Referentes de epidemiología, estadística, personal técnico y/o administrativo; que sean designados para esta tarea; cuenten con usuario SISA
(Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino) con permisos; y hayan completado una capacitación especíca y obligatoria en el manejo del
sistema.
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 127-134
Cuestiones éticas
Se plantean algunos cuestionamientos éticos en torno
a la noticación. En primer lugar, la condencialidad
de los datos personales (ej., la cha de ENO incluye
nombre, apellido, fecha de nacimiento y DNI). Enton-
ces, una de las grandes paradojas de la cuestión radica
en que forzar el reporte podría violar la privacidad de
las personas afectadas. Este requisito podría disuadir
a pacientes de buscar ayuda, ante el temor de que su
información personal sea divulgada sin su consen-
timiento o utilizada de manera inapropiada. En este
sentido, el registro se realiza en acuerdo con las direc-
trices jurídicas que emanan del marco legal aplicable
al sector salud. En lo que concierne al mantenimiento
y al acceso a los datos personales y sensibles conteni-
dos en los registros del SISA, se sigue el secreto pro-
fesional (Alegre et al., 2024), y el derecho a la con-
dencialidad de la Ley 25.326 de Protección de Datos
Personales. Asimismo, la construcción y el manejo
de información se realiza según la Ley de Estadísticas
17.622 (Decreto 3110/1968). El acceso a los datos se
respeta por la Ley 26.529 de Derechos del Paciente en
su Relación con los Profesionales e Instituciones de la
Salud, la cual establece que es el titular de los datos, y
tiene derecho de acceder a ellos.
En segundo lugar, existe el riesgo de estigmatiza-
ción y discriminación. La etiqueta de "persona que ha
intentado suicidarse" puede tener repercusiones en
múltiples niveles: desde la percepción social y el trato
que recibe en su entorno, hasta la forma en que los
profesionales interactúan con ella.
Entonces, para que una política de noticación
obligatoria sea ética, debe garantizarse que se imple-
menten las medidas necesarias para proteger los de-
rechos de las personas, evitando el uso inapropiado,
y asegurándose de que los esfuerzos se centren en la
prevención y el apoyo adecuado (y no en el castigo o
señalización).
Cuestiones prácticas, y el subreporte
El subreporte (o subregistro) es un fenómeno común,
y ocurre incluso cuando la noticación es obligatoria,
debido a barreras que atentan con la implementación
efectiva (Värnik et al., 2010), siendo una problemática
signicativa y preocupante a nivel mundial (Li & Yip,
2020; Matsubayashi & Ueda, 2022; Onie et al., 2024).
Es denido como la falta de registro por parte de profe-
sionales, instituciones y/o sistemas encargados de la re-
copilación, a pesar de leyes/regulaciones que la exigen.
Se describen algunos motivos operativos que po-
drían explicarla:
■ La falta de formación especializada en salud men-
tal puede conducir a la dicultad en el correcto re-
conocimiento de los intentos de suicidio o las con-
ductas autolesivas por parte de los profesionales.
Esta deciencia genera un círculo vicioso: sin una
identicación adecuada durante la consulta, no
puede haber un registro apropiado; y sin registros
precisos, se subestima la magnitud del problema.
El desconocimiento no sólo afecta la detección de
casos, sino que limita la comprensión de la impor-
tancia crítica de esta problemática en personal no
especializado.
■ El personal puede no estar informado ni entrenado
sobre la noticación obligatoria y los procedimien-
tos/protocolos que deben seguir. Una solución, es
la capacitación profesional, y campañas de sensibi-
lización.
■ Existen prejuicios y miedos del propio personal sa-
nitario relacionados al reporte (ej., tener que ir a
declarar o ser citado legalmente). Por ende, nadie
quiere asumir la responsabilidad de informar (es
más sencillo pensar que lo hará otro/a o delegar
la tarea), y suele haber resistencia al cambio. Cabe
recordar que “NOTIFICAR NO es lo mismo que
DENUNCIAR, y que “la conducta suicida no debe
ser juzgada” (Dois Castellón & Inostroza Ortega,
2024).
■ La sobrecarga laboral y la falta de tiempo consti-
tuyen obstáculos signicativos, particularmente
en sistemas con limitados recursos y personal. La
presión por atender muchos pacientes (ej., pagos
por prestación) conlleva al subreporte y favorece
los datos faltantes (ej., particularmente cuando las
chas son extensas).
■ Problemas de coordinación interdisciplinaria pue-
de generar una “desconexión” entre servicios/per-
sonas sobre quién hace qué (ej., la responsabilidad
es de todos, pero no recae en nadie/ninguno). In-
cluso dentro de la salud mental: ¿psiquiatras y psi-
cólogos son verdaderos equipos, o compiten y no
funcionan de manera sinérgica?
Conclusiones
En Argentina, la noticación obligatoria de conductas
suicidas representa un avance signicativo en la vigi-
lancia epidemiológica, aunque enfrenta desafíos sus-
tanciales en su implementación. Los datos oportunos
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Sobre la Noticación Obligatoria de conducta suicida al Sistema Nacional de Vigilancia...
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y precisos son fundamentales para una comprensión
clara de la magnitud del problema, porque permiten
visibilizar, pensar medidas, y planicar acciones. Sin
embargo, existe sub-reporte, similar a otras situaciones
epidemiológicas (ej., COVID-19, Dengue). En ese sen-
tido, los sistemas de atención son el reejo de la socie-
dad en la que funcionan. Por más leyes y capacitaciones
que se hagan, si el cambio no es social, no va a ser.
Los sistemas de información sanitaria requieren
un cambio cultural y organizacional, que puede ser
difícil de lograr. Las principales barreras identicadas
en esta revisión se agrupan en tres dimensiones:
A. Legales (condencialidad, protección de datos
personales),
B. Éticas (estigmatización, discriminación), y
C. Prácticas (limitaciones logísticas, operativas, ad-
ministrativas).
No alcanza con la simple existencia de capacitaciones
y protocolos claros, aunque representan el punto de
partida. Adicionalmente, para que la noticación sea
ecaz, requerirá:
1. Combatir la subnoticación con políticas adecua-
das (ej., educación y sensibilización),
2. Mejorar los sistemas de noticación (ej., simpli-
cación del proceso),
3. Implementar auditorías periódicas para identicar
áreas de mejora, reconocer el esfuerzo de profesio-
nales/instituciones que siguen adecuadamente los
protocolos (ej., incentivos nancieros),
4. Integrar los sistemas de información existentes con
el uso de plataformas de noticación electrónica
(ej., interoperabilidad entre SISA e historia clínica
electrónica), que facilitarían el proceso (al menos,
evitaría el doble trabajo del llenado en papel y pos-
terior traspaso a formato digital).
El éxito de la noticación requiere un cambio cultu-
ral y organizacional profundo, que va más allá de las
modicaciones técnicas o normativas. La transforma-
ción debe involucrar a la sociedad, reconociendo que
requiere un abordaje sistemático y sostenido. Investi-
gaciones futuras deberán evaluar el impacto de estas
medidas en la prevención del suicidio.
Conictos de intereses: los autores declaran no pre-
sentar conictos de intereses.
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EL RESCATE Y LA MEMORIA
Norberto Aldo Conti
Eric David Wittkower: los estudios psicoso-
máticos entre Europa y América
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 135-146
Eric David Wittkower, circa 1920 Eric David Wittkower nació en Berlín el 4 de abril de 1899 de padre
escocés y madre alemana en una familia de ascendencia judía. Estudio me-
dicina en la Universidad de Berlín y se recibió de médico en 1824, traba
en el Hospital de la Charité realizando estudios de investigación sobre asma
en el Departamento de Clínica y publicando muy tempranamente artículos
sobre trastornos psicosomáticos que le dieron pronto reconocimiento sien-
do nombrado Prof. Asociado de la Universidad de Berlín en 1932. Poco
después, con el ascenso del nazismo, se trasladó a Suiza y en 1933 emigró a
Inglaterra donde fue research fellowship en la Clínica Psiquiátrica Tavistock,
en ese año publicó un artículo sobre el estado de los estudios psicosomá-
ticos en Europa en el Journal of Mental Science que le valió un reconoci-
miento internacional. Durante la Segunda Guerra Mundial, Wittkower se
desempeñó como mayor en el Cuerpo Médico del Ejército Real Británico
de 1940 a 1945. Realizó su formación en psicoanálisis en el Instituto de
Londres, completando sus estudios en 1950.
Fue invitado a formar parte del Instituto de Psiquiatría de la Universi-
dad McGill en Canadá a donde emigró en 1953, continuó allí sus investiga-
ciones en psicosomática y fundó la Sección de Estudios Transculturales en
Psiquiatría, que dirigió hasta su retiro en 1969. En 1970 la Sociedad Psico-
somática Americana lo eligió como Presidente para el período 1970-1971.
Ha sido también Presidente de la Sociedad Psicoanalítica de Canadá y de la
Academia Americana de Psicoanálisis.
Su producción cientíca, iniciada tempranamente en Berlín, se conti-
nuó en Londres y luego en Canadá donde desarrollo un importante polo
de investigación y formación en el tratamiento de los trastornos psicoso-
máticos. Sus mayores aportes fueron acerca de los factores psicológicos de
los trastornos cardíacos (1937), rasgos de personalidad en las alergias y la
colitis ulcerosa (1938), las neurosis de guerra (1940), el síndrome de es-
fuerzo o astenia neurocirculatoria (corazón de soldado o síndrome de Da
Costa) (1941), efecto de las emociones en los trastornos de la piel (1953),
factores psicológicos en la tuberculosis (1955), factores psicológicos en las
tirotoxicosis (1956) y artritis reumatoidea (1957). Publicó más de 200 artí-
culos y capítulos de libros, dirigió y editó 5 libros. Falleció el 6 de enero de
1983 en Montreal.
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 135-146.
A poco tiempo de ancarse Wittkower en Canadá
dio a luz la obra que hoy presentamos a nuestros lecto-
res, se trata de una puesta al día de los conocimientos
y métodos en medicina psicosomática en la que par-
ticipan varios colaboradores que compartían las acti-
vidades en la Universidad McGill a los cuales se suma
una gran cantidad de autores, 29 en total, de diferen-
tes universidades estadounidenses: Yale, Harvard, Co-
lumbia, Pensilvania, y también europeas como las de
Dublin, Belfast y Viena.
La obra está compuesta por 25 capítulos organiza-
dos en dos partes, la primera acerca de generalidades y
la segunda que abarca temas especícos, donde se tra-
tan todos los aspectos psicosomáticos de la clínica: en-
dócrinos, ginecológicos, reumatológicos, dermatológi-
cos, respiratorios, cardíacos, digestivos, pediátricos, etc.
Sobre esta extensa organización dicen los prolo-
guistas:
Al tratar de presentar un resumen de la situación
presente, poniendo el énfasis en los recientes descubri-
mientos, no ignoramos la gran cantidad de hechos y opi-
niones diversos que han sido registrados. Creemos que no
hay una persona que por sí sola sea capaz de recoger y
presentar adecuadamente una compilación discrimina-
da de todos esos trabajos y observaciones. Por esta razón
se requirió la colaboración de cierto número de persona-
lidades conocidas por la excelencia de sus investigaciones
en sus respectivos campos. En algunos casos se invitó a in-
vestigadores más jóvenes, de reciente actuación cientíca.
Se instó a cada colaborador a expresar con libertad sus
puntos de vista y a no refrenar ninguna tendencia audaz.
Esperamos que el resultado sea un debate estimulante. La
historia de la ciencia demuestra que, frecuentemente, la
verdad emerge inmaculada del fuego de la controversia.
El capítulo 1, escrito por Eric Wittkower juntamente
con Alister Mcleod y Sidney Margolin, trata sobre con-
ceptos básicos de medicina psicosomática; en el mismo
se da cuenta de la enorme complejidad epistemológi-
ca que tiene este campo de conocimientos que, para la
época, crece incesantemente:
… la mayor parte de las teorías actuales está consti-
tuida por permutaciones y combinaciones de un número
relativamente pequeño de conceptos básicos, y que mu-
chas de las armaciones en apariencia contradictorias de
los diversos investigadores pueden ser conciliadas, siem-
pre que el crítico sea capaz de adoptar una posición de
observador lo sucientemente amplia para poder exami-
nar las formulaciones teóricas de cada escuela sobre un
telón de fondo de conceptos comunes a todas. Sin embar-
go, es evidente que queda todavía una cantidad de zonas
inconciliables, donde el marco de referencia utilizado por
un grupo de investigadores está muy lejos de ser idéntico
al empleado por otros.
Ese núcleo de conceptos y teorías que constituyen el
fundamento de la comprensión de los fenómenos psi-
cosomáticos hacia mediados del siglo XX es lo que he-
mos elegido, en esta oportunidad, para compartir con
ustedes y corresponde al apartado revisión histórica
(pp. 8-26, Ed. Eudeba, 1966).
Progresos en Medicina Psicosomática
1ra. Edición, Londres, 1954 – Edición en castellano, Eudeba, 1966
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 135-146.
Revisión histórica
Los descubrimientos originales de Freud en el campo
del psicoanálisis deben ser considerados como los ci-
mientos sobre los cuales fueron edicados los poste-
riores conceptos de la medicina psicosomática. Abra-
ham extendió las concepciones del instinto y la libido
a un punto de vista genético y dinámico del desarrollo
del carácter. En tanto correlacionó pautas reiteradas
de conducta y actitudes afectivas con un sustrato on-
togénico siológico, puede decirse que suministró la
primera aproximación a la teoría de un campo clí-
nico psicosomático. La hipótesis de la especicidad
del conicto desarrollada por Alexander se reere a
los rasgos de carácter regresivos que están genética-
mente ligados con las jaciones pregenitales en los
planos oral y anal. Federn, Greenacre y especialmente
Deutsch recalcaron que la coincidencia de un trauma
somático (por ejemplo, infecciones, enfermedades qui-
rúrgicas) durante los estadios plásticos libidinales de la
infancia es un determinante poderoso de la elección del
órgano y de su disfunción en las subsiguientes mani-
festaciones psicosomáticas. Federn expresó su punto de
vista en el análisis de un solo caso de asma, mientras
que Deutsch hizo numerosas observaciones en muchos
pacientes con gran variedad de enfermedades.
De modo similar, Fenichel, quien trató de siste-
matizar y clasicar los procesos psicosomáticos sobre
una base ecléctica, fenomenológica y dinámica, fue un
contribuidor precoz a la hipótesis de la especicidad
del conicto. Describió, por ejemplo, el mecanismo de
defensa, de la introyección, que implica una fantasía
en la cual el objeto de amor ambivalentemente con-
siderado se incorpora a través del tracto respiratorio.
Como consecuencia, la función de los órganos respi-
ratorios se perturba de acuerdo con el conicto entre
las necesidades siológicas intrínsecas y los deseos
inconscientes hacia el objeto introyectado. Grinker,
Hendrick, Margolin y Michaels sostienen la hipótesis
de que el estadio de maduración siológica está aso-
ciado condicionalmente a conictos intrapsíquicos en
regresión. Greenacre relaciona el traumatismo del na-
cimiento (parto seco) con la subsiguiente erotización
de la piel que conduce a estados eczematoides. De-
muestra también la asociación de los tipos de micción
con las variedades del llanto. La importancia de estas
observaciones se vincula con las teorías acerca del pa-
pel de los mecanismos defensivos, el trauma orgánico
y la especicidad del conicto en la etiología.
Las contribuciones de Adler fueron de máxima
signicación conceptual, aunque se hallaban un poco
fuera de la corriente del desarrollo psicoanalítico his-
tórico. Fue probablemente el responsable de la intro-
ducción del concepto de instinto agresivo en la me-
tapsicología psicoanalítica, iniciando así las polémicas
sobre las teorías monistas y pluralistas del instinto.
Consideró el campo del ambiente como un factor di-
námico en la etiología, curso y terapia de la enferme-
dad mental. Su concepto de la inferioridad orgánica
enfocó la atención sobre la signicación determinis-
ta de los factores constitucionales. Jung, en los pri-
meros años de su identicación con el psicoanálisis,
estimulaba a muchos de sus colaboradores a realizar
investigaciones psicosiológicas mientras los sujetos
efectuaban sus test de asociación (Nunberg). Éstos es-
taban organizados para demostrar los mecanismos in-
conscientes inmediatos. No estaban correlacionados
con otras consideraciones metapsicológicas, particu-
larmente con los principios genéticos y económicos.
Al llegar a este punto, la consideración primaria es
el concepto de etiología tal como lo considera la psico-
logía psicoanalítica. Se han realizado, además, muchos
estudios psicoanalíticos de las reacciones psíquicas al
proceso somático, especialmente la descripción de Fe-
renczi de las "patoneurosis". Publicaciones recientes
han subrayado el fenómeno de la regresión y su signi-
cado como mecanismo de adaptación, así como los
papeles que desempeñan la negación, el aislamiento,
el desplazamiento; en suma, los mecanismos de de-
fensa en la representación que se hace el paciente de
su enfermedad y en las actitudes iatrogénicas de los
médicos. La relación médico-paciente y el arte del tra-
tamiento han sido investigados en términos de trans-
ferencia y contratransferencia. Los diversos enfoques
metodológicos, según se formulan en las hipótesis de
la etiología, se han aplicado como procedimientos te-
rapéuticos. De ahí las "experiencias educacionales co-
rrectivas" descritas por Alexander y sus colaboradores
y la terapéutica de regresión analítica de Margolin,
que trata de inducir los afectos y los estados de ánimo
Progresos en medicina psicosomática. Eric Wittkower, R. Cleghorn y col.
Capítulo 1 (pp. 8-26)
EUDEBA, 1966 (1ra. Ed. Inglesa, Londres, 1954)
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 135-146.
pregenitalmente determinados, congurando una si-
tuación psicosiológica en la cual se hace posible que
concomitantes siológicos autónomos suspendan su
refuerzo funcional a la enfermedad.
Freud, Ferenczi, Klein, Garma
Freud, Ferenczi, Klein y Gama han utilizarlo las técni-
cas del psicoanálisis para determinar los mecanismos
mediante los cuales se ponen en relación los aconteci-
mientos de tres campos separados: el campo de la per-
sona, el campo de la cultura y el campo de la enferme-
dad. El concepto de una permanente representación
intrapsíquica de estímulos somáticos y ambientales,
en forma de huellas en la memoria, es un concepto
esencial en sus formulaciones teóricas. El impulso ins-
tintivo provocado por cualquiera de estos estímulos
tiene componentes tanto físicos como mentales. No
puede denirse por uno u otro sistema, salvo limitan-
do sus propiedades. Las manifestaciones de un impul-
so instintivo que aparece con gran frecuencia resultan
identicables como modos característicos de conduc-
ta; por ejemplo, homosexualidad, exhibicionismo, etc.
Es como si estuviéramos clasicando especies dentro
de un orden por el sistema de Linneo. Es éste un pro-
blema de taxonomía y nosología y no de diferencias
absolutas invariables. La dialéctica se produce en el
observador y no en el observado.
El esquema conceptual que estos autores extraen
de sus observaciones es el siguiente. El organismo
humano se considera un sistema funcionante consti-
tuido por muchos subsistemas. Estos subsistemas se
unen para formar dos grupos básicos que tienen una
recíproca interrelación dinámica. Por una parte está
el sistema físico compuesto de muchos arcos homeos-
táticos separados en el plano siológico, y, por otra,
el sistema psicológico compuesto de tres subsistemas
de energía separados, que funcionan por medio de las
huellas mnémicas, llamados, por orden, el ello, el yo
y el superyó. En el plano siológico, la máquina so-
mática está constantemente recibiendo energía por la
incorporación de alimento y, si ha de sobrevivir, tiene
que utilizar esa energía para realizar la actividad mo-
tora en relación con el ambiente externo. La unidad
funcional básica, en este plano de la organización, es
el arco reejo, mediante el cual se provoca la actividad
motriz estereotipada en respuesta a estímulos exter-
nos. Interpuesto entre los elementos sensorial y mo-
tor del arco reejo neurológico, de manera análoga a
una resistencia en un circuito eléctrico, se encuentra
el mecanismo valorizador denominado aparato men-
tal. De ahí que la corriente de energía somática que
converge en el extremo sensorio del arco reejo tenga
que pasar por el sistema valorativo antes de que se le
permita su última descarga motriz.
Según la etapa de madurez o el grado de regresión
del aparato mental, se considera que el suministro de
energía de fuentes somáticas reaparece en forma de
energía psíquica cargando afectivamente las huellas
mnémicas y procurando continuamente su descarga
motriz. Esta energía psíquica se hallará sujeta a orga-
nización en términos de los procesos primarios en el
ello o los procesos secundarios en el yo. Al inhibir la
descarga del impuso primitivo se produce una repre-
sión de la energía instintiva y en la mente conscien-
te se experimenta un estado reconocible de tensión
mental. (La anterior analogía de la tensión instintiva
con un sistema hidrostático, conocida como “teoría
de la represa, es en algunos aspectos incompatible o
contradictoria con la teoría del feed-back.) Estos es-
tados primitivos de tensión son precursores de los
tonos del sentimiento más especíco, descritos como
emociones. Cada emoción representa una carga de-
nida de energía instintiva que busca su descarga. Si la
situación en el mundo exterior no es favorable para la
descarga primitiva, una pequeña cantidad de la carga
emotiva total se canaliza hacia afuera, permitiéndo-
sele pasar de las huellas de la memoria a otra área del
aparato psíquico, despertando la actividad mental co-
nocida como fantasía o, si es más avanzado el desarro-
llo del aparato mental, como pensamiento. Si, como
resultado del pensamiento, se encuentra una salida
adecuada para la descarga, se producirá la actividad
motora y se drenará la energía de las áreas del aparato
psíquico que promueven la emoción y el pensamien-
to, las cuales quedarán dispuestas para recargarse con
la energía de otros impulsos instintivos. Sin embargo,
si no hay una salida aceptable cuya consecuencia no
sea una experiencia dolorosa, las emociones y pensa-
mientos resultantes, junto con sus cargas de las emo-
ciones y pensamientos resultantes, junto con sus car-
gas de energía instintiva, serán reprimidos de la mente
consciente y permanecerán en un estado de tensión
favorable a cualquier posible descarga que pueda pre-
sentarse en el subconsciente.
En este punto es donde el criterio de los cuatro
autores diere: en primer lugar, con los criterios sos-
tenidos por otros investigadores en el campo de las
relaciones mente-cuerpo, en medicina y, además, con
el de cada uno de los otros. Todos están de acuerdo en
que el aparato psíquico nace de una matriz relativa-
mente indiferenciada.
Pero algunos acentúan en mayor grado que otros el
papel representado por los factores constitucionales.
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Freud. Freud, sin embargo, aunque consideraba que
la energía física consistía en una fusión de elementos
libidinales y agresivos, concluía que la primera parte
del mecanismo mental que resultaba funcionalmente
dominante era la parte relacionada con la descarga de
la tensión sexual reprimida. Llamó libido a la energía
que suministra la fuerza impulsora para la actividad
sexual. Sugirió, por lo tanto, que la primitiva fusión de
los instintos daba por resultado una predominancia
de la energía de la libido sobre la energía psíquica, res-
ponsable de la conducta agresiva, con la consiguiente
maduración precoz de las funciones libidinales del
yo. En un temprano estadio de desarrollo, tal energía
sexual se descarga anaclíticamente a través de la ac-
tividad oral y en el adulto por medio de la actividad
genital. Por otra parte, aunque estos estadios de ma-
duración psicosexual denotan un proceso jerárquico,
por cuanto el último estadio en aparecer usurpa la
supremacía funcional del que le precede, los sistemas
anteriores no desaparecen, sino que pueden reacti-
varse en ciertas condiciones de tensión. Cuando se
reactivan y llegan a expresarse, al proceso se lo llama
regresión. Conectadas con cada fase de la evolución
se hallan las correspondientes fantasías y emociones
que representan aquella porción de la primitiva car-
ga de energía sexual instintiva que no pudo encontrar
salida adecuada y que aún permanecía reprimida. Es
importante recordar, sin embargo, que los términos
“libidinoso” y “agresivo” no son equivalentes. La “libi-
do” se reere solo a la energía psíquica de los instintos
sexuales y no existe común acuerdo sobre el nombre
para describir la energía de los impulsos agresivos. Las
tres etapas de la libido contribuyen a formar el carác-
ter. No son necesariamente regresivas, excepto como
parte de un proceso patológico. La regresión puede
ser adaptativa, como ocurre en la reacción ante la en-
fermedad física. Los estadios de la libido determinan
la forma en que la actividad instintiva se dirige hacia
el objeto. Hay que insistir en esto, por ser sin duda im-
portante en cualquier teoría para explicar la elección
entre neurosis o enfermedad psicosomática.
En circunstancias normales, la energía sexual o
libidinal temporalmente inhibida dará origen a emo-
ciones conscientes y fantasías antes de agotarse en
forma de actividad motriz. Esto engendra el estado
de placer anticipado que precede a la consumación
de la relación sexual. No obstante, si la inhibición se
prologa, las emociones y fantasías relacionadas con
la energía reprimida llegan a ser experimentadas por
el yo como traumáticas, a causa de que se suscita un
conicto con el superyó, el internalizado representan-
te psíquico de la cultura, ante cuya exigencia se inhi-
bió el impulso primitivo. Las emociones y fantasías
son expulsadas de la mente consciente por las fuerzas
defensivas del yo, y la cantidad total de energía repre-
sentada por ellas tiene que encontrar otros canales de
descarga. Esto se realiza retornando a las primitivas
huellas de la memoria de los sistemas de energía ana-
les y orales del yo. Puede decirse que el pensamien-
to o la fantasía en este nivel se producen mediante
primitivos procesos simbólicos, siempre que no nos
olvidemos de considerar a los símbolos como un len-
guaje universal arcaico compuesto de señales, imáge-
nes, metáforas, etc., capaces de expresar pensamientos
verbales por medio de formas plásticas. Por lo tanto,
junto con cada idea reprimida que busca su descar-
ga regresiva, ocurre un cambio de estado en alguna
parte del cuerpo originariamente relacionada con las
vías primitivas que sirvieron antes para descargar la
energía sexual por medio de la actividad autoerótica
de tipo polimorfo perverso. A causa de que estos pro-
cesos físicos alterados se consideran ocasionados por
la reprimida energía libidinal ligada a las tempranas
fantasías sexuales reactivadas, se emplea el término
libidinización del soma para referirse a estos proce-
sos. Posteriormente, cuando el superyó se enfrenta
con este método vicariante de descarga, fuerza nuevas
inhibiciones en la corriente de descarga de la energía
libidinal, produciendo una inhibición de actividad en
el nivel de la función siológica en forma de síntoma
de conversión histérica, llamándose a este proceso so-
matización de la energía psíquica. Mediante el uso de
este esquema conceptual que implica la idea de una
energía instintiva en busca de su descarga a través de
un aparato mental capaz de subsistir en diversos ni-
veles de organización simbólica Freud pudo esbozar
la forma en que un conicto psíquico, originalmente
motivado por una discrepancia entre los deseos de un
individuo y las inhibiciones de su cultura, puede ser
correlacionado con un trastorno físico en el plano so-
mático, conduciendo a un síntoma que tiene signica-
tiva relación simbólica con el hecho psíquico.
Ferenczi. Ferenczi, quien ha seguido de cerca a Freud,
fue uno de los primero autores en el campo de la re-
lación mente-cuerpo que utilizó el modelo concep-
tual antes mencionado para explicar los fenómenos
clínicos hallados en un caso de neurosis orgánica.
Describió un caso de alteración funcional del extremo
terminal del tubo digestivo que podía considerarse
signicativo en términos simbólicos. Hasta entonces,
los síntomas somáticos encontrados en la histeria de
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 135-146.
conversión se habían limitado a trastornos funciona-
les de los sistemas motor voluntario o sensorio única-
mente. La clasicación que hizo Ferenczi de neurosis
orgánica suscitó algunas críticas al señalarse que las
partes inicial y terminal del tubo digestivo reciben -
bras del sistema nervioso voluntario, sugiriéndose que
este caso era, en realidad, una histeria de conversión.
Klein. Hasta cierto punto, el esquema conceptual
utilizado por Klein es idéntico al de Freud. Acepta el
punto de vista de considerar el organismo como una
máquina movida a la manera de un sistema hidros-
tático, mediante el cual la energía reprimida puede
desbordarse por otros canales. Está de acuerdo en que
el aparato psíquico madura a través de sucesivos ni-
veles de organización, pero da más importancia que
Freud a la posibilidad de que alguno de los sistemas
simbólicos pueda ser heredado. Freud opinaba que
el conicto básico entre el superyó y los impulsos li-
bidinales que originaban el "complejo de castración"
no podía tener lugar hasta haberse alcanzado la etapa
genital de desarrollo psicosexual, aproximadamente a
la edad de tres a tres años y medio. Se resistía a admi-
tir que antes de ese tiempo la organización del proce-
so simbólico estuviera sucientemente madura para
que pudiera producirse la conversión. Esto implicaba
que cualquier manifestación histérica que ocurriera a
través de los procesos simbólicos estaba destinada a
ser connada en el sistema sensitivomotor voluntario.
Klein discrepa con Freud en este punto. Sostiene que
la primera parte del mecanismo mental para llevar a
cabo la dominancia funcional no se halla relacionada
fundamentalmente con la descarga de energía libidi-
nal, y que la primera fusión de las corrientes combina-
das de energía instintiva libera una cantidad conside-
rable de energía agresiva. Acotamos lo que dice sobre
este punto: "Mi experiencia me ha llevado a creer que,
desde el comienzo mismo de la vida, la libido se fun-
de con la agresión y que el desarrollo de la libido se
encuentra en todas sus etapas vitalmente afectada por
la ansiedad derivada de la agresión. La angustia y los
sentimientos depresivos y de culpa empujan a veces a
la libido hacia nuevas fuentes de satisfacción, y a veces
frenan su desarrollo reforzando la jación hacia un
objeto y un n más primitivos".
Según las formulaciones conceptuales de Klein,
el conicto del superyó podría surgir directamente
en el nivel de las etapas oral y anal del desarrollo psi-
cosexual y, como resultado del mecanismo defensivo
de la introyección, podría producirse una conversión
pregenital en forma de neurosis orgánica. Esto impli-
ca que el contenido del síntoma tendrá signicado en
términos de conicto psíquico.
Garma. Garma, a quien se puede considerar represen-
tante de un grupo que en América del Sur incluye a
Rascovsky, fue más allá que Freud y Klein. Freud des-
cribió la posibilidad de que los impulsos libidinales
inhibidos lograran expresión simbólica en forma de
un síntoma de conversión histérica en el sistema ner-
vioso sensitivomotor voluntario. De acuerdo con esto,
Klein expresó la opinión de que ciertas alteraciones
en el sistema vegetativo autónomo podían ser el resul-
tado de la expresión simbólica de impulsos agresivos
inhibidos. En los dos ejemplos antes mencionados,
Freud y Klein emplean los conceptos de simbolismo
y regresión psíquica en respuesta a la frustración.
Garma, yendo más allá que ambos, postula que la re-
gresión puede producirse no solo en la esfera de los
acontecimientos psíquicos, sino también en el nivel
siológico. Aceptando el punto de vista de que, me-
diante el mecanismo mental de introyección, a la an-
gustia en relación con una madre agresiva internali-
zada se le puede dar, a través de fantasías regresivas
en la esfera psíquica, expresión simbólica en el plano
de la función gastrointestinal, sostiene también que
tal conicto puede engendrar un estado siológico de
regresión, en el cual las estructuras embrionarias pri-
mitivas pueden reactivarse. Emplea este modelo con-
ceptual para explicar el estado de cosas encontrado en
los casos de úlcera péptica.
La regresión biológica da por resultado el movi-
miento de la función oral desde la zona cutáneo-mu-
cosa de la boca, a lo largo del eje del tubo digestivo,
de la periferia al centro. Considera que los diversos
esfínteres del tubo digestivo, representando, como re-
presenta, bocas primitivas, adquieren actividad y oca-
sionan la digestión de las mucosas adyacentes.
Dunbar, Alexander
Dunbar. El grupo siguiente está formado por dos au-
tores, Dunbar y Alexander. Dunbar abordó el proble-
ma de las neurosis orgánicas en el punto en que Freud
lo dejó. Aceptó su modelo conceptual fundamental
en lo que concierne a la histeria de conversión, pero
señaló que en la teoría de aquél existían ciertas im-
plicaciones que no se habían llevado hasta el n. Por
ejemplo, Freud sostuvo que la emoción poseía tanto
un factor dinámico como un factor económico. Al
tratar del factor dinámico señaló que la emoción que
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no encontrara su propia o natural salida en la pala-
bra o en la acción no dejaría de funcionar, sino que
se esforzaría continuamente por encontrar otro canal.
En lo concerniente al factor económico, sostuvo que
la cantidad de energía emocional encerrada en el sín-
toma o en la descarga anormal sería igual a la del im-
pulso emocional que la engendraba. Dunbar, a su vez,
armó que gran parte de la labor de Freud consistía
en seguir el rastro de los diversos canales psíquicos a
través de los cuales los estímulos emocionales repri-
midos buscan descarga, y a las transformaciones que
pueden producirse. Señaló, además, que si bien todo
el mundo supone que la concepción dinámica de la
emoción, sostenida por Freud, se reere únicamente a
las transformaciones de la energía psíquica en diver-
sas pautas de conducta emocional o mental, olvidan
frecuentemente el hecho de que muchos de sus casos y
observaciones revelan la transformación de la energía
psíquica en síntomas físicos y viceversa. Por otra par-
te, dichos síntomas no siempre eran histéricos, sino
que frecuentemente constituían lo que el médico ge-
neral llamaría una típica enfermedad somática.
Partiendo de la observación de que mientras algu-
nas de las enfermedades psicosomáticas, tales como la
predisposición a los accidentes y la artritis reumatoide,
muestran un evidente elemento simbólico, ya que los
casos de fractura parecen generalmente elegir como
víctima un determinado miembro y las fantasías de
los enfermos de artritis reumatoide están simboliza-
das en los miembros en que el dolor se hace sentir,
Dunbar armó que, indudablemente, muchas de las
neurosis y enfermedades orgánicas de origen psicóge-
nos no dan pruebas de ningún proceso simbólico en
actividad.
Cuando comenzó la investigación de este grupo
de enfermos adoptó la posición del observador que
utiliza la técnica de la historia longitudinal para obte-
ner la mayor cantidad posible de historias individua-
les, con el n de extraer de ellas factores tan comunes
que le permitieran delinear un perl de la persona-
lidad para cada síndrome psicosomático especíco.
Por consiguiente, su campo total de observación fue
muy semejante al del primer grupo de autores, puesto
que tomó en consideración la persona, sus mecanis-
mos biológicos internos y su reacción ante la cultura
en que creció. A diferencia de ellos, sin embargo, no
utilizó técnicas psicoanalíticas; lo cual determinó re-
iteradas críticas por parte de quienes arman que los
perles valoran únicamente los aspectos superciales
de la personalidad.
Como resultado de las observaciones, Dunbar cr
un agregado al modelo original utilizado por Freud.
Convino en que el modelo de éste podía justicar
un método por el cual los acontecimientos psíquicos
pudieran correlacionarse con los acontecimientos en
el plano somático, pero señaló que Freud no tuvo en
cuenta la posibilidad de que la cantidad total de la car-
ga original de energía no se descargara en el síntoma
somático ni fuera completamente neutralizada por la
anticatexis. Esta parte restante de la carga, según Dun-
bar, se descarga en el sistema vegetativo del organismo
y conduce a alteraciones de la función, reconocibles
como síntomas. Renó luego, en uno o dos aspectos,
su modelo. Por ejemplo, expresó implícitamente que,
en el caso de muchos pacientes con trastornos psico-
somáticos, el aparato mental resulta incapaz de canali-
zar un grado suciente de energía instintiva en el nivel
físico, por lo cual permanecen con la necesidad cons-
tante de contener la tendencia reeja de lucha o huida,
y que la constante superactividad de las vías nerviosas
y humorales conectadas con esas dos pautas reejas
conduce a la enfermedad psicosomática especíca.
Consecuentemente, expuso el punto de vista de que
en algunos casos de conversión histérica puede existir
también neurosis orgánica, y que la psicodinámica de
esta neurosis orgánica es distinta de la psicodinámica
de los síntomas de conversión histérica. En otros ca-
sos, el único canal de descarga para la energía emocio-
nal reprimida se halla en las vías conectadas con los
impulsos básicos de lucha o huida. Si la descarga emo-
cional se frustra durante un lapso lo sucientemente
largo, el excesivo desbordamiento por esos canales
siológicos conduce a cambios patológicos en los ór-
ganos afectados. Dunbar sostuvo la teoría de que cada
grupo de pacientes psicosomáticos ha desarrollado su
tipo de máquina mental como resultado de una de-
ciente integración con su ambiente cultural durante la
primera infancia, y que cada máquina mental anormal
corresponde a un perl especíco de la personalidad.
Alexander. Alexander siguió, hasta cierto punto, el
mismo camino que Dunbar. Aceptó el primer modelo
conceptual elaborado por Freud sobre la histeria de
conversión. Coincidió con Freud, además, en que la
histeria de conversión ocurre únicamente en el siste-
ma sensitivomotor voluntario. Negó que para explicar
las neurosis orgánicas pudiera utilizarse el canal sim-
bólico de expresión y armó que era preciso encon-
trar otro canal. Según Alexander, esta vía es el sistema
nervioso autónomo; por consiguiente, las neurosis or-
gánicas expresan la consecuencia siológica de la ten-
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sión emocional. Como para los otros observadores, el
campo total de estudio de Alexander es el período de
desarrollo y la situación vital presente de sus grupos
de enfermos. En su primitivo trabajo se concentró en
los que padecían trastornos gastrointestinales. Adop-
tando una posición de observador, utilizó las técnicas
del psicoanálisis para estudiar el mecanismo que po-
día correlacionar los acontecimientos de los campos
de la persona, de la enfermedad y de la cultura. En vez
de llegar a la conclusión de Dunbar de que el conicto
básico giraba alrededor de las tendencias a luchar o
a evadirse, creyó que el conicto se da entre el deseo
de recibir y retener y el deseo de dar o expeler. Como
resultado de sus observaciones propugnó el siguiente
esquema conceptual:
1. Todas las funciones humanas, sanas y enfermas,
son psicosomáticas.
2. Las emociones se asocian siempre con pautas de
acción expresadas a través de una parte del sistema
nervioso autónomo y de los órganos por él inerva-
dos.
3. Para las emociones especícas existen pautas vege-
tativas adecuadas.
4. Las emociones a las que no se da expresión ma-
niesta conducen a una tensión crónica, intensi-
cando así el grado de la inervación vegetativa con-
comitante y prolongando ésta en el tiempo.
5. La resultante inervación excesiva del órgano lleva
al trastorno de la función que termina eventual-
mente en cambios morfológicos de los tejidos.
Por consiguiente, al principio, Alexander y Dunbar
estaban en una coincidencia relativamente estrecha.
Ambos negaban la universalidad de la conversión
simbólica y ambos daban la misma explicación para
el desarrollo de la neurosis orgánica. Dunbar ar-
maba que el desorden psicosomático se producía en
individuos con personalidad de determinado perl y
Alexander empleaba el término estructura especíca
del carácter. En su caso, esta estructura del carácter
había sido delineada utilizando técnicas psicoanalíti-
cas; Dunbar obtenía el perl de la personalidad ex-
trayendo factores comunes de las historias longitudi-
nales de casos. Según Dunbar, el conicto básico en
el plano emocional giraba alrededor de las tendencias
de lucha o de huida, mientras Alexander pensaba que
el conicto básico se daba entre el deseo de recibir y
retener y el deseo de dar o expeler, considerando a
ambos deseos como la expresión psíquica de las dos
funciones básicas del tracto gastrointestinal y de todos
sus anexos embrionarios, tales como el tracto respi-
ratorio, tracto urinario, etc. Para Alexander, este con-
icto no se modica por la experiencia externa, y los
acontecimientos del mundo exterior no podían hacer
sino desencadenar respuesta siológica, que a partir
de entonces se hace autónoma e inconsciente. Para él,
la obstrucción del canal normal de descarga no se pro-
duce en el nivel psicológico, sino en el extremo motor
del arco autónomo. Encaró el sistema nervioso como
un sistema hidrostático y consideró que la energía re-
primida inundaba las vías nerviosas involuntarias.
Por observaciones posteriores, Alexander llegó a
la conclusión de que el conicto era mucho más fun-
damental. Nuevamente empleó un concepto circular.
Partiendo de la necesidad universal de dependencia,
postuló que si las descargas directas para la dependen-
cia se hallan bloqueadas por fuerzas internas o exter-
nas, ello es lo que determina la protesta y la actividad
supercompensatoria. Un efecto de tal frustración es
la superactividad del sistema nervioso parasimpático
que conduce a un aumento de las tendencias conser-
vadoras y constructivas que compensan los efectos de
la frustración. Al mismo tiempo se hacen más activas
las inclinaciones infantiles hacia el restablecimiento
de la posición originaria de dependencia. Si este es-
fuerzo externamente dirigido tropieza con una nueva
frustración, la energía reprimida inunda el sistema
simpático, produciendo un aumento de la actividad
catabólica, por una parte, y una mayor agresividad
competitiva, por otra. La rápida reacción de la socie-
dad a esta exagerada respuesta puede crear un círculo
vicioso de nuevas inhibiciones y nuevas descargas ha-
cia el simpático. Finalmente, los sentimientos de culpa
y angustia en constante aumento ocasionan la regre-
sión al punto de partida; por ejemplo, el primitivo es-
tado de dependencia. La superactividad del parasim-
pático es considerada generadora de úlcera, diarrea,
colitis, asma, etc., en tanto que la superactividad del
arco simpático puede originar artritis, hipertensión,
jaqueca, hipertiroidismo, diabetes, etcétera.
De modo que tanto Dunbar como Alexander lle-
garon a la conclusión de que por lo menos algo de
la carga total de energía emocional reprimida queda
libre de organización por los procesos mentales más
elevados y puede descargarse en las vías vegetativas,
logrando así directa expresión siológica.
Kubie
Este autor, en lo que al campo de la medicina psico-
somática concierne, ha adoptado un punto de obser-
vación que le ha permitido concentrar sus investiga-
ciones en aquel ámbito del mecanismo humano que
correlacione los hechos en tres campos de discusión:
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El rescate y la memoria
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el ambiental, el psíquico y la esfera siológica. Emplea
las técnicas del psicoanálisis y de las ciencias bioló-
gicas en general. De esta manera ha ajustado su es-
cala de observación en forma de poder efectuar una
integración de la obra de Freud, Klein y Garma en el
campo del proceso simbólico con la obra de Dunbar y
Alexander en el campo de la descarga siológica ree-
ja de la tensión emocional.
Para explicar la correlación de acontecimientos en
el medio externo y en las esferas psíquica y somática
del individuo, ha construido su esquema conceptual
de acuerdo con los siguientes lineamientos. Divide las
posibles implicaciones para el organismo que se halla
en conicto mental en cuatro categorías, según que
los órganos elegidos sean los que implican:
1. Las relaciones con el mundo exterior.
2. Las funciones instintivas.
3. La economía interna.
4. Las relaciones con una imagen más difusa del or-
ganismo considerado como un todo.
En el primer grupo, las funciones primarias del órga-
no son predominantemente inervadas por los sistemas
somatomuscular y somatosensorio, desempeñando el
sistema autónomo únicamente un papel sustentador
secundario. En el segundo grupo, las funciones pri-
marias se inician bajo el gobierno del sistema nervioso
voluntario, haciéndose cargo el sistema nervioso au-
tónomo de los pasos secundarios más automáticos de
esas funciones. En el tercer grupo lo somatosensorio y
los más elevados sistemas conceptual y simbólico des-
empeñan el papel principal.
Por medio de esa formulación teórica, Kubie ha
construido un modelo conceptual sucientemente
amplio como para integrar los descubrimientos y con-
clusiones teóricas de la escuela psicoanalítica, con las
observaciones y conclusiones procedentes de quienes
trabajan en el campo de la medicina psicosomática
propiamente dicha.
Margolin, Grinker
Utilizando tanto la técnica del psicoanálisis como la de
las ciencias biológicas en general, Margolin y Grinker
consideraban como punto de partida un campo bioló-
gico relativamente indiferenciado. Desde este campo
investigaron el crecimiento y evolución del organis-
mo humano, limitándose, principalmente, al terreno
del mecanismo siológico, aunque señalaron que con
la creciente diferenciación del organismo humano el
terreno biológico circundante debe considerarse tam-
bién como cambiante.
El modelo conceptual que construyeron con el re-
sultado de sus descubrimientos es una elaboración y
combinación de los modelos conceptuales de las es-
cuelas anteriores. En este respecto puede considerarse
a estos dos investigadores como continuadores de la
labor de Kubie, correlacionando los descubrimientos
de éste con los realizados en un área más amplia del
razonamiento biológico.
Los detalles del modelo conceptual de aquéllos son
los siguientes: el ser humano adulto puede ser consi-
derado como una organización cuyos elementos son,
a su vez, organizaciones más pequeñas derivadas, por
la separación en partes, de un todo que forma el fon-
do. En cualquier momento puede considerarse el or-
ganismo total como compuesto de muchos subsiste-
mas en funcionamiento, cada uno de los cuales puede
poseer una autonomía funcional relativa con una or-
ganización interna propia. Estos subsistemas se hallan
en constante interrelación dinámica y homeostática.
Estos dos autores usaron el concepto de maduración
para explicar cómo, al principio, puede considerarse
al recién nacido comparativamente indiferenciado,
existiendo un mecanismo homeostático relativamente
poco limitado que se halla en continuum con su medio
biológico, y que tiene por función equilibrar tensiones
en el campo socio-biológico. Posteriormente, el pro-
ceso de crecimiento o maduración hace esta tarea de
equilibrio cada vez más difícil. Las repetidas frustra-
ciones determinan un aumento de la estructuración
y de la organización interna, de modo que los límites
entre el neonato y lo que le rodea se hacen más netos
y, en consecuencia, las perturbaciones de la función
del sistema siológico autónomo se hacen evidentes
en forma de procesos patológicos.
La maduración consiste en una síntesis constante
y en una diferenciación cada vez mayor en partes se-
paradas más complejas de subsistemas anteriormente
menos diferenciados, lo que puede considerarse como
un cambio, que va desde la autonomía del tejido local
hasta el control central regulado. En la medida en que
aumenta la maduración pueden reconocerse tres an-
chas corrientes de desarrollo y todos los subsistemas
pueden mirarse como pertenecientes a uno de estos
tres grupos. Esos grandes grupos nunca llevan su au-
tonomía más allá de cierto grado, si bien en cualquier
momento, dependiendo de las circunstancias exter-
nas, uno u otro pueden asumir temporalmente la su-
premacía funcional.
Conforme al estado de la regulación interna cen-
tral, dichos tres grupos son: la fase inicial involunta-
ria, la involuntaria-voluntaria combinadas y la volun-
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taria. En el adulto, las tres están siempre presentes,
interactivas e interdependientes, pero las propiedades
dominantes de cada fase son identicables. Éstas se
hallan también en relación recíproca con el ambiente.
Genéticamente, estas tres fases corresponden a los es-
tadios libidinales de oralidad, analidad y genitalidad.
Otro rasgo de maduración es que aunque cada
subsistema pueda considerarse como una pequeña
repetición del mecanismo total homeostático primiti-
vo, el aumento de edad hará más rígidas las fronteras
homeostáticas, de modo que el estímulo traumático
pueda producir cambios irreversibles en los diversos
sistemas siológicos, mucho más rápidamente en el
adulto que en el niño.
Estos autores dan al concepto de regresión un am-
plio signicado y lo consideran como presente, tanto
en el sentido psicoanalítico como en el biológico. Si el
organismo se enfrenta con un estímulo superior a su
fuerza para dominarlo, se producirá la regresión a una
etapa de desarrollo anterior. No obstante, la regresión
raramente representa una réplica exacta de un estado
de cosas infantil. Casi invariablemente presenta algu-
nos de los conocimientos y experiencias adquiridos
después de la etapa a la que se regresa. Además, no es
el organismo total el que regresa, sino partes de él y,
por consiguiente, solo en grados variables. En conse-
cuencia, en función de esta hipótesis regresiva, el cua-
dro de un individuo enfermo es un mosaico compuesto
de elementos en diversos estados de regresión y madu-
rez. De ahí que, desde un punto de vista psicosomático,
el mismo síndrome de enfermedad pueda ser identi-
cable en distintos planos de regresión psicosiológica,
y el principio de correlacionar el síndrome con el nivel
de desarrollo implicado es necesario si el pronóstico y
la terapia han de fundarse sobre una base racional. Por
ejemplo, los síntomas histéricos pueden darse a veces
en individuos psicóticos. Basados en este modelo con-
ceptual, los síntomas psicosomáticos son considerados
como estados psicosiológicos regresivos.
Margolin añadió otro concepto a los ya tratados.
Este concepto es el de "fantasía de la función", o, como
él mismo expresa a veces, de una "ilusión de función".
Tal concepto tiene consecuencias de largo alcance, al
comprender, como comprende, la combinación de dos
conceptos más viejos, el concepto del arco reejo y el
concepto del trazado de la memoria psíquica, con sus
aspectos cognoscitivo, afectivo y conativo, en el más
moderno y amplio concepto del arco homeostático.
De este modo, la unidad biológica conocida como or-
ganismo humano puede contemplarse como unidad
psicosiológica formada por un número innito de
dichos arcos homeostáticos que reaccionan constan-
temente unos con otros y se modican en respuesta a
la tensión. Así podemos explicarnos cómo las fanta-
sías reprimidas de la función reaparecen como com-
ponentes somáticos de los estados afectivos. Cuanto
más arcaica es la constelación de arcos homeostáticos
que engendra la fantasía de la función, más autónoma
será la función del órgano y menos controlada por los
mecanismos centrales reguladores. El cerebro, por así
decir, desprecia al órgano, el cual cesa de funcionar
en interés de una economía coordinada. El sistema
orgánico actúa entonces como si estuvieran presentes
fronteras homeostáticas infantiles. El concepto de ór-
gano y sistema orgánico empleado a este respecto no
debe confundirse con el concepto de un órgano ana-
tómico, que tiene fronteras y estructuras más o menos
permanentes, sino que debe considerarse más bien
en términos de un organum; del mismo modo que se
piensa en el volumen total del plasma sanguíneo y las
células de los tejidos hemopoyético y reticuloendo-
telial como comprendiendo un órgano funcional. Es
decir, que a un órgano se lo considera como la suma
integrada de un gran número de unidades en funcio-
namiento o arcos homeostáticos, grupos de los cuales
pueden existir en diferentes niveles de maduración o
regresión dentro de las fronteras funcionales del ór-
gano total. Esto implica, naturalmente, que la función
total de ese órgano se compondrá de las funciones
de todos los agrupamientos que la constituyan en un
determinado momento, existentes en diversos grados
de regresión y capaces de reagruparse libremente. Sin
embargo, los tejidos pierden al madurar su tolerancia
para las uctuaciones infantiles. De ahí surge una si-
tuación descompensadora que da por resultado una
incapacidad. La elección del órgano está determina-
da por la forma en que el afecto componente del es-
tado psicosiológico infantil se desplace, condense o
disocie; por ejemplo, a través de los mecanismos de
defensa del yo. Así, cada manifestación psicosomáti-
ca puede tener diversos planos de regresión orgánica
y psicológica. El papel del afecto y de la falta de es-
pecicidad del contenido es máximo en las fantasías
más regresivas de la función, y mínimo en las más di-
ferenciadas. Por consiguiente, la terapia anaclítica es
posible para estas últimas y todos los síntomas psico-
somáticos pueden considerarse como estados psico-
siológicos regresivos.
Wolff, Ruesch
Los siguientes autores, a quienes hay que considerar
en conjunto, son Jurgen Ruesch y Wol. Su escala de
observación abarcaba en un principio aproximada-
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 135-146.
mente los mismos campos que otros autores, pero su
punto de vista ha cambiado de tal modo que esa área
se ha expandido notablemente. Puede decirse que re-
presentan un grupo de investigadores orientados di-
námicamente, que han recalcado el importante papel
desempeñado por la interacción del individuo con su
campo cultural, tanto del presente como del pasado.
Wol. Wol ponía gran énfasis en los estímulos am-
bientales. Sostenía que las situaciones adversas de la
vida hacen brotar las respuestas emocionales conscien-
tes asociadas con una amplia variedad de reacciones
orgánicas no especícas que son siempre las mismas:
rubor, tumefacción, hipersecreción e hipermotilidad.
Mientras armaba que los patronos de enfermedad no
son especícos para un agente nocivo, sino que son re-
acciones defensivas de naturaleza no especíca, acepta-
ba el criterio de que el organismo humano reacciona no
solo a la tensión maniesta, sino también a la tensión
simbolizada. Por otra parte, la respuesta somática com-
pleta no necesita producirse por símbolos individuales;
la reacción protectora dominante es la reacción orgáni-
ca que aparece como demostrable y mensurable al ob-
servador, mientras todas las demás continúan latentes
o inmensurables. Wol es de opinión de que las pautas
culturales ayudan a determinar el órgano que respon-
derá a símbolos particulares.
Ruesch. Ruesch ha hecho una labor de iniciador al de-
sarrollar un modelo conceptual que puede utilizarse
para explicar las interrelaciones entre los individuos
y su cultura, tomado del concepto de comunicación
que deriva del campo de la cibernética. Abreviando su
teoría, diremos que cualquier campo social se mantie-
ne junto y se convierte en una unidad si sus miembros
están en comunicación recíproca. La comunicación
se establece cuando el reconocimiento de un mensaje
es percibido por el remitente. Dentro de tal sistema
de comunicación se hallan incluidas todas las accio-
nes comunicativas por parte del sujeto observado así
como del observador; abarca todas las funciones de
percepción, transmisión y evaluación; todos los recur-
sos correctivos y los mecanismos de inuencia mutua.
En tales sistemas las funciones parciales son siempre
funciones del sistema en su conjunto y las cadenas de
causalidad son, por lo menos, circulares, si no más
complejas. Ejemplos de esos sistemas se encuentran
en ingeniería (la máquina de vapor con un regulador),
en biología (los movimientos intencionados autocon-
trolados y autocorregidos de los dedos y la mano) y
en sociología (los aspectos económicos de la oferta y
la demanda). Estos sistemas tienen en común las ca-
racterísticas de ser circulares, de tener recursos auto-
correctivos, de ser capaces de establecer la homeosta-
sis, de poseer aspectos intencionales o inquisitivos, de
elevar al máximo o reducir al mínimo ciertos rasgos
que concurren al mantenimiento de un estado cons-
tante con un nivel bastante elevado de regularidad y
un nivel bastante bajo de entropía. Semejante modelo
conceptual elimina todas las deniciones arbitrarias
de entidad, tales como la célula, el órgano o el organis-
mo, y hace obvia la pregunta de si un acontecimiento
ocurre dentro o fuera del observador.
En el campo de la medicina psicosomática, Ruesch
llamó la atención hacia los cambios externamente
perceptibles que se producen en el organismo como
resultado de una descarga de tensión emocional con-
tenida. Consideró estos fenómenos como una forma
regresiva de comunicación. Citó como ejemplo el caso
de dos hombres que mantienen una conversación que
les lleva a propósitos encontrados. En pocos minutos
se animan y emplean signos y gesticulaciones para po-
ner más énfasis en los puntos que sostienen.
Poco después se acaloran y atropellan y una inves-
tigación posterior revelará que experimentaban sen-
saciones viscerales desagradables y que percibían un
aumento en la motilidad de ciertas vísceras. Ruesch
propugnó el punto de vista de que, si la comunicación
permanece interrumpida, tiene que mantenerse un
equilibrio interno. A tal n, el exceso de energía an-
teriormente utilizado en la comunicación se vuelve a
distribuir a través de arcos de comunicación más pe-
queños que implican procesos corporales. Daba como
prueba de la validez de esta teoría la experiencia de
que si a un paciente con un trastorno psicosomático
se le lleva a un terreno en que se restablece la comu-
nicación sus síntomas desaparecerán. En el caso de
pacientes que sufren los clásicos síndromes psicoso-
máticos, armó que padecen una falla constitucional
de desarrollo de las áreas del sistema nervioso a las
que conciernen los procesos simbólicos más elevados.
Por lo tanto, las interpretaciones únicamente verbales
de la dinámica de sus conictos intrapsíquicos no les
prestarán ninguna ayuda. Sin embargo, se reponen en
cuanto se les sitúa en un ambiente permisivo donde se
emplea la comunicación preverbal. Margolin informa
sobre una experiencia similar, a la que dene como
"terapia anaclítica".
Ruesch se interesó relativamente poco por los me-
canismos internos del individuo o los aspectos intra-
personales de la comunicación, concentrándose más
bien en el problema de la comunicación interpersonal
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El rescate y la memoria
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 135-146.
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dentro de una matriz social. La comunicación aparece
como un proceso que hace de cada individuo parte del
campo autocorrectivo.
Esos aspectos de su modelo conceptual que se re-
lacionan con los conceptos de maduración y regresión
son muy similares a las formulaciones teóricas de Mar-
golin y Grinker. Señaló que, cuando nace el niño, si ha
de sobrevivir, tiene que apoyarse en la madre para pre-
venirse y reaccionar a todas sus señales. Luego, confor-
me madura su sistema de comunicación se hace más
eciente y más relacionado con el mundo exterior, dis-
minuyendo la jación en sus propias tensiones inter-
nas. Tal desarrollo implica la maduración de diversos
sistemas simbólicos, de creciente complejidad, que uti-
lizan más los extraceptores que la parte propioceptiva
del sistema nervioso, del cual deriva la información re-
lativa a su medio interno. Si, por cualquier motivo, la
maduración de estos sistemas simbólicos más elevados
es incompleta, el niño tendrá que hacer uso de lazos de
comunicación más cortos, en un esfuerzo por descar-
gar la tensión emocional. Esos lazos más cortos com-
prenden los sistemas de comunicación más arcaicos
dentro del propio organismo. Con objeto de mantener
la comunicación se emplean fenómenos externamente
perceptibles, tales como el rubor, etc. A falta de ellos, se
abren canales aún más arcaicos, los cuales conducen en
último término a la hiperfunción del sistema vegetativo
autónomo y al cambio patológico.
Halliday, Mead
Estos dos investigadores pertenecen en realidad al
mismo grupo que Wol y Ruesch. Sin embargo, re-
calcaron la importancia de la situación cultural del
momento así como el efecto de la experiencia pasada.
Halliday. Tomando como punto de observación su
posición de médico biólogo y experto en salud pú-
blica, Halliday llamó la atención hacia el concepto de
enfermedad social, concepto que implica que toda la
sociedad puede ser considerada enferma en deter-
minadas circunstancias. En sus estudios subrayó la
gran importancia de la relación madre-hijo y siguió
el rastro de los cambios que en nuestra cultura se han
producido en las dos últimas generaciones y que tan
enormemente alteraron las relaciones entre el lactante
y su madre. Llegó a la conclusión de que en este cambio
han intervenido muchos factores, entre ellos la tensión
económica y los alterados sistemas de valor. Con estos
cambios relacionó el mayor predominio e incidencia de
aquellas enfermedades crónicas recurrentes, tales como
el reumatismo, la úlcera péptica, la angina de pecho,
etc., en las cuales se ha demostrado el papel importante
que desempeñan los factores psicológicos.
Mead. Mead utilizó bastante el mismo cuadro de re-
ferencia que el empleado por Halliday. Se expresó, sin
embargo, como un antropólogo que ha realizado el
detallado estudio de la relación madre-hijo en diversas
culturas primitivas. En la medida en que contribuía
al cuerpo general de la teoría sobre medicina psico-
somática, correlacionó el tipo e incidencia de ciertos
trastornos psicosomáticos con la forma en que se per-
mite el desarrollo de la relación original madre-hijo
en diversas culturas primitivas.
Conclusión
Aún nos hallamos en la fase de Freud, que sostenía
que los modelos de la biología contemporánea eran
inadecuados para explicar los fenómenos mentales
que observaba. Hasta la fecha, ningún teórico ha po-
dido formular la relación cuerpo-mente en términos
satisfactorios para todos. Puede ocurrir que la misma
formación biológica del hombre, que le capacita para
experimentar acontecimientos y meditar acerca de esa
experiencia al mismo tiempo, sea el tropiezo que le
impide integrar el concepto siológico del arco reejo
con el concepto psicológico de la huella mnémica para
crear una verdadera unidad psicobiológica. Hasta que
esto se haya realizado, siempre quedará una brecha
que desafía todo intento de construir una teoría uni-
taria en el campo de la medicina psicosomática.
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CARTA DE LECTORES
El algoritmo como soporte al criterio clínico
Señor Editor,
Como estudiantes de ingeniería de sistemas, hemos analizado con gran interés el artículo de Guevara Tirado
que lleva por título “Síntomas depresivos del cuestionario PHQ-9 asociados a ideación suicida mediante algo-
ritmos de aprendizaje automático en la población peruana” (Guevara Tirado, 2025). La investigación aborda
una problemática crítica, que es la limitada capacidad de los instrumentos de cribado lineales para la detección
del riesgo de autoeliminación. Debido a esto surge la necesidad de hacer uso de nuevas tecnologías en ámbi-
tos que no se tenía pensado en un principio pudiesen ser útiles, tal es el caso de las redes neuronales, como es
mencionado a lo largo del artículo.
Adicionalmente, se debe tener en cuenta la importancia de seleccionar y aplicar la prueba más adecuada,
esto debido a que como lo mencionan Papavero et al. (2024), hay estudios comparativos que sugieren que he-
rramientas como el Ask Suicide Screening Question (ASQ) poseen una mayor sensibilidad que el PHQ-A en
ciertos grupos, y al trabajar con la Inteligencia Articial (IA) el contexto juega un papel bastante importante
debido a que la IA no busca estandarizar el diagnóstico, sino que pretende otorgar al profesional una especie de
radar para que este sea capaz de identicar con mayor facilidad que paciente requiere una evaluación más espe-
cíca, mediante el análisis de variables como el sexo, los síntomas y su respectiva frecuencia, haciendo que, de
esta forma, el algoritmo pueda sugerir la transición de un cribado general a uno de alta especicidad, logrando
así una respuesta más oportuna.
Por otro lado, deseamos resaltar la discrepancia entre el ítem 9 del PHQ-9 y la realidad clínica. Como men-
ciona el autor del artículo al citar a Simón et al. (2016), un alto porcentaje de pacientes que intentan suicidarse
niegan pensamientos suicidas en los cuestionarios. Desde nuestra disciplina, entendemos que esto ocurre por-
que el comportamiento humano es un sistema complejo y no lineal y es ahí cuando los algoritmos de aprendiza-
je supervisado como CHAID o Perceptrones Multicapa, tienen la capacidad de superar la observación humana
tradicional al identicar patrones en síntomas somáticos y efectivos que no son evidentes en un puntaje total,
pero que predicen con una considerable precisión un posible riesgo oculto.
Por último, cabe recalcar que estas tecnologías no reemplazan al profesional de la salud mental; por el
contrario, la IA tendría el papel de actuar como un soporte de decisión con el objetivo de potenciar el criterio
clínico; en un escenario donde el algoritmo procesa la complejidad de los datos y el profesional aporta tanto la
ética, como la empatía y el análisis necesario para la intervención, debido a que de poco sirve procesar la infor-
mación, si no existe personal capacitado para su debida interpretación. Tanto la ingeniería como la psicología
deben trabajar en sinergia: la primera para detectar el posible riesgo y la segunda para salvar la vida que hay
detrás de los datos.
Daniel Hincapie
https://orcid.org/0009-0003-7492-6308
Oscar Valcárcel
https://orcid.org/0009-0006-9525-6966,
Estudiantes de Ingeniería de Sistemas y Computación,
Universidad de Cundinamarca, Facatativá, Colombia.
Gina Valenzuela
https://orcid.org/0000-0002-2833-1579
Ximena Acosta
https://orcid.org/0000-0002-7351-6150
Docentes en la Universidad de Cundinamarca,
extensión Facatativá.
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Carta de Lectores
Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 147-148
Referencias bibliográcas
Guevara Tirado, A. (2025). Síntomas depresivos del cuestionario PHQ-9 asociados a ideación suicida mediante algoritmos de aprendizaje automático en
la población peruana. Vertex Revista Argentina de Psiquiatría, 36(167), 17–27. https://doi.org/10.53680/vertex.v36i167.797
Papávero, E. B., Rodante, D. E., Ingratta, A. V., Gorrini, A., Ralli, E., Ro dante, E., Arismendi, M., Lowry, N. J., Ryan, P., Bridge, J. A., Horowitz, L., & Daray,
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Vertex Rev Arg Psiquiatr. (2026). 37(171): 149-150
LECTURAS
En nombre propio
Sara Ardila-Gómez
Edición del autor, 2.ª edición, 2025.
En 2019, la autora de este libro, Sara Ardila, recopiló
veintiún relatos de mujeres que transcurrieron largos
períodos de sus vidas internadas en un hospital psi-
quiátrico de la provincia de Buenos Aires y que luego
pasaron a vivir en la comunidad. Cada relato está es-
crito en primera persona, editado por la autora del
libro y revisado por cada una de las mujeres. El uso
que ellas hicieron de sus propias historias merece,
por sí mismo, un comentario: impresiones caseras en
papel, atesoradas en sus carteras como un preciado
autorretrato; puentes para reencuentros; la satisfac-
ción de haber logrado compaginar una historia com-
pleja y dolorosa que terminaba innitamente mejor
de lo que había transcurrido. Un adelanto, la historia
de María, fue publicado en el número 136 de Vertex
en diciembre de 2017.
En 2025, con motivo de los 35 años de la Declaración
de Caracas, esta segunda edición —en coincidencia
con la disponibilidad de una versión en inglés— in-
cluye un nuevo epílogo en formato epistolar. En pri-
mer lugar, el ex asesor regional de la Organización
Panamericana de la Salud, Itzhak Levav —fallecido
poco antes de esta edición— dialoga con la autora
ni bien estuvo disponible la primera edición del libro.
Luego, es el destinatario de una carta imaginaria en
la que se actualiza qué sucedió con cada una de las
mujeres que narran sus vidas en estas páginas. Los
relatos, en cambio, se mantienen tal como fueron
editados oportunamente. Lo mismo ocurre con la
introducción, "Abriendo agujeros en nuestros muros
mentales", una síntesis magistral de los desafíos que
enfrentamos los profesionales de la salud mental para
comprender la perspectiva de las personas usuarias
de los servicios de salud mental.
Durante la preparación de su tesis doctoral sobre la
evaluación del Programa de Rehabilitación y Exter-
nación Asistida (PREA) desde la perspectiva de las
personas usuarias, mediante una beca doctoral del
CONICET, Sara Ardila realiza una serie de entrevistas
que culminan en un pedido tan sorprendente como
anhelado por cualquier investigador: “¿Te puedo con-
tar mi vida?”. De allí surge una sucesión de relatos
que abarcan los preludios de la internación, la prime-
ra impresión al comenzar a vivir en el hospital “José A.
Esteves”, las adaptaciones a esta nueva vida, los pro-
legómenos de la externación y, nalmente, la vida en
la comunidad.
Muchas de estas mujeres tienen una comprensión de
cómo llegan al hospital que contrasta fuertemente con
la visión profesional. Básicamente, no logran entender
por qué se decide la internación y, como corolario,
todo el evento queda teñido por esa falta de sentido.
También sobresale la experiencia personal previa —
muchas tuvieron parejas y trabajo, algunas también hi-
jos— que se sostuvo durante un tiempo, sin que estas
mujeres logren percibir con claridad qué fue lo que se
quebró antes de la internación; el quiebre queda así
atribuido únicamente a la internación misma.
Le siguen las pérdidas: la pérdida de la privacidad, de
las conexiones con el afuera (y, en muchos casos, de
los hijos), de la autonomía, de la posesión de las per-
tenencias y, en última instancia, de la sensación misma
de ser persona. Algunos profesionales y, muy especial-
mente, algunas compañeras les ofrecen una alternativa
a la condena del vacío y al abandono de sí mismas. Son
vínculos que se forjan en situaciones límite —como
quienes van juntos a la guerra o permanecen privados
de la libertad— y que se sostienen durante los mo-
mentos más inefables y dolorosos que se pueden ex-
perimentar. No es una opinión sobre las internaciones;
es lo que queda testimoniado en estas páginas.
Pero la externación, después de períodos tan prolon-
gados, no siempre es anhelada —ni siquiera imagina-
ble. Vivir en un hospital, pasar años internado, tiene
poco que ver con superar una crisis en un contexto
resguardado al cabo de algunos días o semanas. Des-
pués de cierto tiempo, la vida en la comunidad puede
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resultar tan lejana que los síntomas psiquiátricos que
en su momento motivaron la internación pasan a ser
detalles menores, de escaso peso en la estrategia para
volver a la sociedad. Una vez más, las compañeras y
los profesionales aparecen como apoyos irremplaza-
bles, y los relatos lo atestiguan de manera insistente.
El acceso a esos vínculos, narrados en primera perso-
na, es un privilegio que nos regala la autora.
Finalmente, vivir en la comunidad. Alguien podría es-
perar encontrarse con vidas amenazadas por la ines-
tabilidad, situaciones extremas o descompensaciones
frecuentes. En cambio, al llegar a este punto, los re-
latos se vuelven anodinos, comunes. Ese es el éxito
del programa de externación: las personas hablan
poco de él una vez que viven en la comunidad; sus
vidas pasan a ser bastante parecidas a las de cualquier
otro vecino, aunque en algunos casos con la lucidez
de saber que esa vida “ordinaria” contrasta con otra
que no muchos han conocido. Este libro nos acerca a
comprender cómo se vive esa situación extraordina-
ria y nos ofrece la oportunidad de revisar si nuestro
trabajo en los servicios de internación nos ha ayuda-
do a entenderla o si, simplemente, nos ha vuelto un
poco más inmunes al dolor que conlleva.
Con todo, el libro está en las antípodas de las pro-
clamas antipsiquiátricas. Muchas mujeres rescatan el
valor de sus tratamientos, la ayuda de la medicación
y las virtudes humanas de tantos profesionales que
conaron en ellas. Lo que queda fuertemente cues-
tionado es que el hospital pueda ser un lugar para vi-
vir. En este sentido, implementar las transformaciones
necesarias requiere afrontar los desafíos técnicos y
políticos —incluida la evaluación de los costos eco-
nómicos— sin minimizar ninguno de ellos. En nombre
propio, disponible de forma gratuita para su descarga
en formato PDF, es una invitación inmejorable para
seguir avanzando en este camino.
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